Mart n Almagro Gorbea EdITOR protohistoria de la pen nsula ib rica del neol tico a la romanizaci n Burgos 2014
Mart  n Almagro-Gorbea  EdITOR   protohistoria de la pen  nsula ib  rica  del neol  tico a la romanizaci  n  Burgos, 2014 ...
Cualquier forma de reproducci n distribuci n comunicaci n p blica o transformaci n de esta obra solo puede ser realizada con la autorizaci n de sus titulares salvo excepci n prevista por la ley Dir jase a CEDRO Centro Espa ol de Derechos Reprogr ficos www cedro org si necesita fotocopiar o escanear alg n fragmento de esta obra Esta edici n ha contado con la colaboraci n de la Junta de Castilla y Le n a trav s de la Fundaci n Siglo para las Artes y el Turismo de Castilla y Le n Im genes de cubierta 1 Arquero de Arte Levantino de Val del Charco del Agua Amarga Alca iz Teruel 2 Vaso neol tico de la Cueva de los Murci lagos Zuheros C rdoba 3 Puerta fortificada de Los Millares Almer a 4 Enterramiento arg rico en pithos de La Bastida Totana Murcia 5 Naveta de Els Tudons Menorca 6 Tesoro de Villena Alicante 7 Sauna ritual de Briteiros Portugal 8 Le n orientalizante de Pozo Moro Albacete 9 C rculo funerario pirenaico de Kausko I Oyarzum Gip zcoa para m s detalles v ase el texto De los textos Los autores de los textos y la Fundaci n Atapuerca De las im genes Los autores de las im genes y la Fundaci n Atapuerca De la presente edici n La Fundaci n Atapuerca y la Universidad de Burgos Edita UNIVERSIDAD DE BURGOS SERVICIO DE PUBLICACIONES E IMAGEN INSTITUCIONAL Edificio de Administraci n y Servicios C Don Juan de Austria n 1 09001 BURGOS ESPA A FUNDACI N ATAPUERCA Carretera de Logro o n 44 09198 Ibeas de Juarros Burgos ISBN 978 84 92681 89 1 Edici n impresa 978 84 92681 90 7 e book Dep sito legal BU 207 2014 Fotocomposici n Rico Adrados S L Burgos Imprime Rico Adrados S L Burgos
Cualquier forma de reproducci  n, distribuci  n, comunicaci  n p  blica o transformaci  n de esta obra solo puede ser real...
ndice Introducci n por Mart n Almagro Gorbea 7 Neol tico y Calcol tico avance hacia una sociedad compleja 17 Los primeros agricultores neol ticos mediterr neos VI V milenios a C por Bernat Mart Oliver Joaquim Juan Cabanilles 19 El Neol tico en las tierras del interior y septentrionales por Manuel A Rojo Guerra 43 Hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal B C en la Iberia mediterr nea por Joan Bernabeu Aub n y Teresa Orozco K hler 71 Las sociedades complejas IV y III milenio cal B C en la Iberia meridional por Francisco Nocete 83 El Calcol tico en la Meseta y su orla atl ntica Intensificaci n econ mica y avance de la vida sedentaria 3200 2500 cal a C por Germ n Delibes de Castro 95 El Campaniforme en la Pen nsula Ib rica por Rafael Garrido Pena 113 La Edad del Bronce las sociedades complejas 125 La Edad del Bronce en la Iberia Mediterr nea por Vicente Lull Rafael Mic Cristina Rihuete y Roberto Risch 127 Las Islas Baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana por Vicente Lull Rafael Mic Cristina Rihuete y Roberto Risch 147 La Iberia Atl ntica un umbral entre Oriente y Occidente por Marisa Ruiz G lvez 161 La Edad del Hierro el proceso final hacia la vida urbana 181 Los Lusitanos por Mart n Almagro Gorbea 183 Los Campos de Urnas por Gonzalo Ruiz Zapatero 195 Los pueblos celtas por Alberto J Lorrio 217 Tar i Tartessos Turdetania por Mariano Torres Ortiz 251 Iberia mediterr nea los pueblos ib ricos por Mart n Almagro Gorbea 285 Los Vascones por Mart n Almagro Gorbea 319 Bibliograf a 325
  ndice  Introducci  n, por Mart  n Almagro-Gorbea . ........................................................................
1 introducci n
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Introducci n Esta Protohistoria de la Pen nsula Ib rica Del Neol tico a la Romanizaci n es una s ntesis actualizada con perspectivas de futuro de la Protohistoria de la Pen nsula Ib rica que constituye el extremo m s occidental el Far West del Viejo Continente pues es la ltima tierra de Eurasia fenicios p nicos y romanos y la Iberia de los griegos puede considerarse por su complejidad y ubicaci n como un peque o microcontinente situado entre el Mediterr neo y el Atl ntico en el extremo Suroeste de Europa al final de Eurasia muy pr xima a frica de la que queda aislada por el desierto del S hara La obra se ha concebido en el marco del XVII Congreso de la Uni n Internacional de Ciencias Prehist ricas y Protohist ricas UISPP celebrado en Burgos en 2014 pero va dirigida a un p blico general que pretenda conocer los ltimos milenios de la Prehistoria de esas tierras desde las primeras poblaciones neol ticas hasta la Romanizaci n El volumen I Prehistoria de la Pen nsula Ib rica recoge las culturas cazadoras y recolectoras desde los primeros hom nidos hasta el Epipaleol tico o Mesol tico a base de exponer los principales yacimientos y a trav s de ellos las correspondientes caracter sticas culturales y medioambientales Es la m s occidental de las cuatro pen nsulas que articulan las costas septentrionales del Mediterr neo Anatolia los Balcanes con Grecia Italia y la Pen nsula Ib rica Estas tres ltimas integran las tierras meridionales de Europa que a su vez constituye una peque a pen nsula en el extremo occidental del Continente Afro Asi tico La Pen nsula Ib rica ocupa 583256 km2 y queda rodeada por el mar Mediterr neo al Este y Sur y por el oc ano Atl ntico al Oeste y Norte los Pirineos constituyen un istmo de menos de 500 km de longitud que la unen a la masa continental mientras que el estrecho de Gibraltar de s lo 14 km de ancho la separa de frica Por el contrario este volumen II se ha concebido como una serie de 15 ensayos de s ntesis que constituyen un mosaico representativo de las variadas culturas y pueblos que conforman la Protohistoria de la Pen nsula Ib rica desde el Neol tico hasta la Romanizaci n Por ello brindan una visi n de los ltimos seis milenios de historia antes de nuestra Era desde la llegada de los primeros agricultores hasta el predominio de la vida urbana al incorporarse nuestras tierras al Imperio Romano Su territorio ofrece gran personalidad y diversidad Fig 1 Su topograf a se caracteriza por estar constituida por una gran meseta central que forma parte del antiguo Macizo Ib rico de poca prec mbrica y paleozoica ligeramente inclinado hacia poniente lo que determina la estructura hidrogr fica La Meseta queda rodeada de cordilleras y depresiones formadas en el plegamiento alpino Su car cter monta oso se evidencia en su altura media de 660 m s n m s lo superada en Europa por Suiza y Austria con su cumbre m s alta en el Mulhac n Granada de 3478 m s n m Para comprender el inter s de la Protohistoria de la Pen nsula Ib rica es necesario valorar su marco geogr fico clave de su paisaje humano desde la Protohistoria1 La Pen nsula Ib rica la antigua Hispania de 1 Para la Geograf a de la Pen nsula Ib rica v ase Hern ndez Pacheco E 1955 y 1956 Fisiograf a del Solar Hispano I II Madrid Schulten A 1959 1963 Geograf a y Etnograf a antiguas de la Pen nsula Ib rica I II Madrid Lautensch H 1967 Geograf a de Espa a y Portugal Barcelona Asociaci n de Ge grafos Espa oles 1980 Los paisajes rurales de Espa a Valladolid Ter n M de et alii 1986 Geograf a general de Espa a Barcelona Florist n A 1988 Espa a pa s de contrastes geogr ficos naturales Madrid Vil Va La Meseta Central queda rodeada de cadenas monta osas en su mayor a de orogenia alpina la Cordillera Vasco Cant brica al Norte el Sistema Ib rico al Este y Sierra Morena al Sur adem s del Sistema Central que divide la Meseta en dos de Este a Oeste y separa la cuenca del Duero de la del Tajo y Guadiana En las tierras perif ricas destacan los Pirineos istmo que la separa de Francia los Montes de Galicia en el Noroeste la Cordillera Costerolent J 1997 La Pen nsula Ib rica Barcelona Franco T 1998 Geograf a f sica de Espa a Madrid Instituto Geogr fico Nacional 2000 Atlas Nacional de Espa a El medio f sico I II Madrid
Introducci  n  Esta Protohistoria de la Pen  nsula Ib  rica. Del Neol  tico a la Romanizaci  n es una s  ntesis actualizad...
10 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 1 Mapa f sico de la Pen nsula Ib rica Catalana en el Noreste y el Sistema B tico por el Sureste y Sur Las zonas llanas son escasas como la depresi n del Guadalquivir en el Suroeste y la del Ebro en el Noreste adem s del centro sur de Portugal de la llanura costera valenciana y de las planicies de La Meseta A las diferencias orogr ficas se suman las litol gicas Fig 2 La parte occidental ofrece suelos sil ceos paleozoicos formados por granitos pizarras y cuarcitas ricos en metales como oro plata esta o y cobre son tierras m s aptas para la ganader a que para la agricultura a lo que se a ade su asociaci n al clima atl ntico fresco y h medo Por el contrario en las zonas orientales y en las cadenas monta osas del plegamiento alpino predominan las calizas de la Era Secundaria con formaciones k rsticas acentuadas por la erosi n fluvial en estas zonas muchas cubiertas de bosques de encina o de pino la vida se desarrolla en sus peque os valles basada en el cultivo de huerta de regad o para mitigar la aridez Finalmente en las depresiones del Guadalquivir y Ebro en los valles de los r os de la Meseta y en las llanuras litorales predominan formaciones arcillosas del Terciario y Cuaternario sus suelos son aptos para una agricultura cerealista adaptada al policultivo mediterr neo de cereal vino y aceite al introducirse ste asociado al desarrollo incipiente de la vida urbana durante la segunda mitad del I milenio a C producci n que se completa siempre que es posible por huertas de regad o La Pen nsula Ib rica posee m s de 4000 km de costas pues est rodeada por el mar en 6 7 partes de su contorno La banda litoral es estrecha y s lo es m s accesible en algunos tramos de la costa este y sur pues predomina el litoral rocoso y acantilado al norte nordeste y sureste con accesos limitados a los estuarios de algunos r os que raramente penetran 30 km La l nea de costa tendi a ascender en el Holoceno hasta los 20 m hacia el 9000 BP y se estabiliz a los 10 m hace 7000 a os aunque algunas costas como la vasca alcanzaron 1 o 2 m sobre el nivel actual en el m ximo de la trasgresi n flandriense Hace 5000 BP descendi de nuevo el nivel del mar para subir posteriormente de forma progresiva
10  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 1. Mapa f  sico de la Pen  nsula Ib  rica.  Catalana, en el Noreste, y...
introducci n Figura 2 Mapa litol gico de la Pen nsula Ib rica Instituto Geol gico Minero de Espa a y Portugal hasta el nivel actual con una creciente p rdida de las tierras costeras emergidas Junto a estos cambios del nivel del mar hay que valorar la erosi n acentuada por la actividad humana La consecuencia ha sido el relleno de albuferas y lagunas litorales y de los estuarios como el de la desembocadura del Guadalquivir el antiguo lacus Ligustinus y la formaci n de deltas como el del Ebro proceso iniciado tras el m ximo de la trasgresi n flandriense hacia el 6500 BP y que con oscilaciones se ha acentuado desde entonces atribuidas a la creciente deforestaci n Desde el punto de vista del clima Fig 3 la Pen nsula Ib rica est situada entre las zonas tropicales y las templadas del Hemisferio Norte y entre el Mediterr neo y el Atl ntico por lo que en ella se cruzan los frentes y borrascas atl nticos asociados a la corriente en chorro polar y las altas presiones tropicales del anticicl n de las Azores y del Sahara Esta situaci n unida a su articulada orograf a hace que ofrezca numerosos microclimas con gran variabilidad de temperaturas y de precipitaciones Fig 4 que superan los 2000 mm en algunos puntos y no alcanzan los 175 mm en Almer a2 con un claro gradiente de Noroeste al Sureste En general cabe se alar dos reas clim ticas claramente diferenciadas una h meda atl ntica La Coru a 10 4 C en enero 19 2 C en agosto y 1 008 mm y otra seca mediterr nea Alicante 336 mm 11 5 C en enero 25 5 C en agosto que llega a ser subtropical y semides rtica en el Sureste Almer a 196 mm Adem s el relieve que rodea la Meseta Central acent a su car cter continental seco y extremado Soria 2 9 C en enero 20 0 C en julio com n a otras zonas interiores C rdoba 9 2 C en enero 2 Para el clima v ase Garc a de Pedraza L y Castillo J M 1981 Influencia de la configuraci n topogr fica de la Pen nsula Ib rica en sus car cteres meteorol gicos y clim ticos Paralelo 37 5 31 42 Capel J J 2000 El clima de la Pen nsula Ib rica Barcelona para su evoluci n hist rica Jord J 2013 El marco paleoambiental de la Prehistoria Reciente de la Pen nsula Ib rica M Men ndez ed Prehistoria Reciente de la Pen nsula Ib rica Madrid pp 41108 Para la hidrograf a Arenillas M y S enz Ridruejo C 1987 Gu a F sica de Espa a 3 Los r os Madrid 11
introducci  n  Figura 2. Mapa litol  gico de la Pen  nsula Ib  rica  Instituto Geol  gico Minero de Espa  a y Portugal .  ...
12 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 3 Mapa de las regiones clim ticas de la Pen nsula Ib rica 1 a b h meda mar tima y pirenaica 2 atl ntica 3 a c continental atenuada pura y extremada 4 mediterr nea 5 subdes rtica Fotograf as a Cordillera Cant brica b Paisaje atl ntico de Ferramul n Lugo c Dehesa extreme a d Paisaje semides rtico de Fortuna Murcia e Laguna de Salobralejo Albacete f Vides y bosque galer a de Bri as La Rioja 27 2 C en julio mientras que las numerosas sierras por encima de los 1200 m s n m ofrecen un clima caracter stico de monta a Estas caracter sticas clim ticas se debieron conformar a lo largo del Holoceno con variaciones que se pueden explicar a nivel general Desde el inicio del Holoceno el clima de la Pen nsula Ib rica fue seco con tendencia a aumentar la temperatura y la humedad A partir del Atl ntico 9000 5800 BP ese aumento la temperatura y humedad llev a superar las actuales lo que supuso el m ximo desarrollo del bosque mediterr neo y la progresi n del roble en la zona atl ntica Hacia el 5800 BP se observa un episodio rido y fr o con un importante descenso de la poblaci n arb rea que da inicio al Subboreal que representa una fase m s seca y c lida 5800 2500 BP seguida del ptimo clim tico hasta el 4800 BP caracterizado por aumento de las temperaturas y precipitaciones que superaron las actuales A partir del 4800 BP disminuy la aridez y el clima del interior ofrece ya el car cter mediterr neo continental seco de la actualidad a lo que se asocia una creciente acci n antr pica A partir del 3250 cal BP la llamada Edad Fr a del Hierro ofrece un descenso general
12  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 3. Mapa de las regiones clim  ticas de la Pen  nsula Ib  rica. 1,a-b  ...
introducci n Figura 4 Mapa de precipitaciones de la Pen nsula Ib rica con un claro gradiente NW SE de la temperatura con creciente aridez que produjo la desertizaci n y el abandono de zonas monta osas progresivamente reocupadas en el I milenio a C La mejora del clima al final de esta oscilaci n fr a con el inicio del Subatl ntico 2500 BP facilit el intenso desarrollo cultural y demogr fico de la Edad del Hierro en el Periodo H medo Ibero Romano datado entre el 2500 y el 1600 BP es decir entre el 500 a C y el 400 d C en el que se observa un nuevo retroceso de la vegetaci n arb rea que denota mayor aridez y probablemente una mayor acci n antr pica El clima hace que los r os sean poco caudalosos salvo en las zonas con precipitaciones atl nticas Su caudal es muy variable y depende de las precipitaciones pues en algunos casos ofrecen enormes escorrent as que superaban el 1 a 1000 en el r o Guadiana Los cauces suelen servir como v a de comunicaci n en las llanuras pero en muchos casos la topograf a con fuertes desniveles y abruptas m rgenes asociada a la irregularidad del caudal dificultan el tr nsito Por ello las v as de comunicaci n Fig 5 m s que por los r os est n determinadas por la orograf a como la V a Heraclea que desde el Golfo de C diz ascend a el Valle del Guadalquivir y enlazaba con las costas del Levante mediterr neo la V a de la Plata que un a todas las tierras sil ceas interiores o la V a C ltica que comunicaba el Sistema Ib rico con el Suroeste por el norte del Sistema Central3 La orograf a y el clima condicionan igualmente una variada flora y fauna a lo que se a ade el aislamiento geogr fico de la Pen nsula Ib rica que ha permitido conservar numerosos endemismos en especial en sus cadenas monta osas a pesar de continuas extinciones la mayor a producidas por el hombre4 En las zonas h medas atl nticas predomina el bosque caducifolio mixto de robles hayas y abedules transformado en numerosas zonas en pra3 4 Sobre las v as de comunicaci n en la Prehistoria M Almagro Gorbea Las v as de comunicaci n tart sicas en M Criado de Val ed Atlas de Caminer a Hisp nica X Congreso de Caminer a Madrid 2010 Madrid 2011 pp 20 25 Sobre la vegetaci n puede verse Alcaraz F et alii 1987 La vegetaci n de Espa a Madrid Allue 1990 Atlas fitoclim tico de Espa a Madrid Peinado M y Rivas S 1987 La vegetaci n de Espa a Madrid Rubio J M 1988 Biogeograf a Paisajes vegetales y vida animal Madrid Para los suelos Gandullo J M 1984 Clasificaci n b sica de los suelos espa oles Madrid 13
introducci  n  Figura 4. Mapa de precipitaciones de la Pen  nsula Ib  rica, con un claro gradiente NW-SE.  de la temperatu...
14 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 5 Principales ejes de comunicaci n de la Pen nsula Ib rica seg n Ruiz Zapatero dos por acci n antr pica Particular inter s ofrece el paisaje de dehesa de las reas sil ceas del centro y sur resultado de la transformaci n del bosque de encina y alcornoque en pastos para ganader a a partir del IV milenio a C En las secas zonas mediterr neas predomina el bosque de encina o carrasca o el pinar junto a plantas arom ticas como jara tomillo espliego y romero mientras que en las zonas esteparias del Sureste crece el c amo y las plantas arom ticas y la vegetaci n arb rea es muy escasa por efecto antr pico Adem s cada cadena de monta a ofrece su propia cliserie seg n su ubicaci n y altura y la mayor parte de los r os mantienen bosques galer a y sirven para regar huertas al concentrarse en sus m rgenes los cultivos agr colas que necesitan riego por canal dada la aridez del clima sistema documentado desde el III milenio a C La orograf a y litolog a tan articuladas y complejas acent a las diferencias geogr ficas de unas regiones y otras con fuertes contrastes en su relieve suelos clima vegetaci n y fauna y en consecuencia en sus culturas A ello se suman las diversas corrientes culturales y tnicas que interaccionan de forma din mica con otros territorios Entre estas corrientes externas destacan tres Una la representa el Mediterr neo que constituye la gran v a de influjos culturales y demogr ficos del Sur de Europa por la que fluyen los contactos con los focos culturales m s avanzados del Oriente Medio Por esta v a lleg el Neol tico la metalurgia inicial los contactos con el mundo mic nico y ya en el I milenio a C las colonizaciones hist ricas de fenicios griegos p nicos y finalmente de Roma Otra de las corrientes afecta mayoritariamente a las regiones sil ceas atl nticas del Occidente de la Pen nsula Ib rica con contactos desde poca megal tica y campaniforme con el occidente de Francia y las Islas Brit nicas dentro del llamado Mundo Atl ntico cuyo apogeo se alcanza en la Edad del Bronce seguramente estimulado por los intercambios metal feros La tercera corriente procede de m s all de los Pirineos y relaciona la Pen nsula Ib rica con la Europa Central pero ofrece periodos de mayor actividad como en el Campaniforme y con los Campos de Urnas del Bronce Final y en la Edad del Hierro al acentuarse
14  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 5. Principales ejes de comunicaci  n de la Pen  nsula Ib  rica  seg  n...
introducci n los contactos entre las poblaciones celtas del norte y del sur de los Pirineos aunque los contactos transpirenaicos han funcionado siempre a escala local por la trashumancia monta a llano Por ltimo todav a cabe se alar el Norte de frica apenas separada de la Pen nsula Ib rica por los 14 km del Estrecho de Gibraltar Sin embargo salvo algunos contactos locales menores apenas se manifiesta actividad entre ambos lados del Estrecho dada la barrera demogr fica que representa la creciente desertizaci n del S hara a partir del Holoceno Reciente Las diferencias se aladas en el relieve suelos clima vegetaci n y fauna y en consecuencia en las culturas y pueblos de las distintas regiones determinan que la Pen nsula Ib rica desde un punto de vista tnico cultural e hist rico pueda ser considerada como se ha indicado como un peque o microcontinente situado entre el Mediterr neo y el Atl ntico en el extremo Suroeste de Europa que representa el final de Eurasia pr xima a frica aunque aislada de ella por el S hara Adem s de los factores se alados acent an su amplia diversidad interna los diversos influjos externos recibidos de modo en fechas y con intensidad distinta en las diferentes reas culturales Sin embargo todas las regiones ofrecen ciertas caracter sticas culturales comunes que permiten diferenciarlas de otras culturas extra as a la Pen nsula Ib rica En este sentido la amplia Meseta Central abierta a la periferia por distintas v as de comunicaci n Fig 5 ha actuado desde la Prehistoria como lugar de intercambio cultural y tnico con las regiones perif ricas que han dado lugar a procesos de s stole di stole con fases de mayor o menor influencia etno cultural seg n los distintos periodos cronol gicos y las diversas reas culturales afectadas Esta Protohistoria de la Pen nsula Ib rica pretende ser como se ha indicado una s ntesis innovadora con una visi n actual de los fen menos hist ricos desarrollados desde el Neol tico hasta la Romanizaci n Se ha pensado con visi n de futuro pues aunque ofrece una estructura tradicional se basa en las investigaciones m s recientes e innovadoras con una metodolog a que pretende abordar todo el sistema cultural de forma interrelacionada desde la cultura material y la tecnolog a a la econom a la sociedad y la ideolog a y religi n adem s de los recientes estudios antropol gicos basados en el ADN y los avances logrados en estos ltimos a os en Ling stica e incluso en la Literatura Protohist rica le da a trav s de la Iconograf a a fin de lograr una visi n lo m s hol stica y din mica del proceso cultural Como ejemplo cabe se alar la nueva valoraci n del Arte Rupestre Levantino y del Campaniforme la presentaci n del yacimiento de Valencina de la Concepci n como el principal foco demogr fico y cultural calcol tico del III milenio a C en la Pen nsula Ib rica frente a la visi n anterior basada en yacimientos tipo Los Millares y Zambujal o la nueva interpretaci n de los pueblos y culturas prerromanos del I milenio a C al ofrecerse una nueva visi n con elementos tan innovadores como la revisada valoraci n de Lusitanos y Vascones La redacci n de los distintos ensayos ha corrido a cargo de especialistas bien reconocidos en sus respectivos campos por sus estudios y publicaciones Ello ha supuesto una evidente dificultad a la hora de unificar criterios y terminolog a a lo que se a ade la diversidad de perspectivas e interpretaciones que ofrecen los estudios punteros aunque se ha valorado que las diferencias que ofrecen los distintos ensayos tambi n tienen inter s en s mismas pues denotan las distintas interpretaciones existentes que marcan las perspectivas de estudio hacia el futuro Todos los autores han hecho en ellos un notable esfuerzo para adaptarse a las caracter sticas de la obra en un tiempo muy breve por lo que se merecen un sincero reconocimiento La obra se ha concebido en tres partes una dedicada al Neol tico y Calcol tico que finaliza con el Campaniforme otra es la Edad del Bronce con su doble vertiente Mediterr neo Atl ntica y la ltima aborda la Edad del Hierro entendida como el avance definitivo hacia la vida urbana que finaliza en el proceso de la Romanizaci n que supuso el final de la Prehistoria en la Pen nsula Ib rica La primera parte que comprende el Neol tico y Calcol tico avance hacia una sociedad compleja se dedica a los cambios ocurridos desde la llegada de la domesticaci n con su repercusi n cultural y demogr fica que aboca a sociedades cada vez m s complejas Se ha estructurado en seis ensayos Los primeros agricultores neol ticos mediterr neos VI V milenios A C por Bernat Mart Oliver y Joaquim Juan Cabanilles El Neol tico en las tierras del interior y septentrionales por Manuel Rojo Hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal B C en la Iberia Mediterr nea por Joan Bernabeu Aub n y Teresa Orozco K hler Las sociedades complejas IV y III milenio cal B C en la Iberia meridional por Francisco Nocete El Calcol tico en la Meseta y su orla atl ntica Intensificaci n econ mica y avance de la vida sedentaria 3200 2500 cal A C por Germ n Delibes de Castro y finalmente El Campaniforme en la Pen nsula Ib rica por Rafael Garrido Pena que constituye la transici n y enlace con la parte siguiente La segunda parte se dedica a La Edad del Bronce que b sicamente corresponde a las culturas de 15
introducci  n  los contactos entre las poblaciones celtas del norte y del sur de los Pirineos, aunque los contactos transp...
16 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica sarrolladlas en el II milenio a C que conforman el substrato casi directo de los pueblos prerromanos de la Edad del Hierro Ha sido organizada con dos ensayos esenciales La Edad del Bronce en la Iberia Mediterr nea de Vicente Lull Rafael Mic Cristina Rihuete y Roberto Risch y El mundo atl ntico de Pen nsula Ib rica un umbral entre oriente y occidente de Marisa Ruiz G lvez A ellos se ha a adido un tercer art culo dedicado a Las Islas Baleares desde su colonizaci n humana estable hasta la conquista romana de Vicente Lull Rafael Mic Cristina Rihuete y Roberto Risch ya que su estructura cultural corresponde b sicamente a este periodo La tercera y ltima parte trata sobre Los pueblos prerromanos y el proceso final hacia la vida urbana Los seis ensayos finales de la obra se adaptan a los pueblos y culturas prerromanos conocidos por las fuentes cl sicas cuyas caracter sticas han confirmado los actuales estudios arqueol gicos y ling sticos La ordenaci n ofrecida refleja su mayor o menor vinculaci n con las culturas de la Edad del Bronce anteriormente descritas y sus propias interrelaciones internas Estos ensayos son los siguientes Lusitanos por Mart n Almagro Gorbea Los Campos de Urnas por Gonzalo Ruiz Zapatero Los pueblos celtas por Alberto J Lorrio Tarsis Tartessos Turdetania por Mariano Torres Ortiz Iberia mediterr nea los pueblos ib ricos por Mart n Almagro Gorbea y finaliza con Los Vascones por Mart n Almagro Gorbea que representan uno de los pueblos m s interesantes y problem ticos de la Protohistoria de Europa de los que en parte descienden los vascos actuales Como conclusi n esta Protohistoria de la Pen nsula Ib rica Del Neol tico a la Romanizaci n pretende ser una visi n de s ntesis de los ltimos seis milenios de la Protohistoria de la Pen nsula Ib rica desde los primeros agricultores hasta el pleno desarrollo de la vida urbana tras la Romanizaci n Su finalidad es atraer el inter s hacia la Protohistora de la Pen nsula Ib rica a toda persona interesada sea o no especialista dada la complejidad de fen menos culturales que ofrece muchos de los cuales permiten incluso explicar mitos y procesos hist ricos actuales que hunden sus ra ces en aquellos lejanos tiempos por derivar de ellos en procesos de larga duraci n Pero el inter s que ofrece la Protohistoria de ese peque o microcontinente que conforma la Pen nsula Ib rica en el extremo Suroeste de Eurasia es tambi n una llamada a una colaboraci n cient fica internacional cada vez m s necesaria en estos atractivos campos de estudios multidisciplinares Mart n Almagro Gorbea Real Academia de la Historia
16  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  sarrolladlas en el II milenio a.C., que conforman el substrato casi directo d...
2 neol tico y calcol tico avance hacia una sociedad compleja
2  neol  tico y calcol  tico  avance hacia una sociedad compleja
Bernat Mart Oliver Joaquim Juan Cabanilles Los primeros agricultores neol ticos mediterr neos VI V milenios a C Introducci n Hacia mediados del VI milenio a C se documentan los primeros testimonios neol ticos econ micos y tecnol gicos en el mbito mediterr neo de la pen nsula Ib rica La cronolog a del suceso la dan las dataciones de C14 calibradas sobre muestras espec ficamente neol ticas como son granos de cereales y huesos de animales dom sticos Dichos testimonios corresponden a grupos de agricultores y pastores instalados en distintos puntos del litoral cuyo origen seg n las visiones m s compartidas debe buscarse en reas aleda as de la cuenca occidental mediterr nea Efectivamente los ocupantes de la cueva de Can Sadurn o del lugar de Les Guixeres en Catalu a los de la cueva de Les Cendres o del lugar de Mas d Is en el Pa s Valenciano o los de la cueva de Nerja en Andaluc a por poner unos ejemplos poseen y cr an ovejas y cabras cultivan trigo y cebada disponen de recipientes cer micos de herramientas de piedra pulida de hoces de s lex y de un rico ajuar desconocido hasta entonces Se trata sin duda de grupos plenamente neol ticos condici n adquirida por sus progenitores desde generaciones anteriores en el rea mediterr nea que establecen sus lugares de residencia en cuevas y en emplazamientos al aire libre y utilizan tambi n las cavidades y abrigos rupestres como necr polis refugios corrales o santuarios con un control evidente del territorio Desde sus enclaves costeros iniciales proceden a una r pida expansi n interior en el curso de la cual podr n entrar en contacto con las poblaciones mesol ticas locales lo que originar plausibles procesos de neolitizaci n De la personalidad de estas primeras comunidades neol ticas y de su desarrollo en el tiempo entre mediados del VI milenio y mediados del IV a C se tratar en las p ginas siguientes de un modo necesariamente sint tico La bibliograf a rese ada ser selectiva y lo m s actualizada posible teniendo en cuenta las grandes fuentes de informaci n que constituyen las actas publicadas de los diferentes congresos sobre el Neol tico peninsular y algunas s ntesis recientes sobre el mismo periodo 5 Conviene aclarar tambi n que para la cronolog a neol tica se procurar emplear como ya es de amplio consenso dataciones de C14 sobre muestras de vida corta y directas restos de plantas y fauna dom sticas hueso humano en la b squeda del grado m s alto de fiabilidad 6 Modelos para la neolitizaci n La aparici n de la agricultura y la ganader a es decir de la econom a neol tica en la fachada mediterr nea ib rica solo puede entenderse desde la perspectiva de la difusi n al no poderse soslayar el origen pr ximo oriental de las primeras especies dom sticas La tecnolog a neol tica cer mica y piedra pulida acompa a siempre a la evidencia econ mica en los m s antiguos h bitats costeros lo que afirma el car cter completo del llamado paquete neol tico La parcialidad de este paquete observable en algunos yacimientos tiene diversas explicaciones que incluyen tanto la funcionalidad neol tica como la neolitizaci n mesol tica pero tambi n otras realidades de tipo tafon mico como los denominados contextos aparentes 7 El acuerdo amplio sobre la difusi n neol tica no esconde las dos interpretaciones principales originadas en su seno En la primera de ellas el Neol tico ser a algo aportado por gente visi n que descansa en fen menos democulturales como el colonialismo o el pionerismo 8 con el referente ltimo del modelo de la ola de avance que sit a el epicentro de la difusi n d mica en el Pr ximo Oriente La segunda interpretaci n hace hincapi en un Neol tico aportado entre gente concediendo un papel primordial a las poblaciones ind genas mesol ticas y a sus redes de relaciones por las que circular a la informaci n necesaria y los propios tems neol ticos 9 Conjugando ambas interpretaciones el esquema m s utilizado para la ver 6 7 5 Museo de Prehistoria de Valencia bernat marti dival es Para los congresos VV AA 1996 Bernabeu y Orozco ed 1999 Arias Onta n y Garc a Monc ed 2005 Hern n 8 9 dez Soler y L pez ed 2008 Para las s ntesis Mart 2007 Rojo Garrido y Garc a coord 2012 Zilh o 2011 Bernabeu P rez y Mart nez en Bernabeu y Orozco ed 1999 Por ej Zilh o 1997 Bernabeu 1997 Mart 2008 Por ej Vicent 1997
Bernat Mart   Oliver  Joaquim Juan-Cabanilles  Los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  VI-V milenios a.C.   ...
20 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica tiente mediterr nea peninsular el llamado modelo dual de vieja formulaci n y constantemente puesto al d a considera la llegada de colonos neol ticos de origen mediterr neo por v a principalmente mar tima su expansi n territorial la toma de contacto con los mesol ticos locales y la progresiva pero r pida neolitizaci n de estos desde posibles situaciones de frontera 10 Como zonas de origen de los colonos neol ticos se se ala normalmente las costas tirr nicas italianas o del arco ligur atendiendo a la filiaci n que marcan determinadas cer micas La propagaci n por v a mar tima se apoyar a en el car cter aislado en puntos localizados del litoral de los primeros n cleos de asentamiento neol tico y en el escaso desfase cronol gico entre ellos En los ltimos a os y para el caso concreto de Andaluc a se ha revalorizado una posible v a norteafricana de neolitizaci n 11 aunque las inc gnitas son todav a muchas por la debilidad de la informaci n disponible Los datos a menudo suelen trascender los modelos se alando su endeblez Contemplada la primera mitad del VI milenio a C justo el tiempo que precede la arribada neol tica el panorama del poblamiento en el mbito mediterr neo ib rico viene marcado por amplios vac os que afectan particularmente a Catalu a sur del Pa s Valenciano Murcia y gran parte de Andaluc a 12 la zona ocupada en definitiva se restringe a una franja entre el r o Ebro al norte y el r o J car al sur es decir la parte central mediterr nea tierras del Bajo Arag n y del norte y centro valenciano y posiblemente a las sierras interiores de la Andaluc a nororiental sierra de Cazorla Este poblamiento corresponde a los ltimos cazadores recolectores mesol ticos caracterizados por las armaduras geom tricas de s lex del tipo tri ngulo de Cocina definidoras a su vez de la fase B del Mesol tico reciente mediterr neo seg n la cl sica sistematizaci n de J Fortea La fase precedente la A definida por las armaduras trapeciales tendr a su desarrollo en la segunda mitad del VII milenio a C y se manifestar a territorialmente con escasa ampliaci n hasta el r o Vinalop centro sur valenciano en la misma franja central mediterr nea Recientemente empero se han se alado posibles indicios de esta fase en la costa andaluza en sendos yacimientos de la zona de M laga cuevas de Nerja y Bajondillo que ampliar an hasta esta parte mediterr nea los datos ya conocidos de la parte atl ntica 13 Una breve historia de este modelo de neolitizaci n con los autores implicados y la bibliograf a en Juan Cabanilles y Garc a Puchol 2013 11 Manen Marchand y Carvalho 2007 12 Juan Cabanilles y Mart 2002 Fern ndez L pez de Pablo y G mez 2009 13 Aura et al 2009 Cort s et al 2012 10 Los mesol ticos de la fase B pues son los que asistir an en teor a a la llegada de los primeros neol ticos pero el encuentro entre ambos dados los vac os de poblaci n apuntados o sea de datos solo puede valorarse en el mbito espacial del Pa s Valenciano y del Bajo Arag n As y todo la realidad es que el n cleo neol tico m s antiguo detectado en el Pa s Valenciano entre los r os Serpis y Gorgos centro sur del pa s se sit a en una zona sin testimonios claros de la fase B mesol tica lo que supone un lapso temporal de un m nimo de cuatrocientos a os calibrados con respecto al ltimo poblamiento mesol tico aqu reconocido correspondiente a la fase A Este hecho se repetir a en la costa de M laga de confirmarse los indicios arriba mencionados de las cuevas de Nerja y Bajondillo Observados los n cleos neol ticos iniciales del Mediterr neo peninsular los primeros agricultores parecen establecerse en zonas pr cticamente despobladas o poco concurridas por los cazadores mesol ticos impresi n que es dif cil de atribuir en los m s de los casos a una falta de prospecciones arqueol gicas Desde estas zonas de primer asentamiento se producir la expansi n neol tica que esta vez s que podr propiciar el encuentro cultural al interferir en los territorios mesol ticos El resultado de este encuentro se ha cre do ver en la fase C de la evoluci n del Mesol tico reciente mediterr neo fase establecida en su d a por J Fortea para dar cuenta de determinados conjuntos arqueol gicos caracterizados por la suma de elementos neol ticos cer micas y mesol ticos armaduras l ticas normalmente en posici n terminal dentro de las secuencias estratigr ficas mesol ticas 14 Estos conjuntos le dos tradicionalmente en clave de neolitizaci n mesol tica se encuentran presentes en el centro interior valenciano con la cueva de La Cocina como principal referencia y en el rea del Bajo Arag n con los importantes yacimientos bajo abrigo de Botiqueria dels Moros Costalena o Pontet La reciente revisi n sin embargo de la estratigraf a de la cueva de La Cocina ha concluido el car cter no homog neo del nivel atribuido a la fase C mesol tica al comprobarse la intrusi n clara de materiales neol ticos 15 lo que abre interrogantes sobre la entidad real de los conjuntos de fase C y por extensi n de los t rminos en que debe reconocerse la neolitizaci n mesol tica Por ahora los conjuntos de fase B son el mejor testimonio del ltimo poblamiento mesol tico en el rea mediterr nea ib rica Sus responsables por tanto son los que habr an presenciado la implantaci n de los primeros neol ticos aunque las dataciones m s fiables actualmente disponibles para unos y otros solo marcan una contemporaneidad de apenas Juan Cabanilles y Mart 2007 2008 Garc a Puchol 2005 14 15
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los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c treinta o cuarenta a os extremando las bandas de indeterminaci n temporal una coexistencia adem s que se dar a en territorios exclusivos y en un primer momento relativamente alejados 16 Despu s las incertidumbres son todas en cuanto a los modos y el resultado del previsible encuentro cultural Por lo que tiene que ver con la fundamentaci n de determinados modelos de neolitizaci n los an lisis comparativos de las industrias l ticas mesol tica y neol tica nico apartado de la cultura material viable para el contraste muestran significativas diferencias en los planos tecnol gico y tipol gico Quiere esto decir que los ocupantes por ejemplo de la cueva de L Or en el n cleo neol tico valenciano y los ocupantes mesol ticos de la cueva de La Cocina no muy alejada de aquel n cleo participaban de tradiciones o estilos diferentes para tallar sus hojas de s lex y para conformar sus armaduras de flecha maneras de hacer que pueden juzgarse coet neas o con muy poca distancia en el tiempo Si el estilo es un reflejo de la identidad de la personalidad diferenciada hay que convenir la realidad de las identidades particulares mesol tica y neol tica y lo que ello implicar a en t rminos de ruptura poblacional A esta ruptura empiezan a sumarse con mayor decisi n los datos gen ticos mediante una buena selecci n de las muestras de poblaci n y una utilizaci n exclusiva del ADN antiguo a efectos comparativos En lo que respecta a la fachada mediterr nea ib rica recientes estudios se alan que los tipos mitocondriales encontrados en individuos mesol ticos no coinciden con los de individuos neol ticos lo que reforzar a la hip tesis de una ruptura gen tica entre ambas poblaciones 17 Las muestras comparadas provienen b sicamente del yacimiento mesol tico de El Collao 6700 6000 cal BC en el Pa s Valenciano y de los yacimientos neol ticos de Can Sadurn y Sant Pau del Camp 50004500 cal BC en Catalu a M s all del poco n mero y la relativa distancia geogr fica y temporal de las muestras el resultado no deja de ser significativo aunque la perspectiva de futuro deber a considerar en la medida de lo posible an lisis m s restrictivos en el tiempo y en el espacio Cer micas y grupos neol ticos Tradicionalmente los primeros grupos neol ticos del litoral este y sur de la pen nsula Ib rica han sido asimilados a la corriente cultural de las cer micas impresas del Mediterr neo occidental a la facies representada por la cer mica cardial t cnica decorativa Juan Cabanilles y Garc a Puchol 2013 Fern ndez et al 2010 Figura 1 Vaso neol tico con decoraci n impresa cardial de la Cova de l Or Beniarr s Alicante Museu de Prehist ria de Val ncia Fotograf a Archivo del Museu de Prehist ria de Val ncia a base principalmente de impresiones del borde de conchas dentadas del antiguo g nero Cardium facies no uniforme que se extender a desde las costas tirr nicas italianas hasta las costas atl nticas del sur y el centro de Portugal as como por las costas del Magreb Cardial pues ha sido por lo general sin nimo de horizonte neol tico m s antiguo en estos mbitos costeros En los ltimos tiempos empero y al igual que en el mediod a franc s el arco ligur o la fachada tirr nica noritaliana un horizonte inicial anterior al cardial ha cre do reconocerse en algunos puntos del rea mediterr nea ib rica en base a ciertos conjuntos cer micos distanciados estil sticamente del cardial cl sico y con dataciones iguales o superiores a 6500 BP 18 En el Pa s Valenciano el yacimiento al aire libre de El Barranquet 6510 50 BP presenta una colecci n cer mica en la que las decoraciones cardiales son muy minoritarias con respecto a otras decoraciones de t cnica impresa resueltas en composiciones simples Entre estas decoraciones destaca el llamado sillon d impressions o punto y raya producido por impresi n y posterior arrastre de un instrumento apuntado o romo que genera una serie continua de 16 17 Bernabeu et al 2009 18 21
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   treinta o cuarenta a  os, extremando las bandas...
22 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 2 Excavaci n del poblado neol tico de La Draga Ba olas Gerona Fotograf a Equipo de La Draga Archivo del Museu Arqueol gic Comarcal de Ba olas surcos t cnica que apuntar a al sur de Francia y al arco ligur y que tambi n aparece en los niveles basales caba a inferior de Mas d Is 6600 50 BP junto con otros tipos de impresiones cardiales y no Con la zona ligur igualmente se han relacionado ciertas cer micas del primer episodio neol tico nivel VIIIb de la cueva de En Pardo 6660 40 BP por la matriz de impresi n empleada y el esquema decorativo resultante 19 Las dataciones de El Barranquet en particular son indistinguibles estad sticamente de las m s antiguas atribuibles al Cardial por lo que el horizonte antecardial que se postula ser a de breve duraci n Es por tanto posible que los materiales que se le relacionar an hubieran pasado desapercibidos entre las colecciones de los yacimientos cardiales cl sicos As por ejemplo en los niveles neol ticos inferiores de la cueva de Les Cendres 6510 40 BP existen cer micas con motivos pintados que remiten al sur de Italia zona a la que tambi n mirar an las decoraciones rocker o en flamme no cardial impresiones pivotantes producidas por el borde curvo de conchas no dentadas de los primeros niveles ocupacionales de la cueva de L Or 5510 160 BP El rocker no dentado por otra parte se documenta entre las decoraciones cer micas de los niveles neol ticos iniciales de la cue Soler et al 2013 19 va de Nerja 6590 40 BP en la Andaluc a oriental mediterr nea dentro de un conjunto dominado por las impresiones de instrumentos con presencia de incisiones y del ba o de almagra y sin apenas constancia de impresiones cardiales 20 Desconocidos por ahora en Catalu a los testimonios aducidos fruto de excavaciones recientes o de revisiones estratigr ficas han propiciado una nueva lectura del proceso de neolitizaci n para la fachada mediterr nea ib rica Seg n esta grupos pioneros ligados al c rculo cultural de las cer micas impresas it licas pero de diferentes procedencias y siguiendo posiblemente v as distintas cuenca norte mediterr nea direcci n norte sur cuenca sur mediterr nea o magreb direcci n este oeste habr an conformado un primer horizonte colonizador previo a la constituci n del complejo cardial cl sico en Catalu a Pa s Valenciano y parte de Andaluc a o del complejo impreso incisoalmagra en otra parte de esta ltima regi n El inter s de la propuesta a falta de mayores datos reside en su capacidad para explicar la diversidad regional observable en momentos no demasiado avanzados del Neol tico finales del VI milenio a C Pa s Valenciano vs Andaluc a p ej Si pensamos en la diversidad cer mica un buen indicador de identidad tanto las decoraciones impresas cardiales como las no cardiales incisas almagradas etc se encontrar an presentes en los conjuntos remisibles al primer horizonte pionero neol tico unas las cardiales en pr cticamente todos los conjuntos otras las almagradas solamente en el de Nerja A partir de este stock cer mico inicial las preferencias en uno u otro sentido marcar an las identidades regionales Con independencia de este horizonte pionero lo cierto es que desde 5500 5400 a C todos los grupos neol ticos que se distribuyen ya por la vertiente mediterr nea ib rica poseen cer micas con decoraci n cardial Tales cer micas y el horizonte cultural que definen aparecen en los niveles basales de las secuencias estratigr ficas de cuevas como Can Sadurn El Toll El Parco o El Frare en Catalu a L Or o Les Cendres en el Pa s Valenciano o La Carig ela en Andaluc a En esta ltima regi n sin embargo la secuencia m s completa proviene de un yacimiento al aire libre el poblado de Los Castillejos que tambi n comporta cer micas cardiales en sus fases de inicio Con posterioridad desde finales del VI milenio a C un segundo horizonte que podemos llamar gen ricamente epicardial muestra que la decoraci n de Cardium es paulatinamente reemplazada por la impresi n de instrumentos dentados como gradinas y peines y por incisiones acanalados y cordones con ungulaciones o digitaciones principalmente En algunos yacimientos Aura et al 2013 20
22  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 2. Excavaci  n del poblado neol  tico de La Draga  Ba  olas, Gerona . ...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c empero este horizonte epicardial parece desarrollado tempranamente y en ausencia de niveles con cer micas cardiales lo que suscita la cuesti n de su g nesis Tal ser a el caso de aquellos enclaves andaluces p ej la cueva de los Murci lagos de Zuheros o la de Los M rmoles que hacia 5300 a C muestran el predominio de las cer micas con ba o de almagra engobe rojo formado por fina arcilla mezclada con xido de hierro y decoraciones de l neas incisas e impresiones de punz n caracter sticas de lo que tradicionalmente se ha llamado Cultura de las Cuevas andaluza Se plantea por tanto si su origen est o no vinculado al cardial Y esto mismo sucede en algunos yacimientos de Catalu a y en otros del interior peninsular relacionados con la expansi n neol tica Las respuestas contemplan la posibilidad de que el epicardial o alguna de sus facies responda a la neolitizaci n de un substrato mesol tico todav a no identificado a la evoluci n de una facies impresa pionera seg n lo que sugerir a para Andaluc a la cueva de Nerja o bien a la propia evoluci n del cardial Despu s de la etapa epicardial cuyo alcance cronol gico var a seg n las reas la tendencia general apunta a una reducci n de las decoraciones de los vasos y a cambios hacia formas m s abiertas En Catalu a a partir de mediados del V milenio a C se individualizan diversas facies cer micas postcardiales como la representada por el nivel inferior de la cueva de la Font del Molinot Esta facies o grupo se extiende especialmente por las comarcas centrales catalanas y sus vasos muestran superficies peinadas un efecto entre el acabado y la decoraci n producido por el arrastre de un objeto dentado sobre la arcilla antes de la cocci n y abundantes decoraciones de crestas o cordones de escaso realce y secci n triangular entre las que destacan los llamados bigotes formados por cordones dispuestos de forma arqueada y arrancando de las asas del vaso Por el norte de Catalu a se distribuye la facies Montbol cuyo yacimiento ep nimo se encuentra en los Pirineos orientales franceses de la que son caracter sticos los vasos sin decoraci n con superficies bien alisadas y pulidas provistos de asas tubulares verticales Desde finales del V milenio a C se desarrollan diversas facies de mbito territorial m s reducido agrupadas bajo la denominaci n de Neol tico medio catal n representadas por la cultura de los Sepulcros de Fosa Es un horizonte de cer micas lisas donde las escasas decoraciones vienen singularizadas por l neas esgrafiadas finas incisiones sobre la superficie cocida de los vasos formando motivos geom tricos con paralelos en la cultura Chassey del sur de Francia En el Pa s Valenciano su postcardial particular desde el segundo cuarto del V milenio a C lo definen tambi n las cer micas peinadas con mayor exclusividad que en la facies Molinot Igualmente despu s de 4400 a C las cer micas con de coraci n esgrafiada devienen las m s representativas por la precisa tipolog a de sus formas carenadas y de sus motivos lineares en zigzag corto que evocan relaciones con las culturas contempor neas de la pen nsula Italiana y con la cultura francesa de Chassey como suced a en Catalu a En Andaluc a el epicardial gen rico Neol tico medio en la nomenclatura regional cubre buena parte del V milenio a C A partir de 4300 4200 a C se inicia el Neol tico tard o un horizonte de cer micas poco o nada decoradas y en el que comienza el predominio de los vasos de formas abiertas aspectos que caracterizar n las fases terminales neol ticas en pr cticamente todos los mbitos del Mediterr neo ib rico Agricultores y pastores Los primeros grupos neol ticos establecidos en el litoral mediterr neo peninsular son agricultores y pastores desde bastantes generaciones atr s de modo que en todos sus asentamientos tr tese de poblados o de cuevas cuando se posee informaci n suficiente se documenta una econom a productora Las especies cultivadas son las que por entonces ya se conocen en el Mediterr neo occidental trigos vestidos Triticum dicoccum y T monococcum trigos desnudos Triticum aestivum T compactum T durum T turgidum y cebadas vestida y desnuda Hordeum vulgare Tambi n se cultivan legumbres como la lenteja Lens culinaris guisantes Pisum sativum habas Vicia faba almortas Lathyrus sp vezas Vicia sativa o yeros Vicia ercilia Y como hallazgos de excepci n la adormidera Papaver somniferum y el lino Linum cf usitatissimum 21 La presencia de estas especies var a considerablemente entre los yacimientos En el poblado catal n de La Draga el Triticum durum es el principal tax n mientras que el Triticum mococcum y las cebadas vestida y desnuda tienen una presencia menor junto a algunas leguminosas y la adormidera En el primer nivel neol tico de la cueva tambi n catalana de Can Sadurn el cereal m s abundante interpretado como parte de ofrendas funerarias es el Triticum diccocum En las cuevas valencianas de L Or y Les Cendres el predominio corresponde a los trigos desnudos Triticum aestivum durum y la cebada desnuda si bien la cebada vestida y los trigos vestidos Triticum monococcum y T dicoccum parecen desempe ar un papel significativo En Andaluc a la cebada desnuda y vestida junto al trigo vestido Triticum dicoccum han sido los cereales identificados en la cueva de los Murci lagos Antol n y Bux 2012 P rez Jord y Pe a Chocarro 2013 Zapata et al 2004 21 23
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   empero, este horizonte epicardial parece desarr...
24 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica de Zuheros mientras que en el poblado de Los Castillejos dominan los trigos desnudos junto a trigos vestidos T monococcum y cebada desnuda Adem s de las legumbres en Los Castillejos se constata la presencia de la adormidera y el lino El cultivo del lino se propone a partir de la transici n del VI al V milenio a C mientras que la domesticaci n y aprovechamiento de la adormidera como alimento por su contenido en aceite o por sus propiedades psicotr picas se plantea ya en el VI milenio a C al igual que en el caso de La Draga o de los Murci lagos de Zuheros Un hallazgo singular si bien corresponde ya al V milenio es el de las c psulas de adormidera depositadas en el interior de cestillos de esparto en la cueva sepulcral andaluza de los Murci lagos de Albu ol Tambi n se ha comprobado su consumo entre los individuos inhumados en una de las minas catalanas de Can Tintorer en los primeros siglos del IV milenio a C El sistema de cultivo neol tico se basar a en la explotaci n de peque as parcelas permanentes en las que distintas especies de trigo y de cebada se plantar an juntas tal vez para prevenir el riesgo de malas cosechas si bien en algunos yacimientos parece existir una temprana selecci n de las especies como en La Draga y Can Sadurn En la Font del Ros en el norte de Catalu a en un conjunto de 45 fosas las especies mejor representadas Hordeum vulgare y Triticum diccocum presentan una distribuci n diferenciada apareciendo juntas s lo en una fosa 22 En Los Castillejos la evoluci n del tama o de los granos de trigo y cebada as como la variaci n de los is topos C13 y N15 apuntan a una disminuci n del tama o de los granos y de su rendimiento a lo largo de la ocupaci n neol tica del poblado bien por causas relacionadas con el medio ambiente o bien por una disminuci n en la fertilidad del suelo lo que se traducir a en un aumento de las dificultades para sus habitantes 23 En este poblado andaluz como tambi n en el catal n de La Draga se identifican espacios relacionados con la torrefacci n de los cereales y de un modo general aqu y all recipientes y silos destinados al almacenamiento de los granos expresi n de la importancia de la agricultura como tambi n hoces de s lex palos excavadores o molinos lo que se traduce en la progresiva influencia de la acci n antr pica sobre el medio natural un factor morfogen tico que intervendr activamente en las reas vinculadas a los lugares de habitaci n Cuando el Neol tico alcanz las regiones del litoral mediterr neo peninsular la din mica forestal del Holoceno hab a alcanzado su cl max En las zonas m s secas y c lidas el encinar estaba plenamente Pallar s Bordas y Mora 1997 Rovira 2007 Aguilera et al 2008 constituido en las regiones m s h medas era el robledal y en los sistemas monta osos las con feras Si tomamos como ejemplo el territorio valenciano en el periodo entre mediados del VI y el IV milenio a C los an lisis pol nicos en yacimientos como L Or y Les Cendres as como tambi n en espacios naturales como las turberas de Torreblanca y Casablanca Almenara o el marjal de Navarr s muestran fluctuaciones clim ticas poco marcadas m s acentuadas por lo que se refiere al grado de humedad con el resultado de un paisaje de bosque mediterr neo mixto con su matorral term filo y el predominio de los pinos las carrascas o el quejigo seg n las condiciones locales y los momentos Estos an lisis apuntan a la existencia de extensiones deforestadas alrededor de los n cleos de habitaci n consecuencia del cultivo y el pastoreo Sin embargo los an lisis antracol gicos no detectan estos cambios en la vegetaci n durante las primeras etapas agr colas de estos y otros yacimientos lo que indicar a que los espacios abiertos para los cultivos se mantendr an estables Ser ya avanzado el Neol tico en relaci n con una mayor demograf a cuando ser n visibles estos procesos de deforestaci n a los que seguir n la erosi n de las laderas el transporte de los sedimentos y el aluvionamiento de los valles hasta concluir con la formaci n de los deltas y la regularizaci n del per metro costero esto ltimo en conjunci n con el ascenso del nivel del mar 24 La agricultura cerealista se completa con una ganader a igualmente importante y con la necesidad de disponer de pastos en el entorno de los lugares de habitaci n Tambi n en los animales dom sticos encontramos la misma uniformidad con el conjunto del Mediterr neo occidental con la oveja Ovis aries la cabra Capra hircus la vaca Bos Taurus y el cerdo Sus domesticus adem s del perro Canis familiaris 25 Ovejas y cabras son aqu los animales fundamentales y el porcentaje de sus hallazgos seos se considera representativo de la componente pastoril en la econom a neol tica lo que en muchos casos habla de grupos por mitad pastores y agricultores A la obtenci n de carne se suma la importancia de la leche como se desprende de los an lisis realizados sobre la pasta de algunos vasos cer micos en particular de aquellos que poseen asas pitorro formadas por un pico vertedor y un puente que lo une a la pared del vaso presentes desde las fases neol ticas iniciales en el Pa s Valenciano y m s a n en Andaluc a Para momentos avanzados del Neol tico algunas deformaciones seas y las elevadas edades de los b vidos plantean la posibilidad del empleo de su fuerza para las labores agr colas y trabajos de carga Carri n Garc a 2012 Sa a 2013 22 24 23 25
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los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c Las actividades pastoriles quedan atestiguadas en los niveles neol ticos de un gran n mero de cavidades por los restos de excrementos de ovic pridos indicativos del encierro all de este tipo de ganado De norte a sur se repiten las evidencias en las cuevas catalanas de La Guineu o Can Sadurn en las valencianas de Les Bruixes L Or Les Cendres La Falguera o En Pardo o en la andaluza de El Toro En algunas de ellas comprobamos su utilizaci n como h bitat juntamente con los poblados durante la segunda mitad del VI milenio a C de modo que podemos situar al final del milenio el cambio de su funcionalidad hacia una especializaci n ganadera demostrada por los potentes niveles de corral debidos a la combusti n de los excrementos En estos niveles de corral los an lisis antracol gicos muestran la presencia abundante de plantas que se relacionan con el aporte de alimentos para los animales enfermos y las cr as como sucede con los restos de acebuche en Les Cendres o de fresno en La Falguera y L Or 26 La recolecci n de vegetales la caza y la pesca tambi n son actividades importantes Los restos de animales silvestres superan la cuarta parte de los identificados en cuevas como la andaluza de La Carig ela y la valenciana de L Or El conejo suele aportar el mayor n mero de restos aunque su rendimiento en carne es sensiblemente menor que el de otras especies cazadas El ciervo ocupa por lo general un lugar destacado acompa ndole el jabal el uro el corzo la cabra mont s o el caballo seg n los distintos medioambientes Por lo que se refiere a la pesca son muy numerosas las cuevas y los poblados ubicados en las inmediaciones del mar desde los primeros tiempos neol ticos como Sant Pau del Camp o El Cavet en Catalu a El Barranquet o Les Cendres en el Pa s Valenciano o Nerja y las cuevas del complejo del Humo en Andaluc a cuyo territorio alcanzar a el contorno costero actual hacia el 6000 BP tras el m ximo nivel del mar de la transgresi n flandriense Una situaci n costera que tambi n vemos en poblados que se inician a principios del V milenio a C caso de Costamar o Tossal de les Basses en el Pa s Valenciano Adem s de la destacada presencia que las conchas marinas tienen entre los elementos de adorno o como instrumentos para decorar la cer mica o contener colorante son tambi n numerosas las evidencias del aprovechamiento de los moluscos y de los peces como alimento As en la cueva de Nerja junto a la pesca alcanz gran importancia la caza de aves marinas y en Les Cendres se han encontrado restos de mero pagro pagel dorada y lubina entre otros peces Y en ambos yacimientos y en Sant Pau del Camp es notable la acumulaci n de lapas y peonzas que indican la explotaci n de am Badal 2002 Carri n Marco 2005 26 Figura 3 Mangos de hoces y til acodado para cortar de madera procedentes del poblado neol tico de La Draga Ba olas Gerona Museu Arqueol gic Comarcal de Ba olas Fotograf a A Casanova Archivo del Museu Arqueol gic Comarcal de Ba olas bientes litorales rocosos Otros yacimientos costeros como El Barranquet Bolumini y Tossal de les Basses en el Pa s Valenciano explotan adem s las lagunas litorales cercanas para la recolecci n de berberechos En Tossal de les Basses existen numerosos encanchados circulares que se interpretan para la cocci n de moluscos al vapor 27 Alfareros talladores y artesanos Los recipientes cer micos constituyen la parte m s visible de la cultura material neol tica una nueva tecnolog a que tambi n se comparte con el conjunto del Mediterr neo occidental La multiplicidad de funciones de estos recipientes desde simples contenedores hasta vasos relacionados con el culto o primeros utensilios culinarios que pueden ser expuestos directamente a las llamas del hogar se traduce en una Marlasca 2013 Rosser y Fuentes 2007 27 25
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   Las actividades pastoriles quedan atestiguadas ...
26 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica gran variedad de formas a las que se a ade una amplia gama de decoraciones sobre todo en las primeras etapas neol ticas 28 Como hemos visto las t cnicas decorativas por su f cil identificaci n y por su cambio m s r pido en el tiempo han sido tradicionalmente tomadas como el elemento caracterizador de los estadios evolutivos del Neol tico as como marcador de los diferentes territorios culturales De los estudios sobre la tecnolog a cer mica relativos a las composiciones de pastas las formas de modelado los hornos y las temperaturas de cocci n etc destacaremos que los an lisis realizados sobre las pastas de los vasos especialmente de conjuntos cardiales y epicardiales apuntan a que las tierras empleadas proceden por lo general de dep sitos cercanos a los asentamientos Se tratar a por tanto de producciones alfareras de mbito local pero basadas sobre patrones morfol gicos y decorativos tecnol gicos en suma con un gran trasfondo cultural intra e interregional Si nos detenemos en la morfolog a de los vasos sta muestra una notable variabilidad en los primeros momentos neol ticos prueba de que se trata de una artesan a ya consolidada de tiempo Los conjuntos cardiales del n cleo valenciano ilustran dicha variabilidad As al lado de una numerosa producci n de cuencos hemiesf ricos y globulares la muestra cer mica de L Or y La Sarsa puesta por caso comprende cubiletes de base plana vasos con asa pitorro ollas de diversas morfolog as globulares con borde diferenciado c ntaros o botellas de diferentes tama os recipientes con cuello m s o menos marcado recipientes de almac n tronco c nicos cil ndricos ovoides y globulares tambi n de dimensiones varias botellitas cazos vasos geminados toneletes etc Los elementos de prensi n son igualmente variados representados por asas de cinta con o sin ap ndice anulares tuneliformes otras bilobuladas o trilobuladas etc adem s de mamelones y leng etas estas a veces perforadas Buena parte de este repertorio formal comparece en las distintas reas del Mediterr neo peninsular si bien siempre existen singularidades caso por ejemplo de los vasos con asa pitorro solo presentes en el Pa s Valenciano y en Andaluc a En el transcurso del Neol tico se reduce la variedad cer mica inicial compensada por la aparici n de nuevas formas vasculares A partir de mediados del V milenio a C irrumpen los vasos con inflexiones marcadas del cuerpo o carenas en un principio de formas m s o menos cerradas para seguidamente dar paso a toda suerte de recipientes abiertos como platos fuentes y cazuelas un tipo de vajilla que adentrado el IV milenio a C no falta en ninguna de las reas mediterr neas y que tendr una especial relevancia Bernabeu Rojo y Molina coord 2011 28 en el territorio andaluz En esta ltima zona fuentes y cazuelas carenadas aparecer n al lado de otras vasijas tambi n con carena y de menores dimensiones soportes cil ndricos y vasos globulares achatados con cuello como formas m s especiales Por su parte en Catalu a las escudillas carenadas compartir n vajilla con ollas bitronco c nicas de fondo convexo grandes jarras ovoides y vasos de boca cuadrada estos ltimos se alando relaciones septentrionales El pulimento de la piedra representa la otra novedad tecnol gica neol tica de la que son expresi n desde los primeros momentos las hachas y las azuelas sobre rocas metam rficas o gneas y tambi n aunque m s exclusivos de Andaluc a y el Pa s Valenciano los brazaletes o pulseras sobre los mismos tipos de rocas adem s de las sedimentarias Las fuentes de aprovisionamiento de materias primas para el caso concreto de hachas y azuelas suelen ser regionales en estos inicios como suponen por ejemplo las corneanas pirenaicas o prepirenaicas para el norte de Catalu a las diabasas locales para la zona central valenciana o las sillimanitas de las sierras b ticas para determinadas zonas andaluzas Un peque o taller de fabricaci n de hachas ha sido reconocido en el poblado catal n de Plansallosa dentro de una estructura de habitaci n lo que aboga por una producci n dom stica basada en el aprovechamiento de la corneana local Solo los brazaletes de esquisto del Cardial valenciano tendr n un origen extrarregional indicando tempranas relaciones a media o larga distancia Considerada globalmente la producci n de piedra pulida en el caso del rea valenciana la tendencia a partir de mediados del V milenio a C es a ampliar la variedad de materias vi ndose favorecidas las de procedencia lejana anfibolitas sillimanitas eclogitas etc de mbitos b ticos del sureste ib rico a la vez que la variedad de objetos fabricados sumando cinceles y escoplos a hachas y azuelas en el apartado de las herramientas 29 La industria de piedra tallada de las primeras etapas neol ticas aprovecha tambi n fuentes locales Al s lex se a ade como materia de buena calidad el jaspe muy explotado en el llano de Barcelona por la proximidad de los afloramientos de la monta a de Montju c y utilizado en menor medida en el territorio valenciano junto con el cristal de roca El trabajo de talla va dirigido a la obtenci n principalmente de soportes laminares mediante el lascado envolvente o semienvolvente de n cleos poco preparados aplicando t cnicas de percusi n directa o indirecta y de presi n manual a menudo con tratamiento t rmico previo Esta ltima t cnica junto con el lascado envolvente es Orozco 2000 29
26  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  gran variedad de formas, a las que se a  ade una amplia gama de decoraciones,...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c desconocida en contextos mesol ticos 30 y se encuentra bien atestiguada en yacimientos andaluces como Los Castillejos y Nerja o catalanes como la Caserna de Sant Pau del Camp aqu en relaci n con la talla de jaspe 31 El stock de hojas y hojitas como soportes se destina esencialmente a tiles de corte sin demasiados acomodos alg n tipo de truncadura fracturas simples y bordes abatidos a perforadores o taladros y a armaduras de flecha de formas geom tricas 32 Entre los tiles de corte destacan las hojas o elementos de hoz identificadas por el lustre intenso o p tina de siega producido por el uso La disposici n del lustre permite inferir la forma de enmangue y el tipo general de hoz habi ndose observado diferencias regionales 33 En el sur y el este ib ricos las hoces son de mango curvo con series de hojas insertadas oblicuamente creando un filo dentado tipo que ilustrar a la hoz encontrada en la cueva andaluza de los Murci lagos de Albu ol En el noreste la forma m s corriente de inserci n de los s lex es paralela al mango obviamente rectil neo en hoces provistas de un ap ndice recolector acodado en el extremo Mangos de estas hoces en madera se han hallado en La Draga as como de otros tipos en que la hoz se arma con una sola hoja de s lex en disposici n oblicua respecto al v stago de madera a este ltimo modelo se acerca un mango recuperado en el yacimiento valenciano de Costamar pero fabricado en asta de ciervo Esta variedad regional en las hoces suele interpretarse en clave de tradiciones culturales diferentes a lo que se une algunos aspectos tecnotipol gicos de las armaduras de flecha geom tricas En los primeros momentos neol ticos la armadura com n a todos los grupos de la fachada mediterr nea ib rica es el trapecio de retoque abrupto por lo que la diferencia intergrupal o regional la marcan otras armaduras acompa antes caso de los tri ngulos is sceles de retoque en doble bisel presentes en Catalu a raros en el Pa s Valenciano y ausentes en Andaluc a En estadios m s avanzados fases epicardiales sensu lato los segmentos devienen las armaduras caracter sticas sobre todo en Catalu a clase de geom tricos s documentada en Andaluc a pero solo en la variedad conformada por retoque abrupto en Catalu a y el Pa s Valenciano esta variedad de segmentos coexiste con los de doble bisel t cnica de retoque no constatada por ahora en Andaluc a La uniformidad geom trica en todo el mbito mediterr neo ib rico volver en cierto modo a alcanzarse en el IV milenio a C otra vez con los trapecios como tipo de armadura generalizada que ser n poco a poco sustituidos por las puntas foli ceas Garc a Puchol y Juan Cabanilles 2012 Borrell y Molist 2012 S nchez 2000 Mart nez Fern ndez et al 2010 Aura et al 2013 32 Juan Cabanilles 2008 33 Ib ez et al 2008 30 31 Figura 4 Industria l tica de s lex neol tica Armaduras de flecha de formas geom tricas trapecios y tri ngulos perforadores y hojas de s lex de la Cova de l Or Beniarr s Alicante Museu de Prehist ria de Val ncia Fotograf a Archivo del Museu de Prehist ria de Val ncia La industria sobre materias duras animales como el asta y el hueso sin parang n en el mundo previo mesol tico se orienta a la fabricaci n de tiles y ornamentos como muestran singularmente los yacimientos del n cleo cardial valenciano 34 Dentro de los tiles los punzones especialmente los elaborados sobre metapodios de ovicaprinos son de amplia generalizaci n y tambi n los alisadores cinceles y esp tulas A estas ltimas se las relaciona con el trabajo alfarero junto con las gradinas piezas con el extremo dentado destinadas a la decoraci n cer mica Otros objetos a destacar son las cucharas recortadas sobre huesos de grandes herb voros bien representadas en las cuevas valencianas de L Or y La Sarsa o los tubos sobre huesos largos de grandes aves piezas integrantes Pascual Benito 1998 34 27
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   desconocida en contextos mesol  ticos,30 y se e...
28 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 5 Industria sea neol tica Cucharas y tubos que se interpretan como instrumentos musicales de la Cova de l Or Beniarr s Alicante Museu de Prehist ria de Val ncia Fotograf a Archivo del Museu de Prehist ria de Val ncia de instrumentos musicales del tipo flauta de Pan 35 Entre los elementos de adorno tienen especial relevancia los anillos de los que se conocen sus matrices de f brica sobre f mures de cabra u oveja y asta de ciervo con series de incisiones preparadas para la segmentaci n Al lado de los anillos comparecen abundantes cuentas de collar y colgantes sobre v rtebras de pescado dientes atrofiados de ciervo colmillos de carn voros y de jabal etc El repertorio de adornos se extiende a otras materias como las conchas sobre todo marinas Columbella rustica Conus mediterraneus Luria lurida Dentalium sp Glycymeris sp card idos diversos etc y algunas de agua dulce Theodoxus fluviatilis A veces el acondicionamiento consiste en una simple perforaci n de la valva o en el seccionado de la concha cf cuentas cil ndricas sobre Dentalium en otras la transformaci n es m s intensa produciendo cuentas discoidales o colgantes el pticos u ovalados Talleres locales de cuentas discoidales en Mart et al 2001 35 conchas de card idos se reparten por toda la vertiente mediterr nea ib rica Por su parte los colgantes el pticos pueden presentar estrangulamientos o abultamientos que recuerdan a los dientes atrofiados de ciervo Esta misma tipolog a de adorno por otro lado puede conseguirse en piedra pulida y otras morfolog as colgantes c nicos p ej incluso en cer mica En piedra sin embargo las piezas ornamentales m s distintivas son los brazaletes o pulseras bien representados en Andaluc a y el Pa s Valenciano El brazalete andaluz por excelencia es el de tipo ancho fabricado en m rmol blanco decorado o no con estr as impregnadas de ocre rojo De este y de otros tipos de brazaletes en m rmol caliza esquisto etc se conocen talleres relacionados con el consumo local como los reconocidos en los yacimientos al aire libre de Catorce Fanegas La Molaina o Cabecicos Negros o en la cueva de Los M rmoles un taller especializado en cambio en funci n tal vez del intercambio ser a el de las Piedras Vi aeras cerca de la importante cavidad de los Murci lagos de Zuheros La escala de consumo a la que se realiza la producci n de brazaletes puede ser variada si bien hay pocas dudas sobre la larga distancia que puede alcanzar dicho consumo En el caso del Pa s Valenciano el brazalete representativo es el estrecho de esquisto materia esta como ya se ha apuntado importada de lejos y posiblemente tambi n las propias piezas en estado de acabado o semiacabado dado el desconocimiento de procesos de f brica in situ Algunos de estos brazaletes fragmentados presentan perforaciones de reparaci n realizadas con taladros de s lex que habr an sido accionados con dispositivos de arco En Andaluc a m s en particular y en las primeras fases neol ticas los brazaletes de piedra conviven con los de concha de Pectunculus a los que llegan a sustituir En fases posteriores reaparecer n los brazaletes de pect nculo que se generalizar n a la vez por las restantes reas mediterr neas La industria del hueso comparte presencia cierta con la de la madera tal como revela el yacimiento cardial catal n de La Draga De aqu y por conservaci n en un medio acu tico proviene una gran muestra de objetos y utensilios fabricados en madera de boj tejo o roble como arcos y astiles de flechas palos cavadores mangos de hoces de hachas y de azuelas cucharas esp tulas agujas bastidores etc e incluso recipientes y restos de cester a 36 Sin duda la p rdida de variedad en la industria sea que se observa en el transcurso del neol tico en el apartado sobre todo del utillaje se explica por sustituci n del hueso por materias de origen vegetal Bosch Chinchilla y Tarr s 2006 36
28  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 5. Industria   sea neol  tica. Cucharas y tubos que se interpretan com...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c Figura 6 Vaso neol tico con decoraci n impresa cardial de la Cova de la Sarsa Bocairent Valencia Museu de Prehist ria de Val ncia Fotograf a Archivo del Museu de Prehist ria de Val ncia Figura 7 Vaso neol tico con decoraci n inciso impresa y superficie a la almagra de la Cueva de los Murci lagos Zuheros C rdoba Museo Arqueol gico de C rdoba Fotograf a Archivo del Museo Arqueol gico de C rdoba Poblados y cuevas en unos pocos siglos Sus habitantes cultivaban sobre todo trigo desnudo que tostaban y almacenaban en grandes jarras de cer mica depositadas en unos recintos ovales enlosados Su caba a animal muestra una presencia destacada del buey y del cerdo junto a ovejas y cabras y escasos restos de perro Pero adem s La Draga ha conservado una parte importante de los materiales org nicos que formaron parte del utillaje cotidiano tiles fabricados en maderas como el boj el tejo o el roble y objetos de cester a a los que nos hemos referido anteriormente Los peque os grupos de agricultores que se expanden por el Mediterr neo ocupan con celeridad la fachada mediterr nea ib rica en la segunda mitad del VI milenio a C Muy pronto se consolida su poblamiento en los distintos territorios al tiempo que se desarrollan las diferencias entre ellos manifestadas en las culturas arqueol gicas de mbito regional singularmente por las decoraciones cer micas El conocimiento de estas comunidades se ha incrementado en los ltimos a os con la excavaci n de los poblados que muestran los detalles de la vida aldeana y el papel que corresponde a las cuevas y abrigos h bitats en los primeros tiempos y m s tarde rediles refugios o cazaderos necr polis y santuarios La informaci n principal la aporta el poblado catal n de La Draga junto al lago de Ba olas y parcialmente bajo sus aguas cuya vida transcurre en los ltimos siglos del VI milenio a C 37 Las excavaciones muestran troncos con la punta biselada clavados en el suelo a manera de pilares tablones y otros restos de construcci n de madera que corresponden a las casas Se trata de grandes caba as de planta rectangular formadas por 3 4 hileras de postes y muros de ramas entrelazadas recubiertas con barro y paja que sosten an una techumbre a doble vertiente posiblemente de ca izos Los estudios dendrocronol gicos apuntan a la existencia de dos hileras hasta un total de 10 a 15 caba as y estiman la duraci n del poblado Al norte de La Draga en el valle del Llierca el poblado de Plansallosa que se inicia a finales del mismo VI milenio de acuerdo con la presencia de cer micas cardiales y epicardiales nos ilustra sobre el modo en que los grupos neol ticos se asientan en un territorio 38 Este poblado ser a el lugar central de habitaci n en el valle y las cuevas de sus alrededores cumplir an diversas funciones vinculadas a la caza custodia del reba o almacenamiento de los alimentos o bien como necr polis En uno de estos lugares la Cova 120 once fosas ten an en su interior grandes vasos cer micos que pudieron contener cereales Y es que el almacenamiento de los cereales ser ahora prioritario como tambi n muestran las fosas o silos del poblado de la Font del Ros en el Prepirineo m s interior 39 En las comarcas centrales catalanas se encuentran las cl sicas cuevas de Montserrat El Frare o El Toll Bosch et al 1998 Pallar s Bordas y Mora 1997 38 Bosch Chinchilla y Tarr s coord 2000 37 39 29
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   Figura 6. Vaso neol  tico con decoraci  n impre...
30 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica cidente de Sant Pau en el macizo de Garraf la cueva de Can Sadurn comparte funciones de h bitat y de necr polis desde el cardial All se identifica un nivel sepulcral con grandes vasos que conten an cereales datados en 6421 34 BP que formaban parte de las ofrendas y ajuares que acompa an a los inhumados 41 Como ocurre en otras cavidades en Can Sadurn se suceden despu s algunos niveles caracter sticos de su utilizaci n como redil y otros con inhumaciones hacia mediados del V milenio A partir de entonces se generalizan los enterramientos m ltiples en las cuevas que en ocasiones comparten este uso con otras actividades como en L Avellaner donde se inhumaron diecinueve individuos uno de ellos datado en 5830 100 BP en Les Grioteres y en El Pasteral 42 las tres cavidades en la parte septentrional del territorio catal n o en la cueva de Els Lladres en las comarcas centrales donde se encontraron diversas inhumaciones y un ajuar formado por dos vasos globulares con cuello alto y decoraci n de l neas incisas flanqueadas por impresiones uno de los cuales conten a numerosas cuentas discoidales y colgantes fabricados sobre concha y variscita Figura 8 Vaso neol tico decorado con cordones digitados de la Cueva del Higuer n Rinc n de la Victoria M laga Museo Arqueol gico Nacional de Madrid Fotograf a Ministerio de Cultura Educaci n y Deporte as como el poblado de Les Guixeres donde se excavaron diversas estructuras La mayor informaci n la ofrece el subsuelo de la ciudad de Barcelona en las inmediaciones de la l nea de costa Distintos puntos del barrio de El Raval representados por Sant Pau del Camp revelan que un extenso yacimiento neol tico ocupaba el llano de Barcelona al pie de la monta a de Montju c 40 Las estructuras comprenden fondos de caba a agujeros de poste cubetas de combusti n rellenas de piedras fosas y silos Sus comienzos corresponden al primer Neol tico cardial como lo confirma la dataci n de una sepultura en fosa de la plaza Vila de Madrid 6440 40 BP La ocupaci n de la zona se mantiene mientras se desarrollan los contextos epicardiales y a mediados del V milenio a C muestra un espacio con numerosas inhumaciones en fosas que por ahora ser a la necr polis al aire libre de mayor antig edad El poblamiento se mantiene en la fase postcardial cuando las cer micas responden a los tipos Molinot y Montbol y se prolonga hasta los vasos carenados que recuerdan las formas del Chassey franc s y apuntan a la cultura de los sepulcros de fosa documentados en la calle Reina Am lia Al oc VV AA 2008 40 Si regresamos a la zona costera hacia el sur dentro a n del espacio catal n se confirma la presencia de asentamientos cardiales junto al mar en El Cavet con los silos excavados caracter sticos y ya en tierras valencianas en El Barranquet antes citado Se conocen aqu un buen n mero de cuevas con cardial en las monta as prelitorales Entre ellas en la parte septentrional valenciana la Cova Fosca situada aguas arriba del barranco de La Gasulla con abrigos de arte rupestre Levantino Las comarcas centro meridionales valencianas aportan los yacimientos m s representativos del per odo las cuevas de L Or La Sarsa y En Pardo y los poblados de Mas d Is y Ben mer todos ellos en el valle medio del Serpis y sus afluentes 43 M s al interior se encuentra el abrigo de La Falguera mientras que la cueva de Les Cendres se abre en un acantilado sobre el mar Estas comarcas albergan los conjuntos m s importantes de arte rupestre que podemos atribuir al Neol tico cardial lo que confirma su intensa ocupaci n Mas d Is en la cabecera del r o Pen guila del que procede una semilla de Hordeum vulgare datada en 6600 50 BP muestra un n mero reducido de estructuras dispersas entre ellas dos casas superpuestas de planta rectangular con un extremo absidal y delimitadas por agujeros de postes y tambi n se atribuye a este primer horizonte cardial uno de los fosos excavados en una zona alejada de Blasco Edo y Villalba coord 2011 Gibaja et al 2012 43 Bernabeu y Molina ed 2009 Bernabeu et al 2003 Garc a Puchol y Aura coord 2006 Soler ed 2012 Torregrosa Jover y L pez dir 2011 41 42
30  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  cidente de Sant Pau, en el macizo de Garraf, la cueva de Can Sadurn   compart...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c Figura 9 Brazaletes de m rmol con estr as de la Cueva de Nerja Nerja M laga Fotograf a J L Pascual las casas Por su parte Ben mer en la confluencia de los r os Agres y Serpis en las cercan as de L Or y no lejos de La Sarsa ofrece amplias estructuras de combusti n asociadas a la cer mica cardial y parece ser ahora un peque o lugar que se relacionar a con L Or Despu s en la primera mitad del V milenio a C se excavan un gran n mero de silos y Ben mer parece convertirse en un poblado agr cola mayor cuando L Or es sobre todo un espacio destinado a las actividades pastoriles Este modelo parece repetirse en el inmediato valle del r o Agres donde un buen n mero de hallazgos de superficie se relacionan con la cueva de La Sarsa En esta cavidad destaca un enterramiento doble en una grieta uno de cuyos individuos ha sido datado en 6341 30 BP formando parte de su ajuar un vaso con decoraci n cardial Los hallazgos de restos humanos son frecuentes en otras cuevas con materiales de este primer horizonte neol tico que as parecen compartir el uso sepulcral con otras actividades Ya a mediados del V milenio a C el uso funerario de las cavidades naturales de este territorio se confirma en Sant Mart una cueva que por sus caracter sticas y dimensiones s lo pudo servir como refugio ocasional y como lugar de enterramiento en cuyo nivel caracterizado por las cer micas peinadas se inhumaron al menos cinco individuos sobre uno de los cuales se obtuvo la dataci n 5740 40 BP 44 Garc a Puchol Aura y McClure 2012 Garc a Borja et al 2012 Torregrosa y L pez 2004 44 La situaci n de La Sarsa ilustra bien los caminos de la expansi n neol tica hacia el interior enlazando los valles del Serpis y Vinalop donde encontramos el poblado de la Casa de Lara M s al sur e interior fuera ya del Pa s Valenciano la cueva de El Ni o en Albacete sobre el r o Mundo y el abrigo grande del Barranco de los Grajos en Murcia pr ximo al r o Segura documentan asimismo hallazgos de cer mica cardial que nos indican el papel que pudieron desempe ar los cursos de los r os en esta expansi n 45 Por ahora sin embargo en la regi n de Murcia la mayor parte de los yacimientos conocidos se relacionan con el horizonte epicardial como el Hondo de Cagit n los alrededores de Lorca la cueva de Los Tollos o los abrigos de El Pozo La imagen de una primera implantaci n neol tica vinculada al cardial se ha matizado en el caso de Andaluc a como hemos visto Sin embargo consideramos que el modelo de una primac a cronol gica del horizonte cardial mientras se pospone durante un breve espacio de tiempo el desarrollo de la facies caracterizada por impresiones incisiones y superficies a la almagra se ajusta bien a lo mostrado por los yacimientos Sin prejuzgar por ahora una ruta de expansi n vemos c mo el cardial recorre la costa desde el lugar al aire libre de Cabecicos Negros en la desembocadura del r o Antas en Almer a 46 hasta las cuevas de Nerja El Humo o El Higuer n en la costa Garc a Ati nzar 2009 C malich et al 2004 45 46 31
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   Figura 9. Brazaletes de m  rmol con estr  as de...
32 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 10 Cestos y sandalias de esparto de la Cueva de los Murci lagos Albu ol Granada Museo Arqueol gico Nacional de Madrid Fotograf a Ministerio de Cultura Educaci n y Deporte Figura 11 Vaso neol tico con decoraci n incisa e impresa del poblado de Costamar Orpesa Castell n Fotograf a E Flors Fundaci n Marina d Or de M laga en cuyo territorio interior tambi n hallamos cardial en la cueva de El Toro 47 Y por otra parte destaca el n cleo interior de la sierra Harana 48 donde la cueva de La Carig ela muestra abundantes cer micas cardiales en su primer nivel neol tico igualmente atestiguadas en cuevas cercanas como Las Ventanas en el asentamiento al aire libre de Las Majolicas en la sierra de Alfacar as como en el primer nivel del poblado de Los Castillejos en el poniente granadino Ser en un momento posterior en los ltimos siglos del VI milenio a C cuando se desarrolle la facies de cer micas impreso incisas y superficies a la almagra antes conocida como Cultura de las Cuevas con cer micas decoradas que se reparte ampliamente por el territorio andaluz As la encontramos en las monta as de la regi n subb tica donde persiste la ocupaci n de las cuevas de la sierra Harana mencionadas a las que podemos a adir la cueva del Agua de Prado Negro y en el n cleo m s meridional y occidental de los alrededores de Alhama las cuevas de La Mujer El Agua o Sima Rica En la serran a de C rdoba donde se encuentran la cueva de La Murcielaguina Los M rmoles y Murci lagos de Zuheros yacimiento este ltimo que ha aportado la documentaci n m s completa Y en las cadenas monta osas litorales en las cuevas de El Capit n Hoyo de la Mina El Higuer n El Tesoro o Los Botijos La mayor parte de estas cuevas contienen restos humanos que tambi n se encontraron en los estratos con cer micas cardiales de la cueva de La Carig ela de modo que los enterramientos en cueva se generalizan en Andaluc a desde los ltimos siglos del VI milenio a C con evidencias de la existencia de un ritual funerario del que forman parte los vasos cer micos con frecuencia provistos de un asa pitorro y los adornos como los brazaletes de piedra decorados con estr as Un n mero significativo de estos restos humanos presentan cortes de descarne en especial incisiones sobre cr neos y huesos largos que se han relacionado con pr cticas rituales o bien con casos de canibalismo Mart n C malich y Gonz lez ed 2004 Carrasco Pach n y Mart nez 2010 47 48 Un hallazgo excepcional es el de la cueva de los Murci lagos de Albu ol conocida desde el siglo XIX Se encontraron all cer micas con decoraciones incisas e impresiones un vaso con asa pitorro tiles de hueso y s lex hachas de piedra pulida brazaletes de m rmol y de pect nculo y un buen n mero de objetos de madera como un cuchar n con el mango perforado Y tambi n cestillos cil ndricos con motivos geom tricos pintados uno de los cuales conten a las semillas de Papaver somniferum cestos planos bolsitas tapas esteras y sandalias todos ellos de esparto para los que se poseen cuatro dataciones entre 6086 45 BP y 5400 80 BP Estos resultados invitan a considerar la existencia de una fase neol tica en la utilizaci n de la cueva a la que corresponder an la mayor parte de los materiales del yacimiento y un segundo momento durante la Edad del Cobre en el
32  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 10. Cestos y sandalias de esparto de la Cueva de los Murci  lagos  Alb...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c Figura 12 Poblado neol tico de Ben mer Muro d Alcoi Alicante Fotograf a P Torregrosa F Jover y E L pez que el lugar se utiliz para depositar un enterramiento colectivo al que pertenecer a la diadema de oro que ce a uno de los esqueletos en el momento de su descubrimiento 49 Adem s de las cuevas que en ocasiones han sido lugar de habitaci n redil o necr polis seg n los momentos en el interior de Andaluc a tambi n se desarrollan tempranamente los poblados agr colas En el paraje de las Pe as de los Gitanos en la parte m s septentrional de las cordilleras B ticas el poblado de Los Castillejos retrotrae sus inicios al Neol tico cardial 50 All se identifica un rea como espacio comunal relacionado con el torrefactado de los cereales con contenedores bancos y hogares adem s del testimonio de otras actividades como la talla a presi n de los n cleos de s lex tras su calentamiento previo La ocupaci n del yacimiento se prolongar durante el milenio siguiente de modo que la estratigraf a muestra c mo el cardial desaparece paulatinamente y le suceden aquellos niveles que se corresponden con las ocupaciones antiguas de los Murci lagos de Zuheros o de Nerja caracterizados por los brazaletes de m rmol con estr as la cer mica a la almagra con motivos incisos y acanalados y los vasos con asa pitorro A este horizonte desde el final del VI a gran parte del V milenio a C pertenecen otros poblados como La Cacho et al 1996 Molina C mara y L pez en Rojo Garrido y Garc a coord 2012 49 50 Molaina y Catorce Fanegas o la Loma de Alomartes ya en momentos m s avanzados los tres en la vega de Granada Peque os asentamientos se han descrito igualmente en el entorno de la cueva de los Murci lagos de Zuheros Y en el oriente en el valle del Almanzora pertenecen a este horizonte el poblado de Cerro Virtud y el nivel correspondiente de Cabecicos Negros que ahora se relaciona con la fabricaci n de colgantes cuentas de collar y brazaletes sobre material malacol gico y sobre pizarra En La Molaina la Figura 13 Interior de las minas neol ticas de Gav mina de variscita n mero 8 Gav Barcelona Fotograf a M Garc a Archivo del Museu de Gav 33
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   Figura 12. Poblado neol  tico de Ben  mer  Muro...
