Este número de la revista está dedicado a Cuadernos para el tren, una publicación editada durante muchos años por la Tertulia Literaria Antonio Machado de Galapagar.

Cuadernos para el tren ha sido siempre ilustrada por numerosos artistas, entre ellos quizás el más conocido es Justo Barboza. Sus contenidos literarios han sido tanto poéticos como narrativos. En esta ocasión hemos querido señalar la parte poética. Hemos seleccionado unos pocos poemas de estilos muy diversos. El único elemento homogeneiador es precisamente la poesía.

 La crítica literaria Pilar Castro llegó a decir de esta revista:"Mi oficio es el de leer y han puesto en mis manos unos ejemplares que me han dejado sorprendida. Creo que pocas veces gente de tan variados oficios se reúnan en torno al oficio de escribir. Esto es lo primero que me ha sorprendido. Es una revista entrañable, culta, bonita, llena de sugerencias y está escrita a la sombra de la Literatura con toda su resonancia. Imágenes, textos, poemas, creo que todos podrían llevar el apellido de "poéticos" porque son de una sugerencia, de una calidez y un mimo que merece la pena pararse en esta revista".  

Hemos procurado que los propios autores grabaran sus voces leyendo sus poemas. En algunos casos no ha sido posible por ignorar su paradero o por indisposición, entonces otros hemos prestado nuestra voz. Las ilustraciones han sido realizadas por un artista gráfico habitual de Cuadernos para el tren: Pedro Gálvez.

La mayoría de los autores somos desconocidos para el público en general. Hay alguna excepción como la poeta María Jesús Mingot que a día de hoy ha publicado, entre otras cosas, tres libros de poemas.

Sólo nos queda desearos que disfrutéis escuchándolos o leyéndolos.

Olas

 

Olas como hoces encendidas

Cortando la playa.

 

Olas como guadañas

Segando la arena cálida y blanca.

 

Olas como rocas de esmeralda

Engarzadas en pálidos dientes

Que muerden la tierra en calma,

Mientras ésta, sorprendida, observa

La agitación sin tino

De la espuma que salta, rebota y brama

Y rumiando el día, termina en nada,

Porque serán los eones nebulosos

Los que cuenten en qué para

Tanto agobio y tanta cana,

Tanto arrebato y tantas mañanas.

 Víctor Galán

Perfil de atardecer

 

Como el mal anida en cualquier rincón del alma,

Es que debe haber alma.

 Como el bien se olvida en cualquier sala de espera,

es que debe haber esperanza.

 Como la duda es la moneda con que nos pagamos

las certezas

es que debemos ser seres ciertos.

 Como la búsqueda de la unidad

es el camino de perfección emprendido por Platón,

es que debemos ser únicos y perfectos.

 Quizá por todo ello tenemos el alma llena

con la esperanza cierta de ser únicos y perfectos,

pero…

¿Quién puede ver su alma?

¿Qué atardecer dibujará su perfil?

¿Qué amanecer descubrirá su ser?

Víctor Galán 

I

Una serpiente entre las piernas.

Blanco fundido. Zumba la calima de julio.

Una mujer violada, muerta.

El moco aún vivo, el hueso entre las piedras.

 

II

Bendición del día, la luz y el trabajo.

Bendición de la noche, placer del sueño.

 

III

Tiburón enjoyado, noche

De tuntún, lila espuma,

Sudor, honda cintura-mar

Aún la noche, flor de cacao.

 

IV

Oro gentil de mayo, la espléndida luz

Y el bullicio del alba. Atrás queda la noche

Y, otro día, la mañana alegre, y aún otra mañana.

 

V

La belleza os la dejo en la niña

Que acabo de alumbrar y morirá

Temprano. Ha nacido mi placer

Envuelto en sangre, y hay que madrugar,

Tener bueno el humor, llevar dinero,

Ir al mercado. Eso es la vida:

Una yegua en un prado y la niebla.

 

VI

Mayo de tardes lentas de amor

Ya, y sin planes ni cuidado: el sol

Es perfecto –y en la escena una brisa

Se desliza al acecho con la sombra

Del invierno. Así a quien nace avisan

Brindis y risas del yugo ancestral:

De día catinga y de noche miedo.

