nº6 mayo 2017

Este número está dedicado al arquetipo de la mujer salvaje partiendo del cuento "La loba" de Clarissa Pinkola Estés. Nuestras compañeras Cristina P.B. y Olga Peñacoba decidieron crear un taller para indagar colectiva y creativamente en la naturaleza instintiva y valores ancestrales femeninos.

Tras escuchar el cuento podemos ver el documental que nuestros compañeros del Taller de Audiovisuales grabaron de ese taller experimental y de aprendizaje. Tras presentarse a sí mismas las personas participantes expresando su motivación, Cristina y Olga leyeron un conjunto de diapositivas proyectadas explicando el objetivo, significado y sentido del cuento. Posteriormente realizaron, de manera simbólica, ritos improvisados en forma de juego y danza intentando llegar al fondo de la psique y rescatar los valores primigenios femeninos.

Nuestro compañero JARomán quedó tan impactado por el desarrollo del taller que no pudo evitar escribir un texto poético dedicado a todas las mujeres participantes en él y que puede escucharse al final de la revista. 

La Loba

Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla. 

Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos. 

Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de Tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán  en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde de la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos camioneros a Morella, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba. 

La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos. 

Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar. 

 

 

Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces

los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La

Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.

La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.

La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los

ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.

En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando,

a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en

una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.

Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito

y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara

una cosa... una cosa del alma.

Documental sobre el Taller de "La Mujer Salvaje"

basado en el cuento de "La Loba" de Clarissa Pinkola Estés

Femenino plural

(a todas las mujeres del taller de la mujer salvaje)

Llegaron expectantes, curiosas,

generosas para compartir,

dispuestas a disfrutar de lo inesperado,

a descubrir lo que llevan dentro.

Una llamada al desahogo,

a soltarse el pelo,

a alejar el peligro de acariciar la tristeza.

Dispuestas a abrir las compuertas

a lo estancado y con olor a podrido.

Buscaban formas de ser valientes,

de mirarse a los ojos,

de sembrar la luz en ellos.

Dispuestas a saltar sobre lámparas rotas

que aún alumbren.

Dispuestas a dejar partir

a parte de su mirada

para que traiga otra a la suya.

Dispuestas a hacer juegos de magia

para que al final del truco

aparezca la emoción sobre el corazón.

Dispuestas a dejarse pasar por ellas mismas

en cualquier cuento que alguien cuente.

Dispuestas a sentir el viento en el alma,

a acariciar como si buscaran algo en un dibujo.

Dispuestas a la esperanza de hallar

a la vieja y sabia mujer

que desde hace siglos se esconde en ellas.

Dispuestas a amar como si fuera una apuesta,

a dejar salir su yo primigenio

imaginándose con un beso en los labios

y abriendo las fauces para lanzar un gran grito.

Dispuestas a escribir sus nombres

en algún cuento nacido del fondo del tiempo,

a dejar la mano tendida

si alguna vez tuvieran que huir de sí mismas.

Se dejarán herir a condición

de que los que aman puedan

seguir el agrio rastro de su dolor.

No pedirán a nadie quedarse para verlas llorar.

Mojarse con sus propias lágrimas no cabe en sus cuentos.

Se detendrán para escucharse

dejando sus sueños en un puchero

del que saldrá una mujer sonriendo de manera picarona.

¡Qué nadie haga daño a sus sueños!

 

Se pusieron a jugar quitándose la ropa del alma.

Hicieron de sí mismas una excusa

para pintarse una primavera en la cara

y un crudo invierno en la máscara.

Anteponerse a los miedos. Esa es su estrategia.

Al acabar el juego encontraron

a todos sus miedos cogidos de la mano

cruzando la calle por un paso de cebra.

Dejaron de pausar sus latidos, de controlarlos,

permitiendo a su corazón desbocarse

aunque hayan sido advertidas

que eso era malgastar el órgano.

Hoy ya no se miran dándose la espalda.

Hoy, quien intente matarlas el amor

recibirá el zarpazo de la loba interior.

Viven peligrosamente pero siguen

dando la mano desnuda y abrazando tiernamente.

¿Quién sería capaz de despertar a la fiera con un beso?

Sólo sus labios que antepondrán el cariño al miedo.

A partir de hoy bailarán para descubrir el ritmo de su alma.

Después se buscarán por cualquier rincón de la casa

antes de tomar el café de media tarde.

Permanecerán solas ante las paredes de su casa

hasta que éstas se quejen o protesten en caso de su ausencia.

Permanecerán picaronas por la espalda,

soñadoras en los ojos

y dispondrán de una flor en la boca

para que la sonrisa sea perenne.

Pondrán más carne al esqueleto recién hallado

para mejor poder besarlo.

Sería como estar en una nube

de donde bajarían para buscarse debajo de la tierra.

Después subirían con su yo salvaje

erigiéndose en otra estrella

que dé envidia al sol.

Enterrarán su rutina, derramarán sus almas sobre ella,

pondrán nombre a sus restos,

añadirán algún que otro taco

a un puñado de frases corrientes

y callarán para escuchar el ruido de su sueño

que crecerá como un tallo rebelde.

Nunca les sobrará poesía para su resurrección,

la entregarán en sus besos a los que estén al lado.

Dulcemente iniciarán la danza del alma

mientras su cuerpo brinca y baila

una música que nadie podrá escuchar.

Romperán todas las brújulas

pero ya nunca más andarán perdidas.

Miren donde miren

siempre se encontrarán sobre o bajo su yo salvaje.

taller conducido por:    Cristina P.B. y Olga Peñacoba     voz presentación y poema "Femenino plural":  JARomán    

ilustraciones: Virginia Martín                                        vídeo y fotos:          Taller de Audiovisuales (Lídia López, Cristina P.B. y JARomán)

música:                                         Kila  Luna Park

Audiovisual resumen del taller

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