34 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 15 Venus de Gav Representaci n femenina sobre cer mica vistas frontal y lateral Museu de Gav Fotograf as J Casanova Archivo del Museu de Gav Figura 14 Objetos que compon an el ajuar funerario de la sepultura de la mina 83 de Gav Collar de coral collar de variscita cer mica hachas n cleos de s lex l minas y geom tricos de s lex l mina de obsidiana fragmentos de variscita y tiles de hueso Museu de Gav Imagen a partir de tres fotograf as de J Casanova Archivo del Museu de Gav presencia de huesos humanos podr a indicar que se realizaron enterramientos en fosas o en los silos lo que se comprueba en Cerro Virtud donde una fosa conten a un enterramiento m ltiple cuyos restos humanos han proporcionado diversas dataciones entre 6030 55 BP y 5765 55 BP Adem s de los poblados ya se alados entre los asentamientos que comienzan su vida en este V milenio destacan Tossal de les Basses y Costamar 51 ubicados en las partes sur y norte del litoral valenciano y objeto de recientes excavaciones y Barranc de Fabra junto al mar de Tarragona Tossal de les Basses en el litoral de la ciudad de Alicante se inicia en el horizonte epicardial y muestra distintas fases hasta la que corresponde a las cer micas esgrafiadas de la secuencia regional hacia los inicios del IV milenio a C Presenta fondos de caba a de planta incierta silos una zona donde se concentran numerosas estructuras de combusti n fosos que atraviesan el poblado interpretados como zanjas de drenaje y otros fosos que podr an re Rosser y Fuentes 2007 Flors coord 2009 51 lacionarse con alg n sistema de irrigaci n Entre sus estructuras negativas numerosas fosas fueron utilizadas como lugar de enterramiento en los siglos centrales del V milenio a C de acuerdo con la dataci n de los restos humanos procedentes de cuatro de ellas Por lo que refiere al poblado de Costamar en la parte septentrional de la costa de Castell n sus inicios tambi n corresponden al horizonte epicardial en los comienzos del V milenio a C Son numerosos los silos de forma troncoc nica junto a encachados circulares y dos fosos semejantes a los de Tossal de les Basses En seis de las fosas se realizaron enterramientos de los que cuatro corresponden a la fase de las cer micas epicardiales inciso impresas destacando la inhumaci n de un individuo adulto que se adornaba con varios brazaletes y un collar fabricados en concha y manchados de ocre El an lisis de is topos estables de carbono y nitr geno realizado sobre cuatro de los inhumados muestra la impronta isot pica del consumo de los recursos del mar en los dos individuos que se atribuyen a la fase neol tica m s reciente del poblado mientras que los dos individuos de la fase neol tica m s antigua no presentan evidencias del consumo de prote na marina en su dieta Por lo que se refiere al poblado del Barranc de Fabra pr ximo a la desembocadura del Ebro y tambi n de cronolog a inicial epicardial destaca la singularidad de que no encontramos aqu estructuras negativas como fosos y silos sino que se identifica un ancho muro de piedra que podr a encerrar distintas caba as de planta circular con z calo de piedra y agujeros de poste si bien por ahora el rea excavada es reducida As pues al finalizar el V milenio a C los poblados agr colas se extienden por la fachada mediterr nea y este proceso de crecimiento continuar en el milenio siguiente Los silos cubren extensas superficies sin que sepamos acertar la medida del poblado teniendo en cuenta la brevedad de su vida til En la zona andaluza
34  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 15.    Venus de Gav     . Representaci  n femenina sobre cer  mica, vi...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c Figura 16 Vaso con decoraci n impresa cardial de la Cova de l Or Beniarr s Alicante con representaci n de un orante Museu Arqueol gic d Alcoi Fotograf a Archivo del Museu d Alcoi de Almer a a partir de mediados del IV milenio a C podr an asociarse a estos poblados las primeras estructuras funerarias de formas sencillas En los valles del Serpis y sus tributarios centro sur del Pa s Valenciano este crecimiento del n mero y o del tama o de los poblados conduce a que algunos tramos de las terrazas de estos r os simulen formar un nico yacimiento que se extender a durante kil metros Es el caso del poblado de Les Jovades en el que se han excavado dos centenares de estructuras entre silos fosas y cubetas que las dataciones absolutas sit an a partir de mediados del IV milenio a C y que se prolonga sin soluci n de continuidad en otros yacimientos como Marges Alts Almoroig y Niuet en donde los fosos segmentados s parecen definir los sucesivos l mites del asentamiento La ocupaci n sistem tica de los valles de los r os se repite en el caso del Albaida donde el poblado del Cam de Missena se remonta hasta el horizonte epicardial y en el valle del Vinalop con el ejemplo del poblado de La Torreta El Monastil Pero sin duda donde esta plena consolidaci n del poblamiento neol tico resulta especialmente visible es en la Cultura de los Sepulcros de fosa de Catalu a cuyo desarrollo se considera paralelo al de los enterramientos en cista de la comarca de Solsona en los altiplanos del Pirineo y Prepirineo y al comienzo de los enterramientos en cistas sepulcros Figura 17 Conjunto de los abrigos con pinturas de estilo macroesquem tico del Pla de Petracos Castell de Castells Alicante Fotograf a MAVISI Universidad de Alicante 35
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   Figura 16. Vaso con decoraci  n impresa cardial...
36 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 18 Pinturas rupestres de estilo macroesquem tico con representaci n de un orante en el Abrigo V del Pla de Petracos Castell de Castells Alicante Fotograf a MAVISI Universidad de Alicante Figura 19 Pinturas rupestres de estilo macroesquem tico con motivos serpentiformes en el Abrigo VII del Pla de Petracos Castell de Castells Alicante Fotograf a MAVISI Universidad de Alicante de corredor y fosas en la zona empurdanesa en el extremo nororiental de Catalu a por el uso indica que adem s de la labor extractiva la comunidad que explotaba las minas de Can Tintorer elaboraba all mismo la variscita para transformarla en objeto de intercambio cuya distribuci n sabemos que alcanzaba a gran parte de Catalu a Valle del Ebro y sur de Francia Lo que a su vez coincide con la presencia entre los ajuares de los inhumados de algunos materiales de origen externo como la sal de las minas de Cardona y de procedencia m s lejana el s lex melado del sur de Francia la jade ta de los Alpes o m s excepcional la obsidiana de la isla de C rcega En los ltimos siglos del V milenio a C estos enterramientos en fosas excavadas en el suelo y con un ajuar caracter stico que tiene paralelos en la cultura Chassey del sur de Francia comienzan a extenderse sobre todo por las cuencas del Llobregat y sus afluentes Cardoner y Anoia y a la cuenca del Bes s Como sugiere su nombre los poblados son mucho menos conocidos que las necr polis de los Sepulcros de fosa Se trata de poblados situados en tierras bajas cerca de las sepulturas que cultivan las tierras f rtiles y pr ximas a cursos de agua de los que conocemos algunos restos de caba as como en la necr polis de la B bila Madurell o silos entre las sepulturas en la necr polis de la B bila Padr Por lo que se refiere a las sepulturas las excavaciones en B bila Madurell y en el Cam de Can Grau muestran su evoluci n desde las simples fosas hasta las que se componen de una estructura de acceso y de un espacio sepulcral diferenciado ya en pleno IV milenio a C 52 En el interior de las fosas se inhum por lo general un solo individuo junto con su ajuar y ofrendas Por su especial significaci n una verdadera actividad minera destacaremos el yacimiento de Can Tintorer cuya explotaci n comienza en estos siglos finales del V milenio a C 53 Entre los filones de fosfatos y silicatos el mineral buscado era la variscita empleada para la fabricaci n de adornos La presencia de cuentas de collar y colgantes de variscita en proceso de fabricaci n y tambi n de los taladros empleados para realizar sus perforaciones en ocasiones totalmente agotados Mart Rosell Pou y Carl s 1997 Bosch Argilag s y Borrell ed 2009 52 53 El arte rupestre neol tico En la fachada mediterr nea encontramos un gran n mero de abrigos rupestres con pinturas que son obra de las comunidades neol ticas y que parecen contener las im genes de su mundo religioso o bien narrar alg n episodio singular de su existencia Una intensa investigaci n desarrollada a lo largo del pasado siglo acorde con el impacto que causa la belleza y el dinamismo de muchos de los paneles pintados condujo al establecimiento de dos grupos denominados arte Levantino y arte Esquem tico de acuerdo con los temas y motivos principales que conten an El arte Levantino que se extiende desde el Prepirineo aragon s a las sierras orientales andaluzas muestra sobre todo representaciones naturalistas de personas y animales entre las que abundan los hombres armados con arcos y flechas en actitud de marcha o de disparo y los animales heridos junto a otras escenas como la recolecci n de la miel las danzas de mujeres o las posibles ejecuciones todo lo cual parece referirse a los distintos aspectos de la vida cotidiana de
36  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 18. Pinturas rupestres de estilo    macroesquem  tico    con represent...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c Figura 20 Pinturas rupestres que muestran la superposici n de ciervos de estilo levantino sobre figuras de estilo macroesquem tico en el Abrigo I de la Sarga Alcoi Alicante Fotograf a Archivo del Museu d Alcoi Figura 21 Pinturas rupestres de estilo levantino que muestran una escena de recolecci n y un arquero en el Abrigo I de la Sarga Alcoi Alicante Fotograf a Archivo del Museu d Alcoi sus autores Las pinturas ocupan la pared de abrigos de poca profundidad como en la Roca dels Moros de Cogul Els Gascons en Cretas la Val del Charco en Alca iz Els Cavalls del barranco de la Valltorta en T rig La Vieja en Alpera Cantos de la Visera en el Monte Arab de Yecla o Minateda en Hell n abrigos que se extienden por tierras de Catalu a Arag n Pa s Valenciano Murcia y Albacete y que son algunos de los descubrimientos pioneros y especialmente significativos que se realizaron a principios del siglo XX descubrimientos que han continuado incesantemente hasta la actualidad Para una parte significativa de la investigaci n la evocaci n del modo de vida cazador que se desprende de las escenas pin tadas en muchos de estos abrigos ser a indicio de una cronolog a inicial al menos mesol tica Para otra parte sin embargo las industrias l ticas y cer micas encontradas en las proximidades de las pinturas indican que estos abrigos fueron frecuentados por grupos de cronolog a posterior lo que tambi n coincide con algunos detalles de las figuras como los brazaletes la posible presencia de perros que acompa an a los cazadores o el hecho de que en algunas escenas participe un elevado n mero de hombres y mujeres indicativo del tama o de los grupos a los que pertenecer an los pintores Detalles pues que acercar an esta manifestaci n art stica a los tiempos neol ticos 54 Por su parte en el apartado del arte Esquem tico se incluyen figuras antropomorfas y de animales y una gran variedad de motivos no figurativos que evocan im genes astrales o de fuerte contenido simb lico cruciformes esteliformes figuras oculadas o bitriangulares todos ellos con el com n denominador de la simplicidad Estas pinturas que en el momento de su descubrimiento en la segunda mitad del siglo XIX pudieron ser consideradas como signos de una escritura prehist rica han ido formando un conglomerado poco definido que se distribuye por la mayor parte de la Pen nsula En el caso de la fachada mediterr nea ser an especialmente abundantes los abrigos en la parte meridional valenciana en Murcia Albacete y Andaluc a Las pinturas del barranco de Carbonera en Beniatjar y la Penya Escrita de T rbena en las comarcas valencianas Nerpio en Albacete Ca aica del Calar en Murcia y los andaluces de Los Letreros en V lez Blanco algunos motivos de las cuevas con arte paleol tico de La Pileta en Benaoj n y Nerja la cueva de la Diosa Madre en Segura de la Sierra diversos abrigos de la sierra Harana pr ximos a las cuevas neol ticas anteriormente mencionadas o el friso de las cabras de la cueva de los Murci lagos de Zuheros ser an ejemplo de este estilo art stico La secuencia evolutiva que se propon a de manera conjunta para ambos estilos situaba el desarrollo del arte Esquem tico tras la decadencia del arte naturalista Levantino y propon a una estrecha vinculaci n de las pinturas esquem ticas con las sociedades de la Edad del Cobre de acuerdo con las decoraciones de los vasos de la cultura de Los Millares y con los dolos oculados o bitriangulares exhumados en los contextos funerarios y de h bitat de la Edad del Cobre en el sureste peninsular Una propuesta de evoluci n que conduc a con frecuencia a la lectura fragmentada de los paneles pintados cuyas figuras eran distribuidas Sobre la historia de la investigaci n y el estado actual de los problemas relativos al arte Levantino Sebasti n 1997 Hern ndez 2009 Hern ndez y Segura 2002 Sanchidri n 2001 Utrilla 2005 Garc a Arranz Collado y Nash ed 2012 Domingo et al 2007 54 37
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   Figura 20. Pinturas rupestres que muestran la s...
38 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 22 Pinturas rupestres de estilo levantino que representan la recolecci n de la miel en las Cuevas de la Ara a Bicorp Valencia Fotograf a MAVISI Universidad de Alicante entre estos dos horizontes cronol gicos y art sticos Levantino y Esquem tico del Mesol tico a la Edad del Cobre sobre la nica base de sus caracter sticas formales naturalistas o esquem ticas 55 El panorama actual propone que una parte importante de estas pinturas que se atribuyeron a ambas manifestaciones corresponde en realidad a los tiempos neol ticos si bien es sta una cuesti n que permanece sujeta a discusi n La l nea explicativa que seguiremos aqu sit a el punto de uni n entre las pinturas rupestres y los tiempos neol ticos en las evidencias aportadas por las decoraciones cer micas En efecto en las comarcas meridionales valencianas se identifica en las d cadas finales del s XX un nuevo estilo de arte rupestre que se diferenciaba de los artes Levantino y Esquem tico bautizado entonces como arte Macroesquem tico cuyos principales motivos son las figuras antropomorfas con los brazos alzados y la indicaci n de los dedos as como otras representaciones humanas en forma de X e Y serpentiformes que parecen terminar en manos y otros motivos que vemos en las pinturas de los abrigos del Pla de Petracos Pues bien la presencia de esta misma tem tica se advierte en las cer micas cardiales e impresas procedentes de las cuevas de L Or y La Sarsa lo que precisa la cronolog a de las pinturas que de este modo pueden ser consideradas como expresi n del mundo religioso de los primeros agricultores de la zona Sin que podamos detenernos en el detalle de la historia de la investigaci n se observa igual Para el estado de la cuesti n sobre el arte esquem tico pueden consultarse las actas de los congresos Mart nez Garc a y Hern ndez ed y coord 2006 2013 55 Figura 23 Arquero de estilo levantino en las pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga Alca iz Teruel Fotograf a Gil Carles Archivo M Almagro Basch CSIC y IVCR Generalitat Valenciana mente que las pinturas representadas por el Pla de Petracos tambi n se relacionan con los motivos que se infraponen a las pinturas de estilo Levantino en los abrigos de La Sarga hasta entonces atribuidas a un horizonte identificado en los abrigos de Cantos de la Visera y de La Ara a de Bicorp caracterizado por motivos lineales geom tricos La nueva lectura que se desprende de todo lo anterior es que abrigos como La Sarga y La Ara a muestran la sucesi n entre el arte Levantino y aquel que hemos denominado Macroesquem tico sin prejuzgar el grado de relaci n o de proximidad cronol gica que pueda existir entre ellos Y del mismo modo la atribuci n de este primer horizonte art stico a los grupos neol ticos de las cer micas cardiales se opone a que se vinculen los or genes del arte Levantino con los grupos mesol ticos En consecuencia no parece aceptable aquella interpretaci n que considera al arte Levantino como un palimpsesto en el que se recogen los testimonios de los ltimos cazadores de los primeros agricultores y hasta de los inicios de la Edad de los Metales Las decoraciones cer micas que se relacionan con este arte rupestre neol tico a saber los motivos antropomorfos esteliformes o zigzags han ido reconoci ndose en otros yacimientos de estas comarcas meridionales valencianas como Falguera o Cendres donde se encuentran varios fragmentos pintados en rojo que presentan motivos en zigzag Y tambi n se
38  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 22. Pinturas rupestres de estilo    levantino    que representan la re...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c Figura 24 Pinturas rupestres de estilo levantino con representaci n de la caza de una cabra en la Cova Remigia Ares del Maestrat Castell n Fotograf a Archivo IVCR Generalitat Valenciana encuentran en otras reas como en un vaso de la cueva de El Ni o en Albacete En Cova Fosca al norte de las tierras valencianas algunas decoraciones que consideramos epicardiales muestran zigzags incisos al tiempo que otras parecen evocar los motivos antropomorfos y con estas cer micas podemos relacionar un vaso decorado con un motivo oculado del poblado de Costamar Sin repetir lo expuesto en diversas ocasiones las decoraciones cardiales e impresas de algunos yacimientos aragoneses y catalanes ofrecen motivos pr ximos a los de las comarcas meridionales valencianas como las barras de las que parten series de zigzags horizontales Por ltimo en la cueva de Chaves en el Alto Arag n se encontraron cantos pintados con motivos antropomorfos y esteliformes que corresponden a su primer horizonte neol tico cardial Una distribuci n que igualmente parece ampliarse por lo que se refiere a las pinturas rupestres desde su identificaci n inicial en las comarcas alicantinas hasta diversos abrigos de la cuenca del J car y otros m s septentrionales 56 En la regi n entre el J car y la sierra de Aitana est bien documentado pues este horizonte art stico parietal y mueble neol tico Adem s las decoraciones cer micas y los propios paneles pintados tambi n indican que existe una ntima relaci n entre lo que fue considerado macroesquem tico y esquem tico al poner de manifiesto que la diferencia entre estos dos estilos resulta inviable en el terreno de las decoraciones cer micas lo que tambi n ocurre en el caso de las pinturas rupestres como puede comprobarse en el abrigo del Barranc de Carbonera en Beniatjar De modo pues que la geograf a creciente de ambas manifestaciones nos habla de la existencia de un arte neol tico mueble y rupestre creaci n de las primeras comunidades agricultoras La ltima cuesti n que todo ello plantea es la relaci n de este arte neol tico con el arte Levantino En este punto las evidencias aportadas por las cer micas son menos precisas y los motivos decorativos que podemos relacionar con el arte Levantino a penas comprenden dos fragmentos impresos con el dibujo de una cabra de un ciervo y posiblemente de un toro y otro fragmento cardial con figuras humanas de cabeza triangular y penacho que parecen danzar con los brazos en alto y entrelazados ambos procedentes de L Or o el fragmento de La Sarsa en que se representa un rbol No tenemos pues decoraciones cercanas a lo que ser a una escena levantina que nos permitan precisar la distancia cronol gica entre las pinturas rupestres levantinas y las macroesquem ticas tan s lo la evidencia de sus diferencias formales y conceptuales y la constataci n de que las industrias asociadas en Figura 25 Pinturas rupestres de estilo esquem tico en el Abrigo de la Penya Escrita T rbena Alicante Fotograf a MAVISI Universidad de Alicante Los principales paralelos muebles del arte Esquem tico en Catalu a Arag n y Valencia Mart 2006 Torregrosa y Galiana 2001 Utrilla y Baldellou 2002 56 39
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   Figura 24. Pinturas rupestres de estilo    leva...
40 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 26 Principales yacimientos y estaciones de arte neol tico citados en el texto Catalu a y Bajo Arag n 1 Cova de les Grioteres 2 Cova 120 3 Plansallosa 4 Cova de l Avellaner 5 Cova del Pasteral 6 La Draga 7 Font del Ros 8 Cova del Parco 9 Cova del Toll 10 Cova de la Guineu 11 Cova del Frare 12 Cam de Can Grau 13 B bila Padr 14 Cova dels Lladres 15 B bila Madurell 16 Coves de Montserrat 17 Les Guixeres 18 Cova de la Font del Molinot 19 Sant Pau del Camp 20 Can Tintorer 21 Cova de Can Sadurn 22 El Cavet 23 Cogul arte rupestre 24 Els Gascons arte rupestre 25 Val del Charco arte rupestre 26 Botiqueria dels Moros 27 Barranc de Fabra Pa s Valenciano Albacete y Murcia 28 Cova de les Bruixes 29 Cova dels Cavalls arte rupestre 30 Cova Fosca 31 Costamar 32 Cueva de la Cocina 33 Cuevas de la Ara a arte rupestre 34 Cueva de la Vieja arte rupestre 35 Cam de Missena 36 El Barranquet y El Collao 37 Cova de Bolumini 38 Cova de l Or 39 Barranc de Beniatjar arte rupestre 40 Cova d en Pardo 41 Ben mer y Niuet 42 Les Jovades 43 Mas d Is 44 Pla de Petracos arte rupestre 45 Penya Escrita arte rupestre 46 Cova de les Cendres 47 Cova de la Sarsa 48 Abric de la Falguera 49 La Sarga arte rupestre 50 Casa de Lara 51 La Torreta El Monastil 52 Cova de Sant Mart 53 Tossal de les Basses 54 Cueva del Ni o 55 Minateda arte rupestre 56 Abrigo del Pozo 57 Hondo del Cagit n 58 Barranco de los Grajos 59 Abrigo de la Diosa Madre arte rupestre 60 Nerpio arte rupestre 61 Ca aica del Calar arte rupestre 62 Los Letreros arte rupestre 63 Lorca 64 Cueva de los Tollos Andaluc a 65 Cerro Virtud 66 Cabecicos Negros 67 Cueva de los Murci lagos de Zuheros 68 Cueva de los M rmoles 69 Cueva de la Carig ela y Cueva de las Ventanas 70 Los Castillejos 71 Majolicas 72 La Molaina 73 Cueva del Toro 74 Cueva de la Mujer Cueva del Agua y Sima Rica 75 Cueva de los Murci lagos de Albu ol 76 Cueva del Capit n 77 Cueva de Nerja 78 Cueva del Higuer n 79 Complejo del Humo y Cueva del Hoyo de la Mina 80 Cueva Bajondillo 81 Cueva de los Botijos muchos abrigos con pinturas naturalistas abogan por retrasar su horizonte cronol gico inicial hasta tiempos neol ticos m s avanzados con un desarrollo prolongado y diverso seg n las zonas Una propuesta que en lo relativo a los comienzos sigue encontrando una cierta oposici n a su generalizaci n para la amplia geograf a del arte Levantino con argumentos que priman las diferencias regionales y aquella lectura de sus im genes
40  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 26. Principales yacimientos y estaciones de arte neol  tico citados en...
los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c como la pictograf a del modo de vida cazador de los grupos mesol ticos 57 La existencia de arte rupestre durante el Neol tico se comprueba igualmente en Andaluc a aqu referido a los abrigos de arte Esquem tico para los que tambi n disponemos de paralelos entre las decoraciones cer micas que implican una revisi n de los planteamientos que lo situaban en la Edad del Cobre El horizonte inicial de estas pinturas esquem ticas se situar a en los ltimos siglos del VI milenio con un desarrollo notable a lo largo del V milenio Mencionaremos los fragmentos con antropomorfos realizados con t cnica impresa de la cueva del Agua de Prado Negro rellenos de pasta roja la cabra tambi n impresa y rellena de rojo en un fragmento cer mico de la cueva de El Canjorro de Ja n el vaso con un motivo oculado de Murci lagos de Zuheros as como numerosos zoomorfos y soliformes encontrados en las cuevas de los distintos sistemas monta osos incisos e impresos adem s de los motivo geom tricos pintados en los cestillos de esparto de la cueva de los Murci lagos de Albu ol 58 Todo conduce pues hacia la existencia de unas pinturas rupestres que fueron creaci n de los grupos neol ticos con claras diferencias entre los distintos Hern ndez y Mart 2001 Los principales paralelos muebles del arte Esquem tico en Andaluc a Carrasco Navarrete y Pach n 2006 57 58 territorios En las comarcas meridionales valencianas este primer horizonte art stico neol tico parece concluir en la transici n al V milenio mientras en el caso de los abrigos de Andaluc a las pinturas rupestres neol ticas perdurar an m s largamente Las hip tesis anteriores sobre unas manifestaciones art sticas esquem ticas de larga perduraci n y gran extensi n dan paso a la consideraci n de creaciones diferenciadas de acuerdo con la cronolog a y con la geograf a compartimentada del Neol tico sin excluir las relaciones entre los territorios La distribuci n geogr fica de los motivos y estilos decorativos los diferentes l xicos y sintaxis ser n un indicador m s del territorio ocupado por las distintas sociedades neol ticas y de su proceso de consolidaci n As un ltimo episodio art stico manifestado por las decoraciones cer micas neol ticas ser a el que corresponde a los motivos esgrafiados que muestran algunos vasos de la cultura de los Sepulcros de fosa de Catalu a y tambi n en el correspondiente horizonte del Pa s Valenciano En el primer caso destaca la denominada Dama de Gav procedente de las minas de variscita de Can Tintorer mientras en el caso valenciano las decoraciones esgrafiadas comprenden nicamente motivos esteliformes ramiformes y l neas en zigzag verticales y horizontales 41
los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c.   como la pictograf  a del modo de vida cazador d...
Manuel A Rojo Guerra El Neol tico en las tierras del interior y septentrionales Precedentes y primeras evidencias de neolitizaci n Las tierras del interior y septentrionales en las que incluiremos a los efectos del presente trabajo el Medio y Alto Valle del Ebro las dos Mesetas Extremadura y los territorios atl nticos Galicia Asturias y Pa s Vasco comprenden un vasto territorio 353 662 Km2 con una enorme variedad orogr fica clim tica y paisaj stica En l se incluyen amplios valles surcados por los r os m s caudalosos de la Pen nsula Ib rica sistemas monta osos extremos penillanuras y llanuras sedimentarias muy elevadas sobre el nivel del mar que est n rodeadas completamente por cordilleras que sirven de barreras naturales a la comunicaci n1 Si asumimos que el Neol tico en palabras de A Sherratt2 es el movimiento de plantas y animales fuera de su h bitat natural a nuevos nichos por intervenci n humana debemos admitir que tienen que existir unos condicionantes ambientales y poblacionales que de alguna manera intervengan en el ritmo de penetraci n de la nueva forma de vida a un territorio tan amplio y dispar pero qu sabemos sobre el poblamiento previo Mesol tico Final ca 6 500 5 500 cal BC y su incidencia en el proceso de neolitizaci n De qu datos ambientales disponemos para valorar la incidencia en el medio de una nueva forma de relaci n hombre naturaleza Los datos actuales sobre este per odo ca 6500 5500 cal BC son muy dispares en cuanto al registro disponible Mientras que en algunas reas se conocen un n mero importante de yacimientos por ejemplo los concheros de Muge y Sado en Portugal o los abrigos de la Alta y Media Cuenca del Ebro en otras zonas el poblamiento mesol tico est ausente casi por completo como en ambas Mesetas o su conocimiento es muy reciente y por tanto de dif cil de interpretaci n Extremadura o existe un hiato muy marcado entre 1 2 Universidad de Valladolid marojo fyl uva es Muchos de los datos recogidos en el presente trabajo provienen de Rojo Guerra et al 2012 Se trata de un reciente Manual sobre Neol tico en la Pen nsula Ib rica donde puede consultarse una amplia bibliograf a as como todas las referencias cronol gicas que aparecen en el texto con su cita El resto de la bibliograf a es m s espec fica y se han primado en lo posible trabajos recientes Sherratt 1999 sus ltimas manifestaciones y las primeras evidencias de neolitizaci n Cornisa Cant brica Esta situaci n es fruto sin duda de una investigaci n muy superficial y sesgada centrada en otras pocas m s que de una realidad hist rica concreta como lo demuestra la reciente publicaci n del primer asentamiento mesol tico al aire libre en el Valle del Ebro el poblado del Cabezo de la Cruz en La Muela Zaragoza3 Sea como fuere los estudios de que disponemos sobre estas comunidades se han centrado en la evoluci n de su industria l tica caracterizada en sus momentos finales por la aparici n de puntas de proyectil de forma geom trica y de su modelo subsistencial que ha sido definido como una econom a de amplio espectro con una explotaci n planificada y diversificada del territorio4 Hay tambi n aproximaciones a su organizaci n social proponiendo que estas comunidades desarrollaron una cierta complejidad socioecon mica que pudo tener gran importancia en el desarrollo de la neolitizaci n en cuanto a posibles relaciones jer rquicas intercambios de bienes de prestigio entre ellos los dom sticos como valor social y de estatus organizaci n comunitaria del trabajo desarrollo de la territorializaci n y sedentarizaci n presi n sobre el medio5 etc Desde un punto de vista te rico estas ltimas comunidades mesol ticas tuvieron que relacionarse e interactuar con los primeros grupos neol ticos aunque el reflejo de estas situaciones hist ricas en el registro arqueol gico sea realmente dif cil de definir No obstante en algunos yacimientos se pueden rastrear estas interconexiones nos referimos en concreto a ciertos abrigos con amplias secuencias mesol ticas en cuyos niveles superiores aparecen algunos elementos neol ticos principalmente cer mica pero tambi n animales dom sticos hoces etc Estos contextos comienzan a aparecer a partir del ca 57005600 cal BC al mismo tiempo que llegan a la Pen nsula Ib rica las que podemos definir como primeras comunidades neol ticas pioneras y se mantendr an 3 4 5 Rodan s Vicente y Picazo Mill n 2013 Alday Ru z 2006 Utrilla Miranda y Montes Ram rez 2009 Garc a Mart nez de Lagr n 2008a
Manuel A. Rojo Guerra   El Neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  Precedentes y primeras evidencias de ...
44 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica hasta el 5400 5300 cal BC cuando el Neol tico se extiende por la pr ctica totalidad de la Pen nsula y en general se puede dar por concluido el proceso de neolitizaci n Curiosamente los yacimientos que presentan estas caracter sticas se distribuyen a lo largo del Valle del Ebro un camino de comunicaci n natural densamente poblado en el Mesol tico y en donde los ritmos de cambio son m s heterog neos Abrigo de ngel 1 Nivel 8bsup ngel 2 Nivel 2a1 Forcas II niveles V y VI Mendandia niveles IIIsup II y I La Pe a nivel d sup Plano del Pulido nivel cg Pontet nivel c inf Secans nivel IIa Zatoya nivel I a2 2 a los que hay que a adir el recientemente excavado Abrigo de Valmayor XI en Mequinenza Zaragoza Este tipo de contextos que calificamos como Mesol ticos con elementos Neol ticos han centrado gran parte del reciente debate historiogr fico sobre la neolitizaci n y algunos autores los consideran como los primeros contextos neol ticos que aparecen en el registro peninsular6 Los datos paleoambientales por su parte nos ayudan a comprender la incidencia antr pica en el paisaje en estos momentos de cambio Pese a que se hayan se alado ciertos eventos de deforestaci n en el norte de la pen nsula durante el mesol tico interpretados como aclarados de bosques para facilitar la caza de ciertos ungulados en improvisadas praderas la realidad es que un proceso de disminuci n generalizada de la cobertera arb rea se produce precisamente en el momento de la introducci n de la econom a de rendimientos diferidos En efecto la conjunci n de evidencias procedentes del estudio de turberas y humedales nos informan sobre los primeros indicios de actividad antr pica en las distintas regiones del Interior entre el 5 600 5 400 cal BC en el Valle del Ebro 5 480 5 300 cal BC en la Cornisa Cant brica o en la primera mitad del V milenio cal BC en las sierras septentrionales de Galicia En todos los casos esta primera y evidente disminuci n de la cobertera arb rea que se acompa a del aumento de matorrales degradados y de taxones ruderales es interpretada como los primeros indicios en zonas elevadas de una econom a pastoril ante la ausencia en todos los casos de p lenes de cereal asociados a estos eventos de deforestaci n No obstante disponemos de evidencias directas de agricultura y ganader a en fechas que rivalizan en antig edad con las presentadas en el cap tulo anterior lo que confirmar a a nuestro juicio que la extensi n del Neol tico al menos por las grandes v as de comunicaci n de la prehistoria r os valles es un hecho casi instant neo o que se produce en un lapso temporal no superior a doscientos a os y por tanto 6 Alday Ru z 2005 imposible de secuenciar por los procedimientos de dataci n absoluta de que disponemos en la actualidad Sirvan los siguientes ejemplos como constataci n de esta realidad las dataciones m s antiguas de ovic pridos se dan en los yacimientos de Pe a Larga 5 700 5 560 cal BC y Chaves 5 570 5470 cal BC y los de cereales en la Paleta 5 671 5483 cal BC la cueva del Mirador 5 467 5 212 cal BC y la Revilla 5 466 5 209 cal BC Por otra parte tenemos que se alar que las primeras evidencias de domesticaci n vegetal y animal nos hablan de econom as asentadas y en muchos casos especializadas o pl namente adaptadas a los diferentes ambientes en los que los grupos humanos van accediendo El caso m s significativo en este sentido es el de los yacimientos del neol tico antiguo en el soriano Valle de Ambrona El claro dominio de trigos vestidos esca a y escanda en los yacimientos de La L mpara y La Revilla se explica por las especiales condiciones de continentalidad y escaso desarrollo de los suelos lo que obliga al empleo de especies muy espec ficas y resistentes a las condiciones adversas del medio como sucede con el Triticum Monococum y el Dicoccum Por otro lado y de forma generalizada se constata la presencia de toda la cohorte de especies domesticadas en estas fases tempranas en los yacimientos m s importantes del Interior trigo desnudo y explotaci n preferencial de ovic pridos en Chaves Pe a Larga La Vaquera y El Mirador trigo vestido y explotaci n preferencial de vacuno en Los Cascajos trigo vestido y explotaci n preferencial de ovic pridos en La Revilla y La L mpara donde se han documentado tambi n las evidencias m s antiguas de cultivo del Lino Linum Usitatisimun y de una semilla de adormidera Papaver Somniferum P Setigerum de posible procedencia mediterr nea Otras especies que forman parte en casi todos los yacimientos del elenco de especies cultivadas ser an algunas leguminosas y la cebada vestida y desnuda Hordeum Vulgare o Nudum Propuesta de secuencia y tipos de yacimientos La interpretaci n de la evidencia arqueol gica existente en el registro del Interior peninsular nos permite establecer la siguiente propuesta en la introducci n y consolidaci n de las estrategias econ micas que comporta el Neol tico Mesol ticos con elementos neol ticos 5 700 5 600 5 400 5 300 cal BC Fig 1 Se tratar a de toda una serie de yacimientos distribuidos a lo largo del Ebro que comparten caracte
44  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  hasta el 5400-5300 cal. BC cuando el Neol  tico se extiende por la pr  ctica ...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales Figura 1 MAPA DE LA NEOLITIZACI N A Neol ticos pioneros lava 3 Pe a Larga Nivel IV parte baja 5715 5561 Huesca 8 Chaves Nivel Ib 5614 5478 5482 5375 B Contextos mesol ticos con elementos neol ticos Condado de Trevi o 1 Mendandia Nivel IIIsup 6235 6019 6239 5916 6207 5983 Nivel II 5621 5371 lava 2 Kanpanoste Goikoa Nivel II Navarra 4 La Pe a Niveles d y dsup 5 Zatoya Nivel I a2 2 6 Aizpea III 5476 5221 7 Padre Areso Nivel IIIb Huesca 9 Forcas II Nivel V 5726 5575 Nivel VI 5721 5569 Zaragoza 10 Valmayor XI Fase II 5609 5478 11 Plano del Pulido Nivel cg 12 El Pontet Nivel c inf Teruel 13 Els Secans Nivel IIa 14 ngel 1 y 2 ngel 1 Nivel 8b sup ngel 2 Nivel 2a1 Cuenca 15 Verdelpino Nivel IV r sticas similares abrigos bajo roca amplias secuencias estratigr ficas continuidad niveles mesol ticos neol ticos progresiva incorporaci n de elementos neol ticos en la secuencia con una fase de transici n sin domesticaci n pero s con cer mica o industria l tica tradicionalmente considerada neol tica Los yacimientos m s representativos son Mendandia Forcas II niveles 5 y 6 Valmayor XI nivel 2 Fuera de este mbito geogr fico podr amos incluir en este grupo al abrigo de Verdelpino Cuenca aunque su azarosa historia de investigaci n nos ofrezca dudas sobre su significaci n real Un comentario especial merecer a el nivel III sup de Mendandia cuyas fechas absolutas entre entre finales del s ptimo y principio del sexto milenio cal BC hacen que se haya planteado un avance pionero de la domesticaci n y por ende del neol tico en fechas que por el momento resulta dif cil de interpretar a la luz de la evidencia material que disponemos En resumen como afirma el propio Alday7 podemos considerar que este yacimiento es por el momento una anomal a Estos abrigos est n localizados en lugares estrat gicos con amplio control territorial cercanos a fuentes de agua con una ocupaci n estacional entre primavera y oto o y con acceso directo a diferentes 7 Alday Ru z 2011a 45
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  Figura 1. MAPA DE LA NEOLITIZACI  N. A  Neol  ticos pioneros ...
46 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica ecotonos bosque roquedo pradera etc como ponen de manifiesto las colecciones faun sticas de sus registros En determinados casos llegan a formar redes de yacimientos creadas para el control y explotaci n integral del territorio Tal es el caso de un conjunto de yacimientos en lava y el Condado de Trevi o en donde se conocen hasta seis estaciones Atxoste Fuente Hoz Kampanoste Kampanoste Goikoa La Pe a Socuevas que podr an en palabras de Alday Ruiz conformar una red organizada de explotaci n del territorio8 Por lo general se han caracterizado como campamentos log sticos especializados en tareas de caza aunque la traceolog a haya detectado en ellos la realizaci n de algunas tareas dom sticas como el tratamiento de pieles ahumado de alimentos o talla del s lex La fauna salvaje es absolutamente predominante en el registro arquel gico as como las actividades de recolecci n sin embargo en algunos niveles m s recientes se documentan algunas pruebas directas o indirectas de domesticaci n animal o vegetal en el nivel IIIb de Atxoste se habr an localizado algunos muy pocos restos de animales dom sticos frente a la inmensa mayor a de fauna salvaje consumida en el abrigo de Forcas II se han identificado dos o tres restos de ovic pridos sobre un total de 800 restos y por ltimo es sumamente interesante por las implicaciones que ello tiene para el proceso de neolitizaci n la presencia del haplotipo T3 en una muestra de molar de uro en el nivel III sup de Mendandia Este haplotipo es propio de las poblaciones proximo orientales y se asocia a partir de las escas simas muestras de ADN de animales estudiadas con la domesticaci n En resumen una anomal a m s del yacimiento Se han se alado tambi n algunas pruebas indirectas de domesticaci n vegetal en varios de estos yacimientos en funci n del hallazgo de especies ruderales plantas que acompa an a los campos de cultivo pero tambi n a praderas de pasto molinos hachas pulimentadas y algunas l minas de silex con lustre de cereal Neol ticos pioneros 5 700 5 600 5 400 5 300 cal BC Fig 1 Merecer an esta clasificaci n el nivel IV de Pe a Larga 5 720 5560 cal BC sobre ovic prido en la Rioja Alavesa y los niveles Ia y Ib de la cueva de Chaves 5 780 5 580 cal BC sobre carb n y 5 570 5 470 cal BC sobre ovic prido en Arag n Estos contextos presentan las fechas m s antiguas para eventos singulares de vida corta sobre especies dom sticas y comparten tambi n id nticas caracter sticas ocupaciones de nuevo cu o por la existencia de un amplio hiato sedimentario entre las ocupaciones anteriores y las neol ticas evidencia de una econom a de producci n consolidada a partir de las especies vegetales y animales halladas en el registro En la Meseta sur el yacimiento de La Paleta por su dataci n sobre cerealia entre el 5 671 5 483 cal BC podr a incluirse en este apartado aunque por las caracter sticas que despu s describiremos no somos partidarios de ello Sin lugar a dudas la cueva de Chaves9 podr a ser considerada como el yacimiento paradigm tico de esta fase aunque actualmente sea un yacimiento destruido por la insensatez e impunidad de sus propietarios As tenemos que decir que este yacimiento era una enorme cueva con espacio habitado de m s de 3 000 m2 a cuyos pies discurre un curso de agua Era por tanto el lugar ideal para establecer un aut ntico poblado Las excavaciones incipientes que se hab an realizado hasta el 2 007 a o de su fat dica destrucci n hab an identificado una compleja distribuci n espacial dentro de la cueva con espacios diferentes zona de habitaci n con numerosos hogares algunos posiblemente utilizados para ahumar carne y tostar bellotas y zona de almacenaje con cubetas y grandes vasijas Los primeros habitantes de Chaves llevan una forma de vida plenamente neol tica las especies dom sticas principalmente ovic pridos y en menor medida b vidos y suidos llegan a suponer casi el 70 del registro faun stico recuperado mientas que la agricultura se atestigua al margen de por algunas evidencias carpol gicas por la presencia de polen de cereal en el interior de la cueva lo que supondr a la existencia de campos de cultivo en un radio no superior a los 2 km Por su parte Pe a Larga10 posee unas caracter sticas peculiares y algo diferentes Se trata de un abrigo de menores dimensiones en donde el porcentaje de dom sticos disminuye algo por lo que la caza pudo tener mayor importancia No obstante la arqueograf a documentada desde los niveles inferiores nos ilustra sobre una intensificaci n en la explotaci n ganadera habiendo servido el propio abrigo como redil desde sus inicios posiblemente y de forma espor dica Neol ticos consolidados a partir del 5 400 5 300 cal BC Fig 2 Los datos de que disponemos en la actualidad nos permiten afirmar que en este momento el Neol tico ha alcanzado pr cticamente la totalidad del territorio peninsular aunque las dataciones absolutas para 9 8 Alday Ru z 2011b Baldellou Mart nez 2011 Fern ndez Eraso 1997 y 2011 10
46  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  ecotonos  bosque, roquedo, pradera, etc.  como ponen de manifiesto las colecc...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales Figura 2 MAPA DEL NEOL TICO ANTIGUO VI y V MILENIOS CAL AC Yacimientos Galicia 1 Monte dos Remedios 2 O Regueiri o Asturias 3 Los Canes Cantabria 4 La Calverra Pe a Oviedo 5 El Mir n 6 Los Gitanos Vizcaya 7 Pico Ramos 8 Arenaza 9 Kobaederra 10 Lumentxa Guip zcoa 11 Herriko Barra 12 Marizulo I Palencia 13 La Velilla Burgos 14 Molino de Arriba 15 El Mirador 16 El Portal n de Cueva Mayor lava 17 La Renke Norte 18 Atxoste 19 Los Husos I 20 Los Husos II 21 Pe a Larga La Rioja 22 L brega Navarra 23 Abauntz 24 Paternanbidea 25 Los Cascajos Zaragoza 26 Paco Pons 27 Gato 2 28 Riols I 29 Valmayor XI 30 Costalena 31 El Pontet Huesca 32 Espluga de la Puyascada 33 Els Trocs 34 Pacencia 35 Huerto Raso 36 Chaves 37 Forcas II 38 Moro de Olvena Segovia 39 La Nogaleda 40 La Vaquera Soria 41 Abrigo de La Dehesa 42 La Revilla del Campo 43 La L mpara Teruel 44 Las Torrazas 45 Botiquer a dels Moros Madrid 46 La Higuera 47 La Ventana 48 Arenero de Los Vascos 49 Casa Montero 50 Arenero de Valdivia 51 La Deseada 52 Cueva del Aire 53 El Congosto 54 H 05 C ceres 55 Los Barruecos Toledo 56 La Paleta 57 Azut n 58 El Castillejo Cuenca 59 Verdelpino Ciudad Real 60 Villamayor eventos singulares de vida corta sobre dom sticos permiten subdividir esta fase en dos a Finales del VI milenio cal BC ocupaci n de la mayor parte del Valle del Ebro ambas mesetas y con ciertas reservas por falta de dataciones de dom sticos Extremadura Yacimientos m s importantes Los Cascajos El Mirador La Revilla La L mpara La Paleta y La Vaquera b V milenio cal BC extensi n del Neol tico a todo el solar peninsular incluyendo las zonas cant bricas y gallegas Yacimientos m s importantes adem s de los anteriores aunque algunos sin dataciones absolutas sobre eventos singulares de vida corta El Mir n y Pico Ramos en Cantabria Kobaederra en Guip zcoa Monte dos Remedios y O Regueiri o en Galicia y Canaleja II y Los Barruecos en Extremadura Podr amos se alar algunas caracter sticas generales en los yacimientos de esta fase ocupaci n de ecosistemas variados yacimientos tanto en cueva como al aire libre pr ctica au 47
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  Figura 2. MAPA DEL NEOL  TICO ANTIGUO  VI y V MILENIOS CAL AC...
48 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica 1 2 2 4 5 Figura 3 Distintos aspectos del yacimiento de Los Cascajos Los Arcos Navarra 1 Caba a n 6 2 Foso 2 3 Estructura funeraria 196 y su ajuar 4 Recipientes decorados varios 5 Restos recuperados en la Estructura 475 Amabilidad de Jes s Sesma Sesma y Jes s Garc a Gaz laz
48  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  1  2  2  4  5 Figura 3. Distintos aspectos del yacimiento de Los Cascajos, Lo...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales sencia de yacimientos en abrigo yacimientos de nuevo cu o junto a amplias estatigraf as neol ticas generalizaci n de la econom a de producci n y evidencias de intensificaci n y especializaci n funcional miner a estructuras tipo fumier Esta fase ofrece dos tipos fundamentales de yacimientos a Asentamientos al aire libre Son yacimientos sin estatigraf a vertical generalmente amplia extensi n superficial y caracterizados por la presencia de estructuras negativas en forma de fosas u hoyos de distinta funcionalidad11 Es un tipo de asentamiento dom stico que perdurar hasta la Edad del Bronce y que se identifica como campos de hoyos Estas estructuras ofrecen una gran diversidad en cuanto a medidas tama os y funcionalidades Algunas de ellas han servido sin duda como silos de almacenamiento disponiendo en su interior grandes vasijas de deficiente cocci n y paredes gruesas ejs La Paleta o La L mpara en otras se debieron utilizar como silos de forma espec fica por su estrecha boca y fondo abombado que como en el hoyo I de La L mpara o en Villamayor de Calatrava una vez perdida su primitiva funci n se amortizan como tumba Por fin en otros casos las propias fosas constituyen tumbas de inhumaci n individual como en Los Cascajos o Paternambidea entre otros No es muy frecuente la presencia de estructuras de habitaci n como tales si exceptuamos el enclave de Los Cascajos Fig 3 donde han sido identificadas hasta ocho caba as de planta paracircular delimitadas por agujeros de postes con diametros que var an entre lo 6 y los 8 metros En este yacimiento se ha excavado una superficie pr xima a las 3 5 hectareas y se han hallado un n mero en torno al medio millar de estructuras negativas correspondientes a hoyos zanjas hogares basureros rediles tumbas etc Todo parece responder a una cierta planificaci n y ordenaci n espacial en donde estaban perfectamente individualizadas las zonas residenciales de almacenamiento de explotaci n ganadera y la necr polis12 Se conocen otros dos yacimientos con estructuras de habitaci n clara uno en torno al cambio entre el VI y el V milenios cal BC Riols I en el Bajo Ebro13 y otro a finales del V milenio cal BC La Velilla en las tierras sedimentarias de la Meseta Norte14 Son 12 13 14 11 Rojo Guerra et al 2008 Garc a Gaz laz et al 2011 Royo Guill n y G mez Lecumberri 1992 Delibes de Castro y Zapatero Magdaleno 1996 Figura 4 Reconstrucci n del recinto de doble empalizada en el yacimiento de La Revilla Ambrona Soria Dibujo Lu s Pascual Repiso estructuras similares de tendencia ovalada y delimitadas por agujeros de poste aunque en el caso de Riols I todo el interior de las caba as aparec a pavimentado con piedras planas y dispon an de un hogar central Es digna de resaltar la presencia en dos yacimientos Los Cascajos y La Revilla de sendos recintos que delimitan espacios de explotaci n o rituales En el caso de Los Cascajos se han excavado porciones de una enorme zanja en V que cierra un espacio cuyo di metro a partir de su constataci n mediante prospecciones electromagn ticas lleg a medir cerca de 2 km Estar amos posiblemente ante la delimitaci n incluso de un espacio de explotaci n o una primitiva territorializaci n del paisaje En La Revilla por su parte se ha excavado un recinto ovalado Fig 4 de dimensiones mucho m s modestas delimitado por una doble zanja con restos de postes de madera y piedra calzando las mismas Su funci n podr a haber sido la de demarcar un espacio singular dentro del rea de h bitat que se extiende por una superficie considerablemente mayor que la ocupada por las zanjas posiblemente dedicado a determinadas actividades ceremoniales15 No podemos descartar que hubiera servido tambi n para cerrar perimetr lmente el h bitat de la primera ocupaci n del lugar al modo en que se realizaba en ciertos poblados ind genas americanos que conocemos por ilustraciones del siglo XVI Sea como fuere estas estructuras inauguran en nuestro territorio una tradici n que a lo largo del Calcol tico y la Edad del Bronce se convertir en una norma de poblamiento los recintos de fosos Ejemplos de asentamientos al aire libre est n repartidos por toda la geograf a aunque con mayores Rojo Guerra et al 2008 15 49
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  sencia de yacimientos en abrigo, yacimientos de nuevo cu  o j...
50 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica densidades en ambas mesetas La Deseada La Revilla La L mpara La Velilla y son tambi n numerosos en el Valle del Ebro siendo los m s destacados Riols I Los Cascajos Paternambidea etc b Yacimientos en cueva Como es l gico este tipo de yacimientos aparecen en las zonas con condiciones geol gicas apropiadas como en todo el prepirineo y pirineo navarro y aragon s en el Pa s Vasco o las estribaciones monta osas que rodean ambas mesetas donde podemos situar las interesantes estaciones de La Vaquera14 en Segovia El Mirador y Cueva Mayor en Burgos o las cuevas del Aire La Higuera o La Ventana en la sierra madrile a Con cierta asiduidad se ha defendido la estacionalidad de la mayor a de estos yacimientos en cueva Especial nfasis se ha puesto en esta interpretaci n por las caracter sticas de su registro y por su elevada altitud sobre el nivel del mar para el caso de la cueva de Els Trocs defendiendo una aut ntica trashumancia desde territorios m s al sur cercanos al Ebro Sin embargo en la cueva de La Vaquera16 se ha pensado m s en movimientos de corta distancia transterminancia desde el valle al cercano pi de monte del Sistema Central No obstante y dadas las especiales condiciones ambientales que rodean a la burgalesa sierra de Atapuerca se ha defendido para los niveles neol ticos de la cueva de El Mirador una especie de pastoreo semisedentario de ciclo anual17 Sea como fuere la mayor parte de los asentamientos neol ticos en cuevas presentan amplias estatigraf as que abarcan el desarrollo de pr cticamente toda la secuencia desde finales del VI hasta finales del V milenio cal BC y el registro material en todos los casos incluyendo los datos paleoecol gicos nos hablan de unos grupos con econom as agr colaganaderas consolidadas si bien es cierto que quiz s por las condiciones de conservaci n del registro se da una cierta preponderancia de las segundas Como caracter sticas comunes que comparten todos los asentamientos de este apartado tanto al aire libre como en cueva habr a que mencionar su localizaci n en lugares estrat gicos y perfectamete aptos para una explotaci n agr cola ganadera y la constataci n de una cierta intensificaci n econ mica y especializaci n productiva En relaci n con el primer aspecto hay que se alar que pr cticamente la totalidad de enclaves neol ticos se ubican en entornos privilegiados dominando amplias zonas de explotaci n muy aptas para el desarrollo agr cola y ganade ro Recientamente Garc a Mart nez de Lagran18 ha hecho hincapi en determinadas caracter sticas que parecen repetirse en los h bitas al aire libre y que explicar an una neolitizaci n r pida del territorio a partir del desplazamiento de pocos efectivos humanos de forma dirigida hacia biotopos concretos mediante un mecanismo de p dola o infiltraci n en el territorio Por eso estos primeros yacimientos comparten de forma especial ubicarse en zonas endorr icas junto a lagunas interfluvios o zonas de inundaci n de cursos de agua ocupar zonas preferentemente llanas o el inicio de laderas muy tendidas con amplio dominio visual sobre las zonas de explotaci n por ltimo situarse en vias naturales de comunicaci n o zonas estrat gicas de paso cuya importancia se demuestra por las proximidad de las vias hist ricas de trashumancia a una buena parte de estos asentamientos neol ticos En relaci n con la intensificaci n econ mica y con la especializaci n productiva tenemos que referirnos a dos tipos especiales de yacimientos las cuevas redil y el aprovisionamiento y transformaci n del s lex en la mina de Casa Montero Vic lvaro Madrid Al igual que sucede en zonas perif ricas de la Pen nsula tal y como se ha visto en el cap tulo anterior en nuestro mbito geogr fico especialmente a lo largo del V milenio cal BC se conocen una serie de yacimientos en cueva cuyas caracter sticas sedimentologicas a base de sucesi n de estratos cenicientos con abundante presencia de esferulitas se han interpretado como fumier o evidencia de estabulaci n de ovic pridos19 Los ejemplos m s significativos ser an Los Husos I y II en la Rioja alavesa y El Mirador en Atapuerca a los que podr amos a adir Pe a Larga con algunos matices como ya hemos comentado anteriormente Estos yacimientos especialmente los primeros pudieron servir como rediles a los reba os de ovejas y cabras en menor medida vacas que pudieron ser explotados seg n recientes interpretaciones para la evidencia de El Mirador tanto para la producci n de carne como de leche a peque a escala y ello en virtud del analisis de la edad de muerte de la evidencia arqueozool gica Un yacimiento singular datado a partir de muestras de carb n hacia finales del VI milenio cal BC es la mina de s lex de Casa Montero20 en Madrid Lo consideramos singular porque nos ilustra sobre un tipo de actividad muy espec fica no subsistencial y por tanto especializada que se llev a cabo ya en los primeros momentos de la neolitizaci n Este hecho nos ilustra sin duda sobre el grado de desarrollo y organizaci n social de estas primeras comunidades Garc a Mart nez de Lagr n 2008b Fern ndez Eraso 2008 Polo D az y Fern ndez Eraso 2010 20 Consuegra Rodr guez et al 2004 18 19 Estremera Portela 2003 Verg s et al 2008 16 17
50  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  densidades en ambas mesetas  La Deseada, La Revilla, La L  mpara, La Velilla ...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales neol ticas capaces de destinar efectivos y tiempo a actividades no subsistenciales aunque si que nos figuramos altamente productivas Casa Montero es un mina de s lex que se explot mediante pozos verticales fundamentalmente De poca neol tica se han documentado 3 824 pozos en los 42 383 m2 excavados de las m s de 8 hectareas con que cont la explotaci n seg n las prospecciones superficiales Seg n las investigaciones en curso parece ser que en las propias minas se produc a la selecci n y transformaci n de los n dulos de s lex hasta la obtenci n del producto final que consist a fundamentalmente en soportes laminares Se han hallado en las propias minas evidencias de toda la cadena operativa excepto del producto final lo que nos hace pensar en que ste se distribu a y comercializaba r pidamente en las distintas redes de intercambio a corta y larga distancia cuyas dimensiones establecer n investigaciones en curso El package neol tico El Neol tico es en esencia una forma de vivir y una forma de relaci n con la Naturaleza Desde esta perspectiva no podemos ser tipologicistas y pensar en definir el Neol tico por un determinado tipo de material arqueol gico o un determinado gesto t cnico Los grupos humanos son neol ticos porque tienen una determinada forma de vivir y de relacionarse con la naturaleza basada en una econom a de rendimientos diferidos y todo lo que ello lleva consigo desde el punto de vista de las relaciones sociales el mundo simb lico los patrones de asentamiento y como una parte m s la cultura material que se va adaptando progresivamente a las necesidades de la nueva situaci n Por eso creemos que en los inicios de los procesos de neolitizaci n 5 700 5 500 cal BC se da una dualidad de situaciones por una parte la presencia de neol ticos muy precoces considerados como pioneros que se instalan en lugares privilegiados con todo el pack propio del nuevo estilo de vida basado en el cultivo de plantas y la cr a de ganado y que llevan una cultura material en cierta medida tambi n diferenciadora en la que cobra especial significaci n la producci n cer mica de la que luego hablaremos con m s detalle Estas primeras poblaciones neol ticas iniciar an los primeros contactos con comunidades mesol ticas en aquellos lugares en las que stas eran relativamente abundantes Esta situaci n crear a necesariamente una interacci n entre los grupos humanos y un intercambio de informaci n y de productos materiales especialmente visibles en el registro en los enclaves mesol ticos por la especificidad de sus estrategias econ micas y lo estandarizado de su cultura material Asistimos as a la mencionada dualidad de situaciones culturales con grupos mesol ticos que recibir an por intercambio elementos significativos de la cultural material neol tica y los grupos neol ticos pioneros que establecidos en entornos privilegiados desarrollar an una forma de vida plenamente dependiente de la explotaci n de la naturaleza recibiendo a su vez elementos e influencias de los grupos mesol ticos con quienes interactuar an Es evidente no obstante que si nos fijamos en la cultura material se observan ciertas diferencias o procesos evolutivos que es conveniente se alar Ante la ausencia de formas de vida propiamente neol ticas los contextos mesol ticos con elementos neol ticos se definen por la presencia de restos cer micos no muy abundantes Solo en tres contextos Mendandia III sup y II y Atxoste hay un n mero suficiente para poder extraer alg n tipo de consideraci n que se pueda extrapolar al resto de este tipo de contextos en el Valle del Ebro y alg n asentamiento del Interior como el abrigo de La Dehesa en el soriano Valle de Ambrona En un reciente trabajo Garc a Mart nez de Lagr n y otros 21 han definido para este tipo de cer micas un estilo I caracterizado por formas muy simples con una nica composici n decorativa bajo el borde realizada siempre con una sola t cnica Fig 5 Ser an por el momento el tipo de cer mica m s antigua conocido en la Pen nsula Ib rica junto a la de los contextos neol ticos pioneros hasta el punto de que nos cuesta bastante pensar que las dataciones del nivel IIIsup de Mendandia finales del VII milenio cal BC pudieran corresponder a aut nticos contactos con comunidades neol ticas En este caso tampoco resultar a una aberraci n pensar y proponer una primitiva fabricaci n aut noma de cer mica en este yacimiento como alguna vez se insinu tambi n para el abrigo de Verdelpino en Cuenca Por su parte la industria l tica de estos contextos es b sicamente mesol tica caracterizada por una talla laminar abundantes elementos de dorso y microlitos entre los que empiezan a cobrar importancia los tipos segmentiformes con retoque a doble bisel En no pocas ocasiones la asociaci n segmento doble bisel se considera un marcador fiable de la neolitizaci n en todo el rea interior y muy especialemente en el Valle del Ebro Sin embargo tanto segmentos como el doble bisel no faltan en contextos mesol ticos como por ejemplo el nivel 4 de Botiqueria o el horizonte I del Valmayor XI Con ello queremos decir que tanto el doble bisel como los segmentos o especialmente los segmentos a doble bisel deben considerarse no como evidencias de neolitizaci n per se si no como una adaptaci n progresiva de un sustrato local a unas nuevas necesidades pudiendo interpretarse como el Garc a Mart nez de Lagr n et al 2011 21 51
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  neol  ticas capaces de destinar efectivos y tiempo a activida...
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52  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  1  2  3  Figura 5. ESTILO 1 1 y 2  Mendandia  3  Valmayor XI.
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales ltimo estadio de la evoluci n tecnol gica del microlitismo mesol tico como ya propusiera Arias Cabal22 Si admitimos esta idea su presencia en contextos claramente neol ticos podr an considerarse como una aportaci n de los grupos de cazadores recolectores durante el proceso de neolitizaci n por ejemplo de intercambio cuando aparecen en contextos pioneros como Chaves o Pe a Larga y que perduran durante todo el Neol tico Antiguo como pone de manifiesto su presencia en much simos contextos neol ticos a partir del 5400 5300 Los primeros grupos neol ticos que aqu denominamos pioneros poseen ya todo el pack completo en mayor o menor medida es decir cer mica pulimentados especies vegetales domesticadas cereales fundamentalmente y ganado ovino preferentemente aunque no faltan otras especies en menor proporci n como el vacuno caprino o suidos La industria l tica es bastante estandarizada y dominan especialmente las l minas y las l minas retocadas con diferentes porcentajes seg n yacimientos a las que hay que sumar tambien diferentes proporciones de geom tricos adem s de segmentos a doble bisel trapecios y tri ngulos y alg n taladro perforador muy habitual en los contextos de finales del VI milenio cal BC Los tiles pulimentados y de molienda comienzan a ser habituales Lo m s destacado en cuanto a bagaje material viene de la mano de la cer mica En efecto aunque se pueda considerar que las decoraciones cardiales cl sicas sean el elemento en torno al que giren las interpretaciones de estos contextos bien es cierto que las decoraciones cardiales de Pe a Larga poco tienen que ver con las de Chaves por t cnica y composici n no es menos cierto que conviven rivalizando en antig edad con colecciones impreso incisas acanaladas que definir n lo que Garc a Mart nez de Lagr n y otros han descrito como estilo II Fig 6 Esta dualidad de tradiciones decorativas presentes nicamente en la zona aragonesa y catalana y en un solo yacimiento del Interior La Paleta en un momento tan temprano se puede interpretar de distintas maneras sin que el registro actual permita decantarnos por ninguna a saber podr a representar una zona de contacto de diferentes corrientes de neolitizaci n a un grupo que decora con dos estilos o confluencia de grupos aut nomos En definitiva lo que parece quedar claro es que la neolitizaci n de la Peninsula necesita de algunos fenomenos de colonizaci n ya que s lo ellos explicar an que aparezcan estilos cer micos tan complejos y que el primer Neol tico llegue a Iberia tan desarrollado en todas sus facetas Arias Cabal 2007 58 22 A partir del ultimo cuarto del VI milenio cal BC podemos considerar que el Neol tico est plenamente consolidado en buena parte del interior peninsular y comienza a hacerse m s importante su presencia en el Cant brico y en Galicia Los grupos humanos ya plenamente neolitizados ocupan distintos ecosistemas adaptados a sus necesidades productivas y se advierten ciertas necesidades de especializaci n como pueda ser la explotaci n minera antes mencionada en Casa Montero la pr ctica de la trashumancia en determinados lugares preferentemente monta osos o la explotaci n integral de la dehesa en Extremadura o la Submeseta Sur A su vez asistimos a una diversificaci n de los patrones de ubicaci n en el espacio donde proliferan importantes enclaves al aire libre y cuevas de ocupaci n que con el tiempo se transformar n en rediles como ocurre tambi n en el Levante En relaci n con el material l tico siguen siendo habituales las l minas simples y las retocadas A trav s de los an lisis traceol gicos sabemos que muchas de ellas se utilizaban como hoces tanto de enmangue longitudinal como transversal23 Aumentan ahora tambi n los taladros utilizados para una diversidad de funciones perforar la piel realizar cuentas de collar o taladrar material cer mico para la as o en semiseco como elemento ornamental Los geom tricos con sus variedades y especialemente los trapecios y tri ngulos siguen siendo usados como puntas de proyectil Pero sin lugar a dudas es la producci n cer mica en estos momentos nuevamente el componente del pack neol tico que m s inter s despierta Y ello por dos razones fundamentalmente una por su enorme variedad y complejidad decorativa a finales del VI milenio cal BC y en algunas zonas durante el primer cuarto del V y otra porque precisamente en torno a mediados del ltimo desaparecen pr cticamente por completo las t picas decoraciones que ahora vamos a comentar y es el argumento que generalmente se utiliza para hacer comenzar la fase que se podr a denominar como Neol tico Medio A partir del 5 500 5 400 cal BC se extender a a nuevos mbitos territoriales el mencionado Estilo II Fig 6 caracterizado ahora por un abrumador predominio de la t cnica impresa a la que acompa a la incisi n acanaladura Aumentan tambi n las formas de los recipientes sobre los que se aplican la decoraci n cobrando importancia los jarros y botellas a la vez que aumenta la complejidad de las composiciones ornamentales Este estilo II se corresponder a perfectamente con lo que se viene denominando epicardial Gibaja 2008 23 53
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales    ltimo estadio de la evoluci  n tecnol  gica del microlitism...
54 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica 1 2 3 4 5 7 6 Figura 6 ESTILO 2 1 La Revilla 2 La Vaquera 3 La Revilla 4 La Vaquera 5 Atxoste 6 La L mpara 7 Molino de Arriba
54  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  1  2  3  4  5  7 6  Figura 6. ESTILO 2 1  La Revilla  2  La Vaquera  3  La Re...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales que tiene una vasta extensi n conviviendo con el cardial francoib rico con el cardial puro levantino y catal n y que son las primeras producciones cer micas en el Interior de la Pen nsula Ib rica Desde esta perspectiva y teniendo en cuenta las implicaciones que el concepto epicardial lleva consigo consideramos necesario eliminar dicho t rmino de forma gen rica porque no hace justicia a la realidad arqueol gica que define La producci n impresa e inciso acanalada se ha demostrado incluso anterior al cardial y la realidad es que forman parte del mismo proceso hist rico por lo que manterner un t rmino segregado para fenomenos id nticos no nos parece justificado Dentro de este estilo II destaca por el inter s suscitado en diferentes trabajos una decoraci n peculiar conocida como boquique Se trata de una t cnica especial que tiene una serie de variantes que se podr a identificar como una sucesi n de impresiones con un objeto punzante sobre la arcilla antes de cocer Su amplia repartici n geogr fica y su cronolog a no significativamente diferente al cardial o incluso anterior otorgan a esta tecnica un importante papel como marcador de los inicios de la neolitizaci n24 A partir del primer tercio del V milenio cal BC en el Valle del Ebro en esas mismas fechas en las zonas septentrionales y a partir de mediados en el centro debemos reconocer que la informaci n arqueol gica sobre el Neol tico disminuye considerablemente a la vez que culmina un proceso de eliminaci n de la decoraci n en las producciones cer micas aunque no as en sus formas a adiendose ahora al elenco anterior distintos tipos de asas algunas decoraciones aplicadas formas tronco c nicas y bordes exvasados Como excepciones a esta din mica habr a que se alar que en las tierras del centro peninsular y la Cornisa Cant brica se comienzan a conocer estructuras habitacionales bajo tumulos funerarios como los de la Velilla en la Meseta Norte La Calvera Pe a Oviedo en Cantabria y Azut n o el Castillejo en la Meseta Sur25 aqu en ello Simplemente es conveniente comentar que parte de nuestro territorio Albacete Cuenca Guadalajara Toledo sur de Zaragoza Huesca se ve afectado por estas mismas corrientes hasta el punto de que en ciertos lugares Do a Clotilde Remosillo Varfaluy algunas figuraciones seminaturalistas se han considerado como una versi n local del estilo Petracos por los motivos serpentiformes o personajes esquem ticos con dedos muy abiertos26 Lo que parece claro es que en todo el Interior el mundo simb lico del Neol tico se asocia especialmente a la representaci n esquem tica de la realidad y del universo mental Asociados a numerosos abrigos neol ticos podemos reconocer antropomorfos de distintos tipos zoomorfos barras y puntos dolos oculados soliformes y reticulados Todos estos motivos o al menos algunos est n perfectamente refrendados en el interesante conjunto de cantos pintados del nivel inferior de la cueva de Chaves Mayor precisi n podemos realizar en relaci n con el mundo funerario por cuanto las evidencias arqueol gicas se ubican en asentamientos y o contextos que contienen caracter sticas suficientes para adscribirlas indudablemente a una fase de econom a productiva En esta l nea las primeras manifestaciones funerarias neol ticas segunda mitad del VI comienzos del V milenios cal BC no son muy numerosas en nuestra rea de estudio y por supuesto tienen poco que ver con la eclosi n monumental que caracterizar al megalitismo a partir del IV milenio cal BC No obstante es justo reconocer que o bien por la enorme eclosi n que ha tenido en nuestro pais la Arqueolog a de Gesti n mediante la cual se han excavado un ingente n mero de enclaves o bien por el desarrollo de importantes proyectos de investigaci n la geograf a peninsular se va llenando de nuevas evidencias que para estos primeros momentos dibujan un panorama realmente homog neo Se reconocen dos tipos de manifestaciones relacionadas con el tratamiento del cuerpo humano Mundo ritual y simb lico a Presencia de restos oseos dispersos en contextos dom sticos y mezclados con otro tipo de evidencia arqueol gica Sin que los podamos considerar pertenecientes a ning n nivel funerario es frecuente hallar restos humanos m s o menos dispersos en la estratigraf a de algunas cuevas Ser a el caso del cr neo de un var n adulto hallado en la cueva de La Vaquera en Segovia27 de diversos restos pertenecientes a un n mero m nimo de 7 individuos en la cueva de Chaves otros de La Nogaleda en Segovia y un conjunto Resulta complicado adentrase en el mundo simb lico de unos grupos humanos que tienen que afianzarse en un territorio y desarrollar unas estrategias de supervivencia modificando antiguos h bitos o generando nuevos nichos donde implantar sus formas de vidas ya consolidadas En el cap tulo anterior ya se ha hecho referencia a la relaci n de las primeras fases del Neol tico con el arte macro esquem tico levantino y esquem tico con lo que no vamos a incidir Alday Ru z y Moral del Hoyo 2011 Bueno Ram rez et al 2005 Utrilla Miranda y Calvo 2000 Delibes de Castro et al 1999 24 26 25 27 55
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  que tiene una vasta extensi  n conviviendo con el cardial fra...
56 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica muy interesante en la recientemente excavada cueva de Els Trocs en Huesca Tanto por el estudio espec fico realizado sobre el craneo de La Vaquera como por las evidencias de que disponemos en Trocs nos inclinamos a pensar en que en los inicios del Neol tico se practicaban una serie de ritos en el interior de las cuevas que ten an como protagonista al cuerpo humano difunto o sacrificado para la ocasi n Se ha indicado tambi n que hubieron podido servir como aut nticas reliquias que circular an entre los distintos grupos o yacimientos g n elemento de molienda hachas y adornos de concha o hueso Es digna de menci n la presencia en el rea restringida de enterramientos de ciertas estructuras tambi n en fosa con deposiciones que formar an parte del ritual pero que no corresponden a seres humanos tal es el caso de restos de fauna diversos materiales representativos de actividades agr colas dos perros y otros objetos Fig 3 3 Necr polis neol tica de Paternambidea30 donde se han hallado los nicos ejemplos por el momento de enterramientos dobles dos de ellos simult neos y dos de ellos acumulativos En este ltimo caso estar amos ante estructuras abiertas en las que tras previo acondicionamiento del espacio se ir an introduciendo nuevos difuntos en la tumba En el total de las cuatro fosas se han recuperado hasta once individuos tanto masculinos como femeninos adultos jovenes Por contraposici n a las tumbas de Cascajos o Chaves aqu el ajuar es riqu simo especialmente adornos como colgantes cuentas de collar de concha hueso o piedra verde cer mica microlitos geom tricos l minas de silex y laminitas de cristal de roca b Sepulturas normalizadas Se conocen fundamentalmente en poblados al aire libre aunque se han se alado dos casos en cueva en el nivel Ia de Chaves y en Marizulo En pr cticamente todos los casos se repite la misma norma funeraria son enterramientos de inhumaci n individual en fosa en las que los individuos se depositan en posici n flexionada Los ejemplos son cada vez m s numerosos y en el Valle del Ebro destacan La inhumaci n masculina en fosa de la cueva de Chaves conservaba abundantes restos de ocre en toda la tumba pero especialmente en la zona del cr neo y seg n Utrilla y otros28 hab a sido depositado en un tosco hoyo en el que se hall incluso un peque o resto de tejido venda que fue imposible conservar El ajuar no era muy abundante limit ndose a un anillo de hueso que el individuo conservaba en una falange de la mano derecha Un aspecto interesante de esta tumba es la acumulaci n de 296 cantos rodados blancos de peque o tama o menos de 8 cm que formaban un peque o t mulo sobre la sepultura El excepcional conjunto de sepulturas de Los Cascajos Los Arcos Navarra algunas de las cuales formar an parte de una autentica necr polis un area restringida para los enterramientos dentro de un impresionante asentamiento neol tico al aire libre29 De este momento se han excavado unas 30 sepulturas todas ellas son peque as fosas pr cticamente hemisf ricas excavadas en la tierra virgen Las deposiciones son primarias en todos los casos y est n colocadas en posiciones flexionadas con un claro predominio de varones adultos Los ajuares no son muy ricos y cuando los tienen suelen estar compuestos por alg n cuenco cer mico liso l minas de s lex al Utrilla Miranda et al 2008 134 Garc a Gaz laz y Sesma Sesma 2008 M s al interior en ambas mesetas disponemos cada vez de m s ejemplos que reproducen similares pautas de comportamiento31 a saber enterramientos individuales en fosa colocados en posici n flexionada y ubicados dentro de h bitats al aire libre Los ejemplos no son numerosos en Madrid el Arenero de Valdivia y el Congosto en Burgos Alto de Rodilla y Molino de Arriba en Toledo Villamayor de Calatrava y en Soria la sepultura de La L mpara en Ambrona Quiz s esta ltima sea la m s significativa de todas ellas Se trata del enterramiento de una mujer adulta que se hab a depositado en lo que podr a ser un silo amortizado como tumba por su forma mplia y redondeada en la base con estrechamiento en el cuello y boca La muerta se deposit en el fondo del hoyo acompa ada de un rico ajuar en el que destacaba una preciosa botella con decoraci n inciso impresa Fig 7A y una l mina de silex con huellas de haber servido como hoz de cereal Justo en el estrechamiento de la fosa y para sellar el hueco se depositaron junto a lajas planas de caliza hasta 354 fragmentos cer micos correspondientes a diferentes recipientes entre los que destacan un gran cuenco inciso y una botellita con decoraci n de peine impreso Todo ello acompa ado de diversos elementos de industria l tica y sea que habr a sido depositado Garc a Gaz laz 2008 Rubio de Miguel 1990 28 30 29 31
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el neol tico en las tierras del interior y septentrionales Figura 7 Planta y secci n del enterramiento del Neol tico Antiguo de La L mpara Ambrona Soria y reconstrucci n de la ceremonia f nebre Dibujo Lu s Pascual Repiso 57
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  Figura 7. Planta y secci  n del enterramiento del Neol  tico ...
58 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica con toda seguridad en el transcurso de una compleja ceremonia f nebre Fig 7B Bien entrado el quinto milenio se produce un fen meno similar al detectado en relaci n con el poblamiento la pr ctica ausencia de vestigios funerarios nicamente conocemos en esta rea otro enterramiento en fosa pr ximo a Burgos dado a conocer en el V Congreso de Neol tico Peninsular celebrado en Lisboa y a n sin publicar El Hoyo y unas cuantas tumbas en fosa m s de los Cascajos que se fechan a lo largo de la segunda mitad del V milenio cal BC Hacia finales del V milenio cal BC y paralelo al surgimiento del denominado proto megalitismo en Portugal y del grupo del Tavertet en el Pirineo Catalan que pueden considerarse pese a su car cter individual una precoz manifestaci n de la monumentalidad que caracterizar el megalitismo se advierte especialmente en las tierras del interior una intensificaci n de las evidencias de h bitat bajo t mulos ya comentadas anteriormente que nos sit an a las puertas de importantes transformaciones en el mbito funerario a nivel peninsular y que cuajar n en el surgimiento de un fen meno complejo y de gran difusi n el megalitismo La aparici n de la monumentalidad funeraria el Megalitismo Dispersi n espacial El megalitismo que tratamos en este apartado es sobre todo una expresi n funeraria que surge entre finales del V milenio cal BC y comienzos del IV Mucho se ha escrito sobre el megalitismo como fenomeno ideol gico cultural ritual espacial etc sin embargo nosotros queremos darle una connotaci n m s descriptiva otorgando a las tradicionales manifestaciones funerarias megal ticas una uniformidad que se concreta en su car cter monumental En todos los casos la variedad de manifestaciones que luego veremos son un volumen emergente antr pico que se impone sobre un espacio y que en ocasiones puede delimitar o se alizar un territorio pero que siempre fosiliza un pensamiento y una necesidad de perpetuar la memoria Pues bien esta monumentalidad funeraria as definida se extiende por todas las tierras interiores y septentrionales con variadas densidades y adopta distintas manifestaciones arquitect nicas Pr cticamente todo el Interior Peninsular a excepci n de algunos vac os en el sector central y oriental de la Meseta Sur poseen alg n tipo de construcciones monumentales si bien es justo reconocer que hacia el centro de la Cuenca del Ebro y en los sectores centrales de todo el Interior la disminuci n en la densidad de los mismo es evidente Esta circunstancia se ha re lacionado asiduamente con la mayor presi n antr pica ejercida por el laboreo agr cola lo que habr a ocasionado la destrucci n de muchas evidencias En Galicia32 la Cornisa Cant brica y el Pirineo Occidental33 los monumentos aunque se dan en las diferentes formas de relieve suelen ocupar preferentemente zonas altas como son por ejemplo la Sierra de Barbanza en A Coru a o Morrazo en Pontevedra Sierra Plana de la Borbolla en Asturias las agrupaciones tan numerosas de las Sierras de Urbasa y Aralar en Navarra o los contextos tambien monta osos del rea de Viescas Guarrinza y Somontano en el Pirineo Aragon s Todas estas zonas se aladas poseen alt simas densidades de monumentos que se van haciendo m s ralas conforme nos adentramos en las tierras altas de ambas mesetas En este sector central de la Pen nsula debemos se alar tambi n importantes concentraciones en las estribaciones monta osas que la circundan como las Penillanuras zamorano salmantinas la Lora burgalesa y estribaciones del Sistema Ib rico en la misma provincia34 y en la vecina provincia de Soria Un foco muy importante se situa en la Sierra de Cameros conjunto de Viguera Nalda en la Rioja que hace de enlace con el important simo foco riojano alav s del sur de la Sierra de Cantabria Sin embargo hacia el sur en el Sistema Central el n mero de yacimientos es mucho menor solo algunos ejemplos en las provincias de Avila Segovia y Madrid Las zonas llanas de la Meseta Norte aunque en forma dispersa nunca en grandes concentraciones ofrece ejemplos en todas las provincias y al sur del Sistema Central ya hemos aludido al vacio existente en el subsector oriental mientras que en el sector occidental hay un nutrido grupo de monumentos en la Cuenca Media del Tajo que van en aumento debido al impulso investigador emanado de la Universidad de Alcal de Henares Extremadura por su parte posee nucleos importantes en la regi n de Alcantara y la sierra de San Pedro y en general en las zonas pr ximas a la frontera con Portugal al margen de importantes monumenrtos en n mero cercano a 100 en la provincia de Badaj z35 Las referencias generales sobre este aspecto en Galicia pueden consultarse en Criado Boado 1989 Criado Boado y Vaquero Lastres 1993 Criado Boado y Villoch V zquez 1998 y L pez S ez et al 2010 33 Los aspectos paisaj sticos de estos sectores pueden consultarse en Blas Cortina 1997 a y b Carlos Izquierdo 1998 Andr s Rup rez 1987 Arias Cabal et al 2005 Teira Mayolini 1994 34 Referencias bibliogr ficas sobre estos aspectos en Delibes de Castro y Santonja G mez 1986 Rojo Guerra 1990 y 1994 35 Trabajos sobre estos aspectos en la Submeseta Sur y Extremadura en Bueno Ram rez y Balbin Behrmann 2000 L pez Romero y Walid Sbeinati 2005 Gal n Domingo y Mart n Bravo 1991 1992 32
58  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  con toda seguridad en el transcurso de una compleja ceremonia f  nebre  Fig. ...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales Al margen de la distribuci n de los monumentos por la geograf a peninsular es interesante destacar el lugar que los mismos ocupan en la orograf a local es decir su emplazamiento En este sentido es conveniente se alar ciertas pautas que se observan en la mayor a de ellos ocupan por lo general peque as plataformas o relieves elevados sobre el entorno inmediato que acrecientan la sensaci n de monumentalidad cordales monta osos en sierras no muy elevadas collados y pasos naturales fondos de valle o pie de montes con amplio control territorial Con cierta frecuencia se ha dicho que los megalitos se construyen para ser vistos de ah la tendencia general a su localizaci n en puntos destacados con amplio dominio visual y frecuentemente en zonas de tr nsito El monumento y su arquitectura funeraria Fig 8 Desde el punto de vista pr ctico no simb lico el megalito es una tumba un cementerio colectivo de uso diacr nico que alberga los difuntos de una comunidad durante un per odo m s o menos largo de tiempo Para cumplir esta misi n el megalito precisa de un espacio hueco donde albergar los restos f nebres es decir una arquitectura que se nos presenta variada y polim rfica y que para su descripci n y an lisis debemos contemplar al monumento en su conjunto que consta de dos partes bien diferenciadas el t mulo y el recinto funerario principal o estructura propiamente megal tica El t mulo es un amontonamiento de tierra y o piedras que rodea el recinto funerario principal y tiene una doble funci n por una parte monumental esto es acrecentar el tama o y por ende el porte de todo el monumento S lo esta funci n explicar a la existencia de tumulos que sobrepasan con creces la altura o el porte de la estructura que cobijan La segunda funci n en la mayor a de los casos es arquitect nica es decir contrarrestar los empujes centr fugos de la estructura p trea colosal El recinto funerario propiamente dicho alberga a los difuntos y posee una variada tipolog a aunque en la mayor a de los casos en origen fue un espacio hueco abierto y delimitado por una estructura realizada con grandes piedras Las soluciones arquitect nicas dadas a este espacio son variadas por lo que a modo de s ntesis y seg n sean sus caracter sticas podemos establecer la siguiente tipolog a del monumento36 Referencias sobre arquitecturas megal ticas en las distintas zonas del trabajo al margen de otras citadas anteriormente en Blas Cortina 1987 Vivanco 1981 Bueno Ram rez 1988 y 1994 F bregas Valcarce y Vilaseco V zquez 2003 Rodriguez Casal 1979 y 1983 L pez Plaza 1982 Delibes de Castro 2010 36 T mulos no megal ticos Fig 8A son aquellas tumbas que comparten el car cter monumental volumen emergente pero que no poseen una arquitectura p trea colosal que albergue a los difuntos En su lugar stos aparecen simplemente protegidos o cubiertos por piedras depositados en peque as fosas o protegidos por peque os muretes o incluso estructuras de madera Suelen ser los monumentos de menor tama o que raramente superan los 10 metros de di metro y se conocen pr cticamente en todas las zonas estudiadas En Galicia podr amos citar La Madorra da Granxa Lugo Monte Areo XII en Asturias y Trikauaitzi II en Guipuzcoa No faltan tampoco en las tierras del interior donde se conocen los ejemplos de El Rebolledo en Burgos La Tarayuela en Soria El Castillejo en Toledo o Dehesa de Rio Fortes en vila D lmenes simples Fig 8B consideramos d lmenes simples a aquellos monumentos que bajo el t mulo disponen de una camara ortost tica cerrada Las variedades dentro de esta sencilla descripci n general son enormes desde c maras de tendencia cuadrangular en el Noroeste Cornisa Cant brica y el Pirineo Occidental a c maras ortost ticas de tendencia poligonal tambi n caracter sticas de Galicia y Extremadura e incluso de tendencia circular como Fuente Pecina II en la Lora Burgalesa o algunos monumentos zamoranos como el d lmen de San Adri n en Granucillo Con cierta frecuencia el acceso a estas c maras simples se facilita por la presencia de lo que podemos denominar un p rtico que no es m s que la presencia en uno de los extremos de dos lajas de menor altura que el resto Tal es el caso del dolmen de la capilla de Santa Cruz en Cangas de On s por ejemplo Sepulcros de corredor Fig 8C incluir amos en esta denominaci n una gran variedad de estructuras megal ticas abiertas es decir con una estructura individualizada de acceso Incluso y dependiendo de algunas zonas podr amos diferenciar entre los sepulcros de corredor corto que ser an aquellas tumbas en las que el pasillo no comunica directamente la c mara funeraria principal con la periferia del tumulo y los sepulcros de corredor largo en los que el pasillo parte del borde del t mulo y comunica directamente con la camara Entre los primeros podr amos incluir aquellos monumentos de corredor diferenciado en los que la camara es continuacion del acceso advirti ndose aqu lla unicamente por un ligero ensanchamiento de la misma tipo relativamente abundante en Galicia Pero la mayor a poseen una c mara perfectamente diferenciada con un peque o pasillo de acceso casi siempre de bastante menor altura que aqu lla Los mejores ejemplos de este tipo los encontramos en el conjunto dolm nico de Valencia de Alc ntara Los sepulcros de corredor largo por su parte son los monumentos m s espectaculares y de mayores dimensiones por ejemplo el t mulo del To 59
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  Al margen de la distribuci  n de los monumentos por la geogra...
60 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica A B C D E Figura 8 Tipolog as megal ticas m s caracter sticas de la Pen nsula Ib rica A La Tarayuela Ambrona Soria T mulo no megal tico B A Pedra da Arca Malpica de Berganti os La Coru a Dolmen simple C El Teri uelo Aldeavieja de Tormes Salamanca Sepulcro de corredor D Hipogeo de Longar Viana Navarra Hipogeo E La Pe a de la Abuela Ambrona Soria Tumba calero Referencias A y C Autor a propia B Cebri n del Moral F Y ez J Lest n M Vidal F y Carrera F 2011 El Dolmen de Dombate Arqueolog a Restauraci n Arquitectura Diputaci n de A Coru a p 19 D Autor a Jes s Sesma E Memoria Tumbas p 8 Fig 8
60  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  A  B  C  D  E  Figura 8. Tipolog  as megal  ticas m  s caracter  sticas de la...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales rrej n en Salamanca tiene 90 metros de di metro aunque n mericamente son los menos frecuentes y se concentran en el sector occidental de Asturias reas de Alava Navarra y La Rioja Quiz s por ese mayor colosalismo de su porte durante mucho tiempo se pens que era la nica soluci n funeraria monumental que exist a en las Tierras del Interior Esta sensaci n ha quedado completamente descartada por el avance de la investigaci n y el descubrimiento de un elevado n mero de t mulos peque os que albergaron soluciones arquitect nicas diferentes No obstante son los tipos a los que se ha dedicado mayor esfuerzo investigador en la Penillanura salmantina la Lora burgalesa o el nucleo toledano Con cierta frecuencia y especialmente en Galicia y Extremadura el inicio del corredor en el per metro del monumento dispone de un atrio o espacio abierto en forma de U o V que podr a ser un espacio ritual donde se desarrollar an las celebraciones que preced an a la deposici n definitiva del difunto en la c mara sepulcral Hay algunas otras caracter sticas rese ables en este tipo de monumentos como son por ejemplo en la zona de la Rioja Alavesa la compartimentaci n del corredor por medio de lajas La Cascaja en La Rioja o La Chabola de la Hechicera en Alava o como el cierre de la camara con una laja de piedra como en el sepulcro de El Tremedal Caceres Otra caracter stica digna de se alar en algunos de estos grandes sepulcros de corredor especialmente en el nucleo del Tajo y Extremadura es la presencia de bloques enhiestos en la entrada o en el centro de la c mara a modo de aunt nticas estelas como los excelentes ejemplos de Lagunita III en Santiago de Alcantara o los toledanos de Azut n y Navalc n Tipos especiales inclu mos en esta denominaci n algunos tipos particulares no muy abundantes y espec ficos de determinadas zonas concretas que por su espectacularidad o rareza son dignos de ser tenidos en cuenta en esta visi n tan general y sucinta Nos estamos refiriendo a ciertas galerias cubiertas como la de La Mina de Farangortea en Navarra con una losa perforada a modo de puerta de entrada a la c mara No menos interesante y espectacular es el hipogeo de Longar tambi n en Navarra Fig 8D Se trata de una c mara excavada en el suelo con paredes de mamposter a y cubierta por una nica y enorme laja La entrada al recinto sepulcral se realiza a trav s de una piedra perforada que se sit a al final de un pasillo en V a modo de atrio En las tierras sedimentarias del centro de la Cuenca del Duero se ha dado el nombre de Redondiles a dos tumbas Los Zumacales en Valladolid y La Velilla Fig 9 en Palencia cuyo recinto funerario principal est formado por ortostatos apaisados no enhiestos Figura 9 Redondil de La Velilla Osorno Palencia y esp tulas de hueso A la derecha esquematizaci n femenina Imagen Museo de Palencia 61
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  rrej  n en Salamanca tiene 90 metros de di  metro  aunque n  ...
62 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica que demilitan un espacio perfectamente circular El hecho de que en el segundo de los monumentos se haya hallado cubriendo las zonas perif ricas del enorme osario colectivo de su interior derrumbes de una estructura de barro y paja ha posibilitado lucubrar sobre que dispusiera de un alzado y cubierta en este material Por ltimo como tipo peculiar de megalito queremos hacernos eco de las denominas tumbas calero37 Ser an construcciones en falsa c pula realizadas con piedras calizas planas y pensadas desde su origen para ser clausuradas mediante el fuego La evidencia arqueologica de las mismas en la actualidad es una enorme costra de cal viva Fig 8E que sella un nivel de enterramientos colectivos Dicha costra s lo se ha podido formar por el incendio intencionado y continuado de una estructura concebida para transformar la caliza en cal viva sellando el dep sito funerario para la eternidad Monumentos con este peculiar tipo de clausura se conocen en las tierras sedimentarias del centro de la Cuenca del Duero El Miradero en Valladolid en el conf n oriental de la propia Cuenca monumentos de La Pe a de la Abuela y La Sima I en el soriano Valle de Ambrona y puede que exista algun ejemplo similar en la Sierra de Cameros Rioja como podria ser El Portillo de los Ladrones La cultura material Fig 10 Un aspecto interesante y que en cierta medida da homogeneidad a todo el fen meno es el referente a la cultura material asociada a los monumentos hasta el punto de que se puede hablar de un autentico kit propiamente megal tico compuesto por alguna cer mica preferentemente lisa microlitos geom tricos l minas de silex hachas pulimentadas y objetos diversos de adorno38 No obstante esta homogeneidad encierra una enorme disparidad en proporciones y presencia de cada elemento en las distintas regiones del interior por eso realizaremos un an lisis somero por categor as Cer mica como hemos visto m s arriba la cer mica es uno de los elementos esenciales del pack neol tico y una de las claves a la hora de interpretar la neolitizaci n Ya advertimos entonces una cierta tendencia a partir del segundo cuarto del V milenio cal BC hacia la pr ctica desaparici n de las decoraciones y el mantenimiento de la simplicidad de las formas Pues bien esta tendencia se observa perfectamente en el material cer mico presente en los megalitos Si exceptuamos en el Noroeste peninsular donde se da Rojo Guerra et al 2005 Las referencias para las distintas zonas pueden encontrarse en Cerrillo Cuenca 2005 Gonz lez Cordero 1993 F bregas Valcarce 1990 y 1991 Apell niz 1973 P rez Arrondo y L pez de Calle C mara 1986 una cierta abundancia de formas globulares y perfiles simples con algunos ejemplares que portan sencillos motivos incisos poco profundos en el resto de los focos la presencia cer mica es testimonial y est ausente casi por completo la decoraci n De los escasos analisis radiometricos realizados en la Cornisa Cant brica o en Galicia se desprende la conclusi n de que las arcillas son locales y las cocciones en raras ocasiones superan los 800 centigrados39 Como los d lmenes son estructuras de largo recorrido cronol gico en las fases m s recientes de ocupaci n o en reutilizaciones posteriores se pueden hallar cer micas en mayor n mero y variedad de decoraciones como sucede en Galicia con la cer mica inciso metopada o tipo penha la ceramica calcol tica con decoraci n peinada impresa y pintada del foco salmantino y en todo el sector analizado con la ceramica propia del mundo campaniforme Industria l tica Los objetos de piedra presentes en los d lmenes podemos englobarles en las siguientes categor as L tica tallada pulimentados y otros en los que se incluyen algun tipo de representaci n de bulto redondo y objetos funcionales generalmente molinos o molenderas Dentro de la industria l tica tallada nos encontramos con unos pocos tipos que se repiten constantemente L minas simples o retocadas est n presentes sin excepci n en la pr ctica totalidad de los ajuares megal ticos del rea estudiada y en algunos casos como en la Lora burgalesa superan m s del 50 por ciento de toda la industria l tica presente en los sepulcros Por lo general no presentan retoques ni huellas de uso salvo el extra o caso de un conjunto de 5 l minas con retoques alternos en la extremidad proximal de la Tarayuela Ambrona por lo que se consideran piezas meramente rituales extremo este afianzado por la constancia de la elaboraci n in situ de las mismas a tenor de los hallazgos de un conjunto de l minas con su n cleo en Fuente Pecina II40 u otro conjunto de l minas que remontan y aparecieron juntas en un sector concreto del tholos de la Sima II Sobre el tama o de las mismas por cuanto se pudieran extraer conclusiones de orden t cnico y o cronol gico41 debemos decir que por lo general se pueden considerar de peque o tama o En ning n caso se llega a los 20 cm aunque en distintos monumentos se pueden observar l minas que se acercan mucho a esta categor a tales ser an los ejemplos de la Sima II con ejemplares de 16 cm las de los sepulcros del Teri uelo en Castraz y Aldeavieja o el castillo de Castro Enr quez todos ellos en Salamanca que superan 37 38 Prieto Mart nez et al 2005 Delibes de Castro et al 2003 80 41 Pelegr n y Morgado Rodr guez 2007 Cava Almuzara 1984 39 40
62  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  que demilitan un espacio perfectamente circular. El hecho de que en el segund...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales Figura 10 Materiales arqueol gicos caracter sticos de los ajuares funerarios megal ticos en la Pen nsula Ib rica A L minas de s lex del T mulo de La Sima Mi o de Medinaceli Soria B Hacha de piedra pulimentada del T mulo de La Sima C Azuela de piedra pulimentada del T mulo de La Tarayuela Ambrona Soria D Punzones de hueso del T mulo de La Tarayuela E dolo esp tula de hueso carbonizado de La Pe a de La Abuela Ambrona Soria F Microlitos geom tricos de s lex de La Pe a de La Abuela G Cuentas de collar de tipo Dentalium de La Pe a de La Abuela H Cuentas de collar de piedra verde de La Pe a de La Abuela Fotograf as Alejandro Plaza Museo Numantino 63
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  Figura 10. Materiales arqueol  gicos caracter  sticos de los ...
