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Antología

poética

para

ser

leída

el

día 

del

Libro

de

2018

Antología 

poética

para

ser 

leída

el 

día

del 

libro

de

2018

Esta publicación es especial para ser leída el domingo 22 de abril de 2018, en el acto de conmemoración del día del libro que la Asociación Ítaca organizará en la plaza de la Constitución de Galapagar y en el que Encuentro de Creadores participa con varias publicaciones, entre ellas ésta: una antología de poemas escritos por varones y mujeres al 50%. 

La construcción de un sueño

Siempre hay tiempo para un sueño.

Siempre es tiempo de dejarse llevar por una 

pasión que nos arrastre hacia el deseo.

Siempre es posible encontrar la fuerza 

necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia

lo alto.

Y es allí, y solo allí, en la altura, donde

podemos desplegar nuestras alas en toda su

extensión.

Solo allí, en lo más alto de nosotros mismos,

en lo más profundo de nuestras inquietudes,

podremos separar los brazos, y volar.

D. Chacón

A galopar

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
 las grandes, las solas, desiertas llanuras.
 Galopa, caballo cuatralbo,
 jinete del pueblo,
 al sol y a la luna.

¡A galopar,
 a galopar,
 hasta enterrarlos en el mar!
 A corazón suenan, resuenan, resuenan,
 las tierras de España, en las herraduras.

Galopa, jinete del pueblo
 caballo de espuma
 ¡A galopar,
 a galopar,
 hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
 que es nadie la muerte si va en tu montura.
 Galopa, caballo cuatralbo,
 jinete del pueblo
 que la tierra es tuya.

¡A galopar,
 a galopar,
 hasta enterrarlos en el mar!

R. Alberti

Hijo, ¿sabes dónde has nacido? 

¿Comprendes en qué lugar has abierto los ojos? 

Pues estás en España. (...)

 ¿Traes algo entre las manos: una gota de agua salada, 

una canción, un caracol de las playas celestes? 

Hijo, voy a poner sobre tus labios un aliento, 

apenas, del vinillo nuevo, 

para que tu corazón jamás encierre amargura 

y halles en ti alegría que derramar 

sobre los que sufren adversidades y pobreza.

M.T.León

Camposanto en Colliure

Aquí paz,
 y después gloria.

Aquí,
 a orillas de Francia,
 en donde Cataluña no muere todavía
 y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
 y de «Flamenco’s Show»
 esa curiosa España de las ganaderías
 de reses bravas y de juergas sórdidas,
 reposa un español bajo una losa:
 paz
 y después gloria.

Dramático destino,
 triste suerte
 morir aquí
 paz
 y después…
 perdido,
 abandonado
 y liberado a un tiempo
 (ya sin tiempo)
 de una patria sombría e inclemente.

Sí; después gloria.

Al final del verano,
 por las proximidades
 pasan trenes nocturnos, subrepticios,
 rebosantes de humana mercancía:
 manos de obra barata, ejército
 vencido por el hambre
 paz…,
 otra vez desbandada de españoles
 cruzando la frontera, derrotados
 …sin gloria.

Se paga con la muerte
 o con la vida,
 pero se paga siempre una derrota.

¿Qué precio es el peor?
 Me lo pregunto
 y no sé qué pensar
 ante esta tumba,
 ante esta paz
 «Casino
 de Canet: spanish gipsy dancers»,
 rumor de trenes, hojas…,
 ante la gloria ésta
 …de reseco laurel
 que yace aquí, abatida
 bajo el ciprés erguido,
 igual que una bandera al pie de un mástil.

Quisiera,
 a veces,
 que borrase el tiempo
 los nombres y los hechos de esta historia
 como borrará un día mis palabras
 que la repiten siempre tercas, roncas.

A. González

A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
 y en su mitad podrido,
 con las lluvias de abril y el sol de mayo
 algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
 que lame el Duero! Un musgo amarillento
 le mancha la corteza blanquecina
 al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
 que guardan el camino y la ribera,
 habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
 va trepando por él, y en sus entrañas
 urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
 con su hacha el leñador, y el carpintero
 te convierta en melena de campana,
 lanza de carro o yugo de carreta;
 antes que rojo en el hogar, mañana,
 ardas de alguna mísera caseta,
 al borde de un camino;
 antes que te descuaje un torbellino
 y tronche el soplo de las sierras blancas;
 antes que el río hasta la mar te empuje
 por valles y barrancas,
 olmo, quiero anotar en mi cartera
 la gracia de tu rama verdecida.
 Mi corazón espera
 también, hacia la luz y hacia la vida,
 otro milagro de la primavera.

