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Revista

 Narrativa

 

INdice

Editorial ................................................................................. 3 

Sincronización ...................................................................... 4 

Pobreza, destrucción y apoderamiento en el Chocó .......... 5 

¡Ya no habia tanta suerte¡ .................................................... 6 

Miradas ................................................................................. 7 

Resumen de el cofre ............................................................. 9 

Resumen de el matrimonio ................................................. 10

Editorial

 

Mantener una sociedad que esté cómoda, a gusto, con una moral muy alta es algo bastante difícil, pero se podría lograr si los individuos actuaran como es debido, según las normas establecidas en la sociedad en la que convive.

Si queremos tener buenas bases morales, debemos exigir a los individuos de la sociedad y a sus instituciones, esa integridad social. Un individuo que esté a gusto y feliz, es una persona con una moral muy alta, y es más fácil complementarnos integralmente si somos felices. 

Los seres humanos, como mamíferos y como seres socialmente evolucionados, tendemos a preocuparnos y velar por los demás. Tenemos ese instinto natural que nos inspira a ayudar y cuidar de los nuestros. Es así, como nosotros mismos procuramos formarnos y crear un carácter virtuoso, de hacer justicia sea por los demás o por nosotros mismos. De protegernos, de tener una vida digna y placentera. Así aprendemos a apreciar o valorar lo que verdaderamente nos importa y vale la pena.

Es por eso que la ética tiene esa función, de enseñarnos a crear nuestra propia autonomía.

También nos enseña a ser buenos ciudadanos, a convivir en sociedad, y por supuesto a indignarnos si notamos situaciones que atentan contra el ser o la autonomía de un individuo o de su comunidad.

Nos enseña a ser justos con nosotros y con las personas con las que convivimos.

 

 

 

 

 

Sincronización

 En una de nuestras largas caminatas bordeando las playas solitarias de la zona costera del Atlántico, el encargado de guiarnos en nuestro recorrido hasta Cartagena, se encontró confundido y admite que está perdido.

 

- ¿Saben nadar? - nos preguntó tratando de ocultar su risa nerviosa por lo que había descubierto. Por supuesto que ninguno de nosotros le respondió ya que estábamos agotados caminando desde el amanecer y en ese momento en el horizonte ya se estaban ocultando los últimos rayos de Sol. En nuestras caras solo se asomaban gestos de disgusto con una combinación de granos de arena y sudor.

 

Adrián, nuestro despistado guía, nos comentó que debíamos subir el acantilado para poder salir de ahí, ya que la marea comenzaba a subir y sería más peligroso si nos quedábamos en ese lugar.

 

Uno a uno, en una extraña fila india comenzamos a escalar silenciosamente, el gran acantilado, que consistía en una roca gigante sedimentaria que con cada paso se iba desmoronando.

 

 Cuando ya estábamos a medio camino, me encontraba aplastada contra la gran piedra como si fuera una ranita rogando no despegarse de su hoja para no caer al agua. Se me ocurrió mirar hacia abajo porque escuchaba las fuertes olas de mar golpeando contra la gran muralla. Es ahí donde vi que el mar con su violencia nos invitaba a que nos uniéramos a él en un último abrazo. Mis ojos se abrieron de par en par al darse cuenta que si alguno de mis compañeros que estaba mucho más arriba de mi, por alguna razón llegaba a soltarse, caería uno sobre otro y se desencadenaria un desplome masivo de personas como si fuéramos fichas de dominós. En ese momento lo único que hice fue pensar en mi hermana gemela que estaba debajo de mi, y rogar porque no terminara siendo una compañera mas de Poseidón.

 

En ese momento pensé, que todos teníamos ese mismo miedo de morir en ese instante, y mas aún, de tener la responsabilidad de llevarnos a los demás y que de cierta forma estábamos sincronizados con un deseo muy grande de sobrevivir, lo que nos dio fuerzas para seguir moviéndonos en silencio, entendernos con nuestra respiración, terminar de escalar para podernos abrazar fuertemente en la cima de la oscura montaña y agradecer de que estabamos vivos.  

 

Adriana Mora

Pobreza, destrucción y    apoderamiento en el Chocó.

Es triste saber cómo en un lugar donde hubo tanta riqueza natural y grandes ríos, donde sus pobladores utilizaban la minería artesanal para la sustracción del oro, pero sin afectar a la naturaleza y que ahora se tenga otro panorama sobre el Chocó.