64 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica burgalesa cobran mayor protagonismo los tri ngulos y trapecios de truncaduras c ncavas algunos de ellos considerados como de tipo Cocina43 En las tierras interiores conforme se evoluciona en el tiempo hacia formas arquitect nicas m s monumentales ser n los tri ngulos y especialmente los trapecios de retoque abrupto y truncaduras rectas las formas predominantes al igual que sucede en el toledano dolmen de Azut n Puntas de flecha Aunque funcionalmente los microlitos pudieron servir como punta de proyectil44 nos referimos en este apartado a aquellos tiles sobre lasca o l mina elaborados mediante retoque plano generalmente bifacial y cubriente que pueden abarcar desde simples puntas foli ceas hasta piezas m s elaboradas con aletas incipientes y aletas y ped nculo pasando por las de base triangular convexa recta y o c ncava Figura 11 Tuma calero y Tholos de la Sima Mi o de Medina Soria con creces los 15 cm y por supuesto los magn ficos ejemplares del t mulo de la Dehesa de R o Fortes de Monte Areo XVI o de Dombate Microlitos geometricos Son igualmente habituales en todos los focos megal ticos y su asociaci n con raspadores buriles y laminitas en Galicia y la Cornisa Cant brica ha servido para definir un horizonte antiguo de utilizaci n de los monumentos Este horizonte antiguo se certifica tambi n por la presencia de la t cnica del microburil en las primeras tumbas colectivas del Valle de Ambrona y en la Rioja Alavesa lo que testimonia una raigambre epipaleol tica42 para este tipo de monturas que aunque en proporciones desiguales se hallan representadas las tres formas t picas como son los segmentos o medias lunas los tri ngulos y los trapecios En Galicia concretamente se da un predominio de los trapecios en sus diferentes variantes ya que suponen el 65 del total de la muestra existente seguidos por tri ngulos y segmentos Se han elaborado distintos tipos de secuencias tecnotipol gicas para este tipo de piezas en relaci n con su retoque o con sus formas observ ndose a grandes rasgos las siguientes pautas pese a la presencia de segmentos en un porcentaje considerable especialmente en el horizonte megal tico m s arcaico de la Penillanura salmantina definido por el sepulcro del Guijo I de Villarmayor o en el conjunto megal tico de La Lora Este tipo de piezas especialmente a partir de los gestos t cnicos empleados para su fabricaci n se han considerado piezas de transici n hacia el calcol tico aunque sin duda est n presentes ya en el ltimo tercio del IV milenio como atestigua el yacimiento alav s de San Juan ante Portam Latinam 45 Ejemplos de algunas de estas caracter sticas comparecen en los sepulcros considerados dentro de la ltima fase de exhibici n monumental como podr an ser los loriegos de las Arnillas el Moreco la Nava Alta o algunos de los m s espectaculares sepulcros de corredor salmantinos Numerosos ejemplos se conocen tambi n en Extremadura especialmente en pizarra aunque no falten en s lex o cristal de roca siendo consideradas las de base recta junto con los microlitos pertenecientes a las primeras fases de utilizaci n mientras que las de base c ncava y las de aletas y ped nculo como m s recientes Dicha observaci n contrasta con la tentativa de agrupaci n cronol gica expuesta por F bregas Valc rce para el conjunto del Noroeste donde otorga una prioridad cronol gica a las de base triangular convexa o ped nculada sobre las de base recta o c ncava46 Otros con cierta frecuencia y en cantidades menores se suelen hallar algunos de los tipos anteriores especialmente las laminas y los microlitos asociados a raspadores buriles y laminitas que en Galicia y la Cornisa Cant brica especialmente se han tomado como argumento para definir el primer horizonte megalitico En algunas zonas Extremadura preferentemente y en menor medida en ambas mesetas se han recuperado discos o cantos en caliza pizarra o 45 46 43 44 Alegre Frandovinez 2005 42 Delibes de Castro y Rojo Guerra 2002 Gibaja y Palomo 2004 Gibaja 2008 Armendariz Guti rrez 2007 Fabregas Valcarce 1991 155
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el neol tico en las tierras del interior y septentrionales esquistos con el contorno tallado por percusi n que se pueden considerar como macrol ticos Dentro de la industria l tica pulimentada incluimos un conjunto variado de piezas que siguiendo tipolog as al uso podr an incluir hachas azuelas gubias l minas de azada cinceles etc Son piezas en todo caso de uso recurrente como ajuares en los sepulcros megal ticos donde en ocasiones aparecen de forma ciertamente abundante como ocurre en El Miradero la Tarayuela o la Pe a de la Abuela por encima de diez ejemplares Salvo en contados casos de materias primas al ctonas a las zonas donde se encuentran Corneanas y sillimanitas de El Miradero y corneanas sillimanitas y ofitas de las tumbas del Valle de Ambrona cuya fuente de aprovisionamiento m s cernana se encuentra en torno a 150 km la mayor a est n realizadas sobre minerales locales como gabro o esquisto en Extremadura y Galicia ofitas en la Lora burgalesa etc Es interesante destacar la presencia en Galicia de un horizonte peculiar compuesto por ejemplares con perforaci n bic nica y que se denominan tipo Rechaba con las que se han asociado otros ejemplares similares aparecidos en el abulense t mulo de la Dehesa de Rio Fortes47 y en la Cornisa Cant brica con piezas similares de la Capilla de Santa Cruz en Asturias o el dolmen de Balenkaleku en Navarra Este tipo peculiar quiz s deba relacionarse m s con un fen meno de conexiones e intercambio en el seno de sociedades ya jerarquizadas y por tanto de finales del Neol tico o ya en pleno Calcol tico En el apartado de otros productos en piedra incluimos algunas producciones pintorestas y no excesivamente habituales Algunos objetos funcionales que han podido perder su primitiva utilidad y se han utilizado como parte del relleno tumular este es el caso de los molinos o molenderas que aparecen en la mayor a de los focos megal ticos como Galicia Pais Vasco ambas mesetas y especialmente en Extremadura Con casos llamativos como los 54 fragmentos en Plasencia o el caso del tumulo de Lagunita III donde se situaban en el exterior del monumento relacionados con la deposici n de ofrendas M s raros y centrados en Galicia la Cornisa Cant brica y el sur del Sistema Central especialmente Extremadura es la presencia de idolillos de piedra con reminiscencias antropomorfas que se suelen hallar en las entradas o en los atrios de acceso al monumento Algunos tienen motivos decorativos lineales como los ejemplos de Azut n Trincones Paniciegas Parxubeira o el interesante conjunto de Dombate A veces se suelen identificar con betilos o dolos guijarro Estremera Portela y Fabi n Garc a 2002 47 C Adornos en esta categoria incluimos evidentemente objetos de adorno personal especialmente colgantes o cuentas de collar que no faltan en ninguno de los focos megaliticos Las cuentas de collar se realizan en distintos materiales destacando por miles unas peque as cuentas discoidales realizadas en pizarra que formaban parte de collares m s complejos seg n se desprende del hallazgo de varias unidades en el interior de una cuenta de dentalium en el sepulcro burgales de Fuentepecina II En toda Galicia y Cornisa Cant brica son frecuentes las cuentas de mayor tama o en azabache Dombate Larrarte Cista de Villaescusa en piedras verdes Parxubeira o Aizkomendi entre otros Una menci n especial debemos reservar a un tipo de cuenta de collar que al parecer podr a haberse realizado con material procedente del norte de Europa Nos estamos refiriendo al mbar presente en Galicia o en el Pais Vasco especialmente en el monumento de Larrarte Guipuzcoa Cuentas de collar en lignito de distinta tipologia hueso piedras verdes y conchas se cuentan por cientos en los sepulcros de ambas Mesetas y Extremadura Destacan por su singularidad los dentalium habituales en la Lora burgalesa el Centro de la Cuenca del Duero y el soriano Valle de Ambrona A ellas habr a que a adir el brazalete de Glycimeris hallado en el sepulcro de corredor burgales de Cubillejo de Lara y varias cuentas de trivia en el redondil de La Velilla Palencia Cuentas de hueso son habituales en dolmenes del Pirineo occidental la Rioja Alavesa y la Meseta Norte donde tambi n se han hallado cuentas plurisegmentadas de hueso Por ltimo merece especial menci n el hallazgo de un collar compuesto por centenares de cuentas de arcilla sin cocer en el monumento de El Miradero Valladolid Dentro de esta categoria de adornos vamos a incluir unos curiosos y espectaculares objetos que podr amos considerar m s como objetos simb licos Se trata de las conocidas como esp tulas seas Realizadas sobre t bias de ovic pridos cuentan con dos partes bien definidas el mango y la pala El mango se realiza sobre la ep fisis proximal y parte de la di fisis y se caracteriza porque frecuentemente posee una decoraci n que va desde algunas l neas incisas en los ejemplares m s simples a profusas decoraciones en relieve calados y hasta aut nticas esquematizaciones femeninas cabeza y senos en un magn fico ejemplar de La Velilla que aparece en la figura 9 La pala por su parte ocupa el resto de la di fisis y la ep sifis distal y est cortada a media ca a con el extremo afilado Frecuentemente conserva restos de ocre evidencia inequivoca de que pudieron servir en los rituales de enterramiento como instrumentos utilizados para espolvorear polvo rojo sobre los difuntos Se documentaron por primera vez en el t mulo de Kurtzebide y el sepulcro de San Mart n en la Rioja Alavesa y luego 65
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  esquistos con el contorno tallado por percusi  n que se puede...
66 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica fueron apareciendo profusamente en los sepulcros de las tierras sedimentarias de la Cuenca del Duero El Miradero Los Zumacales La Velilla 48 llegando hoy a conocerse ejemplares en buena parte de los sepulcros megal ticos de la Lora burgalesa en todos los monumentos excavados del conf n suroriental de la provincia de Soria Valle de Ambrona en el foco segontino pr ximo e incluso su rea de repartici n ha sobrepasado ya el Sistema Central reconoci ndose el ejemplar m s al sur en el toledano t mulo de El Castillejo Los osarios y el ritual El hecho de que en algunas de las zonas analizadas Penillanuras Zamorano salmantinas Galicia buena parte de Extremadura el suelo sea cido supone que el material org nico haya sido absorbido por el PH del suelo y con ello se nos ha sustra do una buena parte la mejor parte de la informaci n que puedan deparar los sepulcros megal ticos Ser n por tanto los datos aportados por los monumentos excavados en los terrenos de suelos b sicos los que aporten una informaci n m s completa En este sentido la bibliograf a sobre rituales y gestos funerarios se concentra en tres sectores de la Meseta Norte La Lora burgalesa las tierras centrales de la Cuenca y el Valle de Ambrona los monumentos de El Portillo de las Cortes el Castillejo y Azut n en la submeseta sur y un buen n mero de yacimientos excavados al sur de la Sierra de Cantabria en la Rioja Alavesa y el sector oriental de la Cornisa Cant brica Tradicionalmente se acepta que el megalito es una tumba de enterramiento generalmente inhumaci n colectivo diacr nico que alberga deposiciones primarias que a lo largo de la vida del monumento han sufrido remociones y reacondicionamientos varios casi siempre a causa del uso continuo del espacio sepulcral para depositar nuevos fallecidos Por tanto es com n tambi n eliminar el t rmino inhumaci n y cambiarlo por deposici n ya que en sentido estricto los muertos no son sepultados cubiertos por tierra sino depositados al aire sobre un espacio vac o Esta circunstancia hace que continuas visitas al lugar remuevan los restos de los individuos que han perdido progresivamente las partes blandas y consecuentemente la ligaz n entre los huesos Pues bien esta es la sensaci n en general que producen los osarios de la mayor parte de los yacimientos megal ticos que han conservado los restos esquel ticos Fig 12 La consideraci n de estos osarios como enterramientos primarios parte del hecho de que en los Delibes de Castro et al 2012 48 Figura 12 Osario colectivo El Reinoso Monasterio de Rodilla Burgos mismos se conservan todas las partes del cuerpo sin excepci n incluyendo aquellos huesos que por su tama o se escapar an a una m nima selecci n de los mismos Esta circunstancia se aprecia bien en numerosos osarios como puedan ser los de Las Arnillas la Velilla la Tarayuela o la Sima II Larrarte Igaratza sur Los Llanos Pe a Guerra etc En ellos es frecuente observar algunas conexiones l biles esto es aquellas que conservan en conexi n anat mica articulaciones sumamente fr giles como puedan ser mu ecas falanges Por ltimo otro hecho que corrobora esta calificaci n de primarios es la presencia en proporciones similares y l gicas de casi todas las partes del esqueleto postcraneal Por otra parte el uso diacr nico de muchas de estas sepulturas se advierte por otra serie de circunstancias tambi n muy bien reflejadas en el relleno de muchas tumbas Nos estamos refiriendo al hecho de que es habitual observar remodelaciones del espacio interior y agrupaciones de huesos generalmente largos o cr neos que tienen su sentido en la necesidad de crear espacio para nuevas deposiciones A ello habr a que a adir el reiterado hallazgo de las mayores concentraciones seas en los per metros de los monumentos junto a las lajas de la estructura megal tica Tales ser an los casos del paquete de huesos largos f mures apilados junto a las lajas de la c mara de San Quirce o el nido de cr neos bajo una de las cubiertas del corredor de Las Arnillas sin que se hallase la parte correspondiente del esqueleto postcraneal Estas continuas deposiciones de individuos en unos sepulcros abiertos facilitan con cada nueva inhumaci n el desplazamiento y la mezcla de los huesos de los anteriores A todo ello hay que a adir
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el neol tico en las tierras del interior y septentrionales que en ciertas sepulturas La Velilla El Miradero y La Pe a de la Abuela y por razones diversas se advierte la existencia de esqueletos en conexi n anat mica en los niveles superiores del osario por tanto las ltimas deposiciones y con ello la constancia de que en el momento de su clausura por el fuego en el caso de El Miradero o La Pe a de la Abuela los esqueletos se encontraban en un diverso grado de p rdida de la sustancia blanda constat ndose que no debi pasar mucho tiempo entre la ltima deposici n y la clausura de la tumba En el caso de La Pe a de la Abuela se hallaron en torno a restos de huesos una gran acumulaci n de larvas pupas formando una l nea definida que deb a delimitar la zona en la que se encontraba la carne en torno a los huesos49 La ausencia de esta evidencia en el resto del osario nos indica que la clausura de la tumba se realiz poco despu s de esta ltima deposici n cuando este cuerpo al menos aun no hab a perdido las partes blandas En el t mulo toledano de El Castillejo50 parece apreciarse bien es cierto que a partir de una interpretaci n bastante optimista del registro una cierta tendencia a que los restos en origen detentaran siempre una misma posici n la tradicional posici n fetal que admiten pueden imaginar para los sepultados en Azut n En alguna ocasi n51 se ha defendido el hecho de la deposici n de difuntos en la tumba como un acto simult neo Ser a el caso de Los Morcales en Barbadillo del Mercado por cuanto en origen la tumba era una de esas estructuras perecederas casas de madera delimitada por troncos firmemente asentados en el suelo natural En el interior de la estructura se depositaron tres difuntos ocupando justo el extremo opuesto a la entrada Se depositan en c coras sobre su costado izquierdo y conservan pese a su calcinaci n perfectamente la conexi n anat mica A pesar de su proximidad ocupan cada uno un espacio diferenciado lo que nos permite atisbar su deposici n como un hecho simult neo y exclusivo Otra circunstancia que colabora en considerar el car cter simult neo es la disposici n del ajuar ubicado s lo en las proximidades de los difuntos no en el resto del espacio sepulcral aunque sin conexi n precisa con ning n individuo Adem s el remontaje de una buena parte de la industria l tica nos hace pensar en su fabricaci n in situ para la ocasi n Dicha tumba casa de los muertos se clausura mediante un fuego viv simo y sufre un posterior proceso de remonumentalizaci n para Stika 2005 295 y Fig 20 Bueno Ram rez et al 2010 174 51 Rojo Guerra et al 2002 24 y ss Delibes de Castro 2010 24 49 desempe ar de forma definitiva la primitiva funci n para la que fue concebida la de referente territorial del paisaje cultural del valle Esta circunstancia que se reafirm con la se alizaci n del monumento mediante una estela menhir de arenisca con el extremo visiblemente apuntado que aun se conservaba pr cticamente en el centro de la tumba al inicio de la intervenci n arqueol gica Otro ejemplo indudable de enterramiento simult neo lo tenemos en la tumba de San Ju n ante Portam Latinam donde hab a cientos de individuos en conexi n anat mica algunos de los cuales llevaban puntas de flecha clavadas en los huesos Aunque no es un enterramiento megal tico estricto sino un abrigo bajo roca su cronolog a de finales del IV milenio cal BC le sit an en paralelo con algunos de los monumentos m s espectaculares del megalitismo52 Otro aspecto interesante es el uso del fuego como parte activa y fundamental del proceso de clausura de las tumbas Tal circunstancia se repite con caracter sticas diferentes en El Miradero La Pe a de la Abuela La Sima I Los Morcales La Tarayuela El Rebolledo y El Portillo de los Ladrones Los tres primeros monumentos forman parte de lo que en su d a denominamos tumbas calero En origen se trata de unas caba as de piedra con cubiertas de falsa c pula por aproximaci n de hiladas es decir un aut ntico tholos El material del que est n construidos es en todos los casos la caliza y desde su construcci n fueron concebidas para ser quemadas y mediante pirolisis transformar la caliza en cal viva sellando as los muertos para la eternidad Posteriormente la tumba se remonumentaliza mediante la construcci n de un t mulo de piedras y la colocaci n de una estela menhir en el centro del mismo transformando as el monumento en un hito territorial que trasciende el tiempo No deja de ser interesante dentro del ritual funerario megal tico el empleo de ocre u otro tipo de sustancia de pigmentaci n rojiza En el Interior Peninsular tenemos buenos ejemplos de ello en el an lisis de nodulitos de xido de hierro en los yacimientos de Los Zumacales El Miradero algunos d lmenes de la Lora burgalesa y del soriano Valle de Ambrona Chan de Armada en Pontevedra Pe a Guerra I y II en La Rioja etc Igualmente el an lisis de un pigmento rojo aparecido en varias esp tulas seas de La Pe a de la Abuela y otros yacimientos del interior de la cuenca sedimentaria ha hecho considerar la posibilidad de que tales objetos sirvieran para espolvorear ocre en las ceremonias funerarias especialmente en La Velilla Palencia donde todo 50 Vegas Aramburu et al Dirs 2007 52 67
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  que en ciertas sepulturas  La Velilla, El Miradero y La Pe  a...
68 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica el osario presentaba una intensa coloraci n rojiza Un an lisis de esta sustancia depar la presencia de cinabrio pulverizado en morteros y debidamente decantado y lavado hasta su conversi n en bermell n en el sepulcro palentino de La Velilla53 Dos circunstancias hacen de este hallazgo algo excepcional el sulfuro de mercurio es un producto completamente ajeno a la litolog a de la zona con lo que implica que tuvo que ser importado al menos desde un centenar y medio de kil metros que es donde se encuentran los veneros m s pr ximos comarca de Ria o al norte de Le n La importante cantidad documentada decenas de kilos Ello hace plantearse la posibilidad de que fuera un material intencionadamente introducido en la tumba con la finalidad concreta de preservar los restos seos evitando la actividad de los microorganismos destructivos Tales pr cticas se se alan en determinadas comunidades precolombinas en momias embijadas de colorado en las que existen serios indicios de tratamiento con sulfuro de mercurio Arte y simbolismo El arte megal tico que en la d cada de los ochenta54 parec a exclusivamente focalizado en el Noroeste peninsular se nos presenta ahora como un fen meno generalizado aunque con distintas concentraciones por regiones Mientras en Galicia el sector occidental de la Cornisa Cant brica la Submeseta Sur y Extremadura los megalitos est n profusamente decorados mediante pintura o motivos incisos aplicados generalmente en c maras y corredores en la Meseta Norte Rioja Alavesa y Pirineo Oriental aunque no faltan ejemplos stos son aislados En la primera zona mencionada debemos decir que la pintura es la t cnica habitual cubriendo ortostatos de c mara y corredor Dombate Forno dos Mouros 5 en A Coru a Coto dos Mouros en Pontevedra y Dolmen de Santa Cruz en Asturias 55 en muchas ocasiones combinada con grabados Los motivos m s habituales son formas triangulares o en zig zag serpentiformes reticulados etc Frecuentemente los espacios pintados en rojo preferentemente aparecen delimitados en cuarteles por l neas en negro El color se aplica directamente sobre la roca o sobre una sustancia que regulariza la superficie y que suele ser de mineral disuelto en agua caol n o de alguna grasa animal como se ha se alado para el sepulcro de Dombate Fig 13 Mart n Gil J et al 1995 Delibes de Castro 2000 Shee Twohig 1981 55 Bello Di guez 1994 Carrera Ram rez 2006 Figura 13 Arte megal tico en el Dolmen de Dombate Cabana La Coru a Referencias Cebri n del Moral F Y ez J Lest n M Vidal F y Carrera F 2011 El Dolmen de Dombate Arqueolog a Restauraci n Arquitectura Diputaci n de A Coru a p 235 237 238 En las tierras interiores la presencia de alg n tipo de representaci n art stica es meramente testimonial como el caso de la pintura antropomorfa del dolmen de El Moreco en la Lora Burgalesa o los motivos zoomorfos solares y ramiforme en el corredor del sepulcro de Cubillejo de Lara tambi n en Burgos Bien distinta es la situaci n que se dibuja en la Meseta sur donde casi todos los d lmenes excavados en la provincia de Toledo muestran indicios de pintura grabados o esculturas siendo la decoraci n en palabras de Bueno y otros56 un componente b sico de los megalitos de la Meseta sur El equipo de investigadores de la Universidad de Alcal de Henares han encabezado un grupo de trabajo que ha tenido como eje principal de su actividad el estudio del arte megal tico ib rico a partir de la excavaci n de los d lmenes toledanos de Azut n y Navalc n Su referencia bibliogr fica es obligada as como las publicaciones realizadas en los ltimos a os57 Algunos de sus planteamientos y an lisis son los siguientes Las decoraciones de los d lmenes act an como demarcadores territoriales gr ficos ocultos a la visi n cotidiana lo mismo que el arte esquem tico al aire libre ocupa los lugares m s estrat gicos para la subsistencia Unos y otros se imbrican en el universo mental de estas poblaciones y sirven para reconocer la propiedad y probablemente la seguridad de tr nsi Bueno Ram rez et al 2005 174 Bueno Ram rez y Balbin Behrmann 1992 1994 1997 2000 y 2003 53 56 54 57
68  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  el osario presentaba una intensa coloraci  n rojiza. Un an  lisis de esta sus...
el neol tico en las tierras del interior y septentrionales to del territorio por el que se mueven de modo cotidiano los constructores de megalitos Se propone la interpretaci n de los soportes megal ticos como representaciones antropomorfas La compartimentaci n del soporte en bandas sim tricas horizontales o verticales en las que predominan los perfiles en ngulo agudo zig zag chevrons remite a estructuras semejantes sobre soportes mobiliares As por ejemplo las placas alemtejanas figuraciones antropomorfas cuya caracter stica es la respresentaci n del personaje al que representan tienen su transposici n bastante pr xima en los soportes dolm nicos de Azut n o Navalc n por ejemplo Igualmente la intenci n antropomorfa se manifiesta en la tendencia esteliforme de la talla de muchos ortostatos por ejemplo de Azut n Adem s de estas bandas sim tricas mencionadas algunos otros temas de este arte son los motivos circulares cazoletas muy habituales en Azut n Navalc n etc con una variedad similar a los circulares de tipo petroglifo cuya representaci n es menos habitual y solo se reconoce un ejemplo parecido en el ortostato 8 de Azut n Tanto el menhir de la estructura del lateral sur de Azut n como la estatua de Navalc n poseen cazoletas El primero asociado a una l nea que se interpreta como un cintur n y el reverso de la segunda completamente cubierto de cazoletas Otros temas geom tricos formas trapezoidales oblongas o rectangulares tambi n presentes en Azut n se han relacionado o buscado paralelos en el rea bretona El estudio e interpretaci n de estas graf as es necesario para establecer reconstrucciones integrales del megalitismo En palabras de Bueno y otros58 Cada uno de los soportes de Azut n es una estelamenhir en su configuraci n b sica como indica su vestimenta de dibujos geom tricos al estilo de la que portan las placas decoradas Probablemente representan figuras humanas que protegen los restos ancestrales insistiendo en una relaci n figura humana escult rica resto humano que refleja una concepci n muy pr xima a la de las figuras protectoras en las religiones convencionales Muchos de los ortostatos del dolmen del Navalc n son estelas menhires reutilizadas reivindicando una larga tradici n simb lica a la vez que manifiestan una fuerte conexi n con ejemplos del Algarve demostrando una interacci n notable entre el interior y las plataformas costeras La ubicaci n de estas estelas y mehires antropomorfos en la entrada de las c maras en monumen Bueno Ram rez et al 2010 180 58 tos como Navalc n o Guadalperal abundan en esta consideraci n de figuras humanas protectoras de los restos ancestrales Acceso a la tumba Sexo y edad Por lo que se refiere al rango de poblaci n que tiene acceso a las tumbas despu s de analizar algunos trabajos59 que han aportado datos sobre sexo edad y n mero de individuos inhumados en algunas de las tumbas megal ticas se desprenden las siguientes pautas Muy escasa representaci n de individuos infantiles circunstancia m s llamativa cuando los constatados en muchas ocasiones se incluyen dentro de la categor a Infantiles II de 5 a 12 a os Muy pocos individuos seniles por encima de los 40 a os por lo que estimamos esta edad o un poco menos como esperanza de vida de estas poblaciones El rango m s representado sin duda es el de adultos entre los 25 y los 40 a os La representaci n juvenil es moderada entre 12 y 25 a os y bastante normal en una poblaci n de comportamiento regular Por sexos claramente predominan los individuos masculinos sobre los femeninos lo que podr a representar un rasgo cultural ya que en los sepulcros en los que se constata una representatividad proporcional directa de la comunidad de los vivos suele ser con pocas variaciones en torno a 1 1 Sin embargo en un monumento La Sima II las cifras se invierten a favor del sexo femenino 3 masculinos frente a 9 femeninos Por tanto y con algunas excepciones los hombres reciben un tratamiento sepulcral preferente lo que pondr a de manifiesto unos comportamientos funerarios no paritarios para el conjunto de la colectividad que deposita a sus difuntos y de esta manera el osario en esos casos ser a el resultado inequ voco de un gesto sepulcral del todo intencional por el que se privilegia a un sexo sobre otro en la pr ctica f nebre En t rminos generales nos encontramos con una estructura demogr fica propia de poblaciones preindustriales donde la mayor a de la poblaci n fallece o bien antes de llegar a la edad adulta o bien poco despu s de superar tal intervalo de edad Si bien es cierto que la sensaci n de los osarios colectivos es la de un completo caos de huesos por lo general sin apenas conexiones anat micas entre los que se encuentran los elementos recurrentes de ajuar sin ning n tipo de orden ni asociados a indivi Velasco V zquez 2005 Nicklisch et al 2005 59 69
el neol  tico en las tierras del interior y septentrionales  to del territorio por el que se mueven de modo cotidiano los ...
70 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica duo alguno no es menos cierto que en determinadas circunstancias y en determinados yacimientos del interior se observan evidencias contrarias Tal es el caso de la tumba calero vallisoletana de El Miradero donde bajo una potente costra de cal se hallaron los restos en perfecta conexi n anat mica de una veintena de individuos Uno de ellos60 el n mero 7 se trataba de un var n adulto que mostraba una enorme concentraci n de objetos Sobresalen los 11 dolos esp tula de hueso que cubr an su cabeza un tercio de todos los encontrados en la tumba y junto a ellos l minas de s lex microlitos geom tricos una azuela m s de 4 millares de discos de piedra 4 dentalium y un tonelete de piedra que probablemente formaran parte de un mismo collar Estamos por tanto ante incipientes s mbolos de desigualdad y de tensiones disgregadoras de una sociedad tradicionalmente igualitaria posiblemente segmentaria en cuyo seno se van produciendo ya tensiones que preludian formaciones sociales cada vez m s complejas Pero si estos datos son interesantes lo son mucho m s el hecho de que en La Pe a de la Abuela y en la Sima II se hayan constatado aut nticas segregaciones espaciales dentro del recinto funerario principal61 En efecto en La Pe a de la Abuela se advierte una clara disimetr a en el espacio funerario Tomando como referencia la hipot tica entrada a la tumba a la izquierda se documentaron varias estructuras de piedra dise adas para individualizar determinadas inhumaciones En concreto dos cistas y hasta seis lajas de Guerra Doce et al 2009 Rojo Guerra et al 2005 piedra plana Este sector es el que se ha denominado rea noble frente a la parte derecha y el espacio central libre de estructuras donde se depositaron sucesivas deposiciones con el patr n caracter stico de los osarios colectivos En el rea noble las inhumaciones aparecen perfectamente individualizadas por medio de dos tipos de estructuras cistas y lajas planas Bajo algunas de estas lajas se descubrieron los restos carbonizados de aut nticas esterillas hechas de enea y mimbre que sirvieron a modo de sudarios en los que se envolv an los cad veres Algo similar ocurre en el tholos de La Sima II Una de las peculiaridades m s llamativas es la presencia de dos cistas geminadas en el interior del tholos situadas muy pr ximas a la entrada concretamente a la izquierda de la misma y adosadas al muro de la estructura Pensamos que tanto el parecido formal como estructural con las de La Pe a de la Abuela realizadas en los dos casos con areniscas compartieron tambi n similar significado en el mbito de lo cultural o lo ritual como un aporte simb lico al discurso ideol gico desarrollado en el contexto de cambio social que se manifiesta desde la segunda mitad del IV milenio hasta la primera mitad del III milenio AC Existen otras evidencias menos claras de ciertas segregaciones espaciales como se ha advertido para el dolmen de El Prado de las Cruces en vila a partir de la presencia en la c mara de ciertos bloques trabajados o para el t mulo de El Castillejo por la construcci n de una alineaci n p trea que coincide con las diferencias estructurales de bipartici n de los espacios interiores documentadas tambi n en la necr polis de cuevas artificiales del Valle de las Higueras 62 60 61 Bueno Ram rez et al 2005 174 62
70  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  duo alguno, no es menos cierto que en determinadas circunstancias y en determ...
Joan Bernabeu Aub n y Teresa Orozco K hler Hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal B C en la Iberia Mediterr nea La etapa comprendida a lo largo del IV y III milenios cal a C en la prehistoria del mediterr neo peninsular no resulta f cil de definir en este amplio marco geogr fico Si tenemos en cuenta que la implantaci n de la econom a neol tica basada en recursos dom sticos se fecha a mediados del VI milenio cal a C el transcurso de un ciclo largo cercano a dos milenios debe reflejar en el registro arqueol gico transformaciones de diversa ndole Tradicionalmente se considera que hacia el final del ciclo neol tico se desarrollan tendencias socioecon micas que impulsan el tr nsito hacia una mayor complejidad social que culminar en pocas posteriores con la cristalizaci n de jerarqu as ya a lo largo del II milenio Valorar los cambios que acontecen en el marco temporal considerado plantea ciertas dificultades atendiendo a la desigual cantidad y calidad del registro arqueol gico Un recorrido geogr fico va a poner de manifiesto la inexistencia de fronteras claras entre reas culturales Fig 1 incidiendo en una idea clave para valorar esta etapa el incremento de la interacci n y el contacto a diferentes escalas En las p ginas siguientes presentamos en unos apartados de car cter general asentamiento cultura material mundo funerario y simbolismo los elementos m s notables haci ndonos eco de los recientes trabajos y enfoques Patr n de asentamiento h bitat y subsistencia La instalaci n de asentamientos al aire libre en valles fluviales as como el uso de cavidades como lugar de h bitat est atestiguado desde los inicios del neol tico en el mbito mediterr neo En el rea septentrional a lo largo del V milenio se desarrolla la etapa denominada sepulcros de fosa o neol tico medio definida como un momento de consolidaci n y expansi n de las comunidades agropecuarias a partir de la existencia de poblados abiertos en zonas llanas B bila Madurell ser a un ejemplo el abandono de cuevas y abrigos y un registro funerario caracter stico inhumaciones en fosa Establecer el final de esta Universidad de Valencia jbauban uv es fase no es sencillo El inicio de una nueva etapa neol tico final se sit a hacia mediados del IV milenio a partir del repertorio material que muestra influencias del sur de Francia1 Las interpretaciones tradicionales sobre el patr n de asentamiento explicaban la invisibilidad de los registros del neol tico final y calcol tico a partir del abandono de los grandes poblados y una ocupaci n intensa de las reas de monta a Los datos actuales muestran que no hay una ruptura clara en el patr n de asentamiento la continuidad de las ocupaciones en algunos poblados del neol tico medio a lo largo del IV y III milenio es una realidad Al mismo tiempo aparecen nuevos asentamientos al aire libre Camp del Rector2 La Prunera3 Ca L Estrada4 Espina5 o Serra del Mas Bonet6 son algunos de los que han salido a la luz a trav s de intervenciones de urgencia o preventivas Los elementos estructurales que aparecen en los poblados corresponden principalmente a estructuras negativas de morfolog as tama os y funciones diferentes cubetas estructuras de combusti n fosas silos agujeros de poste un amplio repertorio coincidente a lo largo del mediterr neo peninsular y que en los ltimos a os incorpora nuevos ejemplos en la zona septentrional configurando una caracter stica de esta etapa m s frecuente de lo que hasta no hace mucho tiempo se supon a Se presentan aut nticos palimpsestos de dif cil interpretaci n en los que la dispersi n horizontal de las estructuras y o la existencia de diversos momentos de ocupaci n dificulta en ocasiones conocer la secuencia de construcci n uso y amortizaci n En muchos casos la gran dispersi n de restos y estructuras dificulta realizar estimaciones sobre la superficie ocupada por los poblados lo que impide su evaluaci n y comparaci n Las evidencias arquitect nicas son escasas de manera que son las estructuras de combusti n y la dispersi n o agrupaci n de restos materiales los que permiten definir reas de h bitat y 3 4 5 6 1 2 Mart n 2003 Font 2005 Alcalde et al 2005 Fort et al 2006 Piera et al 2009 Rosillo et al 2012
Joan Bernabeu Aub  n  y Teresa Orozco K  hler  Hacia las sociedades complejas  IV y III milenio cal B.C.  en la Iberia Med...
72 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 1 Localizaci n de los yacimientos citados en el texto 1 Serra del Mas Bonet 2 La Prunera 3 Costa de Can Martorell 4 Ca L Estrada 5 Regueres de Ser 6 Espina 7 Camp del Rector 8 Carrer Par s 9 Riereta 10 Reina Amalia 11 Cova de Can Sadurn 12 Costamar 13 La Vital 14 Ereta del Pedregal 15 Colata 16 Arenal de la Costa 17 Covad En Pardo 18 Niuet 19 Les Jovades 20 Cova de la Pastora 21 Illeta dels Banyets 22 Tossal de les Basses 23 La Torreta 24 El Prado 25 Camino del Molino 26 Molinos de Papel 27 Casa Noguera 28 Cueva Sagrada de actividad Las intervenciones recientes han permitido conocer la singularidad de ciertos restos como las grandes estructuras de combusti n rectangulares que se han reconocido en Ca l Estrada y Can Piteu cuyas dimensiones morfolog a y relleno tienen claros paralelos en el sureste franc s y cuya funci n m s probable se considera la cocci n de alimentos7 Los asentamientos no se localizan nicamente en valles interiores tambi n las zonas de costa est n ocupadas a lo largo del IV y III milenio a C como han evidenciado algunas intervenciones urbanas en Barcelona los yacimientos de Riereta8 y Reina Amalia9 presentan 9 7 8 Fort et al 2008 Carl s y Gonz lez 2008 Bordas y Salazar 2006 estructuras y materiales que muestran la ocupaci n a lo largo del neol tico final cuando se estima un entorno ecol gico altamente favorable con lagunas de agua dulce y la proximidad a la monta a de Montju c que proporcionar a recursos forestales La existencia de poblados en zonas costeras est bien atestiguada a lo largo de la geograf a como ejemplifican en un recorrido hacia reas meridionales los emplazamientos de Costamar10 La Vital11 o Illeta dels Banyets12 entre otros Hacia el sur contamos con un registro importante y conocido desde hace tiempo que muestra un patr n de asentamiento que se repite con ligeras va Flors 2010 P rez et al 2011 12 Soler 2006 10 11
72  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 1. Localizaci  n de los yacimientos citados en el texto  1. Serra del ...
hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal b c en la iberia mediterr nea riaciones junto a los yacimientos costeros referidos las comunidades ocupan desde mediados del IV milenio cal a C poblados de gran extensi n ubicados en zonas bajas o en fondos de valle junto a cursos fluviales o en las inmediaciones de reas endorreicas La cercan a a los recursos h dricos y la proximidad a terrenos favorables para la producci n agropecuaria son caracter sticas compartidas Son los denominados poblados de silos cuya existencia se documenta ya en etapas anteriores y que se generalizan a lo largo del IV y III milenio cal a C cuando se ocupan y ponen en explotaci n nuevas reas En ellos las estructuras excavadas silos fosas cubetas son uno de los elementos m s notorios y visibles del registro Colata13 Niuet14 Jovades15 o La Torreta16 son algunos ejemplos Fig 2 Este patr n de asentamiento alcanza hacia el sur la cuenca del r o Segura y el altiplano de Yecla Jumilla donde se localiza El Prado17 Ser en momentos avanzados del III milenio con el desarrollo del horizonte campaniforme cuando encontremos variaciones en el patr n de asentamiento a escala regional En el rea sur se desarrolla un modelo que combina la aparici n de enclaves en altura con amplia visibilidad sobre cuencas y valles que presumiblemente ejercen una funci n de control con poblados abiertos establecidos en zonas llanas que en ciertos casos contin an las ocupaciones desde momentos anteriores o son abandonados Al igual que en otras reas peninsulares la existencia de recintos de fosos que limitan un espacio es una realidad que est presente en el paisaje desde el final del neol tico hasta el horizonte campaniforme18 aunque todav a estamos lejos de conocer su significado y funci n Fig 3 Si bien los excavados hasta la fecha en tierras valencianas no son muy numerosos Niuet La Torreta Arenal de la Costa entre otros cabe destacar en el nordeste peninsular la localizaci n de una estructura de estas caracter sticas en Ca L Estrada19 donde el tramo exhumado presenta un recorrido sinuoso Este patr n de asentamiento no s lo es reflejo de un incremento demogr fico sino de la consolidaci n del sistema agr cola que pivota tanto sobre la puesta en explotaci n de nuevas tierras como sobre una reorientaci n del papel de la caba a ganadera En el mbito mediterr neo se confirma un repertorio variado de estructuras dedicadas en buena medida al almacenaje lo que habla de las pr cticas 15 16 17 18 13 14 19 G mez et al 2004 Bernabeu et al 1994 Bernabeu 1993 Jover 2010 Jover et al 2012 Bernabeu et al 2012 Fort et al 2006 productivas de estas comunidades que frente a horizontes anteriores muestran un incremento de la producci n agraria sostenido en el tiempo Los datos carpol gicos en el mbito meridional indican que a partir de mediados del IV milenio cal a C se detecta una reducci n de las variedades de cereales cultivados que ahora se concentran en los trigos desnudos Triticum aestivum durum la cebada desnuda Hordeum vulgare var nudum y leguminosas Esta reducci n responde no s lo a condicionantes ambientales sino tambi n al cambio hacia un modelo agrario extensivo se abandonan las pr cticas anteriores cultivo de diferentes especies y el trabajo se invierte en el cultivo de dos o tres especies de cereales ello debe estar compensado por un aumento de las cosechas que permita disponer de reservas20 Se atestigua en este momento la explotaci n de vegetales con fines no subsistenciales como el lino Linum usitatissimum que se ha recuperado ya transformado en algunos contextos funerarios Es dif cil cuantificar la producci n agraria pero las diferencias en la capacidad de almacenaje de los silos y su ubicaci n en el interior de un poblado as como la desigualdad en la capacidad de almacenar que se observa entre poblados responden a la conservaci n de una producci n excedentaria La gesti n de este producto refleja la din mica social de estas comunidades una distribuci n desigual de las estructuras con mayor capacidad tanto dentro de los poblados como entre aldeas que puede interpretarse como diferencias intra e intergrupales Como en otras reas de la Pen nsula Ib rica hay una intensificaci n de la actividad ganadera claramente patente desde mediados del IV milenio cal a C Esta intensificaci n no va dirigida hacia una especie determinada sino que hay una explotaci n complementaria y diversificada de las principales especies dom sticas oveja cabra b vidos suidos en algunos casos encaminada a la obtenci n de productos derivados La variedad de registros exhumados no facilita establecer con car cter general el papel tanto de la caba a ganadera como de las actividades cineg ticas En estos momentos est n bien documentadas patolog as seas en los restos de bovinos resultado de su explotaci n como fuerza de trabajo21 Nuestro conocimiento sobre la arquitectura de los espacios habitacionales es muy limitado y disponemos de una colecci n de datos heterog nea De manera general podemos rese ar la condici n perecedera de gran parte de los materiales constructivos madera ramajes ca as enlucidos de barro y la p r P rez y Carri n 2011 P rez Ripoll 1999 20 21 73
hacia las sociedades complejas  IV y III milenio cal b.c.  en la iberia mediterr  nea  riaciones  junto a los yacimientos ...
74 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 2 Plano de Les Jovades Cocentaina Alicante La mayor a de los asentamientos al aire libre muestran una amplia dispersi n de restos y estructuras que forman un aut ntico palimpsesto seg n Bernabeu et al 2006
74  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 2. Plano de Les Jovades  Cocentaina, Alicante . La mayor  a de los ase...
hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal b c en la iberia mediterr nea 2 3 1 Figura 3 Fosos y recintos de fosos de dimensiones muy variables aparecen en asentamientos al aire libre 1 La Vital Gand a Valencia 2 C La Pau Muro de Alcoy Alicante 3 Tros de la Bassa Planes Alicante Fotograf a de los autores dida de elementos arquitect nicos a reos paredes y cubiertas ello nos indica que la inversi n de trabajo en la construcci n y mantenimiento del espacio de h bitat es limitada En muchos casos el registro de las caba as se define por la presencia de agujeros de poste o estructuras de combusti n delimitando reas o plantas aproximadamente el pticas pero generalmente incompletas Ocasionalmente se identifican z calos de piedra en la construcci n del espacio habitacional en esta etapa Uno de los poblados tradicionalmente conocido por su arquitectura en piedra es Ereta del Pedregal que muestra muros rectil neos con z calos de piedra que definen grandes espacios aunque no se puede precisar con exactitud la planta de las estructuras22 El uso de mamposter a se reconoce en Illeta dels Banyets que presenta una caba a de planta ovalada con z calo de tierra y piedras tambi n las intervenciones recientes en El Prado han sacado a la luz la planta incompleta de tres caba as de tendencia ovalada con z calo de mamposter a23 Los datos son excesivamente parciales y no permiten reconocer diferencias significativas ni a escala de los asentamientos como tampoco entre poblados atendiendo a las viviendas Juan Cabanilles 1994 Jover et al 2012 Artesan as especializadas elementos singulares elementos de prestigio Resulta dif cil sintetizar las caracter sticas del repertorio material de manera conjunta entendiendo que las diferentes artesan as hablan no s lo del desarrollo tecnol gico de las comunidades sino tambi n de sus contactos e interacciones En la industria l tica tallada los rasgos que singularizan esta etapa son el desarrollo de las producciones laminares en especial de los soportes de gran formato y del retoque plano destinado a la confecci n de puntas de flecha y pu ales Fig 4 Estos instrumentos suelen estar confeccionados sobre s lex de calidad En efecto las grandes l minas de s lex son uno de los elementos m s representativos de este periodo y su car cter singular viene definido tanto por el alto grado de especializaci n que requiere su obtenci n para la que se ha identificado recientemente la talla por presi n reforzada o con palanca como por su presencia mayoritaria en contextos funerarios formando parte de los ajuares lo que les confiere cierta carga ritual o simb lica24 sin embargo se ha comprobado que buena parte de estos tiles se emplearon en actividades como el trabajo de la piel descarnado de animales modificaci n de alguna materia mine 22 23 Garc a y Juan Cabanilles 2009 24 75
hacia las sociedades complejas  IV y III milenio cal b.c.  en la iberia mediterr  nea  2  3  1  Figura 3. Fosos y recintos...
76 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 4 Cueva de la Pastora Alcoy Alicante Estas grandes l minas de s lex son caracter sticas de los conjuntos del IV y III milenio a C Fotograf a O Garc a ral pero tambi n se ha documentado el empleo de grandes l minas en las tareas de siega y procesado de cereales25 En el mbito mediterr neo la aparici n de las l minas de gran formato responde claramente a un fen meno de circulaci n de estos productos sobre el cual las investigaciones est n abiertas No debemos perder de vista que en este momento otras herramientas l ticas como los tiles pulimentados adem s de desarrollar nuevos tipos para realizar nuevas actividades permiten trazar interacciones a escala regional y peninsular a partir de la identificaci n de la materia prima26 Si atendemos al repertorio cer mico podemos considerar esta etapa como un mosaico donde el extremo septentrional muestra relaciones con el sureste de Francia atendiendo a las cer micas de tipo veraziense mientras que el extremo meridional habla de las relaciones con el rea andaluza considerando elementos diversos como las cer micas pintadas los vasos de yeso y otros testimonios Entre ambos extremos se desarrolla un mundo donde predominan las cer micas lisas con formas abiertas Hacia el final del periodo con la aparici n de las cer micas campaniformes de estilo internacional podemos rastrear un elemento unificador Los trabajos recientes de caracterizaci n petroarqueol gica realizados sobre cer micas campaniformes tanto en Catalu a27 como en tierras valencianas28 enfatizan la complejidad del fen meno al mostrar la existencia de producciones locales 27 28 25 26 Gibaja et al 2010 Orozco 2000 Clop 2007 Molina y Clop 2011 Tambi n se detecta un cambio en el repertorio de los elementos de adorno El inter s por la variscita pasa a ser testimonial coincidiendo a grandes rasgos con el declive de la explotaci n en las Minas de Gav Ahora los adornos personales van a ser elaborados mayoritariamente sobre soportes de distinta naturaleza conchas hueso marfil mbar lignito esteatita y metal oro y cobre En efecto el metal ha jugado siempre un importante papel en la definici n de este periodo equiparando durante mucho tiempo el inicio de la metalurgia con el inicio y desarrollo de la desigualdad social Se consideraba que la escasa presencia de recursos met licos en el entorno y la complejidad tecnol gica de la manipulaci n de minerales met licos incid an en la escasa relevancia de esta actividad en este marco geogr fico que quedaba limitada a la obtenci n de determinadas piezas met licas a trav s de los circuitos de intercambio En el caso del oro su presencia est limitada al nordeste peninsular donde aparece de manera t mida desde finales del IV milenio cal a C Las cuentas ureas de tipolog a y fabricaci n diversa recuperadas en contextos del neol tico final se interpretan como resultado de las interacciones entre esta zona geogr fica y el sur de Francia29 En cuanto a la metalurgia del cobre en esta zona los datos apuntan a un origen en el sur de Francia no s lo por las fechas m s antiguas de las explotaciones mineras del rea francesa sino tambi n por los paralelos tipol gicos y las interacciones culturales V raza Tre lles Ferri res y Fontbuisse que refleja la cultura material La primera producci n metal rgica en Catalu a Soriano et al 2012 29
76  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 4. Cueva de la Pastora  Alcoy, Alicante . Estas grandes l  minas de s ...
hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal b c en la iberia mediterr nea corresponde a momentos antiguos del ciclo campaniforme 2800 2350 cal a C y aparecen las piezas cl sicas punzones puntas hachas planas entre otros objetos La idea de la complejidad tecnol gica necesaria para la elaboraci n de estos objetos est superada se han recuperado materiales sencillos que permiten el procesado de este producto como los vasos horno o las toberas de cer mica entre otros En cuanto a la repercusi n de estas actividades en el seno de estas sociedades se considera que el conjunto de la comunidad participar a en las tareas de extracci n y procesado del mineral a trav s de peque as explotaciones a cielo abierto en algunos filones localizados en el territorio mientras que el resto del proceso metal rgico quedar a restringido a un grupo espec fico de personas30 Los datos recientemente obtenidos en tierras valencianas ampl an nuestra imagen sobre los primeros momentos de actividades metal rgicas evidenciando otras posibilidades En La Vital adem s de diversos objetos de cobre se ha recuperado metal en bruto y otros restos de actividades metal rgicas bolitas de metal gotas fragmentos de crisol en un contexto anterior a la aparici n de los primeros campaniformes La interpretaci n de los hallazgos de este yacimiento indica que el cobre bruto tal como se obten a en los lugares de producci n n dulos y bolitas era objeto de intercambio y su manipulaci n se realiz en el asentamiento en este caso el an lisis de los is topos de plomo sugiere la procedencia de otras zonas peninsulares y m s concretamente del rea en torno a Almizaraque31 Y aunque ambos modelos hablan de una actividad a peque a escala una pr ctica dom stica que deja escasos restos y quiz s espor dica en el tiempo no podemos obviar que la metalurgia es un elemento de diferenciaci n social especialmente el consumo de las piezas elaboradas Fig 5 Otra artesan a de escasa visibilidad en el registro son los textiles Tanto la manufactura del lino como quiz s la lana est n reflejadas en piezas como las placas de telar recuperadas en La Torreta o El Prado En este caso la singularidad no se define tanto por la complejidad tecnol gica de su producci n sino m s bien por el hallazgo de estos productos en contextos singulares formando parte de ajuares funerarios de relevancia como se detalla en el apartado siguiente Estos son algunos ejemplos que reiteran la importancia y el incremento notable en las relaciones de intercambio intergrupales en este momento Tambi n en el registro funerario se detecta un aumento en la distancia social lo que incide en la percepci n de la consolidaci n de algunas lites Soriano 2013 Rovira y Montero 2011 30 31 Figura 5 Hacha plana de cobre procedente de una tumba en silo del yacimiento de La Vital Gand a Valencia Fotograf a de los autores El mundo funerario Si hay una caracter stica que a grandes rasgos define el registro funerario del IV y III milenio cal a C es la inhumaci n m ltiple un concepto que admite un repertorio muy variado de pr cticas funerarias como veremos seguidamente La utilizaci n de cuevas naturales sepulcros megal ticos o covachas artificiales entre otros tipos de sepulturas y el desarrollo de rituales diversos no facilita su apreciaci n conjunta En el nordeste peninsular uno de los rasgos que caracterizaba el neol tico medio era la proliferaci n de enterramientos en fosa formando aut nticas necr polis En estos momentos se inicia la construcci n de las primeras estructuras megal ticas de car cter funerario El rito de inhumaci n individual o doble practicado es uno de los principales elementos diferenciadores frente al neol tico final calcol tico El apogeo del megalitismo en tierras catalanas se localiza a fines del IV milenio cal a C con la aparici n de los llamados sepulcros de corredor evolucionados o galer as catalanas y durante la primera mitad del III milenio con la construcci n de d lmenes sim 77
hacia las sociedades complejas  IV y III milenio cal b.c.  en la iberia mediterr  nea  corresponde a momentos antiguos del...
78 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica ples y cistas megal ticas32 La planta y dimensiones de estas arquitecturas funerarias son muy variadas y no se reconoce de forma clara una evoluci n entre los diferentes tipos de sepulturas En cualquier caso todas las variedades est n destinadas a recibir inhumaciones sucesivas ya sea a trav s de un rito de tipo primario o secundario Los hipogeos o cuevas artificiales son tal vez el tipo de sepultura que est recibiendo m s atenci n en los ltimos a os Al igual que las sepulturas megal ticas su apogeo se detecta a lo largo del III milenio cal a C y desaparecer n a partir del inicio de la Edad del Bronce la presencia de cer mica campaniforme en los hipogeos de la zona catalana se considera una constante33 La tipolog a y dimensiones de estas estructuras var a en funci n de la zona geogr fica y tambi n de la naturaleza de la roca en que son excavados granito arenisca granito descompuesto o saul arcilla Se considera que estas covachas con corredor o pozo de acceso son por lo general de peque as dimensiones y carecen de complejidad constructiva34 En Catalu a se han localizado en la zona costera y prelitoral Los hipogeos mejor conocidos son los excavados en fechas recientes Costa de can Martorell muestra la inhumaci n de unos 200 individuos en un corto lapso temporal entre los que el segmento de edad mejor representado son los adultos35 Llama la atenci n el escaso ajuar que se deposit en esta sepultura que comprende de forma casi exclusiva puntas de flecha en las que se reconocen fracturas de impacto lo que permite intuir un episodio de violencia Por el contrario la excavaci n del hipogeo de Carrer Par s de Cerdanyola36 muestra la deposici n de ajuares m s abundantes y variados junto a los inhumados puntas de flecha cer micas lisas y campaniformes evidenciando una tendencia diferente en el ritual El uso funerario de cuevas naturales es bien conocido en el mbito catal n y ya se documenta desde los inicios del neol tico Como ejemplo de la utilizaci n de cavidades con esta finalidad destacaremos el nivel 9 de la secuencia de Can Sadurn donde se localiza el dep sito de unas 300 inhumaciones primarias y sucesivas con ajuar del que forman parte puntas de flecha botones de marfil cer micas algunas campaniformes a lo largo del neol tico final calcol tico Las dataciones obtenidas en este yacimiento sit an este amplio periodo entre finales del IV y la primera mitad del III milenio cal a C 37 La presencia de es 34 35 36 37 32 33 Tarr s 2003 Tarr s 2003 Petit y Pedro 2005 Mercadal 2003 Franc s et al 2004 Mart nez y Edo 2011 tructuras de combusti n en este nivel hace pensar en acciones rituales o profil cticas Al igual que en otras reas peninsulares el uso del fuego en las sepulturas est bien atestiguado en el mediterr neo y afecta en ocasiones a los restos humanos de forma parcial Otra zona geogr fica en la que el registro funerario es bien conocido corresponde al rea central del mediterr neo Tambi n aqu aunque con un registro poco destacado se ha establecido que la utilizaci n de cuevas con car cter funerario pudo iniciarse en las primeras fases del neol tico38 La funci n sepulcral de las cuevas junto a la ausencia de arquitectura megal tica y un ritual espec fico inhumaci n m ltiple se consideran rasgos caracter sticos del IV y III milenio en tierras valencianas Tradicionalmente se ha considerado que este ritual se desdibujaba a lo largo del horizonte campaniforme cuando aparec an inhumaciones en fosas o silos al interior de los poblados preludiando de alguna manera la evoluci n hacia la Edad del Bronce Los trabajos recientes ponen de relieve un panorama de mayor complejidad Adem s del uso sepulcral de cavidades trabajos recientes indican que los enterramientos en el interior del h bitat tambi n se practican desde momentos anteriores al final del ciclo neol tico Esta sencilla forma de enterramiento est presente desde el V milenio a C quiz s reaprovechando estructuras excavadas con otro fin como muestran algunos yacimientos Costamar Tossal de les Basses39 y La Vital Las inhumaciones en silos o fosas en el espacio habitacional conviven con el periodo de desarrollo y utilizaci n de las cuevas de enterramiento m ltiples Las diferencias se aprecian no s lo en el tipo de sepultura sino tambi n en el ritual de deposici n En este caso enterramientos en estructuras excavadas el ritual identificado es variado en su mayor parte corresponde a inhumaciones individuales de car cter primario o secundario en ocasiones los inhumados aparecen pr cticamente enteros en otros casos son restos parciales Tampoco se rastrea una composici n clara de los materiales depositados como acompa amiento de los difuntos Fig 6 En un mismo territorio cabe encontrar poblados con sepulturas que contienen ajuares de cierta relevancia por ejemplo La Vital mientras que en otros poblados Arenal de la Costa los dep sitos son irrelevantes40 Adem s de estas dos situaciones el registro funerario muestra una mayor complejidad por un lado destaca la aparici n frecuente de restos humanos dispersos en los asentamientos sin una ubicaci n Bernabeu et al 2001 Rosser 2010 40 Garc a et al 2013 38 39
78  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  ples y cistas megal  ticas32. La planta y dimensiones de estas arquitecturas ...
hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal b c en la iberia mediterr nea Figura 6 Adem s de cer micas los ajuares funerarios ofrecen un amplio repertorio de adornos hechos de hueso s lex mbar lignito y de otros materiales Objetos del Neol tico Final Calcol tico de la Cueva de la Pastora Alcoy Alicante Fotograf a O Garc a ordenada y sin elementos de ajuar41 por otro cada vez es m s reiterativa la deposici n ritual de animales dom sticos en estructuras localizadas al interior de los poblados silos fosas aislados o acompa ando alguna inhumaci n Fig 7 Sin profundizar en el significado de las actividades o rituales que dan lugar a estos dep sitos vemos que cada vez con m s fuerza est n presentes en el registro de la Pen nsula Ib rica a lo largo del IV y III milenio En tierras valencianas las excavaciones recientes de cavidades funerarias como Cova d En Pardo42 as como la reevaluaci n de enterramientos m ltiples excavados a mediados de siglo pasado est n aportando nuevas perspectivas no s lo en cuanto a cronolog a o ritos sepulcrales sino tambi n al conocimiento de osteopatolog as y paleodieta de estas poblaciones Los Bernabeu 2010 Soler 2012 primeros resultados obtenidos remarcan el inter s de estas l neas de investigaci n en Cova de la Pastora un enterramiento colectivo bien conocido desde su descubrimiento en los a os 40 por el car cter especial que revisten las trepanaciones craneales se han identificado un m nimo de 59 individuos de los que buena parte corresponden al neol tico final El an lisis osteol gico ha puesto de relieve la incidencia de patolog as relacionadas con la salud oral caries p rdida de piezas dentales periodontitis y claras deficiencias nutricionales cribra orbitalia hiperostosis por tica sobre esta misma muestra poblacional el an lisis de is topos estables evidencia una dieta terrestre con altos niveles de prote na animal sin indicaci n de recursos marinos43 resultados a priori concordantes con los obtenidos para otras poblaciones europeas contempor neas sobre los que se sigue trabajando 41 42 McClure et al 2011 43 79
hacia las sociedades complejas  IV y III milenio cal b.c.  en la iberia mediterr  nea  Figura 6. Adem  s de cer  micas, lo...
80 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica de te ido depositada plegada junto a un cr neo44 La dataci n obtenida sit a estos hallazgos en el ltimo cuarto del III milenio cal a C 45 Figura 7 Restos de un b vido completo depositado en un silo cerca de una tumba femenina de La Vital Gand a Valencia Este tipo de dep sito ritual aparece en la Iberia mediterr nea en el IV y III milenio a C Fotograf a de los autores En el extremo meridional el mundo funerario se estructuraba a trav s de enterramientos en abrigos y cuevas o en estructuras megal ticas sin que se detectaran diferencias significativas en los contenidos entre ambos tipos de sepulturas Los enterramientos en sepulturas megal ticas se vinculan al rea andaluza y al desarrollo del mundo millarense tal como reflejan determinados elementos de la cultura material como los vasos de yeso y de piedra cer micas pintadas entre otros objetos Y aunque geogr ficamente se circunscriben a sectores occidentales de Murcia hay que destacar la coexistencia en el espacio con cavidades de uso sepulcral Aunque buena parte de los dep sitos sepulcrales del mbito murciano fueron excavados hace a os la notoriedad de algunos ajuares hace obligada su menci n La naturaleza del terreno margas yes feras ha posibilitado la conservaci n excepcional de objetos de naturaleza org nica en este rea posibilitando recuperar piezas singulares en algunos yacimientos de los que Cueva Sagrada es uno de los mejores exponentes En esta cavidad se registran al menos tres inhumaciones acompa adas de esteras cordeles y alpargatas de esparto Stipa tenacisima L restos de cuero recipientes de madera flores y fragmentos y una t nica de lino con evidencias Las investigaciones actuales reflejan tambi n en esta rea una pluralidad de rituales en el registro funerario calcol tico Entre las intervenciones recientes se alaremos el car cter excepcional de Camino del Molino una cavidad en la que se localiz un enterramiento m ltiple en el que se han reconocido un m nimo de 1300 individuos cuyas edades abarcan todos los segmentos de poblaci n con escasos objetos depositados como ajuar y acompa ados de 50 c nidos46 Se trata de un inmenso registro cuyo estudio permitir deslindar algunos de los aspectos menos conocidos de un enterramiento m ltiple como el n mero m nimo de individuos la asociaci n de buena parte de la cultura material conocer fases de uso y el proceso de deposici n de los dep sitos y manipulaciones posteriores visualizando de manera m s detallada el componente ritual Las primeras dataciones indican la utilizaci n de Camino del Molino en un lapso temporal de unos 350 400 a os que se enmarca en la primera mitad del III milenio cal a C Atendiendo a la cantidad de inhumaciones resulta llamativa la escasez de elementos de ajuar recuperados en este dep sito algunas hachas pulimentadas puntas de flecha y otros elementos de s lex muy pocos elementos met licos 17 punzones una punta y un pu al de leng eta Adem s de las inhumaciones m ltiples tambi n en esta zona los dep sitos funerarios en el espacio de h bitat utilizando estructuras de almacenaje silos como se documenta en los poblados de Casa Noguera y Molinos de Papel47 A buen seguro los trabajos en curso no s lo ampliar n los datos actuales sino que abrir n nuevas perspectiva de investigaci n sobre el mundo funerario La expresi n de las ideas el repertorio simb lico e ideol gico En la fachada mediterr nea encontramos una diversidad de expresiones simb licas y elementos de cultura material que permiten conocer no s lo el alcance de los contactos e interacciones facilitando la delimitaci n de diferentes territorios sino tambi n una aproximaci n al mundo ideol gico de las comunidades Hay que destacar la aparici n reciente en el nordeste de elementos singulares de arte megal tico estelas y estatuas menhires algunas con rasgos antro 46 47 44 45 Ayala 1987 Eiroa 2006 Lomba et al 2009 lvarez y de Andr s 2009
80  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  de te  ido, depositada plegada, junto a un cr  neo44. La dataci  n obtenida s...
hacia las sociedades complejas IV y III milenio cal b c en la iberia mediterr nea pomorfos Estas manifestaciones se enmarcan en la estatuaria europea del neol tico final calcol tico y se han recuperado tanto en contextos sepulcrales en los principales n cleos megal ticos como habitacionales48 El conjunto de estelas antropomorfas de Regueres de Ser las estelas de Serra de Mas d En Bonet as como las estatuas menhir de Ca l Estrada y Pla de les Pruneres stas con rasgos antropomorfos esquem ticos conforman un panorama de creciente complejidad y aunque se revelan como s mbolos con car cter propio y singular comparten rasgos con otros grupos figurativos pr ximos49 En Serra de Mas d En Bonet se descubrieron los restos de seis estelas fragmentadas en las estructuras habitacionales Su particularidad reside en la morfolog a trapezoidal y la presencia de dos ap ndices o cuernos tallados en un extremo Se descarta su consideraci n como simples elementos funcionales interpret ndose como representaci n relacionada con el toro50 Las investigaciones en curso en estos territorios se centran ahora en establecer la conexi n entre asentamientos al aire libre y sepulcros megal ticos as como el papel que tienen menhires y rocas con grabados como marcadores territoriales En el rea meridional uno de los ejemplos considerados para abordar el an lisis no s lo de los contactos sino de las manifestaciones simb licas son los motivos oculados que se expresan de manera muy diversa Este s mbolo aparece sobre soportes mobiliares de naturaleza variada hueso marfil madera caliza pizarra cer mica as como en las figuras rupestres pintadas y o grabadas y en monumentos megal ticos mostrando un dise o compositivo similar ojos y tatuaje facial lo que se entiende como la representaci n de un mismo tema o ideograma Fig 8 Su distribuci n enlaza un vasto territorio que comprende buena parte de la Pen nsula Ib rica a lo largo de IV y III milenios desde el sudoeste Portugal hasta el mediterr neo y centro evidenciando adem s de los movimientos e intercambio de objetos la circulaci n de informaci n a trav s de los contactos que se plasma en un repertorio iconogr fico compartido entre comunidades pr ximas y alejadas Ello subraya el inter s de profundizar en el conocimiento de estas redes a diferente escala a trav s de las cuales tambi n la ideolog a circula y penetra en los distintos territorios valorando su alcance en los procesos de cambio cultural Las redes de intercambios y contactos se pueden trazar a diferente escala y nivel A trav s de ellas debieron circular personas y objetos en algunos casos herramientas cotidianas en otros artesan as singulares y muy posiblemente un repertorio m s amplio de bienes Tarr s 2011 Moya et al 2010 50 Rosillo et al 2010 Figura 8 dolo oculado calcol tico de la Ereta del Pedregal Navarr s Valencia Fotograf a del Museu de Prehist ria de Val ncia que no han dejado evidencia en el registro arqueol gico El nordeste peninsular muestra relaciones con el sur de Francia pero tambi n hacia el sur como evidencia la circulaci n de herramientas pulimentadas del mismo modo desde el rea valenciana se rastrean interacciones con el rea del sureste ya desde los inicios del neol tico51 Esa larga duraci n temporal se entiende a partir de la creaci n de v nculos interpersonales del establecimiento y definici n de identidades o la construcci n de alianzas pero tambi n por el establecimiento y mantenimiento de desigualdades como puede reflejar el consumo de bienes de prestigio de uso restringido La fluidez de estas relaciones deriva de la variedad de objetos tecnolog as conocimientos y gentes que circulan a trav s de ellas Ahondar en su conocimiento ampliar nuestra visi n de estas comunidades 48 49 Orozco 2000 51 81
hacia las sociedades complejas  IV y III milenio cal b.c.  en la iberia mediterr  nea  pomorfos. Estas manifestaciones se ...
Francisco Nocete Las sociedades complejas IV y III milenio cal B C en la Iberia meridional Introducci n El periodo comprendido entre el IV y el III milenio AC ANE en el la Pen nsula Ib rica define una unidad hist rica un Tiempo Largo crucial y esencial en la explicaci n del posterior desarrollo hist rico de la propia Pen nsula Ib rica y de Europa Occidental y en la reflexi n sobre su presente y futuro Ello se debe a que de un lado supuso la emergencia de las denominadas primeras sociedades econ mica y pol ticamente complejas y con ellas una de las mayores fracturas de la historia de la humanidad el inicio del proceso hist rico que conduce a las formas y contenidos de la sociedad actual el origen del Estado De otro a que en l surgieron las principales contradicciones que a n nos envuelven aquellas que enfrentan a g neros clases territorios y a la propia sociedad con la naturaleza que precisamos explicar y transformar Y es que en este Tiempo Largo no s lo se defini la consolidaci n y posterior intensificaci n de las bases de la econom a agraria y la emergencia de las primeras grandes concentraciones poblacionales estables los primeros sectores artesanales y mineros especializados la circulaci n de materias primas y productos a gran escala la monumentalizaci n del espacio tumbas y ciudades y los primeros centros regionales de poder pol tico Tambi n fue el escenario de los primeros impactos y desastres ambientales de origen social deforestaci n poluci n el inicio del desarrollo desigual de territorios comunidades y seres humanos la aparici n de formas y relaciones sociales basadas en la desigualdad y explotaci n as como de los primeros medios expl citos de violencia destrucci n y coerci n armas fortificaciones Sin embargo el hecho de que el desarrollo e intensidad de estos cambios no fuesen homog neos en el tiempo y el espacio y no afectasen de igual forma a todas las sociedades aunque acabaron por involucrarlas nos exige m s all de un relato descriptivo de la diversidad dar prioridad en nuestro an lisis a la exploraci n de aquellos casos que identifican los primeros s ntomas de esta transformaci n toda vez que son los nicos que pueden explicar las causas Universidad de Huelva nocete uhu es potenciales de su origen las circunstancias en las que no ocurri la relaci n entre ambas y los procesos que generaron la forma y posterior incorporaci n del resto de las sociedades Uno de ellos quiz s el primero de Europa Occidental y de ah su ejemplaridad se halla en el Sur de la Pen nsula Ib rica Sin embargo la ejemplaridad del Sur de la Pen nsula trasciende la identificaci n de las primeras y m s complejas formas de organizaci n social de la Europa Occidental del IV III milenios AC ANE La variabilidad de sus ecosistemas costas marismas valles aluviales monta as etc permite evaluar la incidencia ambiental en el proceso La presencia de una de las principales fuentes de suministro de recursos agrarios Valle del Guadalquivir y las m s importante fuente de recursos minerales Faja Pir tica Ib rica de Europa Occidental examinar la incidencia de la intensificaci n agraria y minera as como su interacci n en el proceso Su ubicaci n en la encrucijada del Atl ntico y el Mediterr neo de Europa y frica analizar la forma e incidencia de factores externos Pero sobre todo su ejemplaridad se halla en la cantidad y calidad de la documentaci n emp rica y modelos de interpretaci n generados por la profunda transformaci n de su arqueolog a durante los ltimos 30 a os Si las dos ltimas d cadas del siglo XX y el primer lustro del XXI supusieron el inicio de esta transformaci n con la superaci n de la tradici n Hist ricoCultural desde nuevas corrientes te ricas Funcionalismo Materialismo Hist rico etc nuevas teor as sustantivas cross cultural estados pr stinos sociedad clasista inicial relaciones centro periferia etc y sobre todo nuevos marcos de evaluaci n emp rica excavaciones extensivas an lisis territoriales que permitieron incorporar a un debate tradicionalmente sustentado en el Sureste y los Millares los registros del Valle del Guadalquivir y la Faja Pir tica Ib rica del Suroeste y con ellos reconocer la existencia de una mayor complejidad del proceso1 los ltimos a os del siglo XXI y en plena recesi n de Espa a y su investigaci n han sido cruciales A pesar de hallarse entre la espada de los recortes y la pared de unos lobbies fuera y dentro 1 1 Chapman 2008 Nocete 2001
Francisco Nocete   Las sociedades complejas  IV y III milenio cal B.C.  en la Iberia meridional  Introducci  n El periodo ...
84 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica desarrollo desigual de las sociedades Paralelamente y en su correlaci n con el an lisis de materias primas redimensionar las escalas temporales y espaciales de la circulaci n de productos e interacci n intersocial Al identificar relaciones directas entre los asentamientos reconocer la existencia de tramas regionales suprarregionales y transcontinentales Al identificar relaciones directas entre los modelos sociales que ejemplificaban las formas de desarrollo desigual reconocer la existencia de relaciones de jerarqu a dependencia o divisi n t cnica y territorial del trabajo Figura 1 Localizaci n de los asentamientos centrales documentados mediante excavaciones extensivas y an lisis sistem ticos de los principales sistemas de jerarquizaci n territorial del Sur de la Pen nsula Ib rica 3200 2500 AC ANE Faja Pir tica 1 Cabezo Jur Bajo Guadalquivir 2 Valencina y 3 Carmona Alto Guadalquivir 4 Alcores y Albalate 5 beda Sureste 6 Los Millares de la administraci n que al confundir la Historia con sus historias personales y el Patrimonio con el suyo propio han convertido a la tutela p blica en un modelo de especulaci n cultural que permite la destrucci n del registro arqueol gico cuando entra en conflicto con la especulaci n urban stica y que s lo auspicia la conservaci n restauraci n falsos hist ricos y reinterpretaci n desde los discursos simb licos de la arqueolog a de la primera mitad del siglo XX vintage symbolism de sus elementos m s monumentales megalitoman a astron mica o art stica para crear tramoyas y escenarios de discursos complacientes de pasados gloriosos dirigidos a la publicidad institucional o negocios tur sticos la investigaci n focalizada en estudios arqueom tricos interdisciplinares ha generado un volumen cantidad y calidad de documentaci n emp rica que ha permitido redimensionar las escalas tecnol gicas y evaluar sus efectos sociales y ambientales pero sobre todo las escalas interpretativas al establecer correlaciones contrastables tiempo espacio interacci n El desarrollo de series radiocarb nicas intensivas en la variabilidad de los principales tipos de asentamiento y territorios del III IV milenios AC ANE en el Sur de la Pen nsula Ib rica2 ha permitido realizar una evaluaci n m s precisa del proceso hist rico Desde la diacron a identificar la emergencia y desarrollo de los primeros sistemas sociales complejos en los valles aluviales Desde la sincron a poner fin a la tradici n evolucionista que ordenaba la complejidad de los sitios en funci n del tiempo y reconocer la existencia de un 2 C mara et al 2012 Molina et al 2004 Nocete et al 2010 2011 De ah se desprende una propuesta de periodizaci n arqueol gica que priorizando los procesos de cambio de las sociedades m s din micas del Sur aquellas que ocuparon los valles aluviales y a los efectos que generaron en cuantas otras se desarrollaron a su alrededor pretende resumir los tiempos sociales del proceso hist rico que encierra el Tiempo Largo del IV III milenios AC ANE del Sur de la Pen nsula Ib rica 3800 3200 Cal AC ANE El origen de las primeras formas de organizaci n pol tica Desde el VI milenio AC ANE comienza a materializarse un desarrollo desigual entre las sociedades que habitaban las cuevas el Sur y las que resid an en asentamientos al aire libre en reas de recursos predecibles y constantes o en ecotonos de recursos variables como las marismas de la costa atl ntica a tenor del incremento en la complejidad social que debi suponer en las ltimas el inicio de concentraciones poblacionales o la erecci n de los primeros menhires que llevo a definirlas como sociedades tribales organizadas mediante linajes tot micos Sin embargo la fragilidad de estos sistemas que indica la ausencia de continuidad temporal de las concentraciones poblacionales y su limitada capacidad para producir excedentes almacenables y duraderos hizo que el desarrollo desigual no culminase hasta que a inicios IV milenio AC ANE se consolidasen las bases de la econom a agraria y se iniciase la conquista sistem tica de los valles aluviales Aunque el estado actual de la investigaci n no permite concluir si los cambios en la estructura social relaciones y contradicciones de las primeras sociedades de linaje provocaron la conquista de los valles aluviales crecimiento demogr fico necesidad excedentes predecibles y duraderos o la conquista de los valles aluviales la transformaci n social lo cierto es que hacia el 3800 AC ANE el igual desarrollo de las sociedades hab a finalizado con el inicio de un proceso que fue el causante de las primeras estructuras pol ticas De Oeste a Este las columnas pol nicas de Villa Real de Santo Antonio en Portugal Mari L pez en
84  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  desarrollo desigual de las sociedades. Paralelamente, y en su correlaci  n co...
las sociedades complejas iv y iii milenio cal b c en la iberia meridional Figura 2 Fortificaciones en los asentamientos de Los Millares Fot M A Blanco Cabezo Jur Alcores y La Junta Fot Grupo MIDAS III Milenio Huelva Laguna Medina en C diz Siles y Pontones en Ja n Baza y Laguna de R o Seco en Granada San Rafael y Sierra de Gador en Almer a3 se alan que tras el ptimo Holoceno mes filo 7500 5000 BP se identifica una progresiva xerofitizaci n del paisaje que ir haci ndose extensiva y progresiva a trav s de los valles fluviales hasta alcanzar las tierras del interior a inicios del III milenio AC ANE En l la presencia de plantagus y rumex el aumento de ruderales y la reducci n pino frente al incremento de cerealia indica que no fue el clima el factor determinante del cambio en la din mica vegetal sino el social con unas pr cticas agr colas cada vez m s extensivas e intensivas que se reflejan en los incrementos de las tasas de erosi n y en los niveles de fitoplancton de los estuarios Su coincidencia con los ritmos de intensidad y direccionalidad de los procesos de ocupaci n a lo largo de los valles aluviales sugiere esta relaci n a la par que una din mica colonizadora que se inici y fue especialmente intensa a trav s de su principal cuenca La Depresi n de Guadalquivir En ella los registros arqueol gicos de los asentamientos4 se alan su vinculaci n con econom as agrarias aunque plurales en su gesti n de los recursos vegetales y animales plenamente consolidadas Sin embargo la confirmaci n de este proceso la ha proporcionado el estudio sistem tico de los registros pol nicos carpol gicos arqueozool gicos y cronol gicos de la secuencia ininterrumpida del asentamiento de beda Ja n 5 que se inicia en el segundo cuarto del IV milenio AC ANE y donde se documenta la correlaci n entre continuidad y crecimiento del asentamiento con un ritmo constante entre el incremento de la actividad agraria y la deforestaci n a lo largo del IV III II y I milenios AC ANE Frente a ella otra larga y paralela secuencia la del asentamiento de Montefr o Granada 6 muestra la otra cara del desarrollo desigual las peque as comunidades agroganaderas de h bitat semitroglodita de las Sie 6 4 5 3 Carri n 2012 Fletcher et al 2007 Nocete 2001 Nocete et al 2010 Molina et al 2004 85
las sociedades complejas  iv y iii milenio cal b.c.  en la iberia meridional  Figura 2. Fortificaciones en los asentamient...
86 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica rras B ticas con una limitada acci n en el entorno y en las que los cambios tecnol gicos y sociales que se desarrollaron a lo largo del VI y III milenio AC ANE en los valles aluviales resultan limitados y tard os cuando no ausentes No obstante este proceso que se inicia en los grandes valles aluviales tuvo impl citos otros El primero una tendencia hacia el crecimiento y concentraci n poblacional en asentamientos estables y duraderos que conllev la disposici n y derivaci n de fuerza de trabajo hacia sectores productivos no agrarios El segundo una tendencia a la afirmaci n de la comunidad frente al exterior enfatizando una propiedad y territorialidad disuasoria mediante el enterramiento de animales y antepasados dentro junto a los asentamientos y la construcci n de zanjas defensivas que gener procesos de conflictividad externa El tercero una tendencia hacia desarrollo progresivo de linajes biol gicos y locales diferenciados en las formas y distribuci n de las reas de habitaci n enterramiento y en la progresiva sustituci n de la inhumaci n individualizada por osarios grupales que derivar en el incremento de la competencia y el conflicto interno El cuarto una tendencia a focalizar la instensificaci n agraria sobre producciones predecibles duraderas y almacenables como la cebada y la gesti n de especies animales dom sticas cerdos ovic pridos b vidos y quidos con capacidad de generar junto a un abastecimiento c rnico controlable producciones derivadas leche lana tiro tracci n etc que dotan al sistema de estabilidad crecimiento y mayor complejidad organizativa El quinto una tendencia a incrementar la circulaci n de materias primas y o productos manufacturados desde monta as que bordean los valles aluviales a fin de suplir la carencia de los soportes necesarios para materializar el instrumental agrario molinos azadas hoces etc dom stico artesanal taladros escoplos etc y el que materializa la expresi n de las relaciones sociales adornos grandes hojas talladas y representaciones ideomorfas que favorece la integraci n territorial Su desarrollo e interrelaci n a lo largo del IV milenio AC ANE condicionar la evoluci n de las formas v as y l mites de relaciones sociales De un lado determinaron que las primeras formas pol ticas se articulasen en los valles intensificando la producci n agraria y bajo formas modulares de asentamien tos independientes y competitivos por el control del territorio la fuerza de trabajo y las redes externas de circulaci n de materias primas y productos De otro una transformaci n gradual de las sociedades situadas a su alrededor especialmente aquellas ubicadas en las fuentes de suministro de materias primas y o productos que circulan favoreciendo el inicio de una divisi n t cnica y territorial del trabajo y nuevas formas y relaciones de producci n Por ltimo la emergencia hacia el 3200 AC ANE de sistemas pol ticos plurilocales basados en la jerarquizaci n entre asentamientos donde la disimetr a entre comunidades y linajes ser creciente y se reproducir en y desde la disposici n del principal medio de producci n la fuerza de trabajo humana la monopolizaci n del control sobre la circulaci n de materias primas y sus econom as artesanales derivadas as como de los medios de coacci n reproducci n ideolog a y destrucci n defensa y represi n 3200 2500 Cal AC ANE Los primeros sistemas territoriales jerarquizados Las secuencias cronol gicas de las columnas pol nicas del Sur de la Pen nsula Ib rica documentan que a partir del 3200 AC ANE el impacto social en el medio se aceler exponencialmente Su extensi n a los territorios interfluviales de Andaluc a Oriental Sierra de Gador o altiplanos de Baza y del Suroeste Faja Pir tica Ib rica y su intensificaci n en los valles provocaron el incremento en las tasas de erosi n y la formaci n de barras litorales en las cuencas de drenaje Sin embargo en este proceso intervienen m s factores que un mero incremento en el espacio agrario De un lado los an lisis pol nicos carpol gicos arqueozool gicos y pirol ticos en vasijas de almacenaje de los asentamientos de los valles se alan el desarrollo de sistemas m s diversificados eficientes e intensivos de explotaci n agroganadera donde destacan la presencia de vid olivo poaceas y encinares articulaciones de cereales y leguminosas que sugieren sistemas complejos rotaci n de producci n la colonizaci n de nuevos suelos el uso de b vidos en labores de tiro y o tracci n o el incremento de producciones secundarias como malta aceites esenciales y derivados l cteos y textiles De otro la emergencia de sistemas territoriales jerarquizados entorno a grandes asentamientos 10 ha dotados de complejos sistemas defensivos y en algunos casos de cementerios organizados alrededor de tumbas monumentales como Millares Amer a en el Sureste7 o Valencina Sevilla Carmona Sevilla y Albalate Alcores 7 Molina y C mara 2005
86  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  rras B  ticas, con una limitada acci  n en el entorno, y en las que los cambi...
las sociedades complejas iv y iii milenio cal b c en la iberia meridional Figura 3 Necr polis de Los Millares Fot M A Blanco c mara y corredor de la tumba de La Pastora en Valencina Fot M A Blanco y t mulo original de la tumba 1 de Soto Fot Grupo MIDAS III Milenio 87
las sociedades complejas  iv y iii milenio cal b.c.  en la iberia meridional  Figura 3. Necr  polis de Los Millares  Fot. ...
88 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 4 Horno metal rgico de Cabezo Jur Fot Grupo MIDAS III Milenio Ja n en el Valle del Guadalquivir8 se ala que la intensificaci n econ mica est relacionada con una profunda transformaci n en la forma y escala de la organizaci n social El desigual tama o y acceso a las fortificaciones de los asentamientos que jerarquizan las redes territoriales su posici n central sobre las mejores tierras y sobre los enclaves de mayor defendibilidad y control visual y la aparici n de asentamientos especializados en el control del territorio sugieren un cambio cualitativo respecto al modelo que les precede M s all de una afirmaci n de la comunidad frente al exterior la movilizaci n interna de excedentes y fuerza de trabajo se alan el desarrollo desigual y el conflicto en los valles y el ejercicio m s que simb lico disuasorio de formas pol ticas supralocales basadas en la jerarqu a y el control externo respecto a otras comunidades del territorio y la propia fuerza de trabajo Pero paralelamente el acceso desigual de los residentes de los asentamientos que jerarquizan las redes intersociales a los medios defensivos murallas a las primeras grandes visibles y monumentales construcciones funerarias y al consumo y almacenaje cisternas almacenes de alimentos y productos artesanales especialmente a aquellos de procedencia externa almejas y pescado de origen marino marfil etc sugieren que el desarrollo desigual el conflicto y la jerarquizaci n al interior de la sociedad fueron los causantes de jerarquizaci n territorial Adicionalmente que escapa a la din mica de una simple y competitiva sociedad tribal y se aproximan a las relaciones tributarias y clasistas de una incipiente forma de estado9 8 9 Nocete 2001 Molina et al 2004 Molina y C mara 2005 Nocete 2001 Sin embargo en estos sistemas jerarquizados una de sus contradicciones la constante demanda de productos de procedencia externa provocar a su mayor transformaci n como consecuencia de las nuevas formas y relaciones de sociales que gener su gesti n En las sociedades perif ricas a los valles donde se hallan las fuentes de suministro de los productos que circulan provocar la emergencia de comunidades especializadas en procesos de extracci n minero canteros y producci n En las sociedades de los valles la aparici n de nuevos sectores artesanales y nuevas relaciones sociales vinculadas a su gesti n consolidaron las disimetr as internas y externas al ampliar las relaciones de dominio entre individuos y asentamientos en funci n de la capacidad de generar excedentes agrarios y controlar las redes de circulaci n Entre ambas la emergencia de formas de interacci n basadas en la divisi n t cnica y territorial del trabajo y el desarrollo en una posici n perif rica de los valles y en su salida hacia la principal v a de comunicaci n el mar de los mayores asentamientos de cada sistema Millares en el Mediterr neo y Valencina en el Atl ntico al convertirlos en puertas entrada y salida de productos y materias primas Este proceso que se documenta en la miner a de la piedra de las formaciones sil ceas de los Sistemas B ticos y en las formaciones de chert y tufitas de la Faja Pir tica del Suroeste10 alcanz su mayor complejidad e impacto social con el desarrollo de la metalurgia La metalurgia no s lo supuso la irrupci n de un sistema productivo cuyo mantenimiento excedentes agrarios forestales etc y complejidad t cnica miner a pirot cnia etc aceler por si mismo el desarrollo de las fuerzas productivas Su efecto multiplicador se hizo notar en otros sectores de la producci n como los vinculados al trabajo de la piedra del hueso marfil el alfarero o el textil al proveerlos de instrumentos mediadores m s eficientes Sin embargo su principal contribuci n y la que lo convertir a en el principal sector estrat gico y term metro de la complejidad social se desarroll en la esfera pol tica al crear relaciones sociales m s complejas y dependientes vehicular la disimetr a en y entre los asentamientos y generar producciones orientadas a la reproducci n de la desigualdad como las armas de cobre o los ornamentos de oro Ello determina que aunque iniciase su intensificaci n a finales del IV milenio AC ANE en los distritos mineros perif ricos de los valles aluviales como la Faja Pir tica del Suroeste a inicios del III milenio AC ANE acabase siendo controlada desde la acci n Mart nez et al 2012 Nocete 2004 10
88  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 4. Horno metal  rgico de Cabezo Jur  .  Fot. Grupo MIDAS III Milenio ....
las sociedades complejas iv y iii milenio cal b c en la iberia meridional pol tica de sus receptores As lo expresa la progresiva circulaci n de materia prima y el desarrollo de la actividad metal rgica en todos los grandes asentamientos del Sureste y Valle del Guadalquivir y que la escala del abastecimiento la intensidad y complejidad t cnica de la producci n dependiera m s que de su distancia a las fuentes de suministro de su capacidad de generar excedentes la relevancia de sus liderazgos y su posici n en el armaz n de jerarqu a territorial11 En el Valle del Guadalquivir casos como Carmona centro primado de territorio muy jerarquizado comenzar antes dicha actividad e implementar sistemas de abastecimiento de varias fuentes de suministro tecnolog as eficientes con hornos toberas y crisoles y reas de producci n especializadas Por el contrario casos como beda centro regional de forma menos jerarquizada iniciar mucho despu s esta actividad y articular sistemas de suministro basados en una fuente de abastecimiento tecnolog as de producci n simples sin hornos toberas o crisoles y reas de producci n a escala dom stica Por ltimo los asentamientos posicionados en el ltimo nivel de las estructuras de jerarquizaci n territorial no acceder n a las materias primas y nicamente implementen actividades relacionadas con el mantenimiento y reciclaje de artefactos Ello provoc otro proceso adicional un desarrollo desigual entre el Este y el Oeste del Sur de la Pen nsula Ib rica al convertir el rea donde confluyen el principal distrito minero de Europa Occidental Faja Pir tica Ib rica y el principal valle aluvial del Sur Depresi n del Guadalquivir con las principales v as internas R o Guadalquivir y externas Oc ano Atl ntico de comunicaci n en el espacio de mayor innovaci n intensidad y complejidad de la producci n metal rgica y con ella de las relaciones sociales En la Faja Pir tica Ib rica se desarroll el sistema de control y gesti n de los recursos minerales de mayor complejidad especializaci n e intensidad de todos los distritos mineros de Sur de La Pen nsula Ib rica y Europa Occidental Su complejidad y especializaci n se refleja en una divisi n t cnica y territorial del trabajo organizada desde una red fortificada de asentamientos dirigidos a controlar la circulaci n de los recursos como La Junta 0 25 ha y factor as como Cabezo Jur 2 ha 12 orientadas a transformar las mineralizaciones masivas cobre y aportes aluviales oro mediante una tecnolog a extractiva de hornos toberas crisoles y temperaturas superiores a 1200 C y la manufacturaci n de artefactos en cadenas operativas complejas tratamientos mec nicos y Nocete et al 2011 Nocete 2006 Nocete et al 2011 11 12 t rmicos 13 Su intensidad se refleja en la r pida y casi completa deforestaci n comarcal que registran las columnas pol nicas y sobre todo en los niveles y escala regional de la poluci n que registran los moluscos y sedimentos de todas sus cuencas de drenaje14 La ausencia de indicadores semejantes en el rea oriental de Andaluc a hasta el inicio del II milenio AC ANE confirma tanto su nivel de especializaci n e intensidad como el desarrollo desigual de ambos territorios En la desembocadura del Guadalquivir se desarroll el mayor 300 h asentamiento del Sur de la Pen nsula Ib rica al convirtiese ese lugar en la principal puerta de entrada de materias primas de origen suprarregional tufitas chert calizas ool ticas silicificadas cinabrio m rmol marfil f sil cobre oro mbar etc y transcontinental huevos de avestruz marfil de elefantes africanos y asi ticos etc y en un centro de transformaci n intensiva y especializada de las mismas en productos De estos sectores productivos el m s importante por su escala complejidad intensidad especializaci n e incidencia en el resto fue el de la metalurgia La actividad metal rgica se documenta en la mayor parte del asentamiento materializando junto a mbitos de producci n de escala dom stica amplios y especializados barrios artesanales dotados de una divisi n t cnico espacial del trabajo y una tecnolog a hornos crisoles toberas similar a la identificada en las factor as del distrito minero de la Faja Pir tica Sin embargo los sistemas de abastecimiento de materias primas y la producci n de estos barrios identifican procesos de mayor complejidad e intensidad15 incluyendo la producci n de oro met lico16 Los an lisis isot picos de los minerales identifican un abastecimiento m ltiple de escala regional que afectan a todas las fuentes de suministro situadas en un radio de 100 km Sus residuos un volumen muy superior a cualquiera de los registros documentados en Europa17 Sus productos una variabilidad que afect tanto a la elaboraci n de artefactos de orientaci n dom stica agujas punzones cuchillos como a herramientas para otros sectores econ micos anzuelos escoplos sierras e incluso a la fabricaci n de los productos de distinci n social como armas jabalinas hachas de grandes dimensiones y ornamentaciones en oro Adicionalmente la capacidad de atraer otros sectores artesanales altamente especializados a los que provee de instrumental como en el caso del taller dedicado a la transformaci n de Bayona 2008 S ez et al 2003 Delgado et al 2012 Leblanc et al 2002 Nocete et al 2005b 15 Bayona 2008 Inacio et al 2011 Nocete et al 2008 16 Nocete et al 2014 17 Bougarit 2007 13 14 89
las sociedades complejas  iv y iii milenio cal b.c.  en la iberia meridional  pol  tica de sus receptores. As   lo expresa...