A. Machado

GRACIAS A LA VIDA

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
 Me dió dos luceros que, cuando los abro,
 perfecto distingo lo negro del blanco,
 y en el alto cielo su fondo estrellado,
 y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
 Me ha dado el oído, que en todo su ancho
 graba noche y día; grillos y canarios.
 martillos, turbinas, chubascos
 y la voz tan tierna de mi enamorado.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
 Me ha dado el sonido y el abecedario,
 con él las palabras que pienso y declaro:
 madre, amigo, hermano y luz, alumbrando
 la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
 Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
 con ellos anduve ciudades y charcos,
 playas  y desiertos, montañas y llanos,
 y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
 Me dió el corazón, que agita su marco
 cuando miro el fruto del cerebro humano,
 cuando miro el bueno tan lejos del malo,
 cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
 Me ha dado la risa y me ha dado ell llanto;
 así yo distingo dicha de quebranto,
 los dos materiales que forman mi canto
 y el canto de ustedes, que es el mismo canto,
 y el canto de todos, que es mi propio canto-

Gracias a la vida...

V. Parra

Digo vivir

Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
 (Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
 Digo vivir, vivir como si nada
 hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
 y publicar, columna arrinconada.
 Digo vivir, vivir a pulso, airada-
 mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
 abominando cuanto he escrito: escombro
 del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
 más inmortal: aquella fiesta brava
 del vivir y el morir. Lo demás sobra.

B. de Otero

ALMA DESNUDA


Soy un alma desnuda en estos versos,

Alma desnuda que angustiada y sola

Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola, 

Que puede ser un lirio, una violeta,

Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta

Y ruge cuando está sobre los mares,

Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,

Dioses que no se bajan a cegarla;

Alma que no conoce valladares.

 Alma que fuera fácil dominarla

Con sólo un corazón que se partiera

Para en su sangre cálida regarla.

 Alma que cuando está en la primavera

Dice al invierno que demora: vuelve, 

Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve

En tristezas, clamando por las rosas

Con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas

A campo abierto, sin fijar distancia,

Y les dice libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia,

De un suspiro, de un verso en que se ruega,

Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega

Y negando lo bueno el bien propicia

Porque es negando como más se entrega,

Alma que suele haber como delicia

Palpar las almas, despreciar la huella,

Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,

Como los vientos vaga, corre y gira;

Alma que sangra y sin cesar delira

Por ser el buque en marcha de la estrella.

Alfonsina Storni

Viento de noche

El viento es un can sin dueño,
 que lame la noche inmensa.
 La noche no tiene sueño.
 Y el hombre, entre sueños, piensa.

Y el hombre sueña, dormido,
 que el viento es un can sin dueño,
 que aúlla a sus pies tendido
 para lamerle el ensueño.

Y aun no ha sonado la hora.

La noche no tiene sueño:
 ¡alerta, la veladora!

D. Alonso

Materia oscura

La vida crece aquí,

sin ir más lejos,

en mi ventana.

Bajo el aire y el sol

y la lluvia

crece la vida como crezco yo,

hundiendo sus raíces en la tierra.

Esta flor no lo sabe.

Yo no lo sé.

Pero las raíces de adentran,

avanzan en el cielo sin estrellas.

La misma fuerza oscura

que me arrojó a la luz

me mueve y me sujeta, giro

como la luna,

como las hojas que se estiran

en la noche,

como mi madre muerta.

Igual que un animal

entre las sombras.

No soy más que esta ráfaga de viento,

que esta polilla ciega.

No soy más que tus ojos:

luz negra.

Ángeles Mora

Panorama ciego de Nueva York

Si no son los pájaros
 cubiertos de ceniza,
 si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
 serán las delicadas criaturas del aire
 que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.
 Pero no, no son los pájaros,
 porque los pájaros están a punto de ser bueyes;
 pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna
 y son siempre muchachos heridos
 antes de que los jueces levanten la tela.
 Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte,
 pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.
 No está en el aire ni en nuestra vida,
 ni en estas terrazas llenas de humo.
 El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas
 es una pequeña quemadura infinita
 en los ojos inocentes de los otros sistemas.

Un traje abandonado pesa tanto en los hombros
 que muchas veces el cielo los agrupa en ásperas manadas.
 Y las que mueren de parto saben en la última hora
 que todo rumor será piedra y toda huella latido.
 Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene arrabales
 donde el filósofo es devorado por los chinos y las orugas.
 Y algunos niños idiotas han encontrado por las cocinas
 pequeñas golondrinas con muletas
 que sabían pronunciar la palabra amor.

