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Homenaje 

la 

poco conocida 

poesía 

de 

José Saramago

Este número de la revista lo dedicamos a la poco conocida poesía de José Saramago. Algunos poemas se publicaron en 1966. El propio autor dijo que por aquel entonces, como no sabía lo que le depararía el futuro los tituló "Los poemas posibles". Otros los escribió cuando apenas tenía veinte años. Ya entonces prevalecía un compromiso por no callar, un reproche por haberlo hecho con ciertas cosas pues sabía que ya le sería imposible decirlo todo.

Cuando se publicó su poesía completa el propio autor, con verdadera humildad, se preguntaba si merecía la pena tanto esfuerzo editorial pues no creía que su poesía tuviera el peso y la profundidad que después adquirió su creación de ficción. Pero en sus poemas pueden ser encontrados nexos, temas y obsesiones que constituirían el eje central de su trabajo literario. Él mismo señalaba que como escritor se había movido en el lugar oscuro que era él. Su tiempo interior fue el que poco a poco convirtió al incipiente poeta en magnífico novelista.

Así que proponemos asomarnos al embrionario tratamiento de temas y obsesiones que después consolidó en su prosa posterior. Disfrutemos ese momento inicial.

En esta esquina del tiempo


En esta esquina del tiempo es donde te encuentro,

Oh nocturna ribera de aguas vivas

Donde los lirios abiertos adormecen

El dolor de las horas corrosivas.


Bogando entre las márgenes de tus brazos,

Los ojos en las estrellas de tu pecho,

Doblo la esquina del tiempo que resurge

Del móvil cuerpo de agua en que me echo.


En la secreta matriz que te modela,

Un pez de cristal suelta delirios,

Y como otro sol se cierne, brillando,

Sobre el agua, las márgenes y los lirios.

Enigma

Un nuevo ser me nace a cada hora.

El que fui, ya lo he olvidado. El que seré

No guardará del ser que soy ahora

Sino el cumplimiento de cuanto sé.


Regla

Tan poco damos cuando sólo mucho

En la cama o la mesa ponemos de nosotros:

Hay que dar sin medida, como el sol,

Imagen rigurosa de lo que somos.


Otoño

No es ahora verano, ni me regresan

Los días indiferentes del pasado.

La primavera errada se ha escondido

En un pliegue del tiempo arrugado.

Es todo cuanto tengo, un fruto solo,

Bajo el calor de otoño madurado.


No me pidan razones


No me pidan razones, no las tengo,

O daré cuantas quieran: bien sabemos

Que razones son palabras, todas nacen

De las mansas falsedades que aprendemos.


No me pidan razones para entender

La marea rebelde que me llena el pecho.

Mal en este mundo, mal con esta ley:

No hice yo la ley ni el mundo acepto.


No me pidan razones, o que las disculpe,

De este modo de hablar y de destruir:

En la más oscura noche es donde amanece

El color de primavera, el porvenir.

En esta guerra secreta


En esta guerra secreta en que persisto,

Todo es correcto, no deseo paz.

Y si no siempre huyo de la vieja costumbre

(Heredada de otros tiempos)

De golpear en mi pecho con los puños,

No es por el gusto de gritar desgracia,

Sino porque la vida pasa,

E incluso cuando acepto,

El corazón a la espera desespera.



En el silencio de los ojos


¿En qué lengua se dice, en qué nación,

En qué otra humanidad se ha aprendido

La palabra que ordene el desconcierto

Que en este remolino se ha tejido?

¿Qué murmullo de viento, qué dorados

Cantos de ave posada en altas ramas

En sonidos dirán las cosas que, callados,

Con el silencio de los ojos confesamos?

Declaración


No, no hay muerte.

Ni esta piedra está muerta,

Ni muerto está el fruto que ha caído:

Les da vida el abrazo de mis dedos,

Respiran en la cadencia de mi sangre,

Del aliento que los ha tocado.

También un día, cuando esta mano se seque,

En la memoria de otra mano perdurará,

Como la boca guardará callada

El sabor de las bocas que ha besado.


Cuerpo-Mundo


¿Qué caminos de tu cuerpo no conozco,

A la sombra de qué valles no dormí,

Qué montañas no escalé, qué lejanías

No abarqué con mis ojos dilatados,

Qué torrentes no pasé, qué ríos profundos

La desnudez de mi cuerpo no cruzó,

Qué playas perfumadas no pisé,

Qué selvas y jardines, qué descampados?

Amanecer


Navego en el cristal de la madrugada,

En la dureza del frío reflejado,

Donde la voz ensordece, laminada,

Bajo el peso de la noche y el gemido.


Abre el cristal en nube desmayada,

Huye la sombra, el silencio y el sentido

De la nocturna memoria sofocada

Por el murmullo del día amanecido.



Todavía ahora es la mañana


Todavía ahora es la mañana, y ya los vientos

Sosiegan en el cielo. Poco a poco,

La niebla antigua y densa se levanta.

Rabicundo, el sol abre un camino

En la plata nublada de estas aguas.

Es la mañana, amor mío, la noche huye,

Y en la miel de tus ojos oscurece

Lo amargo de las sombras y de las penas.

Vengo de lejos, lejos


Vengo de lejos, lejos, y canto sordamente

Esta vieja, tan vieja, canción de rimas tuertas,

Y dices que la canté a otra gente,

Que otras manos me abrieron otras puertas:


Pero, amor mío, yo vengo a este paso

Y grito, desde la lejanía de los caminos,

Desde el polvo mordido y el temblor

De las carnes maltratadas,

Esta nueva canción con que renazco.


Poema seco


Quiero excusado y seco este poema,

Breve estallar de tallo remordido

O crujir de suelo donde no danzo.

Quiero ir más allá con ojos bajos,

Amasados de pena y de silencio,

Porque todo está dicho y ya me canso.

Música


Grave son de alegría, el violonchelo

Pasa lento en el alma, y en ella vibra:

Murmuremos entonces al cuerpo doble,

A las bocas y manos, a los desmayos,

A las secretas búsquedas que no temen

Ni vergüenza, ni dolor, ni la verdad:

Esto es amor, un arco de alegría

Sobre la cuerda tensa del orgasmo.

Probablemente alegría


En la isla a veces habitada de lo que somos,

Hay noches, mañanas y madrugadas

En que no necesitamos morir.

En ese momento sabemos todo lo que fue y será.

El mundo se nos aparece explicado

Definitivamente y entra en nosotros

Una gran serenidad,

Y se dicen las palabras que la significan.

Levantamos un puñado de tierra

Y la apretamos en las manos.

Con dulzura.



Allí está toda la verdad soportable:

El contorno, la voluntad y los límites.

Podemos en ese momento decir

Que somos libres, con la paz y con la sonrisa

De quien se reconoce y viajó alrededor

Del mundo infatigable,

Porque mordió el alma hasta sus huesos.

Liberemos sin apuro la tierra

Donde ocurren milagros como el agua,

La piedra y la raíz.

Cada uno de nosotros es en este momento la vida.

Que eso nos baste.

 

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voz e ilustraciones de JARomán

música de Tom Fhy

Op5 (CC)