90 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 5 Tobera 14 cm procedente de contexto metal rgico Cabezo Jur Fot F J Nocete Figura 6 Crisol 16 cm procedente de contexto metal rgico Cabezo Jur Fot F J Nocete marfil de elefante asi tico registrado en uno de sus extremos18 barrio artesanal19 en sus tumbas centrales tambi n identifica la existencia de un sistema econ mico y social institucionalizado dirigido a reproducir y perpetuar la distancia social ya que adscribe tanto estos productos como los sectores artesanales que los fabricaron a esta funci n y a la minor a social que los monopoliza Un contexto residencial ubicado en el centro del asentamiento alejado de las reas artesanales sugiere adem s que este sistema se bas en una relaci n de explotaci n al identificar que fue un grupo social que no particip en proceso de producci n alguno no productor quien tuvo el acceso a las producciones de oro destinadas a reproducir y perpetuar la distancia social y a las de cobre tres hachas con un peso superior a 4 kg que expresan la exhibici n de la violencia20 Sin embargo la mayor trasformaci n que generaron estos sistemas artesanales altamente especializados y vinculados directa o indirectamente con la metalurgia aconteci en la esfera social al crear y reproducir las relaciones sociales m s complejas verticales y desiguales del Sur de la Pen nsula Ib rica La producci n metal rgica a tiempo completo en factor as especializadas y desvinculadas de producci n subsistencial como Cabezo o en el barrio metal rgico de Valencina no s lo aceler el desarrollo de la complejidad social al requerir formas de organizaci n pol tica m s complejas para regular la divisi n t cnica y territorial del trabajo que expresan y que la sustenta Lo transform completamente al articular y reproducir con y desde ellas las relaciones clasistas y de explotaci n de una forma inicial de estado En Valencina la variabilidad de sus sistemas funerarios y su relaci n con los productos generados en estos sectores artesanales indica una distancia y disimetr a social que sobrepasan una simple relaci n jer rquica entre linajes Frente a los sistemas funerarios soterrados al interior del asentamiento que albergan los osarios de generaciones de hombres mujeres y ni os la construcci n al exterior de visibles necr polis alrededor de grandes y monumentales tumbas tholoi como La Pastora Matarrubilla Ontiveros y Montelirio no s lo materializan espacios p blicos de poder pol tico al exhibir desde su jerarquizaci n constructiva y espacial un modelo de relaciones sociales que ha superado las estructuras grupo genero edad etc de linaje a favor de individuos destacados La exclusiva presencia de los productos de oro y marfil manufacturados en el En factor as como Cabezo Jur cuyo abastecimiento subsistencial depend a del exterior las clases y las relaciones explotaci n se hicieron m s expl citas antag nicas y conflictivas ya que los no productores al ejercer un control exclusivo sobre el almacenaje almacenes cisternas silos de alimentos ejercieron un dominio total de todo el proceso productivo al disponer tanto de la subsistencia de los productores como los mecanismos de circulaci n hacia el exterior de sus productos Ello les permiti una alimentaci n tres veces superior a cualquier unidad de consumo de los artesanos metal rgicos o el acceso en r gimen de exclusividad a los bienes de producci n interna oro o provenientes del exterior almejas aceites esenciales vasos de caliza etc que reproducen la distancia social Sin embargo les oblig a reservarse el uso de los medios de destrucci n armas y residir en un recinto fortificado en la cumbre del asentamiento21 Nocete et al 2013 Nocete et al 2014 Nocete et al 2014 21 Nocete 2006 19 20 Nocete et al 2013 18
90  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 5. Tobera  14 cm  procedente de contexto metal  rgico. Cabezo Jur    F...
las sociedades complejas iv y iii milenio cal b c en la iberia meridional Otro rasgo de este proceso y que tendr unas consecuencias de enorme importancia en su desarrollo posterior fue su car cter expansivo y su tendencia a constituir sistemas de interacci n territorial cada vez m s amplios Aunque las formas de aprovisionamiento de fuerza de trabajo y materias primas sugieren la existencia de unidades pol ticas jerarquizadas pero independientes la aparici n de grandes asentamientos puerta de entrada como Valencina o Millares y la circulaci n de productos y materias primas que generan indican su car cter abierto y la superposici n de redes de interacci n m s amplias que acabar n por constituir grandes sistemas al hacer depender de ellos y sus productos la reproducci n de cada unidad pol tica El mayor de todos fue el que se desarroll tras Valencina en el Suroeste y Bajo Guadalquivir al involucrar directamente y en una escala suprarregional y jer rquica tanto a otros sistemas jerarquizados situados en el Valle como a los territorios mineros de su periferia S lo la escala de circulaci n de las materias primas relacionadas con su intensa actividad metal rgica sugiere un territorio de intervenci n econ mica que supera un radio de 100 km De su car cter expansivo pudo derivarse la red de peque os asentamientos fortificados situados entre l y los sistemas pol ticos m s peque os que emergieron en el Guadiana al oeste con Torrao o al norte con la Pijotilla y en el Algarve con Alcalar22 y que sugieren posibles fronteras Sin embargo y de existir estas fueron permeables ya que no frenaron la intensa circulaci n de unos productos que llegaron a afectar a todos los centros jer rquicos del Sur y en especial a sus grupos dominantes homogeneizando sus s mbolos identitarios tholoi productos e iconograf as y permitieron la formaci n de redes intersist micas mas mplias Prueba de ello es la presencia de grandes hojas de tufita de las canteras de la Faja Pir tica en Millares y La Pijotilla o la enorme e intersist mica distribuci n de las grandes hojas de caliza ool tica del Subb tico23 En esta estructura abierta y expansiva podr amos incluir la distribuci n del marfil de elefante africano y asi tico24 y con ella la apertura a otros sistemas extracontinentales en los que Valencina tendr una posici n relevante y activa ya que en lugar de acceder a productos manufacturados accedi a la materia prima y se convirti en un centro de producci n y distribuci n Sin embargo la acci n expansiva sobrepas la mera circulaci n de productos La estructura jerar Nocete 2001 Lozano et al 2010 Nocete et al 2005a 24 Schumacher 2012 Figura 7 N dulo de oro 6 mm procedente de fundici n gold casting spill Valencina Fot F J Nocete quizada y la divisi n t cnica y territorial del trabajo que estos sistemas implementaron tambi n provoco un proceso espacial de relaciones y contradicciones centro periferia que explica la transformaci n gradual formaci n de sistemas de linajes incremento de la desigualdad que materializan las necr polis megal ticas de las sociedades situadas a su alrededor25 su relaci n integraci n resistencia marginalidad con ellas y al final su propio colapso 2500 2200 Cal AC ANE Crisis colapsos y transformaci n El final de los primeros sistemas territoriales jerarquizados Las dataciones radiocarb nicas se alan que en el 2200 AC ANE los dos mayores asentamientos que jerarquizaron la ordenaci n territorial del Sureste y Suroeste Valencina y Millares mediante procesos diferentes se hab an colapsado Sin embargo ello no fue ni un hecho casual ni el efecto de singulares cat strofes naturales de terremotos o tsunamis26 que de ser correctas sus magnitudes sin duda debieron contribuir a ello El colapso paralelo de los grandes asentamientos del Guadiana y Algarve27 y su relaci n con los procesos de crisis que preceden al de Millares y Valencina as como el hecho de que las formas y organizaciones sociales que liderar n el desarrollo hist rico del II milenio AC ANE del Sur emerjan en sus periferias se alan que sus colapsos tuvieron tanto una relaci n directa con los l mites y contradicciones de los sistemas que Millares y Valencina hab an creado como con los del propio sistema en s Nocete 2001 Nocete y Peramo 2010 Abril et al 2013 Molina y C mara 2005 27 Nocete 2001 22 25 23 26 91
las sociedades complejas  iv y iii milenio cal b.c.  en la iberia meridional  Otro rasgo de este proceso, y que tendr   un...
92 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Hacia el 2500 AC ANE y tras haber alcanzado su m ximo desarrollo una transformaci n completa de su sistema ideol gico relacionada con la desaparici n de las denominadas cer micas simb licas aparici n del campaniforme mar timo y una escalada en la actividad defensiva del poblado y los fortines que lo circundan marca el inicio de la crisis de los Millares Esta actividad se incrementa tras el 2400 AC ANE para culminar en el 2220 AC ANE con su total abandono en un clima de especial conflictividad que se refleja en la coincidencia de la implementaci n de mayor sistema defensivo el confinamiento de la poblaci n al reducto defensivo ciudadela del poblado y sus fortines la presencia de armas met licas y la paralela emergencia perif rica de nuevos centros y formas de poder m s atomizadas y desiguales como los identificados en la altiplanicies granadinas y especialmente en los territorios que dar n origen a las sociedades arg ricas Aunque ello advierte de un proceso interno de relaciones y contradicciones centro periferia a escala regional al coincidir con el final de las grandes redes y formas de circulaci n de materias primas y productos que lo relacionaban con el Mediterr neo y el Suroeste y la apertura de nuevas redes de circulaci n de m s restringidas y vehiculadas hacia el Alto Guadalquivir sugiere que su colapso no estuvo exento de factores externos entre otros otra crisis de mayor escala que tuvo su origen en el Suroeste y en Valencina Hacia 2500 y coincidiendo como en Millares con las presencia del campaniforme mar timo se inicia la crisis de Valencina la progresiva desmantelaci n de sus redes de circulaci n de materias primas la reducci n de su tama o y de la construcci n de sus grandes tumbas monumentales28 Sin embargo su naturaleza y escala fue muy diferente la crisis y posterior colapso de la miner a y metalurgia intensiva de todo el Suroeste En el 2500 AC ANE no s lo entra en crisis Valencina con el desmantelamiento de sus barrios metal rgicos y el inicio de formas y sistemas productivos de menor escala y m s controlados por las clases dominantes lo hab a hecho tambi n la totalidad de la actividad minera y metal rgica en la Faja Pir tica En ella la intensa y compleja red de asentamientos que articul su gesti n desaparece la producci n intensiva de sus factor as metal rgicas como Cabezo Jur se colapsa y con ello se inicia la recuperaci n de la cobertura arb rea a escala comarcal que documentan las series pol nicas y el desplome de la poluci n a escala regional que documentan los sedimentos y seres vivos de todas las desembocaduras de su red de drenaje Hacia el 2400 AC ANE se incrementa la tendencia con una dr stica reducci n del tama o del asentamiento y en el 2200 AC ANE C ceres et al 2014 28 Figura 8 Productos met licos del contexto habitacional de la calle Trabajadores en Valencina Hachas de cobre longitud mayor 35 cm y l mina de oro Fot F J Nocete el declive es total Valencina aunque no se abandona como Millares tiene una ocupaci n residual En los grandes asentamientos de su entorno como Soto se construyen las ltimas grandes tumbas y en lo que fueron las factor as metal rgicas de la Faja Pir tica Como Cabezo Jur s lo quedan peque os grupos dedicados a actividades agrarias con una metal rgica residual de escala dom stica y dirigida al mantenimiento de herramientas Por ltimo la cobertura arb rea y la poluci n se sit an en los niveles previos del IV milenio AC ANE29 Aunque en esta crisis y colapso no debemos descartar una causalidad derivada de las contradicciones y l mites de sostenibilidad ambiental deforestaci n y social incremento de la divisi n t cnica y territorial del trabajo y la desigualdad que un sistema tan complejo e intensivo como el de la metalurgia del Suroeste debi causar en formas pol ticas aun fr giles y con aparatos de coerci n limitados existe otro factor que podr a explicarlo y que al igual que en Millares aconteci en la periferia de este sistema en el Alto Guadalquivir Y es que mientras se produce este proceso de crisis en el Suroeste y Bajo Guadalquivir los sistemas pol ticos que emergieron su curso Alto en el IV milenio AC ANE basados en los desarrollos agrarios m s intensivos no s lo continuaron sino que incrementaron su complejidad implementando tras el 2300 AC ANE formas territoriales m s jerarquizadas Alcores Nocete et al 2011 29
92  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Hacia el 2500 AC ANE, y tras haber alcanzado su m  ximo desarrollo, una trans...
las sociedades complejas iv y iii milenio cal b c en la iberia meridional Figura 9 Lugar central de Valencina de la Concepci n Sevilla con reas funerarias perif ricas Seg n F J Nocete Albalate beda con asentamientos dependientes de colonizaci n agraria y control del territorio y disimetr as internas sustentadas en la propiedad privada y la sujeci n de la poblaci n30 Adem s incrementaron sus sistemas de producci n metal rgica interna y la actividad minera en los distritos de Sierra Morena y Linares La Carolina hasta el punto de generar en el 2200 AC ANE redes de asentamientos dedicados a la circulaci n de mineral a orillas del Guadalquivir y grandes asentamientos asociados a su producci n intensiva como Marroqu es31 que se convierten en nudos de interacci n situados entre las estructuras pol ticas que jerarquizaron el territorio Adicionalmente y junto al cobre se inicia la explotaci n de un Nocete 1994 Nocete et al 2010 C mara et al 2013 Nocete 2001 Nocete et al 2011 30 31 nuevo recurso que vendr a implementar la materializaci n de las nuevas m s individuales y ampliadas formas de expresi n de la desigualdad la plata Ello nos permite introducir una variable adicional y crucial para la explicaci n de la crisis y colapso de Valencina y Milllares el crecimientos de los sistemas pol ticos del Alto Guadalquivir y la basculaci n Oeste Este de la actividad minera y metalurgia m s intensiva El estudio comparado de las secuencias de poluci n metal rgica del Suroeste y Alto Guadalquivir resulta reveladora al hacer coincidir en el 2200 AC ANE la m xima recesi n en la contaminaci n de la primera con el inicio de la contaminaci n en la segunda32 Leblanc et al 2002 Nocete et al 2005 Delgado et al 2013 vs Garc a et al 2013 32 93
las sociedades complejas  iv y iii milenio cal b.c.  en la iberia meridional  Figura 9. Lugar central de Valencina de la C...
94 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Estos cambios ayudan a explicar el complejo mapa hist rico que se desarrollar tras el 2200 AC ANE y que marcar la denominada Edad del Bronce Un entramado de formas sociales m s desiguales violentas y descentralizadas que frente al colapso generalizado del Suroeste tendr n como protagonistas al Sureste y la Alta Andaluc a y donde sus dos mayores sistemas El Argar y las sociedades del Alto Valle convertir n el control de las minas del Alto Guadalquivir y su plata en el centro de la geopol tica del Sur a la v a Levante Sureste Alto Guadalquivir en el nuevo gran eje de interacci n y movimientos poblacionales y a los territorios que envuelve en un complejo mosaico de sociedades donde los rasgos de unos y otros se entremezclan33 Pero paralelamente nos aportan una explicaci n m s general De un lado la prioridad que en el proceso general tuvieron las sociedades agrarias de los valles sus sistemas centrados en el control de la fuerza de trabajo pr stinas generadoras de excedentes y demandas carentes de colapsos y sus relaciones y contradicciones centro periferia al ser las causantes de la emergencia y colapso perif rico de las formas m s complejas y desiguales de organizaci n econ mica y social y los primeros grandes sistemas pol ticos tambi n lo ser n de los que se desarrollen a finales del II milenio AC ANE y que devolver n el protagonismo al Suroeste De otro la fragilidad de estos ltimos al no alcanzar un control pol tico m s all del que permiti el de la circulaci n de sus productos Por ltimo y lo que nos devuelve al inicio de este texto y al presente los efectos de sistemas econ micos y pol ticos basados en una jerarquizada divisi n t cnica y territorial del trabajo al llevar al l mite la sostenibilidad ambiental y social incrementar la dependencia y desigualdad entre seres humanos y territorios y convertir a sus contradicciones y efectos en la base de su colapso y su posterior transformaci n34 Deseo expresar mi agradecimiento a los Drs F Molina y J A C mara por facilitar mi acceso a la documentaci n m s reciente de la investigaci n desarrollada en el Sureste de la Pen nsula Ib rica A J M Vargas por facilitar el acceso a la documentaci n gr fica de Valencina A F J Nocete por su trabajo en la elaboraci n de la documentaci n gr fica Por ltimo al Dr Almagro por su apoyo y confianza para participar en esta obra 34 Nocete et al 2010 33
94  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Estos cambios ayudan a explicar el complejo mapa hist  rico que se desarrolla...
Germ n Delibes de Castro El Calcol tico en la Meseta y su orla atl ntica Intensificaci n econ mica y avance de la vida sedentaria 3200 2500 cal a C El presente estudio pretende analizar el comportamiento de las sociedades que entre las ltimas centurias del IV milenio y el 2400 cal a C ocuparon las tierras que grosso modo constituyen el cuadrante noroeste de la Pen nsula Ib rica Un espacio que cubre pr cticamente la totalidad de la altiplanicie central peninsular la Meseta pero tambi n el litoral Cant brico y la orla occidental atl ntica portuguesa en este caso solo al norte de la desembocadura del Tajo Un tiempo que cubre la fase intermedia del Subboreal periodo fr o en sus inicios que se fue progresivamente templando hasta la oscilaci n t rmica y rida del evento 4 0 ka BP Y una fase en el desarrollo social que contempla sobre todo la consolidaci n de la vida campesina neol tica coincidiendo con una fuerte intensificaci n econ mica y con un avance muy acusado de la vida sedentaria hecho este ltimo especialmente visible en la dotaci n infraestructural de los poblados Otra gran novedad fue sin duda la aparici n de la metalurgia acontecimiento que nos introduce en una etapa nueva de la Prehistoria la Edad del Cobre aunque seguramente a diferencia de lo que sucede por esas mismas fechas en el mediod a de la Pen nsula la primera fundici n no tuvo en estas latitudes una honda repercusi n en el mbito instrumental y en la renovaci n de los medios productivos habiendo de esperarse hasta finales del III milenio con el despegue del fen meno del Vaso Campaniforme para que el cobre se extienda Marco geogr fico paleoambiental y cronol gico a Los condicionamientos del medio El espaciomarco del estudio no es una unidad natural del todo homog nea por lo que se imponen algunas aclaraciones Su denominador com n m s convincente radica en su condici n exclusivamente atl ntica ya que toda su red hidrogr fica los peque os r os de la banda septentrional m s Mi o Duero Mondego y Tajo vierte al oc ano Atl ntico o a su entrante Cant brico Sin embargo por razones relativas a su particular desarrollo hist rico las cuencas del Gua Universidad de Valladolid delibes fyl uva es Figura 1 Labores prehist ricas en la mina de El Aramo Asturias a ca 1200 metros de altitud Secuencia de pilares troncoc nicos y de b vedas en el sector Punto de partida Fotograf a M A de Blas diana y del Guadalquivir pese a su car cter asimismo atl ntico no tienen cabida en nuestro estudio Desde el punto de vista de la geomorfolog a y del clima el espacio acotado es bastante diverso1 su n cleo es la altiplanicie central de la Meseta de origen paleozoico cuya altitud 700 m de media contrasta con la de los bordes litorales perif ricos atl ntico y cant brico Son 210 000 km2 casi la mitad de la superficie de Espa a de z calo paleozoico de pizarras cuarcitas y granitos que solo en sus zonas m s deprimidas del Duero y del Tajo presentan un liviano tapiz de sedimentos arcillosos cenozoicos a la postre esencial para su aprovechamiento agr cola Un basti n en t rmino de Macpherson que limita al este con la depresi n del Ebro al norte con el murall n de la Cordillera 1 Cabo y Vigil 1973
Germ  n Delibes de Castro   El Calcol  tico en la Meseta y su orla atl  ntica  Intensificaci  n econ  mica y avance de la ...
96 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Cant brica y su cinta litoral y al oeste con el escal n de las Beiras situaci n que tiene repercusiones en el aspecto clim tico dado que todos estos relieves junto con la latitud de la Pen nsula cerca del tr pico de C ncer condicionan las temperaturas y los flujos de las borrascas atl nticas En l neas generales se reconocen en la Pen nsula tres dominios clim ticos distintos con contrastes de enorme influencia en el desarrollo de las respectivas actividades agrarias2 el Atl ntico propio del Cant brico Galicia litoral y norte de Portugal de temperaturas benignas a lo largo de todo el a o y una pluviosidad elevada m s de 1000 mm al a o en Gij n y Oporto el Continental de la Meseta que dada su altitud se caracteriza por fuertes heladas en invierno y un d ficit h drico notable debido a las altas temperaturas estivales y a las dificultades que encuentra la entrada de las borrascas del oeste menos de 600 mm de lluvia y el Mediterr neo con mayor temperatura media anual el invierno es suave y el verano especialmente caluroso y precipitaciones irregulares m s bien escasas que afecta a la mayor parte de la cuenca mediterr nea pero tambi n al sur de Portugal a Extremadura y a toda Andaluc a El escenario del presente trabajo participa solo por tanto de los dos primeros dominios y la singularidad del tercero nos concede un nuevo argumento para dejar fuera del presente trabajo el estudio de las comunidades prehist ricas del suroeste b Marco paleoambiental El Calcol tico Precampaniforme se desarrolla durante la fase Subboreal seca y c lida aunque algo m s fresca que el periodo precedente el Atl ntico En esta etapa del Holoceno se producen no obstante importantes oscilaciones vinculadas a variaciones en la actividad de las manchas solares3 de las que a escala europea hay constancia en datos procedentes de fuentes tan heterog neas como los glaciares alpinos la palinolog a los is topos de ox geno en columnas de hielo groenland s o las variaciones de C14 en los anillos arb reos Todas ellas evidencian una situaci n declaradamente fr a y h meda antes del 3200 cal a C 4 la cual fue torn ndose m s c lida y seca hacia el 3000 cuando comienzan a sentirse los primeros efectos del evento 4 0 ka BP coincide con un aumento de las herb ceas Poaceae es decir un fuerte impacto de la acci n humana pero al tiempo desaparecen las hayas especie propia de climas h medos prueba de que el proceso de desecaci n no fue solo antr pico7 Y en este mismo registro hacia 2400 cal a C se observa un evidente descenso de la muestra de polen reflejo de una merma de vegetaci n hecho que no puede atribuirse solo a las actividades agropecuarias pues descienden tambi n los indicadores de actividad ganadera como el llant n o las aster ceas En definitiva un periodo clim tico de transici n desde una etapa fr a y h meda en el Neol tico Final a otra c lida y seca ya en el Campaniforme de la que tambi n hay constancia en el Noroeste como colof n de un atemperamiento progresivo del clima que en sus momentos m s ridos redujo al m nimo las precipitaciones8 c Marco temporal Los l mites anterior y posterior del periodo fijado coinciden con hechos tan objetivos como la implantaci n de la actividad metal rgica y el surgimiento del campaniforme Este ltimo ya operaba en la Pen nsula Ib rica a partir de la mitad del III milenio cal a C y a sus fechas nos remitimos9 Y en cuanto a la implantaci n de la metalurgia del cobre dejando aparte el testimonio demasiado aislado de Cerro Virtud10 nos es suficiente con saber que a fines del IV milenio cal a C ya se registran testimonios de fundici n claros en ciertos poblados portugueses del rea del Guadiana como San Bras o Sala 111 Desde entonces y de forma escalonada a lo largo de la primera mitad del III milenio los secretos de la metalurgia se extendieron hacia el norte y el interior de la Pen nsula seguramente aprovechando los circuitos neol ticos de distribuci n de bienes de prestigio El clima del Calcol tico peninsular se caracteriza pues por un progresivo aumento de la aridez y de las temperaturas5 de lo que en la Submeseta Norte dan cuenta los palinogramas de diversos yacimientos calcol ticos de vila sensible avance de los pastizales xer filos6 y de la turbera de Espinosa del Cerrato sta en el centro de la cuenca del Duero hacia 3000 cal a C se registra una gran reducci n de polen arb reo que Por ltimo aunque en un estudio sobre los inicios de la Edad de los Metales resulte inevitable destacar la importancia del cobre no est tan claro que el acceso a los primeros fundidos desencadenara una revoluci n de los medios productivos Los m ritos tecnol gicos del descubrimiento de la metalurgia son evidentes y no puede negarse que la Edad del Cobre supuso un gran paso adelante en la evoluci n social creci la demograf a se multiplic el terrazgo se consiguieron excedentes antes nunca conocidos se invirti fuerte en unos poblados adaptados a las necesidades de la vida sedentaria sin embargo est por demostrar que el motor de todos esos cambios fuera la metalurgia circunstancia que explica por qu en determinados casos se duda de si los yacimientos 4 5 6 9 10 11 2 3 Lautensach 1962 Eddy 1977 Geel et al 1998 545 Cacho et al 2010 14 Fabi n 2006 449 452 7 8 Franco M gica et al 2001 354 355 F bregas et al 2003 862 R os et al 2012 Ruiz Taboada y Montero 1999 Hunt y Hurtado 1999 291 293
96  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Cant  brica y su cinta litoral, y al oeste con el escal  n de las Beiras, sit...
el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c del tr nsito IV III milenio cal a C corresponden a un Neol tico Final o ya a la Edad del Cobre El hecho tecnol gico de la fundici n El primer arque logo espa ol en reivindicar la existencia de una Edad el Cobre previa a la del Bronce fue F M Tubino en 1876 aunque su verdadero defensor fuese J Vilanova y Piera quien a ra z del congreso internacional de Lisboa de 1880 comenz a utilizar los t rminos Edad del Cobre Calcol tico o Eneol tico para referirse a aquella etapa de la historia en la que el hombre con el auxilio del fuego logr convertir ciertas piedras los minerales de cobre en metal En la Pen nsula Ib rica los balbuceos de la metalurgia se remontan como sugiere el testimonio ya citado de Cerro Virtud al 4000 cal a C pero la fundici n de cobre solo se consolid en las ltimas centurias del IV milenio y sobre todo a lo largo del III12 El experimento exig a por un lado disponer de carbonatos y xidos de Cu y por otro cierto dominio pirotecnol gico pues se precisan algo m s de 1000 de temperatura para reducirlos La tradici n investigadora en Espa a ha tendido a considerar estos secretos de la metalurgia fruto de una transferencia de conocimiento desde el exterior cuyos responsables habr an sido los mismos colonos del Egeo a los que se atribuy la aparici n de las fortificaciones abastionadas de tipo Los Millares Vila Nova de S Pedro13 Hoy por el contrario prevalece la idea de una invenci n local independiente sobre la base tanto de la antig edad de los experimentos de Cerro Virtud como de la singularidad de la tecnolog a de fundici n acreditada en el extremo oeste del Mediterr neo14 La originalidad tecnol gica consiste en el uso a modo de hornos de simples escudillas de barro que cargadas de carb n vegetal y de mineral desmenuzado permit an una reducci n de este ltimo no completa pues el cobre no se separaba limpiamente de la ganga sino que quedaba aprisionado en la escoria bajo la forma de filamentos y goterones Luego la rotura de la vasija y el triturado posterior de la masa escori cea facilitaba la liberaci n de los restos de metal como paso previo a su refinado en crisoles Un procedimiento primitivo como este utilizando vasijas horno desarrollado en peque os talleres y poco compatible con producciones de metal de gran escala ser a el que rigi en los inicios de la Edad de los Metales en la Pen nsula15 14 15 12 13 Rovira y Montero 2013 Kunst 2013 Delibes y Montero 1997 Montero 2005 Rovira y Montero 2013 Figura 2 Vista desde el sureste de la barbacana de la fortificaci n de Zambujal Torres Vedras Portugal Fotograf a M Kunst archivo D DAI MAD MK DG 18 2012 493 Frente a esta imagen los documentos de Cabezo Jur Huelva y de Valencina de la Concepci n Sevilla16 apuntan en la estela de lo defendido tiempo atr s para Los Millares a un modelo m s centralizado bas ndose en la existencia en Valencina de un barrio de fundidores con numerosos hornos complejos centenares de crisoles y toberas y decenas de kilogramos de mineral de cobre de diversos criaderos del suroeste Como contrapunto del modelo anterior aqu estar amos ante un gran centro metal rgico al servicio no solo de los habitantes del propio yacimiento sino de todo un mercado exterior revelando la existencia de una sociedad compleja con especialistas Un reciente recuento que eleva el n mero de los yacimientos ib ricos del III milenio con restos de fundici n a 10917 aporta datos interesantes a este debate M s de la mitad de los sitios siempre con un n mero alto de evidencias se concentran al sur del Tajo lo que se compadece con la idea de que la importancia de la metalurgia super all a la de las tierras peninsulares m s septentrionales pero ni siquiera esto es garant a de que los poblados fortificados de Estremadura tan importantes en la definici n de la Edad del Cobre en Portugal actuaron como din micos centros de producci n de cobre Los datos de un yacimiento tan intensamente excavado como Zambujal resultan reveladores El peso de todo el cobre recuperado bajo la forma de coladas de fragmentos y en menor medida de tiles como leznas cincelitos cuchillos hachas y sierras no supera los 3 kg18 los espacios metal rgicos se reducen a dos uno de cierta Nocete et al 2004 Nocete et al 2008 Kunst 2013 18 M ller et al 2007 16 17 97
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   del tr  nsito IV III...
98 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica entidad en la casa V y otro menor cerca de la 4 l nea de fortificaci n y se entiende que el castro solo produc a para consumo interno pues los ocupantes de asentamientos sat lites como F rnea y Castro de Penedo en su hinterland dispon an de sus propios talleres Como contrapunto sin embargo hay un detalle que constata la importancia que se conced a a lo metal rgico los fundidores de la pen nsula de Lisboa no dudaban en aprovisionarse de mineral a la nada despreciable distancia de 150 km en el criadero de Ossa Morena19 En la lista antes citada de yacimientos del III milenio cal a C con restos de fundici n figuran unos pocos del centro y norte de la Pen nsula prueba de que tambi n all se conoc a la metalurgia En la cuenca del Duero los primeros crisoles documentados proced an de Las Pozas y de La Alameda de Peleagonzalo ambos en Zamora en el norte de Portugal pronto se hicieron hallazgos comparables cerca de Chaves en Vinha Soutilha y en El Buraco da Pala en el altiplano Mirand s en Galicia son cita obligada un crisol y restos de vasijas horno de los pobladitos de O Fixon y Lavap s y ya en el Cant brico la documentaci n m s completa procede de la actividad de transformaci n de minerales registrada en el exterior de las minas asturianas de El Aramo Todos estos documentos acreditan la existencia de una Edad del Cobre propiamente dicha y no de un simple Neol tico con objetos de metal de origen for neo por m s que no sea descartable que algunos de los que circulaban por la mitad septentrional de la Pen nsula pudieran haber llegado desde el sur como unos elementos de prestigio m s a trav s de las redes de intercambio20 Es dif cil calcular qu cantidad de metal habr a en circulaci n en tiempos precampaniformes pero el n mero de piezas contabilizadas en la cuenca del Duero casi 90 000 km2 asciende a alrededor de medio centenar lo que resulta orientativo de la modestia de la actividad metal rgica en la zona Los objetos recuperados tanto en la Meseta como en el Noroeste registran por otra parte la misma tipolog a advertida m s al sur leznas pu ales de escotaduras peque os cinceles alg n hacha plana y al decir de sus contextos se trata sobre todo de extrav os en espacios dom sticos donde por cierto nunca se han descubierto unidades metal rgicas especializadas aunque algunas piezas un cuchillo de hoja curva de Donhierro en Segovia o un par de leznas de Portillo en Valladolid procedan de yacimientos funerarios preludiando la costumbre campaniforme de enterrar a los grandes hombres con su panoplia21 Figura 3 Vista a rea del recinto de fosos calcol tico de San Miguel en Cubillas de Cerrato Palencia Foto infrarroja de J del Olmo Al principio el aprovisionamiento de mineral debi efectuarse en peque os criaderos pr ximos a los sitios de producci n a juzgar por la coincidencia en la composici n de minerales y metales de determinadas zonas los cobres del dep sito de Roufeiro en el SE de Galicia muestran por ejemplo los mismos Ni Sb y Ag que las mineralizaciones vecinas de la zona del Limia22 otro tanto sucede con los productos muy ricos en Ni de las inmediaciones de las minas de Salinas de L niz en lava23 y nada tan obvio como que los poblados cercanos a la ciudad de vila en los que se fund a cobre caso de Aldeagordillo se nutr an de la malaquita de los veneros inmediatos del sector oriental del Valle Ambl s24 Sin embargo la amplitud de las explotaciones de las minas de El Aramo de El Milagro y de La Profunda en el llamado Arco Asturiano denota un fuerte incremento de la producci n desde poco antes de la mitad del III milenio y en consecuencia una circulaci n del mineral a mayores distancias25 Las minas en cuesti n que a juzgar por las dataciones C 14 estuvieron activas entre 2800 y 1400 cal a C aportan informaci n excepcional tanto sobre los aspectos extractivos como sobre el procesado de mineral a pie de mina La dolom a en la que se encajaban las vetas era atacada con martillos de surco de piedra para luego extraer el mineral con picos y punterolas de asta de ciervo y con cu as de madera y de hueso no sin antes haber aflojado la roca aplicando fuego a las paredes por el procedimiento de las caldas El resultado final fue una red de galer as prehist ricas que en los tres yacimien 24 25 22 Kunst 2013 20 Delibes y Montero 1999 21 Herr n Mart nez 2008 19 23 Comendador 1998 227 Montero 1998 Fabi n 2006 420 426 Blas Cortina 2010a
98  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  entidad en la casa V y otro menor cerca de la 4   l  nea de fortificaci  n  y...
el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c Figura 4 Viviendas calcol ticas del recinto de fosos de El Caset n de la Era Villalba de los Alcores Valladolid En primer t rmino una puerta en el sector septentrional del segundo recinto Foto M Crespo D ez tos mencionados descubrieron los mineros del siglo XIX para comprobar la abundancia de huellas tallado de pilares en la dolom a restos de teas de tejo para la iluminaci n bateas de madera para transportar el mineral enterramientos de las primitivas explotaciones26 Un c lculo a partir del volumen de mineral beneficiado cifra la cantidad de cobre obtenida en El Aramo a lo largo de un milenio en cientos de toneladas una cifra demasiado importante para no considerar que su producci n hubo de comercializarse a larga distancia Pero El Aramo encarna adem s otra ense anza de alcance una intervenci n en la campa inmediata a la bocamina ha permitido saber que all se situaba el campamento de los mineros prehist ricos consumidores de ciervos y b vidos cuyas cuernas utilizaban dentro como herramientas El principal hallazgo empero es una rea de combusti n muy alterada t rmicamente a la que se asocian hornillos grandes percutores y un sinn mero de part culas de malaquita en la que se proced a a una primera reducci n del mineral27 Esto explica por un lado la escasez en general de minerales en poblados con evidencias fundidoras y por otro que lo que circulaba no era la malaquita extraida sino el metal bruto seguramente bajo la forma de lingotes como los de Gamonedo en la propia Asturias a la postre refundidos y reconvertidos en tiles y armas28 Estos son los principales rasgos de la primera metalurgia del interior y norte peninsular aquellos que obligan a individualizar una nueva edad de la Prehistoria aunque su incidencia en la esfera instrumental fuese limitada Pu ales hachas punzones y cinceles de cobre no mejoraron en mucho las prestaciones de los de piedra de ah que por mucha fasci Blas Cortina et al 2014 Blas Cortina 1980 27 Blas Cortina 2010a 26 28 99
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   Figura 4. Viviendas ...
100 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica naci n que produzcan los primeros objetos de cobre el Calcol tico continu siendo b sicamente una Edad de Piedra en la que las puntas de flecha las hachas y los cuchillos segu an siendo fundamentalmente l ticos y en el que las cer micas en cada zona con unos patrones decorativos propios en cierto modo identitarios copos canelados y folha d acacia en Estremadura cer micas metopadas tipo Penha en el Noroeste el estilo Las Pozas en la Meseta etc conservaban el protagonismo de la poca anterior Sin duda el metal fue una gran novedad tecnol gica pero la Edad del Cobre fue mucho m s que eso fue tambi n vamos a verlo aceleraci n econ mica multiplicaci n de excedentes inversi n en el asentamiento y el inicio de una serie de cambios de alcance en las relaciones sociales La dotaci n infraestructural de las nuevas aldeas fortificaciones y recintos de fosos La Edad del Cobre representa en casi todo nuestro espacio la consolidaci n de la vida campesina y en algunos sectores con una d bil huella neol tica como el valle del Duero o la cuenca media del Tajo inclusive la primera colonizaci n agr cola29 Las comunidades de entonces que se caracterizan por ser mayores y m s sedentarias que las del Neol tico experimentan un crecimiento considerable y sus poblados en contra de lo que sucede con las tumbas tienden a ganar visibilidad La situaci n se dir a no muy distinta de la observada por estas mismas fechas en Andaluc a con la diferencia de que en el cuadrante NW de la Pen nsula no se registran macroaldeas de la magnitud de Los Millares Marroqu es La Pijotilla o Valencina indicio de una menor complejidad social Los peque os poblados fortificados de la pen nsula de Lisboa que tienen en Vila Nova de S Pedro Zambujal y Leceia sus m s conocidos exponentes constituyen un buen ejemplo del fen meno de consolidaci n de la vida sedentaria pero tambi n del aumento poblacional experimentado por entonces ya que son solo parte junto a Pedra d Ouro Penedo de Lexim Penha Verde Rotura etc de un nutrido conjunto documentado alrededor de Torres Vedras30 Lo m s llamativo de todos ellos son los anillos de murallas de piedra tras los que se protege el h bitat que en el caso de Zambujal son por lo menos 4 y cuyo levantamiento fue progresivo a partir de la construcci n de una fortaleza o torre n central dotado de torres macizas al que pronto se a adi interponiendo un patio el ptico una barbacana salpicada de ventanucos a modo de saeteras31 Por tanto el conjunto de cualquiera de estos poblados con toda la complejidad estructural que hoy manifiestan deber entenderse no como la materializaci n en una nica fase de un sofisticado proyecto planeado ab initio hecho solo consignado en Leceia sino como el resultado final de una cadena de decisiones sucesivas nuevas l neas murarias macizado de estructuras huecas refuerzos y contrafuertes etc que fueron adoptadas a lo largo del tiempo en funci n de necesidades puntuales y de las soluciones poliorc ticas ideadas en cada caso por los ocupantes32 Los primeros estudiosos de estos h bitats influidos por la interpretaci n de Los Millares por parte de M Almagro A Arribas y B Blance los consideraron fortificaciones de comerciantes mediterr neos procedentes del Egeo los introductores como se ha repetido con frecuencia de la primera metalurgia del cobre en la Pen nsula construidas para protegerse de la poblaci n ind gena Pasaban por ser entonces manifestaci n de un pueblo for neo lo que explicaba la unidad formal del modelo arquitect nico aplicado Hoy por el contrario se propende a lecturas procesuales en las que la fortificaci n y sus complementos barbacanas torres bastiones fueron meras consecuencias del desarrollo de la vida sedentaria no la imposici n de un modelo externo hecho que explicar a por qu aunque el resultado final fuese parecido en todos los casos las secuencias constructivas fueron distintas mientras en Zambujal el germen del complejo fue la fortaleza central en Leceia como en Monte da Tumba Alentejo el primer dispositivo fue un anillo perimetral o cerca a adi ndose solo al final de la vida del poblado una gran torre principal dotada en Leceia de bastiones semicirculares huecos33 Hoy a falta de colonos la aparici n de las fortificaciones se relaciona con procesos de competici n local y con la existencia de tensiones entre grupos ind genas siendo leg timo sospechar que esta particular forma de monumentalizar los sitios respond a tanto a necesidades de defensa y de disuasi n como al deseo de proclamar los derechos de las comunidades que las ocupan sobre las tierras circundantes Las fortificaciones habr an actuado tambi n por tanto como s mbolos de soberan a y de dominio territorial y as mismo como puntos de control de unas redes de intercambio por las que circulaban el cobre y como habr ocasi n de ver otros productos de prestigio Algo que justificar a los buenos accesos al mar de algunos de los poblados m s occidentales entre ellos Zambujal que coincidiendo con los picos de la transgresi n Kunst 2010 Jorge 1998 Cardoso 1997a Cardoso 1997b 48 49 33 Cardoso 1997b 31 D az del R o 2001 Id 2003 30 Jorge 1998 Cardoso 1997a 29 32
100  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  naci  n que produzcan los primeros objetos de cobre, el Calcol  tico continu...
el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c flandriense no distaba de las aguas del Atl ntico en su caso la r a del Sizandro m s de 2 km Ciertos c lculos revelan la reducida extensi n de estos poblados Zambujal Vila Nova de Sao Pedro Leceia y Rotura alrededor de 1 ha y todav a menos Penedo de Lexim o Pedra Douro y en consecuencia la escasa poblaci n que albergaban34 Pero en Zambujal como en Leceia consta la existencia extramuros de agrupaciones de caba as circulares como las interiores dando lugar a pensar que la fortificaci n se reservaba a s lo una parte cabe suponer que privilegiada de la poblaci n aunque los instalados al pie de sus muros hallaran tambi n la protecci n del castellum En todo caso J Cardoso valorando tanto la extensi n como la densidad de caba as estima la poblaci n de Leceia en dos centenares de almas lo que obliga a ver el yacimiento pese a la notable entidad y volumen de sus infraestructuras defensivas no m s que como una aldea aunque desempe ando el papel de lugar central respecto a los peque os asentamientos que se diseminan a su alrededor en un radio de 15 km35 Nada en todo caso comparable a los grandes poblados del Guadalquivir y del Suroeste Cuestionado el impacto colonial como factor explicativo del fen meno de los poblados fortificados nada tiene de particular que la fortificaci n se manifieste asimismo en tierras situadas resueltamente al norte del Tajo como la Beira Litoral y la Beira Alta e incluso en reas interiores de Tras os Montes El reconocimiento del proceso de sedentarizaci n de los poblados de esta zona se inici con los trabajos de S O Jorge36 en los alrededores de Chaves donde asentamientos como S o Louren o Vinha Soutilha o Castelo de Aguiar se emplazaban sistem ticamente en destacados espolones de f cil defensa desde los que se dominaban amplios campos visuales Pero no tard en saberse que algunos de ellos adem s incorporaban obras monumentales de fortificaci n Esta condici n revisten el Castelo Velho en Freixo de Numao ocupado desde el 3000 cal a C y dotado de una modesta cerca que circunvala la ciudadela en la que se concentraban actividades de molienda de almacenamiento y textiles el castro de El Pedroso en el oeste de Zamora instalado sobre un imponente inselberg gran tico en cuya acr polis se localizan las dependencias circulares de un taller de puntas de flecha Fraga da Pena en el Alto Mondego donde en cambio los recintos murados se asocian a lo que podr a haber sido un espacio ceremonial el Crasto dos Palheiros en Mirandela donde una de sus dos murallas apoyada sobre una imponente plataforma se convierte en un momento dado en un escenario de culto o el conjunto de poblados de la zona de Plasencia en C ceres con Los Barruecos como principal exponente37 En el caso de Os Palheiros resulta aleccionador consignar siguiendo a M de J S nches38 que surgi del sinecismo de una serie de microcomunidades previas a las que corresponden las tumbas megal ticas de su entorno y que fruto de dicha agregaci n coincidiendo con un momento de auge econ mico surgi el castro un espacio p blico que simbolizaba a la vez la centralizaci n pol tica de la nueva sociedad y la legitimidad heredada del mundo sagrado de los antepasados Desplazando la atenci n a las tierras de la Meseta puede comprobarse que los asentamientos calcol ticos adoptan tambi n la forma de recintos aunque delimitados no por murallas sino por l neas de fosos En realidad se trata de un tipo de yacimiento muy bien conocido en casi toda Europa desde el Neol tico los enclosures champs foss s villagi trinceratti y erdwerke de ingleses franceses italianos y alemanes de cuya existencia en tierras ib ricas hoy muy extendida solo se sabe desde hace medio siglo a ra z de las excavaciones de Valencina de la Concepci n39 El fen meno reviste especial notoriedad en las cuencas sedimentarias del Duero y del Tajo donde comienza su andadura hacia 3 200 cal a C para alcanzar la plenitud en el siguiente milenio y solaparse en su final con el campaniforme40 Los recintos tanto en Madrid G zquez de Arriba Las Matillas Fuente la Mora Yeseras como en la Submeseta Norte donde la prospecci n a rea ha permitido documentar varias decenas de ellos en los valles del Duero y del Pisuerga y en las Tierras de Campos y de Pinares41 adoptan por regla general planta circular u ovalada y se caracterizan por presentar nada raramente varios anillos conc ntricos Los fosos perimetrales son estrechos y no profundos 2 3 m m ximo y aunque a veces cuentan con el refuerzo de una banqueta de tierra al interior y excepcionalmente con una empalizada exterior no constituyen defensas de enjundia sino meras l neas de demarcaci n entre caser o y ager que tambi n hubieron de fomentar el sentimiento comunitario de sus ocupantes En alguna ocasi n se ha destacado adem s el car cter discontinuo de los fosos constituidos por varios segmentos como en los causeways brit nicos dando lugar a la sospecha de que la fuerza de trabajo que intervino en tan notables obras p blicas correspondi a diferentes facciones tantas como 39 40 41 37 38 Chapman 1991 Cardoso 1997a 252 253 36 Jorge 1986 34 35 Jorge 1998 Sanches 2003 134 M rquez y Jim nez 2010 D az del R o 2003 Liesau et al 2008 Delibes et al 2014 101
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   flandriense, no dist...
102 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 5 Vista del covacho granero de El Buraco da Pala en la Sierra dos lassos Tr s Os Montes Fotograf a M de J S nches segmentos de un mismo grupo local del que adem s de los habitantes del recinto pudieron formar parte otros linajes de su hinterland fascinados por la magnitud de la obra42 Por ltimo aunque algunos de los espacios intersegmentales pudieron funcionar como accesos se reconocen puertas mucho m s expl citas dispuestas a veces en embudo otras en esviaje y en Las Canteras de San Crist bal de la Cuesta Salamanca y G zquez de Arriba en pinza de cangrejo esto es con la protecci n de una barbacana semicircular al exterior43 Los recintos de fosos de la Meseta se complementan sistem ticamente con esos yacimiento tan singulares como enigm ticos que son los campos de hoyos grandes extensiones salpicadas de pozos rellenos casi siempre de basura aunque excepcionalmente puedan contener grano las canales completas de reses dom sticas conjuntos de vasijas cer micas enteras o colecciones de molino en buen estado de uso en lo que se han denominado dep sitos estructurados 44 No se trata pues como se pens originalmente de fondos de caba a propiamente dichos detalle que ha creado pol mica sobre su significado son los campos de hoyos aldeas muy destruidas de las que solo sobreviven intactas las estructuras m s profundas o muy al contrario espacios ceremoniales en los que cobrar an m s f cilmente sentido los referidos dep sitos especiales Los recientes trabajos en el recinto intermedio de El Caset n de la Era Valladolid con la exhumaci n de un abigarrado conjunto de caba as apoyan decididamente la opci n habitacional lo que no es obst culo para reconocer una importante ritualizaci n de la esfera dom stica De hecho las propias caba as o mejor casas si tenemos en cuenta que la Arqueolog a Experimental pese a sus alzados de troncos manteados con barro les garantiza una supervivencia m nima de una d cada se muestran arrasadas salvo sus cimientos circulares y sus placas de hogar lo que inicialmente se achac a la erosi n especialmente agresiva de las fases m s ridas del Subboreal Sin embargo la recuperaci n de cientos de kilos de pellas de barro de revestimiento de paredes dentro de algunos hoyos inmediatos al caser o alienta la sospecha de que en el trance del abandono pudieran haber mediado aut nticos rituales de ocultaci n de las viviendas an logos a los consignados en esta misma zona durante la Edad del Bronce45 En el Sur de la Pen nsula ya hubo oportunidad de destacar la excepcional extensi n que alcanzaron algunos de estos recintos de muchas decenas de hect reas y convertidos en casi peque as ciudades en las que se produc an artesan as de lujo cobre marfil y oro en Valencina muy por encima de las necesidades locales En los recintos mesete os las dimensiones son mucho m s modestas situ ndose en el Duero Medio entre 1 y 3 ha lo que supone cierta igualdad con los madrile os de G zquez Las Matillas o Fuente La Mora46 La primera impresi n que producen es por tanto la de un mosaico de peque as aldeas m s o menos iguales Hoy sabemos en cambio que en la Submeseta Sur existieron recintos mucho mayores como el de Camino de las Yeseras como m nimo de 7 ha aunque no deba ocultarse que el floruit de este yacimiento se sit a en poca campaniforme47 Un ltimo detalle a comentar es el de las superposiciones que se registran en los recintos del Duero en las fotos a reas de Villeguillo Segovia se aprecian aunque bastante desdibujadas las trazas de hasta cuatro diferentes Pero el caso m s llamativo es el de Las Pozas en Zamora en el que a un recinto inicial con tres anillos acab superponi ndose parcialmente otro algo menor de dos revelando el C 14 que entre el abandono del primero en el tr nsito del IV al III milenio cal a C y la fundaci n del m s moderno apenas medi tiempo48 Finalmente m s al norte en Galicia y en el litoral Cant brico el proceso sedentarizador se revela m s t mido y lento tal vez en funci n del arraigo de una agricultura primitiva de r gimen itinerante La huella de los poblados es m s tenue y sobre todo como alcanz 47 48 45 D az del R o 2004 43 D az del R o 2003 44 Bellido Blanco 1996 M rquez y Jim nez 2010 42 46 S nchez Polo 2010 180 D az del R o 2003 68 69 Delibes et al 2014 Liesau et al 2008 Garc a Garc a 2013
102  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 5. Vista del covacho-granero de El Buraco da Pala, en la Sierra dos l...
el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c a denunciar en el caso gallego L pez Cuevillas se echa en falta la existencia de asentamientos fortificados y en altura como los calcol ticos del centro de Portugal Hoy se argumenta que el clima fr o y ventoso de comienzos del III milenio cal a C bien pudo constituir un freno para la ocupaci n de zonas elevadas49 pero en contrapartida comienzan a documentarse algunos poblados que aunque faltos de murallas se emplazan en espolones con un amplio campo visual y buenas condiciones defensivas Yacimientos de este tipo ser an As Pileiras en Bobor s Regueira Peque a en Mondariz o Castelo das Chas en Oimbra pero el que mayor atenci n ha recibido es la Mesa de Montes emplazada en el extremo de la pen nsula de Morrazo en una de las alturas de la Serra da Magdalena Presenta varios terraplenes de bloques de granito y restos de paravientos cuya asociaci n a cer micas de estilo Penha el f sil m s fiable del Cobre precampaniforme en el Noroeste prueba que fue contempor neo de aldeas como Lavap s Forcadas u Os Remedios tambi n en Morrazo pero en cotas marcadamente inferiores De ah la posibilidad de que todo el conjunto funcionara como un territorio pol ticamente organizado en el que la Mesa que surtir a de ganado y de recursos l ticos al resto de los sitios recibir a de ellos productos agr colas a la par que los representaba como asentamiento m s visible50 Un testimonio en suma de poblamiento jerarquizado que significativamente coincidi con una etapa de inversi n decidida en infraestructuras dom sticas zanjas drenajes caba as de postes empedrados hogares cual se ha documentado en el Monte dos Remedios51 Pero m s a n que en Galicia es en el resto de la banda cant brica donde cuesta trabajo advertir progresos en el proceso de consolidaci n de la vida sedentaria Aunque con algo de retraso respecto a las tierras del Mediterr neo y a n de la propia Meseta en el V milenio cal a C las comunidades de este sector ya hab an incorporado a sus estrategias de subsistencia tanto el cultivo de cereales como el pastoreo de ovicaprinos y de seguido hab an resuelto apropiarse simb licamente del territorio por medio de las sepulturas megal ticas52 Sin embargo por razones mal conocidas el modelo de poblado al aire libre de larga trayectoria que desde el III milenio prosper en el resto de la Pen nsula tard en adoptarse Lo evidente es que la mayor a de los lugares dom sticos conocidos de esta poca siguen siendo trogloditas cueva de Arangas en Asturias o Los Husos y Santimami e en el Pa s Vasco y que los escasos h bitats exteriores que se suelen citar mal documentados el poblado de Hinojedo en Cantabria o los de Ilso Betaio y Ordunte en 51 52 49 50 F bregas et al 2003 868 869 Gorgoso et al 2011 F bregas et al 2007 Blas Cortina 1993 Gonz lez Morales 2012 el Pa s Vasco no revisten la entidad de unas aldeas bien dotadas de infraestructuras y plenamente sedentarias A veces se atribuye esta disimetr a entre cuevas y establecimientos al aire libre a una insuficiente investigaci n de campo otras se subraya la fuerza de la tradici n en la ocupaci n de las cuevas cuyo atractivo at vico todav a se habr a multiplicado en el Neol tico al usarse sistem ticamente como establos y no faltan quienes enfatizan la dificultad en los ecosistemas de monta a de consolidar terrazgos que proporcionen los excedentes agr colas precisos para implantar las nuevas formas de vida53 Mas acaso como reivindicaba Criado54 en un intento de explicar el car cter difuso del Neol tico gallego sencillamente pudo ocurrir que las tambi n difusas comunidades eneol ticas cant bricas llegado el momento se decantaran por estrategias conservadoras y poco intervencionistas esencialmente adaptativas en las que como complemento sobre todo de la ganader a siguiera teniendo una fuerte incidencia la tradicional silvicultura Intensificaci n agr cola Volviendo a la idea de que el Calcol tico es mucho m s que una edad tecnol gica de la Prehistoria conviene recordar que el acceso a los secretos de la fundici n se solapan con otras innovaciones de relieve tales como una multiplicaci n poblacional como un avance superlativo en el desarrollo econ mico y como el comienzo de una relaci n del hombre con la naturaleza en la que ste acrecienta su dominio sobre ella intentando apropi rsela Todos estos factores est n interrelacionados y no se sabe con seguridad si fue la revoluci n tecnol gica el desencadenante del desarrollo econ mico y los frutos de ste los que generaron derramas demogr ficas a la postre traducidas en el acceso a nuevas tierras no ocupadas en la primera colonizaci n agr cola o si por el contrario el motor principal del proceso fue la disponibilidad de unos excedentes agropecuarios que mejoraron las formas de vida que permitieron dotar de infraestructuras a las aldeas haci ndolas sedentarias y que incluso sirvieron para mantener a unos especialistas a los que confiar la innovaci n tecnol gica Para entender el sentido de tales dudas conviene tener presente en todo caso hechos tan aparentemente contradictorios como la ausencia de artefactos de cobre en las fases iniciales de la fortificaci n de Leceia55 En uno u otro caso la intensificaci n agr cola alentada por la introducci n de nuevos sistemas de culti Onta n Peredo 2003 Criado 1989 55 Cardoso 1997b 46 47 53 54 103
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   a denunciar en el ca...
104 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica vo por el aprovechamiento de la tracci n animal y al menos en algunas zonas de la Europa templada gracias tambi n a la utilizaci n de aperos revolucionarios como el arado fue un factor fundamental del proceso56 Pero no fueron las nicas novedades en el Sudeste de la Pen nsula en id nticos contexto y fechas incluso se recurri al regad o a fin de superar las adversidades de un medioambiente des rtico acusadamente adverso57 Los sectores centrales del z calo de la Meseta que hab an permanecido pr cticamente deshabitados desde el fin del Pleistoceno se muestran de repente salpicados de poblados de recintos de fosos ilustrando ese fen meno de b squeda de terrazgo nuevo tan propio tambi n de este periodo Los documentos pol nicos de uno de tales yacimientos el Caset n de la Era Valladolid resultan extraordinariamente reveladores de los efectos del proceso colonizador a la llegada del grupo humano se acredita un entorno mayoritariamente forestal con un 60 de PA y contados testimonios de plantas sinantr picas esto es un medio poco menos que natural solo un siglo despu s la superficie de bosque ha disminuido al 40 aclarada con fuego conforme revela la abundancia de la ascospora Chaetomium par sita del carb n de madera y transcurrido un nuevo periodo de tiempo de duraci n similar la acci n del hombre ha reducido el arbolado a un 20 un aumento de temperatura ha determinado adem s la sustituci n de robles por encinas y ha provocado que los palinomorfos de cereales asciendan a casi un 10 del total Esa es la cicatriz medioambiental producida por la acci n de los primeros colonos agr colas del centro de la Meseta58 Si se consultan los listados de semillas de cualquier yacimiento de la zona de estudio ya pueda ser Zambujal en Estremadura59 el Buraco da Pala en Tras os Montes60 Camino de Las Yeseras en Madrid61 o el propio Caset n de la Era62 se comprobar una coincidencia absoluta en las especies todas ellas propias de una agricultura cerealista de secano Es destacable que entre los trigos el duro o harinero Triticum aestivum durum sea la variedad dominante en los cuatro yacimientos aunque no falten muestras de esca a monococcum y escanda menor dicoccum Tambi n fue cultivo com n la cebada Hordeum vulgare que en Zambujal y Yeseras est en n mero de semillas a la altura del trigo y en Buraco da Pala por encima As mismo es habitual que junto a los cereales comparezcan ciertas leguminosas como el haba Vicia faba la lenteja Lens culinaria o el guisante 58 59 60 61 62 56 57 Sherratt 1981 Gilman y Thornes 1985 Delibes et al 2010 Hopf 1981 Sanches 1997 43 81 Pe a Chocarro et al 2011 Delibes 2011 Pisum sativum que adem s de no plantear mayores problemas de cultivo y de enriquecer sustancialmente la dieta con prote nas ofrecen el atractivo rotando su siembra con la de cereal de fijar nitr geno en el suelo manteniendo altos los niveles de fertilidad M s la simple enumeraci n de especies cultivadas nada prueba del aumento de la producci n agr cola que se dice caracteriza a la Edad del Cobre Resulta m s elocuente en este sentido la multiplicaci n del n mero de silos u hoyos excavados en los yacimientos mesete os de esta poca algunos de ellos como los de La Cervera en Madrid con huellas claras de revestimiento de cester a63 por m s que a no todos estuviera reservada la funci n de almacenaje de cereal64 De ah que sea preferible fijar la atenci n en graneros inequ vocos como el del Buraco da Pala que contuvo varios metros c bicos de semillas65 El yacimiento es un abrigo de techo alto y amplio acceso muy alejado del poblado m s pr ximo que se abre cerca de una de las cumbres de la Sierra dos Passos a m s de 900 m s n m en Tras os Montes oriental Comenz su andadura como espacio dom stico en un momento antiguo del Neol tico pero las ocupaciones superiores niveles II y I de la primera mitad del III milenio cal a C corresponden sobre todo a reas de almacenamiento o ensilado en las que se registra gran abundancia de habas de cebada de bellotas y de trigo con el a adido de unas pocas semillas de Linum ussitatissimum y de Papaver somniferum Los frutos conservados en cestos y tinajas cer micas de entre 15 y 50 litros descansaban sobre un vasar de lajas forrado de arcilla y con apoyos de madera para estabilizar las vasijas y con el procedimiento de conservaci n de las simientes ahumado guardaban relaci n una serie de hogares localizados junto a los silos Adem s la existencia de pinturas esquem ticas con motivos antropomorfos en rojo en una de las paredes del abrigo uno m s en este sentido de los muchos que en la zona las presentan ha sugerido su posible uso como lugar de culto Los excavadores no descartan al respecto que las peque as escudillas o tazas recuperadas cerca del espacio de granero tuvieran que ver con banquetes o libaciones con rituales en los que tambi n podr a haber jugado un papel destacado el consumo de adormidera y en los que cobrar an asimismo cierto sentido algunas cer micas decoradas con tatuaje facial al estilo de la diosa de los ojos millarense66 No se descarta tampoco por ltimo que pudieran haber sido ofrendas cinco decenas de cuentas de collar de piedra y seis adornos de oro aunque sobre todo las primeras conservadas dentro de una vasija en la zona de almac n podr an 65 66 63 64 Asquerino 1979 Bellido Blanco 1996 Sanches 1997 Guerra 2006 205 206
104  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  vo, por el aprovechamiento de la tracci  n animal y, al menos en algunas zon...
el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c Figura 6 Secuencia de fumiers en el establo de Los Husos Sierra de Cantabria lava Fotograf a J Fern ndez Eraso haber sido tambi n parte de la riqueza guardada en el granero santuario El Buraco da Pala contribuye a demostrar la importancia que adquiri en el III milenio cal a C la cerealicultura pero todav a m s concluyente es el testimonio de El Caset n de la Era en Valladolid donde se rastrea la existencia de trillos El hallazgo no consiste en un trineo completo de vientre empedrado sino solo en una colecci n de dentales docenas de ellos sueltos que adoptan la forma de l minas largas y espesas de s lex con retoque plano cubriente en ambas caras Se trata de un tipo conocido tiempo atr s cuyo reciente an lisis traceol gico ha permitido detectar huellas combinadas de frotamiento con tierra y de corte de paja reveladoras de su aut ntica funci n67 Los fitolitos de sus filos indican que lo trillado era trigo y existen numerosas evidencias de que parte de la paja picada obtenida en el proceso se mezclaba con barro para el manteado de las viviendas El reconocimiento del trillo no descubre formas nuevas de agricultura pero s un cambio de escala en la producci n se cosecha y procesa cereal en masa una prueba concluyente de intensificaci n agr cola Pero tan importante como ello es que el uso de este apero requiere de fuerza tractora animal de un tiro lo que nos sit a por primera vez en la Pen nsula Ib rica donde en rigor no se conocen carros narrias o arados de esta poca ante una de las m s expresivas evidencias de la Revoluci n de los Productos Secundarios el ganado aparte de ser un stock de carne vivo constituye la fuente de otros muchos recursos la tracci n la leche la lana el abono cuyo beneficio presenta la ventaja de no exigir el sacrificio del animal68 Pero interrogarse por qui n tiraba de los trillos exige revisar colecciones de fauna de la poca y para el cuadrante noroeste de la Pen nsula s lo se dispone de estudios en el caso de Zambujal una muestra de 80 000 restos69 y a menor escala de alg n sitio de la Meseta70 lo que apenas permite bosquejar las l neas maestras de gesti n ganadera e insistir en las diferencias operadas respecto al neol tico por un Sherratt 1981 Petrequin et al 2006 Van den Driesch y Boessneck 1976 70 Morales Mu iz 1992 Liesau 2011 Fabi n 2006 453 460 68 69 Gibaja et al 2011 67 105
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   Figura 6. Secuencia ...
106 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica lado el avance experimentado por el vacuno con respecto a ovejas cabras y cerdos y por otro los cambios introducidos en los patrones de sacrificio de muchos de los animales siempre con las miras puestas en el aprovechamiento de sus recursos secundarios En Zambujal en Las Pozas y en los yacimientos de vila no tanto en Yeseras la caza del ciervo y en menor medida del uro conservaban un papel destacado Pero el principal aporte c rnico en el primero de los sitios procede de los b vidos sacrificados sistem ticamente por encima de los 3 a os y en la mitad de los casos entre los 8 y los 10 dato ste que teniendo en cuenta que los individuos representados en el ltimo intervalo son sobre todo hembras sugiere un tipo de explotaci n orientada a la producci n de carne Al vacuno le sigue en importancia el ganado de cerda lo que es inhabitual en el resto de la Pen nsula donde las tasas calcol ticas de sus son siempre m s bajas Y los ovicaprinos en porcentajes menores muestran un patr n de mortalidad poco definido con dos picos hacia los 2 3 y los 6 7 a os aunque la alta proporci n de hembras se preste a pensar en un aprovechamiento lechero71 Finalmente tanto en los yacimientos de la cuenca del Duero Las Pozas El Caset n de la Era o Yeseras como en Zambujal se registra cierta presencia casi el 5 en este ltimo yacimiento de equus pero al igual que sucede en el resto del espacio peninsular72 sigue sin quedar claro si se trata de caballos salvajes o dom sticos As las cosas aunque en los machos adultos de El Caset n de la Era no se hayan detectado las esperadas malformaciones en los tarsos los principales candidatos para el arrastre de los trillos son los bueyes esto es los mismos animales que por entonces tiraban de los carros en Europa y que hac an lo propio con los arados a juzgar por las representaciones grabadas del Monte Bego73 Lo que parece seguro en cualquier caso es que en la demanda de un plus de energ a para someter a la naturaleza el hombre de la Edad del Cobre encontr un excepcional aliado en el vacuno al que nada casualmente recu rdense los dep sitos de vacas y terneras en el subsuelo de tantos recintos de fosos74 se convirti por ello en eje de diversos ceremoniales Nada se ha dicho finalmente de la ganader a en el espacio cant brico pero algunos datos pese a las peculiaridades del territorio guardan correspondencia con lo expuesto para otras zonas En la Cueva del Mir n a partir del final del Neol tico los hasta entonces dominantes ovicaprinos ceden ante el empuje del vacuno75 lo que coincide razonablemente 73 74 75 71 72 Harrison 1985 71 Liesau 2005 189 192 Petrequin et al 2006 M rquez y Jim nez 2010 346 362 Liesau et al 2013 Gonz lez Morales 2012 269 con un aumento de la superficie de pasto Tambi n se puede comprobar c mo en las zonas monta osas septentrionales de condiciones clim ticas muy speras durante el invierno muchas cuevas se utilizaron como establos o rediles El fen meno se conoc a ya en el Neol tico pero ahora se manifiesta mucho m s pujante por ejemplo en la Sierra de Cantabria donde se registran largas secuencias de fumiers del III milenio cal a C en los abrigos de San Crist bal y de Los Husos I76 Gracias a este tipo de documentos se ha ido consolidando el concepto estabulaci n en relaci n con el pastoreo prehist rico sin embargo los rediles solo debieron ser refugio ocasional en las pocas m s fr as del a o pues los an lisis pol nicos sobre todo en la Meseta acreditan abundante Sordaria una espora que parasita las deyecciones del ganado y que prueba el normal vagabundeo de ste al aire libre77 Resumiendo en el terreno subsistencial la principal aportaci n del Calcol tico fue tambi n en nuestra zona la Revoluci n de los Productos Secundarios Se aprovech la fuerza de tracci n de las grandes bestias se us tambi n su leche cosa por cierto que ven a haci ndose ya desde el Neol tico78 y muy probablemente no se perdi la oportunidad de mejorar la fertilidad de los campos un aliciente m s para no tener que desplazar el h bitat abon ndolos con los residuos de los mencionados establos Rituales funerarios A las principales se as de identidad de la etapa analizada intensificaci n econ mica y sedentarizaci n adem s de aparici n de la metalurgia debe a adirse una cuarta que tiene que ver con la p rdida de definici n de la esfera funeraria y que guarda asimismo relaci n directa con la quiebra del fen meno megal tico El papel de las sepulturas dolm nicas como marcadores espaciales y como ancestrales documentos de propiedad sobre los territorios que presiden pierde en parte su sentido en una poca en la que se transfiere definitivamente a los h bitats estables por eso monumentales y en general emplazados en alto dicho cometido Lo cierto es que en la segunda mitad del IV milenio cal a C se produce un abandono bastante generalizado si es que no una condena de las construcciones del ptimo megal tico los sepulcros de corredor inici ndose lo que algunos autores han considerado una etapa oscura una fase en la que las manifestaciones funerarias bastante opacas a los ojos del estudioso adoptan f r Fern ndez Eraso y Polo 2011 L pez S ez et al 2000 78 Guerra et al 2012 76 77
106  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  lado el avance experimentado por el vacuno con respecto a ovejas, cabras y c...
el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c mulas variadas menos universales que las anteriores En el Pa s Vasco en sinton a con la resistencia ya subrayada a aceptar nuevos modelos de poblamiento el declive dolm nico no fue tan claro y a fines del IV milenio se segu an construyendo megalitos como la emblem tica galer a de Jentillarri y se frecuentaban regularmente hasta por lo menos la etapa campaniforme viejos t mulos como Larrarte o Pagobakoitza Sin embargo el grueso de la actividad funeraria parece trasladarse a cuevas naturales p e Pico Ramos o San Juan ante Portam Latinam en este ltimo caso ya al sur de la Sierra de Cantabria y a hipogeos epimegal ticos con puertas perforadas como el navarro de Longar todos ellos aut nticos panteones en los que por acumulaci n sucesiva de enterramientos primarios acabaron form ndose enormes osarios 104 338 y 110 inhumaciones respectivamente Datan de los ltimos siglos del IV milenio carecen todav a de metal en sus ajuares lo que no es bice para que se atribuyan a un incipiente Calcol tico y en los dos ltimos yacimientos ofrecen la particularidad de que bastantes de los enterrados presentan clavadas en sus cuerpos puntas de fecha de retoque plano acreditativas del clima de violencia que reinaba por estas fechas en el suroeste de Europa79 En el Cant brico central a falta de mejores datos sobre el comportamiento sepulcral postmegal tico es obligado recordar que desde algo antes de la mitad del III milenio casi al tiempo que comenz la extracci n de mineral se utilizaron como espacio funerario determinadas galer as de las minas de El Aramo y El Milagro alcanzando a acumularse a comienzos de la Edad del Bronce centenares de inhumaciones Est claro sin embargo que se trata de una soluci n excepcional sugestivamente relacionada de acuerdo con la propuesta cl sica de M Eliade con mecanismos rituales de compensaci n a la diosa Tierra por unos frutos arrancados de su vientre antes de la definitiva gestaci n80 Y parecido vac o de hallazgos se acredita en el Noroeste pues la frecuentaci n calcol tica de los d lmenes visible en unos pocos dep sitos con cer micas simb licas o decoradas al estilo Penha Os Consellos Cotogrande o Vilafr a en Pontevedra y A Lousada o Monte Pirleo en Lugo y en los no menos excepcionales ajuares constituidos por hachas y mazas de piedra perforadas del horizonte Rechaba se antoja huella insuficiente para identificarla con la norma funeraria del momento A partir de la condena de los sepulcros de corredor el momento 3 de Dombate la trayectoria de los megalitos experiment una brusca inflexi n se renunci a construir m s tumbas de este tipo y se dir a que el regreso ocasional a las preexistentes tiene lugar cuando ya presentan un estado de abandono importante conforme sugiere el hecho de que las reutilizaciones de poca campaniforme normalmente ignoren las entradas originales de los monumentos81 En los m rgenes monta osos de la Meseta se repite el mismo fen meno del enterramiento colectivo en cueva o en dolmen advertido en el este del Cant brico o en el Valle del Ebro no as en el dominio de los recintos de fosos y de los campos de hoyos esto es en las zonas centrales donde las sepulturas que se localizan dentro de los propios poblados suelen consistir en fosas individuales Pero incluso en el caso de ciertas fosas m ltiples como las de El Cerro de la Cabeza en vila y Yeseras en Madrid la diferencia es grande con respecto a aquellos panteones colectivos abiertos y de uso escalonado en el tiempo ya que el entierro de todos los individuos fue simult nea82 La investigaci n que ha reparado en la analog a de estos documentos con respecto a los de los campos de hoyos de la Edad del Bronce de esta misma zona ha insistido tambi n en el bajo n mero de tumbas conocido en la descuidada postura de las inhumaciones de muchas de las fosas y en el hallazgo ocasional de huesos sueltos y de esqueletos incompletos plante ndose la duda de si realmente tales sepulturas constituyen el patr n funerario de las comunidades prehist ricas de la Meseta o bien al contrario la excepci n Y en este sentido es interesante comprobar c mo algunas de las inhumaciones presentan huellas de una larga exposici n previa se enterraron ya esqueletizadas lo que revela un enterramiento en dos tiempo y la posibilidad de que al poblado s lo llegaran los restos de una selecci n de los fallecidos83 Por lo dem s los ajuares funerarios suelen ser escasos y poco relevantes una vasija alg n pedernal tallado de lo que se deduce que los que excepcionalmente incluyen bienes suntuarios un collar de variscita y varios objetos de cobre en Donhierro Segovia correspond an a individuos de cierto estatus84 Las dos grandes novedades funerarias del Calcol tico en torno a la desembocadura del Tajo fueron las grutas artificiales y los tholoi que pese a ser lugares de enterramiento colectivo como los megalitos denotan una clara ruptura arquitect nica respecto a ellos De las primeras hay testimonios desde finales del IV milenio mientras que los segundos surgen con alguna posterioridad pero ambos coexistieron durante toda la Edad del Cobre y ambos sufrieron el mismo fen meno de redescubrimiento en poca campaniforme Las cuevas que se agrupan para formar verda 83 84 81 Vegas Aramburu 2007 Armend riz e Iriagaray 1995 Zapata 1995 80 Blas Cortina 2010b 79 82 F bregas y Vilaseco 2012 Aliaga 2008 Fabi n 1995 Esparza et al 2012 Esparza et al 2008 29 36 107
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   mulas variadas, meno...
108 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica deras necr polis como en el norte de Lisboa las de S Pedro de Estoril y Alapraia presentan c mara circular abierta en claraboya vest bulo y acceso y habida cuenta de su car cter hipogeico est n excavadas en la roca no se significan al exterior ni dejan huella en el paisaje por el contrario los tholoi bien representados en esta zona por Pai Mogo y Praia das Ma as se protegen bajo t mulos similares a los dolm nicos con los que se multiplica su monumentalidad85 En ninguno de los dos casos se vinculan tales cementerios a aldeas concretas por lo que no parece regir el t pico binomio poblado necr polis propio del Calcol tico del Sudeste de la Pen nsula Ib rica Los Millares o del Algarve Alcalar Y sin embargo la presencia habitual en sus ajuares de cer micas acanaladas y de elementos votivos de calc reo betilos falos dolos ahusados etc acredita su contemporaneidad con las primeras fases de Leceia Vila Nova de S Pedro o Zambujal La riqueza y el exotismo de los ajuares de tholoi y cuevas sugiere que pertenecieron a linajes de elevado estatus social capaces de invertir en elementos suntuarios y de reforzar su prestigio emulando ciertas concepciones m gico religiosas propias del sur peninsular lo que junto a la aparici n de la metalurgia ha servido para hablar de una fase de influencias mediterr neas en la Cultura del Tajo86 Vigencia y desarrollo de las redes de intercambio de bienes de prestigio En cap tulos anteriores ya advertimos c mo a finales del Neol tico coincidiendo sobre todo con el ptimo del megalitismo parte de los excedentes agropecuarios fueron canaliz ndose a la adquisici n de objetos de lujo esencialmente adornos que funcionaban como s mbolos de distinci n o estatus que se manifestaban sobre todo en los espacios de enterramiento y cuyo principal valor a adido era con frecuencia su condici n ex tica87 Todo ello se tradujo en la aparici n de unas redes de intercambio de bienes de prestigio a veces de larga distancia cuya pujanza se hizo todav a m s evidente durante el Calcol tico88 al incorporarse a la lista de materiales circulantes el oro y el propio cobre cuyo valor como elemento de ostentaci n debi ser en los primeros momentos casi tan grande como sus posibilidades instrumentales as como otros bienes ex ticos caso del marfil y del mbar documentados por primera vez en el centronorte de la Pen nsula Ib rica a partir del III milenio cal a C Todo esto supone por un lado un crecimiento 87 88 85 86 Leisner et al 1969 Gallay et al 1973 Jorge 1990 Gon alves 2003 Guilaine 2002 Costa Caram et al 2011 de los excedentes del que tambi n daban cuenta las inversiones realizadas en el h bitat la fortificaci n de los poblados y la aparici n de los recintos de fosos y por otro la aparici n de cierta jerarquizaci n social ya que seg n parece verse en las tumbas algunos grupos o personas disfrutaban de un mayor acceso a dichos productos ex ticos y s mbolos de prestigio Pero esta no fue la nica estrategia sociopol tica adoptada otra que exigir tambi n importantes inversiones en tiempo y recursos se orientar a la posesi n de conocimiento especializado Con el andar del milenio acaba imponi ndose definitivamente la metalurgia del cobre y hace acto de aparici n la orfebrer a lo que supondr a adir a la estrategia del puro exotismo la del conocimiento y el trabajo especializados metalurgia y orfebrer a con la consiguiente necesidad de control de las rutas de aprovisionamiento Existen varios elementos de prestigio en el centro norte peninsular cuya utilizaci n arraiga claramente en tradiciones anteriores tardoneol ticas Los adornos de piedras verdes el lignito las conchas marinas o el cinabrio son bien conocidos en los megalitos del Neol tico Final pero aunque contin en apareciendo a lo largo del Calcol tico su distribuci n ofrece algunos cambios La ya mencionada tumba m ltiple de San Juan ante Portam Latinam en lava datada a fines del IV milenio ejemplifica la transici n Neol tico Final Calcol tico en el Norte peninsular los difuntos portaban adornos propios de momentos anteriores que en adelante no volver n a verse tales como colmillos de jabal o collares de cuentas lignito pero tambi n otros que s tendr n continuidad como las cuentas de piedras verdes o las conchas marinas89 Pero a partir del tr nsito Neol tico Calcol tico cambian muchas cosas alrededor de los adornos de piedras verdes Seg n revelan los an lisis compositivos al principio se emple todo tipo de minerales de este color cual sucede en la cueva alavesa de Las Yurdinas II y en los d lmenes de Burgos y Palencia Sin embargo en el Calcol tico pleno aumenta visiblemente el protagonismo de la variscita para presentarse de forma abrumadora en la Meseta Norte el norte de Portugal y la Estremadura portuguesa no as en el valle medio del Tajo donde seg n el testimonio de Valle de las Higueras en Toledo y de Camino de Yeseras en Madrid no se conoci su utilizaci n antes de la poca campaniforme Como es sabido en el paso del IV al III milenio se produjo el ocaso de la gran explotaci n de variscita de Can Tintorer Barcelona que hab a surtido de adornos verdes a toda la cuenca del Ebro siendo sustituida como gran centro productor por las minas de Palazuelo de las Cuevas en Zamora entonces en su apogeo des Vegas Aramburu 2007 89
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el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c Figura 7 Enterramiento m ltiple simult neo en el recinto de fosos de la Edad del Cobre de Yeseras San Fernando de Henares Madrid Fotograf a C Liesau de donde seg n recientes an lisis en los inicios del III milenio cal a C sus variscitas coparon la Meseta Norte poblado de Las Pe as de Quiruelas Zamora o tumba de El Ollar Segovia y alcanzaron la Estremadura portuguesa Vilanova de S Pedro y Zambujal el Alentejo Anta Grande de Zambujeiro e incluso el Valle del Guadalquivir a juzgar por su hallazgo en Valencina90 Aunque se haya frenado respecto al Neol tico el uso de conchas marinas como el dentalium o la trivia todav a persiste en algunas regiones Ya hemos comentado como en San Juan ante Portam Latinam en donde un individuo infantil dispon a de un collar de m s de cien conchas de dentalium sirve para certificar su pervivencia al principio del Calcol tico Pero se trata de algo excepcional como tambi n lo es la existencia en Los Parrales Ciudad Real de un aut ntico Thomas 2011 Villalobos 2012 Odriozola et al 2013 Dom nguez Bella 2004 taller ya campaniforme dedicado a la producci n de cuentas sobre conchas marinas91 Por otra parte es bastante habitual el uso de pigmento rojizo en los tratamientos funerarios de la Prehistoria por lo que nada tiene de particular que se registren algunos casos en nuestra rea de estudio Generalmente se asume que para la elaboraci n de este accesorio de los rituales f nebres se empleara ocre un muy com n xido de hierro Sin embargo la aplicaci n de an lisis durante los ltimos tiempos va revelando que con frecuencia no fue tal lo empleado sino cinabrio o bermell n un sulfuro de mercurio con contados afloramientos en toda la pen nsula Su uso durante el Neol tico era conocido en la Meseta en el dolmen de la Velilla Palencia y en la mina de Casa Montero Madrid pero continu siendo empleado en 90 Ben tez de Lugo et al 2004 91 109
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   Figura 7. Enterramie...
110 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica contextos calcol ticos como Camino de las Yeseras tambi n en Madrid o el Valle de las Higueras en Toledo sugiri ndose una procedencia en estos ltimos casos de Almad n Ciudad Real92 Los artefactos de mbar conocidos son muy escasos pero la atractiva posibilidad de que esta resina f sil proceda de lugares lejanos extrapeninsulares ha sido decisiva para que se analicen algunos de ellos En este tercio centro septentrional peninsular s lo se conocen ejemplares de esta poca procedentes de contextos funerarios como la Mamoa V de Ch de Arcas en Bai o como la repetidamente citada necr polis campaniforme del Valle de las Higueras y como algunos d lmenes reutilizados del grupo de Murumendi caso de Trikuaizti o Larrarte ambos en Guip zcoa Algunos an lisis sugieren el uso de mbar cret cico local pero otros apuntan a un origen extrapeninsular el ejemplar de Ch de Arcas podr a ser siciliano mientras que en Larrarte los resultados revelan con mayor seguridad un origen b ltico93 Otro material cada vez mejor documentado es el marfil muy com n en las regiones meridionales ib ricas y en el entorno de la pen nsula de Lisboa donde destacan los adornos del poblado de Leceia Oeiras y de otras tumbas de los alrededores En cambio m s al interior y en el norte de la pen nsula Ib rica su presencia resulta excepcional conoci ndose s lo documentos puntuales en la Meseta Norte dolmen del Prado de las Cruces en vila en Madrid Yeseras y en el Cant brico oriental Pico Ramos Algunos de los artefactos analizados revelan su condici n de marfil de elefante f sil o de cachalote de incierta procedencia pero tambi n hay eburno de elefante africano lo cual delatar a contactos extrapeninsulares con el sur del Mediterr neo94 Merecen tambi n un comentario algunos artefactos cuya materia prima no habla per se de circulaci n a larga distancia pero que atendiendo a ciertas circunstancias s permiten sopesar su integraci n en circuitos de intercambio y su condici n de objetos de prestigio La abundancia en el sur peninsular de dolos calcol ticos ya sean placas cilindros o antropomorfos95 contrasta con la anecd tica presencia de los mismos en el centro norte peninsular los dolos placa se reducen a los contados ejemplares de A Carballeira en Pontevedra y de Galisancho y La Casa del Moro en Salamanca96 Otros elementos meridionales no menos excepcionales ser an el dolo antropomorfo de Las Po zas y el vaso calizo de El Fonsario ambos en Zamora97 Y tambi n habr a de considerarse en el marco de estas corrientes de intercambio el hallazgo aislado de armas singulares como el pu al tallado en s lex ex tico de La Garma Cantabria98 o las hachas de anfibolita que desde la zona de Ossa Morena junto con el cobre llegan a la Estremadura portuguesa99 Comentario similar merece el kit de elementos pulimentados del m s arriba mencionado Horizonte Rechaba que incluir a entre otros largos cinceles mazas y dobles hachas perforadas100 De probable inspiraci n nordeuropea alcanzaron tierras lejanas como el norte de Extremadura y las sierras abulenses donde se registra un completo lote utilizado como ajuar en el t mulo no megal tico de la Dehesa de R o Fortes101 Y por el Cant brico se distribuyeron tambi n hasta Guip zcoa hacha de Balenkaleku siendo probable a juzgar por lo revelado por el doble pico perforado de Marabiu Asturias que gran parte de ellas se fabricasen sobre una roca particular la cianita proveniente de unas canteras ubicadas al Este de Santiago de Compostela102 La asociaci n de estos elementos pulimentados y su aparente configuraci n como equipo de parada aunque de fechas dentro de la primera mitad del III milenio en cierto modo puede parangonarse con la distribuci n de grandes hachas o hachas perforadas algunas de ellas de jade ta alpina conocidas aunque fuera de contexto en el tercio norte peninsular103 Si se a ade a todo ello el cobre que a partir de las grandes explotaciones del Aramo hubo de nutrir a amplias regiones hu rfanas de dicho recurso y en menor medida porque en el Calcol tico precampaniforme tiene un car cter excepcional el oro se estar en condiciones de captar el enorme esferzo canalizado hacia la esfera de los intercambios de bienes de prestigio y la importancia que hubieron de revestir estos como elementos de estatus y s mbolos de autoridad Manifestaciones simb licas Junto a las pr cticas funerarias las manifestaciones simb licas constituyen otra v a de aproximaci n a la esfera religiosa de las sociedades prehist ricas de manera que su tremenda riqueza en la Pen nsula durante el III milenio cal a C no es sino fiel reflejo de la compleja ritualidad calcol tica En este despliegue simb lico vamos a encontrar expresiones gr ficas coVillalobos 2013 Arias Cabal et al 1999 99 Lillios 1997 100 V zquez Varela 1979 101 Estremera y Fabi n 2002 102 Blas Cortina 2001 103 F bregas et al 2012 97 Delibes 2000 Hunt et al 2012 93 Vila a et al 2002 lvarez et al 2005 Bueno et al 2005 94 Schuhmacher et al 2009 95 Gon alves 1997 96 Bueno Ram rez 2010 Guerra et al 2009 92 98
110  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  contextos calcol  ticos como Camino de las Yeseras, tambi  n en Madrid, o el...
el calcol tico en la meseta y su orla atl ntica intensificaci n econ mica 3200 2500 cal a c Figura 8 dolos placa calcol ticos de Garrovillas y Trincones I C ceres Fotograf a R del Balb n y P Bueno 111
el calcol  tico en la meseta y su orla atl  ntica  intensificaci  n econ  mica  3200-2500 cal. a.c.   Figura 8.   dolos-pl...