No, no son los pájaros.
 No es un pájaro el que expresa la turbia fiebre de laguna,
 ni el ansia de asesinato que nos oprime cada momento,
 ni el metálico rumor de suicidio que nos anima cada madrugada,
 Es una cápsula de aire donde nos duele todo el mundo,
 es un pequeño espacio vivo al loco unisón de la luz,
 es una escala indefinible donde las nubes y rosas olvidan
 el griterío chino que bulle por el desembarcadero de la sangre.
 Yo muchas veces me he perdido
 para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas
 y sólo he encontrado marineros echados sobre las barandillas
 y pequeñas criaturas del cielo enterradas bajo la nieve.
 Pero el verdadero dolor estaba en otras plazas
 donde los peces cristalizados agonizaban dentro de los troncos;
 plazas del cielo extraño para las antiguas estatuas ilesas
 y para la tierna intimidad de los volcanes.
 No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,
 pero dientes que callarán aislados por el raso negro.
 No hay dolor en la voz. Aquí sólo existe la Tierra.
 La Tierra con sus puertas de siempre
 que llevan al rubor de los frutos.

F. G. Lorca

En el infierno había un violoncello...

                A Musia Sackhaina

 En el infierno había un violoncello
 entre el café y el humo de pitillos
 y cien aulas con libros amarillos
 y nieve y sangre y barro por el suelo.
 P
 ero tú, resguardada por el velo
 de tus cristales de lucientes brillos,
 pasabas, seria y pura, en los sencillos
 compases de tu fe y de tu consuelo.

 Algunas veces fuimos, de la mano,
 por las venas del bosque y la corneja
 cantó melancolía en nuestras almas,

 si nos separa el Abrego inhumano,
 no llores mi amistad hoy que se aleja,
 entrega al viento el talle de tus palmas.

Rosa Chacel

Contra Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
 dejar atrás un sótano más negro
 que mi reputación -y ya es decir-,
 poner visillos blancos
 y tomar criada,
 renunciar a la vida de bohemio,
 si vienes luego tú, pelmazo,
 embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
 zángano de colmena, inútil, cacaseno,
 con tus manos lavadas,
 a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
 últimos de la noche, los chulos, las floristas,
 las calles muertas de la madrugada
 y los ascensores de luz amarilla
 cuando llegas, borracho,
 y te paras a verte en el espejo
 la cara destruida,
 con ojos todavía violentos
 que no quieres cerrar. Y si te increpo,
 te ríes, me recuerdas el pasado
 y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
 Que tu estilo casual y que tu desenfado
 resultan truculentos
 cuando se tienen más de treinta años,
 y que tu encantadora
 sonrisa de muchacho soñoliento
 -seguro de gustar- es un resto penoso,
 un intento patético.
 Mientras que tú me miras con tus ojos
 de verdadero huérfano, y me lloras
 y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
 Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
 que tú eres fuerte cuando yo soy débil
 y que eres débil cuando me enfurezco…
 De tus regresos guardo una impresión confusa
 de pánico, de pena y descontento,
 y la desesperanza
 y la impaciencia y el resentimiento
 de volver a sufrir, otra vez más,
 la humillación imperdonable
 de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
 como quien va al infierno
 para dormir contigo.
 Muriendo a cada paso de impotencia,
 tropezando con muebles
 a tientas, cruzaremos el piso
 torpemente abrazados, vacilando
 de alcohol y de sollozos reprimidos.
 Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
 y la más innoble
 que es amarse a sí mismo!

G.de Biedma

No es aire lo que respiro...

No es aire lo que respiro,
que es hielo que me está helando
la sangre de mis sentidos.
Tierra que piso se me abre.
Cuanto miro se oscurece.
Mis ojos se abren al llanto
ya cuando el día amanece.

Y antes del amanecer,
abiertos miran al mundo
y no lo quieren creer...

Concha Mendez

Claros del bosque

    No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte.

Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. 

Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. 

Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, 

mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. 

Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, 

fundaremos la ciudad de los hermanos,

la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. 

Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. 

Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien 

que manda desde antes, sin saber. 

Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. 

Yo siempre supe de esa tierra.

No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando.
      En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte.
      Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor.
      Nadie nace allí, es verdad, como aquí de este modo. 

Allí van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. 

Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. 

