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nº 8 enero 2018

Taller Horizontal de Narrativa

"En 

Busca 

del 

tiempo vivido"

La Libélula

Este número está dedicado al Taller Horizontal de Narrativa "En busca del tiempo vivido" que Encuentro de Creadores de Galapagar lleva a cabo en colaboración con la Biblioteca municipal de Galapagar. Contiene tres relatos derivados de una vivencia narrada muy emotivamente por Antonio Vázquez. 

Tres miembros del taller, Cristina Amboage, Josefina García y J. A. Román eligieron la narración de Antonio y con su imaginación la convirtieron en relatos.

La terapia de la libélula

Encontré al paciente de la habitación 631 sentado en el sofá para visitas, junto a la cama. No pronunció una sola palabra en todo el día, pero tampoco nos opuso resistencia. Tras varios tests realizados, comprobé que su percepción se encontraba adormecida. Miraba hacia la cama, pero difícilmente veía en ella un objeto concreto. Del mismo modo estaba mermada su capacidad auditiva. Esa misma noche, le administré la dosis prescrita para fortalecer sus órganos.

Al día siguiente hallé de nuevo al enfermo sentado, pero esta vez comprobé que su campo de visión se había ampliado y enfocaba bien. Reaccionaba igualmente ante los distintos estímulos sonoros. Éste despertar de sus sentidos le llevó a querer comunicarse conmigo y con unos pocos gestos me hizo entender que era capaz de escuchar una pena, un sufrimiento que era suyo, pero que no estaba con él, aunque lo sentía muy cerca, en la habitación de al lado. El diagnóstico era claro. El paciente sufría una clara fractura entre sujeto y dolor que en esta ocasión se manifestaba en forma de lamento. Su volumen e intensidad crecían con el paso de las horas y muy pronto el sollozo se hizo llanto. 

¿Cómo atraer un dolor esquivo a su legítimo dueño? No existe un terapia concreta para este tipo de afección.Debemos contar en cada caso con la intuición y el ingenio del paciente. No es un proceso fácil y a veces la enfermedad se hace crónica. 

Tras varios días inmóvil, ayer a media tarde, el enfermo se levantó. Abrió su bolsa de viaje, sacó de ella una figurilla con forma de libélula que, según me contó más tarde, le acompañaba siempre, salió al pasillo y entró sin llamar en la habitación 633.

Su dolor le esperaba en forma de llanto de niña rubia, pequeña y con ojos claros. Tenía un pie vendado.Él le mostró la figurilla. No llores más, le dijo. Verás cómo esta libélula captura el dolor de tu pie y se lo lleva volando. Y sin esperar respuesta, colocó el diminuto animal sobre la venda. Se sentó después junto a la niña y le ofreció una sonrisa leve. Ésta, sorprendida, dejó de llorar. Poco a poco la sorpresa dio paso a la calma y enseguida se durmió. 

El paciente de la habitación 631 recogió entonces con cuidado la libélula, volvió a su habitación, la colocó en su bolsa de viaje y se tumbó en la cama. Las lágrimas le inundaban el rostro. 

Cristina Amboage

La libélula

Miré a mi compañera del tren; estábamos en esos asientos de dos frente a dos, en los que tienes tan poca intimidad

Era una mujer joven, y parecía estar hablando consigo misma; el gesto algo rígido, seria, distante, como si no estuviera… No se fijaba en el impresionante paisaje del puerto, verde y roca, a veces entrevisto entre túnel y túnel, otras mostrándose brévemente con toda su belleza.

Sacó del bolso algo metálico: una hermosísima libélula que emitía tonos irisados. Qué pieza tan magnética; la desconocida pareció sonreír brévemente.

Vino a mi mente aquello que estudiaba en los libros de texto del instituto como ejemplo de aliteración: “la libélula vaga de una vaga ilusión”…

Y yo, que estaba un poco muerta (un poco, se me había roto el corazón, pero no estaba partido, si no, no podría estar escribiendo esto), y, a pesar de que, como dijo Sergio Ramírez, las heridas del alma no se curan, reviví en unos instantes esa juventud llena de ilusiones, cuando tenías tantas cosas que descubrir, leer y vivir. Cuando había tantas puertas abiertas.

Muchas se fueron cerrando.


Pero la libélula y aquéllos recuerdos que me hizo evocar, entreabrieron una pequeña ventana, por la que entraba la tenue luz de la amanecida.