112 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica rrespondientes a tres tradiciones art sticas que se solapan en cuanto a repertorio iconogr fico y espacios de representaci n lo que de forma gen rica podr amos denominar Arte Megal tico el Arte Esquem tico y los petroglifos del noroeste104 Conviven por tanto arte rupestre y mobiliar motivos al aire libre y en cueva soportes de muy diversa naturaleza variedad de t cnicas grabado pintura escultura pluralidad tem tica antropomorfos zoomorfos motivos simb licos e incluso una diferenciaci n regional tan acusada como para hablar de provincias art sticas distintas Por esta raz n no resulta sencillo ofrecer una panor mica general ni de las inquietudes est ticas que inspiraron estas expresiones art sticas ni de los sistemas de creencias en los que se articularon m xime cuando tampoco se puede afinar demasiado en el encuadre cronol gico de la mayor parte de las manifestaciones El ciclo de representaci n de las pinturas y grabados correspondientes al Arte Esquem tico se prolong desde el VI al II milenio cal a C ocupando toda la Pen nsula Ib rica pero es al periodo calcol tico al que se adscriben la mayor parte de los paneles en virtud de los paralelos existentes entre los antropomorfos esquem ticos y los dolos votivos de dicho momento105 Todos ellos comparten una uniformidad conceptual como consecuencia de la repetici n de la misma iconograf a a lo largo de una amplia secuencia de tiempo106 lo que confirma el valor simb lico que estas figuras vagamente humanas tuvieron para las comunidades de la Prehistoria Reciente Pero adem s se aprecia tambi n la estrecha vinculaci n del mundo simb lico del Calcol tico con el Megalitismo Los mismos grabados y pinturas que se plasman al aire libre decoran los monumentos megal ticos bien sea sepulcros de corredor menhires o estelas lo que resulta particularmente ostensible en el Tajo Internacional donde funcionan como marcadores gr ficos en el paisaje para delimitar territorios107 En la Extremadura espa ola el simbolismo alcanza su m ximo esplendor en el tr nsito del IV al III milenio conforme denotan las decoraciones parietales y las figuraciones antropomorfas documentadas en d lmenes de fecha avanzada como Trincones I en C ceres cuya mejor expresi n son ciertos dolos votivos herederos de los dolos placa alentejanos del Neol tico Final108 Y en la pen nsula de Lisboa este momento a relacionar como ya tuvimos ocasi n de ver con las grutas artificiales y el inicio de los tholoi coincidir a en lo simb lico con el optimo de los artefactos votivos en calc reo un conjunto muy variado tipol gicamente que engloba dolos betilo fundamentalmente formas menos comunes dolospi a o dolos alcachofa l nulas azuelas morteros vasos y cajas rectangulares y tipos raros o nicos como las conocidas sandalias de Alapraia109 En el centro y en el tercio norte peninsular en cambio el arte mobiliar no se cultiv con la misma intensidad durante la primera mitad del Calcol tico quiz s debido a la aparici n de f rmulas funerarias nuevas que buscaban escenarios al margen de los megalitos Esta circunstancia no deja de resultar sorprendente teniendo en cuenta los influjos que llegan desde el sur y que en el plano simb lico se concretan en ciertas piezas votivas como los llamados dolos de cuernos m s bien morillos o la cer mica simb lica En cambio el Arte Esquem tico va a conocer un gran desarrollo en estos territorios destacando por el n mero de yacimientos las concentraciones pict ricas de Extremadura del Duero portugu s del sur de Salamanca del Barranco del Durat n en Segovia o del Monte Valonsadero en Soria Algo posteriores son los grabados esquem ticos del Alto Duero y la Cornisa Cant brica que se atribuyen a momentos avanzados del Calcol tico o incluso del Bronce Antiguo110 y a pesar de sus evidentes ra ces megal ticas la misma cronolog a avanzada reclaman los conocidos iconos esteliformes de Pe a T y Collado de Sejos en Asturias y Cantabria respectivamente que hablan como nexo con el Neol tico del culto a los ancestros111 Algo similar puede decirse de los petroglifos del noroeste peninsular Galicia y los territorios norte os de Portugal principalmente con alg n testimonio aislado en la provincia de Le n que si bien pudieron gestarse en el Calcol tico o incluso con anterioridad caso de las cazoletas es en la Edad del Bronce cuando conocen su mayor desarrollo112 A lo largo de la Edad del Cobre parece vislumbrarse por tanto la vigencia del sistema de creencias vinculado al Megalitismo entendido no en su m s estricta concepci n arquitect nica de tumbas monumentales sino como un conjunto de prescripciones m gico religiosas relacionadas con la muerte113 Pero m s que una mera traslaci n del Neol tico al Cobre de la ideolog a religiosa con su iconograf a se produce una intensificaci n simb lica y una apropiaci n de las im genes de los ancestros por parte de ciertos individuos de una minor a emergente como argumento ideol gico de su posici n privilegiada114 111 112 113 114 109 105 106 107 108 104 Lucas 1993 Sanchidri n 2001 B cares 1990 Bueno et al 2004 Bueno et al 2010b 110 Gon alves 2003 G mez Barrera 1992 Blas 2003 F bregas 2001 Gon alves 2003 38 Bueno et al 2010
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Rafael Garrido Pena El Campaniforme en la Pen nsula Ib rica Un viejo dilema de la Prehistoria de Europa y de Pen nsula Ib rica sular de Harrison3 pero pronto la aplicaci n de las t cnicas de dataci n absoluta y en concreto el C14 iba a desmontar estos modelos El Campaniforme es uno de los fen menos arqueol gicos que m s pol mica y debate han generado desde los comienzos de las investigaciones1 La amplia dispersi n de un conjunto de tipos de objetos cer micas armas y herramientas de cobre adornos de oro etc que aparecen asociados en numerosos yacimientos calcol ticos de buena parte de Europa occidental siempre ha supuesto un reto dif cil de explicar A comienzos del siglo XX las primeras teor as interpretaban este fen meno en clave cultural como los restos materiales dejados a su paso por un grupo cultural tnico o incluso una raza m vil guerrero y buen conocedor de la metalurgia del cobre y del oro con los que comerciaba y somet a a los pueblos ind genas Boch Gimpera y Castillo situaron el origen de este pueblo en el centro de la Pen nsula Ib rica inaugurando una l nea de investigaci n muy f rtil que ofrecer a multitud de trabajos2 Lanting y van der Waals proponen a mediados de los a os 70 el llamado modelo holand s que sit a el origen del campaniforme en la desembocadura del Rin por evoluci n de la Cultura de la Cer mica Cordada del Neol tico en el norte y centro de Europa4 Este modelo de gran xito posterior se basa en una secuencia de evoluci n cultural ininterrumpida a partir de la dataci n por C14 de contextos funerarios Esta teor a ha estado vigente hasta fechas recientes en las que trabajos que dispon an de muchas m s dataciones de todo el mbito europeo y que aplicaban la calibraci n de las dataciones5 han demostrado que el panorama no es tan claro Por ello actualmente varios autores vuelven a buscar el origen del Campaniforme de nuevo en la Pen nsula Ib rica y en concreto en el sector central de Portugal6 que de hecho ofrece una de las mayores concentraciones de hallazgos en toda Europa Con la multiplicaci n de hallazgos y el mejor conocimiento de la seriaci n cronol gica interna del fen meno delimitada por la definici n de diferentes estilos decorativos a mediados de los a os 60 empiezan a surgir otras propuestas Sangmeister las sintetizar en su conocida teor a del reflujo que postula un origen dual para el campaniforme Inicialmente surgir a en la zona del estuario del Tajo Portugal el primer estilo decorativo denominado Mar timo o Internacional por su distribuci n y homogeneidad desde donde se extender a en un movimiento de flujo por buena parte de Europa occidental En Centroeuropa esta cultura se hibridar a con las calcol ticas locales adoptando una serie de elementos brazales de arquero botones de perforaci n en V etc que le acompa ar an en un movimiento de reflujo que las dispersar a hacia el Sur y el Oeste en fases avanzadas del fen meno creando en cada zona distintos estilos locales m s tard os En este marco se publica la s ntesis penin Sin embargo todos estos trabajos pese a defender hip tesis diferentes coinciden en su trasfondo te rico al identificar el Campaniforme con una cultura un grupo tnico determinado sobre cuyos or genes se especula Sin embargo desde los a os 70 y a ra z del pionero trabajo de Clarke7 otros autores optan por la interpretaci n de las causas de la extensi n de este fen meno que buscan en la estructura econ mica y social de los grupos de la Europa calcol tica Como se ala el propio Clarke no se tratar a de pueblos campaniformes sino pueblos con campaniforme entendiendo que los elementos materiales que lo componen son objetos especiales de alto valor social que circular an a trav s de las redes de intercambios en una Europa en pleno proceso de transformaci n econ mica con el surgimiento de formas incipientes de jerarquizaci n social Los l deres tratar an de apuntalar su d bil posici n exhibiendo estos objetos como una parafernalia ritual que combina cer micas lujosas armas y adornos todos ellos emblema del prestigio y el poder 5 6 7 3 4 2 1 Universidad Aut noma de Madrid rafael garrido uam es Garrido 2005 Garrido 2000 5 8 Garrido et al 2011 109 Harrison 1977 Lanting y van der Waals 1976 M ller y Van Willingen 2001 Salanova 2005 Clarke 1976
Rafael Garrido Pena   El Campaniforme en la Pen  nsula Ib  rica  Un viejo dilema de la Prehistoria de Europa y de Pen  nsu...
114 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Sherratt incorpora las teor as de Clarke a adiendo un interesante matiz de gran repercusi n en la investigaci n posterior sobre el posible contenido alcoh lico de las cer micas campaniformes8 Tan dignos contenedores cer micos s lo pod an albergar en su interior preciadas bebidas consumidas en contextos ceremoniales de alto valor social y las bebidas alcoh licas cumplen perfectamente este papel especialmente en sociedades carentes de instituciones pol ticas permanentes donde resultan muy tiles para reclutar partidarios a trav s de la celebraci n de fiestas En los ltimos a os el desarrollo de las t cnicas de laboratorio ha permitido identificar en numerosos ejemplares de campaniformes peninsulares residuos de varias bebidas alcoh licas especialmente distintos tipos de cerveza9 Parece en definitiva un consenso generalizado que los elementos campaniformes no son el emblema de una cultura o una etnia determinadas sino objetos de alto valor social que formaron una exitosa combinaci n que se extendi a trav s de los sistemas de intercambios en un momento clave de la Prehistoria reciente europea y peninsular Componentes fundamentales del pack campaniforme Este conjunto de objetos que forman lo que suele denominarse el pack campaniforme est formado por una serie de tipos altamente estandarizados que aparecen juntos de forma recurrente en los mismos contextos arqueol gicos Fig 1 Cer micas Las cer micas forman un conjunto reducido de formas estandarizadas especialmente el vaso campaniforme de perfil sinuoso en torno a 1 litro de capacidad y proporci n 1 1 entre el di metro de boca y la altura total ideal para el manejo y consumo de l quidos A l se unen la cazuela una vasija ancha y baja proporci n 3 1 y de capacidades variadas normalmente entre 1 5 2 5 litros claramente relacionada por todo ello con la presentaci n y consumo de alimentos s lidos Junto a ellas existen tambi n los cuencos y cazuelillas peque os recipientes de consumo individual utilizados probablemente para distribuir el contenido de vasos y cazuelas Excepcionales son las copas campaniformes documentadas nicamente en El Acebuchal Carmona la zona central de Portugal Sao Pedro do Estoril Cascais 10 Sherratt 1987 Rojo et al 2006 Garrido et al 2011 10 Gon alves 2005 8 9 Figura 1 Representaci n de un personaje ataviado con los elementos que componen el conjunto campaniforme Seg n Rojo y otros 2005 Dibujo Luis Pascual Repiso y siguiendo el Tajo en hallazgos mesete os como El Ventorro el conquense de El Alto del Romo o el m s reciente y completo de Humanejos por ejemplo Todas ellas tienen finas paredes en torno a 5 mm de grosor medio un cuidado modelado y acabado de las paredes as como una rica y compleja decoraci n En ocasiones la decoraci n se rellena de pasta blanca compuesta por hueso triturado como
114  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Sherratt incorpora las teor  as de Clarke a  adiendo un interesante matiz, d...
el campaniforme en la pen nsula ib rica han demostrado an lisis de laboratorio recientes11 lo que la hace resaltar sobremanera frente al fondo oscuro del recipiente Los estilos m s antiguos son el cordado con impresi n de cuerdas y distribuci n minoritaria y perif rica en la Pen nsula y el Mar timo Fig 2 hecho mediante impresi n a peine o concha en algunos casos con bandas rellenas de trazos oblicuos alternando con otras lisas que aparece por toda la Pen nsula aunque especialmente concentrado en la zona central de Portugal Posteriormente aparecen dise os geom tricos que se a aden a los esquemas mar timos cl sicos hasta configurar un estilo que se ha denominado Puntillado geom trico por conservar a n la impresi n a peine pero con un repertorio de motivos m s amplio Ser a una suerte de estilo transicional hacia los posteriores de tipo regional Los estilos regionales m s tard os se realizan con t cnica impresa empleando matriz no dentada y se han denominado con distintos nombre regionales o locales Palmela Salam Carmona y sobre todo Ciempozuelos 12 Fig 3A Si los estilos antiguos como el cordado o el mar timo responden a esquemas decorativos muy estandarizados en toda Europa sobre todo la sucesi n de bandas rellenas de trozos oblicuos en direcci n alternante el Ciempozuelos y coet neos lo hacen de acuerdo con esquemas m s locales y regionales aunque tambi n sorprendentemente regulares y estandarizados Empleando repertorios de motivos geom tricos relativamente reducidos y normalmente no m s de tres por vaso se combinan hasta formar esos complejos esquemas ornamentales siguiendo patrones muy regulares muchas veces sucesivos y otras dotados de clara simetr a central Por su singularidad merece la pena destacar la existencia de una variante decorativa que incorpora junto a los caracter sticos motivos geom tricos otros figurativos zoomorfos como c rvidos soliformes etc directamente vinculados con el mundo del arte rupestre y otros soportes dolos etc que es conocido como campaniforme simb lico Fig 3B Contamos con excepcionales ejemplos peninsulares de esta curiosa variante como el cuenco de Las Carolinas y la cazuela de El Camino de las Yeseras ambos en Madrid los cuencos de Ciavieja y Los Millares en Almer a o los de Palmela Tituaria y Castro de Portucheira en Portugal Tampoco podemos olvidar la presencia en los asentamientos de grandes vasos de almacenaje con decoraci n campaniforme que pese a sus dimensiones exhiben tambi n una notable estandarizaci n es Odriozola y Hurtado 2007 Harrison 1977 11 12 Figura 2 Vaso campaniforme de estilo Mar timo del T mulo de La Sima Mi o de Medinaceli Soria Seg n Rojo et al 2005 Fotograf a Alejandro Plaza Museo Numantino de Soria pecialmente en su ornamentaci n que suele emplear esquemas y dise os repetitivos quiz s indicando su funcionalidad como grandes vasijas para fermentar o consumir la bebida que se inger a en la vajilla est ndar De hecho un reciente hallazgo del abrigo soriano de Carlos lvarez conten a residuos de cerveza de trigo Finalmente existen tambi n cer micas campaniformes lisas que a pesar de carecer de ornamento alguno replican con exactitud las mismas formas del repertorio decorado vasos campaniformes cazuelas cuencos etc con las que se combinan adem s en muchos ajuares funerarios Por esta raz n se las conoce como Estilo Liso Armas y herramientas de cobre Entre las herramientas cabe destacar los punzones biapuntados y las hachas planas si bien estas ltimas pueden ser tambi n armas como lo son indudablemente los pu ales cuchillos de leng eta y las Puntas de lanza de tipo Palmela Fig 4A Todos estos elementos se realizan en cobre a veces con un importante porcentaje de ars nico sobre todo los pu ales cuya adici n no parece intencional a juzgar por lo que se alan los an lisis arqueometal rgicos Los primeros bronces s lo aparecen de forma excepcional durante el campaniforme peninsular 115
el campaniforme en la pen  nsula ib  rica  han demostrado an  lisis de laboratorio recientes11, lo que la hace resaltar so...
116 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 3 Cer micas campaniformes A necr polis de Ciempozuelos Fotograf a Museo Arqueol gico Nacional B Cuenco de Las Carolinas Madrid vista externa superior e interna inferior Fotograf a Museo Arqueol gico Regional de Madrid como por ejemplo en el yacimiento gerundense de Bauma del Serrat del Pont Durante este fen meno parece que el uso de la metalurgia del cobre se expande en la Pen nsula sin que se asocie tampoco con cambios tecnol gicos muy importantes respecto a la etapa calcol tica precedente Siguen emple ndose vasijas horno y crisoles para la fundici n algunas veces incluso recipientes con decoraci n campaniforme como en El Ventorro Madrid Son Matge Mallorca y la Bauma del Serrat del Pont Gerona por ejemplo13 Incluso los sistemas de enmangue de las piezas utilizan durante todo este periodo el sistema de leng etas o ped nculos insertados en los mangos de madera desaparecidos mientras en otros mbitos de Europa occidental aparecen los primeros remaches mucho m s tiles para fijar eficazmente el mango a la hoja y que ser n el sistema recurrente durante la Edad del Bronce Al igual que ocurr a con los bronces s lo al final de esta etapa y de forma minoritaria vemos aparecer la innovaci n de los remaches en un tipo de armas peculiares como las alabardas de tipo Carrapatas de origen atl ntico vinculadas con el campaniforme en un reciente hallazgo funerario de estilo Ciempozuelos en Humanejos Parla Madrid Los ltimos pu ales de leng eta fabricados durante el Campaniforme van aumentando el tama o de su Rovira y Delibes 2005 13 hoja respecto a una leng eta cada vez m s reducida que se ver sustituida finalmente por los remaches En el pu al del dolmen zamorano de Almeida de Sayago encontramos ambos sistemas una peque sima leng eta y dos remaches14 que preludian las innovaciones tecnol gicas que se iban a imponer en los siglos siguientes Adornos de oro La orfebrer a de oro conoce en este periodo su primer gran impulso con la multiplicaci n de hallazgos y de tipos desde las grandes diademas o bandas para decorar la frente Fuente Olmedo hasta las t picas chapitas cuadradas o rectangulares que constituyen quiz s el tipo predominante o las cuentas de collar Todas ellas se realizan en oro aluvial a partir de delgadas laminitas que son martilleadas concienzudamente hasta obtener los productos finales Necesariamente han de ir vinculadas como apliques a elementos de materia org nica perdidos especialmente las peque as chapitas y placas que a veces pudieron combinarse formando tocados tan complejos como el aparecido recientemente en la cabeza de un individuo inhumado en el yacimiento madrile o de Camino de las Yeseras Excepcional es tambi n el brazalete de arquero de oro macizo Delibes 1977 72 73 14
116  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 3. Cer  micas campaniformes   A  necr  polis de Ciempozuelos. Fotogra...
el campaniforme en la pen nsula ib rica Figura 4 Materiales campaniformes del T mulo de La Sima Mi o de Medinaceli Soria A Pu ales de leng eta de cobre B Puntas de tipo Palmela de cobre C Brazales de arquero de piedra Fotograf as Alejandro Plaza Museo Numantino de Soria procedente de Vila Nova de Cerveira en Viana do Castelo Portugal Otros elementos de alto valor simb lico En esta categor a podemos incluir otros elementos ni cer micos ni met licos que aparecen sin embargo de forma recurrente en los contextos campaniformes y constituyen se as de identidad fundamentales de este complejo fen meno Se trata de los brazales de arquero y de los botones de hueso y marfil con perforaci n en V Los brazales de arquero son placas rectangulares de piedra normalmente con perforaciones en los extremos que reciben su nombre de la interpretaci n funcional m s extendida que sobre ellos se ha propuesto Fig 4B En efecto se considera que pudieron ir sujetos a la cara interna del antebrazo donde no en vano se han descubierto en varios contextos funerarios para amortiguar el impacto de la cuerda del arco De hecho es asimismo frecuente encontrar entre los ajuares funerarios campaniformes puntas de flecha de s lex especialmente las de ped nculo y aletas Adem s por ejemplo en las c lebres estelas antropomorfas de la necr polis campaniforme suiza de Petit Chasseur el arco es uno de los s mbolos m s caracter sticos El arco y las flechas siguen siendo las armas b sicas de los grupos calcol ticos tanto para la caza como en sus enfrentamientos b licos En el terreno del adorno personal es donde debemos situar los botones de perforaci n en V llamados as por su curioso sistema de sujeci n a las prendas que pertenecer an Presentan una variedad de tipos estandarizados como los hemiesf ricos c nicos de tipo tortuga troncoc nicos piramidales etc y se realizan tanto en hueso como en marfil Recientes an lisis de laboratorio15 han permitido incluso demostrar que se trata en ciertos casos de marfil africano lo que incide nuevamente en el gran desarrollo de los sistemas de intercambios durante el Calcol tico peninsular Adem s la distribuci n de algunos de estos botones en tumbas como la alineaci n documentada en la Gruta 1 de Sao Pedro do Estoril en Cascais Portugal 16 sugiere muy claramente su vinculaci n a vestimentas Schuhmacher y Banerjee 2012 Gon alves 2005 117 15 16 117
el campaniforme en la pen  nsula ib  rica  Figura 4. Materiales campaniformes del T  mulo de La Sima  Mi  o de Medinaceli,...
118 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Prendas que en este contexto hemos de imaginar valiosas y de tipo ceremonial quiz s como las que nos muestran tambi n las estelas antropomorfas suizas de Petit Chasseur con una cuidada decoraci n muy semejante a la que adorna los vasos campaniformes En suma los elementos campaniformes forman un conjunto estandarizado de tipos que aparecen de forma recurrente en los mismos contextos y que se documentan con peque as variantes regionales por buena parte de la Europa occidental de la segunda mitad del III milenio cal AC Sin embargo algunos de ellos pueden considerarse producciones b sicamente peninsulares como las cazuelas que s lo se documentan muy espor dicamente en otras regiones como Sicilia o sur de Francia las puntas de tipo Palmela que siendo muy abundantes en la Pen nsula alcanzan apenas el sur de Francia y el Norte de frica o los campaniformes simb licos que son exclusivamente peninsulares Marco cronol gico y geogr fico El Campaniforme ocupa en la Pen nsula Ib rica la segunda mitad del III milenio cal AC 2500 2000 AC si bien algunas dataciones de C14 nos permiten ampliar este periodo cronol gico en su l mite superior hasta el 2700 2600 y por el inferior hasta el 1900 AC Sin embargo este marco general var a mucho regionalmente ya que mientras en regiones como el Sureste peninsular desaparece hacia el 2200 2000 en buena parte del interior peninsular se prolonga durante los comienzos del II milenio AC 2000 1900 AC en lo que tradicionalmente se denomina Bronce antiguo M s compleja resulta la seriaci n cronol gica interna de este fen meno ya que los procedimientos de dataci n absoluta actualmente disponibles tienen sus limitaciones a la hora de detallar periodos relativamente cortos m s a n este en el que la curva de calibraci n de las dataciones de C14 muestra una gran irregularidad La seriaci n estil stica tradicional permite diferenciar dos grandes fases Estilo Mar timo o Internacional de distribuci n paneuropea y cronolog a m s antigua Estilos regionales Salam Carmona Palmela Ciempozuelos m s tard os Resulta muy dif cil establecer el l mite cronol gico entre ambas por las limitaciones hoy por hoy insalvables del m todo de dataci n pero podr a situarse sin mucha precisi n entre el 2300 2200 AC Adem s cuando empiezan a fabricarse los campaniformes de estilos locales siguen realiz ndose los de tipo mar timo a n junto a los que aparecen en algunos niveles arqueol gicos de asentamientos peninsulares Sin em bargo es importante resaltar que nunca aparecen juntos los campaniformes mar timos y los de los estilos m s tard os en contextos funerarios cerrados Tambi n se han podido definir en algunas regiones peninsulares estilos decorativos epicampaniformes esto es con decoraci n semejante y heredera de la campaniforme pero con importantes diferencias sobre todo en la organizaci n de los dise os decorativos Ocupar an la fase final de la secuencia campaniforme bien entrado el II milenio cal AC Es el caso por ejemplo del llamado Estilo Arbol del noreste peninsular o del de tipo Dornajos en la zona de la Mancha17 En cuanto a la distribuci n geogr fica del fen meno campaniforme en la Pen nsula podemos asegurar en la actualidad que no hay regi n donde no se documente e incluso en aquellas donde menos conocida era su presencia como en Galicia18 Cantabria19 o Extremadura20 por ejemplo las recientes investigaciones han avanzado notablemente No obstante podemos se alar que la mayor concentraci n de hallazgos se produce en la zona central de Portugal con una clara prolongaci n hacia el interior de la cuenca del Tajo En general el interior peninsular muestra una importante presencia de hallazgos concentrados en torno a las principales v as de comunicaci n valles del Duero y Tajo Todo ello demuestra que la Pen nsula Ib rica contaba con una tupida red de intercambios a lo largo de todo el III milenio cal AC que preceden a la aparici n del Campaniforme pero que se desarrollan y expanden de forma destacada con l Los contextos arqueol gicos lugares de h bitat y tumbas Podemos se alar en la actualidad con bastante seguridad que no existe un modelo de poblado ni de tumba campaniforme y ello es as porque como se indic anteriormente no se trata de una cultura sino de un fen meno que afecta a diferentes grupos o culturas y por lo tanto sus contextos de aparici n son tan variados como ellas especialmente en una regi n tan vasta como la Pen nsula Podr amos diferenciar dos grandes categor as los lugares de h bitat y las tumbas Los lugares de h bitat La variabilidad de los asentamientos calcol ticos peninsulares es muy importante y sobre ella incidir 19 20 17 18 Garrido 2000 131 136 Prieto y Salanova 2011 Onta n 2005 Hurtado 2005
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el campaniforme en la pen nsula ib rica Figura 5 Tumba hipogeica de la necr polis campaniforme de Humanejos Parla Madrid Fotograf a de Sara Genicio Lorenzo Cortes a de Ra l Flores Fern ndez el campaniforme tambi n de forma muy diversa y variable Desde finales del IV comienzos del III milenio AC aparecen grandes poblados amurallados en regiones como el Sureste Los Millares por ejemplo o el centro de Portugal Zambujal como consecuencia de importantes transformaciones econ micas y sociales Estos n cleos de poblaci n ven a mediados del III milenio AC la incorporaci n de los elementos campaniformes siempre minoritarios no m s de un 5 del total de materiales recuperados en general vinculados con una restricci n del rea ocupada muchas veces centrada en las zonas elevadas de estos n cleos acr polis Ello ha sido interpretado junto a otros indicios como el testimonio del aumento de la inestabilidad pol tica en una fase de crisis y conflictividad En otra de las grandes reas del Calcol tico inicial el Suroeste peninsular el campaniforme tambi n se incorpora a los grandes recintos de fosos como el sevillano de Valencina de la Concepci n o el extreme o de La Pijotilla21 por ejemplo En este ltimo tambi n se constata Hurtado 2005 21 una reducci n muy sensible del rea ocupada durante la fase campaniforme y al parecer un incremento de las diferencias entre los clanes a juzgar por los ajuares funerarios de la necr polis aleda a En otras regiones peninsulares las manifestaciones de complejidad social son mucho menos claras porque tuvieron una escala sensiblemente menor Los patrones de asentamiento durante el III milenio no muestran indicios de jerarquizaci n ni centralizaci n ni se documentan importantes n cleos de poblaci n El poblamiento se encuentra mucho m s fragmentado en peque os h bitats ya sea de tipo estacional cuevas o permanente como los campos de hoyos que son el tipo de poblado caracter stico de amplias zonas del interior peninsular a veces delimitados por o coexistiendo con peque os recintos de fosos casi siempre inferiores a 1 Ha de superficie salvo el yacimiento madrile o de Camino de las Yeseras que por sus dimensiones unas 20 Has pudo tratarse de un lugar central22 En ellos los elementos campani Liesau et al 2008 22 119
el campaniforme en la pen  nsula ib  rica  Figura 5. Tumba hipogeica de la necr  polis campaniforme de Humanejos  Parla, M...
120 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica formes que normalmente son peque os fragmentos cer micos aparecen dispersos y en cantidades siempre minoritarias 1 5 si bien en yacimientos como el madrile o de El Ventorro se concentran en algunas caba as junto a las evidencias de metalurgia crisoles restos de fundici n y de fauna23 Finalmente no podemos olvidar por su singularidad e inter s el reciente descubrimiento de importantes asentamientos con materiales campaniformes pr ximos a las zamoranas lagunas de Villaf fila Molino Sanch n Santioste que han sido interpretados como factor as especializadas en la producci n e intercambio de la sal24 un recurso cr tico en la alimentaci n de personas y animales dom sticos Las tumbas La variabilidad de las estructuras funerarias es a n mayor Si hace unas d cadas parec a casi un lugar com n vincular las sepulturas individuales en fosa con el Campaniforme frente a las tumbas colectivas de los periodos precedentes hoy podemos afirmar que esta idea es una simplificaci n excesiva de una realidad m s compleja Existen tumbas individuales desde los comienzos del Neol tico y los panteones colectivos no desparecen ni en el Calcol tico ni durante el Campaniforme aunque s es cierto que se reduce notablemente el n mero de los inhumados en ellos frente a lo que ocurr a en las sepulturas megal ticas del Neol tico Parece que se trata ahora de peque os panteones familiares pertenecientes a linajes o grupos de parentesco que detentan el poder por la concentraci n de elementos de prestigio en ellos Es el caso de las cuevas artificiales de la zona central de Portugal Grutas de Quinta do Anjo en Palmela Alapraia o San Pedro de Estoril 25 y otras estructuras hipogeicas semejantes descubiertas recientemente en la cuenca interior del Tajo como la necr polis de Valle de las Higueras en Toledo26 y las madrile as de Camino de las Yeseras27 y Humanejos28 Fig 5 que han proporcionado espectaculares hallazgos funerarios donde se combinan las finas vajillas cer micas campaniformes con abundante armamento de cobre orfebrer a de oro y los caracter sticos brazales de arquero y los botones de perforaci n en V de hueso y de marfil Por supuesto que se conocen tambi n ricas sepulturas individuales como por ejemplo los hallazgos cl sicos mesete os de Villabuena del Puente Zamo 25 26 27 28 23 24 Garrido et al 2005 Guerra et al 2011 Gon alves 2005 Bueno et al 2005 Liesau et al 2008 Flores y Garrido en prensa ra o Fuente Olmedo Valladolid cubierta bajo un peque o t mulo de piedra y con uno de los ajuares campaniformes m s ricos de Europa pues al tr o cer mico de Estilo Ciempozuelos se le a ad an una diadema de oro un brazal de arquero una punta de flecha de s lex y un espectacular conjunto de armas de cobre formadas por un pu al de leng eta y once Puntas de lanza de tipo Palmela29 Fig 6 Mucho m s reciente es el hallazgo de tumbas campaniformes individuales en fosa en el yacimiento de La Vital en la regi n valenciana30 Pero junto a ello resulta muy caracter stico tambi n en este periodo la reutilizaci n de sepulturas neol ticas especialmente las megal ticas que constituyen un foco de atracci n simb lico muy significativo en esta fase Esta reutilizaci n es particularmente intensa en aquellas regiones con importante pasado megal tico hasta tal punto que en ellas son el tipo de tumba campaniforme predominante como en la zona mesete a de Zamora Salamanca o en Andaluc a31 por ejemplo Uno de los casos sin duda m s espectaculares lo tenemos en el t mulo soriano de La Sima donde tras una compleja secuencia funeraria con dos fases neol ticas una tumba calero y un tholos en las que el sepulcro funciona como pante n colectivo se abandona M s de un milenio despu s se introducen diversas tumbas acompa adas de ajuares campaniformes FIGURAS 2 y 4 justamente a la entrada de la c mara del tholos sin penetrar en el interior de las que s lo dos se conservaron intactas32 Lo que se observa en La Sima parece un patr n general documentado en muchas otras tumbas megal ticas peninsulares Hace a os se interpretaba esta presencia de materiales campaniformes en los megalitos en t rminos de continuidad social ideol gica entendiendo que en ellos se constataban dilatadas dilatadas secuencias funerarias ininterrumpidas a lo largo de milenios Pero la excavaci n reciente de numerosos monumentos y la disponibilidad de muchas m s dataciones de C14 de los osarios neol ticos nos permiten afirmar que no se trata de tales secuencias continuas sino de diferentes periodos de uso separados por abandonos en ocasiones muy prolongados incluso de m s de un milenio El uso que cada poca hace del monumento funerario neol tico depende de sus propias circunstancias y su contexto social e ideol gico y en el caso del Campaniforme quiz s quepa atribuir esa insistencia en reutilizarlos como el reflejo de los deseos de legitimaci n por 31 32 29 30 Delibes 1977 62 68 Garc a y otros 2013 Lazarich 2005 361 Rojo et al 2005 Garrido et al 2005 416
120  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  formes, que normalmente son peque  os fragmentos cer  micos, aparecen disper...
el campaniforme en la pen nsula ib rica Figura 6 Ajuar funerario de la tumba campaniforme de Fuente Olmedo en Valladolid Seg n Delibes 1977 121
el campaniforme en la pen  nsula ib  rica  Figura 6. Ajuar funerario de la tumba campaniforme de Fuente Olmedo en Valladol...
122 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica parte de los l deres incipientes de unas estructuras pol ticas muy fr giles Caso distinto son algunas de las necr polis de los grandes n cleos calcol ticos peninsulares como las tumbas de tipo tholos de Los Millares en el Sureste o de La Pijotilla en Extremadura33 que siguen utiliz ndose durante el Campaniforme indicando en este caso una clara continuidad social e ideol gica dada la proximidad cronol gica M s bien parece que en estos grupos los personajes dirigentes adoptan como novedades estos nuevos s mbolos de poder y los emplean durante un tiempo hasta que surgen a comienzos de la Edad del Bronce nuevas formas de organizaci n social donde quiz s ya no eran necesarios Aun cabe mencionar otros dos ejemplos interesantes que ilustran la diversidad funeraria durante esta fase la tumba de Tres Montes en Navarra y la de Valdeprados en vila En el primer caso se trata de una curiosa y at pica estructura de madera y piedra a modo de casa de los muertos que fue clausurada con un fuego intenso que destruy la estructura El segundo es una peque a fosa que albergaba un enterramiento secundario con ricos ajuares campaniformes que inclu an adornos de oro y armas de cobre pu al y puntas Palmela La inmensa mayor a de inhumaciones campaniformes se realizaron en posici n primaria por lo que este caso quiz s haya que explicarlo como el traslado de los restos de alguien fallecido y enterrado en otra parte y transportado por determinadas razones excepcionales hasta su ubicaci n final donde fue descubierto A pesar de su diversidad las tumbas campaniformes presentan algunas caracter sticas comunes En general son sepulturas aisladas o que forman peque as necr polis que rara vez superan la decena de estructuras El n mero de individuos por tumba es reducido ya que casi nunca hay m s de cinco incluso en los peque os panteones Parece por tanto claro que el sector de la sociedad representado en ellas es minoritario y que es el mismo que controlaba el acceso a las materias primas ex ticas que aparecen en los ajuares marfil oro o incluso el cinabrio con el que se espolvorean muchos cuerpos En los ltimos a os se han podido descubrir en yacimientos como el madrile o de Camino de las Yeseras tumbas sin ajuares contempor neas de las campaniformes aparecidas en el mismo sitio lo cual sugiere grandes diferencias en el tratamiento funerario que tienen una casi inevitable lectura social Sin embargo deber an existir muchas m s tumbas o espacios funerarios para el resto de la poblaci n ausente y quiz s el sorprendente hallazgo del sepulcro colectivo calcol tico de Camino del Molino en Caravaca Murcia con m s de 1000 individuos34 sea un buen ejemplo del tipo de panteones donde se enterraba el com n de la poblaci n A su vez dentro de las tumbas campaniformes se constatan diferencias de riqueza en los ajuares ya que mientras algunas apenas cuentan con ajuares cer micos que repiten siempre ciertas combinaciones como el conocido trio Ciempozuelos a veces junto a brazales de arquero otros cuentan adem s con costosas armas de cobre y adornos de oro y marfil Los cuerpos se depositan en posici n primaria y encogidos postura fetal En cuanto al sexo y edad de los inhumados se documentan hombres mujeres y ni os y aunque la muestra disponible no es tan abundante como para resultar significativa a efectos estad sticos parece que predominan los varones sobre las mujeres y en cualquier caso los individuos infantiles son muy escasos Sin embargo los pocos documentados como el de Aldeagordillo vila 35 abren el campo de debate sobre la posibilidad de que algunos de estos personajes estuviesen intentando construir estructuras de poder hereditarias Recientes an lisis de is topos de calcio y f sforo han proporcionado interesantes datos sobre la dieta de los individuos que aparecen enterrados con ajuares campaniformes donde se constatan en ocasiones patrones diferentes de consumo por ejemplo de carne en un panorama general variado donde predomina la dieta vegetariana pero en el que tambi n algunos grupos familiares consumen por ejemplo pescado36 Finalmente no conviene olvidar algunos hallazgos interesantes muy recientes que no podemos clasificar propiamente como tumbas aunque guardan notables semejanzas con ellas Se trata de una serie de peque os t mulos mesete os como el abulense de Morcuero Gemu o o el soriano de El Alto III Fuencaliente de Medinaceli en cuyo interior se han recuperado materiales campaniformes a veces de gran riqueza como en el soriano donde aparecieron no s lo cer micas sino incluso adornos de oro pero que carecen de huesos humanos Su ausencia no se puede atribuir a problemas de conservaci n pues no se trata de suelos cidos sino a razones de tipo ritual37 Quiz s se trata de cenotafios o lugares especiales donde se desarroll alguna ceremonia conmemorativa ya que los t mulos no son siempre enterramientos sino hitos que se alan puntos significativos del paisaje ya sea por contener una tumba o tambi n como en estos casos por se alizar un acontecimiento o ceremonia de alto valor social 36 37 34 35 Hurtado 2005 328 329 33 Lomba et al 2009 Fabian 1992 Trancho y Robledo 2011 Garrido et al 2011 122 124
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el campaniforme en la pen nsula ib rica Figura 7 Escena que representa un banquete en un ritual de hospitalidad desarrollado con cer micas campaniformes Seg n Rojo et al 2006 Dibujo Luis Pascual Repiso El Campaniforme en su contexto social e ideol gico En definitiva parece bien argumentado que las cer micas campaniformes no fueron vulgares recipientes de uso dom stico cotidiano propios de una determinada cultura o grupo tnico racial sino una vajilla ritual de muy cuidada y costosa elaboraci n por lo complejo de la ejecuci n de sus dise os decorativos su fino modelado y sus formas estandarizadas38 Este set cer mico forma parte de una exitosa combinaci n de armas adornos y recipientes para desarrollar ritos de comensalidad vinculados con importantes significados En suma una parafernalia ritual que exhibir an ciertos personajes a lo largo de su vida y que les acompa ar a tambi n en su muerte No en vano los ajuares funerarios est n constituidos siempre por elementos cuidadosa e intencionadamente seleccionados para transmitir una imagen del fallecido al resto de la comunidad presente En realidad con ello m s Garrido 2000 38 que apuntalar las aspiraciones o posici n del muerto que ya desaparece lo importante es defender las de su familia y sus posibles herederos en los puestos de poder Las armas de cobre en ocasiones documentadas junto a las puntas de flecha de s lex proporcionar an la imagen de un guerrero y su autoridad militar Las puntas de lanza de tipo Palmela y los pu ales de leng eta como armas inciden adem s de en este aspecto en la posesi n de bienes de acceso restringido como los objetos met licos Los elementos de adorno otorgar an a su due o el prestigio de poseer bienes de acceso restringido muchas veces realizados con materias primas de procedencia ex tica como las joyas de oro o los botones de marfil Su posesor conseguir a con su exhibici n mostrar la imagen de un personaje bien conectado con las redes de intercambio a larga distancia lo que proporcionar a gran prestigio Las cer micas campaniformes como valiosas producciones especializadas formar an un conjunto recurrente empleado en una serie de ceremonias donde se 123
el campaniforme en la pen  nsula ib  rica  Figura 7. Escena que representa un banquete en un ritual de hospitalidad desarr...
124 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica consumir an alimentos y bebidas alcoh licas cerveza sobre todo que no todos podr an permitirse Mediante estos complejos ritos estos personajes lograr an reclutar partidarios para su causa y aspiraciones sociales Tales rituales tendr an lugar no s lo en los funerales sino tambi n en los asentamientos siempre en ocasiones especiales a trav s del desarrollo de ritos de hospitalidad o fiestas Fig 7 bien documentados etnogr ficamente en sociedades semejantes Ello explicar a la aparici n de cer micas campaniformes en los poblados y su car cter minoritario en los repertorios materiales Los an lisis de caracterizaci n de pastas cer micas que se han realizado durante los ltimos a os demuestran que en muchos casos existen claras diferencias en los patrones tecnol gicos respecto a la cer mica lisa pero tambi n nos indican que s lo porcentajes minoritarios de las campaniformes son importaciones39 Predominan claramente las pastas locales por lo que si hemos de explicar la extensi n de los complejos dise os decorativos las formas estandarizadas etc tenemos que acudir necesariamente al movimiento de algunas personas Ello no significa que tenga que volver a defenderse la existencia de movimientos migratorios importantes pues el funcionamiento de los intercambios matrimoniales en el contexto de las estrategias pol ticas y sociales m s comunes pactos alianzas etc unido a la posible existencia de viajeros individuales pueden explicar la extensi n de muchos elementos campaniformes y muchas ideas y s mbolos vinculados con ellos La Europa de mediados del III milenio AC se hallaba en pleno proceso de transformaci n econ mica Los grupos humanos hab an desarrollado notablemente a lo largo del Neol tico la tecnolog a agr cola y ganadera generando crecientes excedentes productivos que hab a que gestionar lo que fue dando paso a modelos de organizaci n social con mayores desigualdades Se hab an originado ya en algunas regiones los primeros n cleos de poblaci n importantes de la Prehistoria peninsular y los sistemas de intercambios a larga distancia hab an conectado la Pen nsula con circuitos de materias primas ex ticas de procedencia muy lejana en ocasiones como el marfil40 Todo ello explica la r pida incorporaci n de los elementos campaniformes en estos circuitos sociales como otro componente m s utilizado en las maniobras de legitimaci n simb lica del poder Ello no significa que todos los grupos europeos o peninsulares tuvieran el mismo tiempo de organizaci n social antes al contrario la diversidad era notable Pero el Campaniforme incide en ellas porque todas se hallan en pro Clop 2007 Jorge 2009 Schuhmacher y Banerjee 2012 ceso de transformaci n en diferente grado y en ellas las desigualdades sociales afloradas necesitan a n justificarse con multitud de soportes simb licos y rituales En regiones como el Sureste o el Suroeste se trataban probablemente de jefaturas con formas de desigualdad permanente pero en las restantes reas es m s apropiado hablar de sociedades transigualitarias empleando el concepto propuesto por Hayden es decir en transici n entre las igualitarias y las verdaderamente jerarquizadas41 Y ello es as porque en esas regiones no se documenta ni la clara centralizaci n ni la herencia del poder en un contexto de notable inestabilidad y conflicto Por ello quiz s var a sensiblemente la duraci n del Campaniforme en unas y otras prolong ndose hasta periodos iniciales de la Edad del Bronce en estas ltimas pues segu a siendo necesario en un contexto social a n inestable mientras en el Sureste por ejemplo hab a surgido ya el grupo de El Argar vinculado con formas pol ticas mucho m s complejas y estables No obstante la huella que el fen meno campaniforme dej en la Prehistoria reciente peninsular fue profunda El desarrollo de procesos tan intensos y continuados de interacci n social que conectaron muy estrechamente amplias zonas de Europa occidental difundir n nuevas formas de entender y expresar el poder personal a trav s de la exhibici n de armas met licas ritos de hospitalidad desarrollados con vajillas especiales y otros s mbolos del prestigio y el xito personal muy bien expresados en los ritos funerarios De hecho algunos de ellos como los brazaletes de arquero los botones de perforaci n en V o las copas cer micas seguir n emple ndose durante siglos entre los grupos peninsulares de la Edad del Bronce Las grandes cazuelas troncoc nicas del Bronce medio y final peninsular que algunos autores relacionan con el desarrollo de banquetes en los que se serv an y consum an importantes cantidades de carne tienen su origen en las cazuelas campaniformes Muchos dise os decorativos de grupos arqueol gicos tan caracter sticos como el de Cogotas I en el Bronce final proceden asimismo del repertorio campaniforme Menos evidentes son las huellas que estos siglos de profunda e intensa conexi n e intercambio de materiales personas e ideas dejasen en otros aspectos fundamentales como el mundo simb lico o las lenguas Tantos aspectos fundamentales del pasado como estos ltimos desaf an por desgracia los l mites del registro arqueol gico de estas etapas pero resulta evidente que los intercambios se realizan entre personas que han de tratar y entenderse En suma el impacto del Campaniforme fue muy importante y duradero y despu s de tantos siglos de estrechas relaciones se crearon v nculos y semejanzas que el paso del tiempo tard en borrar 39 40 Garrido 2006 41
124  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  consumir  an alimentos y bebidas alcoh  licas  cerveza sobre todo , que no t...
3 la edad del bronce las sociedades complejas los primeros agricultores neol ticos mediterr neos vi v milenios a c 125
3  la edad del bronce  las sociedades complejas  los primeros agricultores neol  ticos mediterr  neos  vi-v milenios a.c. ...
Vicente Lull Rafael Mic Cristina Rihuete Herrada y Roberto Risch La Edad del Bronce en la Iberia Mediterr nea Introducci n concepto cronolog a y periodizaci n En t rminos generales el comienzo de la Edad del Bronce en la pen nsula Ib rica vino marcado hacia 22001 por las manifestaciones materiales surgidas tras el ocaso de las sociedades calcol ticas mientras que su final coincidir a con el inicio de la actividad colonial fenicia en el Mediterr neo occidental hacia 900 La investigaci n ha concedido una relevancia especial a estas dos coyunturas hist ricas pero ello no significa que entre ambas se desarrollase una entidad o proceso social unitario De hecho la categor a Edad del Bronce agrupa realidades tan dispares que carece de un significado sociol gico preciso Ni siquiera resulta exacta como referencia tecnol gica puesto que el bronce no fue empleado hasta entrado el II milenio y los primeros enclaves fenicios no motivaron su sustituci n por el hierro En la pr ctica Edad del Bronce es poco m s que una convenci n con sentido cronol gico En la pen nsula Ib rica la diversidad social durante estos 1300 a os fue tan acusada que s lo la mayor consolidaci n territorial en buena parte de la franja mediterr nea justifica su tratamiento diferenciado Sin embargo dicha estabilidad territorial tampoco fue una constante ni en duraci n ni en alcance geogr fico ni en intensidad A este respecto destaca la sociedad de El Argar cuyos extensos asentamientos numerosos contextos funerarios y producciones artefactuales normalizadas la convierten en un referente para el desarrollo del urbanismo las clases sociales y las pol ticas de corte estatal En el exterior de su escenario suroriental y tambi n en el mismo sureste tras la poca arg rica la diversidad aflora de nuevo con fuerza aunque en algunos casos motivada por las lagunas que subsisten en el conocimiento arqueol gico La periodizaci n de las regiones situadas grosso modo entre Sierra Nevada y los Pirineos orientales se sustenta en m s de medio millar de dataciones radiocarb nicas y en decenas de registros estratigr ficos y contextuales2 Cuando menos para las reas meri 1 2 Universidad Aut noma de Barcelona Vicente lull uab cat Todas las indicaciones cronol gicas contenidas en el texto se expresan en a os calend ricos antes de nuestra era Gonz lez Marc n et alii 1992 Castro et alii 1996 Para un tratamiento adicional de las cuestiones de cronolog a y dionales resulta razonable una divisi n tripartita de la Edad del Bronce Bronce Antiguo ca 2200 1550 Entre estos l mites se sit a el grupo arqueol gico de El Argar y los que se definen en La Mancha y en los entornos orientales de los sistemas B ticos e Ib rico los mejor conocidos y en los que centraremos nuestra atenci n Algunas propuestas subdividen este intervalo en Bronce Antiguo y Bronce Medio o Pleno aunque esta inflexi n no siempre halla una definici n cronol gica y material satisfactoria Bronce Tard o ca 1550 1300 Salvo contadas excepciones la disminuci n de los asentamientos permanentes marc una inflexi n en el devenir social Por otro lado ello dificulta identificar entidades con l mites territoriales claros En esta poca y en la siguiente las novedades en la metalurgia del bronce y la alfarer a marcan la pauta para definir horizontes y grupos arqueol gicos Bronce Final ca 1300 900 En los siglos previos a la Edad del Hierro las comunidades peninsulares parecen m s vinculadas entre s y con el exterior tal y como sugieren las conexiones atl nticas mediterr neas y continentales Los primeros testimonios de la colonizaci n fenicia en el litoral meridional se alan convencionalmente el final de la Edad del Bronce aunque en la pr ctica los ltimos horizontes regionales podr an alcanzar en torno al 800 Bronce Antiguo ca 2200 1550 El problem tico conocimiento de las transiciones sociales Para entender qu realidades sociales se fraguaban hacia 2200 conviene atender a las transformaciones en marcha durante el periodo anterior Desde una perspectiva general el III milenio supuso la culminaci n de periodizaci n de la Edad del Bronce peninsular v anse Almagro Gorbea 1997 Ruiz G lvez 2001 y Barandiar n et alii 2007
Vicente Lull , Rafael Mic  , Cristina Rihuete Herrada y Roberto Risch  La Edad del Bronce en la Iberia Mediterr  nea  Intr...
128 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica un proceso socioecon mico iniciado con la expansi n neol tica Desde al menos el VI milenio las ocupaciones humanas se centraron en las tierras que proporcionaban rendimientos alimentarios elevados mediante tecnolog as relativamente poco intensivas en t rminos laborales La escasez o ausencia de asentamientos estables pluriestratificados refleja cambios residenciales peri dicos motivados por variaciones en la disponibilidad de recursos En muchos casos s lo la constataci n de tumbas colectivas usadas durante generaciones permite inferir cierto sentido de permanencia Desde finales del IV milenio las sociedades semisedentarias y abiertas de tradici n neol tica comenzaron a registrar anomal as sobre todo en la mitad sur de la pen nsula La proliferaci n de poblados fortificados en piedra as como de asentamientos delimitados por recintos de fosos fueran stos defensivos o no indica una reducci n en la movilidad de las comunidades algunas se arraigaron tanto que dejaron claro que s lo la violencia podr a desalojarlas mientras que otras pudieron pasar a orbitar social y econ micamente en torno a ciertos enclaves Pese a estas tendencias el mantenimiento de las pr cticas funerarias colectivas la sinton a formal de las producciones muebles y la amplia circulaci n de algunos objetos y materias primas hacen pensar que los grupos segu an ejerciendo capacidades ancestrales de relaci n y contacto sobre amplias regiones y tambi n que la comunidad segu a siendo el sujeto pol tico y econ mico de referencia Durante el tercer cuarto del III milenio el panorama en las regiones meridionales experiment cambios a la postre decisivos Los asentamientos previos en ocasiones de gran extensi n y ubicados preferentemente en valles o terrazas fluviales comenzaron a perder importancia a favor de otros n cleos m s peque os sobre cerros escarpados con buenas condiciones de visibilidad Paralelamente las pr cticas funerarias dieron entrada a tratamientos particularizados en estructuras de peque as dimensiones conectadas con las reas de habitaci n En el terreno artefactual la generalizaci n del equipo asociado con el fen meno campaniforme pu ales de leng eta puntas de Palmela botones de perforaci n en v brazales de arquero indica que la comunicaci n social no se hab a cortado aun as que las pautas decorativas en la alfarer a se concretasen en estilos regionales informa de una reducci n en la escala geogr fica de los contactos Fragmentaci n individualizaci n y violencia sintetizan las tendencias sociales en torno al siglo XXIII cuando abandonados o remodelados los enclaves calcol ticos m s extensos y emblem ticos se certificaba un cambio de rumbo en el desarrollo hist rico3 3 Lull et alii 2010a La crisis del mundo calcol tico no abon el terreno para un futuro compartido A partir de 2200 cobrar n forma trayectorias diversas desde sociedades urbanas articuladas en clases socioecon micas y capaces de mantener fronteras pol ticas hasta comunidades que adoptaron o mantuvieron formas de vida semisedentaria en las que cuesta identificar concentraciones de poder significativas y permanentes Determinar el grado de independencia entre unas y otras es uno de los temas m s interesantes de las investigaciones en curso De cualquier modo parece claro que los inicios de la Edad del Bronce supusieron un desplazamiento del centro de gravedad del poblamiento peninsular desde el cuadrante suroeste al sureste y en este segundo mbito la configuraci n de un epicentro pol tico y econ mico en el territorio arg rico Fig 1 Aqu se localiza nuestro punto de partida La sociedad arg rica A finales del siglo XIX H y L Siret dieron a conocer contextos de habitaci n numerosas tumbas y multitud de objetos cer micos met licos l ticos y seos descubiertos en una decena de yacimientos de las comarcas orientales de Almer a y Murcia4 El m s importante de ellos El Argar Almer a dio nombre a una entidad arqueol gica que se convertir a en referente de las primeras etapas de la Edad del Bronce en Europa5 Las comunidades arg ricas ocuparon un territorio de unos 33 000 km2 en el periodo de m xima expansi n Los enclaves m s antiguos se documentan en las comarcas litorales y prelitorales de Almer a Murcia y sur de Alicante para extenderse hacia el interior y alcanzar el alto Guadalquivir y el reborde meridional de La Mancha en los primeros siglos del II milenio La definici n arqueol gica del grupo Arg rico es deudora de los variados y abundantes hallazgos correspondientes a sus fases plena y final coincidiendo con la m xima extensi n territorial desarrollo econ mico y amortizaci n ritual en pr cticas funerarias 2000 1550 Nos referiremos a ello en las p ginas siguientes pero antes conviene apuntar algunas cuestiones en torno al complejo tema de la formaci n de la sociedad arg rica y su relaci n con los grupos coet neos entre ca 2200 y 2050 2000 4 5 Siret y Siret 1887 1890 Schubart y Ulreich 1991 Para una ampliaci n de la s ntesis de la sociedad arg rica presentada aqu as como una extensi n de las referencias bibliogr ficas pueden consultarse Lull 1983 2000 Lull y Est vez 1986 Chapman 1990 2003 Castro et alii 1999 Lull et alii 2005 2010b 2011 2013b Eiroa 2004 L pez Padilla 2009 Aranda 2011 C mara y Molina 2011
128  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  un proceso socioecon  mico iniciado con la expansi  n neol  tica. Desde al m...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea En los yacimientos citados se verifica la elecci n de cerros con condiciones naturales para la defensa tendencia iniciada a finales del Calcol tico En sus laderas se levantaron caba as con per metro curvil neo z calos parcialmente excavados en la roca y alzados de tapial sustentados por postes Las pr cticas funerarias visibles arqueol gicamente dejaron atr s la inhumaci n en estructuras colectivas para convertirse en acontecimientos poco frecuentes y adoptar contenedores de dimensiones reducidas como covachas y cistas en el subsuelo de los poblados Pocos recipientes cer micos se ajustan inequ vocamente a alguno de los tipos propuestos por los Siret siendo en cambio abundantes los vasos de peque as y medianas dimensiones como cuencos cazuelas y ollas de borde indicado cuyas pastas presentan tonalidades claras alisados someros y cocci n irregular Algunas vasijas muestran en su cuerpo superior motivos a base de tri ngulos incisos seriados rellenos de puntos o l neas que podr an entroncar con lo epicampaniforme Figura 1 Patrones de asentamiento en la pen nsula Ib rica entre 1 ca 3200 y 2200 BCE y 2 ca 2200 y 1550 BCE Los s mbolos simulan la forma y la densidad del asentamiento a partir de la informaci n de prospecciones y excavaciones sin indicar ubicaciones exactas El contexto formativo Desde los inicios de la investigaci n varios yacimientos situados en el hogar arg rico como Lugarico Viejo Fuente Vermeja y Las Anchuras fueron datados en momentos transicionales o tempranos de la Edad del Bronce Sin embargo la relativa escasez de hallazgos y su incierta posici n cronol gica dificultaba establecer sus implicaciones Hoy en d a las excavaciones en Gatas La Bastida Santa Catalina Lorca y Fuente lamo as como la dataci n absoluta de materiales recuperados hace tiempo comienzan a arrojar luz sobre una poca clave No abundan los hallazgos datados con seguridad entre 2200 y 2050 2000 fuera del rea nuclear arg rica entre la depresi n de Vera y el valle del Guadalent n Sin la confirmaci n de las dataciones radiocarb nicas es arriesgado colocar en dicho intervalo contextos estratigr ficos etiquetados como Calcol tico final tard o o Bronce antiguo en referencia a hallazgos cuya composici n no acaba de asimilarse a los conjuntos calcol ticos mejor conocidos ni a los de los horizontes consolidados de la Edad del Bronce Sin embargo nos atrever amos a se alar que poblados probablemente ocupados a finales del III milenio como Terlinques Serra Grossa Mas del Corral Alicante Muntanya Assolada Valencia Cerro de las V boras Molinos de Papel Murcia Cerro de la Virgen Granada Cerro de la Encantada Ciudad Real y Morra del Quintanar Albacete entre otros presentan similitudes en uno u otro de los cap tulos habitacional funerario o artefactual respecto a los del hogar arg rico Pero entonces si las ocupaciones humanas en las postrimer as del III milenio compart an caracter sticas surgidas con la desintegraci n de las sociedades calcol ticas meridionales hab a algo singular en las tierras bajas surorientales que presagiase un futuro distinto La respuesta no pasa de ser una hip tesis de trabajo y descansa en el reciente hallazgo en La Bastida Murcia de un sistema de fortificaci n en piedra de car cter monumental Fig 2 6 Su disposici n topogr fica en un cerro ya de por s protegido y oculto y el hecho de contar con soluciones arquitect nicas innovadoras torres cuadrangulares macizas cercanas entre s pasillo fortificado de entrada en paralelo al 6 Lull et alii 2014 129
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  En los yacimientos citados se verifica la elecci  n de cerros con condicio...
130 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 2 Complejo fortificado de La Bastida Totana Murcia ASOME UAB lienzo exterior lo desvinculan de la tradici n calcol tica La desaparici n de las puntas de proyectil de s lex en el registro arqueol gico del sureste coincidiendo con el uso de alabardas dagas y espadas cortas de cobre arsenical testimonia el ocaso de la arquer a calcol tica a favor del combate cuerpo a cuerpo contra el que la fortificaci n de La Bastida se hallaba bien adaptada en otras palabras la comunidad que se defiend a con sus utensilios de caza o labor dio paso al colectivo experto en el manejo de armas propiamente dichas A t tulo de hip tesis sugerimos que en las tierras bajas del sureste se formaron grupos de hombres especializados en el ejercicio de la violencia f sica y que stos y la sociedad que los manten a o padec a la orientaron con xito a pol ticas de conquista y apropiaci n Desde un trasfondo poblacional aut ctono la sociedad arg rica pudo ir gest ndose al tiempo que se expand a mediante una violencia dir ase que militar Si en la conformaci n de esta especificidad intervinieron o no factores extrapeninsulares es una cuesti n que la investigaci n deber resolver No habr a que soslayar en la pujanza arg rica inicial que las tierras bajas del sureste ofrec an condiciones excelentes para la producci n agr cola En pocas hist ricas y sobre todo hoy en d a con precipitaciones anuales que rondan los 200 300 mm s lo es posible alcanzar esa fertilidad mediante complejos sistemas de regad o ya que las lluvias no son capaces de sustentar m s que una vegetaci n mayoritariamente esteparia o arbustiva Adem s la intensa erosi n dificulta el desarrollo ed fico y favorece los paisajes denudados La idea m s compartida hasta hace pocas d cadas era que el clima durante la prehistoria reciente fue similar al actual Ello llev a pensar que la subsistencia se bas en sistemas intensivos de producci n agr cola regad o arboricultura y que las exigencias pol ticas de su gesti n promovieron la formaci n de algunas de las primeras sociedades complejas del occidente europeo No obstante reconstrucciones paleoecol gicas recientes indican que durante el III milenio las lluvias eran m s abundantes que hoy la circulaci n h drica superior y la cobertura vegetal contaba con extensiones de matorral y bosque mediterr neos en las tierras bajas de especies arb reas en las sierras e incluso de formaciones de ripisilva As pues la sociedad arg rica se gest en unas condiciones ecol gicas m s favorables que las actuales aunque las mismas investigaciones tambi n se alan que el impacto humano en forma de apertura de campos de cultivo sobreeexplotaci n agr cola creaci n de pastizales y obtenci n de combustibles afect severamente la cobertura vegetal y los suelos contribuyendo as a la crisis que desemboc en su final
130  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 2. Complejo fortificado de La Bastida  Totana, Murcia     ASOME, UAB ...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea Figura 3 Vista a rea del cabezo que ocupa la Tira del Lienzo Totana Murcia ASOME UAB La definici n arqueol gica La definici n de la sociedad arg rica a partir de ca 2000 involucra datos de diverso orden La mayor a de los asentamientos se situaron sobre cerros escarpados al pie de las sierras separados de los llanos y vegas f rtiles pero con control visual sobre estas reas y sobre las v as de comunicaci n Fuente lamo Gatas El Oficio Almer a Lorca La Almoloya Monteagudo Murcia San Ant n Laderas del Castillo Alicante Cerro de la Encina Castell n Alto Granada Suelen ocupar entre 1 y 2 ha aunque algunos pudieron superar este tama o y rondar entre 4 y 5 ha La Bastida y Lorca Las estructuras habitacionales presentan planta absidal trapezoidal o rectangular de hasta 70 m2 Constan de muros de piedra trabada con argamasa alzados de tapial postes de refuerzo y revoque interior con adici n de cal para paredes y techo Estas construcciones se dispon an densamente agrupadas sobre terrazas artificiales a lo largo de las laderas de los cerros Tambi n se ha propuesto que algunos de los asentamientos de altura m s peque os y con una ubicaci n estrat gica Barranco de la Viuda Cerro de las Vi as Tira del Lienzo Fig 3 Murcia Tabay Cabezo Pardo Alicante pudieron ser enclaves defensivos o de control econ mico al servicio de centros de mayor rango Menos conocidos debido a la inten sidad de los procesos tafon micos pero seguramente abundantes fueron las aldeas formadas por viviendas dispersas situadas en llanuras y vegas El Rinc n Los Cipreses La Alcanara Murcia Por ltimo se han constatado algunos enclaves costeros de peque o tama o Illeta dels Banyets Alicante Punta de los Gavilanes Murcia Todos los asentamientos arg ricos compartieron un mismo ritual funerario caracterizado por la pr ctica de inhumaciones bajo el suelo del rea habitada Se trata de tumbas casi siempre individuales a veces dobles y excepcionalmente con tres o m s individuos Los cad veres eran depositados en cuevecillas artificiales covachas cistas o c maras de piedra urnas de cer mica o fosas Fig 4 Pese al gran n mero de tumbas publicadas m s de dos mil y al hecho de tener representados individuos de ambos sexos y de todas las edades una parte indeterminada de la poblaci n no parece reflejada en el registro funerario El hallazgo de huesos humanos digeridos por c nidos en Fuente lamo puede indicar que cierto n mero de cad veres eran expuestos en el exterior de los poblados y tal vez que hubo otras pr cticas funerarias no reconocibles arqueol gicamente El ajuar que con frecuencia se asocia al cad ver es una fuente informativa fundamental para conocer la 131
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  Figura 3. Vista a  rea del cabezo que ocupa la Tira del Lienzo  Totana, Mu...
132 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica El inventario de objetos met licos Fig 5 incluye armas y utensilios alabardas espadas hachas pu ales cuchillos punzones cinceles y adornos diademas brazaletes pendientes anillos cuentas de collar La mayor a se fabric en cobre a menudo con porcentajes destacados de ars nico ya presente en el mineral A partir de 1800 1700 se constatan piezas de bronce estann fero La plata nativa y puntualmente el oro se emplearon para la producci n de adornos Figura 4 Sepultura arg rica en urna La Bastida tumba 21 ASOME UAB materialidad arg rica Uno de los aspectos m s llamativos es la normalizaci n de las producciones alfarera y metal rgica Fig 5 La primera resume su variabilidad en ocho formas b sicas realizadas mediante una combinaci n de tres formas geom tricas simples Se trata de cuencos y vasitos de borde saliente o ligeramente entrante aptos para el consumo de alimentos y bebidas ollas carenadas globulares u ovoides de mediana capacidad para el almacenamiento a peque a escala y la preparaci n de alimentos y grandes vasijas de entre 100 y 200 litros de capacidad Destacan adem s las c lebres copas cuencos elevados sobre un pie alto Una parte del repertorio destaca por su excepcional calidad paredes finas excelente cocci n y bru ido intenso que confiere brillos met licos Los motivos decorativos casi inexistentes se plasman en dise os fitomorfos mediante bru ido Tan s lo algunos apliques mamelones en su mayor a rompen la homogeneidad de las superficies lisas Tanto la normalizaci n de la alfarer a arg rica como la calidad de parte de sus ejemplares fueron el resultado de una actividad especializada 7 7 Lull et alii 2011 fig 2 Pese a la abundancia de mineralizaciones de cobre las fuentes de aprovisionamiento fueron pocas y sujetas a control pol tico Las evidencias m s inequ vocas y abundantes de las labores de miner a reducci n y obtenci n de lingotes proceden del poblado de Pe alosa en las estribaciones de Sierra Morena Ja n 8 Desde los centros productores primarios el metal llegaba a un peque o n mero de talleres en los asentamientos centrales los nicos con los instrumentos para proceder a la fundici n forja acabado y mantenimiento de los objetos crisoles moldes yunques martillos afiladores Finalmente los objetos eran distribuidos aunque no todas las capas de la poblaci n pod an acceder a stos en las mismas condiciones tal y como indica su reparto desigual en el interior de los asentamientos y entre los ajuares funerarios La metalurgia arg rica constituy una actividad centralizada sobre la que se ejerci un control estricto y disim trico en cuanto a la producci n distribuci n uso y consumo La producci n l tica llama la atenci n por su abundancia y variedad Los grandes asentamientos acumularon gran cantidad de molinos percutores alisadores y afiladores fabricados a partir de clastos recogidos en los principales dep sitos fluviales A este repertorio tambi n hay que a adir hojas y dientes de hoz de s lex que en los grandes poblados de altura resultan muy escasas en comparaci n con los de llanura Cada asentamiento central organiz la explotaci n de los recursos l ticos disponibles en un territorio de entre 10 y 50 km2 al tiempo que inhibi el intercambio de materias primas relacionadas con la fabricaci n de tiles de uso cotidiano Esta pr ctica poco esperable sin el efecto limitador de alguna estructura pol tica ocasion diferencias de productividad entre territorios vecinos Uno de los principales usos de la industria l tica fue la cosecha y molienda de cereales El trigo se halla presente pero casi siempre en cantidades inferiores a la cebada que llega a superar el 90 de las semillas recuperadas en las fases finales de El Argar Las legumbres lentejas guisantes y sobre todo habas apenas alcanzan el 2 El peque o tama o de las 8 Contreras 2000
132  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  El inventario de objetos met  licos  Fig. 5  incluye armas y utensilios  ala...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea Figura 5 Formas cer micas e tems met licos arg ricos la numeraci n asociada a la cer mica no corresponde a los tipos definidos por los Siret semillas de cebada en las tierras bajas almerienses y los resultados de los an lisis de is topos de carbono sugieren un cultivo extensivo de secano Ello debi ocasionar un severo impacto ecol gico debido a la roturaci n de extensas superficies en las llanuras Por su parte las legumbres pudieron crecer en huertos situados en las vegas tal vez asistidos por sistemas de regad o a peque a escala Ello parece especialmente necesario para el cultivo del lino atestiguado por el hallazgo de semillas y de fibras en forma de tejidos Lino y lana fueron las materias primas b sicas para la industria textil que se sirvi de telares asistidos por pesas de arcilla de diversas formas y tama o As mismo se constata puntualmente el consumo de olivas o acebuchinas uvas e higos aunque todav a hay dudas sobre el car cter dom stico de estos frutos La ganader a presenta un patr n homog neo en el territorio arg rico En t rminos de aporte c rnico b vidos y ovic pridos tuvieron una importancia similar entre el 30 y el 50 seguidos a distancia por cerdos y quidos Se constata tambi n el aprovechamiento de los productos derivados La caza la pesca y el maris queo desempe aron un papel secundario o marginal excepto en algunos enclaves costeros con infraestructuras para la conservaci n del pescado mediante ahumado Punta de los Gavilanes Murcia Como hemos se alado las tumbas han proporcionado gran n mero de objetos para conocer y seriar la materialidad arg rica Adem s el an lisis de la variabilidad de los ajuares funerarios ha mostrado que sta se hallaba en funci n de la clase socioecon mica el sexo y la edad Por su parte los estudios osteol gicos comienzan a revelar aspectos de las relaciones parentales y econ micas As la inferior variabilidad craneal femenina respecto a la masculina en el asentamiento de El Argar sugiere que las mujeres permanec an toda su vida en el lugar donde nac an mientras que la mayor a de los hombres cambiaba de residencia probablemente al contraer matrimonio Ello podr a indicar que las relaciones de parentesco respetaban principios de matrilocalidad o avunculocalidad Las diferencias sexuales tambi n se reflejan en la distribuci n de actividades ya que las femeninas implicaron menores desplazamientos y acarreo 133
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  Figura 5. Formas cer  micas e   tems met  licos arg  ricos  la numeraci  n...
134 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 7 El sector de piedemonte de la ladera suroriental de La Bastida tras los trabajos de conservaci n En el centro inferior la gran balsa con una capacidad aproximada de 300 000 litros Geodiscover Murcia y ASOME UAB Figura 6 Aterrazamientos en Castell n Alto Galera Granada M A Blanco GEPRAN Universidad de Granada de pesos que las masculinas Entre los hombres es mayor la tasa de traumatismos algunos producto de episodios de violencia El Argar s ntesis sobre organizaci n pol tica y econ mica La combinaci n de datos funerarios y habitacionales permite esbozar un panorama de la sociedad arg rica en su poca de plenitud El Argar culmin una importante fase de expansion territorial hacia el interior y emprendi un desarrollo arquitect nico econ mico y politico excepcional que cubre casi toda la primera mitad del II milenio Un nuevo impulso constructivo conllev el aterrazamiento sistem tico de las laderas de los asentamientos en altura Fig 6 y la planificaci n de un denso entramado de estructuras habitacionales y productivas En algunos grandes edificios se concentr un volumen excepcional de medios de producci n y almacenamiento La principal funci n de estos talleres parece haber sido la molienda de cereales y la producci n textil adem s de la producci n y reparaci n de diferentes tipos de tiles Adem s de viviendas y talleres en los asentamientos centrales se construyeron cisternas Fig 7 dep sitos de grano y molinos establos torres murallas y bastiones En el mbito funerario se ampliaron los derechos de enterramiento a individuos infantiles y a otros co lectivos sociales Adem s la diversidad de los ajuares aument para manifestar las nuevas diferencias sociales Durante el siglo XVIII se produjo la instauraci n del modelo social y pol tico que perdurar hasta el final En estos momentos los hombres de la clase dominante eran inhumados con una espada larga y las mujeres con una diadema como artefactos distintivos adem s de con una amplia gama de adornos y tiles met licos y de recipientes cer micos Las tumbas destacadas se restringieron a los asentamientos centrales donde se concentraba gran parte de la producci n social y estacionalmente de mano de obra externa pese a su alejamiento de las mejores tierras de cultivo y de las principales fuentes de materias primas Adem s los barrios localizados en la cima de algunos cerros destacan tanto por su arquitectura como por los medios de producci n acumulados metalurgia los medios de consumo disponibles restos de quidos y b vidos y por la riqueza de sus tumbas Por debajo de la clase dominante se situaba otra formada por individuos con derechos pol ticos y denotada por su asociaci n funeraria a tiles met licos junto a cierto n mero de adornos met licos y recipientes de cer mica La asociaci n de hachas a hombres y de punzones a mujeres no denota en primera instancia pretendidas identidades de g nero sino ante todo de clase socioecon mica ya que s lo alrededor del 40 de las mujeres y apenas el 25 de los hombres fueron inhumados con dichos objetos la condici n econ mica prevalec a sobre la sexual En un tercer nivel se sit a un sector formado por individuos con un ajuar funerario muy modesto
134  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 7. El sector de piedemonte de la ladera suroriental de La Bastida tra...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea alg n vaso cer mico collar o adorno y por ltimo un colectivo sin ofrendas Las diferencias en el consumo funerario para la poblaci n adulta y senil se manten an consistentemente si la muerte sobreven a en edad infantil o juvenil lo que denota mecanismos para la transmisi n hereditaria de la propiedad La edad ten a un papel secundario en el acceso a la riqueza si bien algunos tems como espadas diademas o hachas resultan exclusivos o asociados significativamente a adultos o seniles s lo un sector social pose a las condiciones materiales para amortizarlos al fallecer sus miembros a estas edades En suma una clase dominante propietaria de la tierra y de los medios de producci n b sicos metal alimentos se hallaba en condiciones de amortizar objetos de alto valor social en sus sepulturas adem s de gozar de mejores condiciones materiales de vida Esta clase empleaba armas para mantener sus privilegios mediante la violencia y costosos adornos para exhibirlos Semejante estructura econ mica y pol tica se ajusta a la definici n de Estado en sentido marxista Ello no tiene que plasmarse necesariamente en un gobierno centralizado unitario En este caso parece m s probable la vinculaci n de cierto n mero de unidades pol ticas comarcales que mantuvieron sus respectivos territorios de explotaci n subsistencial y que fueron capaces de influir m s all de las fronteras generales El inicio de la Edad del Bronce en las regiones vecinas del territorio arg rico La sociedad arg rica expansiva y agresiva condicion la vida de las comunidades lim trofes La elevada frecuencia de peque os asentamientos en lugares con condiciones defensivas pudo ser una respuesta a la amenaza militar arg rica mientras que otros aspectos como el ritual de enterramiento intramuros selectivo y en ocasiones en urna o la circulaci n de ciertos objetos espadas adornos met licos y de materias primas cobre plata marfil revelar an influencias de car cter variado Mecanismos sociales de resistencia y emulaci n pudieron haber facilitado el fen meno de argarizaci n advertido en distintas regiones peninsulares Fuera del territorio arg rico se han definido otros grupos arqueol gicos a partir de criterios geogr ficos y artefactuales9 aunque sus l mites suelen ser laxos En La Mancha y en la franja ib rico levantina se 9 Castro et alii 1996 Garc a Huerta y Morales 2004 Hern ndez Alcaraz y Hern ndez P rez 2004 Hern ndez P rez et alii 2009 constata la implantaci n de numerosos poblados de altura con estructuras arquitect nicas en piedra Sin embargo ambos elementos no van unidos necesariamente El ejemplo m s claro lo hallamos en La Mancha donde conviven asentamientos en lugares prominentes a menudo fortificados llamados morras y castillejos Morra del Quintanar Cerro del Cuchillo Albacete con poblados en llano que muestran espectaculares obras arquitect nicas en mamposter a las motillas Azuer Los Palacios Santa Mar a del Retamar Ciudad Real El Acequi n Albacete 10 Fig 8 Independientemente de su ubicaci n la mayor a de estos asentamientos oscilan entre 0 01 y 0 5 ha siendo raros los que superan esta cifra Una de las motillas mejor conocidas es la del Azuer11 Presenta una torre central de planta cuadrada conservada en 11 m de altura y rodeada por dos recintos de muralla conc ntricos el exterior de unos 35 m de di metro Los espacios interiores se utilizaron para almacenar cereales estabular ganado y realizar diversas actividades de producci n alimentaria y textil Destaca tambi n un pozo revestido de pared de mamposter a que alcanzaba la capa fre tica a 20 m de profundidad De hecho la ubicaci n geogr fica de las motillas prioriza el acceso a los recursos h dricos subterr neos Alrededor del recinto externo se extiende el poblado formado por viviendas de planta oval o rectangular con z calo de piedra y alzados de tapial y materiales vegetales Adem s de motillas y poblados de altura hay asentamientos en llano delatados s lo por fondos de caba a Las Saladillas Ciudad Real Pese a esta variedad todos comparten el uso de cer micas lisas cuencos ollas carenadas globulares y ovoides aunque a veces con aplicaci n de mamelones asas cordones pl sticos e impresiones en el labio Los pocos elementos de s lex recuperados se asocian al procesado de vegetales lo mismo que los molinos de piedra presentes en las viviendas Cuchillos punzones hachas y puntas de proyectil son los objetos de cobre mejor representados aunque en n mero reducido Bajo el suelo de algunas viviendas se documentan tumbas la mayor a fosas revestidas con piedras y algunas urnas para individuos infantiles Su n mero y densidad son inferiores a los de los enclaves arg ricos Suelen contener inhumaciones individuales sin restricciones aparentes por razones de sexo o edad Los ajuares funerarios nulos o muy modestos no hacen pensar en contrastes marcados en el acceso a la riqueza Motillas como El Acequi n Mart n Morales et alii 1993 Fern ndez Posse et alii 2008 11 Aranda et alii 2008 N jera et alii 2010 10 135
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea   alg  n vaso cer  mico, collar o adorno  y, por   ltimo, un colectivo sin ...
136 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 8 Motilla del Azuer Daimiel Ciudad Real GEPRAN Universidad de Granada Santa Mar a del Retamar o El Azuer se interpretan como centros de almacenamiento producci n y defensa de car cter comunitario m s que como residencias de una hipot tica clase explotadora El papel de los poblados de altura coet neos resulta todav a incierto pero a la vista de la envergadura de las defensas de las motillas no est claro que la poblaci n de aqu llos dominase a la de stas El panorama general parece ser el de comunidades m s o menos aut nomas con acceso a territorios econ micos propios En el centro y sur del Pa s Valenciano y comarcas lim trofes occidentales hallamos tambi n poblados de altura con un notable desarrollo de la arquitectura en piedra en ocasiones con funci n defensiva Mola d Agres Mas de Menente Alicante Muntanya Assolada Valencia El Recuenco Cuenca Hoya Quemada Castillo de Fr as Teruel Cerro de la Campana Murcia 12 Los poblados m s destacados tienen extensiones modestas entre 0 1 0 3 ha y la mayor a se ajusta al modelo de granja o aldea entre 0 01 y 0 1 ha La variabilidad urban stica en el tiempo y en el espacio es notable En la fase I ca 2150 1900 del poblado de altura de Terlinques Alicante 13 se construy un gran edificio que acog a divesas actividades de producci n y almacenamiento mientras que en la fase III ca 1700 1500 el rea fue ocupada por una docena de departamentos dispuestos a ambos lados de un callej n central y entre los que se observan diferencias funcionales Fig 9 En la Lloma de Betx Valencia dos grandes edificios multifuncionales uno de ellos de 34 x 10 m ocupan la cima del enclave donde tambi n se documentan dos cisternas14 Tanto por el volumen de artefactos de molienda y medios de almacenamiento de grano como por las evidencias de producci n textil las fuerzas productivas de algunos de estos departamentos no son muy dispares a las documentadas en los talleres arg ricos Sin embargo esta centralizaci n de la actividad econ mica no alcanz la envergadura ni las implicaciones sociales y pol ticas que se dan en El Argar Machado et alii 2009 Hern ndez P rez et alii 2013 de Pedro 1998 13 de Pedro 2002 2006 Hern ndez P rez 2009 2010 12 14
136  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 8. Motilla del Azuer  Daimiel, Ciudad Real .  GEPRAN, Universidad de ...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea Figura 9 Planta general de Terlinques Villena Alicante en su fase III ca 1750 1700 1550 1500 cal BCE Distribuci n de molinos y otros artefactos l ticos en los recintos de habitaci n Hern ndez et al 2013 fig 6 Los enterramientos se realizaban casi siempre en las cercan as de los poblados aprovechando oquedades naturales que acogieron inhumaciones individuales o de grupos reducidos Mola d Agres Muntanya Assolada El inventario artefactual est dominado por la cer mica cuencos abiertos o de borde entrante vasijas carenadas o mayoritariamente de perfil curvo de diferentes tama os vasos geminados Las superficies suelen ser lisas aunque no son infrecuentes los cordones impresos mamelones asas e impresiones La producci n met lica cuchillos punzones hachas puntas de proyectil se concentra en las comarcas m s cercanas al territorio arg rico La franja litoral septentrional Conforme avanzamos hacia el norte de las comarcas centrales del Pa s Valenciano los asentamientos permanentes Pic dels Corbs Val ncia Orpesa la Vella Torrell d Onda Tossal del Mort rum Castell la mayor a en alto comienzan a escasear Al cruzar el Ebro el predominio corresponde ya a los poblados abiertos en llano o sobre suaves elevaciones caracterizados por concentraciones de estructuras subterr neas15 Estos campos de hoyos constituyen el tipo de asentamiento m s frecuente en las regiones interiores y septentrionales de la pen nsula desde el Neol tico hasta el final de la Edad del Bronce Sus componentes son estructuras de tama o y forma diversos utilizadas como silos viviendas fondos de caba a hogares dep sitos de ofrendas tumbas y basureros Formaron parte de poblados abiertos ocupados temporal o estacionalmente cuyo desarrollo se traduce en estratigraf as horizontales a veces muy extensas Estar an habitados por varias decenas de personas y gozar an de una elevada autonom a productiva como indica la disponibilidad de tiles relacionados con el procesado almacenaje y consumo de alimentos y con las producciones alfarera l tica sea y metal rgica Minferri L rida Institut de Manlleu Can Roqueta Barcelona Paralelamente se registra la ocupaci n de cuevas y abrigos Mas d Abad Castell Cova del Toll Barcelona Maya 1997 L pez Melci n 2000 de Pedro 2006 Rafel et alii 2008 Soriano 2013 15 137
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  Figura 9. Planta general de Terlinques  Villena, Alicante  en su fase III ...
138 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Cova Colomera L rida Balma del Serrat del Pont Gerona con car cter no permanente La econom a gir en torno a la ganader a y una agricultura cada vez m s afianzada como muestra la especializaci n de la industria tallada en la preparaci n de elementos de hoz y la mayor capacidad de almacenamiento de las comunidades La alfarer a registra el predominio de recipientes lisos cuencos y cazuelas carenadas de perfiles abiertos y grandes contenedores a menudo con base plana y abundantes apliques pl sticos cordones decorados leng etas mamelones asas Sin embargo es habitual hallar perduraciones campaniformes locales tard as Pirenaico Salom y desarrollos epicampaniformes regionales Arbol Nordeste que convivieron cierto tiempo con las nuevas producciones Por otra parte se presume que la metalurgia fue ganando terreno en la producci n de tiles gracias a la explotaci n de minas locales como la Solana del Bepo Tarragona Aun as las piezas recuperadas siguen siendo escasas y continuadoras de modelos previos hachas planas punzones cuchillos y pu ales de leng eta y puntas pedunculadas Las manifestaciones funerarias conservaron v nculos con las pr cticas calcol ticas como la vigencia del rito colectivo en cavidades naturales y sepulcros megal ticos Llama la atenci n la diversidad de contenedores en algunas zonas As por ejemplo en Catalunya coexistieron reutilizaciones de sepulcros previos inhumaciones en hoyos Can Roqueta II cuevas pozos con c maras laterales Can Gamb s y tumbas megal ticas cistas parad lmenes galer as c maras simples o con vest bulo distribuidas al norte del Llobregat Tafania Gerona Vall de Miarnau Cabana del Moro L rida Clarena Les Maioles Barcelona Parece que en general el rito se hizo m s restrictivo a la vista del menor tama o de las tumbas y del bajo n mero de esqueletos atestiguado en excavaciones cient ficas Esta circunstancia y el significado atribuible a representaciones de personajes armados estela de Preixana L rida conforman los escasos y poco firmes indicios para hablar de desigualdades pol ticas Tendencias generales durante el horizonte ca 22001550 Los nuevos tiempos trajeron la superaci n de la estructura socio econ mica calcol tica que tend a a transformar los sobrantes colectivos en bienes de intercambio amortizados en rituales p blicos Como tendencia general desde finales del III milenio aument el control sobre las fuerzas productivas de territorios cada vez m s circunscritos En El Argar los centros principales funcionaron como capitales de territorios que inclu an poblaciones subordinadas en el llano Las disimetr as en el gasto funerario individualizado en la apropiaci n y gesti n centralizada de excedentes y en el ejercicio de la violencia sugieren una sociedad dividida en clases socioecon micas y organizada estatalmente En cambio en las comunidades situadas al norte los mecanismos de cooperaci n social fueron refractarios a las estrategias de extracci n de plusval a El panorama incluye aqu desde el almacenamiento disperso en campos de hoyos a la protecci n colectiva en poblados de altura y motillas Pese a no identificar grupos dominantes permanentes en muchos casos la violencia desempe un papel relevante en las relaciones sociales a tenor del esfuerzo dedicado a obras de fortificaci n y al coste implicado en la vida en poblados de altura Estas diferencias sociales se reflejan en la producci n metal rgica A inicios de la Edad del Bronce segu a trabaj ndose el cobre arsenical por lo que las aut nticas novedades se registraron con la introducci n de moldes y el perfeccionamiento de la forja que mejoraron la productividad metal rgica y la calidad de los artefactos S lo a partir del segundo cuarto del II milenio comenz a generalizarse el uso de bronces estann feros Estas y otras innovaciones t cnicas como el empleo de remaches para la sujecci n de tiles cortantes permitieron el desarrollo de armas especializadas como las alabardas y a partir del siglo XVIII de espadas de m s de 50 cm de longitud Su mayor frecuencia en el sureste sugiere que la violencia social arraig m s aqu y que se ejerci tanto en el interior como en la periferia del territorio arg rico El impacto econ mico de la metalurgia arg rica se manifiesta en la escala geogr fica de su organizaci n y en el volumen de producci n alcanzado Un indicador de ello es la capacidad de amortizaci n de artefactos que informa indirectamente de la tasa de renovaci n de tiles adornos y armas Cuanto m s frecuente resulta la reposici n a causa de su agotamiento o amortizaci n mayor tuvo que haber sido el volumen de producci n Si nos atenemos a la densidad de artefactos con sujeci n mediante remaches cuchillos pu ales alabardas y espadas el sureste arg rico presenta una capacidad de amortizaci n muy superior a la del resto de la pen nsula Fig 10 Las distancias econ micas se acent an todav a m s si tenemos en cuenta que la mayor parte de la producci n arg rica data de los siglos XIX XVI En suma mientras que en El Argar la producci n y circulaci n metal rgicas estuvieron organizadas a escala regional bajo el control de la clase dominante y sometidas a una alta demanda en las otras regiones la disponibilidad de materias primas y medios de producci n no sufri semejantes restricciones pol ticas ni alcanz un volumen parecido
138  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Cova Colomera    L  rida   , Balma del Serrat del Pont    Gerona     con car...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea Figura 10 Densidad media de herramientas y armas remachadas en Iberia entre ca 2200 1550 Las densidades incrementan a una escala exponencial x2 entre 1E 5 y 5E 2 artefactos por km2 y provincia o regi n Lull et alii 2013 fig 1 datos a partir de Brandherm 2003 Por encima de estas diferencias los primeros siglos de la Edad del Bronce supusieron una intensificaci n de la ganader a y sobre todo de la agricultura El aumento de la capacidad de almacenamiento en recipientes cer micos y silos el predominio de los restos de cebada y trigo en el registro paleobot nico la orientaci n de la talla de s lex hacia la producci n de dientes de hoz y cuando menos en el sureste un nuevo tipo de molino que permit a una molienda m s eficaz son indicadores del peso adquirido por el cultivo de cereales Ello acarre la reducci n de los bosques y la proliferaci n de espacios abiertos rayanos en lo estepario en reas del sureste Hacia 1550 el foco de poder hegem nico arg rico fue suprimido Los niveles de incendio que sellan algunos asentamientos arg ricos destacados hacen pensar en un final violento Algunos datos arqueol gicos y ambientales indican que el desencadenante de este acontecimiento revolucionario fue una crisis de subsistencia favorecida por la sobreeexplotaci n del medio El Bronce Tard o ca 1550 1300 Dispersi n y autonom a en el cuadrante suroriental La desarticulaci n de la estructura territorial arg rica corri en paralelo con transformaciones m s o menos profundas en las regiones vecinas16 En el sureste y La Mancha se abandon un gran n mero de asentamientos hasta el punto de llegar a situaciones de despoblamiento Los enclaves en cerro que perduraron tras El Argar como Gatas Fuente lamo Tabay Cuesta del Negro o Cerro de la Encina mantuvieron la disposici n aterrazada de las estructuras de habitaci n de planta cuadrangular o rectangular en ocasiones ordenadas a partir de largos y gruesos muros cabeceros La misma preferencia por recintos de muros en piedra y ubicaciones en alto se observa en los pocos asentamientos de nueva planta o cuya ocupaci n principal corresponde a esta etapa como Murviedro Fig 11 Murcia El Negret y La Horna Castro et alii 2006 16 139
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  Figura 10. Densidad media de herramientas y armas remachadas en Iberia ent...
140 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 11 Planta de Murviedro Lorca Murcia excavaciones de A Pujante M J Madrid y J Bell n Delgado Raack 2008 36 Alicante En contraste con el periodo anterior la pr ctica ausencia de tumbas denota cambios pol ticoideol gicos pero tambi n econ micos al disminuir abruptamente el volumen de productos amortizados en las pr cticas funerarias Si bien buena parte de los medios de producci n arg ricos perduraron es significativa la rareza de contenedores cer micos de gran capacidad as como la desaparici n de los talleres especializados en el procesado de cereal y textiles a gran escala Entre las novedades en el repertorio cer mico destacan botellas cazuelas de perfil abierto y cuencos carenados de borde vertical a menudo de gran calidad y con bru idos intensos o motivos decorativos de estilo Cogotas I originarios de las cuencas del Duero Tajo y Alto Ebro17 La disoluci n del Estado arg rico tambi n trajo consigo la diversificaci n de la producci n de alimentos seg n se deduce de la recuperaci n del aporte c rnico procedente de la caza de las diferencias regionales significativas en las pautas ganaderas y del Molina 1978 Rafel et alii 2008 17 incremento relativo de legumbres y frutos frente a la mayor a aplastante de la cebada durante El Argar Otro s ntoma de la descentralizaci n productiva fue la relajaci n del control pol tico sobre la metalurgia cuyos medios de producci n aparecen con mayor asiduidad y con cierta indiferencia respecto al tama o y localizaci n de los poblados La desaparici n de las fronteras arg ricas tambi n supuso la participaci n de las comunidades en contactos e intercambios a media y larga distancia La circulaci n de rocas volc nicas destinadas a la fabricaci n de instrumentos de molienda m s efectivos la presencia de recipientes y decoraciones ampliamente compartidos Cogotas I y la generalizaci n del tr fico de esta o para la producci n de bronce expresan un nuevo tipo de relaciones sociales Otro indicador de la permeabilidad de las comunidades peninsulares es la presencia de cer mica a torno de posible origen mic nico o chipriota en el sur de la pen nsula hacia 1300 Llanete de Los Moros C rdoba Cuesta del Negro Granada Gatas Almer a En un contexto social caracterizado por una mayor autonom a de las comunidades diversificaci n productiva y permeabilidad en las relaciones exteriores
140  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 11. Planta de Murviedro  Lorca, Murcia   excavaciones de A. Pujante, ...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea Figura 12 Cabezo Redondo Villena Alicante fotograf a de los autores parece que la organizaci n pol tico econ mica inhibi niveles de explotaci n como los vividos en poca arg rica Sin embargo ello no es bice para observar concentraciones de poder en lugares puntuales particularmente en la antigua periferia arg rica El Cabezo Redondo Alicante es el mejor exponente de ello Fig 12 18 Este poblado de en torno a 1 ha ocupaba un cerro ubicado estrat gicamente sobre el corredor natural del Vinalop que comunica el litoral mediterr neo con las sierras del Subb tico y La Mancha Se han identificado una veintena de departamentos de hasta 14 x 5 m construidos con paredes enlucidas de piedras trabadas con barro y techos con vigas de madera y entramado vegetal sustentados con troncos Algunos albergaban talleres de procesado de cereal a gran escala de producci n textil y metal rgica El urbanismo la arquitectura la organizaci n de los medios de producci n y el ritual funerario intramuros recuerdan aqu lo visto en los enclaves centrales arg ricos En este contexto resulta novedosa la abundancia de adornos de oro Adem s de diferentes objetos Hern ndez P rez 2009 2010 18 aparecidos en el propio h bitat del Cabezo Redondo en la Ladera Oriental del cerro se descubri una sepultura infantil en cista con un colgante ureo y un dep sito formado por treinta y cinco adornos del mismo metal diadema colgantes brazaletes anillos y espirales entre otros Sin embargo el hallazgo m s espectacular el Tesoro de Villena19 Fig 13 apareci en una rambla cercana rambla del Panadero una vasija enterrada en las gravas del lecho conten a un tesoro formado por once cuencos y cazuelas de oro dos botellas tambi n de oro y tres de plata 28 brazaletes de oro y uno de hierro adem s de varios elementos accesorios algunos con incrustaciones de mbar que totalizaban casi 10 kg Si nos atenemos a la morfolog a tipicamente arg rica del contenedor cer mico del tesoro los paralelos cer micos de sus botellas y el contexto arqueol gico de adornos similares en el propio Cabezo Redondo este dep sito no pudo haber sido ocultado mucho tiempo despu s del final arg rico Las nuevas excavaciones en Cabezo Redondo y sus fechas radiocar Soler et alii 2005 19 141
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  Figura 12. Cabezo Redondo  Villena, Alicante   fotograf  a de los autores ...