Y las plantas están despiertas, no en su sueño como están aquí; se siente lo que sienten. 

Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. 

Todo pasa dentro de un corazón sin tinieblas. 

Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aquí, como ahí fuera.

M. Zambrano

El crimen

Hoy he amanecido
 como siempre, pero
 con un cuchillo
 en el pecho. Ignoro
 quién ha sido,
 y también los posibles
 móviles del delito.

Estoy aquí
 tendido
 y pesa vertical
 el frío.

La noticia se divulga
 con relativo sigilo.

El doctor estuvo brillante, pero
 el interrogatorio ha sido
 confuso. El hecho
 carece de testigos.
 (Llamada de portera,
 dijo
 que el muerto no tenía
 antecedentes políticos.
 Es una obsesión que la persigue
 desde la muerte del marido.)

Por mi parte no tengo
 nada que declarar.
 Se busca al asesino;
 sin embargo,
 tal vez no hay asesino,
 aunque se enrede así el final de la trama.

Sencillamente yazgo
 aquí, con un cuchillo…
 Oscila, pendular y
 solemne, el frío.
 No hay pruebas contra nadie. Nadie
 ha consumado mi homicidio.

J.A. Valente

En silencio

Era un bello silencio, un silencio divino,
 vibrante de pensares, tremante de emoción,
 un silencio muy grave, de sentir peregrino,
 un silencio muy quedo, con dejos de oración.

                ................

Cállate no respires, ni turbes el silencio
 con el ritmo armonioso de un poema de amor;
 cállate, que es muy tímido y frágil el silencio,
 no rompas de este instante el filtro seductor.

 Cállate y no pienses; a través del espacio,
 cruza fugaz la estrella de una hermosa ilusión;
 cállate, ¿no sientes su fulgor de topacio
 encenderse en mi pecho y herir tu corazón?

 Cállate; ya sé yo que tus labios murmuran
 ternuras infinitas, creadas para mí;
 cállate; sin hablar mil voces las susurran;
 cállate; el silencio me acerca más a ti.

                ................

Era un silencio triste, un silencio lloroso,
 un silencio muy puro de candor virginal,
 un silencio sereno, vagamente amoroso,
 que la bruma envolvía en su tenue cendal.

Ernestina Champourcin

Tú, tú, tú, mi incesante

¡Tú, tú, tú, mi incesante
 primavera profunda
 mi río de verdor
 agudo y aventura!

¡Tú, ventana a lo diáfano:
 desenlace de aurora,
 modelación del día:
 mediodía en su rosa,

tranquilidad de lumbre:
 siesta del horizonte,
 lumbres en lucha y coro:
 poniente contra noche,

constelación del campo,
 fabulosa, precisa,
 trémula hermosamente,
 universal y mía!

¡Tú más aún: tú como
 tú, sin palabras toda
 singular, desnudez
 única, tú, sola!

J. Guillén

Me busco y no me encuentro.

Rondo por las oscuras paredes de mí misma,

interrogo al silencio y a este torpe vacío

y no acierto en el eco de mis incertidumbres.

No me encuentro a mí misma

y ahora voy como dormida a las tinieblas,

tanteando la noche de todas las esquinas,

y no pude ser tierra, ni esencia, ni armonía,

que son fruto, sonido, creación, universo.

No este desalentado y lento desganarse

que convierte en preguntas todo cuanto es herida.


Y rondo por las sordas paredes de mí misma

esperando el momento de descubrir mi sombra.

Josefina de la Torre



El ciprés de Silos

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
 que acongojas el cielo con tu lanza.
 Chorro que a las estrellas casi alcanza
 devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
 flecha de fe, saeta de esperanza.
 Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
 peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
 qué ansiedades sentí de diluirme
 y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
 ejemplo de delirios verticales,
 mudo ciprés en el fervor de Silos.

G. Diego

Evocación

Aquel café de barrio, destartalado y frío,
testigo silencioso de nuestras confidencias,
extremo de rigores, conjunto de inclemencias,
que sólo caldeaban tu corazón y el mío.

Viejo café de barrio, adonde yo acudía,
donde tú me esperabas con el alma impaciente,
y cada vez, al verme, coronaba tu frente
con un halo de luz la fugaz alegría.

Con nostálgico afán en vano te he buscado
queriendo en tus vestigios revivir un pasado
que inexorablemente para mí se ha perdido.

Nadie de ti sabía, todo estaba cambiado:
tus muros, tu recinto, la sombra de Machado
como un girón de niebla han desaparecido.

