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Día del Libro 2018




Homenaje 

a la poesía 

de 

Ángeles Mora


"Materiales 

de 

Construcción"

La obra de Ángeles Mora es una de las más sólidas y profundas del campo poético actual, difícil de encasillar en alguna tendencia aunque algunos prefieren encasillarla en la denominada poesía de la experiencia. La poeta ha construido su mundo en torno a una conciencia de sí inestable en la que lo primordial es ese mismo proceso de construcción. El sujeto poético se expande como una entidad cambiante que pretende conocerse a sí mismo y, también, todos los recovecos del mundo inmediato, moviéndose, investigando, tocando las realidades que le rodean. Ese yo aparentemente vacilante, que parece extrañarse a sí mismo y a su entorno hace que su condición femenina se reparta entre la necesidad de aislamiento, de soledad y la de sentirse acompañada, amada a pesar de sus, a menudo, dañinas consecuencias.  Siempre es firme en esa aparente vacilación cuando expresa la tristeza que genera la incomprensión, la fragilidad que le asalta cuando ve un mundo en el que siente que está varada, pero que no forma parte.

Para ella la poesía es vida, no es que imite a la vida, sino que tiene su propia vida. Dice que el poema no es ella, tampoco es la expresión de sus sentimientos o de su verdad interior, es algo que se hace, se produce, aunque utilice su experiencia, sus sentimientos e inconsciente como “materiales de construcción”, es decir toma distancia de los sentimientos propios. Se la puede considerar una escritora “nómada” transitando entre una gran variedad de registros en los que el amor, el cuerpo y el deseo aparecen inmersos en lo cotidiano, en el aquí y ahora sucesivos. Transita sin alzar la voz aunque hablando poéticamente con gravedad y emoción asumiendo su soledad frente al bullicio de un mundo fragmentado. Su yo va depositándose paulatinamente, casi perezosamente, en los poemas sin hacer aspavientos convirtiéndose a su vez en objeto de la creación, va construyéndose paulatinamente alentando en él un intimismo expresado ténuamente, mostrando lo precario de su equilibrio en la búsqueda de una verdad escondida en los recovecos de las evidencias.

Sus poemas no presentan significados unívocos sino polifacéticas maneras de un modo vacilante, pero firme, de estar en el mundo. Su lenguaje sutil termina casi siempre apelando a su condición femenina y a veces habla mediante el ritmo de las sílabas aunque calle en las palabras. 

JARomán

La ausencia es una forma de estar ciego

(Eros o Thanatos)


Dulces ondas,

el mar te adormecía,

mortal te daba su vestido

y su beso de espuma

te dejaba en la boca.


Lejos allá tu falda,

tu camisa en la arena,

y aquel negro foulard

y aquel negro foulard.


Igual que las caricias

de otra mano,

el agua te dolía

-lejos la extinta luz-,

el agua te quería,

te llevaba

a su lecho.



Perdedora


Perdedora,

sabes a beso frío,

a sábana sin cuerpo.

Sobre tu piel la huella transparente

de una postura antigua,


Ha llegado el momento.

La noche se repite.

la dulce voz,

la serenata vieja.


Perdedora

reconoce el maleficio;

la semilla cayendo en el estero,

si por el mar la luna se entristece.

Un aletazo rompe

la estética del lirio

y un hilillo morado

el labio de la muerte.


Perdedora

todavía en el cuello

la cadena dorada te amenaza,

en tu gargante sientes

las perlas del deseo,

y en el pecho

la ceniza apagada

de un corazón desierto.

Los desastre de la guerra

Por el valle de la muerte...   (Tennyson)


Nunca se sabe

pero hoy llevo piernas de plomo

como un ejército cansado

y silbo entre la gente mi locura

sin guerra y sin espada,

sin moral de combate.

Apenas recordando que tuve un corazón

de hierro para el frío.


Dicen que no está de vuelta

jamás en esta lucha,

pero mis pasos torpes por la acera

sólo buscan adonde derrumbarse.

que lo más cruel no es este

caminar derrotado

sino el desierto,

el valle en que murieron los seiscientos...


Queríamos amar, amor, amarnos

cuando aún era posible acariciarte

y soñar otra historia.

Pero hoy llevo de plomo casi el alma

como un ejército burlado.

a ras de tierra mi falda, tu camisa,

mojados gorriones

queriendo alzar el vuelo,

ignorar las razones d eeste marzo.

A ras de tierra el rostro del engaño.