142 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 13 El Tesoro de Villena Alicante Museo Arqueol gico Jos Mar a Soler Alicante Fotograf a Franc s fot grafos b nicas apuntan a una dataci n del tesoro anterior a 1300 1200 cuando el poblado fue abandonado A la vista de la organizaci n de las fuerzas productivas en el asentamiento no resulta descabellado interpretar el tesoro de Villena como indicativo de una aristocracia local basada en el dominio de las rutas de comunicaci n interregionales y la apropiaci n centralizada de excedentes locales entre ellos tal vez la sal Ahora bien tal concentraci n de riqueza y poder fue excepcional en el panorama general de la poca dominado por poblaciones de reducido tama o aut nomas en cuanto a la producci n subsistencial capaces de involucrarse en contactos e intercambios y tecnol gicamente bien equipadas La franja septentrional El registro arqueol gico de la franja mediterr nea central y septentrional aparece marcado por la continuidad20 La investigaci n da por sentado que buena parte de los asentamientos fundados a inicios de la Edad del Bronce perduraron hasta al menos el Bronce Final Desde esta perspectiva la incorporaci n variable de f siles directores como los vasos con Mart y de Pedro 1997 20 asas de ap ndice de bot n o la cer mica decorada de Cogotas I balizar a una secuencia que algunas propuestas han subdividido en Bronce Medio Reciente o Bronce Tard o En una t nica de ambig edad cronol gica en el litoral levantino se han identificado ocupaciones de este momento en yacimientos como Les Raboses Pic dels Corbs Orpesa la Vella Torrell de Onda y Mas d Abad En el noreste dio inicio la diversificaci n entre las ocupaciones de los territorios litorales y prelitorales y los de las cuencas interiores que desembocar n en el apogeo del grupo del Segre Cinca Las pr cticas funerarias escasean aunque siguen document ndose inhumaciones en hoyos en los poblados en llano y un uso espor dico de cuevas en entornos monta osos Montanisell L rida El Bronce Final ca 1300 900 El panorama que se inicia hacia 1300 adolece de importantes lagunas en el conocimiento de los asentamientos tan s lo paliadas por la expresividad de algunos enclaves concretos o por el significado de ciertos artefactos La menor visibilidad de los mbitos habitacionales se acompa a tal vez no casualmente de una circulaci n y deposici n cada vez m s intensa
142  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 13. El Tesoro de Villena  Alicante   Museo Arqueol  gico    Jos   Mar...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea Figura 14 Planta de Gen Aitona L rida Maya et alii 1998 fig 22 cortes a de Javier L pez Cachero y extensa de productos especialmente met licos con paralelos en la fachada atl ntica Bronce Final Atl ntico Europa central y en la cuenca mediterr nea Sin embargo en contraste con otras regiones los dep sitos de artefactos met licos cualesquiera que fuesen sus motivaciones econ mica ceremonial etc no fueron abundantes en la franja oriental peninsular Muricecs L rida Sant Mart d Emp ries Gerona A diferencia de lo que suced a en los periodos previos el noreste aporta con el grupo Segre Cinca los testimonios m s firmes de una sociedad arraigada territorialmente Los poblados se localizan en cerro y rara vez superan 0 1 ha Constan de viviendas adosadas de planta rectangular con z calos de piedras unidas con argamasa alzados de tapial y superficies de entre 25 y 40 m2 Se disponen a lo largo de un espacio central abierto Gen Carretel Les Paretetes L rida Fig 14 El h bitat puede estar ce ido por un muro de cierre y contar con una cisterna colectiva Hasta que la arquitectura en piedra no se extendi a las comarcas litorales y prelitorales a inicios de la Edad del Hierro se mantuvieron aqu los asentamientos formados por fondos de caba a silos y fosas que representan aldeas dispersas ocupadas por comunidades b sicamente autosuficientes Can Roqueta Barcelona Fig 15 21 Desde el punto de vista econ mico el incremento de artefactos de molienda la variedad de cereales y leguminosas cultivadas y la abundancia de estructuras de almacenamiento sugieren una intensificaci n agr cola El volumen de los silos de almacenamiento oscila entre 500 y 2000 l suficiente para garantizar la alimentaci n anual de un grupo dom stico peque o La constataci n ocasional de silos de m s de 2000 l as como de concentraciones de hasta 25 molinos en algunas fosas podr a indicar cierta centralizaci n supradom stica sin que ello supusiese disimetr as socio econ micas Tampoco las evidencias de producci n metal rgica siempre escasas y dispersas entre los poblados del interior y de la costa evocan un control pol tico centralizado Las comunidades del noreste utilizaron recipientes cer micos con decoraciones acanaladas que se vinculan con el inicio del fen meno funerario de los Campos de Urnas22 Bajo esta denominaci n se alude a un rito consistente en la incineraci n del cad ver y la deposici n de los restos en un recipiente cer mico con un caracter stico perfil bic nico ste junto a eventuales piezas de ajuar se enterraban luego en una fosa a veces se alizada Can Missert Can Piteu Barcelona Torre Filella L rida Sin embargo la coincidencia temporal y regional entre los nuevos tipos cer micos y pr cticas funerarias no es segura en sus inicios As mientras las decoraciones acanaladas se difunden hacia 1300 el predomi Castro 1994 L pez Cachero 2007 2008 Lorrio 2008 22 Carl s et alii 2007 21 143
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  Figura 14. Planta de Gen    Aitona, L  rida   Maya et alii, 1998, fig. 22,...
144 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 15 Tipos de silos de Can Roqueta Sabadell Barcelona Carl s et alii 2007 fig 46 cortes a de Oriol Vicente
144  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 15. Tipos de silos de Can Roqueta  Sabadell, Barcelona   Carl  s et a...
la edad del bronce en la iberia mediterr nea nio de la incineraci n en urna no parece darse hasta poco antes del cambio de milenio Sea como fuere y pese a que esta pr ctica funeraria se documenta sincr nicamente en regiones tan distantes como el norte de Portugal Paranho Viseu o el sureste Pe a Negra Alicante Qur nima Almer a la mayor densidad de tumbas en el noreste y su proximidad con los focos centroeuropeos han hecho relacionar el nuevo rito con la llegada de poblaciones o de influencias de ra z hallst ttica a trav s de los Pirineos No obstante hoy en d a se tiende a reconocer el papel de las poblaciones aut ctonas a tenor de la continuidad poblacional observada En este sentido las diferencias regionales en los patrones de asentamiento se corresponden tambi n en las necr polis Mientras en el Segre Cinca y el Bajo Arag n las urnas eran depositadas bajo t mulos al tiempo que se reconoce la perduraci n de rituales de inhumaci n Castellets II Zaragoza en el litoral y prelitoral los restos funerarios se disponen en simples fosas Los ajuares suelen ser modestos y s lo una minor a menos del 20 en el caso de Can Piteu constan de vasos cer micos adornos de concha objetos met licos y porciones de fauna Fig 16 Los an lisis antropol gicos indican que algunas urnas conten an dos e incluso tres individuos que los individuos infantiles y juveniles est n infrarrepresentados y que hombres y mujeres pod an acceder al mismo tratamiento funerario En definitiva el panorama muestra peque as comunidades agropecuarias b sicamente autosuficentes en las que cuesta apreciar disimetr as econ micas y pol ticas Tan s lo en el interior de Catalunya y el Bajo Arag n se atisba una tendencia a la nuclearizaci n en poblados protegidos o fortificados Siguiendo la costa mediterr nea hacia el sur se constata la permanencia de enclaves previos al aire libre o en cueva Torrell del Boverot Pic dels Corbs Mola d Agres Mas d Abad aunque en el marco de una tendencia a la reducci n del poblamiento Esta din mica se afianza en el sureste a la vista del abandono de poblados importantes del Bronce Tard o Cabezo Redondo Fuente lamo lo que desembocar a en el despoblamiento de muchas comarcas o en una forma de asentamiento poco permanente En este cap tulo hallamos peque os poblados formados por caba as con z calos ovales en piedra y tapial de unos 20 40 m2 La Serrecica Murcia Gatas y Pe n de la Reina Almer a Cerro del Real Granada Los escasos artefactos de molienda en el interior de estas caba as sugieren una orientaci n m s ganadera de estas comunidades Hacia finales del II milenio comienzan a aparecer nuevos centros de altura o se reorganizan asentamientos anteriores con estructuras m s estables y evidencias de producciones metal rgicas especializadas mejor documentadas ya en el siglo IX Pe a Negra Alicante Figura 16 Planta secci n y restituci n ideal de la tumba CPR 453 de Can Piteu Can Roqueta Sabadell Barcelona Carl s et alii 2007 fig 150 cortes a Xavier Carl s 145
la edad del bronce  en la iberia mediterr  nea  nio de la incineraci  n en urna no parece darse hasta poco antes del cambi...
146 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica El auge de la producci n metal rgica la creaci n de redes de intercambio que integran cada vez m s estrechamente a poblaciones atl nticas mediterr neas y continentales y el papel clave de ciertos asentamientos y regiones en todo ello permiten entender el surgimiento de concentraciones de riqueza y poder Tampoco resultar a descabellado pensar que precisamente la existencia de tal cartograf a de navegaci n y transporte en el Bronce Final permiti la pronta aparici n de comerciantes fenicios en el extremo occidente cuyos primeros establecimientos en el mediod a peninsular Gadir C diz Morro de Mezquitilla M laga se fundar an hacia el 900 Con su presencia y la introducci n de nuevos productos ex ticos se producir a una devaluaci n de las tradiciones atl ntico mediterr neas que llev al desmantelamiento del sistema de intercambio del Bronce Final Las lites locales emergentes no desaprovechar an las posibilidades de distanciamiento econ mico y pol tico brindadas por los nuevos productos de cambio y mercados facilitando as la labor de los colonizadores Comenzaron entonces a gestarse las estructuras econ micas y sociales que propiciar n la formaci n de los Estados de la Edad del Hierro
146  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  El auge de la producci  n metal  rgica, la creaci  n de redes de intercambio...
Vicente Lull Rafael Mic Cristina Rihuete Herrada y Roberto Risch Las Islas Baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana Introducci n generalidades y periodizaci n El periodo Prototalay tico ca 1100 1000 850 El archipi lago balear comprende cuatro islas mayores cuyas peculiaridades han condicionado el poblamiento desde tiempos prehist ricos La percepci n de esas diferencias motiv en la Antig edad la distinci n entre Pitiusas y Gimnesias Las Pitiusas incluyen Ibiza y Formentera las islas m s meridionales pr ximas al continente y de menor tama o En las Gimnesias hallamos Mallorca y Menorca las dos islas mayores que protagonizan el estado actual de los conocimientos Mallorca es la m s extensa 3 626 km2 y ecol gicamente diversa A ello contribuye un relieve variado en el que destaca la sierra de Tramuntana una prolongaci n de los sistemas B ticos que recorre la costa septentrional y que alcanza cotas de hasta 1 445 m s n m Su relieve abrupto y abundantes precipitaciones contrastan con la depresi n central de Es Pla y las llanuras litorales perif ricas Los paisajes suaves de estas comarcas s lo se ven interrumpidos por las sierras de Llevant que discurren en paralelo a la costa oriental sin sobrepasar los 500 m s n m En cambio Menorca 700 km2 presenta un relieve predominantemente plano en el que s lo destaca la elevaci n menor del monte Toro 357 m s n m Esta circunstancia unida a su alejamiento del continente 220 km hasta la costa de Catalunya impiden avistarla salvo desde ciertos puntos del extremo nororiental de Mallorca Grupo Talay tico ca 850 550 El conocimiento de la secuencia prehist rica ha avanzado en las ltimas d cadas gracias a la realizaci n de programas de dataci n radiocarb nica se dispone de en torno a un millar y a la obtenci n de nuevos registros estratigr ficos Gracias a ello la periodizaci n de Mallorca y Menorca se establece como sigue1 Grupo arqueol gico campaniforme s lo Mallorca ca 2300 2100 2000 Grupo arqueol gico epicampaniforme dolm nico ca 2100 2000 1600 Grupo arqueol gico Naviforme ca 16001100 1000 Periodo Postalay tico ca 550 s II 123 Respecto al esquema de periodizaci n de la pen nsula Ib rica y a grandes rasgos el primero se sit a en la transici n entre las edades del Cobre y del Bronce el segundo corresponde al Bronce Antiguo el tercero al Bronce Reciente e inicios del Final el cuarto a las ltimas etapas del Bronce Final el quinto al Hierro I y el sexto al Hierro II Las primeras fases del poblamiento humano en Mallorca y Menorca ca 2300 1600 Grupo arqueol gico campaniforme ca 2300 2100 2000 Mallorca fue la primera isla en ser habitada de forma estable Las dataciones radiocarb nicas m s fiables sit an este proceso en torno a 23002 Al parecer los primeros grupos humanos habitaron en cuevas y abrigos Son Matge Coval Sim algunos tambi n utilizados como espacio funerario as como en peque os poblados semipermanentes Son FerrandellOlesa Son Mas Ca na Cotxera formados por chozas con un escaso uso de la piedra como material constructivo3 La alimentaci n dependi del consumo de recursos terrestres seg n revelan los an lisis isot picos sobre huesos humanos4 En lo que respecta a la caza se mantiene el debate acerca del aprovechamiento del Myotragus balearicus un caprino end mico de las Gimnesias5 Pese a que no es descartable que esta especie se extinguiese como consecuencia directa o indirecta de la colonizaci n lo cierto es que carecemos de datos que aseguren la coexistencia de Myotragus y humanos y a n menos la caza y consumo de los primeros por parte de los segundos 2 1 Universidad Aut noma de Barcelona Vicente lull uab cat Lull et alii 1999 2008 Mic 2006 Guerrero et alii 2007 5 3 4 Ramis y Alcover 2001 Alcover 2004 Lull et alii 2008 Waldren 1982 1998 Van Strydonck et alii 2002 2005 Bover y Alcover 2003
Vicente Lull , Rafael Mic  , Cristina Rihuete Herrada y Roberto Risch  Las Islas Baleares  desde la colonizaci  n humana e...
148 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 1 Recipientes cer micos con decoraci n campanifome hallados en Son Matge y en Son Ferrandell Olesa Mallorca a partir de Waldren 1987 y 1998 Entre los artefactos m s caracter sticos de estas primeras ocupaciones figuran los recipientes cer micos cuencos cazuelas carenadas decorados con motivos incisos de tradici n campaniforme6 Fig 1 Estas piezas han servido para definir uno de los estilos regionales recientes si bien muestran afinida 6 Waldren 1998 des con el estilo Pirenaico Cabe destacar tambi n los grandes contenedores de cuerpo ovoide y fondo plano Menci n aparte merecen los tiles cortantes cuchillos dientes de hoz fabricados en s lex tabular y la pr ctica de la metalurgia del cobre que tal vez benefici afloramientos de la sierra de Tramuntana 7 7 A partir de Waldren 1987 y 1998
148  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 1. Recipientes cer  micos con decoraci  n campanifome hallados en Son...
las islas baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana Grupo arqueol gico epicampaniforme dolm nico ca 2100 2000 1600 En la transici n entre el III y el II milenios el registro arqueol gico incorpora novedades En primer lugar la presencia humana se extendi ya a Menorca y a las Pitiusas Los asentamientos mantuvieron la t nica inaugurada por las primeras ocupaciones es decir poblados abiertos al aire libre y ocupaciones peri dicas en cueva o abrigo8 Entre los artefactos que m s han llamado la atenci n figuran las cer micas decoradas afines a lo epicampaniforme Ahora bien los datos m s fiables provienen de contextos funerarios Aunque perdur el uso de cavidades naturales Can Martorellet Son Marroig Sa Canova d Ariany se habilitaron nuevos tipos de tumbas9 Probablemente las primeras fueron los hipogeos menorquines con fachada y pasillo construidos con aparejo megal tico y c mara circular u oval Biniai 1 y 2 Cala Morell 11 y 12 Fig 2 10 Otros hipogeos de planta simple y ahora carentes de estructuras ortost ticas est n bien representados en Mallorca Ca na Vidriera 4 Son Sunyer 7 Rafal Llin s 11 Los d lmenes fueron otra novedad remarcable durante el siglo XIX Se concentran en el sur de Menorca y en la bah a de Alc dia en el noreste de Mallorca Suelen poseer una c mara rectangular de 3 5 x 2 m como m ximo a la que se accede mediante un corredor corto o vest bulo S Aigua Dol a Son Baul de Dalt Montpl Ses Roques Llises Fig 3 12 El conjunto habr a estado cubierto por un t mulo de piedras y tierra de unos 7 8 m de di metro Las tumbas citadas acogieron decenas de inhumaciones primarias a lo largo de dos o tres siglos Los ajuares funerarios son escasos y en general modestos recipientes cer micos cuencos abiertos o ligeramente cerrados a veces con base rehundida ollas de borde exvasado y cuerpo globular o carenado vasos troncoc nicos con apliques cerca del borde y vasos de tendencia cil ndrica y base plana pu ales y punzones de cobre o bronce botones de hueso o de colmillo de suido colgantes de concha y dientes de suido y brazales de arquero Conexiones extrainsulares y organizaci n social en los inicios del poblamiento Uno de los temas m s interesantes de la investigaci n prehist rica balear concierne a los inicios del 10 11 12 8 9 L pez Pons 2001 Coll Conesa 1993 Plantalamor y Marqu s 2001 Veny 1968 L pez Pons 2001 Guerrero et alii 2003 Figura 2 Vista frontal del sepulcro colectivo de Biniai Nou Menorca fotograf a Llu s Plantalamor Massanet Figura 3 Sepulcro megal tico con c mara y corredor de Ses Roques Llises Menorca fotograf a Felipe S nchezCuenca poblamiento humano A diferencia de la mayor a de las grandes islas mediterr neas las Baleares no fueron un lugar atractivo para el asentamiento neol tico no hay pruebas inequ vocas de dicha ocupaci n y si algunos indicios controvertidos llegasen a confirmarse se tratar a de estancias ocasionales Sin embargo las condiciones cambiaron a finales del III milenio Resulta probable que las primeras comunidades insulares procediesen del noreste de la pen nsula Ib rica y de las riberas del golfo de Le n a tenor de los paralelos observados en la cer mica campaniforme ciertos tipos de la cer mica de acompa amiento campani 149
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150 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 4 Cronolog a de la colonizaci n de las islas mediterr neas en relaci n con la distancia que las separa del continente a partir de Vigne 2000 forme y del Bronce Antiguo los botones seos prism ticos piramidales y del tipo tortuga as como diversos aspectos de la arquitectura funeraria13 Cu les fueron los motivos que condujeron a la colonizaci n balear precisamente a finales del III milenio y no antes La relativa lejan a de Mallorca y Menorca respecto al continente su marginalidad respecto a las principales rutas de circulaci n de la obsidiana sarda y de las Eolias pero sobre todo la falta de materias primas adecuadas para la fabricaci n de tiles l ticos pulimentados indispensables para la pr ctica de una econom a agropecuaria en un ambiente de densa vegetaci n parecen explicar la ausencia de una ocupaci n estable en tiempos neol ticos Fig 4 14 Sin embargo estas limitaciones para el asentamiento acabaron sien do superadas A finales del III milenio el desarrollo de la metalurgia permit a explotar los minerales cupr feros de Mallorca y Menorca lo cual elud a la dependencia continental respecto del aprovisionamiento de las rocas gneas o metam rficas empleadas en la fabricaci n de instrumentos15 La instauraci n de formas de explotaci n econ mica y de violencia social en diversas regiones continentales a lo largo del III e inicios del II milenios pudo haber actuado como catalizador de la colonizaci n insular16 Ante las tensiones provocadas por aquella situaci n determinados grupos sociales podr an haberse desplazado a territorios marginales donde establecer relaciones ajenas a los conflictos de sus lugares Ramis et alii 2005 Alcover et alii 2007 Hunt et alii 2013 16 Lull et alii 2004 Gili el alii 2006 15 Lull et alii 2004 14 Risch 2011 13
150  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 4. Cronolog  a de la colonizaci  n de las islas mediterr  neas en rel...
las islas baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana Figura 5 Evoluci n demogr fica de la poblaci n balear desde mediados del II milenio de origen Si nos atenemos a la falta de preocupaciones defensivas en la elecci n y la estructuraci n de los asentamientos bale ricos a la ausencia de armas y al mantenimiento del rito de inhumaci n colectivo las primeras poblaciones enfatizaron las relaciones pac ficas e inhibieron las disimetr as econ micas y pol ticas El grupo arqueol gico Naviforme ca 1600 1100 1000 En torno a 1600 se inici una fase de aumento demogr fico probablemente como consecuencia de la arribada de nuevos contingentes poblacionales Fig 5 17 Tales movimientos pudieron estar relacionados con la crisis de muchas sociedades del Bronce Antiguo en diferentes regiones del Mediterr neo y de Europa El aumento demogr fico coincide con la edificaci n de estructuras de habitaci n de planta alargada aparejo cicl peo entrada por el lado corto y cierre absidal o apuntado que pueden alcanzar m s de 15 m de longitud y 6 m de anchura Closos de Can Gai Son Oms S Hospitalet Vell Cala Blanca Clariana Son Mercer de Baix 18 Fig 6 Los hogares banquetas instrumentos l ticos de molienda tiles en hueso metal y piedra cer mica de consumo y almacenamiento restos alimentarios y residuos de producci n metal rgica hallados en su interior indican la realizaci n de m ltiples actividades de producci n y de mantenimiento de objetos y un moderado desarrollo de la divisi n del trabajo entre las unidades dom sticas Pueden presentarse Gili et alii 2006 Rossell Bordoy 1973 1979 Plantalamor 1991 Lull et alii 1999 Pons Homar 1999 Figura 6 Edificio naviforme de Closos de can Gai 1 Mallorca fotograf a Equip Closos Universitat de les Illes Balears exentas o en conjuntos de dos o m s unidades adosadas lateralmente A su vez edificios individuales o agregados pueden hallarse aislados o agruparse en poblados abiertos de densidad y extensi n variable Conforme avanzamos en la segunda mitad del II milenio fueron construy ndose estructuras de habitaci n distintas en mayor o menor medida del patr n naviforme sin abandonar nunca la pr ctica de la arquitectura en piedra Es Figueral de Son Real Torralba d en Salord Las estructuras naviformes colonizan por primera vez todos los entornos de las Baleares si bien se observa una preferencia por las tierras bajas cercanas a suelos f rtiles La implantaci n de los poblados naviformes coincidi con una reducci n en el uso de las cuevas naturales que pasaron a ser frecuentadas ocasionalmente con fines rituales Es C rritx Es Mussol Es Moro En el marco de estas ceremonias subterr neas entre ca 1600 1450 se seccionaban y acumulaban fragmentos de estalactitas en ocasiones asociadas a huesos humanos de manos y pies se depositaban porciones de carne y recipientes cer micos y se celebraban ritos de significado m gico Tales pr cticas han sido interpretadas en funci n de cultos relacionados con una fuerza an nima subterr nea responsable de la renovaci n de la fertilidad y la vida19 Los contextos funerarios destacan por su abundancia y variedad A la perduraci n puntual de hipogeos simples d lmenes y cuevas se suman hipogeos de planta alargada y compartimentos internos Cala Sant Vicen Son Sunyer Son Viv monumentos 17 18 Lull et alii 1999 19 151
las islas baleares  desde la colonizaci  n humana estable hasta la conquista romana  Figura 5. Evoluci  n demogr  fica de ...
152 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica de planta circular y apariencia tumular exclusivos de Menorca Ses Arenes de Baix Son Olivaret Fig 7 y cuevas naturales cerradas por un muro cicl peo Es C rritx Es Forat de ses Aritges Son Matge Coval d en Pep Rave 20 Todos estos contenedores llegaron a acoger centenares de inhumaciones a lo largo de varios siglos En el cap tulo de artefactos muebles la alfarer a adopt progresivamente la calcita como desgrasante para la producci n de grandes vasijas con perfil toneliforme y labio engrosado o bien con cuerpo globular u ovoide y borde exvasado El grueso de la vajilla de cocina y de consumo se compone de ollas globulares o carenadas de borde vuelto de diversas dimensiones y cuencos abiertos o ligeramente entrantes con base plana Las decoraciones son escasas limit ndose a series horizontales de digitaciones o incisiones El hallazgo de moldes para la fabricaci n de brazaletes punzones hachas y cuchillos en algunas estructuras naviformes S Hospitalet Vell Son Mercer de Baix pone de manifiesto la producci n insular de artefactos de bronce Su uso fue en aumento hasta alcanzar una m xima frecuencia a inicios del I milenio21 Por otro lado la industria sea experiment una singular vitalidad testimoniada por la abundancia de punzones agujas y sobre todo botones de perforaci n en v elaborados a partir de di fisis de hueso largo o bien de colmillos de suido La presencia ocasional de instrumentos de molienda y de semillas de cereales sugiere que la agricultura gan relevancia entre las estrategias de subsistencia No obstante la abundancia de restos de fauna dom stica y los primeros an lisis qu micos y bioarqueol gicos sobre huesos humanos sugieren que la ganader a aportaba una parte sustancial de la dieta En cambio llama la atenci n la m nima o nula aportaci n de alimentos de origen marino El an lisis de los miles de restos humanos de la Sala 1 de la Cova des C rritx ha permitido conocer aspectos de la organizaci n socioecon mica de las comunidades naviformes en sus momentos medios y finales22 Este espacio funerario acogi los cad veres de unos doscientos individuos de ambos sexos y todas las edades excepto fetos y neonatos menores de tres meses La Sala 1 fue la tumba de una unidad social formada originariamente por unos 14 individuos cifra compatible con el tama o del grupo que pudo habitar una vivienda naviforme Se ha observado que la esperanza de vida de las Veny 1968 Rossell Bordoy 1979 Lull et alii 1999 L pez Pons 2001 Gili et alii 2006 Plantalamor et alii 2008 21 Lull et alii 1999 Salv 2010 22 Rihuete 2003 20 Figura 7 Vista cenital del sepulcro de Ses Arenes de Baix Menorca ASOME UAB mujeres era ligeramente inferior respecto a la de los hombres y que se dio un acusado dimorfismo sexual en el esqueleto postcraneal La mortalidad infantil era elevada de forma que s lo dos tercios de los individuos cumpl an los cinco a os La baja frecuencia de caries y en cambio la notable proporci n de sarro en piezas dentales apunta a que los alimentos de origen animal terrestre proporcionaban una parte importante de la dieta interpretaci n refrendada por el an lisis de oligoelementos Adem s en este cap tulo no se advierte ninguna diferencia o discriminaci n entre hombres y mujeres Diversos indicadores osteol gicos ponen de manifiesto que la poblaci n estaba afectada por una relaci n sist mica entre anemias e infecciones y que las cargas laborales implicaban una elevada movilidad de al menos un sector de la comunidad correlacionable con actividades como el pastoreo y la explotaci n de recursos en un territorio amplio caracterizado por una topograf a agreste Una de las hip tesis m s interesantes sugiere la pr ctica del infanticidio femenino como mecanismo de regulaci n demogr fica Dicho infanticidio adoptar a la forma de menores cuidados hacia las ni as y o de una alimentaci n diferencial durante la infancia Esta hip tesis permite armonizar una serie de datos apa
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las islas baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana rentemente inconexos como la menor representaci n de mujeres en edad adulta la escasa incidencia de anemias entre los hombres adultos respecto a las mujeres y a la poblaci n infantil y el dimorfismo sexual postcraneal Podr a decirse que el coste de la igualdad entre individuos adultos reca a sobre el sexo femenino La homogeneidad en la producci n de artefactos tuvo lugar en ausencia de centralizaci n pol ticoecon mica La sociedad se organiz en unidades en gran medida aut nomas en cuanto a la producci n subsistencial seg n indica la uniformidad del utillaje hallado en las viviendas Ahora bien dichas unidades cooperaron en la construcci n de edificios la obtenci n de metales y la gesti n agr cola y ganadera Dichas relaciones conllevaron movilidad de individuos y transmisi n de conocimientos en un contexto aparentemente exento de violencia f sica y abierto a aportes demogr ficos externos como sugiere la creciente densidad de asentamientos y necr polis En este sentido la diversidad de los contextos funerarios podr a ser s ntoma de un clima de integraci n y tolerancia hacia tradiciones aportadas por sucesivos contingentes poblacionales que se integrar an en las relaciones colectivizantes ya existentes conservando elementos de idiosincrasia en el ritual23 En un panorama caracterizado por la ausencia de jerarqu as el an lisis de los hallazgos de Es Mussol sugiere que ciertos individuos adquirieron una condici n social mediadora en el terreno de lo pol tico y de las creencias24 La Cova des Mussol se abre en la pared de un impresionante acantilado de 40 m de altura en la costa noroeste de Menorca y su acceso es muy arriesgado En una peque a y rec ndita sala interior se hall un conjunto de objetos de madera entre los que destacan dos tallas de acebuche Fig 8 Ambas representan la cabeza y el cuello de dos seres uno antropomorfo y otro zooantropomorfo que debieron hallar sentido en el marco de un discurso con componentes mitol gicos o metaf sicos El lugar fue frecuentado en estancias breves y fue escenario de pr cticas secretas y de vivencias singulares protagonizadas por un grupo muy reducido de personas La Cova des Mussol puede entenderse como una etapa en el proceso de iniciaci n a trav s del cual las comunidades menorquinas produc an individuos encargados de la mediaci n pol tico ideol gica El periodo Prototalay tico ca 1100 1000 850 Los siglos a caballo entre el II y el I milenios resultan clave para entender la instauraci n de la sociedad ta Figura 8 Tallas de la Cova des Mussol Menorca fotograf as Peter Witte ASOME UAB talla zooantropomorfa altura 14 9 cm talla antropomorfa altura 9 4 cm lay tica25 Por un lado ir n desapareciendo elementos de la tradici n previa como las viviendas naviformes Algunas continuaron siendo ocupadas en ocasiones tras experimentar cambios arquitect nicos Closos de Can Gai 1 26 Sin embargo en otros casos los poblados comienzan a exhibir una organizaci n urban stica compacta en la que un n mero variable de recintos de planta diversa se aglomeran en torno a una estructura elevada en piedra y notables dimensiones que podr a constituir el precedente de los talaiots Es Figueral de Son Real Cap de Forma S Illot Las estimaciones demogr ficas apuntan a una nueva fase de crecimiento quiz s motivado de nuevo con la llegada de grupos extrainsulares27 La abundancia y variedad de artefactos met licos indican que Menorca y Mallorca no eran tierras marginales en las redes de circulaci n mediterr neas en las v speras de la presencia fenicia Sin duda las Baleares vivieron entonces un desarrollo social y econ mico muy superior al observado en buena parte de la franja mediterr nea peninsular Lull et alii 2008 Javaloyas et alii 2007 27 Gili et alii 2006 25 Lull et alii 1999 24 Lull et alii 1999 Mic 2005 23 26 153
las islas baleares  desde la colonizaci  n humana estable hasta la conquista romana  rentemente inconexos, como la menor r...
154 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 9 Naveta des Tudons Menorca ASOME UAB En el cap tulo de las pr cticas funerarias el nico elemento compartido por las comunidades de Mallorca y Menorca es la continuaci n de las inhumaciones en cuevas naturales cerradas mediante un muro cicl peo Es C rritx Son Matge Mongofre Nou Sin embargo en Menorca prosigui la tendencia secular expresada en una mayor abundancia y diversidad de estructuras funerarias Entre stas destacan las navetes Tudons Binimaimut Binipati Nou La Cova Fig 9 28 Se trata de grandes edificios de piedra de contorno circular o absidal que contienen una c mara alargada en ocasiones dividida en dos pisos La excavaci n de la m s c lebre la naveta des Tudons deja entrever que llegaron a depositarse centenares de cad veres As mismo la tradicional pr ctica del ritual colectivo se repite en los hipogeos de planta simple abiertos en las paredes de barrancos y acantilados Calascoves III V VII IX XI y XXXV y en algunas cuevas naturales retocadas o no con el mismo tipo de ubicaci n topogr fica29 Gracias a la extraordinaria preservaci n de algunas de estas cuevas se ha confirmado la continuidad de las in Plantalamor 1991 Lull et alii 1999 Gorn s y Gual 2001 29 Veny 1982 humaciones primarias y en las m s inaccesibles Cova des Pas la deposici n directamente sobre el suelo de cuerpos hiperflexionados envueltos en fardos hechos con pieles de animales y transportados en literas de madera30 Los ajuares funerarios son m s variedos y abundantes que en los siglos anteriores Siguieron deposit ndose botones de hueso o diente y peque os vasos cer micos ollitas de perfil en s vasos troncoc nicos con una agarradera lateral Sin embargo destacan ahora los adornos e instrumentos de bronce pectorales torques cuentas bic nicas o cil ndricas cuchillas puntas de lanza punzones etc 31 la presencia espor dica de objetos de hierro brazaletes o esta o cuentas y adem s contenedores tubulares de madera o asta de bovino provistos de tapaderas decoradas de madera o hueso que contuvieron los cabellos cortados a ciertos individuos con ocasi n de las ceremonias f nebres El dep sito de la Sala 5 de la Cova des C rritx ha proporcionado los testimonios m s elocuentes de un ritual centrado en el tratamien 28 Fullola et alii 2007 Delibes y Fern ndez Miranda 1988 30 31
154  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 9. Naveta des Tudons  Menorca      ASOME     UAB .  En el cap  tulo d...
las islas baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana Figura 10 Objetos ceremoniales del dep sito de Es C rritx Menorca fotograf as Peter Witte ASOME UAB to postmortem de los cabellos de algunas personas te ido peinado corte deposici n que a su vez cabr a vincular a un nuevo protagonismo simb lico de la cabeza humana32 Fig 10 Pese a que este tratamiento individualizado se reserv a un n mero restringido de individuos no hay pruebas claras de que esta diferenciaci n ritual fuese el reflejo de privilegios pol tico econ micos33 Todos los tipos de tumba citados as como las pr cticas funerarias que presumimos compartidas pese a la diversidad de estructuras utilizadas cesaron durante el siglo IX o a lo sumo a comienzos del siglo VIII Probablemente el momento anterior a la amortizaci n de estos sepulcros coincidi con la deposici n ritual de objetos especialmente valiosos en lugares poco accesibles del interior de algunas cuevas naturales C rritx Mussol Eran s ntomas de una sociedad en tiempos de cambio a punto de abandonar una tradici n secular y de inaugurar la poca talay tica cuando la construcci n de los lazos sociales pasar sobre todo por la afirmaci n p blica de la comunidad construcci n de talaiots asentamientos compactos m s que por la celebraci n del pasado y de los antepasados en el marco de rituales funerarios alejados de los poblados El Grupo Talay tico ca 850 550 Los elementos emblem ticos de las nuevas relaciones sociales son los talaiots Figs 11 12 estructuras monumentales con forma de torre y planta circular Son Forn s Son Ferrandell Olesa Sa Canova de Morell Sant Agust Vell cuadrada Capocorb Vell Hospitalet Cas Canar y oblonga o irregular Cornia oriental Rafal Roig construidas con grandes bloques de piedra en seco Los monumentos de morfolog a m s regular y menores dimensiones son m s frecuentes en Mallorca poseen una c mara circular en cuyo centro se levanta una columna polil tica sobre la que descans el sost n de la cubierta en forma de losas radiales o vigas En otros casos en lugar de c mara se abren pasillos o espacios relativamente peque os de contorno irregular Cornia oriental Rafal Roig Tampoco faltan los monumentos macizos englobados en Mallorca bajo la categor a t mulo escalonado Son Oms Son Ferrer 34 Los talaiots desempe aron funciones diversas Algunas son comunes a todos ellos como la de atalaya para el control visual Sin embargo otras ten an car cter espec fico y se desarrollaban en monumentos concretos como el procesado y redistribuci n de recursos c rnicos en el Talaiot 1 de Son Forn s o las pr cticas pol tico ideol gicas en el Talaiot 235 No hay pruebas de que ninguno fuese la residencia de un grupo dominante Los talaiots se encuentran aislados o formando parte de asentamientos de extensi n variable rara vez por encima de 2 ha En ocasiones las viviendas presentan planta trapezoidal o arri onada y se disponen radialmente en torno a los talaiots Son Oms Pula Ses Talaies de Can Jordi mientras que en otros casos los recintos son cuadrangulares y se alinean adosados a lo largo de un muro cabecero rectil neo Son Forn s Capocorb Vell Rossell Bordoy 1973 1979 Fern ndez Miranda 1978 Plantalamor 1991 Aramburu Zabala 1998 Pons Homar 1999 Gorn s y Gual 2001 Lull et alii 2001 35 Gasull et alii 1984 34 Lull et alii 2013 Lull et alii 1999 32 33 155
las islas baleares  desde la colonizaci  n humana estable hasta la conquista romana  Figura 10. Objetos ceremoniales del d...
156 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 11 Vista del yacimiento de Son Forn s Mallorca donde se aprecian los talaiots 1 y 2 y estructuras de diversos periodos fotograf a Jaume Murillo Orfila Figura 12 Talaiot de Torrellonet Vell Menorca fotograf a Felipe S nchez Cuenca
156  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 11. Vista del yacimiento de Son Forn  s  Mallorca , donde se aprecian...
las islas baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana La producci n cer mica en Mallorca respet un repertorio compuesto por cuencos copas y una variedad de ollas de borde vuelto con distintas proporciones y tama os Por otro lado apenas conocemos la organizaci n de la producci n metal rgica y su expresi n artefactual debido a la nula amortizaci n de estos objetos en dep sitos o tumbas La industria sea se caracteriza por la pervivencia inusual de los punzones de hueso mientras que la producci n l tica incluye morteros percutores esf ricos y en menor medida molinos La dieta estaba basada en alimentos de origen terrestre probablemente con un peso significativo de los productos derivados de la ganader a Las pr cticas funerarias son pr cticamente desconocidas En Mallorca s lo se constatan algunas manifestaciones espor dicas y controvertidas Cova Greg ria A Son Real En Menorca tal vez algunos hipogeos de planta compleja comenzaron a ser utilizados en el siglo VIII Calascoves XXI Sant Joan de Missa tras el abandono de navetas cuevas con muro de cierre e hipogeos de planta simple Tal vez la p rdida de relevancia de las pr cticas funerarias tuviese que ver con el protagonismo de los talaiots como si el esfuerzo colectivo en su construcci n y en las actividades que facilitaron hubiesen aglutinado las pr cticas de cohesi n pol tica desplazando as los rituales tradicionales En cierta manera durante el periodo Talay tico el sentido de la comunidad pol tica se impuso sobre las particularidades parentales estructuradas seg n l neas de descendencia El asentamiento de Son Forn s revela que la sociedad talay tica se articul en unidades dom sticas bastante aut nomas en cuanto a la producci n subsistencial cotidiana preparaci n de alimentos cer mica instrumentos l ticos y seos Sin embargo dichas unidades se hallaban vinculadas por fuertes lazos de cooperaci n cuidado de los reba os reparto p blico de los recursos c rnicos en un marco pol tico marcado por la reciprocidad36 Frente a pocas anteriores el periodo Talay tico se distingue por una notable ausencia de elementos for neos y por la escasez de testimonios metal rgicos El cese de los complejos rituales funerarios y de los dep sitos de metales debi conllevar una reducci n importante de la producci n de metales quiz s en un momento en que las comunidades de Mallorca y Menorca optaron por aislarse de las tensiones a ra z de la emergencia de las sociedades aristocr ticas en su entorno continental y de las rivalidades coloniales en la cuenca occidental del Mediterr neo37 Gasull et alii 1984 Lull et alii 2002 Figura 13 Recinto habitacional de Torre d en Galm s Casa Cartailhac Menorca fotograf a Elena Sintes Olives Figura 14 Sala hip stila de Torre d en Galm s Menorca ASOME UAB El periodo Postalay tico ca 550 s II 123 La sociedad talay tica tuvo un final brusco y violento tal y como indican los niveles de incendio en Son Forn s Antigors Capocorb Vell y Son Serralta entre otros S lo tenemos una imagen fragmentaria del panorama justo despu s del colapso talay tico en Mallorca a caballo entre los siglos VI y V Edificio Alfa de Son Ferragut Casa de los cortes 19 y 19a de S Illot y Edificio G4 de Son Forn s Las caracter sticas del Edificio Alfa resultan novedosas en cuanto a tama o per metro t cnicas constructivas y organizaci n interna38 Los muros delimitan un paralelep pedo de casi 300 m2 de superficie que acogi una nica unidad dom stica 36 37 Castro et alii 2003 38 157
las islas baleares  desde la colonizaci  n humana estable hasta la conquista romana  La producci  n cer  mica en Mallorca ...
158 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 15 Taula de Torralba d en Salort Menorca fotograf a Felipe S nchez Cuenca La entrada abierta en uno de los muros cortos daba acceso a un patio porticado rectangular donde se realizaron actividades de producci n y consumo Al fondo del patio se disponen dos habitaciones contiguas similares El ajuar artefactual presenta afinidades con la tradici n talay tica pero marca distancias al anticipar elementos habituales en los siglos venideros La aparici n en estos momentos de los primeros proyectiles fusiformes de honda fabricados en piedra o la destrucci n violenta del Edificio Alfa deja entrever que la inestabilidad social no hab a sido superada La situaci n muestra visos de estabilidad desde ca 470450 cuando se ocupan los asentamientos postalay ticos mejor conocidos que perdurar n como m nimo hasta el siglo II Las diferencias entre los enclaves de Mallorca y Menorca son marcadas En Menorca predominan las casas con per metro de tendencia circular patio central y t cnica cicl pea en ocasiones adosadas unas a otras o a salas hip stilas Biniparratx Petit Biniparratxet Petit Torre d en Galm s Sant Vicen d Alcaid s 39 Figs 13 14 mientras que en Mallorca hallamos viviendas con muros rectos y per metros he Hern ndez Gasch 2007 39 terog neos que no parecen respetar una planificaci n Habitaciones Postalay ticas 1 2 y 3 de Son Forn s sector Barrio de Son Mas En ambas islas no obstante proliferan los recintos amurallados Ses Pa sses Es Pedregar Es Rossells Son Forn s Son Catlar 40 La arquitectura postalay tica tambi n incluye edificios monumentales a los que se atribuye una funci n pol tico o religiosa En Menorca hallamos los recintos de taula estructuras de planta absidal que contienen el emblem tico pilar rematado en T Torralba d en Salord Talat de Dalt Torre d en Galm s Trepuc 41 Fig 15 mientras que el equivalente en Mallorca ser an los santuarios 42 cuya planta recuerda a menudo la de los recintos de taula aunque sin disponer del pilar en T Son Mas Son Mar Almallutx Antigors Son Corr Son Oms A Sa Punta des Patr Son Forn s Las estructuras funerarias son abundantes y variadas hipogeos de planta compleja Calascoves Son Rossell Bordoy 1973 1979 Fern ndez Miranda 1978 Plantalamor 1991 Gorn s y Gual 1997 Aramburu Zabala 1998 Lull et alii 2001 Hern ndez Gasch y Aramburu Zabala 2005 Aramburu Zabala y Riera 2006 41 Gorn s y Gual 1997 Fern ndez Miranda 2009 42 Fern ndez Miranda 1978 40
158  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 15. Taula de Torralba d   en Salort  Menorca   fotograf  a  Felipe S ...
las islas baleares desde la colonizaci n humana estable hasta la conquista romana Maim Cova Monja Cala Morell cavidades naturales Avenc de Sa Punta Son Matge Sa Cometa des Morts Son Bau c maras rectangulares o circulares de mamposter a Son Real S Illot des Porros reutilizaci n de tumbas antiguas Biniai Nou 2 Cova des C rritx e inhumaciones en fosas o cistas a veces sobre las ruinas de edificios talay ticos Talaiot 1 de Son Ferrandell Olesa Son Oms 43 En ciertos casos los cad veres eran depositados sobre parihuelas de madera o en ata des fabricados a partir de troncos vaciados Calescoves XXI Son Boronat Son Maim que a veces pose an apliques tauromorfos Sa Punta o en el interior de vasijas cer micas Son Boronat En otras ocasiones se documentan recintos funerarios colectivos donde los esqueletos aparecen desarticulados y envueltos en cal Son Matge Son Maim 44 En Mallorca la vajilla incluye nuevas variedades de ollas de borde exvasado lebrillos vasos troncoc nicos copas y jarras asociadas a una gran variedad de apliques y asas Las pastas incorporan desgrasantes vegetales aunque sin arrinconar la tradicional adici n de calcita triturada En Menorca llaman la atenci n los vasos decorados de doble fondo En ambas islas la producci n alfarera es mayoritariamente local y todav a fabricada a mano La vajilla de importaci n puede considerarse marginal hasta el siglo IV cuando la introducci n del vino en nforas de procedencia ibicenca dej de ser anecd tica Entre los artefactos de bronce destacan las piezas destinadas a pr cticas pol tico ideol gicas como figuras tauromorfas Fig 16 o s lo corniformes representaciones de guerreros o divinidades b licas palomitas tintinabulla y campanillas45 Las placas de plomo decoradas tambi n tuvieron una funci n similar El cat logo met lico se completa con objetos de hierro como espadas de antenas cuchillos punzones y adornos en espiral Por su parte la producci n l tica se concentr en la manufactura de percutores esf ricos molinos y balas de honda En la industria sea vale la pena mencionar los taps posibles tapones realizados sobre ep fisis de f mur de b vido que suelen formar parte de ajuares funerarios La dieta dependi m s de productos agr colas Las diferencias en tama o organizaci n y contenido entre las viviendas y tambi n la individualizaci n de ajuares funerarios de elevado valor social sugieren la instauraci n definitiva de desigualdades econ micas y pol ticas Adem s la construcci n de fortificaciones y la presencia de armas como espadas y hondas indican Ense at Ense at 1981 Rossell Bordoy 1973 1979 Fern ndez Miranda 1978 Tarradell y Hern ndez Gasch 1998 45 Rossell Bordoy 1973 1979 Delibes y Fern ndezMiranda 1988 Gual 1993 Figura 16 Toros de bronce de Costitx Mallorca Foto Museo Arqueol gico Nacional que la violencia era un ingrediente destacado en las relaciones sociales No hay que olvidar al respecto que las fuentes escritas cl sicas mencionan contingentes de honderos bale ricos combatiendo en los ej rcitos cartagineses al menos entre finales del siglo V y la segunda guerra p nica Ello presupone grupos armados con cierto grado de disciplina y experiencia b lica46 El periodo Postalay tico o Balear t rmino cada vez m s arraigado en la arqueolog a mallorquina supuso profundas transformaciones respecto a la sociedad talay tica anterior y la apertura de las comunidades insulares a un entorno mediterr neo marcado por la rivalidad entre grandes potencias Las Baleares se integraron en la rbita p nico ebusitana seg n testimonian enclaves como Na Guardis47 y la abundancia de nforas de procedencia ibicenca Sin embargo en el siglo III se constatan ya producciones it licas que anuncian el signo de los nuevos tiempos Seg n narran las fuentes el ej rcito del c nsul Quinto Cecilio Metelo desembarc en Mallorca en el a o 123 poniendo punto y final a la autonom a pol tica balear 43 44 Lull et alii 2001 Guerrero 2007 46 47 159
las islas baleares  desde la colonizaci  n humana estable hasta la conquista romana  Maim  , Cova Monja, Cala Morell , cav...
Marisa Ruiz G lvez La Iberia Atl ntica un umbral entre Oriente y Occidente Introducci n Al igual que Fernand Braudel dedic el primer tomo de su obra El Mediterr neo y el Mundo mediterr neo en la poca de Felipe II a explicar los rasgos estructurales que definen el mundo mediterr neo y la manera de ser y de ver el mundo de los pueblos mediterr neos es imposible comprender a las gentes que habitan la fachada atl ntica peninsular sin hacer una referencia previa a lo que significa ser atl ntico Los rasgos estructurales del territorio atl ntico Espa a es el segundo pa s en altitudes medias de Europa tras Suiza En su centro se sit a una meseta elevada en torno a los 700 m sm dividida en su mitad por una cordillera monta osa El Sistema Central y rodeada por otras elevadas monta as que dificultan notablemente las relaciones Centro Periferia y contribuyen al aislamiento de las regiones costeras atl nticas respecto del interior Desde el punto de vista geol gico el rea atl ntica peninsular est conformada por un substrato de granitos gneiss y pizarras que junto con el r gimen lluvioso propio del clima determinan suelos cidos pobres en nutrientes lo que con la tecnolog a agraria prehist rica prescribe su uso flexible y no favorece hasta la introducci n de innovaciones agrarias en el tr nsito entre el II y el Ier Milenio B C la estabilizaci n de la poblaci n sobre los campos de cultivo Quede claro que no estoy hablando de nomadismo pero si de un patr n de cierta movilidad regular y sistem tica en torno a un territorio Ese mismo substrato geol gico explica tambi n que en sus macizos gran ticos y metam rficos se concentren los mayores recursos mineros de la Pen nsula en especial el esta o pero tambi n cobre y oro aluvional El tercer rasgo geogr fico que condiciona las peculiares caracter sticas de la poblaci n atl ntica peninsular es la remodelaci n de sus costas a partir de la transgresi n marina holocena que dio lugar a valles hundidos Universidad Complutense de Madrid marisar gp ghis ucm es casi fiordos como en las r as gallegas o en las desembocaduras de los r os portugueses Aveiro Mondego y Tajo o a golfos marinos muy abiertos como en el caso de la desembocadura conjunta de los r os Guadalquivir y Guadalete Vinalop o la R a de Huelva Fig 1 En conclusi n si las barreras monta osas dificultan las comunicaciones entre el Centro y la Periferia atl ntica Peninsular los r os y las costas las facilitan de modo que tradicionalmente era m s f cil moverse por mar que por tierra firme y donde ello no era posible unos pocos pasos estrat gicos que articulan las comunicaciones a trav s del interior resultar n claves Todos estos rasgos explican el valor estrat gico de aquellos puntos topogr ficos que favorecen y articulan el movimiento y asimismo el que stos act en frecuentemente como hitos o marcas en un paisaje tanto f sico como simb lico Cronolog a absoluta y Fases Desde la publicaci n en 1996 de la monograf a dedicada al C14 y la cronolog a de la Prehistoria Reciente Peninsular1 otros trabajos han recogido y discutido de modo global o espec fico2 las dataciones C14 para el Occidente de la Pen nsula Ib rica De acuerdo con ello en este cap tulo se van a distinguir dos grandes fases Un Bronce Inicial que abarca las tradicionales periodizaciones Bronce Antiguo y Bronce Medio entre 2300 2200 1600 1500 cal BC Bronce Antiguo y 1600 1500 1250 cal BC Bronce Medio y un Bronce Final entre 1250 y 850 cal BC Incluyo bajo un solo t rmino Bronce Inicial las fases de Bronce Antiguo y Medio porque representan un continuum en la tendencia hacia la invisibilidad del poblamiento y al empobrecimiento del mundo funerario iniciada desde comienzos del Segundo Milenio cal BC que se a acent a hacia 1600 calBC As el l mite entre Bronce Antiguo y el Bronce Medio no es caprichoso sino que responde a un brusco cambio en el registro arqueol gico 1 2 Castro et al 1996 Betencourt 2010 Garc a y Odriozola 2012
Marisa Ruiz-G  lvez   La Iberia Atl  ntica  un umbral entre Oriente y Occidente  Introducci  n Al igual que Fernand Braude...
162 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 1 Mapa de la Pen nsula Ib rica y representaci n de la costa de Portugal R a de Huelva Golfo Tart sico y Golfo Ilicitano en la antig edad Garc a y Odriozola3 se alan la existencia de una marcada ruptura en el SW peninsular hacia 1600 calBC respecto a las pr cticas anteriores y una menor estabilidad en el poblamiento hecho que como estos autores apuntan no es un caso aislado Reconstrucciones paleoambientales en el NW peninsular apuntan a un periodo de enfriamiento entre 1600 1400 calBC que se une a una baja pluviosidad ya iniciada desde comienzos del Segundo Milenio calBC y a procesos de erosi n causados por acci n humana Como consecuencia de ello los asentamientos se hacen arqueol gicamente menos visibles4 Datos de otras zonas peninsulares y extrapeninsulares confirman una fase de enfriamiento a mediados del II Milenio cal BC5 El l mite inferior de esta fase vendr a marcado hacia mediados del s XII cal BC por cambios no tanto ambientales o en el patr n de asentamiento que contin a siendo escasamente visible como en los procesos que se est n produciendo en el Este y Centro 3 5 4 Garc a y Odriozola 2012 F bregas et al 2003 Castro et al 1999a y b Mart nez et al 2014 Helama et al 2013 del Mediterr neo y que paulatinamente comienzan a repercutir en fen menos de reorganizaci n del rea atl ntica El Bronce Inicial 2300 2200 1250 calBC El patr n de asentamiento El poblamiento del Bronce Inicial en el rea atl ntica es por lo general de car cter ef mero lo que parece traslucir una tendencia a la movilidad ya desde los inicios de esta fase En el NW los datos sugieren una progresiva reubicaci n de los asentamientos en las mesetas a media altura a partir del Campaniforme mediados del III milenio cal BC y una continuidad en cultura material y emplazamiento entre esta fase y el Bronce Inicial a la vez que a una creciente invisibilizaci n del h bitat F bregas lo atribuye a la ausencia de programas sistem ticos de prospecci n y excavaci n en la zona6 6 F bregas et al 2003 868
162  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 1. Mapa de la Pen  nsula Ib  rica y representaci  n de la costa de Po...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente Figura 2 El Trastejen y la Atalaya seg n Hurtado et all 2011 El autor alega la existencia de asentamientos al aire libre cuya cronolog a se solapa con la del arte al aire libre petroglifos y que se localizan tanto en zonas bajas como a media altura por lo que deben corresponder a quienes grabaron y codificaron mensajes en dichos petroglifos relativos entre otros aspectos a la regulaci n del uso de los recursos de altura7 As lo indica la dispersi n superficial de cer mica dom stica alguna con rasgos propios de la Edad del Bronce en el entorno de petroglifos o enterramientos tumulares asociados a bra as y a los caminos y pistas que conectan zonas bajas y altas Pero ello no contradice la idea de una mayor inestabilidad o movilidad en la Edad del Bronce pues carecemos de potentes estratigraf as que indiquen durabilidad en los sitios si bien no se duda de la constancia del poblamiento humano en el NW As otros autores se alan un cambio de estrategia en la Edad del Bronce respecto del Calcol tico con mayor peso de la ganader a complementado con pesca y horticultura y una subsecuente mayor recurrencia de la frecuentaci n de las zonas h medas a media altura8 En el Norte de Portugal se afirma que el poblamiento se vuelve m s denso en el Bronce Inicial9 e innegablemente tenemos cierto registro funerario y de otra ndole pero no as en lo relativo a los asentamientos pues se abandonan reducen su extensi n o se amortizan poblados fortificados Calcol ticos a lo largo de las primeras fases de la Edad del Bronce y se invierte poco en estructuras perdurables10 Es obvio que la poblaci n sigui ocupando el mismo territorio que en la fase precedente pero todo parece indicar que sobre una pauta de menor estabilidad11 Lo mismo ocurre en otras zonas de Portugal12 Apenas dos zonas del SW atl ntico registran presencia de ocupaci n estable en al menos parte del Bronce Inicial Una es la Sierra Norte de Huelva con poblados amurallados y aterrazados como Trastej n Fig 2 y La Pap a asociados a la explotaci n de los recursos cupr feros y al control de las principales v as naturales de comunicaci n que conectan con el Sur de Extremadura pero tambi n otros menores y abiertos como Casta uelo II y la Bujada aunque igualmente situados en lugares elevados y con dif cil acceso a suelos agr colas ste hecho lo confirman los an lisis pol nicos y edafol gicos La vida de estos emplazamientos parece acabar en torno a 1600 1500 cal BC y las siguientes secuencias de habitaci n en el propio Trastej n o Chinfl n se datan ya en el Bronce Final13 La segunda zona es la Baja Extremadura Aqu como en otras zonas del rea atl ntica los asenta 12 13 10 8 9 7 Bradley et al 1995 Santos 2008 Jorge 2000 11 Jorge 2000 Jorge y Rubinos 2002 Bettencourt 2000 Rocha 2001 Hurtado et al 2011 Garc a y Odriozola 2012 163
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  Figura 2. El Trastejen y la Atalaya  seg  n Hurtado et all 2011...
164 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 3 Edificio rectangular de Alanje seg n Pav n 2008 mientos precedentes del III milenio cal BC se destruyen o abandonan Uno de los pocos asentamientos m s o menos estables El Cerro del Castillo de Alange controla f sicamente el vado sobre el r o y visualmente los dem s pasos importantes del Guadiana Medio y las rutas principales entre ste y el curso medio del Guadalquivir Alange refleja quiz un cambio en las estrategias de ocupaci n del paisaje m s centradas ahora en el dominio de los puntos neur lgicos para las comunicaciones14 A pesar de la posible existencia de una zona amurallada las estructuras habitacionales son escasas debido tal vez a factores postdeposicionales Apenas se documentan un par de caba as datadas respectivamente entre 2040 1660 cal BC Beta 68668 la del nivel IV y entre 2200 1740 cal BC Beta 68669 la del nivel VI15 16 si bien la cer mica de almacenamiento y consumo es abundante lo que sugiere que la ocupaci n del sitio debi ser m s densa de lo que las estructuras conservadas sugieren A esta ocupaci n corresponder a un gran edificio de planta rectangular elevado sobre un plataforma cuya funcionalidad seg n los an lisis parece haber sido la de almac n de cereales17 Fig 3 Una ltima fase de ocupaci n se sit a temporalmente separada de la precedente a tenor de su nica dataci n Beta 68667 15201050 calBC por lo que parece existir un hiatus en la ocupaci n del Cerro de Alange que confirmar a esa ruptura en torno al 1600 calBC18 A ella corres 16 17 18 14 15 Pav n 1998 Pav n 1998 Fechas que a 1 se solapan Pav n 2008 Garc a y Odriozola 2012 ponden abundantes materiales entre ellos cer micas mesete as tipo Cogotas con motivos geom tricos rellenos de pasta blanca19 pero no restos de estructuras habitacionales conservados Es posible que ello deba achacarse a problemas postdeposicionales pero tambi n a una ocupaci n reiterada pero menos estable como la que acompa a a los materiales Cogotas en la Meseta20 Lo cierto es que desde mediados del II Milenio calBC la menor visibilidad del poblamiento es un fen meno generalizado en el rea atl ntica Eso sugiere al menos campos de hoyos es decir estructuras de almacenamiento o basureros habitualmente asociados a ocupaciones recurrentes pero de car cter ef mero que forman estratigraf as horizontales pero no verticales Es el caso del sitio de El Carrascalejo21 cercano a la cuenca del r o Aljuc n una zona tradicionalmente inundable hasta la regulaci n de su cauce en los 50 con una treintena de estos hoyos Los materiales cer micos tipo Cogeces que lo relacionan con la Meseta Central y una dataci n sobre una muestra de vida corta 1690 1510 calBC coinciden en situarlo a mediados del II Milenio y en un entorno de encinar mediterr neo clareado de matorral que se atribuye a un mayor peso de los b vidos en la ganader a22 Peque os pobladitos de campos de hoyos se conocen en otros sitios de Portugal en fechas similares23 21 22 23 19 20 Pav n 1998 Jimeno 2001 Enr quez y Drake 2007 Duque y P rez 2007 Tavares y Soares 2001 Jorge y Rubinos 2002
164  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 3. Edificio rectangular de Alanje  seg  n Pav  n 2008 .  mientos prec...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente El registro funerario El mundo funerario es el espejo de la evidencia habitacional pues si bien conocemos necr polis entre el Calcolitico Final y Bronce Inicial se van volviendo paulatinamente m s despersonalizadas en el sentido de que a duras penas nos permiten detectar posibles diferencias verticales en la sociedad ni podemos identificar un ritual funerario que sea estrictamente representativo del Bronce Inicial Atl ntico Antes bien las f rmulas de enterramiento var an grandemente dentro de las mismas reas desde el reaprovechamiento de monumentos neol ticos incluso hasta fechas tard as al uso de cistas de fosas o de t mulos no muy diferentes en ocasiones de los de periodos precedentes a la vez que los ajuares funerarios se vuelven progresivamente m s simples24 Las caracter sticas de estos var an ligeramente entre la mitad NW y SW peninsular As en el NW no se puede hablar propiamente de necr polis sino de enterramientos aislados acompa ados de elementos met licos que conectan con la fase campaniforme precedente como pu ales o puntas de Palmela y elementos de adorno en oro en alguno de ellos pero ya sin la t pica cer mica campaniforme Lo nico que cabe se alar dado el tama o de los recept culos funerarios es que se trata de enterramientos individuales y dado que la acidez de los suelos inhibe la conservaci n del hueso que los m s ricos al menos son atribuibles a varones y de rango elevado por la asociaci n de pu ales a elementos de adorno en oro y plata como en la cista de Atios Pontevedra o la de Carnota La Coru a asociada a un brazal de arquero25 Fig 4 Pero salvo estas cistas o algunos ajuares met licos encontrados en tumbas bajo t mulo que dataciones absolutas sit an en los albores de la Edad el Bronce26 ser a dif cil situar en la Edad del Bronce muchos de estos enterramientos si no fuera por sus dataciones radiocarb nicas Pues la ausencia de ajuares y las formas tumulares de los mismos sugieren tradiciones m s antiguas27 Otros apenas contienen alg n recipiente cer mico caracter stico como los vasos troncoc nicos o a mediados del II Milenio cal BC los vasos de ancho borde horizontal Fig 5 y se depositan tanto en megalitos como en enterramientos tumulares o en fosa28 por lo que parece que las estrategias simb licas y sociales eligen otros escenarios de reclamaci n y no ya como en periodos precedentes el ritual funerario 26 27 28 24 25 Bettencourt 2010 Ruiz G lvez 1998 Ruiz G lvez 1998 Betencourt 2010 Bettencourt 2010 Figura 4 Cistas y ajuares del Bronce Inicial del NW seg n Ruiz G lvez 1998 En el SW s podemos hablar de necr polis en el sentido de la agrupaci n en un espacio limitado de un n mero significativo de enterramientos localizados en ocasiones en las inmediaciones de un poblado fortificado como en los casos de El Trastej n o La Pap a29 o junto a poblados abiertos como Chichina Sevilla el Casta uelo Huelva y en el Alentejo30 En otros casos como el de las tumbas de Las Minitas de Almendralejo Badajoz se consideran asociadas a alguna granja o poblado dependiente de un sitio mayor como Alange31 La mayor a son enterramientos simples con apenas alg n recipiente cer mico habitualmente no decorado como en Huelva o en forma de botella y decoraci n gallonada como en Alentejo y Extremadura y con leve diferenciaci n social vinculada a edad y sexo En las necr polis extreme as donde los restos seos se conservan mejor que en los cidos suelos onubenses parece que las necr polis contienen preferentemente individuos adultos asociados ellos a cer mica y ellas a punzones de cobre32 En las onubenses el conjunto de artefactos met licos ligados a enterramientos es muy bajo Apenas una alabarda de bronce en la tumba 5 31 32 29 30 Hurtado et al 2011 Soares y Tavares 1995 Pav n 2008 Pav n 2008 165
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  El registro funerario El mundo funerario es el espejo de la evi...
166 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 5 Vasos de ancho borde horizontal Seg n Betencourt 2010 de la Traviesa perteneciente a un var n adulto viejo alg n pu al o punta de flecha en tumbas de La Pap a ciertos adornos en plata cobre y excepcionalmente en oro en El Becerrero o la Pap a etc Es significativo el que en muchas de estas necr polis s lo una cista destaque en tama o entre las dem s y suele ser tambi n la que contiene un conjunto funerario m s elaborado Cuando podemos atribuirles edad y sexo a los individuos en ellas enterrados stas m s elaboradas corresponden a varones adultos33 Es decir parece que nos hallamos ante lo que Hayden 1995 denomin sociedades transigualitarias esto es no igualitarias pero tampoco claramente estratificadas Las dataciones 14C sit an estas necr polis en los momentos iniciales del II milenio cal BC hasta aproximadamente 1600 calBC Es muy significativo que las pocas cer micas con decoraci n documentadas en estas necr polis correspondan al tipo mesete o de Cogeces y representan los momentos finales de vida de aquellas34 pues en sitios de habitaci n de la zona se asocian a ocupaciones m s inestables Un elemento recurrente en el rea atl ntica es como vimos la reutilizaci n de monumentos neol ticos o las construcciones tumulares vinculadas a otras de pocas anteriores pues incluso las cistas del SW adoptan la forma megal tica35 Pero tambi n parece indicar un cambio en las estrategias sociales desde el de control del territorio ocupado a trav s de necr polis tumulares en el Neol tico o de necr polis y poblados fortificados en la Edad del Cobre al control en el Bronce Inicial de las v as y puntos estrat gicos que articulan la movilidad de personas reba os o mercanc as a trav s del mismo Ello explicar a dos cosas Por una parte la paulatina p rdida de visibilidad y de inversi n simb lica en las necr polis y la localizaci n de estelas y dep sitos en puntos cargados de simbolog a a la vez sagrada y profana Garc a Sanjuan 1998 Hurtado et al 2011 35 Hurtado et al 2011 33 34 Estelas antropomorfas y dep sitos 1 A la primera categor a corresponden una serie de figuraciones exentas en piedra generalmente con la parte inferior retallada para ser hincadas verticalmente de altura variable pero con unos rasgos figurativos similares una efigie escutiforme vagamente antropomorfa asociada a una representaci n de pu al lo que nos permite identificar dicha representaci n como un ideal masculino y guerrero y por el tipo de arma situarla entre el final del Campaniforme y el Bronce Inicial Lo significativo de estas estelas es su contexto de aparici n vinculado siempre a puntos que son percibidos f sica y simb licamente como liminares tales como vados collados puntos de agua 36 De este modo cuando conocemos las circunstancias de su hallazgo como en las del Collado de Sejos Santander 37 el Pe atu de Vidiago Asturias38 Valdefuentes de Sangus n Salamanca 39 las de Sierra de Nave Beira Alta 40 y algunas otras m s41 se sit an en el l mite de dos nichos ecol gicos complementarios y en puntos que simb licamente son percibidos como umbrales o puntos de transici n Incluso de algunas cuya localizaci n original se desconoce como la de Tremedal de Tormes Salamanca 42 cabe proponer a partir de la etimolog a tardolatina del top nimo Tremedal que su localizaci n se situaba asociada a una fuente de agua subterr nea La iconograf a masculina y armada sugiere la apelaci n a un antepasado m tico o semidivino por parte de un grupo tal vez sus descendientes y su localizaci n disociada de un necr polis parece indicar que no es tanto la tierra sino el control del acceso 38 39 40 41 42 36 37 Ruiz G lvez 1995 Bueno et al 1985 de Blas 2002 Santonja y Santonja 1978 da Cruz y Santos 2011 Ruiz G lvez 1998 L pez et al 1996
166  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 5. Vasos de ancho borde horizontal  Seg  n Betencourt 2010 .  de la T...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente Figura 7 Espada de Entrambasaguas y lugar de su hallazgo seg n de Blas 2011 Figura 6 Estela antropomorfa de Ata des Guarda Portugal seg n Vilaga et al 2001 a un recurso los pastos estivales considerado cr tico en una econom a si no nica s fundamentalmente ganadera lo que es en estos momentos objeto de apropiaci n y que es hacia esos puntos de control en los ejes de movilidad y acceso donde se traslada el escenario de la rivalidad y la exhibici n de poder Fig 6 2 Un segundo elemento caracter stico de la fachada atl ntica y relacionado polis micamente con el control de puntos que articulan las rutas naturales y a la vez con los ritos de transici n43 son los dep sitos met licos nunca asociados a poblados o necr polis Sin embargo entre aquellos que conocemos la localizaci n y circunstancias exactas de su hallazgo podemos diferenciar dos categor as diferentes de dep sitos que parecen responder a motivaciones distintas entre s Aquellos compuestos por hachas alabardas o alg n peque o til es decir los que mezclan objetos de distinto valor social armas y tiles suelen aparecer directamente bajo tierra bajo una piedra o contenidos en un recipiente44 Es este el caso del dep sito de Roufeiro Orense contenido en un recipiente Van Gennep 1986 Ruiz G lvez 1998 43 44 de barro pero no asociado a poblado o necr polis45 Cabe deducir de ello su car cter profano como material de refundici n46 Al contrario espadas y pu ales aislados aparecen en cuevas o fisuras en las rocas esto decir en aquellos puntos f sicos que son concebidos en las cosmogon as de muchas sociedades como huecos bocas umbrales o entradas al inframundo esto es puntos liminales que como explica muy bien M Eliade 1972 19 conforman el punto de encuentro en un Axis Mundi entre Orden y Caos y entre el lugar ganado a la naturaleza y ocupado por los vivos y las regiones salvajes los inframundos Es este el caso de las espadas de Cuevallusa y Entrambasaguas Cantabria recientemente revisadas por de Blas 2011 47 y encontradas en el interior de una cueva Fig 7 al igual que la orensana de Forc s48 o de la de Sabero L on hallada hincada en un promontorio que dominaba la confluencia de dos r os es decir en un cruce y por ello un l mite Tal vez tambi n hincada en una fisura de la roca pudo estar la portuguesa de Castelo Bom hallada accidentalmente una cantera49 De otras como las de Cea50 o la del arenero madrile o de La Perla apenas si podemos colegir que aunque halladas en tierra firme 47 48 49 50 45 46 Comendador 1995 Bradley 1990 Ruiz G lvez 1995 Almagro 1972 y 1976 Obermeier 1923 Castro yVasco 1957 Delibes et al 1982 167
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  Figura 7. Espada de Entrambasaguas y lugar de su hallazgo  seg ...
168 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica se situaban pr ximas a un r o SI bien todas ellas son hallazgos aislados en el sentido de que no se asociaban ni a estructuras habitacionales ni a tumbas no carec an de contexto pues se situaban en lugares que los humanos de la poca percib an como fronterizos entre el mundo de los vivos y el de los muertos51 No obstante no hay que descartar tampoco la posibilidad ni en este caso ni en el de los dep sitos de car cter profano de que se les asociara alg n tipo de marcador visual en material perecedero como sabemos se produc a en muchos casos de los que tenemos informaci n hist rica o etnogr fica52 En s ntesis una mayor movilidad ligada a una econom a quiz no nica pero si fundamentalmente ganadera y con ello a una mayor invisibilidad en el paisaje parece la t nica general en el Bronce Inicial del rea Atl ntica Peninsular El Bronce Final 1250 825 BC Varios factores ayudan a encuadrar los l mites inferiores y superiores de esta fase Como el colapso de los sistemas palaciales mediterr neos a partir de mediados del s XIII lBC y la aparici n de formas de comercio oportunista en el Centro del Mediterr neo donde desde mediados del II milenio BC actuaban comerciantes de diversas procedencias egeos pero seguramente tambi n chipriotas y levantinos53 Esa coyuntura favorece proceso de apertura de nuevas rutas y culminar hacia mediados ltimo cuarto del s IX calBC con la fundaci n de las colonias fenicias implican un estrecho contacto entre maestro y disc pulo para que el aprendizaje sea posible y que podr a corresponder al modelo de di sporas comerciales de Curtin 1984 3 quien las define como fruto de la necesidad de intermediarios cuando las diferencias culturales entre agentes comerciales y comunidad local hace preciso alguien de confianza que act e como agente aunque no exista propiamente una colonia Conocemos muy buenos ejemplos hist ricos de situaciones similares Empezar por exponer los datos que avalan la idea de agentes for neos asentados a t tulo individual entre la poblaci n local y posteriormente tratar de plantear el posible lugar de origen de tales agentes as como a sugerir que junto a conocimiento de orden t cnico tambi n se est n introduciendo otros saberes tanto de ndole simb lica relativos a la representaci n del poder como pr ctica sobre t cnicas agrarias y que el resultado de stos se reflejar en la siguiente fase en la mayor visibilidad y estabilidad del poblamiento y en una estructuraci n territorial como se argumentar m s adelante Primera Fase 1250 1100 000 calBC Un primer aspecto a destacar es que estas primeras importaciones se localizan no siempre en el rea geogr fica atl ntica Occidental sino en la costa levantina o el interior de Andaluc a y ello responde posiblemente a que las rutas de navegaci n hacia los Pilares de H rcules de acuerdo con el sistema de vientos y corrientes hace de la costa levantina un punto de paso obligado y en segundo lugar la presencia en estas zonas de asentamientos que al contrario del panorama general cuentan con una larga secuencia estratigr fica y son accesibles desde la costa o combinando navegaci n costera y fluvial Durante esta fase la visibilidad del h bitat es todav a escasa salvo excepciones porque se trata de h bitats con ocupaciones horizontales no verticales tipo campos de hoyos como en los momentos finales del Bronce Inicial De Este a Oeste pues estas primeras importaciones que repito desde mi punto de vista son importantes porque delatan la presencia estacional o permanente de di sporas mercantiles en momentos muy anteriores a los del asentamiento colonial semita pueden desglosarse como sigue No obstante encontramos las primeras evidencias de importaciones que se alan la ampliaci n de las rutas mediterr neas hacia los confines de los Pilares de H rcules y m s importante a n el asentamiento de for neos en el seno de comunidades locales Porque m s que importaciones lo que se est produciendo es transferencia de know how hacia las comunidades locales como el uso de la cera perdida t cnicas rotativas soldadura etc que como en el caso de Italia54 Ruiz G lvez 1995 Tat r 1991 Bradley 2000 53 Castellana 1998 Vagnetti 1998 Mederos 2005 RuizG lvez 2013 54 Vagnetti 1998 51 52 El tesoro de Villena Alicante Se trata de un conjunto de 67 objetos entre ellos una vajilla de oro y plata para la comida y la bebida adem s de brazaletes lingotes pues aparecen en su mayor a cortados aunque tienen huellas de uso55 l minas de posibles revestimientos a reos de empu aduras de armas una anilla de hierro y un objeto de hierro embutido en oro y otro aplique en mbar embutido en oro fruto del hallazgo fortuito de un brazalete de oro en 1963 El arque logo Dr Soler Perea 2001 2002 55
168  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  se situaban pr  ximas a un r  o. SI bien todas ellas son hallazgos aislados ...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente BC y otra de 1450 1190 BC si bien el conjunto de fechas se centra entre 16000 1300calBC59 Figura 8 Hallazgo del tesoro de Villena Alicante seg n Soler 1965 realiz 56 sondeos en el lugar el hallazgo La rambla del Panadero un cauce fluvial seco pero de car cter estacionalmente torrencial que se saldaron con la recuperaci n de todo el conjunto Este se hallaba en el interior de una gran olla cuyas caracter sticas eran similares a la de la cer mica del Bronce Tard a s XIIIB C del vecino sitio de Cabezo Redondo La vasija se deposit sin protecci n alguna en un hoyo abierto en un meandro del r o El lugar es un cruce de caminos entre dos importantes v as naturales Meses antes otro peque o conjunto ureo se recuper en una gravera pr xima asimismo al Cabezo Redondo57 El yacimiento con el que ambos hallazgos parecen vinculados es un lugar estrat gico que domina el corredor del Vinalop y las conexiones entre la costa menos distante entonces y el interior de la Meseta Central y la Alta Andaluc a a trav s de los pasos de monta a de Almansa y Caudete58 No existen minerales en su entorno aunque s en la Alta Andaluc a pero s abundantes salinas fruto de la paulatina desecaci n de un humedal todav a en uso en el s XV de nuestra era recursos todos que explican su uso tradicionalmente ganadero Veinte dataciones C14 para Cabezo Redondo con dos ocupaciones sucesivas la primera de Bronce Inicial entre 1890 1540 Soler 1965 Soler 1965 58 Ruiz G lvez 1998 y 2013 56 57 El tesoro de Villena es posiblemente un keimelion en el sentido Hom rico que representa el capital f sico y simb lico de un l der y su familia Fig 8 Su inter s para mi argumentaci n deriva de la presencia en el conjunto de materias primas y de ideas que son for neas a la comunidad local Como por ejemplo la vajilla met lica para el banquete no es local ni por la t cnica de batido en que fueron fabricados los cuencos y botellas de la vajilla60 ni por el propio concepto de banquete en recipientes preciosos Una y otra remiten al Mediterr neo Oriental aunque es posible que la decoraci n de guirnaldas de los cuencos ureos reproduzca la de la cer mica Cogotas I del sitio y responda por ello a un regalo introductorio M s ex tico a n resulta el aplique de hierro embutido en oro como si fuera una joya es decir como un material ex tico tal y como ocurre con uno de los pu ales del ajuar funerario de Tutankamon Dado que los palacios mic nicos no conocieron el hierro esta pieza as como el brazalete de hierro del tesoro de Villena deber an datarse61 con posterioridad a la destrucci n de los palacios y antes de la introducci n por los fenicios de la siderurgia en la Pen nsula Este aplique adem s llevaba un clavo para su inserci n en otra pieza aparentemente una empu adura de espada62 En la Pen nsula y en el mundo Atl ntico los clavos eran desconocidos y en su lugar se usaban pasadores o roblones para unir empu adura y hoja de las armas Por el contrario los clavos se empiezan a usar en Chipre a partir del s XIII a C 63 Un segundo aplique estaba compuesto por una pieza de mbar embutida en oro y si bien no hay anal ticas su tratamiento como objeto ex tico sugiere foraneidad y podr a apuntar al Mediterr neo Central hacia donde se dirige ahora la ruta del mbar a ra z de la presencia de comerciantes mediterr neos en sus costas Por ltimo los brazaletes lingote de compleja decoraci n con p as est n fabricados a la cera perdida y por t cnicas rotatorias que tampoco se conoc an en la Pen nsula64 Respecto al segundo conjunto el denominado tesorillo de Villena contiene treinta y cinco piezas de oro entre diademas cintas y colgantes en forma de campanilla similares estos a los que aparecen en un yacimiento sincr nico de la Alta Andaluc a la Cuesta del Negro de Purullena65 adem s de un fragmento de lingote y otro de un brazalete con p as lo que indica 61 62 63 64 65 59 60 Hern ndez 2009 2010 Armbruster 2002 03 151 Ruiz G lvez 1998 Pellicer 1998 Catling 1964 138 Perea 2001 2002 Hern ndez 2001 2002 214 169
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  BC y otra de 1450-1190 BC, si bien el conjunto de fechas se cen...
170 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica id ntica cronolog a con el tesoro precedente Este segundo conjunto puede interpretarse tanto como un conjunto de orfebre como en calidad de keimelion o riqueza personal Nunca sabremos si ambos tesoros pertenecieron a la misma persona y la identidad de su due o o due os Pero si queda claro a mi juicio66 que las t cnicas y materias primas ex ticas en ambos implican la presencia local de uno o m s for neos portadores de know how Ello es importante adem s porque el tipo de brazalete lingote de Villena y su tecnolog a dar n lugar a un tipo de orfebrer a los brazaletes tipo VillenaEstremoz representativo del Bronce final Atl ntico y se ala que m s que importaciones se est produciendo transferencia y adaptaci n local de t cnicas y conceptos for neos en el rea atl ntica67 Cer micas a torno en el Alto y Medio Guadalquivir En los a os 80 se produjo un hallazgo espectacular en el yacimiento de Montoro datado en el Bronce Tard o y por ello sincr nico del Cabezo Redondo Se trataba de dos fragmentos de cer mica a torno fabricados en el taller de Micenas Berbati Lamentablemente los galbos conservados no permitieron la reconstrucci n de su forma por lo que Podzuweit 1990 quien los estudi apenas pudo aventurar que no eran HRIIIC por la buena calidad del barniz y los dat en el s XIII BC por el contexto ind gena de hallazgo asociado a cer micas Cogotas I y datado convencionalmente en tales fechas especulando sobre que los fragmentos de cer mica mic nica pudieran entonces corresponder al HRIIIB s XIII BC o tal vez al HRIIIA2 s XIV BC momento de expansi n del comercio mic nico en el Tirreno Aunque los niveles por encima y por debajo de aquellos a los que pertenecen los fragmentos de cer mica mic nica est n datados por C14 la desviaci n est ndar de las muestras es muy alta por lo que sus rangos de probabilidad son tan amplios que en t rminos de Historia del Mediterr neo son escasamente tiles68 Sin embargo ello sirvi para reconsiderar otros hallazgos de cer mica a torno en contextos de la Edad del Bronce que hasta entonces se hab an considerado como intrusiones medievales o incluso hab an pasado desapercibidos Este fue el caso del yacimiento de Purullena antes mencionado vide supra en la Alta Andaluc a No se trata aqu de cer mica mic nica pero si de una jarra pithoide a torno recu Ruiz G lvez 1998 y 2013 Ruiz G lvez 2013 68 Ruiz G lvez 2013 Mart n de la Cruz 2008 Figura 9 Cer mica a tomo de Andaluc a perada del interior de una caba a ind gena con cer mica Cogotas I y asociada a dos dataciones C14 una de ellas sobre carb n GrN7285 3160 35 15101320calBC y la segunda sobre semillas GrN7284 3095 35 1440 1260calBC 69 Recientemente Torres 2008 identific esta cer mica a torno con contenedores chipriotas como los que aparecen en el pecio de Uluburum hundido en el ltimo cuarto del s XIV BC y en la casa minoica XA del puerto cretense de Kommos tambi n del s XIV raz n por la que data asimismo el hallazgo de Purullena en el s XIV BC bas ndose en que a 1a la fecha obtenida sobre semillas se situar a entre 1420 1310 BC 70 No obstante como ocurre con otros contenedores de transporte estas jarras pitoides pudieron tener una vida m s larga y como argumentar m s adelante hay razones para pensar en fechas de s XIII BC71 Otras cer micas a torno no decoradas se conocen en contextos ind genas de la Alta y Media Andaluc a como el propio Arribas 1976 programa Oxcal 3 10 71 Ruiz G lvez 2009 66 69 67 70
170  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  id  ntica cronolog  a con el tesoro precedente. Este segundo conjunto puede ...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente Montoro o Gatas Perlines 2005 quien ha realizado el an lisis arqueom trico se ala que stas aparecen en dos momentos cronol gicos diferentes el primero asociado a las cer micas Cogotas I ca 1300 BC y otro posterior ca 1000 BC en el que estas van siendo sustituidas por otras de decoraci n pintada o digitada dando lugar aqu y en otros yacimientos andaluces a la aparici n de imitaciones a mano En ambos casos se trata de contextos anteriores a la colonizaci n fenicia a la que se atribuye la introducci n de la tecnolog a del torno del alfarero Y ello es interesante porque como se al en otro lugar72 ello indica m s que unas importaciones espor dicas la presencia entre ind genas durante un lapso amplio de tiempo de alguien que trae o produce localmente cer mica a torno Fig 9 El conjunto de Berzocana C ceres El tesoro de Berzocana se descubri accidentalmente en los a os 60 del siglo XX en un paraje cercano a la sierra de Villuercas73 El conjunto lo formaba un recipiente de bronce muy deformado y dos torques de oro El cuenco fue fabricado por el m todo de t cnica perdida desconocida localmente pero bien conocida en el rea Levantina y en Chipre Fig 10 Ya en su momento Almagro plante 74 su origen oriental y Torres se ala75 que el cuenco es una importaci n y de factura cananea o cananea chipriota con buenos paralelos en el dep sito de Jatt en Israel76 cuya fecha de deposici n se sit a entre los s XI X BC aunque pudieron estar en uso desde s XIII BC y con otro procedente del locus 1739 del estrato Megiddo VIA Harrison77 En cuanto a los dos torques macizos en oro pertenecen a un tipo bien conocido en el rea atl ntica peninsular si bien fabricados mediante una t cnica sofisticada de vaciado martillado y soldado78 El peso de ambos 750 gr y 950 gr corresponde respectivamente a 6 y 8 veces el siclo minorasi tico de 11 75 gr 79 vieja unidad de peso del Este del Mediterr neo que a inicios de la Edad del Hierro en el Mediterr neo ca 1200 BC es la que circula en Norte de Siria Chipre y el Mediterr neo Central80 De nuevo los indicios parecen delatar la presencia de artesanos for neos en este caso en el rea atl ntica peninsular en contextos previos a la fundaci n de co 74 75 76 77 78 79 80 72 73 Ruiz G lvez 2013 Almagro 1977a Almagro Gorbea 1977a Torres 2012 Artzy 2006b Harrison 2004 l m 32 n 45 Perea 1995 73 Gal n y Ruiz G lvez 1996 Parise 1985 Zaccagnini 1991 Ruiz G lvez 2003 y 2013 Figura 10 Tesoro de Berzocana C ceres foto Susana Vicente MAN MECD lonias fenicias porque s lo as resulta comprensible la adopci n de t cnicas mediterr neas para producir emblemas sociales ind genas como los torques pero que a su vez son una acumulaci n de riqueza en relaci n con el est ndar de peso en el que los ind genas realizar an transacciones con los integrantes de esas di sporas comerciales ste corresponde al usado en el rea de Siria Chipre Grecia Italia Central antes de que el Norte de Siria se convierta en el rea de influencia del reino tirio sidonio a inicios del s IX BC81 Top nimos en oussa Otra pista sobre de la presencia de gentes del rea de Asia Menor Grecia en los confines del Mediterr neo una serie de top nimos en oussa que los ling istas datan a inicios de la Edad del Hierro82 y que se concentran significativamente en tres zonas A el Este de Grecia y Asia Menor B Mediterr neo Central C Peninsula Ib rica Pitecoussa Italia y Norte de frica 83 Ichnioussa Cerde a Kotinoussa una de las islas de C diz Pitioussa Ibiza Kromyoussa Mallorca Ophioussa Formentera y un punto no identificado en Galicia Todos sugieren una presencia antigua eubea en los confines del Mediterr neo84 y llamo la atenci n sobre el hecho de que con excepci n del top nimo gallego cuya ubicaci n exacta desconocemos todos los dem s se refieren a islas y sugieren un proceso de reconocimiento de las rutas apoyado en islas pues ya hace tiempo L pez Pardo 2004 y Boardman 2006 apuntan a posibles navegaciones conjuntas entre eubeos y semitas hacia Occidente antes de que se iniciara el proceso de establecimiento colonial 83 84 81 82 Ruiz G lvez 2013 Graciao 1996 Boardman 2006 Gracia Alonso 1996 171
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  Montoro o Gatas. Perlines  2005 , quien ha realizado el an  lis...
172 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 11 Representaci n de un barco tipo Egeo en petroglifo de Auga dos Cebros y su localizaci n dominando la entrada a la bah a de Oya seg n Costas y de la Pe a 2011 y Google maps Iconograf a de barcos mediterr neos El petroglifo de Laxe Auga dos Cervos presenta en la misma superficie de granito dos motivos diferentes En la parte superior que se grab un grupo de ciervos motivo muy frecuente en el arte al aire libre de la zona y en la inferior y con t cnica diferente un barco cuyas caracter sticas son f cilmente reconocibles por su proa rematada en un pr tomo de animal y por la representaci n de la galer a de remeros y de las jarcias Fig 11 Pertenece a un tipo de barco gen ricamente llamado de tipo Egeo porque se representan en las cer micas mic nicas del HRIIIB y HRIIIC 1250 1200 1100 BC aunque se conocen en otros soportes y entornos como los grafitos del rea del Carmelo Israel los relieves de Medinet Habu o el Oasis de Teneida Egipto 85 M s interesante que el grabado en s es porqu est donde est Pues la superficie donde se graba mira hacia la costa y si uno se sit a encima de ella o junto a ella lo que se divisa es la ensenada de Santa Mar a de Oya una de las pocas ensenadas que existen en esta parte de las R as Bajas que va de la desembocadura del Mi o a la R a de Vigo caracterizada por una costa rectil nea rocosa y muy peligrosa86 En resumen los datos sugieren lo siguiente 1 la presencia de agentes individuales mediterr neos establecidos entre ind genas siguiendo un modelo similar al del Mediterr neo Central 2 que ello se produce a partir mediados del s XIII BC cuando las mejoras en tecnolog a naval en barcos como el figurado en Artzy 2007 Ruiz G lvez 2013 Ruiz G lvez 2013 G imil y Santos 2013 Auga dos Cebros permiten rutas m s direccionales 3 y cuando el sistema palacial hab a comenzado a colapsar 4 Todos los indicios apuntan hacia Italia o las islas del Tirreno como posible punto de origen de esas di sporas comerciales Pues no s lo sabemos de la presencia Egea en el Centro del Mediterr neo desde mediados del II Milenio BC sino asimismo y al menos desde el s XIII BC tambi n de chipriotas y posiblemente de gentes del N de Siria pues los textos se alan la existencia de un barrio de comerciantes de esa procedencia en tales fechas en el E de Chipre No hay razones para pensar que tras el colapso del sistema palacial dichos comerciantes no continuaran en el Mediterr neo Central y por el contrario t cnicas manufacturas as como el patr n est ndar de peso de Berzocana se alan en esa direcci n87 Pero la historia de las colonizaciones nos ense a que ninguna ruta mercantil naci ex novo sino que por el contrario estas se solaparon y acabaron absorbiendo rutas locales precedentes Este parece ser tambi n el caso aqu donde las di sporas comerciales parecen producirse al calor de una serie de rutas ind genas que conectaban los distintos puntos de la costa atl ntica desde la parte europea de sta a la norteafricana y por donde metal y otros objetos personas valores e ideas m s dif ciles estas ltimas de valorar arqueol gicamente debieron circular a trav s de redes sociales de intercambio Eso explicar a la temprana presencia de una espada de tipo Rosno n y por tanto de los inicios del Bronce final Atl ntico en la desembocadura del r o Lukkus en Larache Marruecos 88 donde siglos despu s Ruiz G lvez 2013 Ruiz G lvez y Gal n 2013 Ruiz G lvez 1998 85 87 86 88
172  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 11. Representaci  n de un barco tipo    Egeo    en petroglifo de Auga...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente Figura 12 Dep sito de Los Cascajos Logro o Seg n Alonso Jim nez 2009 los fenicios fundar n la colonia de Lixus Pero tambi n la presencia de espadas pistiliformes bien incrustadas en grietas de rocas o bien arrojadas a las aguas a la altura de zonas vadeables de ciertos r os En ambos casos el significado es el mismo Vados y grietas simbolizan la boca de entrada a otra forma de realidad el inframundo y deben ser entendidas en tanto que ritual funerario pues la espada participa de la esencia espiritual de su portador Pero tambi n todas ellas se sit an en puntos estrat gicos para articular las comunicaciones centro periferia por lo que en otro lugar propuse que su deposici n debe ser entendida en tanto que rito funerario durante el que se reclaman derechos de ascenso al liderato y de control de los puntos estrat gicos para articular las comunicaciones89 No menos interesante es el hecho de que la mayor a de las espadas de esta fase de tipo pistiliforme se localizan mayoritariamente en el NW u W peninsular como en los r os Ulla y Sil en Galicia en el rbigo en Le n o en tramos del curso medio del Tajo y del Guadiana tc m s que en la Ruiz G lvez 1995 89 zona SW el rea que a partir de la poca Orientalizante llamaremos Tartessos Lo mismo puede decirse de las hincadas en la roca como por ejemplo entre otras la de Vilar Maior cuyo lugar de hallazgo domina una ruta natural que en poca romana ser la v a de M rida a Astorga pasando por Salamanca es decir est en un eje de comunicaci n entre el W de la Meseta Central y Portugal Asimismo dep sitos de chatarra destinados a la fundici n pudieron estar contenidos en recipientes org nicos u ollas directamente depositados en el suelo y tal vez como suger m s arriba se alados mediante un marcador de material org nico Pero aparecen asociados a encrucijadas de las v as de comunicaci n es decir a sitios neutrales y por tanto lugares de intercambio Es el caso entre otros del dep sito de Los Cascajos con varias espadas pistiliformes troceadas adem s de puntas y regatones de lanza localizado en el l mite actual de tres municipios y al pi de un camino natural que en poca romana pas a ser la v a que comunicaba Burgos y Logro o90 Fig 12 Alonso y Jim nez 2009 90 173
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  Figura 12. Dep  sito de Los Cascajos  Logro  o . Seg  n Alonso ...