Pilar de Valderrama Alday

Desaliento

«No quiero que pienses», dices
 Tú sabes que sólo en ello
 puedo pensar. Pasarán
 los días, las noches. Tiempos
 vendrán sin nosotros. soles
 brillarán en cielos nuevos.
 Ecos de campana harán
 más misterioso el silencio.
 («No quiero que pienses».)
 Yo seguiré pensando en ello.

Quisiera hablarte de hermosas
 fábulas, de pensamientos
 luminosos, de jornadas
 soñadas, de flores, vientos,
 caricias, ternuras, gracias,
 secretos;
 pero en la boca me nacen
 palabras de fuego.
 Como llamas silenciosas
 me abrasan por dentro.

Debiera decirte «amor»,
 «fantasía», «sueño».

Yo sólo pregunto cómo
 fue posible aquello.
 Seguiría, paso a paso,
 la huella de tu andar. Dentro
 de tu vida escondería
 la vida que muero.

«No quiero que pienses». Yo
 digo que no pienso en ello.
 (Cómo podría olvidarlo
 sin haberme muerto.)

J. Hierro

Laberinto

En mí te pierdo, aparición nocturna,
 En este bosque de engaños, en esta ausencia,
 En la neblina gris de la distancia,
 En el largo pasillo de puertas falsas.

De todo se hace nada, y esa nada
 De un cuerpo vivo enseguida se puebla,
 Como islas del sueño que entre la bruma
 Flotan, en la memoria que regresa.

En mí te pierdo, digo, cuando la noche
 Sobre la boca viene a colocar el sello
 Del enigma que, dicho, resucita
 Y se envuelve en los humos del secreto.

En vueltas y revueltas que me ensombrecen,
 En el ciego palpar con los ojos abiertos,
 ¿Cuál es del laberinto la gran puerta,
 Dónde el haz de sol, los pasos justos?

En mí te pierdo, insisto, en mí te huyo,
 En mí el cristal se funde, se hace pedazos,
 Mas cuando el cuerpo cansado se quiebra
 En ti me venzo y salvo, en ti me encuentro.

J. Saramago

Traducción de Ángel Campos Pámpano

Ni me entiendo ni me entienden

Ni me entiendo ni me entienden;

ni me sirve alma ni sangre;

lo que veo con mis ojos

no lo quiero para nadie.


Todo es extraño a mí misma,

hasta la luz, hasta el aire,

porque ni acierto a mirarla;

ni sé cómo respirarle.


Y si miro hacia la sombra

donde la luz se deshace,

temo también deshacerme

y entre la sombra quedarme

confundida para siempre

en ese misterio grande.

Concha Méndez Cuesta


La muerte bella

¿Que me vas a doler, muerte?
 ¿Es que no duele la vida?
 ¿Porqué he de ser más osado
 para el vivir exterior
 que para el hondo morir?

La tierra ¿qué es que no el aire?
 ¿Porqué nos ha de asfixiar,
 porqué nos ha de cegar,
 porqué nos ha de aplastar,
 porqué nos ha de callar?

¿Porqué morir ha de ser
 lo que decimos morir,
 y vivir sólo vivir,
 lo que callamos vivir?
 ¿Porqué el morir verdadero
 (lo que callamos morir)
 no ha de ser dulce y suave
 como el vivir verdadero
 (lo que decimos vivir?)

J.R. Jiménez

Desvaríos


Entre nosotros crece la ropa en las mañanas
se atraviesan mil veces los oficios
nos mueven los deberes
el futuro
las cosas.

Por si no fuera mucho alguien propone la medida
para que no te vayas
—dicen—
es necesario el regateo.
Pero tus manos son mi tiempo
y no quiero jugar a detener la boca y los abrazos.
Te irás más tarde
—dicen—
si encuentro la mesura
pero deseo tu cuerpo y este día
este preciso cielo
la película de hoy
la cama próxima
tu sudor y tu piel ahora en la tarde.

No voy a retener mis frases ni mi aliento
no me quiero tragar ni un poco de silencio
ni uno solo de los consentimientos.

¿Por qué la luz a medias?
¿Para que no te vayas cuando te irás?
Nunca se mete el sol antes de tiempo
y se pone lo mismo en días nublados.
Yo quiero tu cobija hasta que quieras
te doy mientras
mis ansias, mis costumbres,
mis ruidos, mi placer, mi desmesura,
así no sentiré cuando te marches.

Ángeles Mastretta

Exilios


Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier grieta.
No hay brújula ni voces.

Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría casi de tierra y pasto.

La mirada se acuesta como un perro,
sin el tierno recurso de mover la cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire,
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.

Se disuelve, tan sólo.

Ida Vitale

Vencidos

Por la manchega llanura
 se vuelve a ver la figura
 de Don Quijote pasar…

Y ahora ociosa y abollada
 va en el rucio la armadura,
 y va ocioso el caballero,
 sin peto y sin espaldar…
 va cargado de amargura…
 que allá encontró sepultura
 su amoroso batallar…
 va cargado de amargura…
 que allá «quedó su ventura»
 en la playa de Barcino, frente al mar…

Por la manchega llanura
 se vuelve a ver la figura
 de Don Quijote pasar…
 va cargado de amargura…
 va, vencido, el caballero
 de retorno a su lugar.

Cuántas veces, Don Quijote,
 por esa misma llanura
 en horas de desaliento
 así te miro pasar…
 y cuántas veces te grito:
 Hazme un sitio en tu montura
 y llévame a tu lugar;
 hazme un sitio en tu montura
 caballero derrotado,
 hazme un sitio en tu montura
 que yo también voy cargado
 de amargura
 y no puedo batallar.
 Ponme a la grupa contigo,
 caballero del honor,
 ponme a la grupa contigo
 y llévame
 a ser contigo pastor.

Por la manchega llanura
 se vuelve a ver la figura
 de Don Quijote pasar…

León Felipe

XV(I)

Hace siglos llovieron sonrisas
a mi solitario caracol
padecí tus fiebres
y alcancé tu pecho para anidar.

De vos, ni un solo gesto queda
tan sólo el pincel de tu recuerdo
que te dibuja en mi soledad,
ya no volveré a tus labios
ni a tu almohada piedra de volcán.

Sea por vos
que devoro inviernos con los ojos
y trenzada a tu muerte
mantengo mi munición de amor
para esparcirte en todas mis galaxias
en punto del disparo
con profundo amor
a mis compañeros
y el odio más temido
a la implacable ave de rapiña
enemiga del futor, del amor
y nuestra lucha.

Kenny Rodríguez

Aceituneros

Andaluces de Jaén,
 aceituneros altivos,
 decidme en el alma: ¿quién,
 quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
 ni el dinero, ni el señor,
 sino la tierra callada,
 el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
 y a los planetas unidos,
 los tres dieron la hermosura
 de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
 dijeron al pie del viento.
 Y el olivo alzó una mano
 poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
 aceituneros altivos,
 decidme en el alma: ¿quién
 amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
 no la del explotador
 que se enriqueció en la herida
 generosa del sudor.

No la del terrateniente
 que os sepultó en la pobreza,
 que os pisoteó la frente,
 que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
 consagró al centro del día
 eran principio de un pan
 que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
 los pies y las manos presos,
 sol a sol y luna a luna,
 pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
 aceituneros altivos,
 pregunta mi alma: ¿de quién,
 de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
 sobre tus piedras lunares,
 no vayas a ser esclava
 con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
 del aceite y sus aromas,
 indican tu libertad
 la libertad de tus lomas.

M. Hernández

El viento y el alma

Con tal vehemencia el viento
 viene del mar, que sus sones
 elementales contagian
 el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
 insistente en los cristales
 tocar, llorando y llamando
 como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
 te tiene, sino otra fuerza
 de que tu cuerpo es hoy cárcel,
 fue viento libre, y recuerda.

L. Cernuda

El Tiempo

Fue en la mañana aquella que en un dejo amargo
dijo
dos días comunes faltan
dos días igualmente paralizados
para que el cielo sea por esta vez amable
pero por qué dos días si el mundo ronda
si los caminos viven y se hacen solos
si hay un sendero en claroscuro que va hacia adentro.
Dos días
y tu vacío
cerebro en sólida miniatura
es creer que sabes
solamente dos días y la voz pregunta
sin cesar pregunta
cual será el vago lazo
entre hacer y ser
si todo lo que es
es porque hace
y aquello que no hace
no es.
Del arco húmedo
la gota golpea el techo
y se desliza
por los vidrios altos justo encima
de la hoja del ficus.
Ha de haber algún misterio primigenio en mi cabeza
formando una silente danza
mirando
la gota que en la hoja existe
y moja
sabiendo
que ese tiempo durante el cual se cae
no es quien la frena ni la empuja.
Los laberintos tienen gargantas cenagosas
donde se afina fatal el universo
pero si intentara cruzar ahora las horas
pediría a quienquiera sea
que por favor las quiten
así mañana o pasado
la esperanza y yo seríamos
la misma cosa.
Uso
las algas secas de la caja de masitas como sendero
que huye
pero le grito
que si todo lo que no hace
no es
si lo que no es
no existe
entonces el tiempo no es ni existe porque no hace
soy yo quien puede estar en un haciendo
mirando o no
y lo imagino.