 

Fernando Polanco

Ayer, Hoy, Mañana

 

Ayer tuve hambre y sed por amar y quise amar.

Ayer amé y sentí vergüenza de ello.

Ayer amé una mirada, unos ojos que nunca supe su color.

Ayer amé una piel que me produjo escalofríos con su roce.

Ayer amé y lloré por su existencia, por su cobardía infantil

                                       Y por nuestro amor platónico.

Ayer amé con el beneplácito del mundo.

Ayer amé como un crío.

 

Hoy no quiero amar y me equivoco. Amo y yerro-

Hoy no quiero amar para no ver otra vez la alegría castrada.

Hoy no quiero amar para no encontrarme con la sangre seca de la esperanza.

Hoy no quiero amar para no ver los sueños futuros entre las realidades del pasado-

Hoy no quiero amar, no quiero amores oníricos, amores confundidos.

 

 

Hoy no quiero amar porque no sé amar y no quiero que me amen.

Hoy no quiero amar por no ver sentimientos pretéritos.

Mañana encontraré el pasado y el presente de nuevo.

Mañana encontraré al amor que me llamará y me repelará de nuevo.

Mañana encontraré al grito del ayer que me punzó

                el corazón e hizo sangrar mi alma

                en el lecho de mi deseada muerte.

Mañana encontraré el amor adulto, sereno, pero marchito

Mañana encontraré el amor sin sexo, sin pasión, pero moribundo.

Mañana encontraré el amor que el pasado y el presente me negaron.

 

Carlos Serna

Miedo, mucho miedo

 

Subió la marea y era de luz la pleamar

los hombres

que estaban en la playa

subieron a los bares

e intentaron ver desnuda

su verdad

 tomaron u n trago

los hombres

y, al contemplar

desvestida

y de adornos despojada

su verdad verdadera,

tuvieron miedo

mucho de verla corita

como del horno materno

dorada caliente y lozana

nacida recién

 bajo la marea y fue bajamar

 

 

 

corrieron de nuevo los hombres

y bajaron a la tostada orilla

y sobre la arena

durmieron y soñaron

 saqueada de ropa la playa

la mar las olas y el ritmo sonoro

se vieron y oyeron muy lejos

tal cual con atención se escucha

la sombra de las caracolas

 despertaron los hombres

erguidos sobre la arena

caminaron

y cuando salió la luna

aún jugaban con conchas

oliendo caparazones de crustáceo

que doblaban a fúnebre vacío de verdad que fue

no siendo ya

 Ramón Carramolino

Meteorología del ser humano

 

Mientras descuidas la aurora

y desprecias sus siluetas enigmáticas,

mientras has montado guardia en la nocturnidad de tu alma,

conscientemente,

mientras aclamas cada rayo que aparece

guiado, sin explicación.

Mientras la noche se despereza

y se abre paso la claridad;

cargas con tu historia, y te persigue.

 

I

Calla la grama y calla el calor,

huele a azul y huele a agua,

que es fría y estás desnudo;

cierras el cajón, esperas,

ante el silencio, con ojos abiertos, inmóvil,

la llegada de la misiva entre la ventisca.

 

  


II

Los pies marcan profundas huellas,

casi oquedades.

Bajo ellas, veo el silencio

de una época adormecida.

Mas, en el arrullo del camastro,

confío que la espera no sea eterna

 y con voracidad me aletargo entre mis sueños.

Temo las heridas de la madrugada.

¿Por qué ha sido tan oscuro este atardecer?

  

III

El despertar ha sido dulce

y el tañido ha vencido al adormecimiento.

Lento, pero revivido, vislumbro el calor

pulido y suave del sol.

El viento sur acerca la vida.

Decidido y ansioso

voy hacia ella.

 

 

IV

Cambia el paisaje,

mas éste, se modifica en mi ánimo.

Niebla y aturdimiento

se disipan por igual con sus alas

liberadas del peso del pasado.

Nadie te mandó hacerlo

pero has venido.

Pagarás con torpes versos tu atrevimiento

y con esquelas, lo que fui ayer.

 

V

¿Qué ha sido de mi lucidez?