174 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica De nuevo y como pasaba con los hallazgos de espadas la mayor a de los dep sitos de fundidor de esta fase se localizan en la Meseta o en la mitad NW y W de la Pen nsula m s que en el rea del Guadalquivir Una segunda consecuencia de la reactivaci n de esas rutas atl nticas y de las que conectan costa e interior de la Pen nsula ser la puesta en valor entre otros de los recursos ganaderos de la mitad Occidental de la misma Reflejo de ello es el proceso de territorializaci n que traslucen las estelas de guerrero del SW que se inicia ahora posiblemente en la fase de las espadas pistiliformes y que alcanza su m xima expresi n en la siguiente fase por lo que ser ah donde se analizar n Segunda Fase 1100 1000 825 BC Entre lo m s destacado de esta fase se alo en primer lugar la progresiva mayor visibilidad del poblamiento como consecuencia de dos factores crecimiento poblacional y mayor estabilidad en los lugares de habitaci n Como no se trata de un hecho aislado sino que es com n a toda Europa Centro Occidental cabe achacarlo a la introducci n de t cnicas y saberes agrarios mediterr neos a trav s de los comerciantes establecidos en el Tirreno91 Sitios estrat gicos dedicados al reciclaje de metal al trabajo del cuero o simplemente a ofrecer un punto de apoyo en las rutas entre el Mediterr neo y el Atl ntico Peninsulares surgen en estas fechas en islas pen nsulas o puntos nodales en rutas costa interior desde las Baleares al NW peninsular Su localizaci n en funci n del control de las rutas naturales terrestres o mar timas indica que en esta estabilizaci n y crecimiento poblacional la participaci n en circuitos de intercambio locales regionales e internacionales ha jugado un papel importante92 Me detendr apenas en cuatro casos ejemplificativos de los rasgos de esta ltima fase Castros del centro de Portugal con evidencias de fundici n importaciones y ponderales en fechas prefenicias Una serie de peque os asentamientos en alto publicados por Vila a93 en la Beira Portuguesa y la en Extremadura Espa ola se sit an al final de la v a de penetraci n que formaban entonces las profundas y recortadas r as de los cursos del Tajo Mondego y Aveiro canalizando los recursos del interior zonas ganaderas y de esta o y oro aluvio nal de las Beiras y Norte de Extremadura hacia el exterior y controlando a su vez suelos de potencialidad agr cola En ellos localizamos moldes y productos de fundici n propios del Bronce final Atl ntico tipo Huelva V nat pero igualmente chatarra rota y abollada destinada a la fundici n y de origen mediterr neo Tambi n tiles y objetos en hierro y adem s ponderales en bronce pertenecientes a m ltiplos o divisores del patr n 9 4 gr est ndar de peso mediterr neo pero diferente del fenicio el siclo de 7 9 gr que aparece en la factor a fenicia del Cerro del Villar en los niveles fenicios de Quinta de Almaraz o en Cancho Roano Aunque es posible que la unidad a la que correspondan no sea verdaderamente el siclo la siria de 9 3 gr como se ha interpretado94 porque la forma hexagonal esferoide bitrococ nica discoidal o de octaedro de estos pesos no es la habitual en el mbito sirio o cananeo del Bronce final y porque el siclo sirio deja de usarse hacia 1200 BC y es sustituido en el Norte de Siria a comienzos de la Edad del Hierro por la unidad minorasi tica de 11 75 gr Por ello creo que los ponderales de 9 4 gr hallados en los castros portugueses corresponden al qdt egipcio de 9 4 gr que a inicios de la Edad del Hierro se usaba como unidad extranjera de referencia entre el Norte de Fenicia el rea sidonia que hasta que es incorporada a Tiro a mediados del s IX BC controlaba las rutas del N de Siria y Chipre y el Sur de Fenicia el rea tiria Ambas unidades el siclo de 11 75gr y el siclo de 7 9 gr tienen equivalencias con el qdt egipcio pues ste es aproximadamente 1 veces el siclo fenicio y el siclo de 11 75 gr es aproximadamente 1 veces el qdt 95 El rango de fechas C14 de los sitios portugueses entre los s XI IX cal BC96 sugiere que incluso si nada de estos castros prueba una presencia fenicia nos encontramos en un momento de convivencia primero y de absorci n m s tarde97 de una ruta ya sugerida en su momento por Boardman 1999 que conectaba el Norte de Siria Este de Chipre y Este de Grecia con Italia y Cerde a y la propiamente tiria Se alo asimismo que si aparecen estos ponderales en contextos locales es porque los ind genas est n adoptando la unidad de valor de los comerciantes extranjeros para establecer equivalencias de valor en sus transacciones con aquellos e implica una vez m s la existencia de di sporas mercantiles semitas pero no necesariamente tirias conviviendo entre ind genas 96 97 94 Ruiz G lvez 2013 92 Ruiz G lvez 2013 93 Vila a 2011b Vila a et al 2012 91 95 Vila a 2011b y Vila a et al 2012 Ruiz G lvez 2013 Vila a 2011b Aubet 2008 185
174  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  De nuevo, y como pasaba con los hallazgos de espadas, la mayor  a de los dep...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente Figura 13 Dep sito de Mar a Candal Portugal seg n Vila a et al 2012 Un buen ejemplo de ello es el dep sito de Cabe o de Maria Candal en la Beira portuguesa Fig 13 El conjunto fruto de un hallazgo fortuito plantando vides lo formaban hachas tubulares de tal n monofaz y un escoplo todos ellos propios de la metalurgia atl ntica portuguesa de fines de la Edad del bronce y unas interesantes pinzas de herrero de factura levantina y bien conocidas en Chipre rea Levantina y Cerde a entre el Bronce final y los inicios de la Edad del Hierro Es tambi n interesante que la aleaci n de las pinzas de herrero difiere de la del resto del conjunto del dep sito98 Si bien ahora la presencia de dep sitos de metal es ubicua en todo el Occidente atl ntico es sig Vila a et al 2012 98 175
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  Figura 13. Dep  sito de Mar  a Candal  Portugal   seg  n Vila a...
176 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 14 Reconstrucci n ideal del dep sito acu tico de la R a de Huelva Dibujo seg n Ruiz G lvez 1995 Foto MAN MECD nificativo el hecho de que el hallazgo de espadas en lengua de carpa tienda a concentrarse ahora en el SW y especialmente en vados del curso medio bajo del r o Guadalquivir o del Guadalete en pleno golfo tart ssico99 Ello me conduce al segundo punto de mi argumentaci n La presencia de semitas en Huelva y el dep sito de armas de la R a de Huelva Otros ponderales de la misma unidad de 9 4 gr similares a los de los castros arriba analizados aunque en plomo proceden del casco urbano de Huelva junto con un conjunto de cer micas sardas vilanovianas chipriotas eubeo cicl dicas ticas y fenicias Aunque proceden de una recogida sistem tica esta no se produjo en el transcurso de excavaci n100 Esta circunstancia impide entender el correcto contexto de tan importantes hallazgos y lo nico que nos permite sospechar es que estamos en un rea emp rica que estar a activa m s de un siglo antes de la fundaci n de las primeras colonias conocidas en el rea a tenor de las dataciones C14 Entre las cer micas fenicias no aparecen los platos de barniz rojo y borde estrecho t picos de las primeras colonias fenicias peninsulares y por el contrario otros se remiten al estrato IV de Tiro esto es antes de la fundaci n de las primeras colonias Lo mismo puede decirse de las cer micas ticas y eubeo cicl dicas Las restantes cer mica ind gena de ret cula bru ida chipriotas tipo black on red brocche askoide con decoraci n a cerchielli sardas y unas pocas cer micas vilanovianas as como algunos materiales antiguos Ruiz G lvez 1995 Gonz lez et al 2004 y tres dataciones radiocarb nicas sobre hueso entre 930 830 cal BC indican un lapso de tiempo prolongado de en torno a siglo o siglo y medio de frecuentaci n del puerto onubense previo a la fundaci n de las primeras colonias Algunos investigadores consideran que todos los materiales documentados se alan un nico transportista fenicio101 Otros creemos que la situaci n pudo ser algo m s compleja y que pudo implicar al menos en los primeros momentos agentes del rea de Fenicia del Norte con base en el Tirreno y por qu no poblaciones locales102 pues de nuevo el ponderal que est presente en Huelva no es el siclo fenicio que veremos a partir de fines del s IXBC en contexto colonial En tal contexto cobra todo sentido la interpretaci n del conjunto de espadas en lengua de carpa lanzas conteras cascos y elementos de vestimenta y est tica personal en tanto que dep sito funerario potlach o hecatombe asociado a ritos de paso y de sucesi n en el oficio dirigente La r a de Huelva no es s lo una boca simb lica es decir el punto de paso entre dos formas de realidad vida y muerte sino tambi n una boca f sica de entrada salida de los ricos recursos minerales y ganaderos del hinterland onubense El conjunto de dataciones obtenidas para este dep sito acu tico lo sit an en el s X calBC es decir en el momento en que este emporio se estaba gestando en Huelva Fig 14 No es por ello casual en este caso y en el de otros hallazgos acu ticos de espadas en lengua de carpa qu stas se localicen en vados o desembocaduras de los principales r os del SW peninsular Reflejan posiblemente un proceso de territorializaci n as como de control por parte de Gonz lez et al 2004 Ruiz G lvez 2013 99 101 100 102
176  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 14. Reconstrucci  n ideal del dep  sito acu  tico de la R  a de Huelv...
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente ras marcadas Bien al contrario este es el papel de las estelas de guerrero que no se asocian ni a poblados ni a tumbas porque se relacionan con grupos ganaderos y con el control de recursos estrat gicos como los pastos a trav s de la reivindicaci n de un antepasado y que denuncian un naciente proceso de territorializaci n104 Todas ellas tienen en com n su localizaci n en el l mite entre dos nichos ecol gicos complementarios Se sit an en la proximidad a los puertos de monta a y en zonas consideradas tradicionalmente fronterizas entre las principales reas pastoriles Se trata de estelas de piedra pues fueron talladas para ponerlas en pi y su altura var a entre cerca de 2 m y menos de 1 m de altura y su iconograf a asociada en distintas combinaciones a armas o a armas representaci n humana carros y diversos elementos de est tica debe ser entendida como un emblema o lenguaje simb lico del poder y no como objetos reales A partir del an lisis multivariante sobre las distintas combinaciones de emblemas en las mismas Gal n105 identific seis grupos de estelas asociadas a territorios espec ficos Es interesante resaltar que salvo el grupo 1 que se localiza en la Alta Extremadura y las Beiras en todas aparece la figura humana y tambi n que cuanto m s cerca del SW m s compleja es la composici n Recientemente Gal n y yo misma106 hemos sugerido que la iconograf a de las estelas es un eco de la ideolog a semita del Rey como Buen Pastor de su reino patrimonial y de la celebraci n del Marze o banquete compartido entre los dioses y ah los antepasados semidivinos aspecto este ltimo que explicar a las representaciones de liras en algunas estelas del SW Fig 16 Figura 15 Estela de guerrero de Solana de Cabanas C ceres Foto Susana Vicente MAN MEDC las lites locales de aquellos puntos que facilitan el acceso a recursos que est n siendo ahora objeto de creciente demanda103 Las estelas de guerrero del SW y el antepasado divinizado fig 15 Las llamadas estelas de guerrero del Bronce Final son propias de la periferia del rea costera del SW donde suelos cidos determinan un aprovechamiento esencialmente ganadero y donde la estabilizaci n del poblamiento es por ello m s lento pr cticamente en la Edad del Hierro Ello no significa que no existan territorios pol ticamente definidos y fronte A esa ideolog a del poder basada en la imagen del rey como pastor patrimonial que se generaliza en el Este y Centro de Mediterr neo tras el colapso de los palacios corresponde una nueva est tica varonil asociada al uso de la barba de vestimentas pesadas con pliegues que precisan broches y f bulas y al consumo compartido de carne asada y no ya cocida como en poca palacial entre miembros de un mismo grupo de edad o de clase Ello se reflejar a en la presencia tanto en la iconograf a de las estelas de guerrero como en el propio registro arqueol gico de f bulas pinzas de afeitar y asadores articulados en tanto que ganchos y caleros para consumir la carne hervida comunes en el Centro y Occidente de Europa aparecen generalmente en el rea atl ntica peninsular s lo en calidad de chatarra para reciclar107 Gal n 1993 Ibid 1993 106 Ruiz G lvez y Gal n 2013 y Ruiz G lvez 2013 107 Ruiz G lvez 2013 Ruiz G lvez y Gal n 2013 104 105 Ruiz G lvez 1995 103 177
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  ras marcadas. Bien al contrario, este es el papel de las estela...
178 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 16 A Figurita de bronce de un ta edor de lira del Tardogeom trico Creta Shellby White Le n Levi Collection B Posible representaci n del M rzeah en un soporte con ruedas chipriota British Museum C Estela de guerrero de Zarza Capilla Badajoz y detalle de la representaci n la lira figura tomada de Ruiz G lvez Gal n 2013 Sabemos que hab a chipriotas establecidos en el Tirreno al menos desde fines de la Edad del Bronce y que lo siguieron estando a inicios de la del Hierro Posiblemente tambi n comerciantes de Ugarit de los que los textos nos cuentan que estaban establecidos en Chipre participaron en las rutas de la Edad el Bronce hacia el Tirreno y no hay razones para pensar que no continuaran en la isla tras la desaparici n del reino de Ugarit y que con ello siguieran los contactos con el Norte de Siria y con las rutas de Sidon y Biblos hasta que a mediados del s IX BC estas ciudades fueran incorporadas al territorio de Tiro Es a trav s de esa primera v a como creo que la ideolog a del Buen Pastor y la celebraci n de un antepasado se midivino el Marze ah se generaliza en la Pen nsula Ib rica108 Presencia semitas en castros ind genas Termino brevemente con la referencia a la reciente publicaci n de un templo y otras estructuras orientales edificadas de acuerdo a un m dulo constructivo oriental lo que implica la presencia de un arquitecto tal vez como regalo introductorio en un castro ind gena el de Ratinhos pr ximo a la confluencia del Guadiana con dos de sus afluentes en el interior del Alentejo Portu108 Mederos 2005 Ruiz G lvez 2013
178  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 16. A Figurita de bronce de un ta  edor de lira del Tardogeom  trico....
la iberia atl ntica un umbral entre oriente y occidente Figura 17 Planta del edificio santuario del castro de Ratinhos Portugal seg n Berrocal et al 2011 gu s Fig 17 Las dataciones C14 indican claramente que el edificio se construy en unas fechas ltimo tercio del s IX BC cuando los fenicios estaban iniciando el proceso de fundaci n de colonias en Occidente As que es bastante plausible que el templo el edificio anexo y las dos grandes caba as construidas siguiendo el mismo patr n modular delaten la convivencia de fenicios con la comunidad ind gena Sin embargo es posible que estos fenicios no fueran necesariamente tirios pues el templo no est dedicado a Melkart sino a Asherat y Baal divinidades sidonias109 As que se cerrar a el c rculo que se hab a iniciado con esa presencia tal vez a t tulo individual e informal de gentes del Norte del Levante Chipre Tirreno a 109 Berrocal et al 2012 inicios del Bronce Final que he propuesto a trav s del estudio de 5 los cinco casos analizados vide supra Coda Final Mientras que en el tr nsito Edad del Bronce Edad el Hierro se desarrolla una escritura de rasgos sem ticos sobre estelas en el rea del SW pero de la lengua a la cual da soporte lo ignoramos todo nada sabemos de la mitad NW atl ntica hasta que sus poblaciones emergen en la Historia en los umbrales de la Conquista Romana Qu lengua o lenguas hablaban las poblaciones del occidente Atl ntico En primer lugar cabe recordar que no siempre la lengua hablada y la escrita coinciden como ocurre en la India donde el ingl s 179
la iberia atl  ntica  un umbral entre oriente y occidente  Figura 17. Planta del edificio-santuario del castro de Ratinhos...
180 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica es la lengua de cultura en la que se entienden los hablantes de las numerosas lenguas y dialectos oficiales Tampoco antrop nimos te nimos o top nimos necesariamente reflejan etnicidad As la ex presidenta de Filipinas Coraz n Aquino ni era de raza blanca ni hablaba una palabra de espa ol a pesar de lo que se podr a inferir a partir de su nombre Otros muchos ejemplos similares como el de Charles Taylor presidente genocida de Liberia de nombre ingl s pero africano y negro invitan a la prudencia cuando la informaci n conservada sobre lenguas prerromanas es escasa Con todo en el umbral de la Historia a partir de las inscripciones conservadas en la regi n entre el Duero y el Tajo La Lusitania de la toponimia antroponimia y teon mia del NW y de las zonas adyacentes de la Meseta Occidental respectivamente las reas de Gallaecia Vaccea y Vettona en la Segunda Edad del Hierro parecen haber hablado lenguas IE con ciertos rasgos adem s comunes entre ellas y diferentes y m s arcaicos de los de otras lenguas IE del interior de la Pen nsula Ib rica como el Celt bero Cabe pensar que esas lenguas IE se hablaban tambi n en la Edad del Bronce Qu incidencia tnica y ling stica pudo tener la presencia semita en el rea atl ntica Son todas claro preguntas ret ricas carentes de respuesta No obstante podemos especular con la idea de que la gente que habitaba la costa atl ntica se comunicaba y que ello implicaba una legua com n a partir de las trayectorias la manera de ver y marcar el paisaje la connotaci n de ciertos lugares como liminares etc rasgos todos ellos tan caracter sticos del mundo atl ntico que sugieren formas similares de ver el mundo y una lengua com n al menos entre las lites que eran quienes viajaban y se comunicaban As que ya en hace tiempo110 propuse la generalizaci n en el rea atl ntica a partir de los cambios t cnicos y de movilidad que se producen en la Edad del Cobre entender la generalizaci n de las lenguas IE en ella en tanto que lengua de cultura veh culo de relaci n de grupos humanos que se mueven m s f cilmente por mar que por tierra firme en un proceso de larga duraci n que se habr a prolongado durante varios milenios de contactos costeros pac ficos o violentos Ya entonces coment 111 que en realidad no planteaba nada nuevo pues eso era en esencia lo que tiempo antes hab a sugerido Hawkes bajo el t rmino celtizaci n acumulativa y que podr a tal vez haber resultado bien en fen menos de diglosia diferenciando a las lites del com n de la poblaci n o bien en la generalizaci n al cabo del tiempo de esas lenguas IE en el com n de la poblaci n 110 111 Ruiz G lvez 1998 333 335 Ibid 1998
180  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  es la lengua de cultura en la que se entienden los hablantes de las numerosa...
4 la edad del hierro el proceso final hacia la vida urbana
4  la edad del hierro  el proceso final hacia la vida urbana
Mart n Almagro Gorbea Los Lusitanos Los Lusitanos son un pueblo ubicado en el Occidente Atl ntico que era el finis terrae en la Antig edad Su fama se debe a sus luchas contra Roma1 pero al margen de este hecho es uno de los pueblos prerromanos m s interesantes de Iberia pues ofrecen elementos muy arcaicos conservados en esa zona marginal de Europa donde los cambios llegaban m s espaciados y donde se conservan elementos culturales y ling sticos desaparecidos en las zonas centrales de mayor dinamismo y capacidad de cambio2 Posidonios y Estrab n ya observaron el car cter arcaico de los Lusitanos pues manten an tradiciones de la Edad del Bronce sin parang n en Europa Occidental El mismo panorama ofrece su lengua y su religi n m s primitivas que las de la Hispania Celta con elementos indoeuropeos muy arcaicos considerados celto it licos Por ello los Lusitanos son esenciales para comprender la evoluci n de los pueblos y lenguas indoeuropeas de Iberia y la relaci n entre las lenguas celtas e it licas de Europa Occidental con evidentes implicaciones para la Prehistoria de Europa aunque su estudio requiere una metodolog a interdisciplinar que a ne Arqueolog a Ling stica Historia Etnohistoria y Paleogen tica Desde el punto de vista geogr fico Lusitania corresponde a las reas del Occidente Atl ntico que destacan del resto de Iberia por sus suelos sil ceos aptos para la ganader a y ricos en oro y esta o En ella habitaban gentes m s primitivas que los Celtas del Occidente de Europa entre los que destacan los Celt beros y dem s habitantes del centro y norte de Iberia pues quedaban mucho m s alejados de las culturas urbanas del Mediterr neo La antigua Lusitania se extend a por todo el centro interior de Portugal Engloba todas las reas sil ceas del Occidente situadas desde el Tajo hasta el Cant brico aunque la presi n de Vacceos y Celt beros a mediados 1 2 Real Academia de la Historia anticuario rah es Schulten 1940 P rez Vilatela 2000 Alarc o 2001 Almagro Gorbea 2009 El arca smo de la Lusitania se mantuvo en la Edad Media como evidencia De correctione rusticorum de Martin Dumiense 510 580 d C y ha proseguido casi hasta la actualidad Moya Maleno 2014 del I milenio a C redujo su territorio al Oeste de la l nea te rica que ir a desde Gij n hasta M rida Ese territorio comprende las regiones portuguesas de Minho Douro Tras os Montes las Beiras Estremadura Ribatejo y Alto Alentejo y en Espa a toda Galicia y la parte occidental de Asturias Le n Zamora Salamanca y C ceres La evoluci n de la cultura material Los Lusitanos formaban parte de un substrato atl ntico com n a Vettones Vacceos Astures y Galaicos pues a stos Estrab n III 3 3 considera parte de la Lusitania como confirman la Arqueolog a y la Ling stica La secuencia de la Edad del Bronce es cada vez mejor conocida desde el Campaniforme3 que constituye un substrato al que remontan las elites guerreras documentadas por alabardas de tipo Carrapatas y espadas cortas de leng eta plana aunque armas e instrumentos prosiguen los cambios tecnol gicos del Bronce Atl ntico4 Esas armas aparecen en estelas de guerreros y en dep sitos rituales en rocas cuevas y aguas5 fig 1 y 2 mientras que son muy escasos los enterramientos Tras abandonarse las fortificaciones calcol ticas6 debi producirse una ocupaci n discontinua del territorio con caba as poco s lidas como en otras culturas atl nticas de la Edad del Bronce En el Bronce Final desde fines del II milenio a C aparecen los primeros castros o asentamientos en altura con defensas naturales o artificiales7 Los castros traslucen una ocupaci n estable del territorio reducido al valle circundante y sus v as de comunicaci n Su organizaci n social era escasamente compleja y jerarquizada con un creciente desarrollo demogr fico con el consiguiente aumento de la conflictividad para controlar pastos y la producci n de metal en auge 3 6 7 4 5 da Silva 1986 Almagro Gorbea y Ruiz Zapatero eds 1993 Vila a 1995 Gonz lez Ruibal 2007 Cardoso 2007 325s Ruiz G lvez vid supra Brandherm 2003 Id 2007 Ruiz G lvez ed 1995 25s Vila a 2006a Cardoso 2007 266s Martins y Jorge 1992 Vila a 1995 Gonz lez Ruibal 2007
Mart  n Almagro-Gorbea   Los Lusitanos  Los Lusitanos son un pueblo ubicado en el Occidente Atl  ntico, que era el finis t...
184 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica A B C D E Figura 1 Estelas lusitanas de tradici n campaniforme A Longroiva Portugal B Valdefuentes de Sangus n Salamanca Estelas lusitanas del Bronce Final C Bara al Portugal D Robleda Salamanca E Dispersi n de las estelas lusitanas de la Edad del Bronce y tipos similares
184  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  A  B  C  D  E  Figura 1. Estelas lusitanas de tradici  n campaniforme  A, Lo...
los lusitanos Antiguo como Longroiva y Sangus n12 En el Bronce Final tienen un escudo de escotadura en V entre espada pistiliforme y lanza como las estelas de Bara al y Meim o Este tipo aparece en la Beira Interior pero ejemplares m s complejos con representaci n del difunto se extienden desde Galicia hasta Andaluc a por las reas sil ceas y ganaderas que conservaron la lengua lusitana y sus caracter sticos antrop nimos y que fueron campo de correr as de los Lusitanos hasta la Romanizaci n Esta milenaria tradici n de estelas finaliza en las esculturas de guerreros galaico lusitanos creadas ya bajo dominio romano13 Figura 2 Dep sito funerario de San Esteban del R o Sil Orense dentro de los intercambios atl nticos En el Bronce Final son caracter sticas espadas pistiliformes fig 2 y de tipo Huelva y espl ndidos torques y cascos de oro como el de Rianxo fig 3 azuelas de topes trunion axes y hachas de tal n cuya distribuci n evidencia territorios tribales8 Desde fines del II milenio a C est mulos proto coloniales introducen asadores articulados f bulas de codo y cuchillos de hierro9 dentro de intercambios por metales como esta o y oro Las armas y elementos de banquete10 y las m s de 125 estelas lusitanas de guerreros conocidas11 indican una organizaci n social jerarquizada que se remonta al campaniforme Las estelas lusitanas m s o menos antropomorfas reflejan una concepci n m tica del antepasado heroizado siguiendo la tradici n de las estelas megal ticas Los ejemplares m s antiguos ofrecen alabardas y espadas del Campaniforme y del Bronce Monteagudo 1977 tipo 20B y 31C 34A 35A y 35B y 36C Coffyn 1985 Senna Mart nez 1995 9 Almagro Gorbea 1998 Vila a 2007 10 Almagro Gorbea 1998 Harrison 2004 D az Guardamino 2010 11 Gal n 1993 Celestino 2003 84 85 Vila a ed 2011a 8 A partir de la Edad del Hierro en los siglos VII al V a C desaparece la circulaci n de objetos de bronce y se consolida la Cultura Castre a14 Se caracteriza por la poblaci n concentrada en castros rodeados de murallas con casas circulares originarias de la Edad del Bronce pues la casa rectangular no llega hasta el inicio de la Romanizaci n fig 1E Contactos con Tartessos introdujeron f bulas de doble resorte y cer micas de ret cula bru ida interna y pintadas de tipo Carambolo y una rica orfebrer a orientalizante aunque el interior de Lusitania qued relativamente aislado de los contactos atl nticos en la costa y de la V a de la Plata que comunicaba la Meseta con el Golfo de C diz15 La personalidad de Lusitania la confirma la ausencia de elementos culturales caracter sticos de la Meseta como cer micas de Cogotas I en el Bronce Reciente de la Cultura de Soto de Medinilla en el Bronce Final e inicios del Hierro y de las cer micas a peine y verracos de los Vettones como tampoco llegaron las f bulas celtib ricas de caballito asociadas al sistema gentilicio16 Este hecho indica una frontera etno cultural muy profunda mantenida hasta los ltimos siglos a C que tambi n reflejan la lengua y la religi n fig 7 9 La Cultura Castre a alcanza su apogeo a partir del siglo II a C tras generalizarse de Sur a Norte el hierro y el torno de alfarero Los territorios tribales se jerarquizan con un poblado central la citania o cibdad aunque perduraron los peque os castros fortificados en ocasiones en pen nsulas mar timas fig 4 Su estructura proto urbana equivale a los oppida de la Meseta17 aunque sea ya contempor nea al avance de Roma de Sur a Norte En esta fase aparecen nuevas concepciones ideol gicas y religiosas pues en los grandes castros 14 15 Cardoso 2007 fig 260 Schattner ed 2003 da Silva 1986 Gonz lez Ruibal 2007 Vila a 1995 f 40 41 Para la V a de la Plata Almagro Gorbea et al 2008a 16 Abarquero 2005 203s fig 89 Romero Carnicero et al 1993 Ruiz Zapatero y lvarez Sanch s 2002 Alvarez Sanch s 2003 Para las f bulas de caballito Almagro Gorbea y Torres 1999 17 da Silva 1986 33s 12 13 185
los lusitanos  Antiguo, como Longroiva y Sangus  n12. En el Bronce Final tienen un escudo de escotadura en V entre espada ...
186 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica tilicios conservada hasta el siglo XX en el Occidente de Iberia21 Tradiciones similares ten an otros pueblos indoeuropeos como Vacceos Diod V 34 3 Celtas de Irlanda Escocia y Gales Dorios Eslavos y Germanos C sar b G 6 22 2 22 En aquella sociedad de pastoresguerreros exist a una neta divisi n de funciones entre hombre y mujer La actividad varonil era la ganader a la caza la guerra y las razzias de ganado como en otras culturas c lticas arcaicas como los fionna irlandeses23 Las mujeres se ocupaban de la casa y del huerto Estrab n III 4 17 Justino 44 3 7 que heredaban pues formaba parte de su trabajo mientras que los hombres recib an ganado sistema que recuerda a los Pictos cuya herencia transmit an las mujeres Figura 3 Casco ureo de Casco de Leira o Rianxo La Coru a aparecen santuarios dom sticos gentilicios18 y estatuas de guerreros galaico lusitanos fig 5A de H roes Fundadores o caudillos estatales Adem s los torques de oro fig 5B y algunos tesoros arg nteos lusitanos con influjo vacceo19 indican clases sociales y una lite plutocr tica a la que pertenec a Astolpas el suegro de Viriato Diod 33 7 La organizaci n social Posidonio y Estrab n III 3 7 aluden a las arcaicas costumbres de los Lusitanos que explican la pervivencia de su lengua y de sus primitivas creencias y estructuras sociales Los Lusitanos proceden de un substrato del Bronce Atl ntico20 con una econom a b sicamente ganadera desde poca megal tica caracter stica del II milenio a C completada por actividades metal rgicas como la obtenci n del oro en los r os y la pesca y marisqueo en la costa Esta tradici n manten a una arcaica sociedad indoeuropea de guerreros pastores especializada en la defensa de sus ganados y el control de zonas de pastos y v as de comunicaci n mientras el cultivo del huerto correspond a a la mujer Esta organizaci n socio econ mica se basaba en la explotaci n comunal de la tierra caracter stica de la Edad del Bronce anterior a la propiedad privada surgida con los clanes gen Para los guerreros Schattner ed 2003 da Silva 1986 291s para los santuarios Id 299 l m 22 y 132 19 Raddatz 1969 279 l m 94 20 Ruiz G lvez 1998 Cunliffe 2001 18 El territorio muy articulado estaba habitado por peque as tribus fig 6 La inscripci n del puente de Alc ntara CIL II 760 enumera los populi conocidos desde el Tajo al Duero24 Muchos ofrecen etn nimos relacionados con te nimos y antrop nimos lusitanos mientras que otros ya son de tipo c ltico Estos territorios estaban estructurados en castros a los que alude la peculiar forma de denominaci n de las gentes del Occidente distinta de los pueblos celtib ricos pues quedan separados por una te rica frontera en la l nea de M rida a Gij n25 Al oriente aparecen ep tetos de clanes familiares en genitivo de plural26 y al Occidente aparece un signo que se interpreta como castellum o castro27 Estos castros ten an una divinidad espec fica de toda la colectividad posiblemente considerada su H roe Fundador como Teutates entre los celtas28 En consecuencia la onom stica confirma que los Lusitanos ten an una organizaci n social distinta de las poblaciones celtiberizadas de la Meseta aunque sta tendi a extenderse paulatinamente hacia el Occidente29 Estos testimonios tambi n precisan la frontera etno cultural de los Lusitanos aunque vari algo con el tiempo pues la colonizaci n tartesia del siglo VII a C cre asentamientos en reas perif ricas como los Turduli Veteres Mela III 8 Plin NH IV 130 y los Turduli Barduli Plin NH IV 118 y en el siglo V a C C lticos y Vettones se extendieron hasta el Almonte y el Salor hasta que Roma fij las fronteras en el siglo II a C Costa 1981 151 339s Id 1983 147s D Arbois de Jubainville 1880 MacDowell 1986 89s Meitzen 1895 211s Costa 1983 173 174 etc 23 D Arbois de Juvainville 1981 173 McCone 1986 24 Alarc o 1988 41 Garc a Alonso 2003 Cabe considerar etn nimos lusitanos los Paesures Pallantienses Selium Elbocoris Aeminium Sallaecus Ammaea y Lancienseses se consideran celtas los Arabrigenes Interannienses Meidubrigenes Seanoci Tapori Transcudani Vivemenses y Araducta 25 Untermann 1987 26 Gonz lez 1986 27 Albertos 1988 Pereira 1982 Almagro Gorbea 1995 28 Blanco 1959 de Hoz 1986a 39s Garc a Fern ndez Albalat 1990 112s 123s Almagro Gorbea y Lorrio 2011 29 Almagro Gorbea 1996b 21 22
186  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  tilicios, conservada hasta el siglo XX en el Occidente de Iberia21. Tradicio...
los lusitanos Figura 4 A Castro de Baro a La Coru a B Reconstrucci n de un barrio del castro de Coa a Asturias seg n A Garc a Bellido C Castro de Monte Mozinho Portugal D Planta de Sanfins seg n A C F da Silva Los Lusitanos mantuvieron una primitiva estructura guerrera con peque as bandas de guerreros dedicados a emboscadas guerrillas y al pillaje aunque desde la Edad del Bronce las espadas evidencian que exist a el combate individual de campeones fig 2 Estrab n 3 3 6 alude a su anacr nica panoplia de la Edad del Bronce mantenida en ritos inici ticos Estaba formada por una peque a rodela c ncava sin asa coraza de lino casco de cuero pu al y dardos con puntas de bronce lo que indica su arca smo ritual Su arma esencial ser a la lanza como entre los gaesati celtas y los it licos dorios y lacedemonios pues Varr n ll XV 30 7 indica que lancea es una palabra de origen celta hispano que aparece usada en top nimos y etn nimos como Lancia Floro Epit II 33 y Lancienses Plin IV 118 Esta sociedad guerrera conservaba ritos indoeuropeos ancestrales pues estaba organizada en clases de edad y fratr as sin duda procedentes del substrato cultural atl ntico Estas fratr as guerreras practicaban una vida de latrones con ritos inici ticos y costumbres de sociedades pastoriles guerreras preurbanas Diodoro V 34 6 Estrab n III 3 5 Ap Ib 56 57 67 70 Orosio 5 5 12 como los fionna irlandeses30 Los j venes se dedicaban a la caza y la guerra lejos de su poblado Diodoro V 34 6 para probar su valor hasta que Roma acab con este g nero de vida De este modo se regulaba el excedente Garc a Fern ndez Albalat 1990 Cipr s 1990 Peralta 1990 Para los fionna McCone 1986 30 187
los lusitanos  Figura 4. A, Castro de Baro  a, La Coru  a. B, Reconstrucci  n de un barrio del castro de Coa  a, Asturias ...
188 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica demogr fico y se adquir an riquezas con el bot n generalmente ganado Las fratr as estar an dirigidas por un jefe carism tico dotado de prestigio sobrenatural al que se un an por un juramento sacro o devotio Ap Ib 56 57 67 69 71 Livio 25 17 4 id 38 21 que perdura hasta Viriato y Sertorio31 Estos jefes pueden identificarse con los guerreros de las estelas lusitanas fig 1 y con Fionn como jefe de los fionna h roe de infancia extraordinaria dotado de fuerzas m gicas al estar relacionado con el sidh o M s All y haberse desposado con la Tierra Esta organizaci n guerrera originaria de la Edad del Bronce es comparable a la de otros pueblos indoeuropeos anteriores a la organizaci n gentilicea y urbana32 Los guerreros realizaban juegos gimn sticos combates rituales y cantaban al atacar a sus enemigos Apiano Ib 71 Diodoro 5 34 33 21 Estrab n 3 3 7 como los lacedemonios Tuc d 5 69 2 5 70 los salios Aen 7 723 4 y los guerreros v dicos33 Estrab n III 3 6 compara su vida guerrera con los lacedemonios pues com an por orden de edad y prestigio Str III 3 7 como los galos Ateneo 4 152 los dorios y las primitivas curias romanas Entre estas tradiciones rituales destacan las saunas inici ticas fig 10 construidas en castros y oppida34 y la deposici n de armas en las aguas hasta poca romana Suet Galba 7 12 Este car cter arcaico de los Lusitanos explica su resistencia al mundo civilizado pues se conserv en las reas rurales casi hasta nuestros d as como testimonia Mart n de Braga De correc rust Una lengua primitiva el Lusitano La personalidad de la Lusitania la confirma su lengua denominada Lusitano De ella apenas se conocen 5 inscripciones y alguna palabra m s en inscripciones de poca romana escritas en alfabeto latino que constituyen uno de los testimonios ling sticos m s interesantes de Hispania fig 7 35 El Lusitano es una lengua indoeuropea occidental antigua diferente de las lenguas c lticas conocidas y m s pr xima a las it licas en algunas caracter sticas La m s evidente es el arca smo de conservar la p inicial procedente de p indoeuropea que la diferencia de las lenguas celtas s e como el Celtib rico que han perdido la p inicial e intervoc lica Esta p inicial subsiste en top nimos hidr nimos etn ni Garc a Fern ndez Albalat 1990 238s Etienne 1974 Benveniste 1969 1 222s McCone 1986 id 1987 Garc a Fern ndez Albalat 1990 207s 33 Jeanmaire 1939 Brelich 1962 34 53 34 Almagro Gorbea y lvarez 1993 35 Pr sper 2002 Wodtko 2010 Vallejo 2013 31 32 Figura 5 A Guerrero lusitano de B Torques de oro de Burela Lugo
188  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  demogr  fico y se adquir  an riquezas con el bot  n, generalmente ganado. La...
los lusitanos Figura 6 Pueblos lusitanos entre los r os Duero y Mi o seg n A C F da Silva mos antrop nimos y te nimos que pueden asociarse al Lusitano fig 7 36 La clasificaci n del Lusitano es controvertida La etimolog a de algunos te nimos y vocablos se relaciona con lenguas it licas como Cossue lat n Consus Segia lat n Seia Iovea i marrucino Iovia Pala latina Pales comaiam umbro gomia porcom lat n porcum puerco taurom lat n taurum toro oila
los lusitanos  Figura 6. Pueblos lusitanos entre los r  os Duero y Mi  o  seg  n A.C.F. da Silva .  mos, antrop  nimos y t...
190 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 7 Extensi n de la epigraf a lusitana y de los top nimos y etn nimos en P plural relacionados con elites gentilicias celtib ricas y con la expansi n de las f bulas de caballito41 En efecto este substrato ling stico extendido por el cuadrante NW de Iberia coincide con otros elementos culturales como dep sitos de armas en r os y ritos en pe as sacras que indican su pertenencia al mismo sistema cultural protoc ltico existente desde la Edad del Bronce Algunos elementos de este substrato que perduraron en la Meseta como ritos en pe as saunas y top nimos etn nimos y antrop nimos en P indican las afinidades de los Lusitanos con los pueblos celtas del centro y norte de Iberia En consecuencia los elementos ling sticos y culturales que caracterizan a los Lusitanos proceden de fechas muy antiguas antes de diferenciarse el it lico del celta y formarse las restantes lenguas c lticas Esta hip tesis explicar a los elementos comunes que el Lu Gonz lez 1986 Almagro Gorbea y Torres 1999 41 sitano comparte con lenguas celtas e it licas y su car cter indoeuropeo arcaico conservado hasta la Romanizaci n en las regiones occidentales de Iberia frente a la Meseta y el Norte donde desaparecieron al expandirse la lengua y la cultura de los Celt beros Religi n y creencias Los Lusitanos ten an igualmente una religi n indoeuropea muy arcaica Sus divinidades testimoniadas por ep grafes aparecidos al occidente de la l nea Gij n M rida en ocasiones en santuarios rupestres se relacionan con la religi n celta y algunos te nimos con la it lica Sus divinidades parecen numenes asexuados anteriores a la concepci n m s antropomorfa de los dioses celtas42 Su relaci n con los dioses celtas la confirma la etimolog a Kruta 2000 575 42
190  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 7. Extensi  n de la epigraf  a lusitana y de los top  nimos y etn  ni...
los lusitanos Figura 8 Dispersi n de los antrop nimos lusitanos seg n Vallares 2013 modificado de los principales te nimos43 aunque parecen m s arcaicos que los celtas Bandua se considera una divinidad de la devotio y protectora de la sociedad pues se asocia a ep tetos como Aetobrigus Lanobrigae etc relacionados con castros y ofrece la iconograf a de Fortuna Tych en la patena ritual de Band ua Araugel ensis Cossus es un dios guerrero asociado a una pe a onf lica cuyo ep teto Oenaecus lo relaciona con la oenach o asamblea jur dica irlandesa Navia o Nabia es una divinidad vinculada al agua como acceso al sidh o M s All y su ep teto Tongoe se relaciona con juramentos Reve por su ep teto Larauco se asocia a montes dedicados a J piter Coronus ser a la divinidad de la asamblea de guerreros como Quirinus co wiri no en Roma y como Herjann ep teto de Odhinn como jefe de los ej rcitos y protector de la comunidad entre los germanos Ade m s existen ep tetos divinos como Toudopalandaigae y Trebopala la Piedra o Altar del pueblo situado en una pe a axial que era el lugar de sacrificio y residencia de la divinidad Una inscripci n de Cabe o das Fragoas Portugal recoge un antiguo ritual de sacrificar un toro una oveja y un cerdo comparable al suoevetaurilium romano y al sautramani indio sacrificios documentados en bronces rituales44 No se conocen los ritos funerarios lusitanos que ser a propios del Bronce Atl ntico frente a la cremaci n de los Campos de Urnas y de las culturas celtib ricas45 Con dichos ritos se podr an relacionar las ofrendas de armas a las aguas fig 2 46 que perduraron hasta poca romana Suet Galba 7 12 pues el agua era el acceso al Sid o M s All como indica el Limia considerado en Schattner y Santos eds 2010 Para los bronces rituales Armada y Garc a Vuelta 2003 45 Cruz 1997 Cardoso 2007 383s 46 Torbr gge 1971 Bradley 1990 Ruiz G lvez 1995 25s 44 Blanco 1959 Unterman 1985 de Hoz 1986a 39s Garc a Fern ndez Albalat 1990 109s Olivares 2002 Pr sper 2002 43 191
los lusitanos  Figura 8. Dispersi  n de los antrop  nimos lusitanos  seg  n Vallares, 2013, modificado .  de los principal...
192 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica la Antig edad el paso al Infierno Strab III 3 5 Sil It 1 236 id 16 476 7 Liv Per 55 Floro 1 33 12 Ap Ib 74 Plut Quest Rom 34 Plin N H 4 115 etc Muy caracter sticos son las pe as rituales47 que se extienden por todo el cuadrante NW de Iberia hasta Guip zcoa y el Sistema Ib rico como los restantes elementos culturales y ling sticos se alados Unas son altares con escalones para ascender a su cumbre y otras eran pe as oraculares para adivinar el porvenir por ser lugares relacionados con los Lares Viales caracter sticos de las reas celtas y de sus creencias en el M s All a los que alude Mart n Dumiense De correct rust 8 M s inter s ofrecen los ritos inici ticos guerreros en saunas con piedras candentes y ba os en agua fr a identificadas con las pedras formosas de la Gallaecia fig 10 que ofrecen paralelos entre celtas e it licos y en pueblos del Norte y Este Europa Estrab n III 3 6 7 tambi n alude a comidas frugales y a sacrificios sangrientos pues hac an hecatombes y sacrificaban chivos prisioneros Plut Quest Rom 88 y caballos a una divinidad guerrera que denomina Ares que se ha identificado con Marte en la epigraf a romana48 y en Bletisama Ledesma Salamanca sacrificaban a un hombre y un caballo para firmar la paz Livio per 48 49 Origen y etnog nesis de los Lusitanos Las caracter sticas arcaicas de los lusitanos plantean el problema de cu ndo y c mo se han indoeuropeizado las regiones atl nticas y la Pen nsula Ib rica Las regiones occidentales de Iberia alejadas del Mediterr neo mantuvieron formas de vida ancestrales refractarias al mundo civilizado de la Antig edad En ellas perdur un substrato protoc ltico com n a Lusitanos y Galaicos pero que tambi n se rastrea entre Vacceos Vettones C ntabros Astures Turmogos y Pelendones50 Los datos arqueol gicos ling sticos religiosos y las referencias hist ricas y etno arqueol gicas permiten reconstruir su sistema cultural y su etnog nesis Su cultura material corresponde al Bronce Atl ntico los elementos ling sticos y religiosos son indoeuropeos muy arcaicos propios de la Edad del Bronce en alg n caso con paralelos en el mundo celta de la Edad del Hierro La ausencia de movimientos humanos masivos y de cambios culturales notables a lo largo de la Edad del Bronce hasta la Romanizaci n confirma una continuidad coherente con el car cter indoeuropeo arcaico protoc ltico de su estructura social su lengua y su religi n En consecuencia los Lusitanos son un pueblo indoeuropeo cuyo origen debe ser anterior a la Edad del Bronce El culto a las pe as asociado al culto solar se documenta desde el Campaniforme Tambi n remontan al Campaniforme las ofrendas de armas en cuevas y pe as51 como confirman los dep sitos con alabardas de tipo Carrapatas y pu ales y espadas cortas de leng eta52 Igualmente las m s antiguas tumbas con ajuar guerrero y las primeras estelas de guerrero son campaniformes como Longroiva y Sangus n aunque prosigan hasta la Edad del Hierro53 Los dep sitos de armas y las saunas y pe as rituales coinciden con la dispersi n del substrato ling stico Lusitano que conservaba la p inicial como ilustra la dispersi n de la palabra p ramo fig 7 Esta coincidencia evidencia que estos arcaicos elementos ling sticos sociales e ideol gicos corresponden al mismo sistema cultural cuyo origen se remonta al Campaniforme54 Este substrato cultural polimorfo se extiende por todo el cuadrante Noroeste de la Iberia sil cea desde el Atl ntico hasta el Sistema Ib rico y hasta el Guadalquivir por el Suroeste Sus caracter sticas y continuidad permiten considerarlo protocelta pues es el substrato de los pueblos celtas del Centro Occidente y Norte de Hispania hasta el proceso de celtiberizaci n a partir del siglo V a C al expandirse los Celt beros originarios de los Campos de Urnas55 Seg n esta hip tesis los Lusitanos se remontan al Campaniforme en el III milenio a C proceso que ayuda a comprender la etnog nesis de los Celtas de Europa Central y Occidental En el Bronce Final a partir del 1200 a C la Cultura de los Campos de Urnas 1400 800 a C penetra por el Noreste de Iberia y desde el Valle del Ebro alcanz la Celtiberia a fines del II milenio a C ya que la Cultura Celtib rica y su lengua proceden de estos elementos celtas de origen centroeuropeo56 A partir del 600 a C la expansi n de los Celt beros tendi a asimilar el anterior substrato Lusitano del Bronce Atl ntico proceso que explica las diferencias y afinidades entre Celtas y Lusitanos y la etnog nesis de los Celtas del Centro Norte y Occidente de Iberia Tambi n en Irlanda resulta evidente la continuidad de los Celtas desde la Edad del Bronce El Celta Goid lico documentado desde el siglo V de JC conserva ciclos mitol gicos que se remontan a la Edad del Bronce y yacimientos arqueol gicos como Valera 2007 l m 5 2 3 Almagro Gorbea 1996a Vila a 2006a de Blas 2001 117s 52 Harrison 1974 53 Almagro 1966 108 l m 30 Cardoso 2007 337 Celestino 2001 Harrison 2004 D as Guardamino 2010 54 Gallay 2001 Kruta 2000 123s Brun 2006 55 Lorrio 2005 56 Ruiz Zapatero y Lorrio 1999 51 Para pe as tipo Ulaca Almagro Gorbea y Jim nez 2000 Para las saunas da Silva 1986 53s Almagro Gorbea y lvarez 1993 Para las pe as augurales Almagro Gorbea 2006 48 Encarna ao 1975 Olivares 2002 49 de Hoz 1986a 48 50 Almagro Gorbea 1996b Id 2009 47
192  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  la Antig  edad el paso al Infierno  Strab. III,3,5  Sil.It. 1,236  id. 16,47...
los lusitanos Figura 9 Dispersi n de los te nimos lusitanos seg n Vallares 2013 y J C Olivares 2002 Emain Macha la corte del reino del Ulster exist an desde el Bronce Final57 por lo que dichos mitos y su cultura se remontan al Bronce Atl ntico 2000700 a C Igualmente el Lep ntico del Norte de Italia58 es una lengua celta que se remonta al Bronce Reciente pues corresponde a la Cultura de Golaseca 900 450 a C derivada de la Cultura de Canegrate 1400 1200 a C grupo de Campos de Urnas originario de Europa Central59 Por ello eran celtas como las culturas de Hallstatt 800 500 a C y de La T ne 500 50 a C cuyo car cter celta se alan Herodoto y los autores cl sicos Como los Campos de Urnas 1400 750 a C proceden sin soluci n de continuidad de la Cultura de los T mulos 2000 1400 a C que tambi n deben atribuirse a una fase protocelta En consecuencia todas las lenguas y gentes protoceltas de Europa Occidental remontar an al Campani Raftery 1994 75 Waddel 1995 Lejeune 1971 Eska 1998 59 De Marinis 1988 Id 1991 57 58 forme del que proceder a el substrato ling stico y cultural com n de los Celtas de la Edad del Hierro lo que excluye de forma definitiva su identificaci n tradicional con las culturas de Hallstatt y La T ne Este proceso de etnog nesis de los celtas desde el III milenio a C acorde con los datos arqueol gicos y culturales resulta paralelo al de otros pueblos indoeuropeos documentados desde el II milenio a C como griegos it licos o germanos El final de los Lusitanos El final de los Lusitanos se conoce mejor Top nimos en Seg y en briga antrop nimos celtas y genitivos gentilicios de plural documentan la expansi n hacia Occidente de los Celt beros hasta que fue cortada bruscamente por Roma A esta expansi n se asociaba una nueva estructura gentilicia clientelar frente a las estructuras sociales ancestrales conservadas desde la Edad del Bronce Por ello Estrab n III 3 7 consider a los Lusitanos los m s primitivos de Iberia dado su ca 193
los lusitanos  Figura 9. Dispersi  n de los te  nimos lusitanos  seg  n Vallares, 2013 y J. C. Olivares, 2002 .  Emain Mac...
194 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 10 Sauna ritual de Briteiros Portugal con la pila para el ba o a la izquierda y el laconicum al fondo r cter arcaico frente a los Celt beros que ya denomina tog toi o civilizados Str III 2 15 4 20 Las Guerras Lusitanas 155 139 a C y de Sertorio 83 72 a C 60 marcan el final de los Lusitanos A partir del II a C eran el pueblo m s combativo de Iberia tras haber alcanzado una organizaci n casi estatal con poblaciones cada vez m s urbanas al evolucionar su sociedad y su sistema de jefatura Capaces de enfrentarse con eficacia a un ej rcito tan poderoso como el romano presionaban hacia las ricas tierras meridionales de Turdetania y del valle del Guadalquivir frente al avance de Sur a Norte de Roma en la conquista del Occidente de Iberia Sus primitivas bandas de latrones propias de la Edad del Bronce Strab III 3 5 7 Diod V 34 6 evolucionaron hacia confederaciones guerreras con ej rcitos organizados de hasta 25000 hombres a los que se enfrent Roma pues se opon an a su pol tica de conquista Sus jefes eran caudillos electos como C saro P nico y Viriato con gran experiencia t ctica adquirida en la guerra con los romanos aunque adap Almagro Gorbea ed 2009 224s 60 tada a su tradici n de guerra de guerrillas Viriato no era un pastor guerrero de la Edad del Bronce Ten a capacidad de organizar y mandar un ej rcito de miles de hombres y su dominio sobre ciudades y amplios territorios supone que los Lusitanos ya hab an alcanzado una estructura casi estatal inspirada en la de Turdetanos Celt beros y Romanos aunque en las reas m s septentrionales la Romanizaci n apenas se deja sentir antes de fines del siglo I d C y muchos elementos han perdurado hasta nuestros d as en el folclore En conclusi n los Lusitanos que formaban parte de la tradici n del Bronce Atl ntico constituyen un pueblo de gran personalidad en la Prehistoria de Europa ya que conservaron elementos culturales muy arcaicos en la isla cultural del finis terrae occidental Su estudio interdisciplinar que asocia Arqueolog a Ling stica Historia Historia de las Religiones Etnoarqueolog a y Paleogen tica contribuye a conocer la expansi n indoeuropea por Europa Occidental el origen de los Celtas y los complejos procesos de etnog nesis de la antigua Hispania en la que representa uno de los pueblos de m s personalidad
194  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 10. Sauna ritual de Briteiros, Portugal, con la pila para el ba  o a ...
Gonzalo Ruiz Zapatero Los Campos de Urnas Desde finales del s XIX y primeras d cadas del XX los trabajos sobre los grupos del Bronce Final en Alemania crearon la noci n de Urnenfelderkultur los grupos incineradores con enterramiento de las cenizas dentro de urnas depositadas en campos de hoyos que se ir n identificando por casi todas las tierras de Centroeuropa con expansiones en todas las direcciones Es un concepto cronol gico y cultural que ha tenido un enorme peso en la investigaci n arqueol gica hasta la actualidad1 Adem s del ritual crematorio los Campos de Urnas se caracterizan por asentamientos abiertos al aire libre dep sitos de bronces con tipos continentales y las t picas cer micas con decoraci n acanalada2 En la actualidad la extensi n de la civilisation des Champs d urnes en la terminolog a francesa es muy amplia desde el Danubio Medio donde surgen los primeros grupos incineradores sobre los s XV XIV a C hasta el Noreste de la Pen nsula Ib rica y desde B lgica y los Pa ses Bajos al Norte de Italia Un vasto complejo de multitud de grupos regionales definido fundamentalmente por el ritual de la cremaci n que dif cilmente puede ser considerado prueba de unidad cultural y o pertenencia a un pueblo Las explicaciones de tan amplia distribuci n por Europa han sido tradicionalmente difusionistas con diversas variantes oleadas de pueblos o desplazamientos continuos a cortas distancias de peque os grupos en otros casos se han querido ver contactos e intercambios entre grupos vecinos o incluso la expansi n de un fen meno religioso ligado al nuevo ritual incinerador La expansi n por el SO de Europa grupo Rin SuizaFrancia Oriental R S F O llevo estos elementos a la Pen nsula Ib rica Los primeros trabajos de Bosch Gimpera a comienzos del s XX definieron los Campos de Urnas como el componente cultural b sico del Bronce Final en el NE peninsular etapa con una periodizaci n cada vez m s detallada3 Su contenido cultural ha ido cambiando y de los viejos modelos migracionistas hemos pasado a considerar peque os aportes de poblaci n que introdujeron el ritual de la incineraci n y los equipos cer micos y met licos de tradici n continental asociados 2 3 1 Universidad Complutense de Madrid gonzalor ghis ucm es Sorensen y Rebay Salisbury 2008 Brun y Mordant 1988 L pez Cachero y Pons 2008 as como otras innovaciones culturales4 Los campos de Urnas de la Pen nsula Ib rica no constituyen una cultura o civilizaci n homog nea extendida por el NE sino m s bien un mosaico de regiones con desarrollos locales y presencia desigual seg n las reas y los sustratos culturales regionales del nuevo ritual y de los diferentes cambios econ micos sociales e ideol gicos que provocaron en las tierras peninsulares Los componentes for neos impactaron sobre las poblaciones aut ctonas de la Edad del Bronce que a n adoptando y absorbiendo los est mulos europeos fueron las protagonistas de los desarrollos hist ricos del Bronce Final y Primera Edad del Hierro Las antiguas visiones de los Campos de Urnas expandi ndose por media Europa fueron totalmente exageradas Pero las m s recientes interpretaciones autoctonistas que cuestionan el protagonismo del fen meno de Campos de Urnas y lo reducen al ritual y a los equipos materiales que lo acompa an dejan sin explicaci n plausible el conjunto de cambios culturales que se sucedieron durante los ltimos siglos del II milenio y los primeros del ltimo milenio a C 5 La cuesti n clave en definitiva es por qu y c mo se extendi el ritual de la incineraci n y los equipos funerarios asociados6 y que transformaciones econ micas sociales y culturales produjeron en las comunidades del NE de la Pen nsula Ib rica El mosaico de grupos arqueol gicos en el Bronce Medio 1500 1200 a C del NE peninsular no est completamente definido pero s revela un modelo de poblamiento con aldeas dispersas caba as ligeras silos fosas para almacenaje y una metalurgia de bronce bien consolidada en algunas reas Peque as comunidades aldeanas integradas por unas pocas unidades familiares aut rquicas y con escasas diferencias sociales aunque en reas como el Grupo Segre Cinca se atisbe la emergencia de un incipiente poder individual Entre esas comunidades del Bronce Medio se pueden identificar bien nuevos elementos culturales que tienen su origen al otro lado de los Pirineos a cer micas con asas de ap ndice de bot n b vasos 6 4 5 Maya 1998 Ruiz Zapatero 1983 85 2005 y 2009 Junyent 2002 28 32 y L pez Cachero 2011 Pons L pez Cachero y Mazi re 2012
Gonzalo Ruiz Zapatero   Los Campos de Urnas  Desde finales del s. XIX y primeras d  cadas del XX los trabajos sobre los gr...
196 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 1 Mapa del NE de la Pen nsula Ib rica y los territorios con presencia de elementos de Campos de Urnas pol podos c hachas de rebordes y d ciertas dagas de hoja triangular con remaches En varios sitios estas cer micas y estos objetos met licos se asocian y en general su distribuci n cubre dos grandes reas el Valle del Segre desde los Pirineos al Ebro y las tierras del Este de Catalu a con penetraciones hacia el interior Los nuevos elementos materiales revelan claros paralelos con prototipos del arco noroccidental del Mediterr neo Polada y Roine y especialmente del SE de Francia7 Todo ello demuestra que a finales del Bronce Medio hab a estrechas relaciones y movimientos frecuentes entre los dos lados del Pirineo que a su vez demuestran un buen conocimiento de las mejores rutas terrestres y los pasos de monta a m s adecuados La fluidez de movimientos de poblaci n del Bronce Medio ayuda a entender la llegada de los primeros elementos de Campos de urnas y por que seguir n m s o menos las mismas v as de penetraci n 7 Ruiz Zapatero 1997 La ordenaci n de las fases o etapas del Bronce Final en el NE ha seguido por un lado la periodizaci n francesa establecida por J Guilaine 1972 posteriormente matizada y por otro el esquema de Almagro Gorbea 1977b adoptando la terminolog a alemana sobre la evoluci n tipol gica de las cer micas acanaladas peninsulares El problema principal sigue siendo que ambos intentos resultan un tanto complicados y en cierto modo artificiosos por varias causas Primero apenas contamos con buenas estratigraf as en asentamientos que permitan construir detalladas secuencias tipol gicas Segundo las necr polis tampoco han sido generalmente objeto de rigurosos estudios de seriaci n al no existir frecuentes superposiciones de tumbas y carecer de objetos claramente diagn sticos antes de la Primera Edad del Hierro Tercero la soluci n ideal una cronolog a radiocarb nica de valor independiente se ve lastrada porque el elenco de dataciones de C 14 sigue siendo reducido para establecer secuencias en todas las reas Y por ltimo hay que a adir que la calibraci n del radiocarbono ha elevado significativamente las fechas
196  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 1. Mapa del NE. de la Pen  nsula Ib  rica y los territorios con prese...
los campos de urnas hist ricas convencionales sin ninguna dificultad para las etapas iniciales pero supone un problema al elevar el final de la Edad del Bronce y producir un decalage con las dataciones hist ricas de las importaciones coloniales mediterr neas de la Edad del Hierro La tradicional confianza en las importaciones ha hecho en muchas ocasiones prescindir del radiocarbono y por otro lado tampoco ayuda la famosa meseta de la calibraci n entre ca 800 y 400 a C Hallstatt plateau que resta precisi n temporal Por todo ello y ante las limitaciones del registro arqueol gico disponible en muchas de las reas tratadas he optado por establecer grandes periodos que ofrezcan los desarrollos hist ricos en todas las reas a n cuando ello suponga forzar algo los horizontes cronol gicos Situaci n que solo la ampliaci n del banco de fechas de C 14 podr solucionar Las dataciones sobre restos seos cremados realizando tests con muestras duplicadas restos seos carbones de la misma tumba o dos deposiciones de restos seos en la misma urna como se ha hecho con xito para los CU del O de B lgica8 constituyen sin duda alguna la v a de investigaci n futura As se podr datar directamente los propios enterramientos y construir secuencias fiables que superen las imprecisiones de la tipocronolog a basada en cer micas y o objetos met licos Eso exigir proyectos espec ficos multiescalares a nivel de tumbas cementerios y regiones enteras Campos de Urnas Antiguos Bronce Final II 13001100 cal a C 1100 900 a C La visi n desde el lado de los asentamientos puede ayudar a complementar la lectura del registro funerario En l neas generales nos encontramos con una diversidad regional clara que diferencia las reas costeras desde los pasos de los Pirineos Orientales hasta la desembocadura del Ebro de las tierras del interior del complejo fluvial Cinca Segre Por un lado nos encontramos con peque os poblados de caba as en el Ampurd n y la Catalu a meridional con precedentes en los substratos locales anteriores del Bronce Por otro lado las caba as en fosa aisladas o formando peque as granjas y alquer as en el Vall s Maresme con una larga historia que se remonta al Neol tico y finalmente los poblados de espacio central y arquitectura de piedra en el Segre Cinca y el Bajo Arag n un modelo protourbano cuyas ra ces se encuentran en los horizontes aut ctonos del Bronce Medio e incluso anteriores En el Ampurd n el poblado de La Fonollera fue en el Bronce Final 1100 900 a C una agrupaci n de caba as construidas con materiales ligeros y z calos 8 Mulder de et al 2007 de piedra Las caba as son de planta rectangular con los ngulos redondeados y peque as dimensiones de 6 12 m2 dispon an de hogares bien estructurados y revelan un uso diferenciado del espacio Los equipos dom sticos reflejan fuertes semejanzas entre las distintas unidades dom sticas Los h bitats del tipo La Fonollera constituyen las primeras aldeas permanentes en el extremo NE de Catalu a En el mediod a de Catalu a algunos hallazgos de superficie parecen documentar tambi n la existencia de este tipo de peque os poblados de caba as como es el caso de El Coll de les Forquetes de Prades o de Boella en Reus En las planas costeras y los valles del Vall s Maresme las peque as agrupaciones de caba as excavadas en el suelo caba as en fosa son el tipo de asentamiento exclusivo siempre buscando los suelos m s f rtiles como los sitios de Can Cort s y Can Piteu Can Roqueta En este ltimo sitio se trata de peque as estructuras con hogar banquetas o z calos pozos de almacenaje y una cubierta a dos aguas con dos postes interiores Los silos para el almacenaje de grano abiertos en las proximidades de las caba as se han estudiado bien en cuanto a sus capacidades y se reconocen dos tama os los peque os o de tama o familiar y los grandes que permit an almacenajes por encima del autoconsumo Las similitudes de las caba as parecen traducir peque os grupos segmentarios dispersos por el paisaje para los cuales la necr polis actuar a como punto focal representar a la visualizaci n de la comunidad en el paisaje y la expresi n material de la cohesi n y la identidad del grupo La existencia de silos grandes podr a avalar el inicio de alguna diferenciaci n basada en la intensificaci n agr cola y en el control y gesti n de excedentes pero como apuntan los enterramientos las diferencias no ser an muy marcadas por otro lado la organizaci n de la producci n agr cola y el funcionamientos de los silos vinculados a las caba as familiares resultan insuficientemente conocidos Los poblados con casas de piedra rectangulares y espacio central caracterizan a las terrazas y llanos del Bajo Segre Cinca Los emplazamientos t picos son en cumbre de colina como Gen y en punta de promontorio como Carretel La informaci n m s completa e interesante viene del poblado de Gen Aitona L rida 9 emplazado en un peque a loma junto al r o Segre y ocupado en el s XI a C El asentamiento tiene forma de herradura con 18 casas adosadas unas a otras dejando un espacio central probablemente de uso comunal para guardar ganado por las noches y otras actividades colectivas Las casas son de planta rectangular y est n construidas con muros de piedra trabadas con barro postes de madera interiores de 9 Maya et al 1998 197
los campos de urnas  hist  ricas convencionales, sin ninguna dificultad para las etapas iniciales pero supone un problema ...
198 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 2 Poblado de Gen A planta con detalles del interior de las casas y B intento de reconstrucci n mirando al interior A seg n Maya y Cuesta 1989 y B seg n Bosch y Santacana 2009 bieron ayudar a sostener la techumbre que ser a a un agua La superficie til fue de unos 35 40 m2 Las dimensiones semejantes de todas las viviendas y la similitud de los ajuares dom sticos sugieren una comunidad m s bien igualitaria S lo la casa 2 resulta excepcional es m s grande ten a un hogar de grandes lajas clavadas exclusivo en el poblado y fue un taller metal rgico como revelan diversos restos de actividades de fundici n Adem s el equipo cer mico era el m s variado y numeroso de todas las viviendas Por todo ello la casa 2 bien pudo ser la casa del fundidor y cabeza de familia m s importante de la comunidad y tal vez revela as el comienzo de un incipiente grado de diferenciaci n social La compleja organizaci n de estos poblados se advierte incluso en la existencia de cisternas como la de Regal de P dola Estas primeras comunidades del Bronce Final fueron peque as en t rminos demogr ficos probablemente entre 40 y 100 habitantes para los poblados del Segre Cinca como Gen Carretel y Montefiu que cuentan con 20 25 casas Figuras parecidas habr a que imaginar para las aldeas del Ampurd n y el mediod a de Catalu a y posiblemente menores peque as agrupaciones de unas pocas familias ser an los grupos de las caba as del Vall s Con todo parece que regiones como el Bajo Segre o el Vall s tuvieron una relativa alta densidad de poblaci n en el primer caso con poblados que controlaron los buenos suelos agr colas del fondo de valle y en el segundo mediante un modelo de poblamiento muy disperso de granjas y alquer as como demuestra el caso de Can Roqueta Los primeros asentamientos del Bronce Final tuvieron en algunos casos vidas tan cortas que no permitieron generar necr polis de cierta entidad como se ha sugerido para Gen y en otros los cementerios establecidos fueron tan peque os que son dif cilmen te detectables arqueol gicamente Este hecho podr a ayudar a entender por qu no hay grandes necr polis en la fase m s antigua del Bronce Final Adem s este periodo de cambio y transformaciones a finales del II milenio a C origin enterramientos con una diversidad de rituales mixtos previos a la generalizaci n de las necr polis de incineraci n por todo el NE peninsular Diversidad que tambi n existe en el Sur de Francia10 En resumen las peque as comunidades de comienzos del Bronce Final construyeron en sus asentamientos viviendas muy parecidas estructuralmente y con una misma organizaci n del espacio dom stico El control y acceso desigual a los fabricados met licos no es muy acusado entre las distintas unidades dom sticas aunque encuentra su correlato en algunas tumbas que se destacan por las peque as cantidades de bronce amortizado La emergencia de algunos individuos que adquieren mayor estatus y poder podr a ser el fen meno social m s relevante del momento Las armas y los equipos de guerrero citados m s arriba y los dep sitos de bronce de finales de esta etapa ser an la expresi n m s inequ voca del proceso que en cualquier caso s lo debi afectar a algunas reas11 Si consideramos para empezar el propio ritual funerario el cuadro que nos ofrece la etapa de Campos de Urnas Antiguos 1100 900 a C 1300 1100 cal a C es cuando menos complejo12 Por un lado encontramos la pervivencia de las diversas manifestaciones del ritual inhumador colectivo en cuevas o en los ltimos megalitos los viejos rituales sobre Dedet 2004 Ruiz Zapatero y Rovira 1994 96 12 Ruiz Zapatero 2001 261ss 10 11
198  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 2. Poblado de Gen    A, planta con detalles del interior de las casas...
los campos de urnas Figura 3 Ajuares de la necr polis de Can Missert Tarrasa Barcelona de la fase de Campos de Urnas Antiguos todo en las reas de monta a y m s marginales por otro lado la t mida implantaci n de la incineraci n en urna formando necr polis el nuevo ritual en las reas abiertas del Segri y el Vall s y por ltimo un conjunto de tradiciones funerarias que mistifican los viejos rituales y el nuevo y configuran unos rituales mixtos como la incineraci n en cueva o la inhumaci n tumular colectiva e individual que deben representar casos de enterramientos minoritarios un tanto excepcionales pero comprensibles en unos momentos de crisis y cambios culturales La distribuci n geogr fica de los patrones funerarios revela que las nuevas costrumbres mortuorias tuvieron una adopci n limitada Debieron ser muchos y variados los factores que intervinieron en la difusi n de las nuevas ideas funerarias pero sin duda el diferente peso de los sustratos culturales y la mayor o menor entidad de los grupos incineradores tuvieron mucho que ver con la diversidad del registro funerario de este momento Conocemos pocos enterramientos de la fase m s antigua de Campos de Urnas fundamentalmente en el centro de la depresi n costera catalana y en el Bajo Cinca Segre El an lisis de los ajuares funerarios revela dos caracter sticas b sicas 1 la homogeneidad y sencillez de los equipos funerarios ya que la norma es la sola urna cineraria en muchas ocasiones con tapadera cer mica o losetas y no parece que existiera una producci n cer mica normalizada para el ritual funerario y 2 la reducida amortizaci n de metal como ajuar Son muy pocas la tumbas que incluyen alg n objeto de bronce As en la fase m s antigua del cementerio de Can Missert de Terrassa lo com n es la urna funeraria por todo ajuar y s lo contad simas tumbas a aden cierta riqueza As la tumba 18 ten a un ajuar especial una aguja con cabeza de aro de bronce dos vasitos globulares y un cuenco troncoc nico Por otro lado resulta ciertamente dif cil determinar en que medida esta tumba perteneci a un individuo diferenciado por su mayor estatus En la necr polis de Can Piteu Can Ro 199
los campos de urnas  Figura 3. Ajuares de la necr  polis de Can Missert  Tarrasa, Barcelona  de la fase de Campos de Urnas...
200 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica queta13 la mayor conocida hasta ahora en todo el NE peninsular con 1058 tumbas la mayor a de las tumbas del Bronce Final 1000 750 AC no tienen otros elementos de ajuar que la urna cineraria S lo unos pocos enterramientos un 7 del total incluyen objetos met licos y suelen ser apenas uno o dos bronces relacionados con la higiene y aseo personal navajas de afeitar y pinzas y con el adorno y vestuario anillos brazaletes botones y alguna otra pieza Alrededor de una veintena de tumbas contienen ofrendas animales Parece que los grupos familiares son aut rquicos y las asimetr as en los ajuares funerarios no son grandes sugiriendo algunas diferencias de estatus aunque resulta muy dif cil definir la esfera personal de los individuos En fin como sucede tambi n en el Languedoc parece que en Can Piteu Can Roqueta prevalece una organizaci n de tipo comunitario en la que unas familias tienen mayor influencia y estatus pero dentro del l mite estricto de la comunidad Y a n as la distancia social se vislumbra de forma imprecisa En el Bajo Segre Cinca las tumbas de los cementerios m s antiguos del Bronce Final siguen la misma t nica en cuanto a la escasa disimetr a de los ajuares funerarios En general las escasas sepulturas conocidas de los Campos de Urnas Antiguos apuntan a una sociedad bastante igualitaria y con pocos medios materiales para marcar posibles diferencias de estatus Por otra parte se ha destacado que la rareza de armas en dep sitos y tumbas las pocas conocidas son piezas antiguas rotas de procedencia for nea y fuera de contexto expresa la reducida conflictividad de la poca No obstante habr a que recordar que las espadas largas como las de La Llacuna la de Zaragoza de tipo Hemigkofen un molde para fundir estoques de este tipo se hall junto a otros moldes en el poblado de El Regal de P dola el cuchillo de tipo Dasice de Tarragona algunas puntas de lanza Can Sadurn y Can Xamanet Barcelona y ya en la transici n a la etapa siguiente la cn mide del dep sito de Llavors y una hoja de espada de lengua de carpa no dejan de asociarse a elites con equipos de combate eficaces que sin duda fueron al mismo tiempo elementos de exhibici n de poder Estos equipos de guerrero como en otros mbitos del Bronce Final europeo s lo debieron llegar a un n mero muy limitado de individuos dentro de cada comunidad e incluso tal vez eso no ocurri en todas las comunidades de la poca Pero s parece fuera de toda duda que el bronce fue un elemento de estatus y distinci n social Las comunidades de los primeros momentos del Bronce Final fueron agricultoras de cereal y ganade Carl s y Lara 2004 Carl s et al 2007 L pez Cachero 2006 13 ras de ovicaprinos bovinos y suidos aunque contamos con pocos datos que encima faltan en algunas reas Con todo parece evidente la continuidad en la agricultura cerealista respecto al Bronce pleno ya que la cebada vestida Hordeum vulgare y el trigo desnudo Triticum aestivum durum siguen siendo las especies mayoritarias especialmente en las tierras llanas del Cinca Segre14 Son plantas que se complementan bien y reflejan un modelo ampliamente establecido en todo el arco del NO mediterr neo Adem s hay mijos Panicum miliaceum L que podr an haber introducidos desde el SE de Francia Es posible que se emplearan arados sencillos sugieri ndose su introducci n anterior con influencias poladienses Las leguminosas debieron ser un cultivo secundario con al menos lentejas lens culinaris guisantes pisum sativum y almortas Lathycus sp Desconocemos si se practico alg n sistema de rotaci n de cultivos Adem s se recolectaron bellotas ricas en prote nas y harinosas que pudieron ser un buen sustituto de cereales en a os de malas cosechas y tambi n en algunos sitios se aprovecharon uvas silvestres La vida agraria giraba en torno a las tierras del cereal de secano inmediatas a los poblados y aldeas y quiz s algunas huertas en las proximidades de los r os Las caba as ganaderas m s importantes fueron ovicaprinos y bovinos seg n reas y algo de cerdo El grano de cereal se guardaba en grandes recipientes dentro de las casas en las planas occidentales y en silos en las reas prelitorales y costeras Sobre la alimentaci n contamos con informaci n relativamente completa del poblado de Gen los an lisis de residuos de contenidos en algunos recipientes cer micos dan una idea de toda una serie de productos preparados almacenados o consumidos en ellos15 Algunos revelaron restos de cerveza mientras que otros recipientes contuvieron productos l cteos grasas de origen animal caldos o carne en adobo sangre bellotas harina de cereales y miel de abeja en un caso empleada en una especie de mermelada o dulce de frutas de mora Lo que junto a los cereales consumidos en forma de tortas o gachas nos ofrece un cuadro de la dieta alimenticia m s variado de lo tradicionalmente imaginado En Gen se ha conservado alg n horno panificador y cada casa contaba con varios molinos de vaiv n para preparar la harina El hallazgo de grandes recipientes junto a las fachadas de las casas revela el sistema de aprovechamiento de agua de lluvia para disponer de reservas En el futuro los estudios de formas de dieta alimenticia a trav s de is topos y las posibles diferencias intragrupo reconocibles en un desigual acceso a una alimentaci n rica y regular ser n claves para Alonso 2000 Juan Tresseras 1998 14 15
200  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  queta13    la mayor conocida hasta ahora en todo el NE. peninsular con 1058 ...
los campos de urnas Figura 4 Tipos de viviendas en las distintas regiones del NE peninsular ca 1100 700 a C seg n Ruiz Zapatero 2005 realizar lecturas sociales La caracterizaci n social de las comunidades se descubre mejor como en otras regiones europeas de Campos de Urnas en las pr cticas funerarias que revelan una transformaci n ideol gica16 Los primeros cementerios de incineraci n Fokkens 1997 16 representan una clara ruptura con los viejos rituales inhumadores del Bronce Pleno de comunidades aut nomas basadas en el parentesco En las necr polis del Bronce Final a cada individuo aunque nos queden dudas sobre si se enterraba toda la poblaci n se le permite ser visible como un antepasado incluidos los ni os a pesar de que exista una diversidad de 201
los campos de urnas  Figura 4. Tipos de viviendas en las distintas regiones del NE. peninsular  ca. 1100-700 a.C.  seg  n ...
202 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 5 Cronolog a radiocarb nica de sitios del Bronce Medio y Bronce Final con las fechas m s antiguas para los primeros enterramientos de incineraci n seg n L pez Cachero 2011 con a adidos tumbas Las tumbas de incineraci n claramente separadas entre s expresan de alguna forma la emergencia de la individualidad aunque no se olvide lo colectivo ya que los cementerios simbolizan a trav s de su uso continuado la solidaridad del grupo y su permanencia en el territorio Y de hecho las necr polis enfatizan las comunidades locales como unidades sociales importantes pero la autoridad de los grupos parentales ha dejado paso a la autoridad ganada por los individuos en el seno de familias nucleares aut nomas No podemos desgraciadamente explorar los criterios b sicos de diferenciaci n en el ritual funerario la edad y el sexo ante la dificultad de reconocerlos en los restos cremados y s lo podemos aproximarnos al estatus a trav s de los ajuares funerarios Las asimetr as en los ajuares son muy tenues pero ciertamente la tumba 18 de Can Missert como la casa del fundidor de Gen parece representar el inicio de una t mida diferenciaci n social dentro de comunidades bastante igualitarias ya que no existen ajuares ricos Algo parecido expresaran los pocos objetos bronc neos que empiezan al final del per odo a ser amortizados en dep sitos pr ctica que se incrementara en la fase siguiente Lo verdaderamente relevante es la nueva ideolog a que convierte en antepasado a cada individuo enterrado en tumbas planas o tumulares El establecimiento de genealog as en los cementerios y la capacidad de ganar poder y estatus seg n las habilidades personales apuntan a la aparici n de un sistema gentilicio Sistema que tiene su correlato en los asentamientos con unidades dom sticas de familia nuclear La revoluci n ideol gica gentilicia se convierte as en la clave de la expansi n futura del ritual funerario y ese ritual viene del otro lado de los Pirineos En otras palabras el ritual de los Campos de urnas es la expresi n ideol gica de las nuevas sociedades gentilicias por m s que demogr ficamente sean de escasa entidad muy posiblemente en el rango de unas pocas decenas hasta algo m s de un centenar de efectivos El impacto de los Campos de Urnas no resulta f cil de evaluar Pero hay una serie de cuestiones que s
202  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 5. Cronolog  a radiocarb  nica de sitios del Bronce Medio y Bronce Fi...
los campos de urnas ayudan a esbozar el escenario m s plausible Es cierto que las primeras cer micas acanaladas preceden por lo que sabemos hasta ahora a las necr polis de incineraci n ver Figura 5 pero no es menos cierto que estamos hablando de unas pocas generaciones quiz s 4 6 en ese desfase Y eso puede explicarse en parte por el tiempo necesario para formar grandes cementerios y ayuda a comprender los casos de rituales mixtos que hemos visto en un periodo de transici n Es muy probable que los primeros grupos que se filtran por los pasos piren icos del Alto Segre o de la banda costera oriental en sus primeros movimientos de entrada en los nuevos territorios no generasen reas cementeriales de entidad solo con el tiempo en el transcurso de unas pocas generaciones el nuevo ritual se ir imponiendo17 Las pocas fechas de C 14 disponibles para los primeros enterramientos de incineraci n no marcan un punto fijo en el tiempo en el que se introduce la cremaci n y s una transici n mejor transiciones seg n las reas con diferentes variaciones m s o menos larga s Se ha sugerido por datos de algunos cementerios centroeuropeos que usualmente se tardar a al menos dos generaciones para la adopci n plena del nuevo ritual y adem s eso no ser a simult neo a nivel regional18 Y las cer micas acanaladas de los Campos de Urnas son dif cilmente disociables del ritual incinerador al que acompa ar n siempre Por otro lado la fuerza y capacidad expansiva del nuevo ritual es ideol gica la aparici n de una nueva organizaci n social gentilicia que se ir imponiendo sobre los sustratos aut ctonos de las viejas poblaciones del Bronce Eso encaja bien con la continuidad en las formas de subsistencia o la diversidad del poblamiento con fuertes ra ces locales seg n las reas pero tambi n con la introducci n de nuevos tipos met licos y cer micos Todo ello implico la llegada de grupos peque os reducidos pero que podr an dejar huellas sin constituir el grueso de la poblaci n Los nuevos estudios paleogen ticos pueden arrojar algo de luz en este sentido La distribuci n europea del haplogrupo ADN Y R1b U152 se ha comparado con la del complejo de Campos de urnas aunque tambi n pueda recoger las migraciones posteriores celtas19 La densidad del R1b U152 tiene su mayor densidad en el N de Italia e irradia desde all La mutaci n se extiende gradualmente como ondas al arrojar una piedra en una superficie de agua y se ajusta bien a la idea de individuos movi ndose sobre cortas distancias en un tiempo m s o menos largo As ese patr n de mutaci n no ser dominante en ning n sitio aunque los Ruiz Zapatero 2001 264 66 Rabay Salisbury 2012 21 19 Manco 2013 180s desplazamientos de poblaci n de la Segunda Edad del Hierro hayan contribuido a su distribuci n actual como claramente revela su presencia en el centro de Anatolia G latas Es cierto que en el caso de la Pen nsula Ib rica R1b U152 est m s extendido por el territorio que la m xima expansi n de Campos de Urnas pero bien podr a explicarse por los movimientos posteriores de grupos c lticos hacia el O y SO peninsular Esa capacidad expansiva es relevante tambi n para explorar la dimensi n ling stica No conocemos la s lengua s que hablaron las gentes de Campos de Urnas en la Pen nsula Ib rica20 pero por su distribuci n geogr fica y el panorama ling istico europeo posterior es muy posible que fuera n de la familia indoeuropea IE Valdr a la pena recordar que el nico caso de relaci n muy plausible entre un grupo de Campos de Urnas Canegrate N de Italia o mejor su evoluci n directa el grupo de Golasecca con una lengua es el lep ntico la m s antigua lengua celta conocida Campos de Urnas Recientes Bronce Final III 1100900 cal a C 900 700 a C En la segunda fase Campos de Urnas Recientes o Bronce Final III se producen una serie de cambios que desarrollan algunas de las tendencias observadas en el comienzo del Bronce Final El poblamiento de esta etapa contin a los modelos anteriores y sobre todo afianza la estabilidad de los asentamientos que muestran en muchas ocasiones largas ocupaciones con potentes estratigraf as En el Ampurd n y comarcas lim trofes perduran las aldeas de caba as aunque contamos con pocas excavaciones y no parece existir jerarqu a alguna en el patr n de poblamiento En el Vall s se prolonga la tradici n de alquer as y peque as aldeas de caba as excavadas en el suelo con un modelo de poblamiento disperso mientras que en las tierras del mediod a de Catalu a los primeros poblados estables con arquitectura de piedra del tipo Mol y La Mussara sustituyen a las agrupaciones de caba as de la etapa anterior En las planas occidentales del Cinca Segre los poblados de espacio central con casas de piedra constituyen la norma general Este modelo de poblado se extender al Bajo Arag n donde el mejor ejemplo lo encontramos en el Cabezo de Monle n En todo el NE de la Pen nsula Ib rica lamentablemente los datos sobre los equipamientos dom sticos de cada unidad habitacional son muy escasos y los asentamientos con varias viviendas bien documentadas todav a lo son m s El poblado del Cabezo 17 18 Villar y Pr sper 2005 de Hoz 2009 20 203
los campos de urnas  ayudan a esbozar el escenario m  s plausible. Es cierto que las primeras cer  micas acanaladas preced...
204 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 7 Urna con decoraci n de estilo mailhaciense del cementerio de Agullana Gerona Figura 6 Ajuares masculino tumba 170 y femenino tumba 207 del cementerio de Agullana Gerona de Monle n permite reconstruir un poblado en un altozano amesetado con 58 casas formando dos hileras que dejan un espacio central que en uno de los extremos ten a una balsa para la recogida de agua La poblaci n pudo ser de unos 250 300 habitantes y las plantas y organizaci n interna de las casas revelan una gran homogeneidad Las viviendas eran de planta rectangular con superficies de entre 25 y 40 m2 y estaban organizadas en tres mbitos vest bulo estancia principal con el hogar y despensa o almac n el fondo La relativa uniformidad en la disposici n de hogares hornos bancos y alcenas o dep sitos en alguna esquina de los vest bulos indica como se ha se alado tambi n en las viviendas de piedra del Segre Cinca la autonom a de la domus y el peso de la familia nuclear como instituci n b sica No se aprecian diferencias notables entre los equipamientos de las casas aunque es posible que dos de ellas albergaran un peque o taller textil y un taller harinero y otras dos podr an haber funcionado como peque os talleres metal rgicos por la presencia de hornos de fundici n y restos de moldes Parece que en todos los casos estas actividades artesanales se desarrollaron dentro del mbito familiar El poblado tarraconense del Barranc de G fols21 ofrece un panorama similar con un excelente registro arqueol gico Parece que en esta etapa tanto las caba as del Ampurd n y el Vall s Maresme como las casas de piedra y adobe del Segre y el Bajo Arag n mantienen simetr as en los equipos dom sticos Lo que necesariamente no significa que fueran comunidades igualitarias ya que las distancias sociales podr an venir Sanmart et al 2000 21 marcadas en otros aspectos de la vida cotidiana p e la capacidad de almacenaje de grano y otros recursos alimenticios Por otra parte disponemos de pocos poblados o aldeas excavados en extensi n como para poder realizar lecturas sociales comparando unidades dom sticas En cuanto a las tradiciones funerarias en esta fase se extiende y generaliza la incineraci n aunque existan tradiciones regionales diferenciadas Los cementerios de esta etapa ofrecen una serie rasgos rituales compartidos y otros espec ficos de cada uno de ellos como se ha se alado para el grupo del Cinca Segre Estas diferencias parecen indicar que la comunidad de cada asentamiento reivindica de esta manera unos rasgos culturales propios lo que modifica la imagen uniforme del periodo anterior y plantea que la dependencia social para la reproducci n del sistema est perdiendo o ha perdido ya el car cter estructural de los Campos de Urnas Antiguos Esa fractura social afecta tambi n a la composici n de cada comunidad en la medida que el estudio de necr polis bien conocidas Els Castellets de Mequinenza o Roques de Sant Formatge demuestra que han estado funcionando simult neamente distintos sectores funerarios separados entre s Ese hecho sugiere que dentro de cada poblado habr a grupos familiares que expresan as los v nculos que los unen independientemente de que se traduzcan o no en un mayor o menor grado de autonom a econ mica colectiva Los primeros cementerios de cremaci n suponen un cambio importante por varias razones22 Primera porque supone un tratamiento individualizado y normalizado para al menos la mayor a de la poblaci n Segunda porque el hecho de la cremaci n distancia a los vivos de los muertos de una manera distinta a los Rebay Salisbury 2010 22
204  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 7. Urna con decoraci  n de estilo mailhaciense del cementerio de Agul...
los campos de urnas rituales de inhumaci n con los rituales de cremaci n no importa tanto la presencia f sica de los antepasados en el territorio sino la pertenencia a la comunidad y de ah derivan derechos privilegios y estatus Tercera porque supone sacar a los muertos del asentamiento y crear un espacio discreto para ellos visible desde el propio asentamiento y susceptible de ser visitado por los miembros de la comunidad de alguna forma la disposici n de los cementerios es otro elemento de construcci n social del paisaje Por ltimo la cremaci n es innovadora porque se puede sugerir que los ritos de cremaci n y postcremaci n funcionaron como tecnolog as de rememoraci n ya que la cremaci n favorece formas distintivas de compromiso con la materialidad de los muertos La pauta general que encontramos en los cementerios de este periodo es que desde un comienzo con tumbas sencillas y ajuares estandarizados urna cineraria m s un vaso y o alg n objeto de bronce en las m s ricas se va produciendo un fen meno de mayor complejidad social con estructuras funerarias con m s inversi n de trabajo y una progresiva diferenciaci n de los ajuares y las ofrendas que anuncia los cambios de la Primera Edad del Hierro En el Ampurd n la necr polis de Agullana23 refleja bien este proceso Se propone que en la fase Agullana I 900 800 a C pocas tumbas tienen metal y ste parece distribuirse m s o menos por igual en sepulturas masculinas y femeninas mientras que en la fase II 800 700 a C se incrementan las tumbas con objetos bronc neos y aparecen los primeros objetos de hierro especialmente los cuchillos de hierro muy estrechamente asociados a las navajas de afeitar El aumento y la diversificaci n de los objetos met licos demuestra el acceso m s f cil a las redes de distribuci n el aumento del poder adquisitivo y la creciente voluntad de algunos individuos de distinguirse con la adquisici n de bienes de prestigio Incluso para el individuo de la T 397 con cuchillo de hierro punta de lanza navaja broche de cintur n y f bula de pivotes se reclama la condici n de jerarca Y sin duda est simbolizando el proceso de diferenciaci n social interno de la comunidad de Agullana previo a la intensificaci n de los intercambios con los agentes coloniales mediterr neos En el Vall s el cementerio de Can Roqueta Can Piteu representa el mismo fen meno Tras la fase I ca 1000 750 a C con una estructura social parece bastante igualitaria las peque as asimetr as quiz s simplemente expresen diferencias de estatus o rol dentro de la misma unidad familiar en Can Piteu II 750 700 a C hacen su aparici n nuevas cer micas Toledo y Palol 2006 23 Figura 8 La incineraci n A cad ver colocado sobre pira de madera B cuerpo en ustrinum cubierto con madera y C recreaci n de la disposici n del muerto en el ustrinum del cementerio de P de la Lliura antes de ser recubierto con le a seg n Pons y Sol s 2008 y algunas f bulas de pivotes y vasos de acompa amiento y hac a el final de la fase comparecen en las tumbas los primeros cuchillos de hierro y las f bulas de doble resorte que anuncian los nuevos tiempos ligados al comercio colonial mediterr neo La diferenciaci n entre los grupos parentales se va incrementando En el mediod a de Catalu a y el Bajo Arag n algunos cementerios proporcionan lecturas sociales muy parecidas En Mol 24 parece reconocerse una gran base social con tumbas sin metal y sin estructura funeraria Por encima un peque o segmento fue enterrado en el centro de la necr polis en tumbas con estructuras complejas y por ltimo un grupo algo m s numeroso cuenta con ajuares met licos variados incluyendo cuchillos de hierro y representa a los individuos con mayor estatus social En la necr polis del Coll del Moro de Gandesa la fase m s antigua Castro 1994 24 205
los campos de urnas  rituales de inhumaci  n  con los rituales de cremaci  n no importa tanto la presencia f  sica de los ...