Ketty Alejandrina Lis

Soy un lugar común

Soy un lugar común
como el eco de las voces
el rostro de la luna.

Tengo dos tetas
          -diminutas-
la nariz oblonga
la estatura del pueblo.

Miope
de lengua vulgar,
nalgas caídas,
piel naranja.

Me sitúo frente al espejo
y me masturbo.

Soy mujer
la más común
entre las comunes.

Regina José Galindo


El otro espejo


Te veo conducir

por el camino de la tarde.


Con los ojos clavados

vuelves a tu ciudad

y en la cuneta quedan las desgracias,

los años, los amores

como si fuesen árboles caídos.

Son de hoja perenne, no te engañes.


Envejecer es la costumbre

del rostro que sorprende en las arrugas

su propia identidad,

esa historia dudosa

del delincuente honrado.


Igual que los destinos más vulgares,

el tuyo está en las manchas de mi piel.

Una debilidad con piel de lobo.


Que cada curva salve un precipicio,

no limpia la mirada.

Que no haya más excusas

para justificar la dirección,

tampoco nos condena.


La lentitud y la velocidad

ya no discuten por nosotros

a los dos lados del espejo.


Marcas, herencias, huellas.

Cuando llegues a mí

no estará el corazón.

Estaré yo para pensarlo todo.

L. G. Montero

Despedida

Quizás, cuando me muera,
 dirán: Era un poeta.
 Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.
Quizás tú no recuerdes
 quién fui, mas en ti suenen
 los anónimos versos que un día puse en ciernes.
Quizás no quede nada
 de mí, ni una palabra,
 ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.
Pero visto o no visto,
 pero dicho o no dicho,
 yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!
Yo seguiré siguiendo,
 yo seguiré muriendo,
 seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.

G. Celaya

Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí,
 y de tal manera espero,
 que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí
 después que muero de amor;
 porque vivo en el Señor,
 que me quiso para sí;
 cuando el corazón le di
 puse en él este letrero:
 que muero porque no muero.

Esta divina prisión
 del amor con que yo vivo
 ha hecho a Dios mi cautivo,
 y libre mi corazón;
 y causa en mí tal pasión
 ver a Dios mi prisionero,
 que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
 ¡Qué duros estos destierros,
 esta cárcel, estos hierros
 en que el alma está metida!
 Sólo esperar la salida
 me causa dolor tan fiero,
 que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
 do no se goza el Señor!
 Porque si es dulce el amor,
 no lo es la esperanza larga.
 Quíteme Dios esta carga,
 más pesada que el acero,
 que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
 vivo de que he de morir,
 porque muriendo, el vivir
 me asegura mi esperanza.
 Muerte do el vivir se alcanza,
 no te tardes, que te espero,
 que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte,
 vida, no me seas molesta;
 mira que sólo te resta,
 para ganarte, perderte.
 Venga ya la dulce muerte,
 el morir venga ligero,
 que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
 es la vida verdadera;
 hasta que esta vida muera,
 no se goza estando viva.
 Muerte, no me seas esquiva;
 viva muriendo primero,
 que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
 a mi Dios, que vive en mí,
 si no es el perderte a ti
 para mejor a Él gozarle?
 Quiero muriendo alcanzarle,
 pues tanto a mi Amado quiero,
 que muero porque no muero.

Teresa de Jesús

Y aún así ... yo me levanto

¿Mi descaro te molesta?

¿Por qué estás ahí quieto, apesadumbrado?

Porque camino

como si fuera dueña de pozos petroleros

bombeando en la sala de mi casa...

Como lunas y como soles,

con la certeza de las mareas,

como las esperanzas brincando alto,

así... yo me levanto.

¿Me quieres ver destrozada?

cabeza agachada y ojos bajos,

hombros caídos como lágrimas,

debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?

No lo tomes tan a pecho,

Porque yo río como si tuviera minas de oro

excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras, 

puedes herirme con tus ojos,

puedes matarme con tu odio,

y aún así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?