Y es que la vida, amor,

como la muerte,

hoy ya sólo es un truco.

Y para mí que hasta es un truco el mago.

Conocimiento de las ruinas      Waterloo, supongo  (Virginia Woolf)

He mirado las ruinas como si fueran un día

para vivir sin tí.

A lo lejos,

retazos de la sal, duermen escombros,

signos apenas d ebasura.

Es triste ir a las ruinas.

Uno las miar con indiferencia,

su sola evocación es ya distencia.

Hay gradas y paseos de aguas muertas,

a veces yacen flores

solitarias, tendidas

como una mano espera quién la abrigue.

Es malo acompañarse

con derrotas insomnes que ahora vuelven,

que acaso suponías trasnochadas.

sucias fotografías y su pátina,

vagamente cubiertas por el té de la tarde...

fechas que son rumor, sólo el murmullo

de lo que se ha acabado para siempre.

Duele mirar las ruinas, pues de pronto,

si te fijas despacio, te sorprenden.

Las ruinas son de aquí:

se me parecen.

Intuición del tiempo

Caía el sol sobre los últimos 

tejados de la calle portugueses

cuando saliste del colegio

dejando atrás, al fin,

el mustio atardecer

de la clase, la fila,

Sor Cocepción.


Era rosa la tarde

y el aire estaba quieto.

Tu cabeza. aún cargada del encierro,

recibió una fresca sensación

de libertad.

Corriste hasta la acera de enfrente

igual que un relámpago, y luego

retrocediste para buscar

ese dorado sol que se iba,

rozando todavía

tus hombros y tu espalda.

Fue entonces,

en la belleza furtiva

de aquel momento,

cuando notaste que una espina

se te clavaba hondo.


Apretando con fuerza la cartera

caminaste despacio,

sin comprender, sintiendo

en tu carne la mordedura

de la melancolía,

la inexplicable desazón,

el aguijón, la angustia,

el fino

polvo arenoso con que el tiempo,

de pronto, se nos vuelve mortal.

El infierno está en mí    (Pasos de un peregrino son errante (Góngora))

El infierno son aquellos otros

que siempre se quedaron lejos

de mi calor:

el infierno soy yo.

Mi nombre es el desierto donde vivo.

Mi destierro el que me procuré.

No me me he reconocido en este mundo

inhóspito,

tan ancho y tan ajeno.

Supe que mi equipaje, demasiado indeciso,

pronto me delataba: este mundo tampoco

se reconoce en mí.

Yo siempre estuve fuera,

en otra parte siempre.

Soy una extraña aquí.

Sólo tengo una fuerza, sólo un secreto acaso:

esta voz que me escribe,

el doble que me habita en el silencio.

Este otro, mi infierno,

el vértigo

que la despertar me empuja

a una huida sin fin.

Estos son sólo pasos

de un peregrino errante.

Los caminos

que no me pertenecen,

las palabras prestadas que los días

dejaron en mi oído

Contradicciones, pájaros


Las verdades son la única verdad,

esas pequeñas huellas

de nuestra historia.

Si las verdades dojeran la verdad

mentirían.


Aunque las verdades

también mienten con su verdad:

la contradicción,

ese nido de pájaros crujiendo.


Las contradicciones parecen insufribles

en nuestro mundo.

Pero uno intenta

huir de ellas

como los pájaros:

huir quejándose.

Las hojas muertas


Igual que me sostiene

la tibia sensación de estar cayendo

por la ladera dulce del otoño

de mi vida, y acaricio

despacio - como vuelan las hojas-

mi cuerpo que ya lleva

el olor de la tarde,

así cae este poema

en el papel dorado de tu carne

y así - voluptuosa-

su letra breve te acompaña.

Compañías

Los libros que he elegido entre todos los libros,

que acaso me buscaron por rutas misteriosas.

Libros que me llevaron en secreto

por senderos del bosque, por rincones perdidos,

calles, encrucijadas, luces

y sombras, vidas

arrojándome al mundo.

Las manos que me toman, que yo tomo entre todas

las posibles corrientes sobre el río.

Entre todas las lluvias que he cruzado,

unos brazos tendidos, al fondo de mis pasos,

como un impermeable rojo

puede unirme al olvido.

Los labios que me besan, los besos que me hablan.

Una voz entre todas las voces en mi oído.

Una ciudad tan sólo, una sola mirada.

Y los campos, de plumas,

 y de amor, las batallas.

ilustraciones     JARomán

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