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Diario de
Pablo de
Olavide
1
La Carlota, abril de 1772.
Ya han pasado dos
años desde mi llegada a
esta ciudad. El duro
trabajo encomendado por
Su Majestad comienza a
dar sus frutos. Los
colonos están plenamente
integrados, salvo escasos
escarceos. Los
bandoleros, aún
presentes, han
disminuido en número y
en violencia, esto toma
forma. Gracias a mi
experiencia de varios
años en el Ayuntamiento
de Madrid como en la
Corte, en las que he
logrado convertirme en
un buen gestor e
introducir las ideas de la
Ilustración, he podido
salir airoso de cuantas
empresas me
encomendaron.
2
La Inquisición,
debilitada y languidecida,
se ha incautado de unos
libros que me eran
destinados desde Francia,
nunca han dejado de
vigilarme y tenerme
controlado, esto creo que
me va a traer problemas.
Además los colonos
suizos no dejan de
importunarme, exigen la
doctrina en su lengua, he
tenido que ceder y les he
traído a un fraile de su
cuerda, Fray Romualdo,
espero solucionar estos
problemas.
Nada más lejos de la
realidad, este Fraile
resultó ser un veneno, y
ha preparado un informe
sobre mi vida, o mejor
dicho la forma en la que
llevo mi vida para la
Inquisición al que voy a
tener difícil escapar, pues
no creo que vean con
buenos ojos mi estilo de
vida.
3
La Carlota, marzo de
1775.
Mis peores temores se
han confirmado y Fray
Romualdo me ha
denunciado y la Santa
Inquisición ha iniciado un
proceso contra mi
persona, me acusa de
más de 120 proposiciones
heréticas, vamos herejías
o pecados, lo veo algo
oscuro, pero con la
inestimable ayuda del
Conde Aranda y
Campomanes no tengo
miedo, seguro que saldrá
adelante.
De mal en peor, ya
llevo dos años recluido en
este infesto monasterio,
yo que soy un amante del
lujo y la opulencia estoy
pudriéndome en este
húmedo lugar. Mañana es
el juicio, veremos como
acabo.
Madrid, 24 de septiembre
de 1778
Me han condenado por
hereje formal, infame y
miembro podrido de la
Religión, como si yo
creyera en Dios, me han
condenado como decía a
ochos años encerrado en
un convento bajo un
director que debía
“readoctrinarme”, puf mal
asunto este.
Caldets, Gerona, octubre
de 1780.
Parece que llevo una
eternidad pululando por
varios conventos de la
geografía española y por
fin me han traído cerca de
la frontera, es mi
oportunidad, me
escaparé.....y escapé.
Me he exiliado en
Francia y pese a los
intentos de extradicción
de los gobernantes
españoles, los franceses
no parecen por la labor.
4
Ahora que llevo tantos
años viviendo en el país
galo debo decir que no
pasa ni un solo día que
quiera regresar a mi casa.
Trato de reflexionar,
tratando de determinar
como he llegado hasta
aquí y creo que desde mi
llegada desde este mismo
país, la Iglesia Católica en
general y la Inquisición
en particular no me
quitaron ojo por mis ideas
ilustradas. Cuando llegué
la iglesia dominaba todo,
y claro no estaban
dispuestos a perder su
poder, a perder su
posición privilegiada. Esta
Iglesia metida en las
entrañas del Estado,
dominando la sociedad a
su antojo puso su
atención en el mismo
día que llegué.