¿Surge como una sorpresa

que yo baile como si tuviera diamantes

ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia

yo me levanto

desde el pasado enraizado en dolor

yo me levanto

soy un negro océano, amplio e inquieto,

manando

me extiendo, sobre la marea,

dejando atrás noches de temor, de terror,

me levanto, 

brindando los regalos legados por mis ancestros.

Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.

Me levanto.

Me levanto.

Me levanto.

Maya Angelou

Sin voz desnuda

Sin armas. Ni las dulces
 sonrisas, ni las llamas
 rápidas de la ira.
 Sin armas. Ni las aguas
 de la bondad sin fondo,
 ni la perfidia, corvo pico.
 Nada. Sin armas. Sola.

Ceñida en tu silencio.
 «Sí» y «no», «mañana» y «cuando»,
 quiebran agudas puntas
 de inútiles saetas
 en tu silencio liso
 sin derrota ni gloria.
 ¡Cuidado!, que te mata
 fría, invencible, eterna
 eso, lo que te guarda,
 eso, lo que te salva,
 el filo del silencio que tú aguzas.

P. Salinas

Decidme cómo es un árbol

Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?

22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.

No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.

Marcos  Ana

Vientre de resistencia

Yo no soy un vientre, soy un ser,

yo no soy un hijo, soy una mujer,

yo no soy un cuerpo que se toma, soy poder que se cuestiona,

yo no soy un rol, soy relación para la creación,

yo no soy una madre prometida, soy una posibilidad expandida,

yo no soy sólo palabras, soy silencio y miedo,

yo no soy solo razón, soy deseo y decisión

yo no soy sólo cuerpo, soy polvo de estrellas y arenas del desierto,

yo no soy sólo un vientre, soy poesía y canción,

yo no soy un rol, soy movimiento y quietud,

soy sueños y tormentas,

yo no soy un vientre prometido,

soy lo que quiero ser, soy lo que puedo ser,

soy lo que debo ser, pero no soy lo que tengo que ser,

yo soy mujer y me resisto a parir, sólo a parir,

quiero amar la vida, no sólo la vida de unos hijos,

soy mujer y doy vida con mi vida,

soy mujer y decido,

soy mujer y digo,

soy mujer y no crío.

Soy mujer aunque no tenga un hijo.

Yo no soy un vientre, soy vida.

Jhoana Patiño


Se querían

Se querían.
 Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
 labios saliendo de la noche dura,
 labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
 Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
 a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
 cuando los rostros giran melancólicamente,
 giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
 laten bajo la tierra y los valles se estiran
 como lomos arcaicos que se sienten repasados:
 caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
 entre las duras piedras cerradas de la noche,
 duras como los cuerpos helados por las horas,
 duras como los besos de diente a diente sólo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
 ondas que por los pies acarician los muslos,
 cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
 se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
 mar altísimo y joven, intimidad extensa,
 soledad de lo vivo, horizontes remotos
 ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
 como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
 dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
 donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
 ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
 mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
 metal, música, labio, silencio, vegetal,
 mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

V. Aleixandre

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
 ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
 lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
 de mí murmuran y exclaman:
 Ahí va la loca soñando
 con la eterna primavera de la vida y de los campos,
 y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
 y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
 mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
 con la eterna primavera de mi vida que se apaga
 y la perenne frescura de los campos y las almas,
 aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
 sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

R. de Castro

Esta antología puede encontrarse en nuestro blog:

http://encuentrodecreadoresdegalapagar.blogapot.com.es/

A mi madre

(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
 y cae sin ruido la taza de té al suelo
 como una magia
 tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
 y un manojo de flores llevas en la mano
 para esperar a la Muerte
 que cae de su corcel, herida
 por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
 y llora por las noches pensando que le amabas,
 y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
 y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
 ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
 tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
 empuñadura en forma de pato
 y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
 y ahora que el poema expira
 te digo como un niño, ven
 he construido una diadema
 (sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

L. M. Panero

Cazadora de sueños (IV)

paseo por la casa en ruinas
busco algún abrigo para mi padre
me ofrecen uno lleno de agujeros
tan rojo como las puertas que acabo de pintar
que no son rojas -alguien me aclara-
sino burdeos o granate o corinto
cómo voy a abrigar a mi padre
con ese abrigo lleno de agujeros y de ese color
miseria la que albergamos
le digo a los ojos negros de mi hermana
suplicante ella repite no hay otro
éstos son los tiempos que habitamos
sigo buscando dentro del burdel
un abrigo para mi padre que ya está viejo
cuyos ojos con ese tinte de mar
perdurarán más allá de su muerte

Zulema Moret