 

Pero ahora el poder y el dinero manejan todo, ya no queda nada de aquel Chocó, con fauna, flora y ríos limpios. Ahora solo se ve pobreza donde sus pobladores ya no trabajan por tener dinero en sus bolsillos, sino lo hacen para subsistir día a día; aparte de esto la mayoría de las empresas mineras que hay en el Chocó son ilegales y son controladas o aceptadas por grupos armados donde utiliza la famosa ´´vacuna´´ que es pagarles a los grupos armados para ellos poder trabajar esas tierras.

 

A parte de esto existe una gran suma de enfermos por la contaminación que hay en las aguas por causa de los químicos que utilizan para extraer el oro y también por la contaminación de los peces que habitan en estas aguas, ya que los pobladores se alimentan con esto. La mayoría de las zonas del Chocó no cuentan con agua potable, así que sus pobladores solo consumen las aguas contaminadas, pero el gobierno deja abandonado a lugares como estos y una muestra de este gobierno es el alcalde del chocó, donde deja que las empresas ilegales trabajen en estas zonas con la condición de dar trabajo a sus pobladores en lugar de buscar otra solución para sus pobladores y para el bien de ellos, solo se benefician aquellas empresas por que obtienen mano de obra barata.

 

Lo que se conocía como una gran alfombra verde por sus bosques ahora solo es solo una zona llena de parches por doquier; también este tipo de minería ha causado la perdida de los animales que vivían en estos bosques por abrir con bombas hoyos en la tierra y así poder extraer el oro y entre otros.

 

Fredy Guerrero

¡Ya no habia

  tanta suerte¡

 Era una noche oscura, ya que me encontraba a las afueras de la ciudad, lejos de la contaminación lumínica. Hacía bastante frío, por lo que decidí terminar de contemplar el firmamento, montarme en el coche y volver a casa. Intenté arrancar el motor, pero la suerte no me acompañaba esa noche… por lo que tras muchos intentos de salir de allí, decidí pasar la noche en el coche.

 

Mentiría si digo que no estaba algo asustado, pero no podía hacer otra cosa. Dormía a ratos, y en uno de esos momentos en los que no podía conciliar el sueño escuché un ruido fuera… como un chirrido en el exterior del coche… no le di importancia e intenté dormirme. Minutos después volví a escuchar ese ruido, estaba empezando a inquietarme bastante, y entonces salí del coche a comprobar que era ese ruido.

 

No conseguí encontrar la causa, pero pensé que podía haberlo hecho algún animal que deambulaba por el lugar…

 

Volví al interior del carro y nada más cerrar la puerta, volví a escuchar el ruido. Estaba realmente muerto de miedo, pues me encontraba solo en medio de la nada.

 

De repente noté una presencia que me incomodaba bastante… No sé lo que pasaba, pero sabía que ahí fuera había algo.

 

Me asomé muy temeroso por la ventanilla a ver quién o qué era, y vi una silueta, que no pude identificar, evidentemente no era una persona, yo lo hubiese notado, aunque no estaba seguro, solo me asomé un segundo por la ventana, ya que me moría de miedo, cogí una manta y me cubrí completamente… no sabía por qué lo hice, pero lo hice.

 

 

Unos segundos más tarde ese (ser) abrió la puerta del coche, yo estaba paralizado, no podía ni respirar, tenía los ojos fuertemente cerrados, tenía un miedo terrible a abrir los ojos y encontrarme con ‘eso’ mirándome fijamente a los ojos. Me armé de todo el valor que pude para abrir los ojos y allí estaba. A día de hoy, sigo viéndolo en ocasiones, pero sólo cuando estoy solo. Tengo miedo a pestañear, porque cuando abro los ojos siempre lo veo observándome.

 

Ronald Eduardo Gómez 

 Entre viajes y viajes, una costumbre que tomamos en nuestra familia como un hecho placentero de terminar un ciclo y comenzar de nuevo, recuerdo algo bastante particular y que me genera muchísima curiosidad.