¿y del vesánico en que me convirtió tu ausencia?

Devoto y piadoso,

me dejo en manos de tu ardid.

Es tiempo para taponar ciénagas

levantar altas atalayas

y divisar, más allá del horizonte,

las brumas casi ya desintegradas.

Tiempo para darme tiempo.

La llovizna no hará más que hacernos crecer,

y crecer en deseos,

¿Por qué resplandece hoy tanto este atardecer?

 L. Alfonso Cruz Naïmi

Horas muertas

Sólo pasaba entonces,

cuando terminaba el verano.

Sumía mis horas muertas en la quietud,

cejándolas perder en el aire seco.

 

Maldecía mi estupidez

por aquellas horas sin destino,

esfumadas.

 

Perdí momentos fragmentados de vida,

torturados y diluidos en sábanas calientes,

empapadas de sudor.

Sudarios.

 

Volvía luego, por la noche, a soñar.

De cuando en cuando despertaba sin aire,

con angustia estrangulada.

Y mi alma topaba en la brusca oscuridad.

Y volvía a respirar.

 

Hacía viajes fugaces al espejo,

buscando la imagen

de boca seca y mirada perdida,

de soledad hilvanada en los años.

 

Más tarde me enfrentaba al cuaderno vacío,

abierto con una página blanca,

herida por la pluma,

con un recuerdo de ausencia,

un borrón sin sentido.

 

Y veía, irrecuperables, a lo lejos,

mis horas muertas por los desagües del verano-

Y gritaba sin voz, con un susurro de impotencia.

 

Venancio Díaz Gastán

¿Qué capitán es este,

Qué soldado de la guerra del tiempo?

 

A veces me pregunto si envejezco

y me miro y remiro en el espejo

notario de mis sienes plateadas

y la orografía quebrada de mi rostro.

Imagino entonces la sonrisa descarnada

con la que enfrentaba el paso de las horas

cuando desconocía el cincel del minutero

y era ajeno a la magnitud de los segundos.

 

Ahora sé de los inviernos glaciares

y de la guerra civil de los minutos.

De la incendiaria quietud de las esperas

y los lluviosos otoños recorridos.

De la pérdida de la razón por horas

y del tenue sol de primavera.

De la medida infinitesimal de tus mejillas

y del aire abrazador de los estíos.

 

Nada tan liviano y abrasivo

como el tiempo transcurrido.

 Jacobo Noharbe

Érase una vez un magnolio azul

 

Era una vez el sueño más soñado.

Era un instante azul de balaustrada

-donde presa la mía en tu mirada-

bajo el magnolio azul enamorado.

 Bajo el magnolio azul, más que azulado

tu  sonrisa de añil y suspirada

la promesa de amor encarcelada

que el destino indulgente ha liberado.

 Y mi cara de azul entre la gente.

Y un corazón azul contra corriente.

Y aquel mar de color imaginado.

 Y el magnolio  sin ti sobre las olas.

Tú que eras espuma y caracolas,

Y él que fuera por ti verdeazulado.

 María Nevado

Yo ya sé que es inútil

 

Yo ya sé que es inútil.

Que aguardarlo es locura.

Cuantas veces le busque, furtiva entre los restos,

empujando sus besos,

su propina de abrazos,

su espuma de deseo,

sacudirá el silencio el impulso suicida que me llevó a su casa

a cuya puerta espero, hilvanando estaciones.

Me ocurre a cualquier hora:

En medio de la noche o al llegar a mi cuarto

donde también respiro la ausencia de su carne.

 

Que me atrevo a tocarle

Que es juego compartido aquel que es mío sólo.

Tiempos, ciudades, nombres equivocan el rumbo

para hacer de los sueños materia de presente,

ternura que padezco con el mismo sigilo con el que cae la noche

bajo el arado trémulo de la tarde avanzada.

Y de pronto lo sé

Que me cepillo el pelo,

que repongo mi ropa y releo los libros donde crece la vida,

como si cualquier día

estuviese previsto que pudiera

encontrarle:

como si nada fuese menos baldío que eso:

el seguirle buscando detrás de los espejos aun

sin esperanza.