¿Cuánto que no leo poesía?: Neruda, Machado, Lorca…

¿Y el teatro, cuando respiras el mismo aire que los protagonistas y sientes en tu piel sus emociones?

¿Dónde está mi caballete y el estuche de óleos que me regalaron un cumpleaños?

Cuántos viajes por andar!

Me sentí más ligera. Los pesares llevan en su nombre su destino, y las ilusiones, en cambio, parecen que tienen alas con las que te elevas un poco. Alas de libélula.

A mi compañera de viaje debió de pasarle algo parecido; su postura se hizo más flexible, miró un instante el paisaje, acarició la libélula... nos miramos brevemente y luego las dos miramos al hermoso objeto que sostenía en sus manos.

Se bajó en la siguiente estación. Yo continué hasta el final del trayecto. No era una princesa, estaba triste, pero menos...

Josefina García

La libélula

A veces, el azar escribe guiones sorprendentes para la vida de las personas. Es lo que pensé aquel día que comenzó con un desayuno peculiar. 

Estaba esperando a mi amigo Antonio para desayunar en la cafetería de la esquina de una calle cualquiera. De vez en cuando nos citábamos para charlar de nuestras cosas mientras desayunábamos. Ese día se estaba retrasando. Me entretuve dibujando sobre una servilleta lo que parecía un insecto raro. De repente oí su voz a mi espalda: "Eso parece una libélula". Nos dimos la mano y se sentó frente a mí. Continuó diciendo: "Me recuerda a una libélula de metal con alas de cristal engarzado, de varias tonalidades de verde, que tenía en casa". Calló por un tiempo que se me hizo muy largo. Yo no me atreví a decir nada. Creí necesario respetar aquel respiro, que se daba a sí mismo, mientras parecía hurgar en algún rincón de su memoria. Aguardé intuyendo que algo especial estaba pasando.


"Esa libélula", continuó al fin, "dejó una profunda huella en mi vida". Volvió al silencio como si necesitara alimentarse de él mientras se limpiaba las gafas con cierto temblor en las manos. "Hace mucho tiempo, mi hija se hallaba en el hospital por un problema poco importante". Otra breve pausa y continuó: "Recuerdo con nitidez que en la cama contigua había una niña, más o menos de la misma edad, que no paraba de quejarse llorando. Me enteré después que tenía unos dolores muy fuertes, a causa de una enfermedad de las denominadas raras. Los médicos no podían suministrarle mayores dosis de fármacos sin perjudicarla gravemente".

Se quedó un buen rato mirando al vacío. Yo no quería ni mover las pestañas para no perturbar el delicado clima que se había creado.

"Sentí una gran compasión por aquella indefensa, frágil y desgraciada personita", continuó no sin dificultad pues era evidente que la emoción le impedía hablar con fluidez. "Sus ojos me recordaron el color del cristal de la libélula que tenía en casa. Me sorprendí a mí mismo cuando mi boca dijo que al día siguiente le traería un regalo que la iba a confortar. Ella continuó con su llanto. Pareció no escucharme".

Antonio se movió nervioso en la silla para seguir diciendo: "Al día siguiente le llevé la libélula. Ella cesó en su habitual llanto tomando el regalo con cuidado entre sus manitas. Desde ese día cesó en sus quejas y sollozos. Se mantenía mirando fijamente al techo apretando la libélula contra su pecho". Él me miró desde sus ojos húmedos tras las gafas para terminar diciendo: " Fue un pequeño milagro".

Permanecimos en silencio mientras desayunábamos. Nos despedimos sin decir nada. Miré el reloj y rompí el embrujo en que me hallaba envuelto. La realidad me decía que tenía que apresurarme para llegar a tiempo al primer día de clase en la universidad. Mientras conducía con cierta precipitación para no llegar tarde, me fui construyendo el suficiente ánimo para inculcar a mis alumnos la importancia de la asignatura. Entré con paso decidido en la clase, miré hacía los alumnos y de repente algo hizo que me detuviera: sobre una mesa en la primera fila había una libélula metálica con alas de cristal engarzado de color verdoso. Levanté la vista hacia el rostro de la alumna sentada tras la mesa y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo: el verde del cristal se hallaba en sus ojos.

JARomán

Música de Tom Fahy                             Imágenes  y voz de JARomán

de su albúm "Lovers"

Set this house on fire (fragmento)

Drinking season

She



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