 

En las tardes calurosas de la ciudad de Montería, a mi hermanita melliza y a mi nos encantaba jugar y correr por toda la casona. Era muy vieja y húmeda, de paredes verdosas y tejas corridas. Tenía cuartos gigantes con dobles salidas. Un patio con un árbol de guanabanas enormes y mucho monte que llegaba hasta nuestro cuello. aveces de ese matorral se escapan serpientes bien gordas que llegaban hasta la cocina. Mi tia que tenia muy puntería, podía arrojar cuchillos desde varios metros de distancia y cortarles la cabeza. Aveces en las noches cuando ya estabamos en nuestras camas, veíamos como ratas de de tres metros se paseaban por las vigas de los techos. Aun así, esas cosas no podían asustarme aunque solo tenía cuatro años de edad.

 

Pero hay un hecho que siempre recordaré. Solo una cosa pudo asustarme en esa casa tan tétrica. Una tarde, mientras mi mellita y yo jugábamos a perseguirnos, pasamos por un lugar que normalmente tratábamos de evitar. El garaje.

 

Olia muchisimo a humedad y era demasiado oscuro. No servía las luces asi que solo de dia podia entrar algo de luz por los huequitos del portón de madera. Trate de pasar muy rápido mientras corría, pero algo me llamo la atencion y no pude evitar acercarme a una de las paredes más lejanas.

 

Miradas

Desde lejos, sentía que alguien me observaba. al irme acercando pude distinguir unos ojos negros pintados en la pared como si estuviera detallado por el propio hongo gris. Entre más me acercaba pude observar como esos ojos correspondian a la altura de los míos. Cuando ya estaba a punto de pegarme a la pared, mi hermana me tomo por el hombro,  me separo y salimos corriendo.

 

Al dia siguiente, despues de llegar de la escuela, almorzar y reposar un poco del calor,  volvimos a jugar como ya estábamos acostumbradas en nuestro horario. Es cuando recordamos la imagen del garaje y decidimos asomarnos a ver si lo que encontramos todavía seguía ahí. Lo que nos sorprendió no fue ver que el dibujo aun seguía ahí, sino que  fue encontrar otro par de ojos parecidos pero esta vez al lado  y a la misma altura de mi hermanita.

 

Al tercer dia, nuestra curiosidad nos mataba y volvimos a asomarnos. esta vez encontramos la silueta de un par de manitos tan pequeñas como las nuestras. Decidimos comprobar si el tamaño encajaba con nuestras manitos y era como si nosotras mismas hubiéramos plasmados nuestras huellas.

 

Al dia siguiente, un sábado por cierto, mis papas estaban terminando de empacar varias cajas para poder emprender un nuevo viaje pero esta vez a la ciudad de Cartagena. Como ese día se encontraban en casa, mi hermanita y yo decidimos contarles el descubrimiento que habíamos hecho en la cochera. Ese, que era el cuarto día de nuestro hallazgo, nos asomamos los cuatro cogidos de la mano para descifrar cuales serian los nuevos avances de esa pared tan artista. Encontramos que ya habían otras dos manitos a la altura de nuestros pechos. Podiamos observar dos pares de ojitos y dos pares de manitos perfectamente.

 

Nuestros padres no podían explicarse qué es lo que estaba pasando en ese muro, pero si aclararon de que no querían descubrir qué es lo que pasaría si esas siluetas llegaban a completar la figura completa de nosotros dos, así que ese dia terminamos de empacar rápidamente y salimos corriendo de la vieja y fea casona, la cual solo nos traía miseria, enfermedades y desgracias. Es así como vemos cada viaje como una terapia para dejar las penas atrás y volver a renacer cargados de buena energía en otro lugar. Así volvemos a resurgir, volvemos a vivir.

 

Adriana Mora

Resumen de

  EL COFRE

Veracruz es un puerto situado en el golfo de México, al anochecer el viento se adelgaza, el zócalo palpita como un corazón alegre y se llena de voces y sus baldosas retumban con las pisadas; mas allá rumbo al cementerio, la arena se torna oscura y apeñuscada por el golpeteo de las olas, el mar se junta con el cielo y los ojos de los hombres no contemplan sino un oscuro misterio.

A esa hora la tía Emilia tomaba su chocólate acompañado por dos canillitas. Su criado Efigenio que tiempo atrás había sido sacristán en la iglesia de un pueblo; le acercaba una mecedora junto a las ventanas abiertas y ella caminaba arrastrando los pies.