206 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 9 Enterramientos de incineraci n del Bronce Final A tumba doble de P de la Lliura E85a E85b B estructura tumular con cista central anillo perimetral y estela C t mulo con cista exc ntrica alzado elevado y cipo A seg n Pons y Sol s 2008 B y C seg n Santacana 2005 Ia 800 725 a C las diversas estructuras tumulares s lo incluyen ajuares sencillos con urna cineraria m s unos pocos casos que a aden brazaletes de bronce Pero en la fase siguiente Ib 725 650 a C se incrementan los ajuares funerarios con brazaletes y hacia la mitad del periodo empiezan a encontrarse vasitos de ofrenda acompa ando a las urnas Una t mida diferenciaci n ind gena que precede a los profundos cambios de la fase siguiente que introduce el comercio fenicio desde las zonas costeras Figura 10 Tipos de tumbas de incineraci n de la necr polis de Can Roqueta Can Piteu seg n L pez Cachero et al 2006 Por ltimo en las tierras del interior las planas de los cursos bajos del Cinca Segre25 la evoluci n de los cementerios ofrece pautas semejantes con la salvedad de que su alejamiento de los influjos coloniales de la costa mediterr nea produce transformaciones menos dr sticas en los equipos funerarios En Roques de San Formatge Bajo Segre se identificaron m s de 300 estructuras tumulares aunque s lo contamos con aproximadamente un centenar de ajuares publicados La fase I 900 800 a C no entreg ajuar V zquez 2000 25
206  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 9. Enterramientos de incineraci  n del Bronce Final  A, tumba doble d...
los campos de urnas Figura 11 Distribuci n de las principales especies animales seg n sus ratios de reproducci n y mobilidad La tendencia principal de consumo de carne est marcada por el rea en rojo Los valores proporcionales de b vidos ovejas cabras y cerdos orientativos de la fases iniciales del Bronce Final en la Catalu a Oriental met lico en ninguna tumba lo que enlaza bien con la tendencia a la rareza de bronces amortizados en enterramientos del BF II y en la fase II 800 750 a C apenas unas pocas tumbas contienen algunos brazaletes y o anillos La pobreza del bronce amortizado ayuda a entender la deposici n de industria l tica y hasta de algunas hachas de piedra pulimentada en ciertas tumbas Desde la l nea del Ebro algunas tumbas y peque os cementerios de incineraci n y las t picas cer micas acanaladas demuestran penetraciones de peque os grupos o la circulaci n de elementos culturales de los CU del NE hacia el Sur afectando a tierras del Levan te y llegando hasta el SE26 Son claramente elementos minoritarios intrusivos en el horizonte de las etapas finales del Bronce Valenciano Por un lado se trata de cer micas acanaladas encontradas en asentamientos del Bronce local como Castellet de Borriol Tabai y la Mola d Agres Alicante que se pueden fechar alrededor del 1000 a C Quiz s denoten intercambios o pr cticas exog micas Y por otro lado encontramos agrupaciones peque as de enterramientos tumulares y mayoritariamente planos de incineraci n como Sal Lorrio 2009 10 Rafel et al 2008 258 62 26 207
los campos de urnas  Figura 11. Distribuci  n de las principales especies animales seg  n sus ratios de reproducci  n y mo...
208 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 12 Los objetos bronc neos A mapa de distribuci n de armas y dep sitos de bronce Bronce Final B dep sito de Sant Mart d Emp ries y C dep sito de Ripoll A seg n Rafel et al 2008 B y C seg n Bosch y Santacana 2009 zadella y El Boverot y unas pocas necr polis de mayor entidad como Pe a Negra Les Moreres Alicante cuya fase I del Bronce Final cuenta con poco m s de 30 tumbas y La Loma del Boniche ya del Hierro I Al Sur del Vinalopo ya no hay necr polis pero si tumbas m s o menos aisladas El grupo de incineraciones del Bronce Final del SE Qur nima recientemente reestudiado27 revela incineraciones aisladas con cer micas de tradici n de CU junto a brazaletes decorados torques y ciertos tipos de cuentas que apuntan en la misma direcci n La llegada de peque os grupos de gentes incineradoras a partir de 900 850 a C parece la explicaci n m s convincente La agricultura sigui siendo cerealista con mucha cebada diversos tipos de trigo y mijos m s secundariamente est n las leguminosas mientras que el lino fue probablemente cultivado con fines artesanales textil 28 El cereal supuso con diferencia el cultivo m s importante y tiene una alta ubicuidad en los asentamientos 80 90 En las tierras bajas Lorrio 2008 Alonso 2000 Albizuri et al 2011 27 28 del Segre Cinca la densidad de poblaci n creo una red de poblados separados por cortas distancias 5 6 km que expresa el valor de la agricultura cerealista de secano No conocemos instrumentos agr colas met licos salvo un fragmento de hoz con enmangue de bot n del dep sito de Sant Mart d Empuries y los dientes de hoz de s lex suplieron al metal El arado es muy posible que se utilizara desde mediados del II milenio a C y una iconograf a de posible actividad de roturaci n en una cer mica de Camp Red n Mailhac I apoya su empleo en este per odo El almacenaje de grano se realizo en silos excavados en subsuelo en las reas orientales y del interior de Catalu a mientras que grandes recipientes cer micos en las despensas de las casas fueron el sistema generalizado en las tierras occidentales La capacidad de almacenamiento de los silos del Bronce Final 900 2800 l supone un crecimiento significativo respecto a etapas anteriores y bastantes silos rebasan el consumo medio de unidad familiar estimado en unos 1000 1500 litros anuales Se generan as excedentes para posibles intercambios La ganader a contin a teniendo el predominio de b vidos en las reas litorales y prelitorales y de
208  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 12. Los objetos bronc  neos  A, mapa de distribuci  n de armas y dep ...
los campos de urnas Figura 13 Dep sito de Llavors y gr fico de su composici n tipol gica seg n Gallart 1991 modificado ovejas y cabras en el interior y planas occidentales del NE29 El peso te rico de aportaci n c rnica sobre NRD de la triada ganadera b sica enfatiza el valor de b vidos casi el doble de ovicaprinos y la poca importancia del cerdo Los patrones de sacrificio con elevaci n de la edad de muerte de b vidos y cerdos muestran una especializaci n ganadera y probablemente un incremento del aprovechamiento de productos secundarios El caballo con muy escasa presencia pudo jugar sin embargo un papel relativamente importante como animal de monta y tiro Algunos contextos revelan adem s implicaciones simb licas de restos de quidos La aparici n del carro no esta arqueol gicamente atestiguada pero resulta muy probable La producci n de objetos bronc neos se incrementa a juzgar por el aumento del n mero de moldes en asentamientos del Segre Cinca y Bajo Arag n la aparici n de dep sitos de bronces y el crecimiento de la cantidad de objetos met licos en los ajuares de las tumbas Resulta dif cil caracterizar la tecnolog a metal rgica pero se ha sugerido que pudo ser introducido el horno de cubeta y la t cnica de fundici n a la cera perdida Los an lisis muestran aleaciones binarias de cobre con altos contenidos de esta o muy parecidas a las del Sureste franc s y los moldes de p edra son m s sofisticados muchos bivalvos presentan ahora las dos matrices labradas Aunque tambi n har amos bien en ir m s all de la tecnolog a y considerar a los broncistas y su trabajo dentro de unas condiciones un tanto m gicas como invitan a considerar muchos casos etnogr ficos e hist ricos Las ocultaciones de bronces no son muy abundantes pero al menos 8 dep sitos y algunos m s perdidos testimonian la tendencia a acumular piezas de metal con distintas finalidades aunque ninguno parece tener significado votivo o ritual Todos ellos son ocultaciones en tierra seca o roca se fechan entre ca 1100 y 800 a C y su distribuci n marca una gran ruta a lo largo del r o Segre y sus afluentes y otras dos menores el Ter y la llanura costera catalana30 Los dep sitos son de varios tipos a personales con piezas completas nuevas o casi sin uso como el de Sant Aleix con 17 brazaletes b de mercader o buhonero para reciclar metal con piezas inservibles como los de Ripoll y Font Major o el de Llavors el m s grande con 148 piezas y 7 38 kg de bronce que reun a piezas rotas y o fuera de uso 67 brazaletes 52 botones 9 hachas 4 placas de cintur n 2 piezas de arreo de caballo una hoja de espada y una cn mide31 y por ltimo c dep sitos espec ficamente de fundidor caso de Serra del Monderes compuesto ntegramente por tortas plano convexas No obstante se sugiere recientemente que muchos dep sitos responden a una fragmentaci n de piezas estructurada y por tanto lejos de la idea tradicional de dep sitos de chatarra para reciclar Un idea para explorar en las tierras del NE de Iberia El hallazgo m s reciente de Sant Mart d Emp ries un lote de 8 herramientas con hachas un cincel y un fragmento de hoz de bot n algunas enteras y otras rotas tiene el inter s de provenir de un contexto de habitaci n aunque ocultado en una oquedad de la roca En general la mayor a de Ruiz Zapatero y Rovira 1994 95 Rafel et al 2008 248s Gallart 1991 30 Albizuri et al 2011 22 25 29 31 209
los campos de urnas  Figura 13. Dep  sito de Llavors   y gr  fico de su composici  n tipol  gica.  seg  n Gallart 1991 mod...
210 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 14 Esquematizaci n idealizada de la comunidad de la necr polis de Mol Tarragona Individuos sin ajuares met licos blanco individuos en estructuras funerarias complejas con posiciones de privilegio rayado e individuos de mayor estatus con equipos met licos m s ricos negro seg n Ruiz Zapatero 2001 las piezas for neas provienen de talleres del centroeste de Francia que a trav s del R dano y el Languedoc siguiendo circuitos bien establecidos alcanzaban en manos de metalurgos ambulantes los pasos del Alto Segre y los Pirineos orientales El conjunto de moldes de Cantaperdius en la ruta del Segre inclu a entre otros moldes para navajas espadas y agujas de tipos ampliamente extendidos por diversas regiones de Centroeuropa32 Y sugiere que algunos broncistas quiz s especializados en piezas de prestigio conoc an bien o trajeron consigo moldes con matrices de tipos centroeuropeos que contrastan con decenas de moldes simples hachas varillas puntas de flecha escoplos dispersos por muchos poblados del Segre Medio Ebro y Bajo Arag n Exist a pues una amplia conectividad y productos y materias se mov an y circulaban incluso a grandes distancias aunque desconozcamos los mecanismos concretos que lo hac an posible Parece claro a juzgar por la escasa amortizaci n global de bronce en las tumbas y su rara presencia en Rovira 2004 32 los contextos dom sticos que el metal fue una forma de acumular riqueza y armas y adornos elementos de prestigio marcadores de estatus social Las herramientas los adornos personales y algunas armas presentes en los dep sitos evidencian el valor del bronce su atesoramiento y aprovechamiento mediante un continuo reciclaje y chatarreo de piezas obsoletas o inutilizadas quiz s con metalurgos especializados como sugiere el taller de una de las casas de La Colomina en el Valle del Segre o la concentraci n de moldes en algunos poblados como El Roquizal del Rullo Bajo Arag n S lo una reflexi n final recordar que no conocemos exactamente las razones de los ocultamientos bronc neos y que incluso sus contenidos no tienen porque reflejar una muestra representativa de los tipos met licos en circulaci n Como ha sugerido Bradley33 una posible exploraci n m s profunda de esta cuesti n ser a un estudio contextualizado de correlaci n entre los tipos hallados en los dep sitos y los fabricados en los moldes de fundici n Los dep sitos deber amos considerarlos una parte de una Bradley 2013 129 33
210  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 14. Esquematizaci  n idealizada de la comunidad de la necr  polis de ...
los campos de urnas Figura 15 Centro de Aldovesta Tarragona A Planimetr a con los diversos espacios funcionales y el almac n fortificado B situaci n geogr fica C recipientes anf ricos D intento de reconstrucci n del centro y E funcionamiento del sitio como port of trade acaparando las importaciones mediterr neas y redistribuy ndolas hac a los poblados del interior A y C seg n Mascort et al 1991 B y E autor y D seg n Bosch y Santacana 2009 indagaci n m s ampl a sobre la deposici n de metal y no disociarlos del descubierto en hallazgos aislados y del amortizado en las tumbas En este periodo se advierten dos tendencias generales por un lado un crecimiento demogr fico sostenido reconocible en el aumento del n mero de asentamientos y del n mero total de tumbas la intensificaci n agr cola y ganadera proporcionando la capacidad para ocupar nuevas reas Valle Medio del Ebro e incursiones en Levante y por otro una mayor sedentarizaci n fijaci n a la tierra de los grupos humanos que tiene su traducci n en el aumento de estructuras de almacenaje de grano y de molinos y continuidades en ocupaciones de asentamientos y utilizaci n de cementerios Algunas comunidades alcanzaron los 200300 habitantes contando el n mero de viviendas de los poblados m s grandes aunque las estimaciones a partir de necr polis demuestran que peque os grupos aldeanos y familiares dispersos en alquer as siguieron constituyendo la mayor a de la poblaci n Como indican los 82 enterramientos de P de la Lliura34 acumulados en alrededor de 200 a os o poco m s La caracterizaci n de la estructura demogr fica de estas peque as comunidades es dif cil porque los restos Pons et al 2008 34 cremados no permiten buenos an lisis antropol gicos Pero de trabajos recientes como el de P de la Lliura emerge una visi n un tanto peculiar En la muestra de individuos identificables hay una fuerte presencia de ni os 37 y de j venes entre 7 12 a os 4 mientras que los subadultos 20 y adultos sin precisi n 20 no parecen bien representados La alta mortalidad infantil con valores de m s del 50 fue una constante y si atendemos a valores de otros grupos europeos coet neos donde la esperanza de vida al nacer era terriblemente baja 17 20 a os tendremos una idea aproximada de la corta vida de estas poblaciones Sobre la organizaci n social el limitado acceso de individuos a ajuares m s ricos demuestra grupos con escasa distancia social aunque una vez m s hay que recordar que estamos lejos de comprender realmente el valor de los equipos funerarios Lo cierto es que dentro de las pocas asimetr as en las tumbas ya sobresalen algunas tumbas con objetos de bronce y otras sin ajuar incluso sin urna cineraria Grupos del Hierro I de tradici n de Campos de Urnas ca 750 700 500 a C A partir de finales del s VIII a C los grupos regionales de Campos de Urnas del NE peninsular expe 211
los campos de urnas  Figura 15. Centro de Aldovesta  Tarragona   A, Planimetr  a con los diversos espacios funcionales y e...
212 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 16 Planta de la fortaleza de Els Vilars Arbeca L rida rimentan evoluciones propias con una marcada diferencia entre los grupos de las reas costeras Ampurd n depresi n prelitoral catalana Bajo Ebro y Bajo Arag n y los del interior Cinca Segre y Medio Alto Ebro Los influjos coloniales mediterr neos primero fenicios s VII a C y despu s griegos fundamentalmente desde el foco de Ampurias transformaron profundamente los sustratos del Bronce Final y condujeron a lo largo del s VI a C a un proceso de aculturaci n que cristaliz en la formaci n del Ib rico Antiguo En el Ampurd n la ocupaci n de cuevas se fue abandonando y se multiplicaron los poblados con caba as de la tradici n del BF buscando emplazamientos seguros Las estratigraf as de asentamientos como Sant Mart d Empuries y la Illa d en Reixac atestiguan las primeras importaciones fenicias y en menor medida etruscas y griegas antes de la fundaci n de Ampurias Desde 580 a C tras el ocaso de los agentes fenicios se incrementan los productos griegos aparece las primeras cer micas ib ricas y disminuyen las producciones a torno En la costa central catalana y las tierras de la depresi n prelitoral especialmente el Vall s creci el n mero de asentamientos de forma espectacular Los poblados de caba as con silos asociados siguen la tradici n local y s lo la aparici n de importaciones mediterr neas indica la llegada de nuevos tiempos En el Pened s las agrupaciones de caba as son la norma y al final surgen nuevos poblados como Ol rdola en posiciones protegidas y con murallas Al final del per odo los asentamientos de caba as entran en declive y empiezan a crecer los poblados defendidos y con arquitectura dom stica en piedra Una red importante de poblados se desarroll en las tierras del mediod a de Catalu a y especialmente la comarca del Bajo Ebro en torno al factor colonial fenicio muy activo en su l nea de costa Algunas comunidades intentaron rentabilizar en su favor el comercio fenicio aprovechando su posici n estrat gica entre el litoral y las regiones m s al interior El mejor ejemplo es el de Aldovesta35 en el que un peque o grupo actu como una gateway community acaparando productos coloniales para redistribuirlos hac a el interior St Jaume Mas d en Serra fue otro centro de poder local que controlaba los intercambios colo Mascort et al 1991 35
212  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 16. Planta de la fortaleza de Els Vilars  Arbeca, L  rida .  rimentan...
los campos de urnas niales fenicios Los contactos con los fenicios fueron intensos como revela el caso del edificio cultual de Tur del Calvari 625 575 a C Es una estructura singular de planta rectangular con doble bside con un s lido z calo de piedra y alzado de adobe dividido en dos espacios que debi contar con un piso superior En su interior se hallaron restos de altares port tiles quemadores de perfumes y un amplio elenco de cer micas de lujo incluyendo importaciones e imitaciones fenicias El singular edificio expresa la fuerte influencia oriental sobre el sustrato de tradici n de Campos de Urnas en una materialidad que a na religi n ideolog a y poder Una generaci n despu s muchos poblados se abandonan o destruyen coincidiendo con la interrupci n del comercio fenicio El Bajo Arag n prolonga la tradici n de poblados estables con espacio central o caser o agrupado del Bronce Final en asentamientos concentrados a lo largo de los peque os valles de los afluentes del Ebro como La Loma de los Brunos y Azaila Las casas rectangulares con plantas tripartitas constituyen la norma Las poblaciones estimadas oscilan entre los 60 y 300 habitantes La regi n es una encrucijada de caminos que recibe influencias de la costa mediterr nea nforas fenicias cer mica de barniz rojo y tipos met licos muy caracter sticos como las f bulas de doble resorte y los cuchillos de hierro y del Cinca Segre a su vez difundir elementos hac a el reborde oriental de la Meseta y el Valle Medio del Ebro En el s VI llegaron producciones griegas de figuras negras y rojas otras cer micas de barniz negro y kylikes etruscos En todas las reas costeras las transformaciones del impacto colonial mediterr neo se advierten con m s claridad en los enterramientos Las necr polis de incineraci n constituyen la norma y en general aumenta el tama o y la diversidad de tumbas y la cantidad de elementos de ajuar amortizados en las mismas Los vasos cer micos fenicios como la forma Cruz del Negro y otros tipos entran en los ajuares de las tumbas m s ricas junto a un amplio conjunto de elementos met licos nuevos muy abundantes ahora en la mayor a de las tumbas como bien demuestra la fase final de Can Piteu Can Roqueta As se depositan cuchillos de hierro piezas de vestimenta y adorno como f bulas serpentiformes broches de cintur n y agujas y otras relacionadas con el banquete asadores y simpula y como indicador inequ voco de estatus bocados de caballo Significativamente no hay armas En el s VI a C encontramos el horizonte de tumbas de guerrero que tambi n existe en el SE de Francia Suelen ser tumbas en peque as agrupaciones pero con ajuares que ya incluyen armas ofensivas y defensivas adornos escarabeos y vajilla met lica Llinars del Vall s Granja Soley y Can Canyis son algunas estas tumbas de arist cratas guerreros que en sus panoplias exhiben espadas lanzas con sus regatones cascos y grebas as como elementos t picos del simposio mediterr neo asadores y vajilla met lica adem s de adornos personales como f bulas y broches de cintur n que realzaban la belleza del guerrero En las d cadas centrales de esta centuria se empiezan a generalizar las producciones cer micas a torno hasta la aparici n de las cer micas paleoib ricas y la configuraci n del Horizonte Ib rico Antiguo como revela la necr polis de Mas de Mussols en la zona del Bajo Ebro En las reas del interior el panorama es m s diverso En la Catalu a interior especialmente el Solson s el grupo de Marl s de fuerte raigambre aut ctona recibe algunas importaciones nforas fenicias cer mica de barniz rojo fibulas de doble resorte y algunas producciones griegas que se fechan a finales del s VII y el s VI a C En los territorios del Pre pirineo algunas necr polis de transici n entre los s VIII VII a C muestran fuertes contactos con grupos del Alto Garona al otro lado de la cordillera y se mueven en un mundo m s cerrado y ajeno a los est mulos mediterr neos En las tierras llanas del Segre Cinca la evoluci n de los grupos del B F desemboca en la emergencia de algunos centros territoriales de poder bien fortificados como Els Vilars36 una impresionante fortaleza que empieza a levantarse en el s VIII a C y ofrece en su larga ocupaci n de unos cuatro centurias la transformaci n de los grupos finales de Campos de Urnas en los Ilergetes de poca ib rica Una s lida muralla con torreones cuadrangulares reforzada con foso y chevaux defrise protege un apretado caser o de casas adosadas con distribuci n radial en torno a un espacio central presidido por una gran cisterna que conoce varias fases constructivas Una numerosa comunidad con alg n poder central en manos de un grupo local exploto un amplio territorio circundante con una activa vida econ mica en la que la cr a de caballos parece que jugo un papel especial A finales del s VII e inicios del VI a C llegaron unas pocas importaciones coloniales a poblados y cementerios de la regi n que preludian el Horizonte Ib rico Antiguo Aguas arriba del Ebro al Oeste de la Sierra de Alcubierre en la margen izquierda y el r o Aguas Vivas en la derecha las tierras del centro de la cubeta del Ebro se configuran con una personalidad propia influenciada por los grupos de Campos de Urnas del Segre Cinca y del Bajo Arag n Es el grupo de la Primera Edad del Hierro del Ebro Medio de tradici n de Campos de Urnas37 Los primeros asentamientos con elementos de Campos de Urnas Alonso et al 2005 Royo 1990 2000 36 37 213
los campos de urnas  niales fenicios. Los contactos con los fenicios fueron intensos como revela el caso del edificio cult...
214 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 17 El horizonte de tumbas de guerrero del s VI a C con las panoplias y equipo acompa ante de Granja Soley y Can Canyis comparadas con la francesa de Corno Lauzo los encontramos en el poblado mejor conocido el Alto de la Cruz de Cortes de Navarra38 Tras unas fases iniciales de pleno B F con casas redondas a comienzos del s IX a C se levantan poblados con casas rectangulares y la t pica divisi n tripartita y cer micas que incluyen las t picas especies acanaladas Se trata de un poblado que debi albergar a unos 300 350 habitantes repartidos en barrios con manzanas de casas adosadas El Cabezo de la Cruz Zaragoza 39 ofrece tambi n una superposici n de asentamientos que arrancan del s IX a C y abarcan toda la Primera Edad del Hierro hasta su iberizaci n No conocemos necr polis antiguas en la regi n pero Maluquer et al 1990 Picazo y Rodan s 2009 es muy probable que se deba m s a un vac o de investigaci n que a su ausencia real pues los elementos antiguos de Cortes de Navarra inducen a pensar que el ritual incinerador de tumbas planas en hoyo o en estructuras tumulares debi acompa ar a los dem s elementos de Campos de Urnas De hecho los cementerios conocidos son tard os no parece que anteriores a los s VIII VII a C como La Atalaya asociado a las fases finales de Cortes de Navarra La Torraza y el Castillo de Castej n40 La econom a de los grupos de la Primera Edad del Hierro consolida estrategias anteriores e incorpora algunas novedades importantes conectadas con el fen meno colonial mediterr neo como la introducci n de 38 39 Ruiz Zapatero 2007 40
214  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 17. El horizonte de    tumbas de guerrero    del s. VI a. C. con las ...
los campos de urnas la metalurgia de hierro el torno de alfarero y el vino La introducci n del hierro parece que se debi fundamentalmente a la acci n de los agentes fenicios41 En reas como el Bajo Ebro los primeros fabricados de hierro y las importaciones fenicias aparecen simult neamente y probablemente sucedi lo mismo en el resto de regiones Aunque es posible que en el Ampurd n el primer hierro como los cuchillos de Agullana ca 750 700 a C se deba a su transmisi n desde el SE de Francia donde aparece ya a fines del s VIII a C en contextos precoloniales Las dos v as pudieron actuar y poco m s se puede decir con seguridad La primera producci n local de hierro es algo m s tard a a lo largo del s VI a C La generalizaci n del instrumental de hierro y sobre todo su empleo habitual en el utillaje agr cola es ya un fen meno de poca ib rica La agricultura consolid el sistema cerealista excedentario bien visible en la capacidad de los silos de las comarcas del NE de Catalu a donde los valores oscilan entre 1400 y 3300 l lo que representa un incremento apreciable frente a la situaci n del BF La introducci n de la vid apunta a un origen meridional a juzgar por las nforas fenicio occidentales predominantes en los asentamientos catalanes42 Algunas nforas de boca plana tambi n guardaron cerveza Las tierras m s duras y pobres tuvieron un predominio de las caba as de ovejas y cabras y el cerdo tendi a incrementar su presencia La emergencia de elites con panoplias completas se acompa a de los elementos asociados al simposio mediterr neo como asadores vajilla met lica y simpula Las comunidades de la Primera Edad del Hierro muestran asimetr as claras en los equipos funerarios que evidencian sistemas de organizaci n social gentilicios cada vez m s jerarquizados Desde el frente de la margen derecha del Medio Ebro se produjeron penetraciones de peque os grupos hacia el reborde oriental de la Meseta desde fechas relativamente antiguas como prueban peque os asentamientos del tipo de Fuente Estaca s VIII a C 43 o cementerios como Herrer a44 para el que se reclama una dataci n mucho m s antigua que desgraciadamente no se asocia a material arqueol gico diagn stico Las influencias del Ebro Medio en ltima instancia recogiendo la tradici n de los grupos del Segre y el Bajo Arag n se rastrean en la fase inicial de las necr polis celtib ricas sobre finales del s VII y comienzos del s VI a C En relaci n con ese fen meno es muy sugestivo plantear el origen de la lengua celtib rica45 Pues si alg n grupo de Campos de Urnas de la Catalu a occidental y del Ebro Medio habl un dialecto indoeuropeo c ltico digamos que a finales del s IX y s VIII a C y la influencia de este grupo intervino de forma decisiva en la emergencia del horizonte C ltib rico Antiguo en la Meseta Oriental entonces habr a sido posible que esa lengua indoeuropea c ltica fuera el sustrato del que naci lo que llegar a a ser la lengua celtib rica46 Se ha se alado47 que en la margen derecha del Ebro Medio hay claramente dos sustratos ling sticos uno indoeuropeo meridional y otro celtib rico Es muy tentador relacionar el primero con la llegada de los elementos de Campos de Urnas al centro de la cuenca del Ebro sobre el s VIII a C sino algo antes y el segundo con la expansi n celtib rica desde el reborde del Sistema Ib rico hacia el fondo del centro del valle en el s IV a C lo que deja varios siglos entre uno y otro sustrato como se sugiere desde la paleoling stica 45 46 47 43 44 Ruiz Zapatero et al 2012 Bux et al 2010 41 42 Mart nez Sastre 1992 Cerde o et al 2002 de Hoz 1992 Ruiz Zapatero y Lorrio 1999 34 Villar 2000 433 215
los campos de urnas  la metalurgia de hierro, el torno de alfarero y el vino. La introducci  n del hierro parece que se de...
Alberto J Lorrio Los pueblos celtas Iberia es uno de los territorios c lticos por excelencia As lo confirma la informaci n proporcionada por las fuentes cl sicas que de forma expl cita se alan la presencia de pueblos de raigambre celta en las regiones interiores de Hispania como los Celt beros y los Berones y en las tierras del occidente de la Pen nsula Ib rica como los C lticos en el Suroeste por un lado y diversos pueblos de filiaci n c ltica en el Noroeste por otro Algunos como los Celt beros o los C lticos presentan nombres que no dejan lugar a dudas respecto a tal filiaci n otros probablemente tambi n ser an celtas aunque los escritores grecolatinos no llegaran explicitarlo como ser a el caso de Olcades Carpetanos Vettones Vacceos Astures C ntabros Turmogos Autrigones Caristios V rdulos y quiz s tambi n Lusitanos La mayor parte de estos pueblos ocupar an el centro occidente y norte de Espa a mientras que Lusitanos y C lticos se extender an preferentemente por las tierras del actual Portugal Fig 1 A Los abundantes documentos epigr ficos ponen de manifiesto la existencia de al menos una lengua c ltica en el territorio peninsular el celtib rico cuyos testimonios se concentran hacia la Meseta Oriental y el Valle Alto y Medio del Ebro esto es la Celtiberia y los territorios adyacentes mientras que el lusitano una lengua de tipo indoeuropeo arcaico que se hablar a en el occidente peninsular tiene algunos elementos comunes con la subfamilia celta El estudio de la onom stica permite delimitar igualmente una Hispania c ltica por el centro y el occidente cuyo territorio se define por una antroponimia caracter stica de tipo indoeuropeo que permite diferenciar ciertas agrupaciones regionales y por la presencia de los top nimos en briga el elemento topon mico m s difundido de la ling stica c ltica Fig 1 B Por su parte la documentaci n arqueol gica constituye un elemento esencial para analizar la formaci n del mundo celta de Iberia determinar los procesos culturales que llevaron a su gestaci n y ulterior expansi n y caracterizar los diferentes grupos celto hispanos El aumento en las ltimas d cadas del conocimiento del Bronce Final y de la Edad del Hierro de Iberia ha permitido avanzar en la interpretaci n de la cultura material de los Celtas Universidad de Alicante alberto lorrio ua es y en su relaci n con otros campos conexos como la Ling stica o la Religi n lo que permite superar el marco cronol gico que tradicionalmente limitaba el estudio arqueol gico de los pueblos hispano celtas a lo que podr amos denominar etapa hist rica esto es desde finales del siglo III al I a C Historia de la investigaci n y origen de los celtas hispanos Los primeros estudios sobre los Celtas de Iberia se remontan a la tradici n erudita de los siglos XV a XVIII que empieza a interesarse por las antig edades grecorromanas primero y por los monumentos prehist ricos despu s al tiempo que estudia y colecciona las reliquias del pasado A partir del siglo XIX la investigaci n se centr en las fuentes literarias y en los estudios ling sticos Destacan los trabajos de H d Arbois de Jubainville 1893 y 1894 quien plantea la tesis ligur seg n la cual este pueblo indoeuropeo habr a colonizado el Occidente antes de los Celtas a la vez que valora los elementos c lticos de Hispania a partir de las fuentes literarias cl sicas y la onom stica Desde 1850 se empieza a tener noticias de la cultura material que debi acompa ar a los pueblos prerromanos citados por las fuentes literarias se excavan las primeras necr polis de la Edad del Hierro de la Meseta y comienzan las investigaciones de campo en importantes ciudades y castros de la Hispania c ltica1 Una nueva etapa hasta los a os 40 del siglo XX supuso el incremento notable de las excavaciones arqueol gicas entre las que destacan los cementerios y poblados celtib ricos y vettones de la Meseta Oriental y Occidental mientras que en Extremadura Galicia o Asturias crece el inter s por la excavaci n de los poblados prerromanos Tambi n contamos con los primeros intentos de explicar la presencia de Celtas de Iberia que integran los datos ling sticos con la documentaci n arqueol gica con figuras como A Schulten P Bosch Gimpera o M Almagro Basch 1 Sobre la historiograf a de los Celt beros y los Celtas hispanos vid Lorrio 2005 15 31 Una s ntesis general en Almagro Gorbea 1991 Almagro Gorbea et al eds 2001 y Lorrio y Ruiz Zapatero 2005
Alberto J. Lorrio   Los pueblos celtas  Iberia es uno de los territorios c  lticos por excelencia. As   lo confirma la inf...
218 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica que abordaron en sucesivas publicaciones el estudio de los Celtas en la Pen nsula Ib rica Schulten en su obra sobre Numancia 1914 ofrece a partir de las fuentes literarias su personal reconstrucci n del proceso de etnog nesis de los Celt beros que sirvi de base de los posteriores estudios de Bosch Gimpera que plante la existencia de varias invasiones o de Almagro con una nica invasi n lenta y gradual enmarcada en el contexto general de la cultura de los Campos de Urnas Una tercera etapa abarca hasta los a os 70 caracterizada por el avance de los estudios ling sticos con figuras como A Tovar que en 1946 describi algunos rasgos fundamentales de la lengua de los Celt beros que permit an su inclusi n entre las lenguas c lticas M Lejeune U Schmoll y J Untermann cuya obra m s emblem tica son los Monumenta Linguarum Hispanicarum cuyo volumen IV dedica a las inscripciones celtib ricas y lusitanas 1997 Esta renovaci n no se traslad a la investigaci n arqueol gica del mundo celta ante la dificultad de relacionar los materiales hispanos con los del otro lado de los Pirineos por lo que a partir de 1940 se renunci a intentar nuevas s ntesis e interpretaciones repiti ndose los viejos esquemas de Bosch y Almagro orientaci n que cambi desde los a os 60 por la labor de arque logos alemanes como E Sangmeister K Raddatz o V Pingel quienes abordaron el tema c ltico de forma puntual En esta etapa destaca la obra de W Sch le Die Meseta Kulturen der Iberischen Halbinsel publicada en 1969 cuyo influjo en los estudios celtib ricos ha sido determinante en los a os 70 y 80 Desde los a os 80 se han incrementado las excavaciones de necr polis asentamientos y en menor medida santuarios al tiempo que se han reorientado los estudios sobre los Celtas de Hispania al identificar las secuencias regionales que explican los procesos de su formaci n y sus caracter sticas y diferencias respecto al resto de la Europa C ltica estudios que han integrado los datos arqueol gicos con los ling sticos y las fuentes cl sicas a pesar de la dificultad de comprensi n por parte de la historiograf a de la Europa C ltica anclada en una falsa perspectiva incapaz de valorar la personalidad de los celtas de Hispania y de otras reas perif ricas Un tema de renovada actualidad es la explicaci n del origen de los Celt beros y de los restantes pueblos celtas hispanos tema enmarcado en el de la celtizaci n de la Pen nsula Ib rica A excepci n de los encomiables intentos de Sangmeister y Sch le este tema no se hab a revisado desde Bosch y Almagro tras cuyas grandes s ntesis se estancaron estas investigaciones lo que ha llevado a posturas extremas como algunos investigadores que han vinculado hasta fechas recientes la celtizaci n a la latenizaci n de la Pen nsula Ib rica al vincular la llegada de los celtas con los elementos hispanos de la cultura de La T ne2 lo que llev incluso a rechazar la presencia de celtas en Hispania al considerar insuficientes tales aportes M Almagro Gorbea a mediados del decenio de 1980 plante una visi n interdisciplinar para analizar los celtas de Hispania que volv a a integrar estos datos arqueol gicos con las fuentes literarias las evidencias ling sticas e incluso con tradiciones etno antropol gicas3 Tras criticar los modelos invasionistas tradicionales propuso procesos de etnog nesis regionales pues se al la dificultad de que los Celtas de Hispania procedieran todos de la Cultura de los Campos de Urnas por lo que busc su origen en un substrato cultural proto c ltico extendido desde la Edad del Bronce hasta inicios del I milenio por el occidente y el norte de la Pen nsula Ib rica lo que plantea retrotraer el origen de los Celtas hasta el III milenio a C y ver en el Vaso Campaniforme y en el Bronce Atl ntico las ra ces del proceso formativo que acab dando lugar a los pueblos celtas4 Este origen explica su amplia dispersi n por Europa Occidental y su variabilidad interna debido a tradiciones ancestrales Los Celtas conocidos por las fuentes cl sicas y por sus restos arqueol gicos ser an el resultado de un largo proceso de celtizaci n progresiva o acumulativa que explica su variedad cultural aunque posiblemente todos hablaran lenguas afines y mantendr an ideas similares sobre la vida y sus valores que los diferencia de otros pueblos de la Antig edad Tales planteamientos han contribuido a reconocer expl citamente la personalidad de la Pen nsula Ib rica en el mundo c ltico al tiempo que a admitir la existencia en la Pen nsula Ib rica de unos celtas con identidad propia antes de los movimientos latenienses Los Celtas hispanos presentan una cultura material perfectamente diferenciada de la de los Celtas centroeuropeos de Hallstatt y La T ne lo que explica su dificultad de comprensi n desde planteamientos tradicionales Al menos una parte de estos Celtas peninsulares asimilaron a lo largo del I milenio a C a trav s de su contacto con Tartesios e Iberos principalmente elementos de procedencia mediterr nea tales como el armamento el torno de alfarero el urbanismo o la escritura aunque la existencia de est mulos nordpirenaicos est bien documentada dada la presencia de influjos de los grupos de Campos de Urnas en la zona todo lo cual justificar a el car cter mixto celta e ibero aludido por los autores cl sicos respecto de los Celt beros5 Estas evidencias arqueol gicas permiten analizar la etnog nesis de los Celt beros a pesar de las dificultades que conlleva el uso de ese t rmino antes del 4 5 2 3 Principalmente Lenerz de Wilde 1991 Almagro Gorbea 1992 1993 2001 99ss Vid igualmente Koch 2013 Ruiz Zapatero y Lorrio 2007
218  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  que abordaron en sucesivas publicaciones el estudio de los Celtas en la Pen ...
los pueblos celtas Figura 1 A Mapa de las etnias hispano celtas B Divisi n entre las reas ling sticas indoeuropea e ib rica en la Pen nsula Ib rica con las evidencias epigr ficas prerromanas y romanas de las diferentes lenguas ind genas C Procesos de configuraci n tnica cultural y ling stica de los celt beros D La evoluci n de la Cultura Celtib rica B seg n Almagro Gorbea et al 2001 C seg n Lorrio y Ruiz Zapatero 2007 D seg n Lorrio 2005 momento de su creaci n por parte de los autores grecolatinos Su inter s es evidente pues se trata de uno de los pocos casos en los que todas las fuentes analizadas coinciden en se alar su car cter c ltico al menos en los momentos de las Guerras con Roma As la aparici n de ciertos elementos de cultura material poblamiento ritual funerario ideolog a estructura socioecon mica etc caracter sticos del mundo celtib rico a lo largo de todo su proceso evolutivo permiten individualizar el momento inicial del mismo 219
los pueblos celtas  Figura 1. A, Mapa de las etnias hispano-celtas. B, Divisi  n entre las   reas ling    sticas indoeurop...
220 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica que habr a que situar en las tierras altas de la Meseta Oriental hacia los siglos VII VI a C o incluso antes En este sentido como veremos m s adelante ser a adecuada la utilizaci n del t rmino celtib rico para referirse a las culturas arqueol gicas localizadas en las tierras del Alto Tajo Alto Jal n y Alto Duero en la Meseta Oriental y el Sistema Ib rico ya desde sus fases formativas que cabe situar en las fechas citadas Fig 1 D La continuidad que se advierte a trav s de la secuencia cultural en este sector de la Meseta permite correlacionar las evidencias de tipo arqueol gico con las hist ricas o tnicas Fig 1 C dada su individualizaci n en un territorio que coincide casi por completo con el que los autores cl sicos atribu an a los Celt beros pueblo que como se ha se alado era considerado como celta En ese territorio al menos en poca hist rica se hablar a una lengua celta el Celtib rico la nica que sin ning n g nero de dudas ha sido identificada como tal en la Pen nsula Ib rica Fig 1 B Por otra parte el hallazgo de elementos que pueden ser considerados como celtib ricos en reas no estrictamente celtib ricas puede verse como un indicio de celtiberizaci n y por tanto celtizaci n de estos territorios Esto m s que ponerlo en relaci n con importantes movimientos tnicos debe verse como un fen meno intermitente de efecto acumulativo que cabe vincular con la imposici n de grupos dominantes seguramente en n mero reducido migraciones locales o incluso la aculturaci n del substrato De acuerdo con ello podr a interpretarse la dispersi n geogr fica de algunos elementos como las f bulas de caballito o ciertas armas t picamente celtib ricas v gr los pu ales biglobulares como indicios de esta expansi n y por consiguiente del proceso de celtizaci n tambi n documentado por la distribuci n de los antrop nimos tnicos Celtius y Celtiber y sus variantes o de algunos top nimos caracter sticos Desde el punto de vista ling stico se manifiesta por la aparici n de textos en lengua celtib rica fuera del te rico territorio celtib rico en su mayor a localizados en la Meseta pero tambi n en zonas m s alejadas como Extremadura Ello no excluye obviamente que hubiera otros hispano celtas diferentes de los Celt beros seg n parecen confirmar las fuentes literarias con respecto a los Berones o los C lticos de origen celtib rico seg n Plinio III 13 14 o que dicho proceso de celtiberizaci n se realizara en reas donde existiera previamente un componente celta por otra parte dif cil de determinar El panorama resulta especialmente complejo en relaci n a aquellos grupos tnicos cuyo proceso formativo es conocido a trav s de la Arqueolog a pero a los que los autores cl sicos en ning n caso consideran expresamente como Celtas y de los que se desconoce la lengua que hablaban o como ocurre con el lusitano su car cter c ltico est lejos de ser admitido un nimemente Dentro del mundo c ltico as entendido hay variabilidad en el tiempo y en el espacio y por tanto no se puede ver como algo uniforme y simple una realidad cuyos recientes conocimientos evidencian una importante complejidad Los Celt beros Los Celt beros son uno de los pueblos celtas mejor conocidos de toda Iberia6 La primera referencia a la Celtiberia se sit a en el contexto de la II Guerra P nica al narrar Polibio los proleg menos del asedio de Sagunto en la primavera del 219 a C Desde ese momento las menciones a la Celtiberia y los Celt beros son abundantes por ser stos uno de los principales protagonistas de los acontecimientos b licos del siglo II a C principalmente las llamadas Guerras Celtib ricas que culminar an en el 133 a C con la destrucci n de Numancia y su sumisi n a Roma Jugar an igualmente un papel destacado en otros episodios militares del siglo I a C como las Guerras Sertorianas Las fuentes literarias presentan a los Celtiberi como una poblaci n mixta celtas mezclados con iberos seg n Posidonio Diodoro Apiano o Marcial aunque seg n Estrab n prevalecer a el primero de estos componentes lo que coincide con las evidencias ling sticas onom sticas y arqueol gicas conservadas El t rmino habr a sido creado por los escritores cl sicos para dar nombre a un conjunto de pueblos hostiles hacia Roma que bien pudiera estar referido a los Celtas de Iberia a pesar de no ser los Celt beros como es sabido los nicos celtas de la Pen nsula Los Celt beros eran gentes de lengua y cultura celta de caracter sticas culturales bastante homog neas como demuestran su arte organizaci n social y creencias religiosas En su etapa final desarrollaron una importante cultura urbana al tiempo que destaca su epigraf a estatal en escritura ind gena y latina sus numerosas t seras de hospitalidad y su alto n mero de cecas que acu aron en bronce y plata Los Celt beros ser an un grupo tnico al igual que los Galos o los Iberos pues incorporan entidades de menor categor a como los Ar vacos Belos Titos Lusones y Pelendones El an lisis de tales etnias y su delimitaci n mediante la localizaci n de sus ciudades permite determinar unos l mites para la Celtiberia que en modo alguno hay que considerar inmutables extendi ndose por las altas tierras de la Meseta Oriental y la margen derecha del Valle Medio del Ebro 6 Una visi n de s ntesis sobre los Celt beros puede verse en los trabajos de Lorrio 2005 y 2008 Jimeno ed 2005 y Burillo 2007 trabajos que recogen la bibliograf a previa
220  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  que habr  a que situar en las tierras altas de la Meseta Oriental hacia los ...
los pueblos celtas Las posturas invasionistas que relacionan la formaci n del grupo celtib rico con la llegada de sucesivas oleadas de Celtas venidos de Europa Central est hoy totalmente desechada al no encontrar el necesario refrendo en los datos arqueol gicos Posturas m s recientes como la defendida por M AlmagroGorbea A Lorrio y G Ruiz Zapatero proponen buscar su origen en el substrato cultural indoeuropeo extendido en el Bronce Final a inicios del I milenio por el occidente y el norte de la Pen nsula Ib rica aunque tamizado por la llegada al Sistema Ib rico la futura Celtiberia de gentes procedentes de los Campos de Urnas del Valle del Ebro fen meno que cabe situar hacia el siglo IX o VIII a C en lo que se conoce como etapa Protoceltib rica Los datos de algunas necr polis como las fases I y II de Herrer a Guadalajara o la de San Pedro en Oncala Soria 7 resultan de gran inter s al proponer fechas muy tempranas anteriores al inicio de la Edad del Hierro para la llegada de estas influencias Durante el Celtib rico Antiguo ca 650 600 450 a C se registran en las altas tierras de la Meseta Oriental y el Sistema Ib rico importantes novedades algunas de las cuales van a caracterizar la Cultura Celtib rica hasta sus fases m s avanzadas Surgen ahora los primeros asentamientos estables en este territorio generalmente del tipo conocido como castro localizados en cerros de f cil defensa a veces protegidos por murallas Fig 2 1 8 Las casas de z calo de piedra y alzado de adobes eran de planta rectangular con muros medianiles comunes cuyas traseras se cierran hacia el exterior a modo de muralla o se adosan a sta y puertas abiertas al interior del castro donde se documenta un espacio central que cabe interpretar como calle o plaza urbanismo originario de los Campos de Urnas del NE Este modelo ser el tipo de vivienda celtib rica hasta poca tard a Fig 2 2 Los poblados m s grandes apenas tendr an unos pocos centenares de habitantes no se observa jerarquizaci n del territorio y las comunidades debieron ser peque as bastante homog neas y autosuficientes Su base econ mica ser a preferentemente agropecuaria pues si los diversos tipos de evidencias manejadas coinciden en mostrar el car cter eminentemente pastoril de la econom a celtib rica tambi n se practic una agricultura de subsistencia que permitir a la sedentarizaci n de la poblaci n y el que nicamente algunos de sus miembros se desplazar an en ciertos per odos del a o con el ganado La generalizaci n del castro trasluce una inestabilidad creciente consecuencia del 7 8 Sobre las fases antiguas de la necr polis de Herrer a I II vid Cerde o y Sagardoy 2002 31s Sobre la necr polis de San Pedro vid Tabernero et al 2010 Cerde o y Juez 2002 lvarez Sanch s Jimeno y Ruiz Zapatero eds 2011 aumento demogr fico y de la necesidad de defender su pagus generalmente un valle o peque o territorio como consecuencia del predominio de la ganader a en parte trashumante para evitar la aridez estival de las llanuras mesete as y la dureza invernal de las sierras con las consiguientes tensiones por el control de los pastos Este proceso favorecer a una organizaci n social cada vez m s jerar uizada que dar a lugar a q elites de guerreros que evolucionaron hacia clanes gentilicios hereditarios en un proceso paralelo a las elites de la Edad del Hierro del Noreste Corresponden tambi n a este momento la generalizaci n de los cementerios de incineraci n cuyos primeros ejemplos son algo anteriores como demuestra los casos ya citados de Herrer a y San Pedro Conocemos aunque de excavaciones antiguas la organizaci n interna de algunos cementerios con las tumbas alineadas en calles aunque los recientes trabajos en la necr polis de Inchidero Aguilar de Montuenga Soria 9 sugieren una mayor complejidad al observarse alineaciones de tumbas en su etapa inicial fechada entre finales del siglo VII inicios del VI y mediados del V a C y una reorganizaci n a partir de ese momento con calles de estelas que perdurar a en la zona celtib rica hasta sus fases m s avanzadas Fig 2 12 En otros casos como en las necr polis de Molina de Arag n y Sig enza Guadalajara las sepulturas aparec an cubiertas con encachados tumulares Algunos de estos cementerios como el de Carratiermes Soria llegaron a estar en uso desde el siglo VI hasta el I a C o incluso despu s las tumbas aparecieron distribuidas en dos sectores de enterramiento separados entre s unos 200 m con las tumbas m s antiguas en el rea central de la zona de la que proceden la mayor a de los conjuntos excavados10 Los ajuares funerarios revelan grupos con una incipiente diferenciaci n social y un componente guerrero indicado por algunas tumbas con armas que incluyen largas puntas de lanza aunque hallazgos recientes permiten plantear el uso excepcional de la espada durante esta etapa Encontramos durante el Celtib rico Antiguo todo un conjunto de cer micas y objetos met licos nuevos bastantes realizados ya en hierro sin antecedentes en las tradiciones alfareras y metal rgicas locales Destaca la importante actividad de los broncistas con un buen n mero de variados objetos relacionados con la vestimenta y el adorno personal algunos fabricados en talleres de mbito local o regional como ciertos modelos de f bulas las decoradas mediante adornos espiraliformes y las f bulas placa algunos modelos de broches de cintur n o distintos tipos de pectorales de espirales 9 Arlegui 2012 Argente et al 2000 10 221
los pueblos celtas  Las posturas invasionistas, que relacionan la formaci  n del grupo celtib  rico con la llegada de suce...
222 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 2 Celt beros 1 Vista del poblado de El Cereme o durante el Celtib rico Pleno 2 casa celtib rica con divisi n tripartita 3 Reconstrucci n ideal del oppidum de Numancia 4 f bula arg ntea de Driebes 5 t sera de hospitalidad de Contrebia Belaisca 6 denario de Sekobirikes 7 8 cer micas de Numancia con decoraci n simb lica 9 11 necr polis de Carratiermes pectorales y equipo militar 12 calles de estelas de la necr polis de Luzaga 13 14 necr polis de Numancia f bula de caballito y signa equitum 15 cer mica de Numancia con escena de exposici n de cad veres 16 casco de Muriel de la Fuente 17 santuario de Termes 1 seg n Cerde o y Juez 2002 2 seg n Ruiz Zapatero 3 seg n Jimeno 4 seg n Raddatz 1969 5 seg n Almagro Gorbea 1991 6 foto Real Academia de la Historia 7 11 y 13 16 foto A Plaza Museo Numantino 12 foto Museo Cerralbo 17 foto A J Lorrio
222  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 2. Celt  beros. 1, Vista del poblado de El Cereme  o durante el Celti...
los pueblos celtas o de placa Fig 2 9 10 dada su aparici n de forma exclusiva en los territorios orientales de la Meseta El an lisis de la cultura material de las necr polis y poblados de esta fase temprana de la Cultura Celtib rica pone de manifiesto igualmente la existencia de aportaciones de diversa procedencia y tradiciones culturales variadas el Mediod a peninsular la zona del Levante y el Sureste o el Valle del Ebro zona sta que cabe considerar esencial para comprender la llegada del ritual funerario de la incineraci n junto a las urnas que formar an parte de l o del poblado de calle central caracter sticos de los Campos de Urnas del Noreste En este sentido conviene traer a colaci n las inhumaciones infantiles en el interior de los poblados ritual caracter stico de los grupos de Campos de Urnas del Noreste que se atestigua en el centro de la cuenca del Duero en la cultura del Soto y luego ser habitual en el mundo ib rico Un nuevo per odo se desarrolla a partir del siglo V a C el conocido como Celtib rico Pleno 450225 200 a C en el que se observa la consolidaci n del poblamiento en las reas de la fase previa y la incorporaci n de nuevos territorios como la margen derecha del Valle Medio del Ebro Los poblados aumentan de tama o y se mantiene el asentamiento de tipo castre o Se generaliza el esquema urban stico ya conocido de calle o de plaza central Se adoptan nuevos elementos defensivos como murallas dobles y torres rectangulares mientras que los fosos son de mayor entidad que en la fase precedente con algunos ejemplos de los caracter sticos campos de piedras hincadas ya conocidos desde el Primer Hierro en los castros de la Serran a de Soria Adem s el n mero de asentamientos crece como tambi n lo hacen los cementerios conocidos algunos de los cuales presentar an las caracter sticas calles de estelas El n mero de tumbas de algunas necr polis da una idea de ello aunque en muchos casos dada la larga secuencia de uso de estos cementerios tales cifras engloben tambi n las sepulturas pertenecientes a la fase anterior o posterior lo que al tratarse de excavaciones antiguas no siempre es posible de determinar El n mero de enterramientos var a notablemente de unos cementerios a otros pues en Aguilar de Anguita se excavaron unas 5 000 tumbas en Luzaga se acercaban a 2 000 Gormaz ofreci unos 1 200 enterramientos Osma y Quintanas de Gormaz superaron los 800 en Almaluez se documentaron 322 tumbas mientras Alpanseque y Arc briga proporcionaron en torno a los 300 conjuntos y La Mercadera s lo unos 100 lo que puede darnos informaci n relativa al tama o de las comunidades con las que cabe relacionar estos lugares En esta fase la creciente diferenciaci n social se manifiesta en las necr polis con la aparici n de tumbas aristocr ticas cuyos ajuares est n integrados por un buen n mero de objetos algunos de los cuales pueden ser considerados excepcionales como es el caso de las armas bronc neas cascos pectorales y umbos de escudo o las cer micas a torno Este importante desarrollo aparece inicialmente circunscrito al Alto Henares Alto Taju a afluentes del Tajo as como a las tierras meridionales de la provincia de Soria correspondientes al Alto Duero y al Alto Jal n como resultado de la riqueza ganadera de la zona el control de las salinas todav a en uso hasta hace unos pocos a os la producci n de hierro o su privilegiada situaci n geogr fica al tratarse del paso natural entre el Valle de Ebro y la Meseta Las tumbas de mayor riqueza tienen espada pertenecientes a los modelos de antenas Fig 2 11 o de front n puntas de lanza escudo discos coraza e incluso casco Estos objetos muestran una sociedad fuertemente jerarquizada en las que las tumbas de mayor riqueza se vincular an con grupos aristocr ticos Es frecuente encontrar junto a ellos arreos de caballo un signo m s de la categor a del personaje al que acompa an En el nivel m s alto hay que situar enterramientos con numerosas armas entre las que se incluyen cascos escudos y pectorales de bronce verdaderas piezas de parada y arreos de caballo ser an los guerreros a caballo o equites que formaban la elite de la comunidad Por debajo estar an las sepulturas de guerreros con rico armamento integrado por espadas cuchillos lanzas y escudos Un tercer rango de tumbas con armas incluye ajuares m s pobres con s lo lanzas y escudos y alguna espada ocasionalmente La gran mayor a de los enterramientos corresponden a la masa de poblaci n campesina sin armas y con diversos grados de riqueza El an lisis del armamento y del resto de los objetos met licos f bulas broches de cintur n etc en muchos casos recuperados en las sepulturas pone de manifiesto las diversas influencias de la Cultura Celtib rica durante su fase plena norpirenaicas llegadas a trav s del Valle del Ebro mesete as en concreto con las tierras del Duero Medio y posiblemente con la zona abulense y de inspiraci n mediterr nea seguramente desde el Mediod a y el Levante peninsulares No obstante una parte destacada de estos objetos dada su tipolog a caracter stica fueran producidos con seguridad en centros metal rgicos localizados en la Meseta Oriental aunque es escasa la informaci n que poseemos al respecto Efectivamente durante los siglos V IV y en menor medida el III a C se va a asistir a un gran desarrollo de la metalister a celtib rica Prueba de ello es la aparici n en los ajuares funerarios del oriente de la Meseta de nuevos tipos de armas en muchos casos modelos de fabricaci n local y las ricas decoraciones damasquinadas que con frecuencia ofrecen stas Un hallazgo de excepcional inter s es el conjunto de cascos hispano calc dicos aparecidos en Aranda 223
los pueblos celtas  o de placa   Fig. 2,9-10 , dada su aparici  n de forma exclusiva en los territorios orientales de la M...
224 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica del Moncayo Zaragoza posiblemente una creaci n genuinamente hispana quiz s celtib rica que refleja la intensa y activa participaci n mercenaria en el Sur de Italia11 El elevado n mero de cascos dif cil de determinar aunque se situar a entre 10 y 20 ejemplares unido a las noticias sobre el lugar y disposici n de los hallazgos y la presencia de otros objetos singulares como pectorales que formaban parte del mismo dep sito sugiere una interpretaci n singular para el conjunto con hallazgos de otros cascos del mismo tipo en necr polis y dep sitos votivos o religiosos como el de Muriel de la Fuente Soria Fig 2 16 recuperado en un contexto fluvial singular12 o el conjunto de Aranda de Moncayo quiz s procedente de un posible santuario en el interior de un destacado n cleo de poblaci n lo que pone de manifiesto su fuerte significado simb lico El Celtib rico Tard o finales del III siglo I a C se configura como un periodo de profundo cambio en el que destaca la tendencia hacia formas de vida cada vez m s urbanas En relaci n con este proceso de urbanizaci n estar a la probable aparici n de la escritura que se documenta ya mediado el siglo II a C en las acu aciones numism ticas Fig 2 6 pero la diversidad de alfabetos y su r pida generalizaci n permiten suponer una introducci n anterior desde las reas ib ricas meridionales y orientales Este proceso contribuy igualmente de forma decisiva al desarrollo de las manifestaciones art sticas celtib ricas como la orfebrer a Fig 2 4 13 el trabajo del bronce Fig 2 13 14 las representaciones monetales Fig 2 6 y la producci n cer mica sobre todo las cer micas monocromas y pol cromas de Numancia Fig 2 7 8 y 15 A la vez se desarrollar un proceso de ordenaci n jer rquica del territorio en el que el car cter urbano de los oppida se define por su significado funcional m s que por el arquitect nico aunque se sepa de la existencia de edificios p blicos La aplicaci n de modelos urban sticos ortogonales tiene su reflejo en Numancia Fig 2 3 Un caso singular es el de La Caridad de Caminreal Teruel en el valle del Jiloca ciudad construida por iniciativa romana a finales del siglo II a C y destruida en el curso de las Guerras Sertorianas que presenta un urbanismo reticular con calles perpendiculares entre s carentes de enlosado aunque provistas de aceras y canales de captaci n y evacuaci n de aguas con insulae rectangulares como la llamada Casa de Likine una mansi n helen stico romana de dimensiones notables Son centros que acu an moneda con su nombre de plata en los m s importantes y son la expresi n de una organizaci n social m s compleja con senado magis Graells Lorrio y Quesada 2014 Graells y Lorrio 2013 13 Raddatz 1969 trados y normas que regulan el derecho p blico Los oppida como Numancia o Termes podr an tener unas pocos miles de habitantes en torno a 1 500 2 000 se ha calculado para la ciudad de Numancia en algunos casos como ocurre en Uxama con m s de un n cleo de enterramiento para la poblaci n Las excavaciones en la necr polis de Numancia14 han proporcionado 155 tumbas organizadas en zonas con espacios intermedios con menor densidad o incluso ausencia de sepulturas Las m s antiguas fechadas a finales del siglo III o inicios del II a C ocupan la zona central mientras que otros dos grupos m s modernos anteriores en cualquier caso al 133 a C se disponen en torno al primero con cambios significativos en las caracter sticas de los ajuares Las tumbas de rango m s elevado presentan elementos caracter sticos como armas y sobre todo f bulas de jinete Fig 2 13 y signa equitum Fig 2 14 Otras necr polis tambi n vinculadas a oppida ser an las de Uxama Termes o Arcobriga15 En otros cementerios desaparecen las armas lo que parece estar restringido a ciertas reas de la Celtiberia y pudiera traducir probablemente cambios en la ideolog a funeraria y en las maneras de significaci n del estatus social La joyer a acumulada en tesorillos familiares o dep sitos comunitarios y no en los enterramientos sustituye al armamento como elemento de estatus Fig 2 4 Adem s seg n las fuentes literarias y las cer micas de la ciudad de Numancia los Celt beros practicaron un ritual funerario destinado s lo a los guerreros ca dos en combate el rito de exposici n de cad veres para ser devorados por los buitres aves consideradas sagradas Fig 2 15 Una aportaci n relevante relativa a los santuarios celtib ricos proviene de la identificaci n en la cumbre de la acr polis del oppidum celtib rico de Termes Soria de un templum del siglo II a C y bajo l de una caba a cuyo origen se remonta a las fases iniciales de la Cultura Celtib rica situado todo ello al lado de una Pe a Onf lica con bothros Este complejo sacro en el arx de la antigua Termes Fig 2 17 constituye el heroon del fundador de la poblaci n de la que ser a el H roe ep nimo16 Este culto poli dico es claramente anterior a la dominaci n romana por lo que documenta el origen y desarrollo ideol gico urbano de los oppida celtib ricos en el que se identifican tradiciones celtas junto a una evidente aculturaci n helen stico romana en las formas de culto Las noticias proporcionadas por los autores grecolatinos y las evidencias epigr ficas van a permitir en esta fase final profundizar en la estructura so Jimeno et al 2004 Lorrio y S nchez de Prado 2009 16 Almagro Gorbea y Lorrio 2011 11 14 12 15
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los pueblos celtas ciopol tica de los Celt beros con organizaciones de tipo suprafamiliar instituciones sociopol ticas como senados o asambleas o de tipo no parental como el hospitium o la clientela as como entidades tnicas y territoriales que son conocidas por primera vez Tambi n ofrecen importante informaci n sobre la riqueza ganadera de los Celt beros pues con frecuencia se les exig a el pago de tributos mediante la entrega de sagos o mantos de lana y de caballos o incluso de pieles de bueyes Los diversos an lisis paleontol gicos que existen para el territorio celtib rico atestiguan que exist a una caba a variada ya desde los estadios iniciales de la Cultura Celtib rica en la que destacan los ovic pridosy en proporciones inferiores los b vidos los suidos y los quidos Los an lisis de los oligoelementos contenidos en los restos humanos hallados en la necr polis de Numancia han proporcionado una interesante informaci n sobre la dieta alimenticia de los numantinos rica en componentes vegetales con un papel destacado de los frutos secos bellotas y pobre en prote na animal La importancia de la actividad agr cola debi variar bastante de unas regiones a otras de la Celtiberia produci ndose una intensificaci n a partir de la fase m s avanzada de la Cultura Celtib rica El cultivo de cereales jug un papel determinante seg n confirman los diversos tipos de an lisis y las noticias dejadas por los escritores grecolatinos El hallazgo de restos de leguminosas sugiere rotaci n de cultivos y quiz s el cultivo de plantas forrajeras para el ganado La pr ctica del regad o es conocida a trav s de un documento excepcional como es el bronce latino de Contrebia fechado en el 87 a C Este documento hace referencia a una canalizaci n artificial de agua a trav s de un terreno adquirido a otra comunidad lo que lleva a pensar en la pr ctica de una agricultura intensiva ya desde inicios del siglo I a C Los hallazgos de diversos tipos de tiles agr colas como rejas de arado hoces azadas azadillas podaderas horcas etc documentan las distintas labores del trabajo agr cola preparaci n siembra recolecci n acarreo y mantenimiento A lo largo del siglo II a C los Celt beros protagonizaron uno de los principales episodios de choque destrucci n y absorci n del mundo celta por Roma las llamadas Guerras Celtib ricas17 de gran impacto en la sociedad romana al causar durante buena parte del siglo II a C continuas derrotas ante un enemigo te ricamente inferior El episodio final recibe el nombre de Guerra de Numancia y dur m s de 20 a os La larga duraci n del conflicto y su dureza se ha explicado por diversos factores Por un lado la guerra era para los Celt beros un fen meno de gran relevancia social que afectar a y condicionaba todo el siste Lorrio 2009 17 ma cultural y ser a un medio de conseguir prestigio y riqueza lo que explica las frecuentes razzias contra los territorios vecinos y la presencia como mercenarios al servicio entre otros de cartagineses y romanos lo que les permiti familiarizarse con las t cticas militares propias de estos pueblos Por otro durante los primeros a os del conflicto los romanos parecen no estar interesados especialmente en la conquista de la Celtiberia pues gran parte de los enfrentamientos se desarrollan en la periferia de su territorio y en muchos casos los generales se mov an m s para obtener un bot n cuantioso y su enriquecimiento personal que por razones estrat gicas lo que explica la dificultad de consolidar una frontera estable que durante mucho tiempo fue la franja celtib rica del valle medio del Ebro sin olvidar la biso ez de sus tropas a menudo desmoralizas por las continuas derrotas hasta el punto de que nicamente el genio militar de Escipi n Emiliano el vencedor de Cartago en la Tercera Guerra P nica tras disciplinar al ej rcito y con un desproporcionado despliegue hizo posible la conquista de la Celtiberia con la destrucci n de Numancia en el verano del 133 a C lo que no evit que a n a inicios del siglo I a C todav a se produjeran importantes revueltas en territorio celtib rico Los Celt beros y la Celtiberia todav a jugaron un relevante papel en acontecimientos posteriores como las Guerras Sertorianas dentro ya de las luchas civiles de la tarda Rep blica Romana pero el dominio de Roma en la Celtiberia estaba ya consolidado y culminar a en el siglo I d C cuando los antiguos oppida celtib ricos de Bilbilis Vxama Termes Numantia o Ercavica se han convertido ya en ciudades romanas incluso con rango de municipium La Meseta Central y Occidental Vacceos y Vettones Al Oeste de los Celt beros se localizaban los Vacceos que se extendieron por las llanuras sedimentarias de la cuenca central del Duero Son uno de los populi m s cultos de la Meseta seg n Poseidonio y aparecen ya citados por las fuentes en el a o 220 a C en la campa a de An bal por el interior de Iberia siendo actores destacados en las guerras de la conquista de la Meseta por Roma como confirman las campa as contra Cauca Intercatia y Pallantia durante las Guerras Celtib ricas18 El substrato cultural de esta regi n est representado por el grupo Soto de Medinilla ca 800 400 a C que define la Primera Edad del Hierro19 Las Para una s ntesis reciente sobre el tema vid Sanz y Mart n Valls 2001 Sanz y Romero eds 2007 Romero y Sanz eds 2010 19 Romero Sanz y lvarez Sanch s 2008 657ss 18 225
los pueblos celtas  ciopol  tica de los Celt  beros, con organizaciones de tipo suprafamiliar, instituciones sociopol  tic...
226 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica gentes del grupo Soto ofrecen los primeros asentamientos estables con ocupaciones largas poblados con casas redondas construidas con madera y adobe Fig 3 1 desarrollaron una econom a cerealista intensiva en los f rtiles suelos del fondo de los valles y compart an una cultura material m s o menos homog nea con una tradici n cer mica bien estandarizada y una metalurgia bronc nea en los primeros momentos que posteriormente dejar a paso al hierro Desconocemos el ritual funerario de las gentes del Soto lo que parece descartar la existencia de necr polis de incineraci n por m s que en ocasiones se aluda a esta posibilidad Los or genes del mundo del Soto en el Duero Medio son controvertidos Por un lado se ha destacado la discontinuidad respecto a la tradici n del Bronce Final Cogotas I y por otro se han buscado relaciones con los grupos de Campos de Urnas del Valle del Ebro especialmente con Cortes de Navarra lo que en ltima instancia permitir a rastrear el sustrato c ltico del Soto pero tambi n se han visto influjos meridionales en algunos de sus rasgos m s t picos Lo cierto es que las comunidades del Soto mantienen unos fuertes rasgos de identidad hasta fines del s V o inicios del s IV a C momento en el que se produce la celtizaci n efectiva y empieza a configurarse el grupo vacceo El surgimiento del mundo vacceo viene marcado por la aparici n de las primeras necr polis de incineraci n anteriormente desconocidas en la zona un patr n de poblamiento centrado en los oppida aut nticas ciudades de gran extensi n y la generalizaci n de la metalurgia del hierro y de las cer micas pintadas a torno A diferencia de sus vecinos Celt beros no existe una epigraf a ind gena ni tampoco acu aron moneda aunque se conozcan algunos tesorillos encontrados en contextos dom sticos en Pintia Fig 3 7 Pallantia o Roa cuya ocultaci n debe relacionarse con momentos de inseguridad que atesoraban junto a joyas de variada tipolog a como torques brazaletes pulseras arracadas o anillos un buen n mero de moneda de plata de procedencia celtib rica20 El poblamiento vacceo es concentrado articulado sobre grandes n cleos urbanos en general entre 5 y 20 ha aunque algunos podr a superar las 40 ha muy espaciados entre s y no jerarquizado un modelo de poblamiento que parece remontarse al siglo IV a C 21 Los oppida vacceos m s grandes debieron tener una poblaci n de unos pocos millares de habitantes entre 1 500 y 5 000 muchos m s de los que albergaban los poblados anteriores del grupo Soto Las ciudades vacceas entre las que destacar an las de Pallantia Rau da Cauca Pintia22 Fig 3 2 o Septimanca ofrecen murallas de adobe y madera con potentes fosos cuentan con reas residenciales amplias y arrabales fuera de las murallas con barrios artesanales como Carralace a en Pintia con alfares y grandes hornos cer micos Fig 3 6 basureros etc Calles m s o menos regulares delimitan manzanas abiertas a las calles aunque desgraciadamente conocemos poco los detalles del urbanismo vacceo por falta de excavaciones en extensi n En n cleos urbanos como Viminatio Brigeco o Amallobriga la fotograf a a rea permite percibir una ordenaci n regular con al menos una calle longitudinal a la que cortan otras transversales Las casas son de planta rectangular con muros de adobe manteados de barro compartimentaci n interna y cubiertas vegetales abiertas a las calles a veces empedradas con aceras y canal n central como en Melgar de Abajo Valladolid Se observa una cierta variabilidad en las caracter sticas de las unidades dom sticas y su organizaci n interna con viviendas de plantas sencillas junto a otras m s complejas con ejemplos en Pintia Fig 3 3 4 y Rauda En Las Eras de San Blas de Roa Burgos la Rauda vaccea se ha documentado una de estas viviendas relacionadas con el sector m s destacado de la poblaci n Fig 3 8 fechada entre finales del siglo III y mediados del II a C de planta rectangular realizada con armaz n de postes de madera y alzados de adobe abierta a una calle con p rtico de entrada cinco habitaciones de diferentes tama os y s tano con una zona noble de mayor tama o en la parte delantera y otras destinadas a labores culinarias y de almacenaje que incluyen una gran cocina y otras estancias m s peque as asociadas incluida la bodega en la zona trasera un elemento bien conocido en Numancia23 Menos informaci n tenemos de los lugares de culto aunque en el poblado de la Plaza del Castillo de Cuellar Segovia 24 se ha identificado lo que parece ser un santuario de culto dom stico fechado en el siglo V a C Estos centros urbanos fueron aut nticas ciudades estado y las fuentes subrayan la importancia de las ciudades vacceas cuando indican que las campa as romanas se hac an contra ciudades concretas o aluden a consejos de ancianos y asambleas que tienen la capacidad de elegir caudillos y realizar declaraciones de guerra Se ha considerado que la base esencial de su econom a era el cultivo extensivo de cereales a partir de la cita de Diodoro seg n la cual cada a o se reparten los campos para cultivarlos y dan a cada uno una parte de los frutos obtenidos en com n lo que ha llevado a asumir que los Vacceos ten an un r gimen comunal o colectivista agrario que quiz s haya que considerar como una respuesta a circunstancias hist ricas excepcionales marcadas por la guerra Sanz y Velasco eds 2003 Abarquero y Palomino 2012 24 Barrio 2002 22 Delibes et al 1993 21 Sacrist n 2011 20 23
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los pueblos celtas Figura 3 Vacceos 1 Viviendas y graneros del poblado de El Soto de Medinilla 2 7 Pintia 2 vista a rea con la localizaci n del oppidum de Las Quintanas con la propuesta de organizaci n urban stica la necr polis de Las Ruedas y el rea industrial de Carralace a 3 reconstrucci n de una vivienda con telar y hornos 4 5 vista de la estancia del banquete y ajuar dom stico procedente de la misma 6 horno 2 de Carralace a 7 tesoro de Padilla 3 8 casa noble del oppidum de Rauda 9 13 necr polis de Las Ruedas 9 pu al de tipo Monte Bernorio y tahal con decoraci n damasquinada de la tumba 28 10 pomo de un pu al del tipo anterior con decoraci n simb lica 11 estela con decoraci n zoomorfa 12 restos de la cremaci n y dos f bulas de la tumba 89 13 ajuar y ofrendas de la tumba 127b perteneciente a una ni a de clase alta 1 seg n Sanz y Romero eds 2007 2 3 y 6 seg n Sanz y Velasco eds 2003 4 5 y 13 seg n Romero et al 2009 7 y 9 seg n Sanz y Mart n Valls 2001 8 seg n Abarquero y Palomino 2012 10 12 seg n Romero y Sanz eds 2010 227
los pueblos celtas  Figura 3. Vacceos. 1, Viviendas y graneros del poblado de El Soto de Medinilla  2-7, Pintia  2, vista ...
228 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica contra los romanos aunque tradiciones comunales se han conservado en el Sayago Zamora hasta inicios del siglo XX La ganader a jug un importante papel en la econom a vaccea sobre todo el ganado vacuno y el ovino as como en menor medida el cerdo y el caballo ste relacionado con la importante caballer a vaccea y entre las actividades cineg ticas destaca el consumo de ciervos adultos El mundo funerario est caracterizado por las necr polis de incineraci n de las que lamentablemente apenas conocemos media docena La mejor estudiada es el cementerio de Las Ruedas localizado a unos 300 m de la ciudad de Pintia25 Fig 3 9 13 La comunidad enterrada en Las Ruedas con casi 300 tumbas excavadas revela una amplia cronolog a desde finales del s V a C a finales del s I d C con un modelo radial de ocupaci n del suelo cementerial y una diferenciaci n social clara evidencia de una sociedad fuertemente jerarquizada La c spide estar a ocupada por las elites ecuestres como la tumba 75 un jefe vacceo con 25 piezas de ajuar objetos met licos de gran valor como un pu al con damasquinados una caetra dos puntas de lanza un cuchillo un arreo de caballo muy complejo y un mango de hueso decorado el resto eran recipientes cer micos y adem s se depositaron algunas ofrendas animales Por debajo se han identificado otros dos rangos de tumbas ricas con numerosos objetos elementos importados y s mbolos de autoridad especialmente armas La mayor a de los enterramientos tienen ajuares con armas sencillas cer micas y adornos v treos El rango m s bajo est representado por los enterramientos sin ajuar con los restos cremados depositados directamente en hoyos excavados Por otra parte el cementerio debi ser un lugar de culto para los vivos como se deduce de la existencia de hitos externos para las tumbas estelas Fig 3 11 y de la no superposici n de enterramientos El armamento recuperado en Las Ruedas es una buena muestra de la particularidad del mundo vacceo con sus caracter sticos pu ales cortos con tahal Fig 3 9 10 en ocasiones con ricos damasquinados en plata los peque os escudos redondos conocidos ambos como tipo Monte Bernorio algunas espadas de tipo Miraveche en referencia a dos conocidas necr polis de las provincias de Palencia y Burgos donde se identificaron por vez primera tales objetos Algunas sepulturas ofrecen evidencias de banquetes funerarios relacionadas con el consumo de viandas y copas catinos o cr teras para la ingesta de bebidas alcoh licas sobre todo vino Fig 3 13 elementos met licos relacionados con el cocinado de carne a veces miniaturizados como parrillas pinzas y cuchillos de hierro as como restos faun sticos entre los que destaca la presencia de cordero Estas pr cticas de comensalidad se han documentado igualmente en ambientes dom sticos como en la estancia del banquete de Pintia de poca sertoriana Fig 3 4 5 donde seguramente ten an por objeto destacar el papel relevante de determinados personajes al tiempo que reforzar alianzas o apoyos con el resto de los estamentos26 Conocemos adem s otros rituales Uno es la inhumaci n bajo el suelo de las casas de ni os con menos de un a o aunque tambi n se documentan dep sitos rituales de animales en ambientes dom sticos como en la citada casa de Roa que se relaciona con pr cticas funerarias del Valle del Ebro y en ltima instancia del rea mediterr nea Otro era la exposici n de cad veres a los buitres reservado para los guerreros ca dos en combate que tiene buena documentaci n textual e iconogr fica en el grupo celtib rico del que existen posibles evidencias en la necr polis de Pintia De manera que en general el mundo funerario vacceo nos remite a las tradiciones mortuorias del rea celtib rica y por tanto refuerza la idea de una aculturaci n desde las tierras orientales de la Meseta En las penillanuras y sierras del occidente de la Meseta y especialmente entre el Tormes el Duero y el Tajo los escritores romanos situaron a los Vettones uno de los m s importantes populi de la Hispania Celta27 de vocaci n predominantemente ganadera En esta regi n al desaparecer el grupo del Bronce Final de Cogotas I sigue otra etapa todav a mal conocida caracterizada por asentamientos encastillados como Los Castillejos de Sanchorreja vila o El Berrueco El Tejado Salamanca en las zonas serranas y asentamientos abiertos del tipo Soto el grupo de la Primera Edad del Hierro en el Duero Medio en las tierras m s pr ximas al Duero Las comunidades de las zonas serranas demuestran una fijaci n al territorio desconocida hasta entonces y son receptoras de importaciones y productos del mundo tart sico Fig 4 1 2 conformado por el est mulo de los comerciantes fenicios establecidos en las costas de Andaluc a Destacan los conocidos bronces de El Berrueco representaciones de divinidades femeninas de origen orientalizante Fig 4 1 pero tambi n vajilla ritual y joyas Fig 4 2 y el modelo de sus caracter sticas esculturas de toros y verracos A lo largo del s V a C se produce en estas tierras occidentales de la Meseta una importante transformaci n por un lado un abandono o traslado de parte de los n cleos m s importantes y por otro un descenso dr stico de los intercambios que hab an llegado desde el Sur al haberse producido el colapso de Tartessos Romero et al 2009 242s lvarez Sanch s 1999 2003 y 2008 ed S nchez Moreno 2000 Barril y Gal n eds 2007 26 27 Sanz 1997 25
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los pueblos celtas A comienzos del s IV a C asistimos a una serie de novedades que han venido atribuy ndose a un proceso de celtizaci n cuyos or genes deben buscarse en el rea celtib rica Los cambios se resumen en el aumento de los poblados fortificados muchos de ellos de nueva planta y m s grandes que los de tiempos precedentes la expansi n del ritual de la incineraci n y cementerios con armas y por ltimo las innovaciones en la cultura material que incluyen la generalizaci n de la metalurgia del hierro y las primeras producciones cer micas a torno Este grupo arqueol gico se ha denominado Cogotas II o tambi n Cultura de los Verracos por sus toscas y caracter sticas esculturas zoomorfas labradas en granito muy abundante por toda la zona monta osa de esta regi n La gran reorganizaci n del paisaje social iniciada en el s IV a C se extender hasta el s II a C La tierra parece ser el nuevo valor econ mico y en el caso vett n especialmente los pastos dada la orientaci n preferentemente ganadera de sus gentes b sicamente vacas ovejas cabras cerdos y caballo aunque tambi n se practic una agricultura de subsistencia b sicamente de tipo cerealista de secano trigo y cebada adem s de leguminosas y bellotas As se puede entender la fuerte ocupaci n de reas privilegiadas como el Valle del Ambl s vila o el interfluvio Yeltes Agueda Salamanca con una fuerte compartimentaci n del territorio entre comunidades que residen en grandes castros que pueden ser mejor calificados como oppida y la utilizaci n de los verracos como elementos ordenadores de los espacios de pastos Los elementos m s caracter sticos del grupo vett n son los castros y oppida los cementerios las famosas esculturas zoomorfas y ciertos tipos cer micos como las cer micas con decoraci n a peine y algunas armas y adornos met licos Los asentamientos vettones son en su gran mayor a de nueva planta y se emplazan en lo alto de cerros en espigones fluviales meandros y en ladera de valles Se dotan de buenas defensas con fosos campos de piedras hincadas y murallas de piedra con torres y bastiones macizos en ocasiones y los m s importantes como Las Cogotas Fig 4 3 4 28 La Mesa de Miranda Yecla de Yeltes Saldeana o El Raso encierran grandes superficies de entre 20 y 70 ha con varios recintos de muralla t picos del rea vettona aunque algunas zonas seguramente se destinar an a guardar ganado Estos grandes asentamientos pudieron alcanzar poblaciones entre 800 y 1 500 personas aunque la mayor a de los vettones viv a en peque as granjas sin fortificaciones o estructuras complejas donde se concentrar an unas pocas familias No hay un urbanismo ortogonal y el caser o es de unidades dom s ticas normalmente exentas con plantas cuadradas o rectangulares que se adaptan a la topograf a del interior de los castros Conocemos bien el caso de El Raso de Candeleda vila uno de los m s destacados oppida de la Meseta Central localizado en la vertiente meridional de la Sierra de Gredos29 El poblado estuvo ocupado entre finales del siglo III y mediados del I a C El abandono del lugar se produjo en poca de C sar como confirma un tesorillo formado por varias piezas de plata un torques un brazalete una pulsera y una f bula Fig 4 6 y cinco denarios republicanos que apareci escondido bajo el suelo de una vivienda Las casas formaban manzanas cerradas con las puertas abiertas en diferentes direcciones lo que permite identificar espacios de circulaci n o calles en general irregulares Presentan plantas cuadrangulares con z calo de mamposter a y alzado de tapial y construcciones circulares como despensas Ofrecen diversos compartimentos aunque todas coincidan en presentar una cocina con el hogar en su centro adem s de un banco y algunas con porches en los accesos principales Fig 4 5 La mayor a ten a un telar y s lo algunas un peque o horno metal rgico a veces localizado fuera de la vivienda En algunos casos se levantaron casas fuera de los recintos amurallados y las fuentes cl sicas refieren la existencia de un arrabal en la conquista de Salmantica por An bal en el 220 a C En conjunto es una organizaci n interna bastante diferente al modelo urbano celtib rico o vacceo Es poca la informaci n sobre los edificios p blicos aunque conocemos posibles reas sacras o rituales en el oppidum de Ulaca Solosancho vila Se trata de dos estructuras labradas en la roca un santuario con un altar de sacrificios y una sauna30 El santuario es una estancia rectangular tallada en la roca que probablemente debi estar cubierto y al lado se labr en una gran pe a un acceso con escalones dobles a la parte superior una especie de plataforma con varias cazoletas comunicadas entre s por las que pod an circular l quidos Fig 4 8 El car cter sacro de la estructura se puede establecer por paralelos de poca romana el m s expresivo de los cuales es el santuario portugu s de Pan ias con inscripciones latinas que aluden a los sacrificios de animales realizados all Las entra as de las v ctimas se quemaban en nichos o cubetas y la sangre vert a en otras cavidades hacia la parte baja de la pe a mientras se rend a culto a las divinidades La sauna de Ulaca es una estructura rectangular tambi n tallada en la roca que cuenta con tres espacios una antec mara m s amplia una peque a c mara con dos bancos a cada lado y el horno o la c mara de fuego Se ha relacionado con ba os inici ticos de guerreros como las pedras formosas Fern ndez 2011 Ruiz Zapatero 2005 29 Ruiz Zapatero y lvarez Sanch s 1995 28 30 229
los pueblos celtas  A comienzos del s. IV a.C. asistimos a una serie de novedades que han venido atribuy  ndose a un proce...
230 PRotoHISTORIA DE LA PEN nsula ib rica Figura 4 Vettones 1 Bronce orientalizante de El Berrueco 2 arracada de Madrigalejo 3 4 castro de Las Cogotas reconstrucci n ideal del castro y vista de las fortificaciones del lado norte con murallas bastiones y barrera de piedras hincadas 5 6 oppidum de El Raso de Candeleda planta de la casa D1 y brazalete de plata de un tesorrillo 7 toros de Guisando 8 altar de Ulaca 9 10 aras votivas de Velico procedente del santuario de Postoloboso e Ilurbeda de San Mart n del Trevejo 11 16 necr polis de La Osera puntas de lanza y espada de tipo Alc cer do Sal de la tumba 1060 zona V 11 espada damasquinada de la tumba LX zona III 12 morillo y parrilla de la tumba 514 zona VI 13 14 caldero de la tumba 350 zona VI 15 broche de cintur n tumba 395 zona III 16 17 18 necr polis de Las Cogotas vaina y tahal de un pu al de tipo Monte Bernorio tumba 418 y pu al de front n tumba 605 1 2 6 9 y 16 seg n Barril y Gal n eds 2007 3 seg n Ruiz Zapatero y Alvarez Sanch s 1995 4 foto A J Lorrio 5 seg n Fern ndez 2011 7 8 foto J R lvarez Sanch s 10 foto J C Olivares 11 12 y 17 18 seg n E Cabr 13 15 seg n lvarez Sanch s 2009
230  PRotoHISTORIA DE LA PEN  nsula ib  rica  Figura 4. Vettones. 1, Bronce orientalizante de El Berrueco  2, arracada de ...
los pueblos celtas las famosas saunas de la cultura castre a del Noroeste Fig 7 7 y probar a la referencia de Estrab n que alude a los ba os de vapor que tomaban los pueblos de las inmediaciones del Duero Se conocen algunos dioses vettones aunque a trav s de aras votivas de poca romana como Velico con un conjunto de inscripciones procedentes de Postoloboso Candeleda junto al r o Ti tar y frente a la Sierra de Gredos Fig 4 9 o Ilurbeda Fig 4 10 Las necr polis vettonas mejor conocidas fueron excavadas en las primeras d cadas del siglo pasado Las Cogotas con 1 613 tumbas Fig 4 17 18 y La Osera con 2 230 tumbas Fig 4 11 16 Algunas excavaciones recientes han ampliado nuestros conocimientos del mundo funerario vett n pero con un n mero mucho menor de enterramientos como El Raso con 123 y otras necr polis de Extremadura Los cementerios vettones comparten una serie de rasgos propios 1 ritual de incineraci n 2 tumbas con urnas en hoyo a veces con peque as lajas de protecci n y en alguna ocasi n con estelas como en Las Cogotas y en peque os t mulos y encachados de piedra con ejemplos en La Osera o La Coraja 3 emplazamiento frente a las puertas de los poblados a cortas distancias 150 300 m 4 cercan a a corrientes de agua y 5 concentraci n de enterramientos en zonas bien delimitadas con espacios vac os entre ellas 4 en Las Cogotas y 6 en La Osera que se han interpretado como reas de tumbas de grupos familiares o linajes Los conocimientos astron micos de los vettones se ver an plasmados en el planteamiento de los cementerios como parece demostrar el caso de La Osera El hallazgo de dos cr neos inhumados se ha relacionado con ritos fundacionales y de clausura respectivamente del espacio cementerial31 En el extremo occidental del territorio vett n no se conocen cementerios bien porque no se han localizado o m s probablemente porque acaso compart an las costumbres funerarias de las reas atl nticas y del Noroeste peninsular que exclu an las reas cementeriales y cuyos rituales no han dejado huella arqueol gica reconocible Algunas de las tumbas de la necr polis de La Osera se encuentran entre las m s ricas de la Meseta como la 201 zona I II o la 514 zona VI pues conten an armas algunas excepcionales arreos de caballo confirmando el car cter ecuestre de los personajes enterrados y un servicio completo de banquete aristocr tico que en el caso de n 514 inclu a un morillo Fig 4 13 un caldero de bronce y su tr bede una parrilla Fig 4 14 unas tenazas y 3 asadores que cabe interpretar como elementos de prestigio vinculados a banquetes rituales de carne por parte de elites guerreras32 Otras Baquedano 2013 lvarez Sanch s 2009 31 32 tumbas aunque menos ricas proporcionaron piezas igualmente excepcionales en ocasiones damasquinadas como espadas y armas variadas Fig 4 11 12 broches de cintur n Fig 4 16 f bulas calderos Fig 4 15 etc El an lisis de los ajuares funerarios entre los siglos V y II a C ha permitido una lectura social de las comunidades vettonas El cementerio de Las Cogotas ilustra bien el modelo de sociedad De las 1 447 tumbas publicadas s lo 224 conten an ajuar lo que representa un 15 5 del total Los rangos o categor as identificadas son las siguientes 1 guerreros con ajuares suntuarios armas y arreos de caballo Se pueden diferenciar varios niveles de riqueza y constituyen poco m s del 18 de las tumbas con ajuar Entre las armas hay espadas de antenas con sus vainas decoradas con nielados de plata algunas espadas largas de La T ne y algunas falcatas la famosa espada ib rica de hoja curva pu ales de tipo Monte Bernorio Fig 4 17 de front n Fig 4 18 y dobleglobulares umbos y abrazaderas de escudos puntas de lanza y excepcionalmente cascos 2 artesanos con punzones y algunas herramientas que representan alrededor del 5 3 mujeres en general asociadas a fusayolas y peque os adornos brazaletes anillos f bulas son casi el 20 y 4 individuos sin adscripci n especial con ajuares pobres vasos cer micos y algunos adornos sencillos que suponen la gran mayor a con un 57 5 del total de tumbas con ajuar Por debajo quedar a la gran masa de poblaci n sin ajuares en las tumbas que presumiblemente corresponder a a los simples campesinos y tal vez tambi n a individuos no libres o esclavos Los verracos son las t picas esculturas vettonas de cerdos y toros est n talladas en bloques de granito y representan siempre los animales de cuerpo entero con sus pedestales Fig 4 7 Los tama os var an de algo menos de un metro de longitud y medio de altura a piezas muy grandes que superan los dos metros y medio Dentro del esquematismo con que son esculpidos a veces se a aden detalles anat micos como los rganos sexuales muy marcados se trata siempre de machos Las esculturas cerca de 400 conocidas en la actualidad se extienden por el occidente de la Meseta Extremadura y la regi n portuguesa de Tras osMontes Constituyen una manifestaci n cultural espec fica de los vettones sin paralelos en otros grupos c lticos peninsulares La cronolog a de los verracos casi siempre hallados fuera de contextos arqueol gicos bien definidos es dif cil de establecer en cada caso pero en l neas generales su presencia en castros no romanizados permite una dataci n entre los siglos IV y I a C con el abandono de los mismos ante la conquista romana En algunas esculturas las inscripciones latinas que portan llevan a fechas de los sig