 

Yo ya sé que es inútil

Mª Jesús Mingot

Hoy

El amor y la muerte juegan a la ruleta rusa.

Dos balas en la recámara

Una para el amor, otra para la muerte.

Esta vez, la vida se salva.

En la próxima ronda sólo una bala.

Esta vez, la libertad muere y mata.

Hoy se me acabó el mañana

Tampoco tengo ayer.

Sólo me queda este hoy…

¡Un revolver vacío!

Rosa María Alonso

Textículos

 Introduje la luna bajo la piel

y emergió una joroba blanca

y me sentí bello como el azúcar

pero perdí mi empleo.

Me tatué a Einstein en la lengua

y me sentí sabio

pero me despojaron de mis títulos.

Me cambié de sexo

y creí entender a la mujer

pero me amputaron el pene.

Hice con mis extremidades una hermosa escoba

y creí barrer el mundo

pero me instalaron en una silla de ruedas.

Entonces comencé a leer libros

pero esta vez no pudieron impedirlo

pues sólo leía los aún no escritos.

 Algún día, tras la muerte,

las manos con que escribo este texto

dejarán de ser mis manos.

Habré encontrado la verdadera soledad,

la de la materia.

Entonces comenzará realmente la búsqueda,

Habré de preguntar a todos

si saben algo de mí

a los transeúntes

a los que están viendo la televisión

incluso a los muertos.

El miedo será tal que pensaré constantemente en la huida,

les diré que no contesten todavía para permanecer así

aunque sólo sea un instante más.

Tendré tanto miedo

que tendré miedo de asustar con mi miedo,

más que miedo será vacío de no encontrarme,

de confirmar que he desaparecido,

horror a que digan no,

a saberme inexistente.

JARomán

A tientas 

 Los timbales, como lámparas de azúcar,

estallan en mi pecho.

 Cae la luz en copos de ébano silencioso

Acariciando los metales,

Y la tensa llama en tu piel

Vibra como campana de saco

encerrada en un badajo de papel.

 Te has acercado hasta mis huesos

envuelta en pétalos de abrigo

como una caja de jazmines,

y en el rescoldo de una caricia

te has escondido de mi aliento un instante,

         hilo blanco entrelazado y en desorden.

 

Afuera, los cisnes olvidan su orgullo alado

en el barro frío de la noche,

mientras el fauno de cristal

separa extraños conciertos de almendras.

 A tientas, te amo,

latiendo, como vena de ciervo

que otea el silencio,

 y un caprichoso desvelo

me revela la hondura de tus besos…

Dante López

Para ti

 Te quiero sin que te tenga,

te siento sin poder verte,

te llevo sin saber donde,

te busco donde no hay nadie.

Quiero alcanzar con mis besos

la luz traviesa de tus ojos

y que descanse en tu regazo

mi desvelo impenitente.

 Sin ti, soberana de mi vida,

milagrosa frontera de mi ser,

sin ti mis horas se marchitan,

sin ti ¿qué parte soy de mi?

Frágil como la luna

tu mirada es matinal,

tus besos, enloquecidos

y tu aliento, entrecortado

como puntos suspensivos.

¿Veré otra vez la fiesta

que hay en tus senos voladores?...

¡qué embriaguez, qué locura!

la luz de los astros en tu cuerpo,

la furia del viento entre tus besos,

el secreto de mi vida en tu palabra.

 Cuando vengas a mí

acércate hasta mi lado,

no te detengas ni un paso,

no pronuncies ni una vez tu nombre

sólo toca la puerta de mi corazón enamorado.

Eduardo Ruiz

textos:

 V. Galán, F. Polanco, C.Serna, R. Carramlino, L.A. Cruz, V. Díaz, J.Noharbe, M.Nrvado, M.J. Mingot, R.M.Alonso, JARomán, D. López, E. Ruiz

 

voces:

C.Serna,,  M. J. Mingot, M.A. Delgado, O.Peñacoba, JARomán

 

música:

Blue Dot Sessions

álbunes:Aereonaut, Albany, NY, Algea Fields, Arc&Crescent, Blue nocturnal

visita nuestro blog:
http://encuentrodecreadoresdegalapagar.bolgspot.com.es/

info_outline

/ 0
fullscreen