Emilia nunca se convencía de si Efigenio lograba entenderla cabalmente. Cuando Efigenio salió y el pasillo se tragó su silueta, Emilia se preguntó por qué se mostraba tan servicial y adicto aquel indio mocho. Efigenio se metió en la noche quieta y camino con paso menudo, pero examino su conciencia y se consencio de que nada le ocurriría mientras contentara a su patrona.

Lalio se acercó con un amigo, en el traspatio abrió un catre y procuro descansar sin conseguirlo, temblaba azotado igual que si un horror se le apareciera y aumento su temblor con la presencia de Efigenio. Lalio y Efigenio empiezan a platicar sobre Emilia, donde Eugenio empieza a decirle que en esa casa suceden cosas, como los susurros avanzan por los recovecos y se esconden bajo las camas para realizar prodigios.

En su catre el albañil se movía desconociendo el reposo, sin añadir comentarios que alargaran la conversación, Efigenio hizo una pausa para observar si le estaba poniendo cuidado y continua con las historias y dice ¨te prevengo cuidado, Lalio, porque en esa finca los misterios acontecen, el albañil no respondió.

Las noches sin estrellas exhalaba un bochorno pesado, Efigenio regreso santiguándose por la calle y apretando contra su pecho un escapulario. Efigenio evoco también la última encomienda de su patrona que era darle de comer al Macareno, el cual Efigenio decidió pasar por alto.

Emilia lo sintió llegar, se mecía hora tras hora hasta que despuntaba la mañana, incómoda por su gordura y el calor sofocante. Con la vista aguzada reconocía las apariciones neblinosas. Semana y media antes un espíritu entro a la materia de doña Gume para comunicar a la familia que bajo la mesa del comedor había un cofre lleno de doblones.

Así se abrió el agujero a cuya orilla estaban doña Emilia y doña Gume portadoras de las ceras, nadie aventuraba un movimiento mientras se rompían mármoles y se cavaba hasta el infinito. Luisa acompaño a sus hijos hasta sus respectivas recamaras, cuando regreso al cabo de unos minutos, supo que Lalio había concebido malos pensamientos, en castigo el guardián del cofre le mutilo tres dedos y desapareció el tesoro.

Doña Emilia mando guardarlo detrás de una covacha hasta que ella y doña Gume dispusiera lo conveniente y lo conveniente era regresarlo a su lugar, una familia respetable necesitaba conservar a sus fantasmas. De eso se aseguraría la tía que veneraba a sus muertos pálidos. 

 

Fredy Guerrero

Resumen de 

 EL MATRIMONIO

 ¿Así que usted desea casarse con la niña? No somos una familia común. Usted hubiera visto nuestra casa en veracruz, tan atiborrada. Nos pedían permiso para recorrer los salones. El veinticuatro a las doce tembló muy fuerte. Nosotros sufrimos una verdadera conmoción. 

Somos siete hijos vivos, con la memoria de dos difuntos. Una madre viuda y rica, la cual pretendía comunicarse organizando veladas espiritistas. Se encerraba con un grupo de creyentes en la biblioteca de la casa. Nosotros los atisbabamos desde el piso de arriba. 

La materia de llamaba doña Grume. La cual alivio a varios enfermos incluyendo a mi hermanita. 

Mi mamá se preocupaba más por el otro mundo que ni caso hacía de su prole. A los hijos varones los enviaron a buenos colegios, a las mujeres nos instruyeron desde la casa por una profesora que nos visitaba. 

Al morir mi padre, mi mama enloqueció. Mando a construir un monumento fúnebre grandísimo el cual costó un dineral.

Mi mama nos despertaba para observar foquitos moviéndose por las habitaciones. La tía emilia solía regañarnos porque les espantabamos el sueño. 

Ella se casó tres veces y enterró a sus cónyuges. Mi tia quedo podrida en dinero y sola. 

Los espíritus se mostraban pródigos, como el del gorila que interpretaba la quinta sinfonía de Beethoven.

Un espíritu reveló que bajo el comedor había un arcón lleno de doblones. Pero el albañil paleó y paleó hasta que por su ambición los de ultratumba lo dejaron manco.

Sin embargo, esto no nos ayudó a salvar la hacienda ya que las lumbres misteriosas instaron a dejar cuanto poseíamos a fin de conservarnos coleando. Empobrecidos con dignidad y preservamos nuestros recuerdos.

Si desea casarse, ya sabe a qué atenerse.  

 

Adriana Mora